Senjurō a su escasa edad, no sabía cómo funcionan muchas cosas, lo que sabía con certeza era; los días eran cuando Kyōjurō y él se divertían, la finca de la flama era silenciosa cuando su hermano no estaba cerca, su padre era divertido cuando llegaba en la madrugada, pues siempre iba bailando de un lado a otro a su habitación, pero sobretodo sabía que los demonios eran malos y debían ser cazados por cada generación de Rengoku, él mismo llevaba a cabo un entrenamiento todas las tardes con ayuda de su hermano para seguir con la tradición.
Por eso, a pesar de poder dormir pegado a la espalda de su madre, escuchando los relajantes ronroneos, prefirió ver por primera vez en su vida como ponían fin al reinado de terror de un demonio.
Decir que estaba maravillado era poco, en su entrenamiento de las posturas básicas e incluso en las demostraciones de su hermano ejecutando posturas más avanzadas, jamás vió algo más allá de golpes fuertes y certeros. La respiración de la flama se concentraba en arremetidas feroces como una llama que consume todo a su paso, pero esto era completamente diferente, una misma respiración se adaptaba a dos usuarios tan dispares, donde Sabito era tan veloz como un tifón, maniobrando entre casas sin desperdiciar ninguno de sus movimientos, su madre era como una hermosa marea, moviéndose con una fluidez elegante, no hacía tantas maniobras a través de las edificaciones, pero no por ello menos letal.
Sus ojos se iluminaron.
Moría por ver la ejecución que su madre le daría a la novena postura; Rengoku. Tal vez si se lo pedía amablemente se lo mostraría... Pero eso sería algo que abordar mañana.
La noche fue fácil, o así lo veía Giyū, en el punto de vista de Sabito, no fue más que un dolor de cabeza, el Omega envolvió al pequeño cachorro sobre su espalda como cualquier madre haría, la única diferencia era que mientras otras madres lo hacían para facilitar la realización de tareas domésticas, Giyū lo hacía para facilitar su movilidad ante la presencia de demonios.
En más de una ocasión casi sufrió un infarto al ver como las garras de demonio casi rozaban las inmaculadas mejillas de Giyū, pues con el peso extra hacía que su velocidad se viera reducida.
Lo único que podía agradecer era que gracias a las enseñanzas de Urokodaki-sensei, el omega tenía la resistencia suficiente para soportar el tiempo que fuera necesario al niño.
Cuando el amanecer llegó estaban en las afueras del pueblo, donde las plantas con un rocío mañanero predominaban sobre el ambiente.
—Me gusta el amanecer _Giyū cerró los ojos inundando sus pulmones con el fresco aire de la mañana.
—Solo porque quieres volver a dormir _Sabito exhaló el aire, aunque no lo dijera en voz alta, a él también le gustaba el amanecer, más después del tipo de noche que tuvo.
La risa de Giyū sonó suave y refrescante, haciendo que los ojos de Sabito se suavicen y en sus labios se dibuje una sonrisa.
—Puede ser _Giyū estiró su cuerpo volteando para ver a su cachorro— ¿Estás bien allí atrás?
A pesar de tener cuidado para no lastimar a su bebé, y mantener la atención del demonio en él, sus sentidos omegas seguían preocupados por el bienestar de su cachorro.
—Si mami _Senjurō restregó sus mejillas cerca de la glándula de olor de su madre, disfrutando como el aroma a orquídea lo bañaba.
—Bien, vamos entonces a buscar un lugar donde quedarnos.
Una vez acomodados en la posada, los dos niños mayores pidieron prestadas un par de bokken, aprovechando el espacio de su habitación, iniciaron el calentamiento que cada día repetían de forma incansable en la montaña Sagiri.
Giyū sonrió con dirección a su cachorro, Senjurō no tardó en corresponder el gesto dando su propia sonrisa a la par que sus ojitos no dejaban de detallar cada movimiento de su madre, tal y como Kyōjurō le enseñó.
Sí bien él no era un prodigio como su hermano mayor, con la ayuda de su memoria podía grabar los movimientos... El único inconveniente era que su cuerpo no parecía coordinar bien a la hora de recrear.
Un golpe seco contra las puertas de shōji hicieron que ambos niños detuvieran su entrenamiento y Senjurō se incorporará, corriendo para esconderse detrás de su madre.
Sabito y Giyū intercambiaron miradas y tras un acuerdo silencioso; Sabito dejó su arma en el suelo caminando hasta la puertas, corriendolas a un lado, descubriendo un cuervo tambaleante, que al ver la abertura voló aterrizó directamente hacia el cabello de Giyū.
Senjurō tomó con fuerza el haori, viendo al ave hacer un mayor desastre en el cabello de su madre.
—Hola Kanzaburo _Giyū sonrió acariciando el pico del cuervo, las manitas de su cachorro jalaron su ropa, así que con cuidado soltó su bokken tomando al niño entre sus brazos— Senjurō, él es mi cuervo Kanzaburo, es muy leal, a veces me trae cosas que encuentra.
—También es un viejo, desorientado y loco _Sabito interrumpió sonriendo al mirar al cuervo temblar sobre la cabeza de Giyū.
—No seas malo con Kanzaburo, se está esforzando _Los dedos de Giyū bajaron por el cuello del ave.
—Se nota, de ir a una montaña terminamos en un acantilado, sí se esfuerza más, de seguro acabaremos debajo del mar.
—Sería lindo ir al mar con Senjurō _Sabito puso los ojos en blanco, su compañero solo escuchaba lo que quería— También deberíamos ir con Urokodaki-sensei. Senjurō, Urokodaki-sensei es como un padre para nosotros, ¿Te gustaría conocer a tu abuelo? _Giyū beso las mejillas del niño sacándole risas cantarinas.
—¡No puedes llevarlo con Urokodaki! ¡Nos golpeará apenas se enteré que tienes un cachorro! ¿Recuerdas lo que pasó con ese zorro que metiste a escondidas?
Giyū sintió un escalofrío escalar por su cuerpo, en su defensa, creyó que su maestro amaba lo suficiente a los zorros como para no molestarse porque uno se comió toda su comida después de tener a sus cachorros en el futón donde dormía.
Ese día tanto él como Sabito tuvieron un entrenamiento más duro de lo normal.
—¡Pero Senjurō debe conocer a su abuelo!
Sabito rodó los ojos, cuando algo se le metía en esa cabeza testaruda, era difícil hacerlo cambiar de opinión.
—Voy a buscar comida, trata de no implicarte en más problemas en mi ausencia.
Giyū sonrió complacido, que Sabito no debatiera sus palabras significaba que las aceptaba, o que al menos por el momento no tenía maneras para refutar sus argumentos, sea como sea, tarde o temprano llevaría a su pequeño a la montaña.
—Pronto iremos con tu abuelo _Giyū le dió un beso en la frente al niño para luego bajarlo, tomó con cuidado a Kanzaburo, que a estas alturas se encontraba dormitando.
Acomodó al cuervo sobre su futón, para después voltear y seguir con su entrenamiento.
Giyū respiró tal y como Urokodaki le instruyó dejándose llevar por las corrientes, repasando una postura tras otra.
Urokodaki siempre alababa su habilidad de volverse uno con las corrientes marinas, si iba a presentarle a su pequeño cachorro, tenía que asegurarse que Urokodaki lo vea capaz de cuidad a un niño.
Senjurō desvío sus ojitos hacia el arma de madera en el piso, desde que su hermano se fue a la selección final, su entrenamiento se vió pausado, su padre no tenía tiempo y los sirvientes de la finca no sabían nada de respiraciones.
Pero ahora que estaba con su madre, podía reanudar su entrenamiento... Sus ojitos se desviaron al piso si le mostraba el poco manejo que tenía de la respiración de la flama, estaba seguro que su madre se recepcionará.
No podía permitir que algo así sucediera, él debía esforzarse para lograr la aprobación de su amada madre.
Miró la silueta del Omega que práctica de forma calmada.
Sus ojos se iluminaron cuando una idea inundó su mente, se concentró más que ningún otro día en memorizar bien los movimientos de su madre.
Con renovada determinación tomó el bokken del piso, respiró tal y como pudo sentir a su madre respirar la noche anterior, y blandió el bokken intentando imitar la postura de su madre.
Giyū sintiendo un movimiento detrás de él hizo aún lado su entrenamiento volteando para encontrar a su cachorro hacer casi perfectamente la Quinta postura; Lluvia tras la sequía.
El asombro lo embargo, del cual salió luego de sentir como gotas de rocío salpicaron delicadamente su rostro.
Sus ojos se abrieron maravillados ante tan espectacular descubrimiento, en su interior su lobo agitó su esponajada cola, ronroneando orgulloso de su cachorro.
Sin poder evitarlo camino con rapidez hasta el niño, abrazándolo y bañandolo con un agradable aroma a orquídea que daba muestra de su felicidad.
—¿Lo hice bien mami? _Giyū se separó un poco de él, sonriéndole con tanta amabilidad que lo hizo sonrojar.
—Hiciste un trabajo asombroso. Estoy orgullosa de ser tu madre.
Las palabras se adentraron en el interior de Senjurō, creando una sensación cálida, sus ojos se cristalizaron y casi al instante sus lágrimas emprendieron camino por su rostro, sus manitas rodearon el cuello de su madre, recargando su cabeza en el hombro.
Por alguna razón esas palabras solo lo hacía quedarse así, con su madre para siempre.
Como el rocío de la mañana que se secaba una vez que el sol alcanzaba su punto, su abrazo se vió interrumpido por la voz temblorosa del cuervo que había despertado.
—M... Misión _El cuervo habló con una voz temblorosa— O... Oeste... A... Ayuda... Marechi _Como si todo eso fuera gran esfuerzo para él, el cuervo se quedó nuevamente dormido.
Giyū sonrió incorporándose.
—Le diré a tío Sabito, ya vuelvo.
La desesperación inundó cuerpo de Kyōjurō, había intentado rastrear a su pequeño hermano desde el lugar que se le vió por última vez, llegando solo unas calles más allá, donde el rastro desaparecía, intentó varios métodos más los conocimientos teóricos de los libros de sus ancestros no parecían ayudar mucho a su falta de experiencia.
Sin contar que era muy diferente rastrear un demonio que dejaba un rastro pútrido de sangre y vísceras a su alrededor a un pequeño niño que corría por su vida en un mundo infestado por esas plagas.
Su cuervo; dado después de terminar la selección final aterrizó sobre su hombro.
En su pata estaba amarrada la respuesta de Iguro; después que su padre rescató al niño, esté se quedó algunos meses en la finca de la flama, llegando a conocer a ambos niños Rengoku, entablando una buena amistad con ambos.
La carta era corta solo diciendo que en un día llegaría para ayudarlo a buscar a su hermano menor.
Puede que no fuera mucho, pero conociendo a Obanai y el caso omiso que le daba a todo que no fuera su inseparable serpiente, eso era más que suficiente para saber lo preocupado que estaba por Senjurō.
Kyōjurō detuvo su paso derrepente, en su interior su lobo alzó su hocico, sus sentidos olfativos se incrementaron, había algo raro en el aire, un aroma que a pesar de ser tenue lo llamaba más que ningún otro.
Sacudió su cabeza, emprendiendo camino concentrándose en encontrar a su hermano.
Continuará.
Ya van a empezar a aparecer los pilares, no sé si los voy a introducir a todos, pero dos de ellos están confirmados.
Uno es Iguro y el otro dejé la pista en el capítulo.
Dato: Desde el momento que ví a Senjurō y su carácter, pensé que la respiración de la flama no le iba, pues a pesar que su padre en los recuerdos se ve gentil y agradable, Shinjurō ha demostrado que tiene fuerza necesaria y como un incendio es capaz de destruir todo a su paso (incluso a sí mismo)
¿Por qué la respiración de Agua?
Simple, Sanemi al igual que otros personajes han dejado claro que es la respiración que más cazadores utilizan, debido a la versatilidad del agua, cada usuario se adapta a un cuerpo de agua diferente.
Desde que empecé este fic tenía claro que quería que Senjurō aprendiera la respiración de agua, por toda la ironía del asunto.
Dejé una pista de un head canon que tengo de la familia Rengoku, tengo planeado meter ese head canon en este fic y lo traeré más adelante, a ver si descubren la pista.
Sin más que decir.
Nos leemos luego.
Angel sin Luz/Blekk-Universe.
