Fic

Historias de Albert y Candy

Solo Tu

Por Mayra Exitosa

Caminaban fuera de la sala del juzgado al ver que ella no estaba tranquila, se notaba decaída y él no deseaba que siguiera sintiéndose mal de todo lo que estaba sucediendo. De pronto ella se detenía y le decía, - Albert yo no sé si… De inmediato la interrumpía, - Tu no lo sabes, pero yo sí, eres la única que me conoce, que me hace feliz, que hace de mi un mejor hombre, que no me siento capaz de ser, hasta que te tengo a mi lado, no merezco tenerte, lo sé, ni siquiera haberte conocido, más he sido afortunado, porque mi mundo volvió a tener vida luego de esa paliza con la escoba que recibí en el quinto piso del edificio, nunca la voy a olvidar, te lo juro, tanto como que si vuelvo a yacer con otra mujer que no seas tú, prefiero morir, eres mi razón de ser y si creí que ese actor te había conquistado, es porque sentí que al final lo preferirías a él antes que a mí, aunque me dolía, tenía que saberte feliz para poder seguir sin ti.

- Que fuera feliz con él, ¿lo aceptabas? - eras libre de hacerlo, no soy el mejor hombre, tuviste tu oportunidad y… si no la aprovechaste… pues ya la perdiste, es mi turno, ahora te juro que no habrá nadie en el mundo que pueda decirte que te ama mucho más que yo, porque ya pasé por muchas manos y ningunas fueron las que me detuvieron, probe el mundo sin ti y no me gustó, ahora está en ti saber si me aceptas, al final no puedo ni quiero obligarte, aunque lo desearía. - ¿me dejarías ir? - Si, pero te seguiría. - ¡Albert! - Ya cometí el error más grande al dejarte una vez, solo un tonto lo volvería a hacer. - ¿no eres un tonto? - No, hare de este pueblo el mejor lugar de inversiones y pondré aquí una sucursal única en ventas, con todos los equipos modernos y actuales, hare que este lugar sea mucho mejor que lo que era cuando estuvimos aquí, pagaremos los daños que hizo mi tía y su hijo, porque al final, aquí esta nuestra bebita y no quiero que huela a azufre y se vea triste.

Ella lo miraba asombrada, sus labios sueltos al mencionar al ser que no podía sacarse del corazón, de pronto lloraba sin poder evitarlo, lo abrazó emocionada por sus palabras, estaba hablando de su embarazo perdido y ya no podía negarse a aceptarlo, sus lágrimas se intensificaron un rato que no supo de sí al estar en sus brazos, él no dejaba que nadie la viera, la elevaba hasta llegar al auto, para luego se fueron a la propiedad donde podían quedarse mientras arreglaban todo, el pent-house del edificio, ahora fungía como su departamento provisional, no iban a irse hasta que su hija supiera que olía a rosas su pueblo en el que no pudo lograr nacer.

La noche se hizo tan larga como ambos lo necesitaban, sus caricias ansiadas, sus besos que adormecían un dolor añejo, ese calor que él emanaba y derretía el corazón que pensaba no volvería a latir con tal fuerza como lo hacía ahora, nada en el mundo se imaginó como verlo ahí en ese lugar al que ni ella se sentía digna de subir por ser las oficinas más lujosas del edificio, ahora formaban una habitación matrimonial que los escondía de cualquier atentado, él definitivamente sentía el placer que siempre deseo volver a tener, ninguna mujer le causaba esa sensación que solo ella lograba, probablemente tenía razón en que hubo otras mujeres, pero jamás amor y eso no tenía vuelta de hoja, era ella la única por quien lo sentía realmente, sin ella su vida había sido fría, sin música, ni el perfume de su cuerpo, porque era como tocar un bote de lata hueco cuando de otras mujeres se trataba, mientras que con ella, la pasión a su cuerpo hacía vibrar, se sentía vivo y eso no lo había sentido en otros brazos, no podía expresarlo, solo sabía que ya no había otra oportunidad de amar, solo ella era la indicada para él.

Los guardias bajaron dos pisos para darles la suficiente privacidad al sonido de la pasión que incomodaba a todos al sentir interrumpir algo que no deseaban hacer. Johnson tuvo que buscar ese espacio del quinto piso que había mencionado su jefe y aunque lo dijo en varias ocasiones, nunca encontró un lugar cómodo para poder descansar.

Ya era muy tarde cuando despertaba, ella se veía desnuda y se apenaba porque no podía negarse a nada cuando él la tomaba a besos, porque la amaba de esa manera en la que nada existía aparte de él, esos labios hacían que olvidara todo, incluso los tres años más amargos de su vida, verlo en la cama le daba tranquilidad, giraba hacia la ventana observando la obscuridad de la noche, las estrellas en el firmamento eran más brillantes que nunca, se levantaba buscando una bata, pero no había nada por lo que tomaba la camisa de vestir de él y se iba a buscar agua.

El abrió los ojos y no estaba en su cama, se puso de pie tomando rápidamente los pantalones colocándoselos como de rayo, corriendo para ver si la alcanzaba ahora que se había ido, iba a tomar el teléfono cuando ella regresaba con un vaso en la mano, él escondía el aparato como si fuera algo que tenía que dejar en su lugar sin que ella lo notara, recargándose en el mueble de madera mirándola con sus hermosas piernas caminando descalza, viéndose tan bella, no lo vio que se hallaba de pie, se fue hasta el ventanal, luego giraba viendo que no se encontraba en la cama. - ¿Albert? - Aquí estoy. - ¿Cuándo…? - Vine a… - ¿temes que me vaya? - ¡no! ¿no? No… es que… - Pensaste que me iba a ir… ¡tonto! no me cuidaste de nuevo, así es como me dejaste embarazada la última vez y ahora temes que me vaya a ir… ¡ah no! perdí una vez a mi bebita, pero ya no…

Él no la dejo hablar, la abrazaba y tomaba su boca para quitarle el vaso y dejarlo en un lado, luego subía sus caderas hasta rosarse con ella, separándose un poco solo para agregar, - No va a nacer fuera del matrimonio, mañana nos casamos, luego vemos la boda, aquí todavía hay mucho trabajo, pero podemos irnos y regresar de nuestra luna de miel. Ella solo asentía sintiendo la barra endurecida en su vientre, asintiendo sin pensar en otra cosa que volverlo a besar y estrecharse más a él.

Continuará…


Gracias por sus amables comentarios, deseando continúe siendo de las favoritas, como lo es para mi.

Agradezco el respeto por los escritos de mi autoría por no copiarlos ni adaptarlos en otras plataformas

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa