Anacronías

Stiles ahora estaba a salvo, pero desafortunadamente Allison no. Mire a mi hijo sentado en el comedor, tenía los brazos cruzados y la mirada baja, su lenguaje corporal era cerrado, pero inconscientemente acariciaba su brazo con su pulgar, como si intentara consolarse a sí mismo.

Me acerque, puse mi mano en su hombro para hacerle saber que estaba ahí, me senté a su lado, lo rodee con mis brazos y él de inmediato se aferró a mí. Mi corazón se rompió un poco al notar lo rápido que se desmorono en mi abrazo, lo escuché llorar, sentía la vibración de los espasmos de sus sollozos y la humedad de sus lágrimas en mi blusa, lo sostuve con más fuerza, pero permanecí en silencio porque no existían palabras para reconfortarlo, no había forma de aminorar su dolor.


Era el cumpleaños de Scott así que le hice su comida mexicana favorita, preparé suficiente para recibir más invitados, pero al final solo vino Stiles, me sentí un poco mal, pero deje de preocuparme al ver que a ninguno de los dos le importaba, les serví otro plato más a los niños y cuando fui por el pastel escuche a mi hijo estallar en risas y corregir a su amigo.

—No se dice así Stiles, se dice en-chi-la-das —dijo Scott y el niño de lunares intento imitarlo provocando de nuevo risas en los dos.

Yo agradecí la inocencia de los niños, el padre de Stiles me había comentado que Claudia ha estado enferma, pero no era necesario porque ya lo sabía, yo misma he hecho algunos de sus estudios, es algo bastante serio, pero por hoy ellos son felices y desearía poder mantenerlos así.


La puerta estaba cerrada, pero solo necesitaba sacar la ropa sucia, así que abrí sin siquiera tocar. Alcance a ver como escondía algo rápidamente detrás de su espalda, y aunque sabía que ya no era un niño, pensé que aún tenía tiempo antes de que llegara a esa edad, pero luego me desvío la mirada y vi que se limpiaba descuidadamente el rostro con el dorso de su brazo.

—¿Scott? —le pregunté acercándome lentamente, él bajo la mirada, pero no fue capaz de reprimir sus lágrimas.

—L-lo siento mamá —dijo y no entiendo porque se está disculpando.

—Oye... está bien solo dime ¿Qué sucedió?

—Es que extraño a Roxy... —dijo mirándome con tristeza y me siento conmovida por lo sensible que es, me enseño sus manos y tiene la correa con la que la paseaba ese día— Pero sé que no debería llorar, lo niños no lloran —dijo y sé que es su padre él que le ha dicho eso y odio que mi hijo piense que no es libre de mostrar sus sentimientos.

—Oye eso no es verdad está bien estar triste y está bien llorar, tienes un gran corazón hijo, eso es una fortaleza no una debilidad, nunca lo olvides.


Recuerdo el dolor en su mirada, pero no podía creer que mi hijo se había convertido en un monstruo, ¿Cómo no pude verlo? ¿En qué momento sucedió?, ¿Quién le hizo esto?, solo quería a mi Scott de vuelta. Entonces actué de la peor forma posible y me alejé de él, porque no lo entendía, cerré toda la comunicación, y ahora solo puedo imaginar lo solo que se sintió.

Si eso fuera poco, también le dije que hiciera lo que sea que Gerard Argent le estuviera pidiendo, pero estoy agradecida que no me hubiera escuchado, él es más valiente que eso y logro salvar a sus amigos y yo me prometí que nunca volvería a darle la espalda, nunca volvería a ser la causa de su sufrimiento.


—¡Mamá conseguí el trabajo! —me dijo entusiasmado, asomando su cabeza sobre la recepción, yo estaba en mi turno vespertino y aunque tenía trabajo, era un día tranquilo, así que me levante para darle un abrazo.

—Me alegro por ti —le dije con una sonrisa, las últimas semanas no había dejado de hablar sobre conseguir un trabajo en las vacaciones de verano —Y ¿en dónde trabajaras?

—¡En la veterinaria! —dijo como si fuera la mejor noticia del mundo y con menos entusiasmo acepte que era una buena opción, conocía al Doctor Deaton y sabía que podría aprender mucho con él, pero también sabía que parte de la motivación de Scott era los problemas económicos que teníamos en casa y un chico de su edad, no debería preocuparse por cosas así, pero admire su solidaridad.


—¿Melissa? —pregunto Malia y detuvo la confluencia de recuerdos para enfocarse en la escena que tenía enfrente de ella, la nueva familia estaba reunida por fin, la joven estaba descansando y la ayudo a incorporarse para darle la medicina que tenía en sus manos.

Deaton y Chris se habían asegurado de prevenirla en los cuidados posteriores que necesitaría su nuera y no solo por el parto, sino porque literalmente su nieta le había quitado la mitad de su fuerza al nacer.

Scott estaba sentando cerca de Malia, cargando a su bebé con sumo cuidado y delicadeza, mirando a las mujeres frente a él con tanto amor, y poco después empezó a tararear una canción que ella solía cantarle cuando era pequeño, ni siquiera pensó que aun la recordará, aunque su oxidado español hacía que cambiara palabras.

Parecía tan joven e inexperto que le era difícil recordar que Scott, era un alfa a cargo de una numerosa manada, que era una persona que había demostrado en más de una ocasión que es de confianza y que siempre hará lo que considere correcto.

—¿Lo estoy haciendo bien? —pregunto a su madre y ella asintió con una sonrisa que también hizo sonreír a su hijo aliviado.


¡Hola! amo a Melissa y siempre he pensado que merece más reconocimiento, por cierto esta historia corresponde a "Herencia cultural" y también un poco de Scalia.