Fic

Historias de Albert y Candy

Solo Tu

Por Mayra Exitosa

Años después…

- Albert, el niño se quedo dormido, la niña también, así que llama a Rita para que nos ayude, no te muevas. - No es necesario, ya es noche, ve a dejar a la niña y te espero para que lleves al niño. - Pero no te levantes, aunque me tarde, Rosy cuando la dejo en la cunita quiere que me quede un rato con ella. - ¡Albert! apenas tiene un año y ya te manipula, déjala descansando no tardaras y lleva a William con ella. - Si se despierta, hará que su mellizo también se despierte. - ¡Huy! ¡Que sufrimiento! si bien que te quedas con los dos hasta que te asegures que ya pasaron quince minutos. - Candy no debimos sacarlos de la habitación, creo que lo mejor es traer las cunas de nuevo. - Y ahora que nazca el que viene ¿Cómo le vamos a hacer? - Como todo el tiempo, juntos nos quedamos con ellos y si despiertan… - Querrán meterse a la cama, no descansarás y te dejarán perdiendo la junta del fin de mes. - Para algo le pago a Johnson, espera, Rita dígale a John que traiga de nuevo las cunas de mis hijos a nuestra habitación, los niños no quieren irse lejos de sus padres… si, gracias. Lo ves, asunto resuelto, así dejo a mi princesa en la cuna, te quito a mi campeón olímpico y juego con el que traes todavía dentro a las luchas greco-romanas a ver si no comienza antes sus patadas. - ¡Albert!

El reía y volvía a pegar sus labios en la frente de su hija que estaba súpita en su quinto sueño, su padre estaba loco desde que nacieron los mellizos, agotados no se cuidaron, pegó el siguiente embarazo más rápido que nunca a lo que ahora venía Alexander en camino, si, apostaba a que era niño aunque no lo precisaba aun el médico, sabía pelear toda la noche desde el vientre de su madre, patada derecha, izquierda y cabezazo, era todo un deleite tener hijos, sobre todo que si se parecieran a su madre, aunque ninguno tenía los ojos verdes todavía, tenía la esperanza puesta en Alex, porque Willy y Rosy miraban con el color cielo colmado de brillo, su madre aseguraba que eran unos angelitos, hasta que comenzaron a gatear ya no pensaba lo mismo. Era estar veinticuatro siete con ellos, ni Rita ni John descansaban porque los traían de un lado a otro, para colmo se levantaban temprano, se dormían tarde y su madre no tenía tregua ni la pedía, era una madre hermosa que le sentaba de maravilla los embarazos, a tal grado que ya venía el tercer Andrew y aunque pensaban cuidarse en el siguiente, él ansiaba verla enamorada e ilusionada con los pequeños que tenían. - Estoy seguro de que cuándo crezcan querrán tener más hermanos, tú eres hija única y yo perdí muy pronto a Rosemary, así que, deberíamos pensar en… - ¡Albert! todavía no llega Alex ¡y ya estás pensando en traer más! - Reconócelo, te sienta bien el embarazo. - ¡No tienes remedio!

Anthony se había comprometido con una hermosa chica, nunca supo que Candy se había quedado en el pueblo, Archie cuando se enteró de la situación se enfadó demasiado y hubiera preferido quedarse a darle guerra a su tía abuela, más al saber que ese desgraciado era su hijo biológico, Stear vino de Europa para bautizar a William. De la amiga de Candy, Karen ya no se supo nada, al mover a los jóvenes Andrew lejos de ella, todos perdieron comunicación, pues ese siempre había sido el objetivo de Elroy. Terry y su esposa bautizaron a Rosy, aun en contra del padre, tenía que aceptarlo y ahora que Alex estaba por nacer, Anthony peleaba el puesto de padrino.

Johnson continuo en aquel edificio del pueblo, donde tuvo mejor vida, el quinto piso fue cerrado del elevador, para llegar a él se requería una llave, pues se había convertido en el departamento de Johnson ahí vivía su mujer junto a él, quienes se hicieron cargo del mejor edificio de ventas como lo había prometido Albert a su esposa, era el mejor centro de ventas de las sucursales y contaba con más de cien empleados.

- Johnson como vamos con la sucursal de Chicago, ellos siguen abajo, le dije que no me ganarían en este punto. - Pues supe que los de California traen una nueva campaña, así que pude que te quiten pronto lo invicto. - No lo creo, vamos dos pasos adelante. William sonreía, seguía cumpliendo su palabra, Johnson no era un vendedor estrella, pero tenía la competitividad en la sangre y no iba a dejar que nadie le ganara, apenas sabia de un buen vendedor y lo convencía de irse a vivir al paraíso, pueblo que así nombraron por la sucursal de ventas de telemercadeo del corporativo Andrew, su leyenda era que, sin agua, sin luz, ni servicios y ellos nunca dejaron caer las ventas. Bien dicen que cría fama y échate a dormir, Candy fue quien había logrado eso, y otros saludaban con sombrero ajeno. Al menos así se fueron ganando su trayectoria como el lugar mejor para vivir, tranquilidad y buen sueldo con casa incluida en el empleo.

La película de la secuela del actor, se llevó a cabo, se tuvieron que usar imágenes pasadas para poder lograrlo, más los arboles sembrados venían con el tamaño mejorado y el pueblo estaba creciendo de gran manera, Candy y Albert nunca vivieron ahí, los recuerdos de la tragedia jamás los superó Candy a tal grado que un día del año se guardaba luto por aquella ocasión en que perdió a su bello ángel, así que su padre ponía un ramo de flores donde se hallaba su cuerpecito en su ultima morada, al no poderlo extraer hasta que tuviera algunos años de antigüedad. Candy lo ignoraba, pero el plan era traer sus restos a la cripta familiar en Lakewood cuando el tiempo lo permitiera.

Los seres maravillosos que acompañaron a Candy a soportar los duros años de soledad no volvieron a encontrarse, fue para ella como ángeles que la ayudaron enviados por Dios, Bob se fue con su hijo y jamás volvió, Betzy fue contratada como ama de llaves y una familia de conocidos la invitaron para irse a Canadá, mientras Maggie nunca se supo nada de ella.

En la cárcel padre e hijo pasaban tiempo de calidad, el juez tuvo diez años de prisión y su cedula profesional cancelada, mientras que su hijo pasaría encerrado el doble de años, la madre se puso muy mal y tuvo problemas renales, por lo que no los volvió a ver a ninguno de los dos, al no poder moverse del encierro en el que se quedo hasta que finalizó sus días.

Albert y Candy disfrutaron de un total de cuatro hijos, William, Rosemary, Alexandra y Albert. Fueron una pareja muy amorosa, llegaron a celebrar sus sesenta años de casados y la vida les dio la bendición de ver a sus nietos y dos de sus bisnietos. Candy partió en un mes de noviembre, dos semanas después su esposo la alcanzó, su familia siguió manejando las empresas hasta el día de hoy, el pueblo Paraíso por el que tanto hicieron, los nombro miembros honoríficos y tienen una estatua de bronce tallada de ellos en la orilla del lago donde se conocieron por primera vez.

FIN


Gracias por haberme acompañado en ir subiendo cada capitulo, al comentarlos y saber su interés por la continuación, muy amables

Agradezco el respeto por los escritos de mi autoría por no copiarlos ni adaptarlos en otras plataformas

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa