Eva despertó nuevamente ante la persistente y aterradora pesadilla. Era una acumulación de eventos transcurridos con un desafortunado presagio. Se levantó sudorosa y con una punzada en su vientre que aunque no le indicaba el nacimiento de su hijo; le advertía el destino del mismo. Caminó hacia el río pues quería lavar su cara para refrescarse; pero mientras caminaba hacia el torrente de agua no pudo evitar volver a repasar la escalofriante pesadilla.

Vivían en el Edén todavía. Los hijos de Dios, también conocidos como arcángeles, tenían la tarea de cuidar de Adán y de ella. Dios les había facilitado a la nueva pareja de todo árbol, animal y fruto para comer y les había indicado que ella y Adán podían multiplicarse; más no podían reproducirse con los seres divinos porque si no morirían. Al hombre estar en un nivel menor en la Creación; Dios les hablaba como niños y se refirió a la prohibición del acto sexual entre seres humanos y divinos como; "no comer del fruto prohibido." Al crear Dios al hombre le pidió a sus súbitos que le brindaran culto; cosa que a Lucifer, el segundo arcángel más poderoso después del arcángel Miguel (su hermano gemelo), no aprobó y por ello él y sus seguidores fueron desterrados de los cielos.

Samael; aliado para aquel entonces de Lucifer y uno de los siete regentes del mundo, era encargado de los desterrados del paraíso y la muerte. Era servido por millones de ángeles y era el arcángel de la fuerza y la voluntad. Este arcángel también era jefe del Quinto Cielo; aunque residía en el Séptimo Cielo y no en el Edén. Samael se le acercó con su tez de serpiente y rostro de león a Eva para seducirla proponiéndole aparearse. Eva toda excitada le indicó que no podía, porque Dios les había advertido que si lo hacían morirían; pero él siendo el arcángel de la fuerza de la voluntad y además muy astuto le dijo que no iba a morir. Samael le dijo a Eva que iba a poder hacer las cosas como los dioses, más iba a saber distinguir como ellos el bien del mal. De ahí fue engendrado Caín. Aunque en el sueño no aparece la expulsión de ellos, ni de Lucifer del paraíso todos fueron echados; pero la peor parte de la pesadilla era que el hijo de Samael, Caín, se comía al hijo de Adán y eso era a su pesar, un mal augurio.