¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? 😊 Traigo una nueva historia… cuya idea nació un día que estaba resfriada, básicamente ja, ja, ja la inspiración llega cuando menos lo esperas... 😂

Se trata de un breve one-shot, que creo que no requiere de ninguna advertencia en particular. Tiene lugar en Hogwarts (como la mayoría de mis historias, reconozco que es la temática que más me gusta 😂) en un hipotético sexto o séptimo curso, que no sigue realmente el canon de los libros… Y no añado más para no destripar nada ja, ja, ja 😉

Ojalá la disfrutéis, de verdad 😊

Disclaimer: todos los personajes, y todos los lugares, pertenecen a J.K. Rowling, no son de mi invención.

Y, sin más dilación, ¡a leer!


Poción Pimentónica

Hermione cerró con fuerza los ojos. Esforzándose al máximo para evitar lo inevitable. Haciendo fuerza, incluso. Pero no surtió efecto. El picor de su nariz alcanzó un grado de incomodidad casi insoportable. Y fue superior a ella.

Tras un par de desesperadas, y casi ridículas, inhalaciones atropelladas, un sonoro estornudo escapó de su ser. Y ya había perdido la cuenta de cuántos había emitido en los últimos quince minutos.

Afortunadamente tuvo los reflejos suficientes para elevar el brazo y hundir la nariz en el pliegue de su codo, amortiguando un poco el sonido y evitando rociar la mesa entera de mucosidad. Los vapores que emitía su Poción de Regerminación no hacían sino empeorarlo todo. El aroma herbal de la menta, mezclada con el cuerno de bicornio, atravesaba incluso la congestión de su nariz.

Harry, sentado a su lado en la mesa redonda que compartían, levantó la mirada del cerebro de perezoso que estaba cortando en finas láminas.

―Salud ―ofreció, otra vez, mirándola con ligera guasa. Y una amable inquietud por su salud. Ron, concentrado en intentar trocear exactamente diez coma ocho gramos de higo seco, no elevó su entrecerrada mirada. Su primer intento de hacer la poción había sido un desastre, metiendo la pata en uno de los primeros pasos, y se había visto obligado a empezar de nuevo. Y ahora parecía decidido a que fuese un éxito, sin distracciones.

Hermione le dedicó a Harry una fugaz sonrisa, algo apurada, pero no dijo nada. Intentando que su más que evidente resfriado no fuese percibido como algo importante. Trató de concentrarse de nuevo en su poción. Terminó de pesar en la balanza de latón la segunda tanda de cuerno de bicornio que debía añadir, y, tras bajar un poco el fuego del caldero para que alcanzase la temperatura que necesitaba, se permitió sacar un pañuelo del bolsillo de su túnica y sonarse la nariz. Sin demasiado éxito. Tras sorbérsela comprobó que seguía terriblemente congestionada.

El picor volvió a aparecer, y aprovechó que estaba con un pañuelo en la mano para estornudar con más libertad. Parpadeó, intentando eliminar la humedad de sus ojos. Con un discreto suspiro cargado de pesadez, sintiendo la cabeza brumosa, se sonó la nariz otra vez y volvió a guardar el pañuelo. Peleando por concentrarse de nuevo en la clase.

―No os olvidéis de que son dos tandas de cuerno de bicornio, ¿de acuerdo? ―indicaba el profesor Slughorn, paseando jovialmente entre las mesas―. Y, si estáis en el paso anterior, el del cerebro de perezoso, aseguraos de que sean láminas muy, muy finas…

La puerta del aula de Pociones se abrió entonces con un leve crujido, apenas perceptible entre el animado barullo. Harry, de cara a ella, elevó la mirada por inercia al apreciar el movimiento. Su ceño se frunció al instante, de forma automática. Como hacía siempre que veía a la persona que tenía delante. Draco Malfoy acababa de hacer acto de presencia, curiosamente tarde, y estaba cerrando la puerta a sus espaldas.

―Señor Malfoy ―saludó Slughorn con alegría al recién llegado, girándose para mirarlo. Haciendo que varias personas más reparasen en su presencia. Aunque la mayoría siguieron a sus quehaceres―. Adelante, muchacho, adelante…

―Lamento mucho el retraso, profesor ―aseguró el chico, con voz serena, avanzando entre las mesas. Arrastraba las sílabas con altivez, como de costumbre, pero también estaba utilizando el irritante tono exageradamente adulador que siempre utilizaba con los profesores―. No me sentía muy bien…

Harry se dijo que eso no se lo creía nadie. Seguro que había estado por ahí haciendo el vago, o armando algún escándalo con sus colegas. Era evidente que, desde que Slughorn impartía la asignatura de Pociones en lugar de Snape, a Draco había dejado de interesarle considerablemente.

―Tranquilo, Draco, tranquilo… llegas justo a tiempo. Estamos preparando la Poción de Regerminación, te pondrás al día enseguida, está todo en la pizarra… ―para desesperación de Harry, el profesor señaló en su dirección con un dedo regordete. Concretamente al asiento vacío que había entre Ron y Hermione―. Mira, tienes un hueco aquí, junto a Ralph. Si tienes cualquier duda, puedes preguntarles a ellos.

Harry apenas pudo contener un gruñido bajo. Malfoy antes le pediría a Hagrid en matrimonio que preguntarles nada a ellos.

Ante la mención de su nombre, al menos el nombre que sabía que Slughorn utilizaba para referirse a él, un muy abstraído Ron, que estaba ya cortando en láminas su cerebro de perezoso, elevó la cabeza de golpe. Sus ojos se encontraron con los de Malfoy. Y la temperatura de la habitación descendió cinco grados en picado.

―¡Si alguien necesita ayuda para cortar el cerebro de perezoso que me lo diga! ―ofreció Slughorn con entusiasmo, sin percatarse de la animadversión que emitían sus alumnos. Echó a andar por el aula de nuevo mientras Draco se dirigía con pasos lentos y calculados a la mesa de Harry y los demás―. Es sencillo, pero requiere de cierta maña…

Ron siguió cortando lámina tras lámina del cerebro, muchas más de las que necesitaba, sin apartar la vista de Malfoy. A riesgo de rebanarse un dedo. Pero muy concentrado en asesinarlo con la mirada abiertamente. El joven rubio dejó caer su mochila y su caldero en su espacio de la mesa, con aspecto igualmente contrariado. Miró a Harry, ante él, y le dedicó una sonrisita satisfecha al encontrarse con su mirada. Como si le estuviese advirtiendo socarronamente de que iba a aprovechar su cercanía con ellos para hacer que la clase fuera una tortura.

Harry, resignado a eso, se sorprendió frunciendo el ceño una vez que su némesis apartó la vista. Malfoy realmente no parecía encontrarse bien. Quizá había dicho la verdad acerca de su retraso. Tenía los ojos vidriosos y cansados, como si tuviera fiebre, y ojeras algo marcadas, que contrastaban con su pálida tez. Como si el destino quisiese confirmar los pensamientos de Harry, el chico se llevó la mano a la boca y tosió un par de veces contra ella. Una tos bastante ronca.

Harry apartó la mirada de Malfoy y echó un vistazo a Hermione. Queriendo ver si lucía tan explícitamente molesta por la presencia de Malfoy como Ron y él. Pero la chica estaba removiendo su caldero con brío. Con los ojos fijos en el líquido color verdoso. Impasible. Como si una de las personas con las que peor se llevaba en el mundo no estuviera sentada justo a su lado. Y a Harry tampoco le sorprendió tal actitud, pero sí le generó admiración hacia su amiga. No entendía cómo podía ignorar a Malfoy y su insoportable presencia con tanta entereza.

Bajó la mirada para seguir rallando su cuerno de bicornio. Aunque, nada más empezar, escuchó cómo Hermione estornudaba de nuevo. Con ímpetu.

―Salud ―oyó Harry que le deseaba entonces Ron. Miró a su amigo y vio que la escrutaba con fraternal preocupación mientras removía su propia poción. Sonriendo de forma simpática―. Vaya resfriado has pillado, ¿eh?

Harry volvió a mirar a su amiga para verla responder. Y se sorprendió al encontrarla con los labios firmemente apretados. Luciendo muy molesta. Todavía mirando su caldero.

―No es para tanto ―aseguró entre dientes, con brusquedad―. No es nada…

―Si tú lo dices ―se burló Ron, divertido, sin creerse ni una palabra―. Llevas toda la clase estornudando, mujer…

Harry sonrió también, pero entonces una nueva y áspera tos le recordó la presencia de Malfoy. Lo miró, o más bien fulminó con la mirada. Preparado para encontrárselo sonriendo mordaz, mirando a su amiga. Seguro que más que dispuesto a burlarse o meterse con ella. Casi podía oírlo decir: "Caray, Granger, sangre sucia y además resfriada, demasiadas cosas puedes contagiarme…". Pero su mirada cayó en saco roto. Draco estaba mirando a Hermione, sí. Pero por el rabillo del ojo. Mortalmente serio.

Mientras Harry lo observaba sin que él se diera cuenta, apartó la vista de su amiga, volviendo a concentrarse en su caldero. Con expresión inusualmente estoica. Pero sus ojos estaban parpadeando más de lo normal. Como si estuviera perdido en frenéticos pensamientos. Harry apreció entonces cómo su garganta se tensaba, y su pecho se sacudía de forma intermitente. Como si el chico estuviese conteniendo la tos. Sin permitirse hacerlo en voz alta.

El joven Potter frunció el ceño. Confuso por la inusual actitud de Malfoy. Pero Hermione estornudó de nuevo, atrayendo su atención. Y otra vez. Pareció notar cómo Harry la observaba, pero no le devolvió la mirada. Con un apresurado carraspeo, como si no fuera nada relevante, sacó su pañuelo del bolsillo y se limpió la nariz con rapidez. Para después volver a concentrarse en su poción. La chica removió con énfasis dos veces más antes de coger su libro de Pociones para parapetarse tras él, ocultando el rostro. Y entonces fue Malfoy quien estornudó.

Ron perdió la concentración en su tarea y le dedicó una desagradable mirada a Malfoy. Como si el hecho de estar enfermo fuese de lo más grosero. Draco le devolvió una mirada de abierto desprecio, sin perder arrogancia. Aunque sus llorosos ojos indicaban que otro estornudo era más que inminente.

—¿Algún problema, Ralph? —siseó con frialdad.

Ron entrecerró los ojos y pareció estar planteándose muy seriamente tirarle a la cara lo poco que le quedaba de su cerebro de perezoso. En cambio, soltó un brusco y despectivo bufido por la nariz y se resignó a continuar con su poción. Olvidándose de él.

Pero Harry hacía ya un rato que se había olvidado de su propia poción, la cual burbujeaba lentamente ante él. Siguió mirando a Malfoy, con todo el disimulo que pudo reunir, con la cabeza agachada y apenas alzando los ojos para que éste no se diese cuenta. Vio cómo se sorbía la nariz con disimulo. Y fue testigo de cómo batallaba un par de segundos contra un visiblemente molesto picor de garganta, hasta que se vio obligado a toser, de nuevo cubriéndose con el puño. Y entonces fue Hermione quien tosió.

Harry la miró. Su amiga todavía se ocultaba obcecadamente tras el libro. Pero podía verle la frente, y estaba completamente colorada. Volvió a mirar a Draco, y vio que estaba muy concentrado en laminar su cerebro de perezoso de forma casi milimétrica.

―Estás hecho mierda, tío… ―dijo entonces una nueva voz cerca de ellos.

Blaise Zabini, Theodore Nott y Tracey Davis estaban sentados en la mesa de al lado. Zabini estaba justo detrás de Draco, de espaldas a él, y se había girado para entablar conversación con su amigo. Sonreía de forma burlona, y parecía haber estado escuchando, al igual que Harry, los intentos de Draco por sobrellevar los síntomas de su resfriado.

Malfoy lo miró por encima del hombro y le dedicó una impecable mirada de suficiencia.

―Y aun así tengo mejor pinta que tú ―contraatacó, ganándose un puñetazo en la espalda por su impertinencia. Tracey, sentada junto a Zabini, soltó una risita mientras picaba un poco más de higo seco. Nott, que parecía estar teniendo dificultades para graduar el fuego y remover al mismo tiempo, se permitió alzar su azul mirada en dirección a Draco de forma breve.

―Más te vale ponerle remedio antes de esta noche, porque no pienso dormir en la misma habitación que tú si estás enfermo ―advirtió, apuntando hacia él con su cuchara de madera. Parecía hablar en serio, aunque tenía una ceja arqueada con guasa.

Harry no hizo caso a la respuesta burlona de Draco, en la cual le decía a su amigo que por él podía irse a dormir con los elfos domésticos, que pasaría desapercibido. En cambio, el ceño del joven Potter había vuelto a fruncirse. Cayendo en la cuenta de algo. Miró a su alrededor. No se oía a nadie más. Ni una sola tos. Ni ningún estornudo. Todos charlaban de forma animada. Sanos. Nadie más en el aula se encontraba enfermo. Ni Lavender, ni Parvati, que compartían habitación con su amiga. Ni Zabini, ni Nott, únicos Slytherins presentes que la compartían con Malfoy. Crabbe y Goyle no cursaban pociones ese año.

Solo Hermione estaba enferma. Y Malfoy. Con síntomas muy similares. Era una… coincidencia muy absurda. Estaba claro que era una coincidencia. Pero era… raro. ¿No?

No podía explicar por qué le estaba pareciendo todo tan anómalo. Pero lo hacía.

Quizá era por el hecho de que Malfoy y Hermione no se habían dirigido ni una sola palabra en todo ese rato. A pesar de que los dos estaban luchando ruidosamente contra sus propios síntomas, atrayendo tanto la mirada de Harry como la de Ron, así como las burlas de la mesa de al lado. Pero, a pesar de una breve mirada de reojo por parte de Draco, inusualmente libre de un posterior insulto, ellos ni siquiera se habían mirado. Se estaban ignorando con verdadero fervor. De forma casi antinatural. Poco frecuente en ellos.

Y a Harry le extrañaba que fuese él el único que estaba encontrando la situación llamativa.

Hermione lo arrancó de sus pensamientos cuando peleó de nuevo contra un repentino ataque de tos, todavía parapetada tras el libro Moste Potente Potions. Malfoy, tras terminar de hablar con sus amigos, se había centrado de nuevo en su poción. Y en ese momento parecía estar concentrando toda su fuerza de voluntad en controlar su laringe y no toser al mismo tiempo que la chica.

―¡Señorita Granger! ―tronó entonces la potente voz de Slughorn, apareciendo tras ella. Sonriendo bajo su bigote de morsa―. No me gusta nada cómo suena esa tos… ¿Por qué no va mejor a la Enfermería? Creo que una Poción Pimentónica le sentará estupendamente…

Hermione emergió de nuevo tras el libro, mirando al profesor casi con pánico. Sus ojos estaban brillantes. Y su rostro extrañamente colorado.

Oh, no, profesor, estoy perfectamente… ―se apresuró a asegurar, como si fuera inconcebible. Pero con voz claramente tomada. Su congestión parecía haber empeorado en los últimos minutos.

―Nada, nada… Vaya a la Enfermería, querida ―insistió el hombre, agitando las manos en su dirección. Como si la echara―. A la hora de la comida podrá…

Y entonces Malfoy pareció estallar a su lado, no aguantando más. Estornudando con fuerza en su antebrazo. Dos veces. Casi gimiendo de alivio. Y tosiendo acto seguido con urgencia. Slughorn pausó su conversación con Hermione ante la inesperada interrupción, y entonces se echó a reír a carcajadas, sujetándose la prominente barriga con las manos.

―¡Señor Malfoy! ¿Usted también? ―volvió a reír con ganas―. No debería haber hecho el esfuerzo de venir a clase, definitivamente no está en condiciones… Venga, vayan ambos a la Enfermería, hagan el favor… ¡O nos contagiarán a todos! ―volvió a reír, ya alejándose―. Vuelvan a la hora de la comida para repetir la poción y solucionado, les puntuaré con normalidad…

Hermione inhaló con angustia, queriendo protestar. Visiblemente escandalizada de perderse la clase. Pero el hombre ya se había retirado, dejándola patidifusa y con los ojos muy abiertos, clavados en su gruesa espalda. Con un jadeo de impotencia, miró alrededor, aturullada. Sus ojos aterrizaron, por fin, en Malfoy, sentado a su lado. Como si ya no pudiera ignorar su presencia por más tiempo. Él, por su parte, parecía haberse resignado con más facilidad que ella, y, tras unos segundos de asimilar el desagradable giro de los acontecimientos, ya estaba agitando su varita para desvanecer su poción. Luciendo una expresión avinagrada y una esperable tensión en la mandíbula.

―Te acompaño a la Enfermería ―se ofreció Ron al instante, haciendo ademán de apagar el fuego de su caldero―. Mi poción es una mierda, voy contigo…

―No, no, ni hablar ―se apresuró a negar Hermione, alargando una mano en su dirección. Deteniéndolo―. Está todo bien… No tardaré, Madame Pomfrey me… nos atenderá enseguida ―se corrigió, apresurándose a agitar su varita para hacer desaparecer, con pena, todo su esfuerzo de esa clase. Miraba a sus amigos de forma intermitente. Curiosamente, parecía costarle sostenerles la mirada mientras recogía sus cosas.

―No vas a ir sola con… ―comenzó Harry en un gruñido, con los ojos fijos en Malfoy mientras éste guardaba su libro y su balanza en la mochila. Parecía pretender dejar ahí su caldero, para después. Su expresión estaba cargada de exasperación. Y Harry tenía bastante claro que pensaba convertir en un suplicio el trayecto de su amiga hasta la Enfermería. Eso suponiendo que no la atacase de ninguna forma. Aunque sabía que Hermione era capaz de defenderse sola perfectamente, no se quedaba tranquilo en absoluto.

Pero la chica le dirigió al instante una firme mirada de advertencia. Mucho más decidida que las anteriores.

, lo voy a hacer ―aseguró, resuelta. Esbozando una expresión significativa. Como si lo contrario resultase casi ofensivo―. No hay razón para no hacerlo. Os veo después, en Encantamientos ―añadió, determinada, guardando sus últimos utensilios.

—De acuerdo… —murmuró Harry, a regañadientes. Miró a Malfoy de nuevo, el cual ya estaba cogiendo su mochila y colgándosela al hombro con expresión impávida. Casi ensombrecida.

Hermione cogió entonces su propia mochila y se dirigió a la puerta, con zancadas decididas. Y la barbilla bien alta. Sin esperar a Malfoy. Éste la siguió dos segundos después, luciendo abiertamente irritado.

Harry no pudo evitar sentir algo extraño en el pecho al ver a su amiga abandonar el aula en compañía de Malfoy. Tenía el corazón algo acelerado, y estaba empezando a asimilar que no era de preocupación exactamente. Al menos no por la seguridad de su amiga. Era algo más. Era como si…

Como si se le escapara algo.


Draco cerró la puerta del aula a sus espaldas, mientras Hermione ya estaba avanzando por el pasillo. Pisando fuerte, con poderosas zancadas. Echando humo. Sin embargo, el chico apreció cómo sus andares trastabillaban. Ella se detuvo con torpeza, llevándose una mano al rostro. Y entonces un fuerte estornudo sacudió su cuerpo, haciendo ondear su espeso cabello castaño alrededor de sus hombros.

Salud —concedió Draco, en voz alta. Y sus labios se estiraron con malicia.

Hermione tomó aire con profundidad y se giró de forma brusca para fulminarlo con la mirada. Sus ojos eran dos hogueras. Estaba colérica.

—Voy a matarte —declaró ella, con seguridad. En una amenaza declarada. Draco, cínico, arqueó una ceja.

—¿A mí? ¿Por qué? —protestó, fingiendo sentirse insultado. Pero sus labios peleaban por fruncirse en una sonrisa ladina. Avanzó un par de pasos perezosos hacia ella, separándose de la puerta.

—¡Todo esto es culpa tuya! —le espetó la chica con fiereza, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no alzar la voz.

—¿Cómo va a ser culpa mía? —discutió, de nuevo frunciendo el ceño como si lo ofendiese. Pero disfrutando visiblemente del sofoco de la chica. Verla enfadada, verla enfrentarlo con ese fervor, era todo un espectáculo de pirotecnia.

—Yo estaba perfectamente hasta el miércoles, el día que quedamos en la Torre del Reloj —recordó ella, algo más bajo. Pero lo señaló con un dedo acusador—. Tú ya estabas con dolor de garganta, me lo dijiste.

—Precisamente te lo dije para que no me besaras —replicó él, indolente, metiendo las manos en los bolsillos de su túnica. La comisura de sus labios se elevó, sin poder mantener su pantomima de fingida inocencia—. Pero creo recordar que te dio bastante igual...

—No me cambies de tema —siseó Hermione a toda prisa, acalorada—. Me has contagiado. Por tu culpa he enfermado y he perdido una clase. Seguro que el profesor Slughorn señalará detalles importantes de la poción que no nos dirá después a nosotros… —subrayó, como si eso fuera el culmen de su mala suerte.

Con un resoplido cargado de rabia, se giró, dándole la espalda. Continuando su camino. Echando chispas. Pero entonces una fría mano atrapó su muñeca antes de que se alejase. Le dio un firme tirón, que provocó que girase sobre sí misma de nuevo, trastabillando ligeramente. Quedó de cara a él, pero al parecer no era suficiente. Tiró más de ella, devolviéndola a su anterior lugar, hasta lograr que chocase contra su cuerpo de forma floja. Hermione accedió a mirarlo de nuevo a los ojos, resignada. Sin borrar el rencor de su expresión. Draco inclinó un poco el rostro para aproximarlo al de ella desde su considerable altura. Los finos labios de él estaban estirados con la sombra de una sonrisa maliciosa. Y sus ojos grises recorrían su fisonomía. Relajado. Y no hizo falta que dijese nada. Porque la boca de la chica estaba temblando en las comisuras ante su mirada cómplice. Peleando por sonreír también.

Y se rindió. Permitió que sus labios sonrieran con ganas. Y dejó escapar el aire por la nariz, en forma de risa entrecortada. El pecho de Draco también tembló delante de ella. Riendo para sí mismo. Dejó caer los labios de forma casi descuidada en su sien, para después apoyarse frente con frente. Hermione cerró los ojos, embriagada de cercanía. La mano de él soltó su muñeca y se movió hasta su espalda, enredando los dedos en su túnica y apretándola un poco contra sí. Inclinó más el rostro hasta que llegó a darle un rápido beso en los labios.

A pesar de la sonrisa que todavía estiraba su boca, la chica se retiró hacia atrás. Solo un poco.

—Para… —pidió, en un susurro. Alzando los ojos y amonestándolo con la mirada.

—Ya estamos los dos enfermos, ¿qué más da? —se mofó Draco con resignación, en un siseo burlón. Ella lo miró con divertido reproche.

—Nos van a ver —replicó en voz baja, mirándolo con insistencia. Pero Draco no se alejó. Volvió a reposar su frente en la de ella. Hermione podía notar su piel caliente. Y había sentido su mano fría rodeando su muñeca. Probablemente tenía fiebre.

—No hay nadie —murmuró él, en cambio. De forma más grave. Sosegada. Sin burla.

Hermione sabía que tenía razón. El pasillo estaba vacío. Y en las mazmorras había el suficiente eco como para que escuchasen llegar a cualquiera. Y quizá fuera su propia cabeza brumosa por las décimas de fiebre que intuía que también tenía, o la sensación de seguridad provocada por su mano, amplia y firme, en su espalda, o que llevaban varios días que habían parecido eternos sin poder verse a solas… pero, cuando sintió la boca del chico presionarse contra la suya con más firmeza, no se resistió en absoluto. No pudo. Amordazando a la severa vocecita interior que le recordaba que estaban en medio de un pasillo, expuestos al mundo, le correspondió. Casi poniéndose de puntillas para alcanzarlo mejor. Para poder mover sus labios contra los suyos, y sentir que él abría la boca contra la suya, y oír los casi inaudibles sonidos de humedad, y notar su ardiente respiración contra su rostro. Caldeándole el cuerpo desde el interior.

Percibir la puerta del aula, cerrada, a sus espaldas, la presencia de todos sus compañeros al otro lado de un simple muro, era casi angustioso. Era peligroso. Era emocionante.

Harry y Ron estaban ahí dentro. Harry y Ron, que no tenían ni idea de lo que estaba pasando. Que no podían ni imaginarse lo que realmente estaba sucediendo entre Malfoy y ella. A los cuales todavía no había contado nada. No habían contado nada de eso a nadie.

La culpabilidad que invadió su conciencia hizo que la garganta se le atenazase. Pero un particular movimiento de los labios de Draco sobre los suyos logró que le flaquearan las piernas. O quizá fue la sensación de su firme lengua empujando la suya. O el suave gruñido que emitió contra su boca. O el recorrido que hizo su mano por la parte inferior de su espalda. Presionando. Al parecer queriendo aproximarla más. Todo cuanto pudiese.

A regañadientes, tuvo que separar su boca de la del chico. Solo un momento, para tomar aire. Estaba completamente congestionada, y eso le impedía respirar por la nariz. Y él le impedía respirar por la boca. Apenas tomó aire, volvió a pegarse a sus labios. Incandescentes. Tentadores. Elevó una mano cautelosa y la colocó en su abdomen, por encima de la camisa del uniforme. Enredándose en la tela. Tirando apenas un poco. Queriendo tocarlo. Necesitando quemar ese anhelo. Conteniéndose con lo que le quedaba de cordura para no rodearle el cuello con los brazos, apretándolo contra sí. Pero su instinto de supervivencia le gritó que tenían que ser discretos. Estaban en medio de un pasillo, por Merlín. Nunca antes habían hecho algo así. Dejarse llevar, mostrar al mundo lo que había entre ellos, en un lugar tan público. No había nadie allí, era cierto, y sin embargo se sintió como lo más arriesgado que habían hecho nunca. Siempre se veían a escondidas. En lugares ocultos a ojos de todos. Aulas en desuso. La zona trasera de los invernaderos. La Torre del Reloj. Los vestuarios del campo de Quidditch.

Nunca en lugares potencialmente concurridos. Nunca sin un lugar en el que ocultarse. Y, a pesar de todo, ahí estaban. Juntos. Contra el mundo. En una muda reivindicación que nadie sabría jamás.

Hermione se separó abruptamente del chico. Bajando el rostro. Subiendo su mano. Estornudando con fuerza contra su palma. Dos veces. Manteniendo la cabeza agachada y la mano contra su nariz, descansó la frente en el pecho del chico, gimiendo de agotamiento. Se sorbió la nariz sonoramente. Sintió su tórax sacudirse cuando él se rio entre dientes.

—Eso ha sido muy sexy… —lo escuchó decir por encima de su cabeza. Con tono sugerente. Percibió cómo su mano vagaba por su espalda, distraída, de arriba a abajo—. Hazlo otra vez, no pares

Hermione ahogó la risa contra su palma. Alzó la cabeza, sabiendo antes de verlo que se encontraría una expresión abiertamente mordaz en el rostro del chico.

—Idiota… —protestó, de forma aún gangosa. Dándole un golpe flojo en el pecho. Draco ahogó la risa en su garganta, y entonces giró el rostro con rapidez. Alejándolo de ella. Amortiguando un repentino ataque de fuerte tos contra su puño cerrado.

Hermione notó el pecho del chico estremecerse bajo su mano con cada tos, y pasó a frotárselo en lánguidas caricias por encima de la ropa, con la intención de calmarlo.

—Anda, vamos a la Enfermería —instó ella, con una débil sonrisa, cuando él pareció recuperar el resuello. El chico estaba tragando saliva, incapaz de contestar aún, pero asintió con la cabeza. Pasó por su lado para echar a andar por el pasillo. Acercando su mano a la de la chica en el proceso. Entrelazando sus dedos. De forma casi distraída. Apenas solo el meñique y anular.

Hermione sintió que el pecho se le encogía. Era demasiado. Se jugaban mucho.

—No deberíamos hacer eso… —murmuró, tirando de su mano para que no avanzase. Como si estar cerca de la puerta todavía fuese seguro, pero alejarse por el desierto pasillo cogidos de la mano pusiese fin a toda su tapadera. Aunque no hubiese nadie. Intentó desenredar sus dedos, a regañadientes. Él la miró, sereno, recorriendo sus facciones con los ojos. Sin lucir molesto por su rechazo. Parecía entenderlo. Y, a pesar de todo, su mirada fue... extraña. No solía lucir tan serio.

—Solo hasta el final del pasillo —propuso. Con calma—. No hay nadie.

Hermione lo miró de regreso. Y el corazón se le aceleró ante la seguridad que vio en sus ojos. Él tenía razón. Era una situación insólita el encontrarse solos en medio de un pasillo. Era una oportunidad. Y pensar que él quería aprovecharla para comportarse como si fueran una pareja de verdad, como algo que jamás podrían ser, casi hizo que se le empañasen los ojos. Y sintió una aterradora imprudencia apoderarse de ella. Quería hacerlo. Estaban solos. Estaban juntos. Eran un equipo. Confiaba en él.

Todavía mirándolo a los ojos, entrelazó los dedos con los de él de nuevo. De forma más decidida. Más evidente para cualquiera que mirase en su dirección. El rostro de Draco no se alteró, pero la chica notó que movía los dedos entre los suyos. Como si no supiera muy bien qué hacer ante su firme agarre. Pero no dijo nada. Se giró otra vez y fue el primero en empezar a andar. Ella lo siguió, sin soltarlo. Era la primera vez que caminaban así. Uno junto al otro. De la mano. Juntos. Por un pasillo. Todo Hogwarts para ellos.

—¿Has dormido algo? —preguntó Draco. Sin mirarla. Con la vista clavada en el frente. Los dedos flojos entre los de ella. Como si, a pesar de todo, tomarla de la mano con fuerza fuese… demasiado.

—Ni cinco horas —admitió Hermione, permitiéndose una sonrisa resignada.

—Te gano, yo tres.

—He tenido fiebre.

—Treinta y nueve, y medio.

Hermione se detuvo de golpe y lo miró, escandalizada. Alargó una rápida mano en su dirección, intentando tocarle la frente. Pero él se apartó con rápidos reflejos, interceptando su mano. Dejó escapar una risotada entre dientes.

—Es broma, mujer.

Ella bufó. Dirigiéndole una mirada cargada de rencor. Siguieron avanzando.

—Oye, la Poción Pimentónica tarda diez minutos en hacer efecto —Draco volvió a romper el silencio. De nuevo sin mirarla—. Y Slughorn ha dicho que no volvamos a clase. Que hagamos su poción en la hora de la comida.

—Ajá —corroboró Hermione, elevando el rostro para escrutar su perfil. Algo confusa al oírlo señalar lo obvio—. ¿Y?

Draco giró el rostro apenas un poco. Mirándola de reojo. Sus ojos plateados relucían en la penumbra de las mazmorras.

—Que faltan casi cuarenta minutos para Encantamientos.

Los labios de Hermione esbozaron una sonrisa antes siquiera de que se diese cuenta. Con el corazón retumbando de complicidad.

Entiendo… ¿Se te ocurre qué podríamos hacer durante el tiempo que nos va a sobrar hasta la siguiente clase? —cuestionó. Con fingida inocencia. Sin poder disimular su diversión.

Los ojos de Draco miraron al frente de nuevo. Pero de pronto sus dedos estaban apretando su mano dentro de su agarre. Con más firmeza. Su rostro, en cambio, mantenía su habitual expresión cargada de superioridad. Aquella que Hermione sabía que se obligaba a esbozar cada vez que una de sus barreras flaqueaba.

—Ajá.

Llegaron al final del pasillo. Pero no se soltaron las manos.


¡Listo! ¿Qué os ha parecido? 😍 Me encanta escribir historias de amor prohibido y clandestino entre ellos, es lo que más me gusta explorar en esta pareja, es muy divertido. Por cierto, diez puntos y un abrazo para Harry por sospechar que algo raro está sucediendo, aunque no es capaz de entender qué ja, ja, ja 😂

Ojalá os haya gustado mucho, si os apetece dejarme algún comentario estaré encantada de leeros. ¡Gracias de antemano! 😍

¡Mil gracias por leer! ¡Un abrazo enooorme! 😊