Hola, soy Yuzu Araki

Luego de muchísimo tiempo les traigo otro escrito para Candy Candy y como ustedes conocen mi trayectoria a lo largo del Fanfiction yo escribo y gusto de una pareja culposa que veo en la serie y eso que era algo latente en el principio de la serie. Sé que muchos no toleran ese tipo de género, lo entiendo pero eso es parte de mis gustos aunque sea de modo culposo aparte de que desde hace un buen tiempo se ganó gran curiosidad y todo mi interés ese ship y de él hice muchos escritos.

Bueno, ahora que expliqué lo que tenía que decir aparte de que algunas personas toxicas del fandom querrán romperme la cara solo porque no escribí hasta la fecha algo con sus galanes, es hora de comenzar este escrito que hice en medio de un descanso debido a que tuve un pequeño accidental de mínima gravedad por lo que me dieron unos dos días.

Espero que les guste aunque es evidente que me van a aventar cualquier cosa por ser de otro género y otros gustos.

Yuzu y fuera

PD: Yuzu Araki, Nadaoriginal y Ninja Britten apoyan el contenido yuri en cualquier fandom

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A Annie nunca le había gustado el algodón de azúcar. De hecho, decir que odiaba las cosas no sería una exageración en lo más mínimo.

Y, sin embargo, a su alrededor, la pelinegra de ojos azules podía ver algodón de azúcar hasta donde alcanzaba la vista. Su amiga de toda la vida, su Candy la había arrastrado a un festival, por alguna razón u otra que no tenía sentido para ella, y después de haber declarado en voz alta que tenía hambre y que se le antojaba un refresco frío debido a que era festival de verano, su tonta amiga no hizo caso a sus peticiones y ruegos al tiempo que se le ocurrió la brillante idea de ir a comprar un algodón de azúcar.

Así es, un maldito algodón de azúcar…

Ahora Annie estaba rodeada de gente caminando con pegotes de esa malvada pelusa rosa, esperaba que su pecosa amiga no trajera esa maldita cosa, la esperaba pero con otra cosa porque si resultaba todo lo contrario entonces adiós y nos vemos hasta la próxima vez.

El sabor estaba bien, no la malinterpreten. La chica tímida nunca fue de los que criticaban algo por ser demasiado dulce. Le encantaba las cosas dulces, pero sin embargo, la cuestión era que uno no eligía un alimento solo por el sabor cuando este tuviera tanto mal adentro. Para ese tipo de cuestiones se debe tener que ser más inteligente que eso.

¿Qué estaba mal con el algodón de azúcar?

¡Ja! ¿Qué no fue?

Para Kyouko, había tres cosas importantes que no estaban bien con la golosina favorita de tantos niños (e incluso adultos locos), y para ella, estas cosas superaban con creces ese sabor deliciosamente dulce.

En primer lugar, estaba pegajoso. Tan pronto como se intentara llegar a las cosas, se le pegaría y la cubrirían por todas partes y simplemente se ensuciaría. ¿Quién querría tener una pelusa rosa pegada a alguien de esa manera? En las manos, en la ropa, y que el Señor le ayude a la persona infortunada si tuviera el caso de tener el pelo largo.

Ahora claro, su amiga Candy teniendo en cuenta su modo de ser, no era exactamente de modales en la mesa ni nada por el estilo, pero la comida no debería ser más difícil de comer. Simplemente no debería serlo.

¿La segunda cosa? era rosa. Parecía trivial, pero Annie tenía sus razones. El dulce, por ejemplo, puede ser de color rosa. De acuerdo, técnicamente era dulce como un caramelo, ¡pero era tan grande! Las cosas grandes que se meten en la boca no deberían ser rosadas, es raro y distrae mucho. El helado y el yogur pueden ser de color rosa, no son grandes y no son sólidos. Eso está bien pero ningún alimento grande y sólido debe ser rosado.

Y eso llevaba a Annie a la tercera y más importante razón para odiar esa cobarde pelusa rosa. ¡Ni siquiera era sólido! Era grande y ocupaba espacio, pero una vez que se lo metía en la boca para probarlo, simplemente se derretía. ¡Maricón! ¡Se había ido en su boca! ¡Maldita sea, solo quería probar y disfrutar algo que valiera la pena como en saborearlo.

¿Qué clase de maldito lunático inventaría comida que desaparece en la boca? Sin duda alguna era una completa estuoidez.

-¡Annie, tengo nuestros bocadillos!

Cuando la mencionada fue sacada de sus pensamientos por la llegada de la chica pecosa que la había llevado a este lugar infestado de algodón de azúcar, notó tres cosas.

Lo primero era que esa chica de pecas y peinado extraño la estaba agarrando desprevenida. Una chica emocionada y alegre había abrazado su cintura con sus grandes y fuertes brazos y se apretaba bastante cerca. Las mejillas de la pelinegra ardían ante el contacto y el entusiasmo de la otra chica, pero no pudo prestarle mucha atención por mucho tiempo.

De pronto notó que varios de los rizados y desordenados cabellos rubios atados con listoncitos rojos se pegaron para rematar esta situación complicada.

Lo siguiente que Annie notó en Candy fue su cabello rubio, más exactamente en su característico y peculiar peinado en dos coletas, hubiera jurado que más que simple cabello rizado era un algodón de azúcar de otro sabor. Era algo que no podía evitar, ya que actualmente estaba atrapada en eso y todo.

La suavidad del mismo en sus manos y, por supuesto, el color que aunque no era el de un dulce cualquiera habría jurado que fuese como una especie de sabor exótico o alguna fruta que tenga como color principal el amarillo, no cualquier amarillo pero sí uno brillante. La chica timida descubrió que distraía increíblemente, así que se alegró de que la otra chica lograra desenredarlos antes de soltar algunas risitas ante la situación de la que acababan de escapar.

Lo último que notó la ojiazul fue que descubrió que no podía hablar. Mientras la chica de cabello rubio le sonreía cálidamente, todo lo que intentaba decir simplemente... se derretía en su boca. De hecho, sintió que se estaba derritiendo de la cabeza a los pies al mirar a esa pecosa idiota.

-¿Annie?

Candy ladeó la cabeza con curiosidad cuando se dio cuenta de que su amiga no estaba hablando, cambiando los bocadillos que sostenía de un brazo al otro, lo que, por fin, atrajo la atención de la pelinegra hacia las golosinas que había allí.

Mazorcas asadas, perros calientes, manzanas acarameladas… Comida chatarra

Finalmente encontrando sus palabras, Annie le sonrió a su amiga. Envolvió sus brazos alrededor del cuello de Candy y la atrajo hacia sí, con una sonrisa llena de dientes jugando en sus labios.

-¿Sabes qué, Madoka? Creo que podría gustarme el algodón de azúcar después de todo- Y le besó en la mejilla causando un repentino sonrojo en la rubia pecosa