Historia escrita para la DynaBang Zine, un zine gratuito y en español dedicado a Katsuki Bakugou.

Pueden descargarlo (y otras cositas extras) desde la página de twitter: DynaBangZine

Gracias a canecoffy por organizar el zine y el beteo.


Explosion Cósmica

Por Hitzuji

Katsuki Bakugō amaba las explosiones, disfrutaba cuando eran los cañones de la Dynamight los que retumbaban contra las naves enemigas; pero no cuando era a la inversa.

–¡Capitán! –La voz desesperada de Kaminari sonó por el intercomunicador, de fondo se escuchaba el tintineo de sus herramientas golpear algo–. Necesitamos retirarnos, ese último golpe dañó el sistema de anticongelación, hay una fuga.

–¡Ya lo sé, maldita sea! –Los gráficos en rojo de la pantalla se lo habían avisado segundos antes–. Trata de arreglarlo.

–A la orden.

–Eijirō –Katsuki se dirigió al hombre frente a él, ocupado en los controles de la nave–, tenemos que perderlos.

–Eso intento –gruñó Kirishima, y como demostración hizo que la nave se moviera bruscamente a la izquierda para evitar uno de los rayos que estuvieron a punto de impactarse en la cubierta.

–Hay un cinturón de asteroides en Mustafu –indicó Mina desde su puesto en los controles de navegación, tecleando y buscando en las pantallas que proyectaban los mapas–, es nuestra mejor opción.

–Entendido.

Dicho esto Kirishima hizo que la nave diera una vuelta, evadiendo así otra explosión que iba dirigida al alerón izquierdo, y en un estilo de volar típico de su planeta de origen (haciendo giros y movimientos aleatorios) se fue a alta velocidad, evadiendo las dos naves que los atacaban. No eran naves muy grandes, la Dynamight era dos veces una de esas, y en condiciones normales hubieran sido capaces de repelerlas con facilidad, capturar una de las dos, incluso. Pero les habían tendido una trampa.

Una emboscada perfectamente planeada para atraerlos; ilusionados de poder capturar a al menos alguno de los piratas de la Liga de los Villanos, y luego desactivar su nave para robarles. En esos momentos Katsuki entendía por qué nadie había logrado atraparlos.

Por suerte, la Dynamight tenía a Kirishima como piloto y los asteroides –o cualquier zona que implicara esquivar un montón de rocas, ya fueran fijas o en movimiento– eran su especialidad. Evadiendo los cañonazos y a la otra nave que se intentó poner enfrente, entraron al cinturón de asteroides. Una de las dos naves –la que llevaba pintada una enorme mano saliendo de una supernova, la nave de su líder, Shigaraki– los intentó seguir por un rato, pero desistió.

No fue sino hasta que atravesaron el cinturón que pudieron respirar un poco. Por unos segundos porque…

/Alerta. El motor se ha sobrecalentado. Alerta. Sistema de aterrizaje de emergencia recomendado. Alerta./

–Maldición. –Apretó el intercomunicador–. ¡Denki!

–Lo estoy intentando, pero los tubos se rompieron y ya no tenemos las piezas. Y también se botaron algunos de los cables del transmisor.

–Estamos intentando sellarlas poniéndoles la cinta aislante –dijo Sero, mientras no hubiesen heridos se la vivía con el mecánico, ya que Katsuki no debaja que molestara en la sala de navegación, así que no le sorprendió escucharlo–, pero ni eso funciona.

Katsuki bufó y volteó a ver a Eijirou, quien asintió y viró el volante hacia el planeta cercano.

–Mandaré la solicitud para aterrizar en Yuuei.

En la región norte del planeta Mustafu se encontraba el mercado de tecnología, objetos extraños e información más famoso del sistema: Yuuei. A diferencia de otros similares, en él era prácticamente imposible encontrar algo ilegal. Era el lugar favorito de los cazarrecompensas y policías espaciales; regenteado por el legendario All Might, no había criminal que se atreviera a acercarse a esa zona. Aun así la variedad de cosas que podías encontrar es la más amplia. En ocasiones, el que hubiera tantísimos puestos y tiendas, hacía difícil para los que lo visitaban por primera vez. Pero para Bakugō, era como volver a casa; sabía exactamente en dónde buscar lo que necesitaba.

No parecía la gran cosa, una tienda como todas, pequeña, incluso. Tan atiborrada de cachivaches y máquinas que era casi imposible identificar la chatarra de lo útil, motivo por el que muchos la evitaban. Sentada en el mostrador, atornillando un visor estaba una mujer castaña de cabello corto recogido en una coleta. Al sentir a Bakugō, Kaminari y Kirishima acercarse miró hacia arriba, dispuesta a dar la bienvenida a los clientes.

–¡Chicos! –Su sonrisa se extendió hasta sus ojos al descubrir quiénes eran y con una agilidad impresionante saltó el mostrador para abrazarlos. Bakugō fingió resistirse un poco, pero aceptó el abrazo resignado y, en el fondo, feliz–. ¿Qué se rompió?

–Varias cosas –dijo Kaminari al tiempo que le extendía una lista–. Y aprovechando, ¿no está Mei?

Como si la pregunta hubiera sido una señal, se escuchó una explosión al interior de la tienda y salió de entre el humo una mujer con rastas rosas cubierta de grasa y humo, sus enormes googles la hacían ver un poco extraña. Tosía al mismo tiempo que se reía.

–¡Casi lo consigo! ¿Viste Ochaco?, casi lo logro, solo necesita unos cuantos ajustes. Ah, hola, ¿vienen a ver a mis bebés?

–Mai, son Bakugō, Kaminari y Kirishima. ¿No los recuerdas?

–¿Quiénes?

Ochaco suspiró y agitó la cabeza, aunque sonreía.

–De la Dynamight–aclaró.

–¡La recuerdo! –exclamó Mei y procedió a dar todos los detalles técnicos de la nave a la perfección–. ¡Oh! Tan hermosa que es, recuerdo cuando instalé la rotobrújula y…

–Sí, esa. –La cortó Bakugō incómodo, sin éxito pues ella siguió parloteando, perdida en la emoción de rememorar la nave que portaba tantos de sus adorados «bebés». Ochaco le echó un vistazo a la lista y se la extendió a la mecánica, que guardó silencio por fin para leer.

–Tardará un par de horas, ¿querrán que les ayudemos a arreglarla? –dijo Uraraka.

–No es necesario, Denki puede, ¿cierto? –Katsuki agregó lo último mirando al mecánico que se entretenía admirando el visor sobre el mostrador.

–Sí, no es tan grave el daño, pero necesitábamos piezas nuevas. Gracias, Uraraka.

–Bueno, entonces con unas tres horas bastará.

–Gracias, cara de mochi.

–¡Que no me digas así!

Encontrar las otras cosas que necesitaban no les llevó más de una hora. Kaminari quiso ir a buscar otras cosas en el mercadillo y alcanzar a Mina y a Sero que se habían ido a la zona médica. Así que, para matar el tiempo restante, Bakugō y Kirishima decidieron ir a Sugar Rush, el lugar ideal para conseguir misiones y pistas sobre los criminales más buscados, y también para comer los pasteles y platillos más deliciosos, obra del chef Rikido Sato.

Como era de esperarse estaba lleno a reventar, pero aun así el lugar era agradable, el problema era dónde sentarse. Para su suerte –o mala suerte, en opinión de Bakugō– se encontraron con alguien conocido.

–¡Kacchan!

El dueño de la voz le gritó desde una de las mesas del fondo, agitando la mano frenéticamente por encima de su cabeza llena de rizos verdes recogidos en un chongo y rostro lleno de pecas. A su lado estaba sentado un hombre con el cabello de dos colores: rojo y blanco, largo hasta los hombros y recogido hacia atrás con una media cola.

–Te he dicho que no me digas así, Deku –gruñó.

–Y yo que no me digas Deku. –dijo sin dejar de sonreír–. ¿Cómo están? Siéntense, hay lugar.

–Gracias, Midoriya, Todoroki –saludó Kirishima a los dos, tomando asiento a un lado del segundo–, qué bueno encontrarlos.

–Tsé –masculló Katsuki y se sentó a un lado de Deku–, ¿qué los trae por acá? –inquirió.

–Hace unos días capturamos a Gentle Criminal, el cybercriminal; vinimos a entregarlo, ¿y ustedes?

–Nos ataca… –Kirishima comenzó a explicar, pero se calló al ver la mirada amenazante de Bakugō–. Vinimos por algunas piezas para mejorar la nave y para conseguir información –rectificó.

Se pusieron al corriente desde la última vez que se habían ido. Midoriya y Bakugō siempre habían competido, y se dedicaron a comparar sus capturas y sus misiones; y como solía pasar, nunca llegaban a nada, ambas naves habían capturado y logrado cosas similares. Les llevaron la comida mientras conversaban y un tema los llevó a otro, a uno al que siempre volvían todos los cazarrecompensas: All for One.

–Dicen que la Liga de Villanos se ha vuelto mucho más valiente últimamente, y ha atacado a varios –dijo Katsuki, que dirigió de nuevo una mirada significativa a Kirishima para evitar que dijera nada–, pero nadie ha encontrado a su líder.

–Pensé que el líder era Shigaraki –dijo Todoroki.

–En nombre, sí. Pero se sabe que detrás de ellos, y de toda la red criminal del sistema planetario está All for One –aclaró Deku.

–Entonces no es el líder, es solo el que los patrocina, o algo –se encogió de hombros y siguió sorbiendo su plato de soba frío.

–No tenemos pistas, ¿ustedes sí? –inquirió Bakugō.

Deku agitó la cabeza, negando lentamente. De pronto su rostro se iluminó, al recordar algo.

–De All for one no, pero sí que tengo algo. –Katsuki esperó a que siguiera hablando–. ¿Has oído hablar de los Siete Preceptos de la Muerte? –Todos en la mesa asintieron–. Togata-san me contactó ayer con información. Hace unos días secuestraron a una niña de unos laboratorios, al parecer estaban haciendo experimentos con ella y Chisaki y su gente se la llevó porque consiguieron que hiciera algo increíble. La recompensa que ofrece el laboratorio es muy alta, pero igual pensábamos ir a buscarlos, no por la recompensa, sino por la pequeña.

Katsuki apretó los puños y maldijo entre dientes. Había una razón por la cual la recompensa era alta, era uno de los grupos criminales de más alto nivel, dedicados principalmente al tráfico de drogas. Tenían contactos en todas partes y muchísimo dinero; nadie había logrado localizarlos nunca. Y ahora la situación era más delicada, pues seguramente utilizaría a su prisionera como rehén.

–¿Qué más te dijo? –Estaba decidido, iría a rescatar a la niña.

Al final acordaron ir juntos, el equipo de Bakugō y el de Midoriya. A Katsuki no le encantaba la idea de trabajar en equipo con otro grupo de cazarrecompensas, mucho menos con su rival, pero aquí no era la recompensa la que estaba en juego, ni la reputación, sino la vida de una niña inocente. Recogieron las cosas en la tienda de Uraraka y Hatsume, y se reunieron con el resto de la tripulación en el hangar donde ya los esperaban Deku y todo su equipo, enfrente de su nave. Debatieron la posibilidad de que Deku y los demás se adelantaran, pues Denki aún tenía que arreglar la Dynamight, instalar las nuevas piezas y asegurarse de que todo estuviera en orden. Además, la distancia entre Mustafu y el cuadrante donde habían localizado a los Siete Preceptos era mucha; incluso con la hipervelocidad tardarían un par de semanas en llegar. Pero al final resolvieron que lo mejor era ir juntos, llegar a la vez y sorprender a los enemigos para así tener más posibilidades de rescatar a la pequeña.

Una vez que están en la nave, siguiendo las coordenadas que previamente les dio Asui –la navegante de la tripulación de Midoriya–, asegurándose de no perderlos del radar, Katsuki los convocó a una reunión. No había querido explicarles la misión hasta entonces por miedo a que la impaciencia los hiciera cometer un error. A todos, menos a Kirishima que estaba enterado, les parecía muy extraño que accediera a hacer una misión en compañía de la otra nave, pero confiaban en su capitán.

Explicó la situación sin rodeos, repitiendo lo que les había contado Deku y detallando el plan. Kaminari estaba tan furioso que se mordía los labios para no llorar y Mina no se había percatado que comenzaba a derretir la mesa con el ácido típico de la gente de su planeta hasta que Sero le acarició el brazo con suavidad para hacérselo notar.

–Malditos cabrones –masculló la chica–, te juro que si le hacen algo a la niña yo…

–No podemos matarlos –interrumpió Katsuki–. Yo mismo quisiera explotarle la cabeza a disparos, créeme, pero los necesitamos vivos para cobrar la recompensa. Al menos a Chisaki, su líder.

Mina tragó saliva y asintió, cruzándose de brazos para evitar seguir derritiendo la mesa.

Al final del día –o bueno, lo que el reloj de la nave indicaba era el final del día, pues no hay días en el espacio– Katsuki anhelaba su cama. Luego de estar todo el día repasando cosas con Deku en llamada holográfica y luego entrenando su puntería en la sala de armas se sentía agotado y estresado. Faltaban solo 1 día para que llegaran al cuadrante donde, si su información era correcta, encontrarían a los criminales. Los nervios y la preocupación se intensificaban cada vez más y le producían a Bakugō una sensación de malestar constante, amargando su humor.

Todos estaban ocupados en sus propias tareas. Mina buscando vías de escape, repasando los mapas junto con Asui para definir estrategias y llegar inadvertidos; Sero revisando e inventariando el material médico, quería estar preparado en caso de que se necesitara algo; Denki aun arreglando detalles de la nave y Kirishima conduciéndola (podía dejar el piloto automático, pero disfrutaba más estar en control).

El camarote estaba vacío, Denki y Eijirō no habían llegado. Katsuki se sintió decepcionado, había deseado que estuvieran ahí para hundirse en sus abrazos y sacar la tensión. Se metió al baño y cuando el chorro de agua caliente cayó en su espalda soltó un suspiro aliviado, seguido de un pequeño brinco de sorpresa al sentir un par de brazos rodearle la cintura.

–¡Maldita sea, Denki! Te he dicho que no me ataques de sorpresa.

–Lo siento –dijo entre risas el mecánico que tenía el rostro lleno de manchas de grasa–. Es que me urge bañarme y cuando te vi no pude evitar querer abrazarte.

Katsuki resopló, sin poder controlar la sonrisa y tiró de Denki para volver a meterlo bajo el chorro. Pasó sus dedos sobre las manchas.

–¿Dónde te metiste para quedar así? –Denki se encogió de hombros y dejó que Katsuki lavara su rostro y su cuerpo, dándole lo mismo a cambio.

Estaban por terminar cuando llegó Kirishima. Se les quedó viendo desde la puerta con una sonrisa llena de ternura mientras se desnudaba. Sin embargo, no entró.

–Deberíamos instalar una regadera más grande –se quejó con un puchero–, yo también quiero, pero no cabemos los tres.

Denki salió y tomó una toalla, se acercó a Eijirou y le dio un beso rápido.

–Sí deberíamos. Entra ahora que salí, es tu turno de que Katsuki te lave.

–¡Oye! No es mi trabajo –se quejó el capitán, pero encantado recibió a Kirishima dentro de la regadera y comenzó a tallarlo.

–Igual no es algo que deberíamos hacer –dijo pensativo Katsuki, tallando la espalda de Eijirō–, el almacenaje de agua no da para que perdamos el tiempo así.

–Pero si nos metemos los tres al mismo tiempo ahorramos –dijo Denki alzando las cejas sugestivamente mientras secaba su cuerpo.

–No creo, normalmente tardo 5 minutos en bañarse, y ya llevamos aquí como 15. Pero de vez en cuando está bien.

Lo necesitaban.

En la cama, entre ellos dos, le costaba conciliar el sueño. Reconocía que lo que más le aterraba de la misión del día siguiente era la posibilidad de perderlos, o de perder a Mina y Hanta que, aunque no eran sus amantes, eran sus amigos también. Apretó más contra de sí a ambos, posando un beso suave en sus cabezas. Finalmente logró dormirse, arrullado por los ruidos de la habitación: Eijirō roncando ligeramente, el hilito de baba escurriendo entre sus dientes puntiagudos y Denki hablando a ratos, bajito, más como un murmullo.

Los despertó el timbre del comunicador. Denki salió de la cama y se lo pasó. Kirishima, al que siempre le costaba un poco más despertarse, refunfuñó al levantarse también. Al tomar la llamada el holograma de Deku se apareció frente a ellos.

—¡Kacchan! Saben que vamos, hay una barricada de naves más adelante.

—¡¿Qué?!

Se incorporó de un salto y con una seña indicó a sus compañeros que salieran. Ambos sabían que hacer: Kirishima corrió hacia la sala de controles, Denki corrió al lado contrario para avisar a Mina y Sero, que seguramente estarían aún durmiendo.

—¿Cuántas naves son? —preguntó mientras que se vestía lo más rápido que podía.

—Tsuyu contó ocho, deben estar protegiendo la nave principal, donde seguramente Chisaki tiene a la niña.

Bakugou tronó la boca, su mente funcionaba a mil por hora mientras trataba de idear una estrategia. Ocho naves contra dos, una misión prácticamente imposible; cualquier otro ni siquiera lo intentaría, pero él no: él es Katsuki Bakugō, capitán de Dynamight y no se va a dejar amedrentar por unos cuantos extras, super organización criminal o no. Sabe que Deku tampoco, por eso es su rival y, por ahora, aliado.

—Tengo una idea —dice luego de pensarlo un poco—. Solo dos preguntas: ¿Cuántas naves salvavidas estás dispuesto a sacrificar? Y, ¿crees que Shinsō sea tan capaz como Eijirou para maniobrar entre explosiones?

Dejó dos naves salvavidas por si las dudas, y el resto —tres más— las atiborró con todos los explosivos de su arsenal: granadas tradicionales, sónicas y láser, dinamita, y algunas bolas pegajosas que al chocar explotaban. Agregó también el temporizador que podía controlar desde lejos en cada una de las naves.

Después reunió a su tripulación en la sala de mando, en la pantalla holográfica ya estaban Deku y los suyos.

—Repasemos el plan. Las naves con explosivos irán primero, pero debemos seguirlas de cerca. Después de que exploten tenemos que meter hipervelocidad para aprovechar el caos y pasarlas. Nada nos garantiza que no nos noten, pero al menos tendremos ventaja de pasar sin que nos ataquen de buenas a primeras. Shinsō y Eijirō —apretó la mano de Kirishima por debajo de la mesa—, deberán ser muy hábiles para evitar que alguna de las explosiones les pegue, ¿entendido? —Asintieron ambos pilotos—. Iremos directo a la nave de Chisaki y la abordaremos, mientras ambos tendrán que irse, volver por nosotros en una hora terrestre.

No había dicho esa parte del plan. Kirishima fue el primero en quejarse.

—¡No puedo dejarlos!

—Yo también me niego a abandonar a mi equipo —dijo Shinsō parsimoniosamente.

—Si no lo hacen es probable que las naves enemigas que sobrevivan las explosiones los ataquen. Nos quedaríamos sin vías de escape.

—No. —Eijirō se paró para dar énfasis a su negativa—. Iré con ustedes a rescatar a la niña. La Dynamight se las puede arreglar con el piloto automático. La mandaré rumbo a Yuuei camuflada y robaremos una nave de los Preceptos para escapar.

—Es una buena idea —dijo Iida desde el otro lado de la pantalla—, así tendremos dos hombres más por si encontramos problemas al interior de la nave de Chisaki.

Katsuki asintió.

—Haremos eso entonces.

La primera fase del plan funcionó a la perfección. De hecho, ni siquiera tuvo que utilizar el temporizador porque fue una de las naves enemigas la que provocó las explosiones al disparar. Pasaron sin problemas y abordaron la nave de Chisaki.

Esperaban encontrarla mucho más custodiada, sin embargo, el hangar estaba vacío.

—Tengo un mal presentimiento —susurró Denki.

—Yo igual —Sero se acomodó la mochila de emergencias médicas y miró nervioso alrededor.

—No se separen —dijo ya que se les unieron los de la tripulación de Deku—, solo si es necesario.

Alertas y con las armas preparadas recorrieron los pasillos, apenas llegaron a una de las computadoras conectadas a las puertas Katsuki empezó a hackearlas.

—Tengo el mapa, tienen a la niña en los niveles inferiores. No sé si al estar alertados de nuestra entrada se la hayan llevado a otro lado.

—Creo que sí nos tenemos que separar —dijo Deku observando el mapa. Para cubrir más área y buscarla.

—No, es mejor que no —insistió Katsuki—. Separándonos corremos más riesgo, no sabemos qué nos espera más adelante.

—¿Y si no está en esta nave? —Mina se mordisqueaba los labios preocupada.

—La habremos jodido, entonces —masculló Katsuki.

No habían avanzado mucho cuando salieron los primeros guardias. No fue tan complicado noquearlos y poder seguir corriendo, pero cada vez aparecían más obligándolos a distribuirse. En eso las puertas de metal del pasillo se cerraron y lo que hasta ahora había evitado Katsuki que ocurriera, pasó. Se separaron.

—¡Denki! ¡Mina! ¡Hanta! —Bakugou golpeó la puerta, y gritó el nombre de los que habían quedado del otro lado.

—Mi ácido no las derrite —gritó Ashido del otro lado—, sigan ustedes, encontraremos otra forma de alcanzarlos.

—Más les vale no morirse, o los mato.

—No te preocupes —gritó Denki.

Miró a quienes quedaban de ese lado: Eijirou, Deku, Asui, y Todoroki.

—Sigamos —indicó.

Tardaron más de lo esperado en llegar al nivel donde, de acuerdo con los mapas, tenían prisionera a la niña, pues no dejaron de salir personas para atacarlos, puros extras sin puntería. Pero ya que estaban ahí, a unos cuantos metros de su objetivo se presentó el verdadero obstáculo: un hombre con máscara de ave, lo que lo identificaba como uno de los Siete Preceptos de la Muerte.

—Sigan ustedes —dijo Todoroki, sacando de su cinturón una segunda pistola, una para cada mano.

—Ten cuidado —pidió Deku antes de que siguieran corriendo.

No llegaron lejos, en la siguiente habitación otro enmascarado más se interpuso. Asui corrió hacia él evadiendo el par de disparos y le dio una patada, que el otro bloqueó, no sin dificultad.

—Yo me encargo —dijo empezando a pelear cuerpo a cuerpo con el enemigo—, los alcanzo.

Otro más les salió al paso más adelante, era un hombretón inmenso.

—Adelántense —dijo Eijirō.

Katsuki le dio un apretón en el hombro.

—No tardes.

Le costó no mirar atrás, donde se escuchaban golpes y disparos. Confiaba en que Kirishima podía ganar, pero a la vez el temor de que lo lastimen y las ganas de protegerlo lo carcomían.

Llegaron por fin a la puerta de la celda, la abrió aprovechando el hackeo a las computadoras de la nave. Eri no estaba sola. Un hombre alto y de cabello castaño, Kai Chisaki, la tenía agarrada por atrás, y le apuntaba con una pistola en la cien. La pequeña lloraba sin emitir ruido, las lágrimas hacían ruido al caer al suelo, como un goteo.

—Vaya, vaya —dijo el hombre tras la máscara de ave—, quién hubiera dicho que unos cuantos cazarrecompensas llegarían tan lejos. Me sorprenden, pero, lamento decirles que hasta aquí llegaron. Me imagino que mis hombres pronto matarán a los suyos —miró hacia unas pantallas que ninguno de los dos había visto, en cada una de ellas se veían sus amigos peleando en diferentes zonas de la nave. Katsuki buscó a Denki, Sero y Ashido y sintió una punzada de temor cuando vio que eran Ashido, Iida y Aoyama quienes continuaban peleando mientras los otros estaban atrás, Denki se sostenía lo que parecía ser una herida. Kirishima seguía peleando, entre disparos y cuerpo a cuerpo con la mole y tenía varios cortes—. Y yo me encargaré de ustedes.

—Cabrón maldito, hasta crees.

Katsuki lanzó una mirada a Deku y al tiempo ambos dispararon; Bakugou a la mano que sostenía la pistola y Deku hacia las piernas. Chisaki soltó la pistola que sostenía, por el dolor, pero no a la niña, aún así aprovecharon para correr contra él. Katsuki agarró a la pequeña y la colocó detrás suyo mientras Deku comenzaba a pelear con él.

—Kacchan, llévate a la niña, nos vemos donde acordamos.

Chisaki logró alcanzar la pistola que se había caído y le disparó a Katsuki, pero él fue más rápido y alcanzó a taparse con una mesa. Deku le dio en el brazo y luego pateó su estómago.

—¡Vete ya! Yo puedo.

Katsuki tomó a la niña que, paralizada por el miedo, ni siquiera se resistió, y corrió hacia el hangar donde, si tenían suerte, habría al menos una nave para escapar. Encontró un par de enemigos, con los que se gastó las últimas cargas de su blaster. La niña se aferraba a su camisa y pegaba su cabeza a su pecho mientras que Katsuki la cargaba con una sola mano. Aunque era pequeña —no podía tener más de seis años— y era evidente que no la alimentaban bien, de tan delgada que estaba, comenzaba a cansarse de llevarla en brazos, pero no podía hacer otra cosas así que no dejó de correr, ni de sostenerla.

Encontró un par de personas inconscientes en el camino y eso le hizo saber que algunos de los suyos —o de los de Deku— estaban ahí.

—¡Bakugō! Por acá —le gritó Iida frente a una nave.

Corrió hacia allá.

—¿Los demás? —preguntó ansioso.

—Tsuyu, Izuku y Kirishima no han vuelto, pero el resto están adentro, hay algunos heridos.

—¿Denki?

—Estable —Iida tragó saliva—, recibió una bala eléctrica en la panza, además de la herida le provocó una descarga de varios voltios, me temo. Pero tanto Sero como yo coincidimos que no es tan grave, sus ondas neuronales y signos vitales son buenos. Ahora está inconsciente.

En eso salió Mina, que tenía un par de cortes en las mejillas; al ver a Katsuki lo abrazó, con todo y niña en brazos.

—¿Y Eiji?

—Ya no tarda —contestó, deseando que fuera así.

Le pasó a la niña y entró a la nave a buscar a Sero y Denki, necesitaba comprobar que lo que le había dicho «lentes» era cierto.

Mientras más tiempo pasaba, la angustia de Katsuki crecía y crecía. Un grupo de personas, que venían de una de las naves sobrevivientes de la barricada habían entrado, y habían tenido que defenderse. Pero ninguno de los tres faltantes volvían y el miedo lo tenía agarrado por la garganta.

«Venga Ei, tienes que volver. Si no qué vamos a hacer Denki y yo sin ti. Qué voy a hacer yo sin ti», pensaba mientras Sero curaba sus pocas heridas. Por la adrenalina no había notado que le habían dado en la pantorrilla con un láser ni que tenía unos cortes en el brazo.

La niña se había quedado dormida luego de que Iida la revisara. Las únicas heridas eran las que tenía en los brazos, pinchazos de donde era evidente habían clavado agujas, y una en la cabeza, en la frente, que no sabían distinguir cómo se la había hecho pero que, según los escáneres, no era profunda.

Finalmente volvieron los que faltaban. Entre Tsuyu, que cojeaba, e Izuku, que tenía los brazos destrozados y sangrantes, iban cargando a un Eijirō chorreante de sangre, pero vivo. La sonrisa que le dedicó a Katsuki fue la más maravillosa del mundo, le pareció.

—Gané —dijo antes de perder el sentido, haciéndose más pesado y casi tirando a sus portadores.

Por suerte Katsuki ya estaba ahí y lo cargó. En cuanto entraron, Shinsou que ya estaba al volante arrancó la nave. No tuvieron problemas para huir y alejarse.

Más tranquilos, y con todos revisados y curados —Denki, Eijirō y Aoyama seguían inconscientes por sus heridas, pero estables— Deku les dijo algo importante.

—Cuando vencí a Chiaki, decidí revisar la habitación y encontré esto. —Dejó un usb sobre la mesa—. Ya lo revisé y no podemos devolver a esa niña a los laboratorios. Sé que estarán de acuerdo conmigo cuando vean lo que estaban haciéndole. Chiaki quería usar los resultados de los experimentos para él y su negocio de drogas, por eso la secuestró, pero no es muy diferente el trato que se le dio en esa nave al que tenía en los laboratorios.

—¿Qué propones que hagamos? No podemos quedárnosla nosotros, ¿tú sí? —dijo Katsuki.

—Podemos llevarla con Aizawa—sugirió Shinsō, mientras se rascaba la barbilla—. Si algo pasa él podrá protegerla.

Todos aceptaron la propuesta, incluso si eso significaba que no habría recompensa.

Katsuki miró a la Dynamight con el ceño fruncido.

—Te dije que no quería que esa loca tocara mi nave, solo Denki tiene ese derecho.

Uraraka se rio.

—Te va a gustar lo que instaló, ya verás. No dejé que pusiera nada experimental, lo prometo.

—No tengo cómo pagar nada de lo que haya puesto.

—No mientas, Bakugō, seguro que la recompensa por atrapar a los Siete Preceptos de la Muerte es suficiente como para costearte algunos aparatos.

—No hubo recompensa, porque no saben que fuimos noso… espera, ¿cómo sabes tú?

Uraraka se río y le mostró, con el comunicador holográfico de su muñeca, la página de un boletín de prensa donde decía que las naves Dynamight y Tiny Might habían enviado un regalo a la Comisión: la nave de Chiaki con él y cuatro miembros más de los Siete Preceptos de la Muerte con una nota adjunta con los datos de depósito.

Katsuki revisó la nota completa, no mencionaban a Eri sino hasta el final para decir que no la habían encontrado y que, de acuerdo a la nota, no estaba a bordo. Soltó una carcajada de alivio y le regresó el comunicador.

—Te pagaré —aseguró.

En eso llegaron Denki y Ejirō, ninguno de los dos había sufrido secuelas, más que cicatrices, de la misión. Mina y Sero llegaron atrás. Katsuki sonrió al ver a toda su tripulación sana y salva, a veces todavía no se la creía. Denki empezó a reírse con fuerza cuando les contó el reciente descubrimiento y comprobó que en su cuenta había la mitad de lo que correspondía a la recompensa de los cinco hombres capturados.

—¡Funcionó! La razón por la que me dieron fue porque me distraje programando unas cosillas en el sistema de la nave, sabía que tú estarías muy preocupado como para pensar en que podíamos cobrar al menos esa recompensa.

Katsuki jaló al mecánico del brazo y le dio un sonoro beso.

—Eres un genio cuando quieres, Denki.

—A que sí —Kirishima también lo beso.

—Bueno, bueno, suficiente miel para mí, páguenme —se quejó Uraraka.

Todos se rieron mucho ese día.

FIN


Nota: Gracias por leer. Les recomiendo muchísimo que vayan a bajarlo para que descarguen el bakugou de papel que pueden armar y que hice con mucho amor junto con este fic que está inspirado en Firefly, Cowboy Bebop y tantito en Star Wars, mis space operas favoritas.