ALAS NEGRAS, ALAS BLANCAS
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío.
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Todos le dijeron que no fuera a ese bosque, pero fue más fuerte la angustia por ver a su madre enferma que el sentido común. ¿Qué sentido común podría tener una niña de siete años que sólo tenía a su madre? Los doctores dijeron que necesitaba la infusión de una flor llamada Medianoche que sólo se encontraba en el Bosque Oscuro. La pequeña se robó la hoja donde estaba la ilustración de dicha flor y, ahí estaba, con la hoja arrugada en la mano y perdida en medio del Bosque Oscuro.
¿Quién diría que el nombre era tan literal?
Apenas podía dar un paso frente al otro sin tropezar, su cabello se enredaba en las marañas de ramas secas, sus faldas se atoraban en los arbustos rugosos y más de una vez juraría que esos árboles daban la sensación de abalanzarse sobre ella tratando de alcanzarla. Era aterrador.
El sonido de una rama quebrándose cerca de donde se encontraba, hizo que la pequeña echara a correr entre llantos y gritos pidiendo auxilio. El viento sopló, los árboles parecieron rugir y la niña corrió más rápido, tan rápido como se lo permitían sus pequeñas piernas. Agachó la cara un momento para secarse las lágrimas, un simple descuido que no la dejó ver lo que tenía enfrente.
Chocó contra algo suave y apretó los ojos por anticipado ante el golpe que le esperaba contra el suelo… Pero la caída nunca sucedió. Cuando la pequeña abrió los ojos, se descubrió en los brazos de un ser blanco. O al menos esa fue la primera impresión que le dio. Vestía de blanco, su piel era clara como la luna y con ojos y cabellos como la noche. El gentil rostro de una doncella fue lo que hizo que la pequeña recuperara la calma apenas la vio. Parecía brillar.
Era ella, de la que todos en la villa hablaban, de aquella que era la guardiana en la oscuridad, un demonio blanco a quien nadie debía molestar, White le decían. Todos sabían que existía aunque pocos la había visto así de cerca. No era mala en absoluto, todos lo decían y lo aseguraban, pero sí era fría como una noche de invierno y con una mirada profunda y serena. Tan serena que la pequeña sólo atinó a limpiarse la nariz con su brazo luego de suspirar, ya no sentía miedo.
─¡Algo me estaba siguiendo! ─exclamó la pequeña, recordando aquellos ruidos.
─Sí, algo te seguía, un amigo mío ─dijo White con una sonrisa pequeña mientras la hacía mirar el camino por el que llegó. Lo que salió de entre las sombras fue un perro de pastoreo con el pelaje del color del atardecer.
─¡Qué lindo! ─ya más tranquila, la niña bajó de los brazos de White mientras llenaba del cariños al perro y éste le lamía la cara.
─Es demasiado tarde para que estés aquí, hay monstruos, lo sabes ─dijo la guardiana oscura mientras miraba los alrededores. No percibió a nadie más en las cercanías, su perro tampoco.
─¡Ah! ─la niña miró a White y le extendió la página arrugada─. ¡Mi mamá está muy enferma y el doctor dijo que necesita una medicina con ésta flor! ─tan sólo recordar eso la hizo lagrimear una vez más.
─Una Medianoche, ya veo. Sí, es una planta con muchas propiedades curativas, pero bastante rara porque sólo crece en sitios muy específicos ─se llevó una mano al mentón, haciendo memoria de dónde estaban esas plantas en especial─. Si está tan grave, entonces hay que apresurarnos, ¿o no? ─tomó a la pequeña de la mano para caminar al interior del bosque.
─¡Muchas gracias! ¡Mi mamá se siente muy mal y le duele mucho el cuerpo! Ella me dice que no pero sé que le duele ─dijo la niña con tono grave. De pronto sintió que la cargaban y al siguiente momento estaba en los brazos de White. Sonrió.
─Tendremos que correr para que ella se cure pronto, sujétate bien ─apenas la pequeña se abrazó de su cuello, miró a su perro─. Vamos, amigo ─y simplemente corrió.
Sus pasos, decían todos, eran ligeros como la brisa, no se escuchaban a menos que ella quisiera ser escuchada. Iba y venía a voluntad sin esperar a nada ni a nadie que ella no quisiera. Un ser amable pero solitario, eso decían todos, eso era lo que todos los demás sabían.
Cerca de la villa, los vecinos seguían buscando a la pequeña, el último que la vio fue uno de sus amigos, les informó que estaba tan preocupada por su madre, que ella misma fue a conseguir la planta que necesitaba el doctor. Estaba demasiado oscuro, con los monstruos más despiertos a esa hora, todos se estaban armando hasta los dientes incluso con herramientas de campo para ir a buscar a la niña, pero unos ladridos los hicieron voltear.
Pese a su etérea presencia, los habitantes de la villa se llenaron de alivio al ver a White, la guardiana oscura, llevando de la mano a la pequeña perdida. Llevaban consigo las preciadas flores para la medicina. Pese a eso, White no se acercó más, llegó a la orilla del bosque y soltó a la niña para que volviera con los demás.
─¡Muchas gracias, Guardiana White! ─exclamaron todos mientras agitaban sus brazos y soltaban sus armas, así le decían, simplemente 'guardiana' para mantener todo el respeto que le tenían, llamarla "demonio" se sentía demasiado impersonal, inadecuado, casi grosero considerando todo lo que hacía por ellos desde las sombras.
─¡Gracias, mi mamá se sentirá mejor! ¡Gracias! ─gritó la pequeña con suma alegría.
─Espero que se mejore, y si necesitan algo del bosque, pueden llamarme ─dijo White con un suave gesto, antes de mirar a su perro, asentir y ambos desaparecer entre los árboles.
White, el demonio Blanco, la guardiana desde las sombras.
===o===
Todos los pobladores estaban emocionados, siempre sentían una alegría incomparable al tener cerca a su siempre energético Ángel Negro, una hija de la luz, la guardiana de uniforme negro que siempre lucía una sonrisa brillante como el sol y el apetito de diez hombres del doble de su tamaño, y con más fuerza que muchos hombres juntos, claro. Cabellos del color del dorado trigo, ojos cual amaneceres, una sonrisa llena de energía. Su idolatrada Black.
Sus pasos siempre se escuchaban porque ella no era de las que se escondía, su presencia brillaba porque así era la naturaleza de su corazón, su mano siempre estaba dispuesta a ayudar a quien lo necesitara. Nunca negaba, por cierto, la comida que le ofrecían a manera de pago. Su apetito era legendario. No abusaba pero nunca se negaba un bocado o dos.
Todos la animaban y ella correspondía con una sonrisa amplia.
¿La ocasión de la reunión?
Una bestia salvaje, un toro gigantesco de la más antigua de las razas conocidas, corría por los campos arruinando todo. No era normal ver a uno de esos inmensos animales fuera de su hábitat natural, algo había sacado a la bestia de su hogar y ahora pisoteaba todo sin control, culpa del estrés de verse acorralado por los pobladores locales.
Black tampoco pensaba matar al animal, ese no era su trabajo, lo devolvería a casa y su energía arreglaría los daños apenas se pusiera en camino a las montañas junto con la criatura. Ésta estaba un poco fuera de sí y la mejor manera de calmar a la bestia, pese al dolor en su corazón que le provocaba siquiera pensarlo, era darle una buena paliza para que despertara. Normalmente no eran bestias así de agresivas. Por suerte, animales como esos estaban acostumbrados a los enfrentamientos brutales durante la primavera, así que tampoco le haría un daño que le fuera ajeno al animal.
Con una sonrisa enorme, provocó a la bestia con sus manos.
─¡Anda, grandulón, enséñame de qué estás hecho! ─Black chocó sus puños y eso embraveció al animal, que corrió hacia ella con sus pesadas y poderosas patas. A cada paso los alrededores temblaban. Justo cuando la bestia iba a embestir a Black, ésta hizo lo mismo y le dio en la frente con todo el cuerpo. La fuerza de Black era tal, que hizo retroceder varios pasos al animal. Éste sacudió la cabeza dos veces antes de embestir de nuevo.
La guardiana sabía que un par de esos más serían suficientes para calmar la furia del animal y justo así fue. Toda la gente presente vitoreo la victoria de Black al momento en que la bestia quedó de rodillas ante ella y con una actitud más calmada, la normal que debería tener una criatura como esa. Black acarició la nariz de la bestia con una sonrisa amplia, ya no había furia en esos ojos.
─Pronto te llevaré a casa, mientras descansa, ¿de acuerdo? Sé un buen chico ─abrazó el enorme rostro y rió cuando la enorme lengua de la bestia la lamió de pies a cabeza. Se limpió un poco el rostro─. Espera un poco ─se acercó al líder de la villa mientras trataba de limpiarse la baba de la bestia. Un montón de niños y niñas le esperaban con mucha emoción─. Listo, jefe, apenas me vaya, usaré mi poder para restaurar todo lo que se dañó, me alegra que nadie saliera herido.
─Muchas gracias, Black, antes de irte, por favor come con nosotros ─dijo el anciano y los niños gritaron de emoción.
Black hizo un gracioso gesto de sufrimiento, se llevó una mano a la nuca.
─Me encantaría, pero debo llevar a este amigo a su casa tan pronto pueda, está cansado y no queremos que su manada salga a buscarlo si los llama ─sonrió con pena al ver que los niños parecían decepcionados, se puso en cuclillas para poder verlos a todos─. Estaré de regreso en unos días, ¿de acuerdo? Hasta entonces sigan haciéndose fuertes, quizá ya me derroten.
Esas palabras emocionaron a los pequeños e hicieron reír a los grandes.
Black, el ángel de uniforme negro, la guardiana bajo el Sol que hacía sonreír a todos y que era cálida en todos los sentidos, que le gustaba estar con la gente y que siempre ayudaba porque le nacía hacerlo. Quien tuviera un problema podía ir con ella y recibir ayuda o un consejo. Todos la querían y, para demostrárselo, un par de chicas del pueblo le llevaron una enorme canasta llena de comida.
─No es mucho, pero esperamos que te ayude para el camino ─dijo una de las chicas con mucha emoción.
Black correspondió los emocionados gestos de las chicas con una linda y amplia sonrisa de alegría. La comida siempre la ponía de buen humor, y en todo caso las sonrisas también.
─Muchas gracias, con esto estaré bien ─miró hacia donde la bestia estaba echada, se le veía calmada de momento, pero si comenzaba a sentir hambre o sed sería peligroso para los pobladores─. Debo irme o el grandulón va a desesperarse, ¡nos vemos! ¡Y gracias por la comida!
Black montó a la cabeza de la bestia, justo entre sus cuernos y con un par de palmaditas cerca de su oreja la animó a caminar. Procuró que la bestia pasara por fuera del pueblo, y mientras lo hacía, la blanca energía de Black, cálida y luminosa, parecía caer de su cuerpo cual agua de manantial. Ésta se esparcía conforme andaba, haciendo que todo el daño se regenerara en cuestión de segundos, incluso los campos y ríos que fueron pisoteados por las inmensas pezuñas del animal, pronto recuperaron su estado anterior al desastre y todo era paz y calma otra vez.
Sí, esa chica era el ángel negro, la protectora con una sonrisa hecha de luz y una presencia brillante como la del sol.
===o===
Pasaron un par de días para finalmente llegar al territorio de la gigantesca bestia rumiante, un paisaje prohibido para los humanos normales porque simplemente no había manera que pudieran sobrevivir a algo tan inmenso. Ahí había plantas venenosas, animales enormes, hadas traviesas y demonios menores que encontraban su diversión haciendo que los humanos se perdieran en esos inmensos parajes donde cualquier cosa se los podía comer.
Black, desde luego, era bienvenida a las Montañas Sagradas gracias a su naturaleza de luz. Ya se había acabado la comida, pero lo bueno de esos territorios, era que incluso la fruta era enorme, así que tenía una manzana del tamaño de su propio cuerpo que no tenía problema en devorar completa. Así de grande era su apetito.
─¿Ya estamos cerca, grandulón? ─preguntó Black y la bestia soltó un largo sonido. Supo interpretarlo─. ¿Cómo es que te alejaste tanto de tu hogar? En serio te perdiste, amigo ─la bestia soltó otro sonido en respuesta. Ya en un sitio más adecuado a ellos, Black era capaz de entenderle mucho mejor. Asintió─. Ya veo, algo te asustó y saliste corriendo. ¿Fueron esos demonios traviesos de bosque?
Y antes de recibir respuesta alguna, notó que las orejas de la bestia se movían. Ella también sintió que algo se movía más adelante en el camino y se puso alerta. Esa presencia era oscura pero débil, no muy intensa pero visiblemente agresiva. Algunas aves salieron volando de entre los inmensos árboles y supo que algo estaba a punto de suceder. Bajó del animal de un salto y le indicó que se alejara. El animal se fue corriendo, internándose en la dirección correcta hacia su hogar.
Black apretó los puños, miró a todos lados y una sensación de alerta la hizo voltear. Lanzó un puñetazo y fue recibido por la palma abierta de una mano cubierta de blanco. Abrió más los ojos al reconocer esa presencia. Ésta vez fue ella la que lanzó un bufido de enojo.
─¡Ah, me diste un susto de muerte! ─se quejó mientras la recién llegaba sonreía─. Y encima te diviertes, no puedo creerlo.
─También me da mucho gusto verte gozando de tan buena salud, Black ─fue la dulce respuesta de White.
Black refunfuñó mientras se llevaba las manos a la cintura. La sensación de peligro aún no se iba. Esa sensación no le gustaba.
─¿No eres tú quien está asustando a los animales de la zona, verdad? ─preguntó a pesar de saber la respuesta de antemano.
─Nunca lo haría. Vine porque un águila gigante estaba cerca de los pueblos en el Valle del Lago. Algo la asustó y llegó hasta allá. Comenzó a cazar ovejas y casi se lleva a una persona ─explicó a la vez que se cruzaba de brazos, ésta vez tenía un tono serio en su voz─. La traje de regreso a casa, pero sentí esa energía que tú también estás sintiendo ahora mismo.
─No es fuerte pero sí muy agresiva ─dijo Black y asintió a la otra chica, ambas caminaron hacia el interior del bosque. No tardó demasiado en relajarse. Pese a la fría presencia oscura de su acompañante, se sentía segura a su lado en esos momentos. Y había muy pocas cosas que le dieran tanta seguridad a la guardiana de la luz.
─Llevo un rato rastreando y sentí la energía más intensa en esa dirección ─señaló White en dirección Este─. Iba en camino y tuve la suerte de toparte, siempre es lindo ver tu cara ─eso lo agregó con una sonrisa más dulce, más amplia pero sin perder esa suavidad tan suya.
Black refunfuñó un poco mientras caminaba más rápido en la dirección que White indicó. Podrían no verse las caras en ese momento, pero Black estaba sonrojada y White lo sabía. Era demasiado pronto para juguetear, así que White cesó el temprano ataque mientras ambas seguían su camino. Como guardianas, independientemente de sus facciones opuestas, su deber era proteger todo el territorio del Abismo.
Llegaron a un amplio campo de flores tan grandes como su cabeza, el aroma floral era agradable pero demasiado intenso, además la cantidad de polen que flotaba era densa como para que una persona normal pudiera pasar por ahí sin sentir que se ahogaba. Ellas, sin embargo, no tenían demasiado problema con ello.
Y justo dieron con lo que estaban buscando. En el centro del campo floral había un tallo negro brotando, despedía una energía oscura intensa. Alrededor del tallo, pequeños demonios y hadas que ya se habían contaminado parecían danzar alrededor de éste mientras reían, se agredían y arrancaban las flores cercanas a manera de sacar su furia. Notaron que pronto se les unía una lagartija enorme que también estaba contaminada y que acababa de llegar de algún lado.
Black frunció el ceño.
─Apareció otra de esas cosas, increíble, ¿qué diablos están haciendo de tu lado que no pueden controlar el flujo de energía? ─preguntó Black, refiriéndose al Reino de la Oscuridad. No era un problema grave pero se estaba volviendo cada vez más recurrente. Y ya estaba comenzando a contaminar a la fauna local.
─Me encantaría tenerte una respuesta, pero sabes lo felices que estarán de recibir una carta mía preguntando qué están haciendo y cómo va todo ─respondió White con gracia─. ¿Vamos?
─Oh, ¿necesitas ayuda? ─Black casi sonaba presumida, su sonrisa era traviesa.
White correspondió con un gesto muy similar.
─¿Crees que la necesito?
─Siempre me has parecido delicada como una princesa, mira tus lindos brazos, no se ven muy fuertes.
─Oh. ¿Eso es un cumplido? Me gustó.
Black volvió a sonrojarse, no siempre salía vencedora en un enfrentamiento de provocaciones verbales. White sonrió mientras se ponía en guardia junto con Black. Pese a sus constantes provocaciones mutuas, sabían trabajar juntas. Ya sabían lo que les esperaba.
White estiró sus manos hacia la raíz y las criaturas alrededor de ésta y comenzó a absorber el exceso de oscuridad, lo suficiente para que las criaturas despertaran de la influencia y salieran despavoridas ante lo que estaba a punto de pasar. La raíz, aún cargada de oscuridad, pareció tomar vida propia mientras salía de la tierra y atacaba al par con un par de largas lianas. Ambas saltaron, alto, mientras sonreían.
Black tomó su turno de inmediato. Siempre le era útil que White quitara el excedente de energía, eso a veces actuaba de escudo y le tomaba más tiempo del deseado terminar con la pelea en turno. Con un poderoso puñetazo cargado de luz sacó de balance a la criatura y la mandó de espaldas al suelo.
─¡Ja! ─miró a White─. ¡Hazlo mejor si puedes!
White rió de manera suave antes de correr hacia el monstruo, que de nuevo se incorporó. Éste le atacó con una gruesa raíz y White la sujetó sin demasiado problema, plantó bien ambos pies en la tierra y con un poderoso grito de batalla y su fuerza sobrehumana, sacó completamente a la criatura de la tierra y la lanzó hacia Black.
─¡Tu turno!
─¡Oh, vamos, puedes hacerlo mejor!
Black igualmente lanzó un grito cargado de poder y de energía, literal, y con un rayo negro que salió de su mano impactó a la criatura. Casi al mismo tiempo, White hizo lo mismo, pero el rayo que salió de su mano era totalmente blanco. El ataque combinado hizo cenizas a la criatura mientras el ambiente pesado y oscuro desaparecía y el paisaje mismo se recuperaba del daño por sí sólo. Esa era la magia del Abismo, la de mezclar de manera apenas balanceada el pesado poder del Reino de la Oscuridad y la energía de creación del Reino de la Luz. Ambas guerreras suspiraron y Black estornudó.
─¿Polen? ─preguntó White.
─Es molesto luego de un rato, ¿nos vamos? Muero de hambre ─dijo Black y comenzó a caminar apenas White la alcanzó. Suspiró hondo, miró de reojo a su acompañante y se llevó ambos brazos a la nuca─. ¿Has estado ocupada?
─Un poco, hay muchas personas adentrándose al Bosque Oscuro últimamente en busca de medicinas para enfermedades muy, muy específicas, así que decidí ahorrarles el peligro y colectar yo misma las plantas medicinales para repartirlas con los médicos locales. Luego pasó lo del águila ─explicó y luego le miró con la más dulce de sus sonrisas─. ¿Y tú? ¿Mucho trabajo?
─Casi lo mismo, además de algunas criaturas de bosque fuera de control, la vez pasada tuve que asustar a un pequeño grupo de hadas de una aldea, estaban fuera de sí ─fue el turno de Black de contar lo suyo.
Llegaron a un amplio claro donde un grupo de ciervos del tamaño de árboles normales, en términos humanos, comían los brotes frescos del paisaje. Justo ahí encontraron un arbusto de fresas salvajes del tamaño de sus cabezas y mientras White se contentaba con una, y le sobraba, Black necesitaba al menos tres.
Estaban sentadas sobre una roca comiendo sus fresas en silencio, al menos de momento, una junta a la otra mientras contemplaban a los ciervos. Terminaron casi al mismo tiempo y White sacó de un bolsillo interior de su ropa una bolsa con golosinas.
─Ten, son de miel, las he estado guardando para cuando te viera y dártelos ─sonrió al ver el enorme gesto de alegría en Black.
─Deberías ir a buscarme pronto si tienes algo para mi ─dijo Black mientras se echaba un dulce a su boca. ¡Estaban deliciosos!
─Tú eres la que no me busca aunque sabes dónde me encuentro en todo momento ─respondió White de manera dulce antes de acercarse un poco más, tan cerca como para hablarle al oído─. Te eché de menos… Nagisa…
Black, Nagisa, casi se atoró con su dulce. Se sonrojó toda y giró su rostro para no ver el de su acompañante. Su voz en ese momento ganó un tono tímido y avergonzando.
─¡Tú tampoco me buscas aunque sepas dónde me muevo, eres mala. Honoka! ─recriminó Nagisa─. Y no digas mi nombre así como así.
─Tú acabas de hacer lo mismo. Las dos sabemos lo peligroso que es que los seres humanos sepan nuestros nombres reales ─fue la inmediata respuesta de Honoka. Estaba tranquila al respecto porque era imposible que hubiera un humano en las Montañas Sagradas. No dejó de sonreír─. Te seré totalmente sincera, tengo un enorme problema cuando pienso en ir a buscarte aunque sepa exactamente dónde estás a cada momento ─dijo, mirando el cielo con una sonrisa suave, un poco apenada.
─¿Eh? ¿De qué hablas? ─la respuesta de Honoka dejó a Nagisa con más dudas que respuestas, ¿acaso ya no quería verla o…?
─Entre más te veo… Menos me quiero ir de tu lado ─confesó la demonio mientras bajaba el rostro una vez más.
Nagisa no dijo nada, no pudo, no sabía qué decir. Honoka sonreía sin levantar el rostro, Nagisa sólo atinó a mirar el cielo mientras las mejillas las sentía al rojo vivo. Caminaban lado a lado y en algún momento sus manos se rozaron. Ambas sintieron eso y alejaron sus manos apenas, no demasiado. Más pasos, unos más. Un nuevo roce de sus dedos hizo que sus corazones reaccionaran dentro de sus pechos.
Uno, luego dos dedos. Uno a uno sus dedos se enredaron entre sí antes de tomarse propiamente de las manos. Ahora ambas estaban rojas, Honoka con una sonrisa suave y feliz en los labios, Nagisa con un gracioso gesto de enfado que no llegaba a ningún lado.
El par suspiró al mismo tiempo mientras seguía su camino.
De momento no se sentía ninguna otra distorsión en el ambiente, podían tomarse un respiro antes de que otra cosa se saliera de control en el Abismo. Algo siempre se salía de control ahí, era lo normal. Abandonaron el bosque pasado un rato, mismo en el que no se dijeron nada pero tampoco se atrevieron a soltarse.
─Pasaré unos días en las afueras del pueblo que está a día y medio de aquí, cerca de la boca del río hay una pequeña cabaña que los pobladores mandaron a construir para ti o para mi ─dijo Honoka, lista para seguir con la conversación─. ¿Te gustaría verla? Aún no la conozco, será divertido.
─¿Segura? ─Nagisa respondió su pregunta con otra, pero antes de que Honoka dijera más, lo mejor era terminar de sacar todo lo que tenía atorado en su cabeza─. Digo… si también es para mi… Debemos patrullar la zona de todos modos y… Ah… No estaría mal si… Bueno… Ya sabes…
La sonrisa de Honoka se amplió.
─Cocinaré lo que quieras.
No hacía falta nada más para convencer a Nagisa, su sonrisa y su gesto iluminado dijeron todo para alegría de Honoka. Nagisa adoraba la comida de Honoka.
─¡Vamos!
─Vamos, conseguiremos ingredientes en el pueblo, los que quieras.
Y sin soltarse, aceleraron el paso para llegar a su destino.
===o===
La cabaña era hermosa. Tenía todo lo que un hogar acogedor necesitaba: una cama, estufa, chimenea, pileta de agua, un lindo baño, mesa con dos sillas y en la alacena había comida en conserva y en un cofre a los pies de la cama había mantas y ropa. Ambas se hicieron de la ropa para cambiar un poco de aires, sólo entre ellas se permitían ver esos momentos realmente hogareños.
Nagisa dormía en la cama, se tumbó en el suave colchón apenas se duchó y se cambió. Honoka se aseó después de ella y ahora vestía un lindo vestido de doncella, también usaba un hermoso delantal de flores mientras cocinaba lo que prometió cocinar para ella.
No había ninguna alteración en el ambiente que predijera algún peligro, así que de momento podía relajarse, podía disfrutar de la visión de Nagisa durmiendo con toda la calma y paz del mundo precisamente en ese sitio, la última frontera del mundo.
¿Cómo llegaron a ese punto tan bajo y a la vez tan lejano?
Podía recordarlo como si hubiera pasado ayer.
Una batalla más entre las fuerzas de ambos reinos, la Luz y la Oscuridad se enfrentaban en el campo de batalla designado, un valle que previamente fue abandonado por los humanos que ahí habitaban a tan sólo horas de que comenzara el encuentro. La situación era tensa, los guerreros de ambos bandos estaban listos, los puños se apretaban y las alas se batían en espera de la señal de sus generales.
Un poderoso grito de guerrera fue el inicio de una encarnizada batalla entre ángeles de blancas alas y blanca luz, y los demonios de alas negras y poder oscuro como la noche. Espadas y lanzas eran usados, arcos también, por ambos bandos los guerreros caían el picada al suelo ya fuera para atacar o porque habían sido heridos en sus alas.
White era parte de esas fuerzas, Black también, dos de las mejores guerreras y destinadas a enfrentarse gracias a la similitud en su poder y habilidades en batalla. Ambas guerreras lo daban todo, Black batía sus hermosas alas blancas bajo el cielo ennegrecido por el humo de un incendio, White se movía grácilmente por el cielo ayudada por sus alas negras como trozos de noche. Se perseguían, se atacaban, se herían y no retrocedían. La que venciera ganaría un escalón más de ventaja sobre el ejército enemigo al quitarle a una guerrera poderosa como pocas.
No era su primer batalla ni su primer enfrentamiento, habían jurado que esa sería la última batalla y sólo una saldría ganadora.
No sucedió.
En medio de la pelea notaron que un grupo de pobladores rezagados hacía lo posible y lo imposible por salir de la zona de batalla. Ninguna de las dos lo pensó siquiera. Hicieron lo que nunca debían hacer enfrente de un enemigo contra el que estaban peleando a muerte: bajaron sus brazos.
Con una veloz mirado acordaron su siguiente plan y bajaron a nivel de suelo a ayudar a esa gente a escapar a salvo. Todos vieron lo sucedido, todos, aliados y enemigos de ambas, vieron cómo dejaban de lado su instinto guerrero para hacer algo que no fuera batallar. Más arriba, un enorme rayo de luz y de sombras estaba listo para ser disparado y acabar con todo lo que estuviera en su camino. No sólo esas personas iban a morir, también ellas. Se miraron una vez más, sólo una vez más.
─Si es a tu lado, creo que será la mejor manera de terminar mis días ─dijo White con una sonrisa mientras ofrecía su mano a su rival de toda la vida.
─No me imagino otro final, así que hagámoslo ─tomó su mano con fuerza y acortó toda distancia, de hecho le habló al oído─. Gracias por todo. Dime tu nombre, hija de las sombras. Necesito saberlo.
─Honoka, mi nombre es Honoka. Ahora dime el tuyo, hija de la luz.
─Nagisa, me llamo Nagisa.
Compartieron una sonrisa, no se soltaron las manos y luego miraron lo que aparentemente iba a ser la causa de su muerte: una masiva explosión de energía.
Y su final no sucedió, lo que pasó fue sus energías combinarse en un escudo que las protegió a ellas y a toda la gente bajo sus alas. Sus alas, por cierto, ahora eran de otro color, las de Nagisa ahora tenían un brillante plumaje negro, las de Honoka eran blancas como la nieve. Ambas se sorprendieron en serio.
Luego de la batalla, más por el deshonor de bajar sus manos en una batalla decisiva, fue el pecado de mezclar su energía con la de su enemigo jurado el que las condenó a ambas al exilio. La muerte fue la primera condena sobre sus cabezas, pero sus compañeros de armas apelaron por sus vidas, rogaron por ellas. El único castigo viable fue el exilio a la última frontera, al Abismo, donde el Caos era el que reinaba y donde no habría ley a la que pudieran aferrarse.
Nagisa fue obligada a vestir un uniforme negro a manera de eterno recordatorio por su cobardía en el campo de batalla. Honoka pasó por lo mismo, vestir la túnica de un ángel ya que tan cómoda se sentía con esa energía dentro de ella. Su poder antes negro ahora era blanco, Nagisa estaba en las mismas.
Ambas descubrieron que sufrieron castigos iguales cuando se reencontraron en el Abismo, donde no había ley.
Donde ninguna ley podría volver a castigarlas si ellas decidían seguir viéndose.
Ambas se tomaron su tiempo para recuperarse de la humillación, luego de ello descubrieron que realmente no era tan malo. Luego comenzaron a conocerse en algo que no fuesen batallas. Y actualmente estaban ahí, con un sentimiento latente a flor de piel y confiando tanto la una en la otra que podían bajar totalmente su guardia, justo como Nagisa lo estaba haciendo en ese momento.
A Honoka le gustaba la idea de estar ahí y así con ella.
Terminó la comida y simplemente fue a acomodarse a su lado para leer un libro que había conseguido en el camino. Nagisa sintió el movimiento en la cama pero no despertó, aún entre sueños se acomodó contra eso que tanta calma le daba. Honoka sonrió con genuina alegría cuando Nagisa terminó recostada en su regazo.
La tarde se pasó con una calma que ya comenzaba a hacerse habitual.
¿Cuánto tiempo había pasado?
Honoka no estaba segura, varios años al menos desde su exilio. A veces se preguntaba cómo estaba todo en casa, a momentos quería saber si en serio seguían peleando de esa manera tan testaruda contra los enviados de la luz. A veces se preguntaba ella misma por qué estaba peleando en un principio.
Nunca encontró una respuesta que la dejara satisfecha.
Actualmente, lo único que le producía una verdadera sensación de satisfacción era ayudar a la gente desde las sombras y estar con Nagisa en esos momentos de calma. ¿Tenía derecho a pedir más?
No había ley que se lo impidiera.
─Perezosa ─murmuró Honoka con un tono lleno de cariño, Nagisa no daba señales de despertar aún. Pobre, debía estar agotada. Acarició su mejilla antes de seguir leyendo su libro. Podía esperar a que ella despertara, podía esperar pacientemente a comer, o mejor dicho, cenar con ella─. Descansa, Nagisa, yo te cuido.
===o===
Nagisa nuevamente estaba frente a uno de esos monstruos hechos de los residuos del Caos del Abismo. Éste era el más grande que había visto desde que llegó. No que le fuera un reto o siquiera algo que significara peligro, pero… Que cada vez fueran más grandes quería decir que se estaba produciendo un choque fuerte entre ambas energías muy lejos de ahí. Esa era la inequívoca señal de que seguían peleando.
Eso hizo fruncir el ceño del ángel negro, ¿qué tan importante era ganar terreno sobre "sus enemigos" si eso significaba poner en peligro a medio mundo? A veces se preguntaba ella misma por qué peleó sin preguntar nada, sin saber nada más allá de un "los hijos de la noche son tus enemigos" y contentarse con esa razón, pensando que esa razón era más que suficiente para haber acabado con muchos de ellos sin tentarse el corazón.
Sólo Honoka quedó de pie ante ella, sólo Honoka le mostró una verdadera razón para seguir peleando por muy tonta que pudiera parecer, un simple "debo derrotarla" era lo que la hacía levantarse con emoción y entrenar. Buscarla, provocarla, mostrarle su fuerza y probar la de ella se había convertido en una razón mayor para ser la mejor guerrera de su grupo.
Y ese día, esa batalla campal le dio a saber que incluso sin pelear podría probar su fuerza. Que había otras maneras de ver su sonrisa y sentir sus manos de una manera que no fuera a golpes.
El uniforme que le dieron para ridiculizarla ahora lo portaba con orgullo y le había dado una nueva identidad. Aquello para lo que se supone había sido creada por un ser al que jamás había conocido ahora tomaba forma. Le gustaba ayudar, le gustaban las sonrisas de las personas, le gustaba la paz, le gustaba vivir.
Quería vivir más con Honoka.
Para ello debía derribar a esa enorme criatura. Lo hizo sin siquiera sudar.
Ya podía volver a la cabaña con Honoka, la que habían estado ocupando desde hacía unos días. Hacer rondas en los alrededores era lo normal, ambas lo hacían.
Una vez que se aseguró que todo estaba en orden, fue a ver a la gente de la pequeña aldea que estuvo a nada de ser aplastada por ese monstruo. Por recompensa recibió pan y quesos, además de jugo de frutas y leche, y con eso una contenta Nagisa decidió volar en lugar de caminar. Sus hermosas alas negras siempre se ganaban las miradas y admiración de las personas que le veían.
El Ángel Negro le decían.
El apodo terminó por gustarle.
Las alas que antes le daba vergüenza mostrar, ahora las usaba para volar a todo lo alto cuando realmente tenía prisa. Cuando no, gustaba de caminar sin prisas. Podía sentir a Honoka llegando a la cabaña por igual, seguramente había terminado su propia ronda. También sintió que su poder creció, lo que quería decir que había peleado contra algo.
Desde la primera vez que se tomaron las manos y sus poderes se combinaron, era capaz de sentir a Honoka sin importar dónde estuviera. Esa sensación le gustaba.
Su sonrisa fue automática al llegar a la cabaña y verla con la ropa de casa que había decidido usar mientras estuvieran ahí. Cada vez era más fácil lidiar con los sentimientos que Honoka le provocaba. No le gustaba sentirse tan acorralada, pero las sonrisas de su compañera compensaban cualquier ataque de pena.
─Estoy en casa ─avisó Nagisa mientras guardaba sus alas, algunas plumas negras quedaron en el suelo. Le mostró con una sonrisa enorme su canasta de comida─. Tengo pan y queso, y algo dulce para beber.
─Y a mi me dieron carne fresca y verduras. Creo que puedo hacer algo delicioso de comer con todo esto, ¿qué dices?
─¡Genial!
Dejaron sus respectivas canastas en la mesa y fue Honoka la que tomó la mano de Nagisa, ambas se sonrojaron pero el gesto del ángel se notaba más apenado.
─Buen trabajo, Nagisa.
─Ah… Yo ─la aludida tragó saliva─… Buen… Buen trabajo tu también. Fue un poco cansado.
─Ni que lo menciones, cada vez son más grandes, quiere decir que no han dejado de pelear allá ─dijo Honoka antes de soltar a Nagisa e ir a lavar las cosas que necesitaba.
Nagisa se quedó viendo su mano unos segundos antes de ir a cambiarse la ropa por igual, le gustaba usar faldas, lo admitía. Eran frescas, eran lindas, le gustaban y a Honoka también le gustaban. Le constaba porque más de una vez había descubierto a Honoka mirándole las piernas y, por supuesto, diciendo en voz alta lo lindas que eran.
Vio que Honoka regresaba con las verduras limpias y de inmediato se ponía a cortar todo para preparar otra deliciosa comida. Nagisa tragó saliva y no pudo contenerse. Si ambas sentían esas cosas, entonces estaba bien hacer lo que quisiera hacer, ¿verdad?
La abrazó por la cintura y se recargó en su espalda, procurando no estorbarle en sus movimientos. La sintió respingar, luego temblar y por último escuchó un suave suspiro. Sonrió contra el cabello de Honoka, eso quería decir que era bienvenida a hacer eso.
─Estoy cansada ─murmuró Nagisa, presionando la cintura de Honoka con un poco más de fuerza, dándole a saber a su compañera que no pensaba soltarla.
Honoka estaba roja hasta las orejas. Nagisa normalmente no era así de demostrativa, sobretodo porque era una persona muy tímida en esos asuntos. La vez que llegaron y se descubrió durmiendo en su regazo, escapó tan rápido que se golpeó contra la mesa. Fue lindo, lo admitía, pero conforme pasaban los días, Nagisa era menos propensa a caer víctima de su propia timidez. Aunque roja, no se negaba a hacer lo que deseara hacer.
Por supuesto que lo permitió.
─Una ducha luego de comer te caerá bien, ¿no tienes ningún golpe? ─pudo responder apenas se compuso a sí misma.
─¿Acaso me estás molestando? ¡Sabes que no! ─se quejó Nagisa y presionó un poco más, sólo un poco más el cuerpo de Honoka. Quería sentirla un poco más. Cerró los ojos y suspiró. Era lindo llenarse del aroma de Honoka─… ¿Y tú? ¿No te pasó nada, verdad?
─Nada, no te preocupes ─fue la gentil respuesta de Honoka. Hizo una breve pausa en lo que hacía para acariciar uno de los brazos de Nagisa. Ese posesivo abrazo se sentía bien de muchas maneras─. Creo que la única que puede hacer estragos en mi cuerpo eres tú ─dijo con un tono más bien inocente y dulce, sin saber que había hecho un daño sustancial en su acompañante.
Nagisa sintió las piernas débiles y su única respuesta fue literalmente aferrarse a Honoka con todas sus fuerzas, tantas que Honoka en serio sintió la presión. La demonio tuvo que reparar el daño dándole suaves caricias en los brazos, fue lo único que se le ocurrió hacer.
─Hablo en serio, me estás apretando ─dijo a manera de broma y logró que Nagisa aflojara sus brazos.
─Lo siento ─una apenada Nagisa suspiró hondo.
─Yo… Hablaba en serio pero creo que debí ser más gentil con mis palabras.
─¡Honoka, eres mala! ¡En serio eres un demonio!
Honoka se echó a reír mientras Nagisa se ahogaba en su propia pena. No podía contra esa chica, no en ese campo de batalla donde su mejor arma eran esas dulces palabras que podían provocar y hacerla temblar. Gritó contra el cabello de Honoka, un lindo grito de furia. Al menos ésta vez no la estaba apretando.
Como pudo, Honoka terminó de preparar la comida y la dejó hervir mientras se hacía cargo del pequeño desastre que provocó. Se tumbó en la cama y terminó abrazando a Nagisa contra su cuerpo. Fuerte, dándole a saber ésta vez a Nagisa que no la iba a soltar, no en esos momentos. La Ángel se rindió a los brazos de la demonio y se dejó hacer. Honoka en serio la dejó desarmada.
Una caricia en el cabello hizo sonreír a Nagisa, Honoka en serio era suave.
─Me vas a matar un día de estos ─dijo Nagisa con un suspiro de comodidad, su queja no sonaba a queja si hablaba con ese tono de voz tan relajado.
─Tengo que hacer honor a mi raza y encargarme del lindo ángel que tengo a mi merced ─respondió Honoka a modo de broma, incluso la apretó juguetonamente antes de volver a relajar el abrazo.
─¡Me estás provocando a propósito!
─Sí, no niego la acusación.
Nagisa, roja hasta las oreja, la encaró con graciosa furia.
─Sólo quieres molestarme ─reclamó y luego respingó cuando su frente se pegó a la de Honoka. No podía sonrojarse más de lo que ya estaba, así que frunció el ceño mientras sus ojos retaban los azules de Honoka. Sus preciosos ojos de medianoche─. ¿Acaso quieres saber lo que te puede pasar por provocar a un ángel como yo?
Honoka supo contener su suspiro, en cambio pegó más su frente, casi empujando. Nagisa correspondió con la misma fuerza. Sus narices se tocaron y eso hizo su corazón saltar. ¿Cómo no quedar hechizada por esos hermosos ojos que le recordaban los más hermosos y dorados atardeceres? Tragó saliva.
─Creo que esa puede ser mi línea, ¿no has escuchado de los demonios malvados que te pueden comer?
─Oh, ¿piensas comerme?
─Eso… Eso depende completamente de ti.
Otro punto para Honoka. Nagisa sintió el golpe justo en el corazón. Esa chica en serio iba a matarla. Se aferró al cuerpo de la demonio mientras tentaba sus labios con los ajenos en un intento de devolver ese preciso y letal ataque. El suave roce con la boca de Honoka resultó ser demasiado… Eran tan suaves.
─¿Crees poder lograrlo? ─preguntó Nagisa en un último intento de salir victoriosa. Ya se sabía con la batalla perdida, pero un último golpe nadie se lo negaba.
─Eso lo veremos justo… Justo ahora.
Y se besaron.
Simple y sencillamente se besaron.
El pacífico ambiembre de la cabaña fue testigo de ese beso que por mucho tiempo había pedido por salir, por manifestarse, por romper esa tensión que ambas habían estado cargando por años desde que llegaron ahí, desde que supieron más la una de la otra y aprendieron a querer todo lo que su antes rival cargaba consigo además de la vergüenza del exilio.
Un beso. Un dulce beso al principio, un profundo beso conforme se alargaba.
Honoka estaba fascinada, la boca de Nagisa ardía, casi la quería quemar, su calor era intenso, enorme, cómodo… La hacía sentir tan bien. Gimió suavemente entre beso y Nagisa también. Su saliva tenía un buen sabor también, mejor que el del mejor vino. Sus brazos rodearon a la ángel por la cintura y la espalda mientras la seguía besando, apenas dando pausa para recuperar el aire antes de seguir "devorándola" como amenazó con hacerlo. Ese beso que en más de una ocasión vio en sus fantasías era una realidad que no quería y no iba a soltar.
Todo tenía sentido gracias a Nagisa.
Por su lado, Nagisa estaba totalmente entregada. Todos esos años de provocaciones, de jugueteos, de alardes juguetones finalmente habían explotado. Estaba segura de que fue culpa de la cabaña, del ambiente familiar y cómodo que las abrazó desde que compartían techo. Habían pasado una que otra noche juntas en algún campamento donde simplemente platicaban y a veces se tomaban de las manos, pero algún efecto tuvo tener un techo encima que simplemente no pudieron reprimirse más.
Los labios de Honoka, los besos de Honoka eran frescos. La estaban volviendo loca, quería más, pedía más y Honoka le daba todo lo que le pedía con sus frescos labios. Era como beber del más fresco de los manantiales, sólo así se lo podía explicar. Siguieron besándose hasta que ambas, al mismo tiempo, hicieron distancia apenas suficiente para respirar hondo.
Estaban rojas, se notaban sobrepasadas por lo que acababa de pasar.
─Honoka…
─Nagisa…
¿Qué otra cosa podían decirse? Muchas, seguramente, pero en esos momentos decían más sus ojos en mutua y silenciosa contemplación. No se soltaban, respiraban hondo, sus labios aún temblaban y ninguna sabía exactamente qué paso dar a continuación.
Al menos no hasta que la barriga de Nagisa pidió comida con fuerza. La cabala justamente se había llenado del delicioso aroma que Honoka había preparado. ¿Cuánto tiempo estuvieron besándose? Bastante al parecer porque el aroma indicaba que la comida ya estaba lista. Ambas se echaron a reír mientras pegaban sus frentes con cariño.
─Vamos a comer, anda, luego de una ducha te sentirás mejor ─dijo Honoka con marcado cariño. Se animó a besar la mejilla de Nagisa de manera más bien dulce y juguetona.
Nagisa se sonrojó pero ya sin sentir que se desmayaba como hacía un rato durante las provocaciones. El beso le puso todas las cosas en su lugar dentro de la cabeza.
─Me sentiré mejor si te duchas conmigo y me besas de nuevo ─respondió Nagisa con visible alegría ante esa idea.
Honoka sintió esa invitación más como una provocación y fue su turno de descomponerse. Nagisa lo notó de inmediato y, aunque roja porque también entendió el mensaje escondido (sin querer) en sus propias palabras, finalmente había logrado provocar a Honoka.
─¡Estás roja! ─exclamó Nagisa con alegría.
─¡No lo estoy! ─se defendió de inmediato Honoka y se levantó de sitio para sacar los platos, pero Nagisa rápidamente le dio alcance para volver a abrazarla por la cintura─. ¡Nagisa!
─¡Estás apenada! ¡Lo hice, lo logré! ─seguía clamando con alegría la ángel─. ¡Al fin pude ganarte!
─¡Ah, no puedo creerlo! ─y finalmente fue el turno de la demonio de aceptar una derrota.
Sí, se bañaron juntas como Nagisa quería.
===o===
Para la gente que vivía en el Abismo dejó de ser sorpresa ver juntas Black y a White, el ángel y el demonio que siempre les cuidaban. Eran bienvenidas y tratadas con alegría y respeto a donde llegaran, todos les estaban agradecidos por todo lo que hacían por ayudarles a pesar de estar al tanto de que no había ley ni deber alguno que las obligara a hacer lo que hacían.
Nadie preguntaba más pero para todos era obvio que estaban juntas, que vivían juntas en las pequeñas viviendas que las mismas personas habían preparado para ellas en varias regiones. Sin embargo, con el paso de los meses, ellas dos dejaron de ser las únicas de su especie que comenzaron a rondar el Abismo.
Les sorprendió ver que más de los suyos, de ambos bandos, llegaban a la zona luego de ser desterrados, o bien huir por cuenta propia.
Las historias eran variadas, algunos se habían cansado de pelear y bajaron las armas, lo que les ganó el destierro. Otros simplemente huyeron cuando dejó de agradarles esa pelea constante que no llegaba a ningún lado. Los humanos de la región central ya no veían con buenos ojos ni siquiera a los ángeles. Esas peleas sin sentido estaban acabando con todo, sobretodo con la confianza de los humanos a los que habían jurado proteger. Los demonios, más que protectores de humanos, lo que hacían era quedarse con la oscuridad de sus corazones, ayudaban a su propio modo. Guardianes desde la luz y la oscuridad, esas eran las bases de ambas razas.
Pero ahora que pasaban temporadas enteras planeando batallas ya nada tenía sentido.
En su mayoría eran miembros mucho más jóvenes que la misma Black y White. De ellos mismos supieron que muchos guerreros de ambos bandos, veteranos de cien batallas, finalmente estaban cayendo. La presión caía poco a poco sobre la siguiente generación, una generación más joven que comenzaba a hacer preguntas, que quería saber la verdadera razón por la cuál estaban levantando sus armas y destruyendo el mundo.
Black y White tuvieron que poner en orden a más de uno de los recién llegados que querían hacer de las suyas en el Abismo. Eso era algo que no pensaban permitir. Muchos de ellos las conocían por leyendas, por lo que contaban los guerreros de más años. El ángel de las alas negras, el demonio de las alas blancas, eran tan reales que más de uno sintió en su propia carne los golpes de ambas.
Los que llegaron y seguían llegando tuvieron que obedecer la única ley existente en ese territorio sin aparente ley: la ley de Black y White, la que decía que debían estar en paz, incluso si no querían ayudar a los humanos estaba bien, nadie los obligaba a hacerlo, pero debían vivir en paz.
Los ángeles decidieron quedarse de manera permanente en los poblados y ayudar. Unos pocos demonios hicieron lo mismo, pero la mayoría se fue a las Montañas Sagradas o al Bosque Oscuro para poder quedarse con la oscuridad que seguía llegando desde las más lejanas tierras.
Era increíble cómo todo se acomodaba a su modo y a su tiempo.
Llegado el momento, Black y White no necesitaban estar en todos lados en todo momento, sus colegas se hacían cargo de ello de manera natural, ya sin forzarlos. Eso y que en serio nadie quería provocar la ira de las que claramente estaban a cargo ahí.
No les molestaba en lo absoluto dejar parte del trabajo a sus camaradas, todos estaban ahí para vivir bien, ¿verdad? Todos debían poner de su parte.
─¿Quieres que vayamos al Valle Rojo a ver cómo va todo? ─preguntó Nagisa mientras comía con Honoka. Estaban en una cabaña que no era la primera que compartieron, era otra que decidieron usar de manera permanente. Estaban cerca de la entrada principal de la cadena montañosa donde comenzaba propiamente el Abismo. Cerca de la frontera, vaya.
─No sería mala idea, además, en ésta época del año uno se da cuenta por qué le llaman el Valle Rojo ─respondió Honoka con una sonrisa, hacía referencia al interminable mar de flores rojas que tapizaba la superficie hasta donde alcanzaba la vista.
─Está decidido, iremos ─una feliz Nagisa terminó su comida, el tercer plato que se había servido. Lavaría los platos apenas Honoka terminara de comer, pero antes de eso, tenía otra cosa por hacer. Besó su mejilla y luego la misma Honoka giró un poco el rostro para besarse en los labios. Un breve beso. Nagisa sonrió mientras se sonrojaba de manera visible─. ¿Vamos mañana? Hoy quiero estar contigo en el estanque.
Un leve rubor acompañó la sonrisa de Honoka, una sonrisa feliz ante la idea propuesta por su lindo ángel.
─Entonces dejemos todo limpio si queremos salir temprano y llegar cuando el sol esté en su punto.
─Hecho.
Un beso más y siguieron con su tarde. Justamente se alistaban para pasar el rato en el estanque detrás de su casa cuando ambas se alertaron. Unas fuertes presencias, dos, las hicieron fruncir el ceño y apretar la quijada. Conocían esas presencias, esas fuertes energías. Seguramente esos sujetos estaban sacando su energía a propósito para asustar a los demás ángeles y demonios que estaban ahí. Era de esperarse, esos sujetos simplemente no sabía relajarse, sólo habían nacido para una cosa.
¿Estaban ahí para cazar a los desertores? No parecía ser el caso, las energías de los demás se mantenía estable. Bajó un poco, seguramente trataban de pasar desapercibidos e incluso esconderse. Nagisa gruñó, Honoka soltó un suspiro.
─Creo que lo del estanque tendrá que esperar ─dijo Nagisa con enojo.
─Sí, eso me temo, pero si están haciendo esto es porque nos están llamando específicamente a nosotras ─eso era más que evidente para Honoka─. Si no vamos son capaces de provocarnos.
─Entonces vamos, no quiero que me arruinen la noche contigo ─una segura Nagisa tomó la mano de Honoka y besó sus labios. Sonrió─. Ésta noche en el estanque… Tú y yo, ¿de acuerdo?
─Estaré ahí sin falta ─respondió Honoka con una sonrisa y besó los labios de Nagisa una vez más. Ambas sacaron sus alas y volaron en direcciones distintas.
===o===
Una zona llena de hierbas y flores silvestres era el escenario donde un ángel de cuerpo poderoso y la piel llena de marcas de batalla esperaba por ella. Tenía los brazos cruzados y no bajó su energía ni su presencia a pesar de haber sentido que ella ya estaba a nada de llegar. Su intención era sólo una.
Nagisa llegó caminando a la zona, vestía su ropaje negro de castigo y blandía su mejor gesto de enojo. También se cruzó de brazos al verlo. Se detuvo a una prudente distancia del que antaño fuera su comandante.
─Black, al fin apareces ─dijo el Ángel con voz poderosa─. He venido a proponerte un trato.
Nagisa levantó una ceja. Ahora que ella ya no era parte de la armada de la Luz y mucho menos un soldado, no tenía razón alguna para hablarle con más respeto del que indicaba una buena educación.
─¿Y qué es lo que quieres de mi? La última vez todos dejaron en claro que no volviera a poner un pie en Paraíso ni en las tierras humanas bajo su resguardo o me cortarían la cabeza ─respondió Nagisa con enojo puro─. No me arrancaron las alas porque todos tenían asco de sólo verlas.
─Escucha, soldado…
─¡No soy tu soldado! ¡Dí lo que debas decir y largo, tengo cosas por hacer!
El viejo comandante pareció confundido al ver la violenta reacción de la que antes fuera su mejor guerrera y que obedecía todo con entusiasmo y una sonrisa. Aún así, mantuvo su postura firme.
─Todos han decidido darte una nueva oportunidad de regresar a Paraíso, con todos tus amigos y camaradas ─dijo el Ángel con un tono menos agresivo de voz─. No ha habido nadie que se compare a ti en fuerza y fiereza para luchar. Fue un error deshacernos de ti, cuando lo único que has hecho es lo correcto y lo que te nace del corazón. Vuelve conmigo, vuelve a casa con todos nosotros.
Nagisa sintió que la sangre le hervía.
Entendía perfectamente bien lo que quería. Como bien contaban los demás, los mejores guerreros estaban cayendo en batalla, estaban perdiendo elementos poderosos y les estaban quedando armadas jóvenes e inexpertas, soldados que no obedecían ciegamente. Era obvio que quisieran recuperar a alguien con el poder suficiente como para seguir peleando y alinear a los más jóvenes.
Se frotó la nuca con fuerza.
─Mi casa ya no está en Paraíso ni en sus territorios, ya tengo un nuevo hogar ─respondió Nagisa con la misma firmeza─. Ahora vete, no quiero tener nada qué ver con esas estúpidas batallas. Ya no más.
─¿Dónde está tu orgullo de guerrera, Black? ¡Antes eras la primera en salir al campo de batalla! ¡Eras la mejor en los entrenamientos! ¡Fuiste la mejor en las peleas! ¡Mataste a más demonios de los que puedo recordar ahora!
─¡Porque era estúpida, ahora lo sé! ¡Deja esos juegos de lado! ¡No pelearé para ustedes nunca más!
Las firmes negativas hicieron que el soldado apretara los puños. Notó que tenía su energía guardada. Por otro lado, había escuchado los rumores. Mostró su enfado al fin.
─Todo es por esa sucia demonio, ¿verdad?
Nagisa sonrió pero su sonrisa era todo menos amistosa. Su energía se intensificó de manera intensa, llegando a opacar la de su ex-comandante. Bajó los brazos, hizo algunos movimientos circulares en sus hombros y dio dos pasos hacia el otro Ángel.
─Yo ya estoy manchada por ella ─dijo Nagisa con voz profunda, amenazante. Sacó sus alas negras de golpe y sus puños se llenaron de rayos color negro─. Es mía y le pertenezco, mira mis alas, tienen su color… Mira mi energía, ella la manchó con la suya. Y yo la manché con la mía ─apretó los puños, su energía saltó, creando pequeñas explosiones cerca de su interlocutor. Claramente lo estaba amenazando, amedrentando.
El experimentado soldado pocas veces se había topado con una presencia tan fuerte y tan intensa como esa… Era cierto, ella estaba manchada hasta el alma por la esencia de la demonio. Su enfado subió más.
─Te entregaste a ella ─más que una suposición, era una confirmación.
─Le entregué todo de mi a ella, lo sigo haciendo ─Nagisa batió fuertemente sus alas negras, algunas plumas volaron en los alrededores─. Esa sucia demonio, como la llamas, es la única razón por la que no te estoy arrancando la cabeza ahora mismo.
─¡¿Pero qué…?!
Lo que fuera que estaba a punto de reclamar el comandante de luz, simplemente no pudo hacerlo. Ni siquiera pudo parpadear, lo siguiente que vio fue a Black sujetándole del cuello, su mano estaba llena de esa energía oscura. Ésta vez no había sonrisa, sólo un gesto de enojo, el gesto de un demonio que estaba a punto de volarle la cabeza con esa energía.
─Largo… Que ya se les acabaran los ángeles para sacrificar es culpa de ustedes, que quieran seguir peleando es asunto de ustedes, que sacrifiquen vidas por nada es algo que nadie más debe pagar… Sólo ustedes.
─Black…
─¡LARGO!
Con un veloz movimiento, Nagisa usó su otra mano para ponerla en el pecho del otro ángel y explotar una cantidad menos letal de energía. Lo mandó a volar. No hizo daño de muerte, pero sí lo dejó lo suficientemente herido, clara muestra de que sus niveles de poder ni siquiera se comparaban.
─Ve y muere tú por ellos si tanto amas la batalla, ¡ve y no me molestes más! ¡Largo o te arrancaré los brazos por el insulto a mi demonio! ¡Largo!
El comandante de cien batallas fue nada a comparación del ángel exiliado. Tuvo que irse. Lo hizo volando y de la manera más lastimera posible. Nagisa esperó ahí hasta que finalmente esa energía y esa presencia desapareció de la zona.
Nagisa finalmente guardó su energía y sus alas y fue camino al estanque. Ahí se encontraría con Honoka, estaba segura.
De la misma manera en que Nagisa se reencontró con su anterior superior, Honoka estaba frente a su capitán, un demonio de larga cornamenta y enormes alas extendidas, señal de su sangre pura y poderosa. Ya la noche estaba casi encima, el mejor momento para los de su raza.
─Aquí estás, White, me alegra ver que sigues tan fuerte y hermosa como siempre ─sonó la calmada voz del demonio. Pero pese a su posición relajada y voz casi juguetona, su energía densa y agresiva tenía invadida la zona.
─Y a mi me alegra ver que usted siga gozando de tan buena salud ─fue la respuesta de Honoka. Dos podían jugar al mismo juego si eso era lo que el demonio de alto rango quería─. ¿Qué lo trae aquí al Abismo?
─Tú. He venido por ti, White, la mejor de nuestros guerreros, la más letal y veloz de todos ─dijo el demonio con tono endulzado─. Ven a casa, se ha decidido que se te levante el castigo y puedas volver con tu verdadera familia. Ya no serás más una exiliada, podrás estar con nosotros una vez más.
Y pelear para ellos porque prácticamente se estaban quedando sin soldados poderosos, eso obviamente no lo diría, Honoka estaba al tanto.
─Me temo, señor, que debo rechazar tan amable oferta. No pienso pelear por algo que no conozco ni por alguien que sacrifica a su gente sin remordimiento alguno ─fueron las frías palabras de White.
El demonio sólo sonrió.
─¿De verdad eres la adecuada para hablar, White? Tus manos han matado a decenas de ángeles, yo mismo te entrené para hacerlo. Tienes las manos tan manchadas como las mías, no me puedes salir con ese cuento, señorita. No te queda.
Honoka se llevó una mano al mentón. Su capitán era un demonio manipulador, bueno con sus palabras, pero Honoka ya no estaba para caer por algo tan simple como un discurso como ese. Ya no. Tenía mejores cosas en la cabeza desde hacía un tiempo.
─Sí, estoy manchada, mire, señor… Mire las manchas que tengo de un ángel ─abrió sus hermosas alas, brillaban con un blanco hermoso, casi puro. De sus manos también salió un luminoso poder capaz de lastimar los ojos de un demonio puro, o por lo menos incomodarlo. Mantuvo su sonrisa calmada─. Mis manos, mis alas, mi piel, mi boca, todo mi ser tiene la esencia de un ángel.
El demonio abrió más los ojos.
─Te…Te has entregado a un ángel… Tú… En serio lo hiciste…
─Cada pecado que he cometido lo voy a expiar con mi ángel, eso me tomará hasta el último día de mi vida, así que le recomiendo irse, porque yo no me voy de aquí ─su energía creció más, opacando la de su antes superior─. El Inframundo ya no es mi hogar, dejó de serlo cuando me humillaron y me pusieron el uniforme de un ángel que ustedes mismos mataron. Yo ya le pertenezco a alguien más, así que váyase si no quiere que en serio me enoje.
El demonio se enfureció, esa loca en serio había cometido el más grande tabú de todos: enamorarse de un ángel.
─¡Te llevaré así sea por la fuerza!
Pero su amenaza se quedó ahí, sólo en una amenaza. Lo siguiente que vio el demonio fue el suelo, estaba de cara al suelo y sujeto por la inmensa fuerza de White. Su energía estaba activa y lo dañaba con fuerza sin ser letal, al menos no todavía. Se quedó en blanco.
─Váyase, no vuelva a aparecer aquí, señor, o le aseguro que mis manos cargaran con su sangre también. Váyase o tendrá que enfrentar también a mi ángel…
Lo soltó y se alejó un par de metros para darle espacio al demonio de ponerse en pie. Su capitán estaba pálido, no lo culpaba. El demonio tuvo que comerse sus palabras y salir de ahí sin más. White no lo perdió de vista si no hasta que se fue por completo, su energía también. Suspiró hondo apenas lo sintió lejos del Abismo y pudo suspirar con tranquilidad.
─Nagisa ya debe estar ahí, ya es de noche ─dijo, mirando el hermoso cielo estrellado.
De inmediato se puso en camino.
===o===
Nagisa ya estaba relajándose dentro del agua, llegó primero y dejó una canasta con comida y bebidas cerca de una fogata. Estaba lista para la hermosa noche planeada. Su sonrisa se hizo inmensa cuando escuchó el familia aleteo de esas hermosas alas demoníacas y sintió la hermosa presencia de Honoka.
No volteó, dejó que su imaginación le dijera todo lo que estaba pasando a sus espaldas. Ese sonido suave era el de las prendas de Honoka cayendo al suelo. Lo siguiente que escuchó estaba segura era su calzado. Cerró los ojos con emoción al escucharla entrar al agua.
Y los abrió con alegría cuando la sintió frente a ella. De inmediato la abrazó.
─Justo a tiempo ─dijo Nagisa con alegría.
─Sabes que la puntualidad es una de mis mejores cualidades ─respondió Honoka correspondiendo el abrazo.
─¿No tuviste problemas, verdad? Pude sentir esas energías, la tuya estaba muy intensa.
─No pasó nada qué lamentar y tampoco maté a nadie, sólo le hice saber a mi ex-capitán que estoy muy a gusto siendo una exiliada.
─Yo también, y tampoco maté a nadie. Sólo espero que no traten de buscarnos de nuevo o será un problema.
─Mientras estemos juntas, nos las arreglaremos ─las manos de Honoka se movieron juguetonamente a la cintura de Nagisa─. Mi preciosa Nagisa… Nada me alejará de ti, no mientras tenga mi fuerza y tu fuerza dentro mío para pelear.
Nagisa se sonrojó de manera intensa por culpa de esas palabras. Luego sonrió mientras le daba pequeños y dulces besos en el rostro.
─Lo mismo digo, Honoka ─fue lo único que pudo decir, a veces las palabras le faltaban, a momentos era Honoka la que decía todo por ella, pero lo que nunca le fallaba era demostrar sus sentimientos a su manera. La besó, simplemente la besó─. Te amo.
─Y yo a ti.
Y siguieron besándose.
El ángel de alas negras, el demonio de alas blancas, así les llamaban, así las conocían.
Siempre juntas, siempre mano a mano.
FIN
