Melli era un maldito dolor de cabeza para Adaman. Siempre siguiéndolo a donde quiera que iba, avergonzandolo a el y a su clan con su grosera actitud. Honestamente, extrañaba los viejos tiempos de su niñez cuando Melli era mucho más callado y hasta tímido.

Por eso apreciaba los momentos como estos. Tener a Melli dormido a su lado en la cama que compartían, se veía tan pacífico, algunos de sus mechones sueltos caían por su rostro sin interrumpir su sueño, despojado de su uniforme del clan y llevando en su lugar ropa ligera para dormir.

Puede que Melli llegara a ser un fastidio en más de una ocasión, pero que un rayo caiga encima de el si por eso llegaba a decir que no lo amaba desde lo mas profundo de su corazón.

Aun con todo, sus sentimientos por el se habían arraigado en lo más profundo de el, haciéndolo latir fuertemente si corazón cada que que intercambiaban muestras de su amor entre ellos, y ahora que habían decidido unir sus vidas, orando al gran Dialga para que les de su bendición, se sentía lleno de la mayor de las alegrías al poder despertar cada día a su lado.

Observó el fino rostro de su pareja quien aun tenía algunos mechones de su cabello morados cubriéndolo. Adaman sonrió para si mismo, sintiéndose un poco orgulloso de que solo el pudiera ver a "el gran Melli" con una apariencia descuida.

Con cuidado recogió su cabello acomodandolo detrás de su oreja, dandole finalmente una vista completa de su rostro. Sin duda era realmente precioso, se quedó embelesado un momento apreciando cada rasgo de el, sus largas pestañas, su brillante cabello y sus finos labios. Fue en estos últimos en donde centró toda su atención, Melli aún estaba dormido así que no habría problema alguno si, por esta vez, se salía con la suya.

Lentamente se acercó cada vez más a su rostro, hasta que finalmente juntó sus labios en un beso. Adaman fue delicado, disfrutándo de la sensación de probar esos labios que tanto le encantaban.

Pero la sensación de unas manos recorriendo su pecho lo hicieron separarse con rapidez, encontrandose con Melli muy despierto viendolo con una sonrisa de satisfacción.

—Buenos días a ti también Adaman -el tono de voz tan meloso con el que lo dijo le dejó claro que estaba satisfecho por atraparlo con la guardia baja.

—¿Cuanto tiempo llevas despierto? -cuestionó Adaman desviando la mirada con vergüenza.

—¡Lo suficiente para disfrutar de tu afecto desde tan temprano! -el más alto no dudó ni un segundo en saltar a sus brazos, aferrándose a el con un afectuoso abrazo- ¡Adoro cuando te pones cariñoso por las mañanas! Es tan dulce de tu parte.

Adaman miró a Melli que seguía recostado en su pecho, envolviendolo en su abrazo. Conociéndolo usaría esto para sacarlo de sus casillas más tarde, pero ahora mismo le daría el gusto de disfrutar este momento.

Separó a Melli de el y tomó su rostro entre sus manos, sonriendo ante su expresión de confusión, antes de dejar otro beso en sus labios. Ahora fue el turno de su pareja de sentirse apenado, con un leve tono carmín tiñendo sus mejillas.

—Aun es bastante temprano ¿Quieres que nos quedemos en la cama un poco más?

—¿Eh? ¿El siempre puntual Adaman queriendo perder el tiempo? ¡Que escándalo!

—No es perder el tiempo si lo paso con la persona que amo. -Respondido con un aire de orgullo.

Las palabras abandonaron a Melli en ese momento, no pudiendo hacer otra cosa mas que esconder su rostro sonrojado en el pecho de Adaman, murmurando algunas quejas sobre como estaba "jugando sucio".

Adaman solo sonrió en respuesta antes de dejar un último beso en su cabeza para volver a recostarse los dos juntos. Ya mas tarde podría expresar sus quejas en voz alta, pero ahora mismo solo quería disfrutar de estes momento y del comodo silencio entre ellos.