Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
En la mansión de Saint Andrew, la madre le llevaba una copa a su hijo en el estudio, ambos se llevaban de maravilla y ella lo adoraba con devoción. - Hijo, te he traído algunas cosas para que comas un poco. - ¡madre! no te hubieras molestado, no es necesario que lo hagas, para eso esta el personal de servicio. - Quería estar contigo, eres muy responsable y haces todo lo que tu abuelo y tu padre debieron hacer aquí en Escocia. - El miedo no es respeto madre. Tu familia se equivoco en eso. - Lo sé, pero para ellos en ese tiempo fue lo mejor, ahora no será fácil tener una esposa, ¿cierto? - Cierto, y me abuelo ha dicho que vaya a Inglaterra, desea que despose a una Duquesa. – Tal vez sea lo mejor, el que tu seas una bestia es solo aquí, allá eres un hombre normal. - ¡Oh Madre! No sé porque se los permitiste, pero estoy feliz de saberte bien, eso es lo mejor. - Desde que tu padre me trajo aquí, me alejo de todos esos rumores y mentiras, me hizo su esposa y no le importó todo lo que dijeran de mí, el me amo y desposó sin mirar todo lo que había en mi familia. - En parte les concedo razón a los Cornwall, los negocios son buenos, para ellos cuando infunden cierto temor por su supuesto origen, más lo que pesa en este castillo es la muerte de mi padre, la creencia de que yo lo haya matado con mis garras y que sea ahora el jefe de los Clanes, creo que tiene una razón. ¡miedo! - Imagina que no lo es, sino que es respeto, muchas veces cuando mi padre quiso casarme con un hombre del Clan Mackenzie y estos se negaron, fue entonces que estuvo a punto de decir la verdad, pero el costo de haber mentido por años es alto, aunque lo dijeran, ya era tarde, solo evidenciarían la posibilidad de ataques a los hombres de mi familia, y eso no era bueno, por eso es mejor dejarlo como esta. - Madre, ¿te gustaría acompañarme? - No me gusta salir del castillo, lo mejor será que vayas y regreses con la esposa que desea tu abuelo, al parecer darte el Ducado es su fin, no se lo dio a tu padre y desea dártelo a ti. - Si, ya me lo ha dicho, ha hecho todos los documentos para que sea su heredero, más eso no tiene importancia como el ser escoces y estar con el clan y los demás esperan que los represente ante la corona. - Con el Ducado será más fácil, porque ahora serás uno de ellos. - Y no, ¿un descendiente de las bestias?
Madre e hijo sonrieron por la broma, sarcásticamente William estaba agotado del trabajo y salir a Inglaterra sería lo mejor, poseer mozas que le temían y que solo deseaban no quedarse preñadas era algo incomodo, todas temían tener una bestia que las asesinara, por lo que irse a Inglaterra y tener una esposa sería lo mejor, a que ella lo amara como hombre y no le temiera.
En Inglaterra los bailes cobraban vida nocturna, las farolas encendidas, la música estridente y todo el colorido de los vestidos y el glamur de la época era parte de todo lo que el Duque de Fife deseaba para su hija, vio a los hombres que le convenian, algunos tomaban la copa y alardeaban otros no eran tan ricos solo pretenciosos, lo importante era que su hija aceptara a un buen hombre, por lo que la llegada del Conde de Brown fue muy bien recibida por las damas, la idea de ser estimadas por el ante la mirada del rubio de ojos azules, era un deseo de la mayoría de las chicas, más Candy solo escuchaba a su madre que deseaba un Ducado, por lo que ese hombre no podía estar en su lista de baile, ya que su madre la vigilaba astutamente, alejándose de los hombres que no eran de su nivel.
El rubio tuvo a bien verla a lo lejos, y supo que esa dama era la mas bella del lugar, por lo que su intención por bailar era acercarse, buscara que sus enlaces lo contactaran con el padre, quien preguntaba sobre su nobleza y su estirpe, más alzaba su nariz picuda y aguileña negándose a aceptar su acercamiento y presentación, el rubio no se daba por vencido y busco al Duque de Grandchester su amigo, a quien le pidió el favor de contactarlo con la damisela y su familia por el Ducado que poseían, este le advirtió que si la dama era muy estricta no lo dejarían acercarse y el rubio no deseaba darse por vencido, así que mientras Grandchester movía sus contactos, el encuentro con el rubio se suscitaba en los jardines con la dama de compañía de Candy.
- Es usted hermosa como las rosas que le llaman tanto la atención. - Gracias mi señor, solo salía tomar un poco de aire, mi damisela, esta a cargo, por lo que me tengo que retirar, - Permítame un baile. - Esta bien, anote su nombre aquí en mi lista, y con gusto será la tercera pieza la que pueda bailar con usted. - Muchas gracias mi Lady.
La llagada de su madre, hizo que mirara discretamente la lista y entonces, se fue a investigar el título del joven, haciendo que su hija ingresara para darle la pieza de baile al hijo del Duque de Bach. La melodía comenzaba y la elegancia de la joven a pesar de ser menuda y delicada, mostraba un abundante pecho, su elegante rostro y esquicitos toques la hacía que los hombres no dejaran de verla, el Duque de Grandchester hablaba de ella sin conocerla, para presentarle al conde Brown, cuando la mirada de la rubia se encontraba con el recién llegado futuro Duque de Saint Andrew, quien acompañado de su abuelo y varios hombres que los custodiaban, hacían detener la pieza, para la presentación de su ingreso.
Candy bajaba la mirada al tener que volver junto a su madre, pues la pieza del joven de Bach ya estaba dada por concluida, y este incomodo se retiraba dejando a la dama en compañía de su madre, quien alzaba la vista a los recién llegados haciendo una seña a su marido y escuchando la presentación correspondiente. - Nieto de Andreas Duque de Saint Andrew, Conde de Barbatán, William Albert.
El saludo se hizo presente al ser su propio abuelo quien asegurara que los tramites de su titulo estaban en días para que su nieto tomara el ducado al contraer esposa. Candy no estaba de frente giro al hacer la reverencia como todos, ella al ser próxima duquesa no tenía que saludar bajo aun futuro Duque a lo que le correspondía solo un asentimiento de su cabeza y al alzar su mirada, sorprendía quedando directa con la mirada azul cielo del joven a quien presentaban y este sin temor tomaba su mano besándola suavemente en un saludo y sin dejar de ver el brillante color de sus esmeraldas verdes jade. - Mi lady. - Mi Lord.
El abuelo inmediato mando a sus asistentes para saber quién era la dama. Siendo el Duque de Fife quien asentía que era su hija, para luego ser invitado al salón de reservación del Duque de Saint Andrew. Grandchester por fin daba con la damisela que deseaba conocer el Conde Brown, más esta ya iba a la pista de baile acompañada del futuro Duque de Saint Andrew, quien solicitaba la pieza siguiente sin mirar la lista de baile. La madre de Candy emocionada por el suceso buscaba a su marido, quien era acompañada por varios hombres a un reservado con el Duque actual, abuelo de William, por lo que la dama emocionada miraba orgullosa a Candy quien la melodía la hacía dar pasos ensayados y miradas furtivas a los imanes de sus ojos, que la cautivaron de inmediato ante la evidente sorpresa de su encuentro.
La segunda pieza musical correspondía a un hijo de una amistad de los Duques de Fife quien al ver con quien bailaba tuvo que ceder su lugar, la pieza ya finalizaba a lo que William la invitaba a los jardines a tomara un poco de fresco y esta asentía, siempre y cuando fuera cerca de la mirada de todos.
En el reservado, el abuelo preguntaba por sus referencias y Candy era hija de un Duque por lo que no había problemas, así lograba una visita para el joven a su hija y aseguraba que deseaba casar a su nieto para que se diera su Ducado con mayor agilidad. Por lo que la noche entre bebidas no dejaron ir al Duque de Fife quien estuvo en el reservado junto a los hombres de negocios y títulos nobiliarios más importantes de la corona inglesa.
Candy escondía su mirada apenada, pero él estaba más que entusiasmado con su timidez y le buscaba conversaciones que no pudiera rechazar. - Su bella mirada me recuerda a la del jefe del Clan de los Mackenzie, es un hombre muy imponente que perdió a su único hijo hace años. - Mis padres dicen que herede el color de la familia de mi madre, más no me han sabido decir de quien exactamente. Candy bajaba el rostro, porque ahora sabía que su madre no era la Duquesa de Fife, sino una joven moza del servicio por lo que, si era su madre de mirada verde, lo sabría, más no lo había confirmado aún. - Veo que su lista de baile es larga, como podría tomar el lugar de todas sus piezas. - Sin darse cuenta lo ha hecho, ya varios bailes han pasado y usted se llevo parte de ellos. - ¿le incomoda? - En lo más mínimo, me apena por los caballeros, más ninguno de los dos lo hemos hecho intencional, quisiera pensar eso. - Lo haría intencional si me lo preguntan de nuevo, no la dejaría en toda la noche si pudiera evitarlo. El sonrojo de su rubor, le gusto sobremanera, a lo que sacó su abanico para disimular muy tarde para la mirada del joven que ya no podía ver a otra dama, habiéndose cruzado con la más hermosa mirada al ingresar al salón.
Continuara...
Continuaremos actualizando y agradeciendo sus comentarios,
Por el respeto que leemos y no tomamos ni adaptamos historias de nadie, gracias.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
