Lo peor, o tal vez lo mejor, del turno nocturno era que muy pocas personas frecuentaban el Lucky Cat a tan altas horas de la noche. Solo un par de estudiantes haciendo tarea en paz, personas que salían de fiesta y tomaban algo para bajarse la borrachera, esposos que buscaban cumplir los antojos de madrugada de sus esposas embarazadas y uno que otro cliente sospechoso, pero tranquilo.
Hoy, el turno había sido fácil, sin ningún incidente. Kyle estaba medio recargado en el mostrador, escuchando un podcast sobre True Crime y completando una de sus tareas para la Universidad. Eran poco más de las cuatro y media de la madrugada y la cafetería estaba desierta.
Comenzaba a considerar la idea de tomar una siesta cuando el ruido de la campana en la puerta lo sobresaltó. Un cliente. Levantó la vista para verlo y quedó sorprendido, no era de sus clientes habituales. Se quitó los audífonos para poder atenderlo.
Era un chico de piel morena y no muy alto. Llevaba una mochila y tenía una hoja de papel bastante maltratada en la mano. Tenía una expresión bastante confundida.
—Buenas noches ¿Puedo ayudarte?—Preguntó, genuinamente preocupado.
El chico pareció salir de un trance y terminó de acercarse a la barra. A esta distancia, notó que tenía una expresión de cansancio y unos ojos que, aunque sonara imposible, parecían tener un brillo dorado en ellos. Le daban ganas de darle tranquilidad a ese extraño.
—Buenas, no soy de aquí. Este es el único lugar que estaba abierto. Viene a visitar a mi hermano de sorpresa y me perdí.—Dijo, su acento ciertamente sonaba peculiar.
Claro. Ya había pasado por situaciones así. Era común que algunos prefirieran refugiarse en la cafetería, a andar por las solitarias calles de San Frantokio. Y era lo mejor, aunque la ciudad era segura, no había razón para arriesgarse.
—¿Puedo ver el papel?
El chico asintió y le pasó el papel. Sus dedos tocaron los de Kyle, por accidente, pero fue tan suave que sintió un pequeño escalofrío bajar por su espalda. lo ignoró y miró el ya maltratado croquis.
—No estás tan lejos de la dirección, pero no creo que sea seguro seguir caminando a estás horas.
El chico, ya cansado, se sentó en uno de los asientos de la barra, quedando frente a Kyle. Verlo tan decaído movió algo en su interior. Dios, ¿En qué momento había pasado a ser tan blandengue? Quizá lo mejor era no pensarlo de más.
—Mi turno termina a las 7, si quieres puedes esperarme y te ayudo a llegar con tu hermano.
Fue recompensando por una sonrisa de parte del otro chico. No pudo evitar sonreírle de vuelta. Le gustaba poder ser de ayuda.
—Gracias, de verdad.
—No hay de qué, por mientras ¿Te gustaría beber algo?
El chico se lo pensó un momento.
—No sé si tengo suficiente efectivo.
—No importa, va por cuenta de la casa. ¿Qué quieres beber?
—Un café americano estaría bien.
Se giró hacia las máquinas de café y comenzó a preparar lo que le había pedido. Tal vez era buena idea que él mismo también bebiera algo.
—Y… ¿Cómo te llamas?—preguntó mientras buscaba un par de tazas.
—Marco. ¿Tú?
Volvió a acercarse a la barra, está vez con ambas tazas ya llenas y humeantes. El olor del café recién hecho inundó todo el lugar. Jamás se cansaba de ese aroma.
—Kyle. Por cierto, ya que aún falta un rato para irnos, puedes tomar una siesta. Te ves cansado.
Marco le sostuvo la mirada mientras le daba un sorbo a su café. Sus ojos eran demasiado intensos y ese color tan raro lo ponía de nervios.
—Creo que eso haré. Me muero de sueño y pareces confiable.
Se sonrieron. Cada uno bebió su café, sin hablarse realmente, pero sintiéndose cómodos con la compañía del otro. Después de un rato, Marco se levantó de la barra y fue a recostarse a una de las mesas.
Él se quedó en su lugar, esperando. Cerca de las seis de la mañana, comenzaron a llegar unos cuantos calientes, pero además de ellos todo era muy tranquilo y ya faltaba poco para terminar.
Diez minutos antes de las siete de la mañana llegó Cass, dueña de la cafetería, para ocupar su turno. Le sorprendió un poco ver al chico dormido en una de las mesas pero no le dijo nada y simplemente le sonrió y le dijo que ya podía retirarse.
Se cambió el uniforme, tomó sus cosas y después se fue a dónde el otro dormitaba.
—Marco, ya es hora de irnos.—dijo, para despertarlo.
El mencionado se sobresaltó un poco, tal vez por el lugar en el que se encontraba. Se levantó para seguir a Kyle hasta la puerta y al estacionamiento, dónde una moto Indian color negro mate estaba estacionada.
—Tienes suerte de que siempre dejo un casco extra aquí en la cafetería.
—Es linda.—comentó Marco al tiempo que se ponía el casco.—¿Estás en una pandilla o algo así?
Kyle se rió. ¡Simplemente le gustaban las motos! La mayoría de la gente que conocía que las manejaba no tenía relación alguna con pandillas y esas cosas.
—Claro que no.
Se subió a la moto y le indicó a Marco como subirse en la parte de atrás.
—Recuerda sostenerte con fuerza.
Sintió como los brazos delgados del chico rodeaban su cintura y prácticamente lo envolvían en un abrazo por la espalda. No se refería a eso con sostenerse, pero no iba a quejarse.
Arranco el motor y esté rugió. Pronto ambos iban sobre la moto. Detrás de ellos, el Sol comenzaba a salir. Kyle imaginó que hacían una linda imágen. Así, abrazados y montados en la moto con el amanecer a sus espaldas.
Sonaba mágico, y no quería que el momento acabará. Sin embargo, pronto llegaron al destino de Marco. Había llegado la hora de separarse. Se estacionó frente al edificio donde el hermano del chico vivía.
Apagó la moto y Marco se bajó de ella. Extraño la sensación de sus brazos rodeándolo. Se preguntó si había alguna manera de volver a ver al chico después de hoy
—Te agradezco mucho por haberme traído. No sé como agradecerte.—dijo Marco, devolviéndole el casco.
Una idea cruzó por su mente. Decidió llevarla a cabo, ya que no serían demasiadas las consecuencias si salía mal.
—Qué tal si me das tu número. Podríamos salir a algún lado, esta vez puedes ser tú quien me invite el café, Marco.
—Oh.. ya veo. ¿Quieres que te pague con mi cuerpo?
Le lanzó una sonrisa coqueta a Kyle que lo hizo ponerse tan rojo como un tomate. ¿Quién iba a decir que el chico indefenso de la cafetería lanzaba frases así?
—¡No hablo de eso, yo solo…
Marco se rió con ganas. Se quitó la mochila y de ella sacó una pluma. Tomó el brazo de Kyle y bajó un poco la manga de su chaqueta de cuero. Anotó una serie de números y un pequeño corazón a un lado.
—Nos vemos después Kyle.
—Nos vemos.
Inició el motor y arrancó como tantas otras veces. En el espejo retrovisor, la imagen de Marco despidiéndose con la mano se fue haciendo más pequeña cada vez. Desapareció al fin después de avanzar unos metros, como si no hubiera existido.
Sin embargo, la tinta en su brazo y la marca en su corazón indicaban otra cosa.
¡Hola!
Ya llevo cinco días con el flufftober. Los prompts de hoy eran Amanecer, Cafetería y Amor a primera vista. Sentí que les quedaba bien a Marco y Kyle
Muchas gracias por leer~
Ciao!
