Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
La velada transcurría con demasiada agilidad, para dos personas que ahora bailaban para mantenerse unidos y ella sin poderlo rechazar en ninguna ocasión, las conversaciones no lo permitían y no daba a lugar con habilidad del caballero, por lo que su madre no podía interrumpir ni la dama de compañía al tener ahora que presentarla con el Duque de Saint Andrew su abuelo quien aceptaba la belleza de la joven comentando,
- Me ha de pensar un poco viejo, me recuerda a alguien en especial por esa mirada, pero no puedo recordar en estos momentos a quien, con precisión, su padre no se parece a usted mi hermosa dama, en eso mi nieto heredo la belleza de su madre, por mucha suerte, pero véame bien que, si mi nieto me da herederos, podrían parecerse a mis ascendientes. Una sonrisa de satisfacción y un rubor intenso para la joven al mencionar futuros hijos, haciendo que el rubio gozara de verla insistentemente en cada instante reconociendo sus más tímidas acciones y tan originales como la esencia de lo que su abuelo decía, por lo que a bien tomo su comentario, - Le he dicho que se parece al jefe del Clan Mackenzie, abuelo. - ¡Por Dios! ¡es verdad! El clan Mackenzie es un clan muy poderoso en Escocia, y si, se parece a muchos de ese clan, poseen ese extraño color de mirada que solo unos cuantos de esa familia poseen y no lo he visto en otra parte. Más hijo mío, debo decir, que la belleza de esta joven no tienen medida, su padre la adora y esta muy impresionado por ver si podemos hacer algo al respecto. La sonrisa de satisfacción del abuelo no podía ser más acorde a la atracción que sintió su nieto desde que se encontró con su mirada al ingresar al gran salón.
La llegada de un mensajero y el asistente sacaba de la conversación a ambos caballeros y antes de algo fuera a cambiar, el rubio acompañaba formalmente a la joven hasta entregarla con su madre, a quien besaba gentilmente agradeciendo le haya permitido la mayoría de las piezas como le había solicitado. El padre de Candy llegaba y hacía una seña a su mujer, a lo que su hija los seguía para alejarse de la concurrida mirada de todos, ya que había acaparado la atención del hombre con doble titulo heredado por sus abuelos directamente y quien ya no había seleccionado para bailar a ninguna otra dama hasta verse en la imperiosa necesidad de una llamada de urgencia, que lo había sacado de la amena charla y lo habían llevado hasta el privado para saber de quien se trataba.
Candy era extraída del baile junto a sus padres, este orgulloso de haber recibido la propuesta directamente del Duque para solicitar la mano de inmediato de su hija, a lo que no le exigía una gran dote, más si el titulo del padre a herencia, así como la seguridad de que ella recibiría todas las atenciones que se merecía si llegaran a aceptar la petición. El duque de Fife fue asediado por los demás asegurando que debía darse a esperar, más el con anticipación había aceptado la petición del duque de Saint Andrew en compromiso formal, con la idea de confirmarlo en cuanto lo hablara con su hija y su interés aceptado por el joven. La madre con una ansiedad preguntaba a su marido, para saber si era conveniente ese trato,
- ¿Entonces aceptaras? - No lo sé, Candy tiene que decirme, que le pareció. - No has visto que no dejo de bailar con él. Candy se quedaba en silencio, su madre lo había aceptado por ella, más había muchos caballeros que habían solicitado sus piezas y todos se habían quedado en la lista sin cumplirse. Al ver la rubia que sus padres comenzaban una discusión, ella detenía la conversación y confrontaba, - Me gustaría pasar unos días en la finca y meditar mi decisión, padre. – El Duque vio la sensatez de su hija y sonrió de lado, asegurando que esa era la mejor forma de ver que ella se parecía a él al meditar su respuesta. - Lo ves mujer, ella se ira unos días a la finca. - Sola no, supongo que la mandare con sus doncellas, ya que tienes varios compromisos aquí en Londres. - Por supuesto, a tu regreso veremos eso querida y aceptaré lo que decidas. Su madre agregó - Es un Duque como lo habíamos dicho, Candice. - Por supuesto madre.
El viaje de regreso fue agitado para William, su madre se había puesto muy enferma repentinamente y todo le paso por su mente, no podía creer si ella estaba perfectamente bien cuando la había dejado, a caballo y agitadas distancias, rodeado de más de seis jinetes, llegaba asustado de no encontrarla con vida, más ella estaba en su habitación, esta vez las damas y hombres de su clan Cornwall se hallaban junto a ella, en espera del regreso de su hijo, los familiares realmente se mostraron preocupados y trajeron a su sanador del su clan, por el temor de que nadie quisiera atenderla.
- ¡Hijo! - ¡Abuelo! - Ella esta mejorando, al parecer tuvo un fuerte dolor en el pecho se encuentra mejor ha resistido estos días. - No la atendieron los sanadores ¿cierto? - Nuestro sanador esta aquí, fuimos llamados de inmediato por orden tuya al haber salido del castillo. - Gracias, ya estoy aquí, quiero ver a mi madre. Ordeno el abuelo Cornwall que todos salieran, al ver a su madre estaba muy pálida y agitada. Apenas lo vio soltó las lágrimas que brotaron imparables y este corrió hasta ella dejando solo al sanador del Clan Cornwall para estar dentro con ella. - Su agitación fue repentina. - Consulte con otros sanadores. - Ya lo he hecho mi Lord. Su madre tiene un dolor en el corazón y no es curable. La joven madre lo miraba enternecida acariciando con sus manos frías su rostro y hablando apenas a que lo pudiera escuchar. - ¿Te casaste? - ¡Madre! como podía sin ti, debes curarte. - Estaré contigo hijo, todo estará bien, ella te hará feliz. - Tu me haces feliz madre, no sería bueno que partieras y que no estuviera aquí, por favor, no te vayas. - Te espere. - Si.
Como un niño pequeño dejo que le acariciara su cabello y sus lágrimas no cedieron, su padre asomo el rostro apenado por todo lo que ella había sufrido por algo que él mismo había permitido y ahora verla le daba remordimientos, ella lo vio desde su cama y le sonrió suavemente, a lo que emocionado quiso acercarse, al hacerlo, William inesperadamente lloraba gritando - ¡No, madre, no! Ella había partido, solo esperaba la llegada de su único hijo, su esposo la esperaba en el más allá y ya no estaría con él, tenía que llegar con su amado William Frederick. El padre la vio cayó de rodillas apesarado por lo que él había hecho a su hija, más su culpabilidad no restaba importancia, solo se torturaba desde que había tenido esa idea y que el don de su hija fuera confundido por un rumor de tener sangre de lobo en sus venas, cuando solo tenía el don de apreciar la vida de los animales fuera de donde fueran.
De rodillas recordaba a su hija pequeña, con una tromba de ardillas jugando con ella, luego creció y ayudo a una manada de lobos, a los que ella al ver que la madre había muerto, los atendió y cuido como si fueran suyos, con el tiempo todos venían a verla por las tardes, cuando el Duque de Saint Andrew la tomo como suya, se ganaron el respeto de muchos clanes, más el rumor esparcido les había hecho mucho bien ahora su nieto era el jefe de los Clanes escoceses y nadie podía quitarle el título, más el dolor de su perdida al ver partir a su hermosa hija, lo dejo en silencio, sintiendo la culpa de todo lo que ella había sufrido.
Continuara...
Muchas gracias por sus amables comentarios y por continuar leyendo esta historia, deseando poder culminar cada una de las que se hallan en espera
Por el respeto que leemos y no tomamos ni adaptamos historias de nadie, gracias.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
