Fiction

Historias de Albert y Candy

Highlander Obscuro

Por Mayra Exitosa


En el castillo de Saint Andrew. William Albert miraba hacia los paisajes lluviosos, emanando tristeza recordando a su hermosa madre, una nostalgia lo invadía, la recordaba con la manada de lobos que ya habían traído a sus críos, era noble con la naturaleza y los animales la amaban, tenía ese toque de poder ver en la mirada lo que ellos necesitaban, mientras que él solo había aprendido que el respeto mutuo entre bestias y humanos era esencial para sobrevivir, solo que su padre no lo hizo, solo cazaba sin contemplaciones y cuando esa bestia había invadido el territorio en búsqueda de comida, nadie lo esperaba, la nieve, el viento, todo fue en su contra, verlo morir así, como un guerrero escocés en una pelea cuerpo a cuerpo fue lo más doloroso que a su corta edad pudo imaginar, cuando para él su padre siempre había sido el mejor, encontrarlo en esa forma, desgarrado por las fauces de una bestia fue lo peor que habia soportado, el sacrificio de su padre, gritando que corriera para salvarse y se atravesara para que su hijo se subiera al árbol y no lo tocaran, fue lo mas triste que podía recordar, ningún lobo, ni una simple bestia, era un oso hambriento fuera de su hábitat, muy lejos por las montañas, cuando su madre le había advertido que no llevara a su hijo, se habían adentrado hasta las zonas más altas, pero ella temía por ser tan largo el viaje, si, le dispararon más de cinco ocasiones a ese animal, sin embargo, también murió el asistente que los acompañaba. Ocultar que había muerto, para proteger a la familia era algo innecesario, pero como siempre los errores alimentan el morbo de los que creían en leyendas y fantasías sobre su madre y ahora todo recaía sobre él.

- Mi señor, la moza que le traje la puedo dejar en su habitación, así puede ayudarlo a descansar. La joven temblaba como si el fuera a comerla la vio con sus cabellos rojos y su mirada perdida, como resignada al haber llegado hasta ahí, solo con verla le daba rencor, por todo lo que sufrió su madre, por ese maldito temor mal infundado, - No en necesario, quiero estar solo, por favor, que se vaya y… no pagues para traer mujeres, prefiero… meditar. - Como usted ordene mi Lord. La joven sonrió radiante y se arrojaba al piso agradeciendo su piedad, él con benevolencia alzaba la mano indicándole que se fuera, la mujer asombrada dejo brotar su sonrisa radiante, lo cual le hizo recordar a una hermosa dama de mirada verde como los bosques en primavera, cerro los ojos para rememorarla cuando la tomaba en sus brazos, tan feliz con su coqueteo sincero en el baile y su confianza para con él, la suave sonrisa, su forma al hablar se había quedado dentro de él, sin embargo por haber ido a conocerla su madre estuvo agonizando por semanas apenas a qué volviera para despedirse, las lágrimas se acumularon sin esperar y al abrir sus ojos vio a su asistente de cámara, serio sin decir nada, con sincera preocupación, por lo que quiso confirmar lo que sentía.

- Una pregunta, cuando mi madre se enfermó ¿Cuánto tiempo paso para que llegaran su familia? - Ellos llegaron poco antes que usted, mi Lord. Mi Lady estuvo muy dolida y casi sin dormir, la atendimos aquí, ningún curandero se encontraba disponible. -¿sufrió mucho? - ella decía que le faltaba usted, que eso era todo, pero su tono de piel se hallaba más obscuro, no estaba sano como de costumbre y su rostro estaba mas desencajado. - Comprendo, si no fuera porque somos de sangre de lobo, hubieran venido todos los sanadores cercanos ¿no es así? - Señor, usted es un hombre, no un lobo, quien no lo entienda así es un tonto. - Puedes irte quiero estar solo.

El odio que tenía por ese maldito rumor que ya había afectado a su madre, lo hizo recordar cómo fue que su abuelo estaba tan sentido y culpable, nada puede echarse por tierra, además los más perjudicados son los de la línea directa, no se salvan ellos por lo que dejaron creer a todos, eran prósperos y contaban con sus arcas colmadas, ya no le temían a los Mackenzie.

En la finca, Candy continuaba asombrada de lo que se enteraba pues su verdadera madre estaba protegiéndola de una manera sacrificada, la escuchaba hablar de sus costumbres allá de donde era, de su clan al que amaba y había dejado por amor a su padre, más eso nadie debía saberlo, pues ella no sabía que esperaba un bebé, cuando la tomo el Duque de Fife, gracias a eso, ella había sobrevivido a todos los malos tratos y el la trataba con cierto respeto y muy distanciado, lo cual agradecía porque en su corazón seguía Duncan. El único hombre de su corazón.

-- Esto es de él, mantenlo oculto para que nadie jamás lo encuentre, es un regalo que solo se pasa de padres a hijos, por lo que tú eres ahora la que debe poseerlo, lo he escondido todos estos años, para que se lo des a uno de tus hijos cuando sea mayor. --Gracias por decírmelo. -- Pero por mi vida y la tuya, jamás lo digas.

Cerca de ahí un rubio de mirada azul, atractivo y gallardo, llegaba para habitar una villa de unos amigos, el Duque de Grandchester acompañaba al Conde Brown, ya que el rubio continuaba insistiendo en lo hermosa que era la futura Duquesa de Fife. A lo que el futuro Duque de Grandchester no la había visto, más podía ser más fácil que le dieran su mano a él, por tener un futuro ducado, a qué se lo entregaran a su amigo el Conde Brown, más eso no lo decía, primero deseaba ver si era tan hermosa como pregonaba su amigo, pues por el exceso de personas no la había apreciado como se debía. Así le respondía al rubio, - Haré un baile, enviaremos la invitación por lo que ella asistirá, será algo simple, pero ahí la veremos, no puede negarse a asistir. Mi prima la buscará para que vaya a hacerle compañía y la invitará a quedarse en la mansión de Cliveden, el baile lo aprovecharemos para que se dé un acercamiento y… seré tu testigo para comprometerla en cuanto este disponible.

Continuara...


Muchas gracias por sus comentarios y por continuar leyendo esta historia, esperando les guste.

Por el respeto que al leer no tomen ni adapten historias de nadie, gracias.

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa