Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
En Londres la Duquesa de Fife tomaba el té con algunas amistades de su estatus tales como la baronesa de Cramer y la Duquesa de Hollister sobre la situación en la que su hija ya se encontraba casada con el Duque de Saint Andrew a lo que entre ellas se tomaba una acalorada controversia al estar en esas circunstancias en las que con el paso del tiempo y solo por un nieto podrían ellas ver un poco de alegría, pues al no tener hombres como hijos ya sus títulos quedaba a cargo de otros y por lo que ya no eran continuamente tomadas en cuenta en los eventos importantes de la corona inglesa. Así la Duquesa de Hollister contaba sobre una amistad que había visitado a un sanador en las afueras de Londres y que a los nueve meses había dado un hijo varón a su marido cuando ambos ya era mayores y no había posibilidad de tener hijos. La baronesa de Cramer que estaba siendo excluida del tema para sentirse tomada en cuenta aseguraba que era verdad que ella también conocía de otra dama que había estado con unos días en curaciones para que pudiera engendrar hijos, a tal grado que había traído a su esposo de forma inmediata para que la preñara varias veces aun siendo de día. -Por Dios santo, ¿de día? Eso es impúdico. - Pues sí, pero el fin justificaba los miedos a perder el título y la dama estuvo de encargo por meses cuidada por su familia y allegados, hasta que dio a luz a un hijo varón.
La conversación dejaba inquieta a la Duquesa de Fife, al poder a su edad darle un heredero al Duque y así conservar el Ducado, al no hallarse enterada que su título ya estaba dentro de lo negociado por su esposo para su hija y sus futuros descendientes, por lo que mandaba a su doncella a buscar a un curandero muy famoso en las afueras de Londres para saber si tenía que mandar una nota inmediata para que su esposo volviera y la preñara luego de las curaciones. El sanador no era ingles era un francés que había huido de su tierra al no tener clientela acaudalada y al ver que las mujeres podían procrear lo que les hacía no era visto por nadie, pero quien las preñaba era el muy ladino sanador. La Duquesa de Fife para asegurarse que su marido no se quedara mucho más tiempo en la finca disfrutando a Megan, mandaba un mensajero para que viniera en su auxilio lo antes posible, ya que se encontraba muy preocupada y necesitaba de sus atenciones inmediatas.
En la finca, Candy se quedaba a solas en su habitación con su nuevo esposo, preocupada por lo que había tenido que atender a los hombres que estaban asegurando que ella había iniciado un compromiso por amistad con uno de ellos, cuando eso era completamente falso, lo más reciente era ver al hombre con quien ya tenía un lazo de compromiso oficial que observaba con insistencia al pequeño perrito que ella tenía en su habitación. - ¿Le molesta mi nueva mascota, mi Lord? - ¿Su nueva mascota? - Si, pero si usted no lo aprueba lo dejare libre, ha estado aquí esta semana que me he encerrado por esos rumores que me angustiaban. El rubio quiso reír por considerar a un lobo cachorro una mascota, como si se tratara de un gato persa, por lo que trato de recomponerse y agregaba - Cuénteme usted su versión de los hechos que se suscitaron para que la quisieran comprometer. Candy notaba que no le importaba su mascota y se acercaba con toda libertad tomándole sus manos para que ambos quedaran sentados en el ribete de su cama, sintiéndose muy tensa por lo que se hallaba completamente a solas con su marido ahora, por lo que hacía un esfuerzo enorme para poder concentrarse en lo que había cometido el futuro Duque de Grandchester para ensuciar su reputación. A lo que titubeante comentaba - Pues, vea usted que no deseaba asistir a ese evento, realmente estaba meditando aquí sobre mi nuevo matrimonio, el cual ahora es causa de que no se me comprometa indebidamente, la baronesa mando un atuendo para que no faltase a su evento, y se hizo el rumor de que dicho baile era para comprometerme, por lo que me vi en una penosa necesidad de…
En esos instantes, él tomaba con sus manos cálidas las de ella y las colocaba cerca de su pecho sintiendo el martilleo del corazón de su ahora esposo. El rubio al ver que se quedaba absorta mirándolo, se sintió conmovido de que no temblara, sino que la hechizara el hecho de estar a su lado, a tal grado que olvidaba sus palabras. - ¡Oh lo siento mi Lord! Es que me he distraído, pero es que… olvide lo que le decía. El suavizo su sonrisa dándole un beso en sus delicadas manos, para sentir el calor que les estaba brindando, ella se quedaba con los labios sueltos, mientras que el desde sus besos miraba con cariño como ella se quedaba absorta de nuevo a sus atenciones, notándola tan ingenua y gentil, poseía una belleza exquisita, su voz lo cautivaba por lo que se recompuso y agregó - Nada de eso importa hallándose a mi lado no dejare que nada la turbe ni la preocupe, cuidare de mi lady como si pudiera esconderla entre mis brazos. - ¿Entre sus brazos?
El asintió y lo hizo atrayéndola a estos y ella se quedaba asombrada, por lo que no se movía y solo esperaba que la protegiera como se lo decía. - Creo que le he robado sus palabras mi Lady, no la he dejado continuar por mi deseo de que no se preocupara. - Creo que nunca había estado tan cerca de nadie, sobre todo de esta forma. - Espero que solo sea yo quien lo esté en el futuro. - No lo sé, puede que nuestros hijos también lo estén… dicen que cuando son pequeños y no hay nodrizas que los amamanten, toman de su madre el alimento. Al decir esto su rubor subió inmediato por lo que se había atrevido a responder, a lo que el orgulloso, se acercó hasta su rostro y en su oreja comentó, - Si, nada me gustaría más que nuestros hijos estuvieran por todo el castillo corriendo tras de usted y yo los tranquilizaría reclamando mi lugar en sus brazos, estrechándola constantemente. Su boca comenzó a probar sus mejillas hasta llegar a sus labios tomando inesperadamente, dejándose llevar por un ardor inusitado entre ambos, colocando sus pequeñas manos en su cuello y subiéndola a ella a su cuerpo para estrecharla acomodándose para escuchar los suaves gemidos de ella. Cuando el calor invadió sus cuerpos, ella asustada trato de levantarse y él la ajusto tranquilizándola. - Soy su esposo mi lady, no me tema, que su cuerpo y el mío pueden estar más juntos aún. - ¡Mi lord! ¡Es de día todavía!
Continuara...
Gracias por continuar leyendo esta historia, por sus comentarios y deseando continúe siendo de su agrado
Agradeciendo también el respeto que al leer no tomen ni adapten mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
