Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
La sonrisa no la pudo evitar, se levantó de la cama para cerrar con cerrojo la puerta de la preciosa habitación de su mujer, luego soltaba las cortinas y se iba de nuevo hasta ella, que iluminada con la luz de las velas encendidas mantenía en tono suave en su alrededor. - Usted podrá tenerme día o noche, a la hora que desee mis atenciones mi Lady, estoy muy complacido de que haya aceptado ser mi esposa y a estas fechas usted estaría en mi castillo en nuestro lecho si no fuera por esos hombres que intentaron robarme su candor y sus cuidados, solo por quererla comprometer en un baile, desconociendo que usted es mía desde hace tiempo y que hicieran lo que desearan ya no existía la posibilidad de encontrarse disponible para ningún hombre.
- Mi lord, no lo sabía, se lo juro. - Lo sé, usted se vino a la finca antes de que firmara su padre con mi abuelo el acuerdo matrimonial, al cual estoy más que gustoso de informarle que mi abuelo ha cedido su ducado y también el título de Conde de mi abuela a nosotros, por lo que ya no solo es mi Duquesa, sino también mi Condesa y cuando tengamos hijos su padre cederá el título del ducado a uno de ellos, lo cual espero sea de su agrado. - Espero poderle dar los hijos que usted quiera. - ¿todos los que desee? - Si, todos los que usted desee. - Entonces será mejor que nos demos prisa en traerlos, porque realmente deseo muchos hijos, todos suyos mi lady. - ¿solo míos? - Si, de nadie más, quiero que sepa que usted será la única mujer a la que tendré y cuidaré con todo mi ser. Ella se quedó conmovida por sus palabras tan seguras que le ofrecía su protección, cuidado y fidelidad en ellas, que solo con su voz de tono varonil, emocionada sin dejar de verlo le respondía, -¡Mi Lord! A lo que él le respondía ansioso con ardor y un evidente deseo por estar con ella - ¡Mi…Lady!
El Duque de Saint Andrew tomaba las manos de su duquesa, para ponerla de pie, acercarse hasta abrazarla con cuidado, al deleitarse en probar aun siendo de día, las atenciones femeninas que su mujer estaba ansiosa de darle como nunca las había tenido antes, por lo que ella confiada en su privacidad se dejaba tocar y enseñar en cada beso con el sabor combinado de sus labios, para mantenerse cercanos y poder sentirse uno al otro reconociéndose mutuamente, alzando sus faldones, en una sincera apuesta de iniciar los servicios maritales antes de la hora del té.
Fuera de la habitación Megan se escondía del Duque de Fife, quien mandaba pedir que la llamaran a sus aposentos, más esta no se hallaba en la finca había salido a realizar una diligencia de Lady Candice, quien estaba ahora dando explicaciones a su esposo el nuevo Duque de Saint Andrew. - En cuanto regrese, díganle que la estoy esperando. - Si mi Lord, además acaba de llegar un mensajero. - ¡Oh por Dios! que pase a mi estudio.
En el mensaje se detallaba que la Duquesa de Fife mandaba pedir que regresara ya que su salud se estaba mermando y deseaba la presencia del Duque de forma inmediata para cuando llegara el sanador que había solicitado él la pudiera cuidar personalmente. Sin más remedio y con urgencia, el Duque mandaba llamar a su yerno para informarle de su partida a Londres, ya que su mujer le imperaba su regreso. El joven ansioso por estar con su lady se detuvo a regañadientes de las atenciones que deseaba con mucha ansiedad iniciar de su mujer, ella avergonzada se acomodaba las prendas de su vestimenta al estar alzadas por las manos de su esposo.
- ¿Me permite llamar a mi doncella, mi lord? - No creo que sea prudente, aun no obscurece y mis atenciones no deben ser mostradas, permítame ayudarla a ponerse visible para que nadie sospeche que nos estamos atendiendo a la luz del día, mi lady. - Por supuesto, mi Lord, es muy penoso que sepan esto, por eso le pediré a Megan mi doncella de confianza. - ¿Megan? - Si, me gustaría solicite que ella me acompañe, ya que me esta enseñado hablar gaélico. - ¿gaélico? ¿Usted quiere aprender? - Por supuesto, donde vamos a vivir, debo saber bien el gaélico para poder comunicarme correctamente. - Me parece muy bien, le diré a mi suegro eso, ahora que me ha mandado llamar, no esperaba que lo hiciera, pero si no lo hacía en estos momentos… El rubio se acercó hasta su oreja de nuevo y agregó - Ya sería mía, mi lady y no la dejaría salir por la merienda ni a tomar a tiempo el té. - ¡Oh! Candy se ruborizaba y él le acariciaba el rostro no sin antes decirle, - Le prometo que esta noche no dormirá usted sola, estaremos juntos por mucho más de lo que estuvimos hoy. Ella asintió avergonzada y el volvió a tomar su barbilla y preguntó - ¿le parece bien, mi lady? - Por supuesto, mi Lord. Antes de alejarse le dio un beso en la frente estrechándola y con evidente molestia se separaba de ella.
Apenas salía de la habitación el Duque de Saint Andrew, escurridiza ingresaba Megan con ella para esconderse de nuevo en la habitación de la joven. - ¡Oh! que bueno que la encuentro lista para la merienda. - Me alegro haya venido, me dijo que hoy dormiría aquí en mis aposentos y… estoy muy avergonzada, no sé qué hacer. - No necesita hacer nada, el hará todo, solo recuerde que es el único hombre que estará con usted, por eso debe hacer todo lo que le muestre. - Hablamos de muchos hijos. - ¡hijos! - Si, dijo que hoy mismo comenzaríamos por tenerlos. Megan sonrió abrazando a la joven que estaba asustada por todo lo que sentía cuando estuvo tocando su rostro y metiendo sus manos bajo sus faldas para tocarle las piernas, le daba pena por lo que no comentaba nada, pero Megan, sacaba vestuarios de sus ropas y comentaba - Este atuendo será indicado para esta noche, mi Lady. - ¿solo eso? - Si, pero ahora vamos a ponerle un atuendo para tomar el té, al parecer llego un mensajero, su padre se tendrá que ir, me he estado escondiendo todo el tiempo para no estar con él, temo que me quiera llevar a Londres. - Le he pedido a mi esposo que usted vaya conmigo, porque me enseña a hablar gaélico. - ¿gaélico? pero si usted lo estudiaba desde antes en su hogar. Lo habla muy bien. - Pero mi Lord no lo sabía, por lo que le he pedido que se vaya conmigo. Megan se emocionaba agradecía poder irse con ella.
En Londres, la Duquesa de Fife recibía al sanador, quien le decía que requería estar en su consultorio a solas sin que nadie la acompañara, pues los tratamientos eran poco ortodoxos y podían causar rumores. A lo que la Duquesa le aseguraba que nadie entraría a sus habitaciones y ella no se quejaría si había dolor con tal de que no tuviera que salir hasta esos lugares lejanos donde atendía a sus pacientes. - Muy bien mi lady, traeré todo lo que necesitamos, pero ya se lo dije, el tratamiento puede ser doloroso. - No importa, quiero que mi esposo tenga un hijo mío y si usted sabe cómo puedo dárselo, quiero que me lo diga. - El tratamiento es muy explícito se requiere que la trate dos o tres semanas, que su marido entre a la cama con usted día y noche después. - Mi esposo viene en camino, en cuanto llegue estará conmigo en la cama. - Si, pero también deberá hacerlo durante el día y eso es algo que podía negarse. - ¿durante el día? - Si, usted puede tener su matriz fértil con la luz del sol, no con la luz de la luna.
Continuara...
Gracias leer y comentar cada capítulo deseando continúe siendo de su agrado
Agradeciendo también el respeto que al leer no tomen ni adapten mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
