Fiction

Historias de Albert y Candy

Highlander Obscuro

Por Mayra Exitosa


El Duque de Fife, estaba aturdido sentía que la vida le estaba cobrando sus pecados, todo lo que había hecho a tantas mujeres como podía, ahora a la suya la habían estado tratando como a una moza y ella no lo sabía, atada cual cerdo al matadero, incluso con su boca amortajada, de pronto con toda frialdad no hacía ruido, estaba cansado, sudoroso por el largo viaje y deseaba haberse dado una friega en la ducha, pero su cabeza estaba enfriándose del calor del momento, al tener a su mujer a solas expuesta, se daba cuenta que no se encontraban con ella sus doncellas, en su mente volvía a ver al sanador moviéndose jadeante con la saliva en el hocico, molesto por lo que ese hombre había estado yaciendo con su mujer durante dos semanas según le habían informado el mayordomo en la entrada, lo seguro era que quedaba embarazada de ese maldito y sus porciones, ahora su hijo sería de ese tipo con su mujer, de pronto se bajaba los pantalones, se estimulaba enfadado y sin hacer ruido de manera brutal ingresaba en su mujer en forma de venganza, por permitir que otro hombre yaciera con ella de forma tan voluntaria y premeditada, luego de darle duro y sin poder gritar, continuaba por más tiempo conservándola atada de esa manera, soltaba fuera de ella sus semillas, se cerraba los pantalones y se acomodaba sus cabellos, la tapaba con la misma cobija con la que el sanador lo hacía, para en silencio volver a ver el cuerpo del sanador, y girarle el cuello de nuevo para asegurarse que no estuviera con vida, luego llamaba a los ayudantes para mandarlos a que sacaran a ese hombre que le había encontrado tirado al entrar a la habitación de mujer, por lo que pedía que lo llenaran de piedras y lo tiraran al obscurecer en el canal de los deshechos.

La Duquesa estaba entumecida, habían pasado demasiado tiempo sin desatarla, por lo que el hombre ya no lo escuchaba ni hacía nada, su marido volvía a entrar, levantaba a tela y untaba todo lo que encontraba del sanador, estaba enfurecido porque su mujer debía estar embarazada de ese hombre si la había fornicado mientras él no había estado ahí presente, por lo que se puso a oler todas las infusiones y una a una deseaba someterlas en donde estuvo el tipo ese, más se contuvo pues su mujer era su Duquesa y ese era un bastardo que ya estaba muerto, al final meditando en todas las atrocidades que había hecho terminaba por limpiarla y desatarla lentamente, inesperadamente al abrir la puerta del cuarto de aseo se daba cuenta que las doncellas se hallaban esperándola, les decía que pasaran y llevaran a su mujer a darle un baño, el sanador se había ido y ya le había pagado para que no regresara.

Con el rostro marcado por la soga que le había estado atando se hallaba sumamente adolorida y cansada, por lo que se quedaba dormida, su marido se iba a otra habitación pensado que no debía haber dejado que se marchara Megan con el Duque de Saint Andrew y su hija, pudiéndosela haber traído para no estar tomando a su mujer luego de yacer con ese sanador que le vio la cara de ingenua, esta al contarle que ahora debía yacer con ella día y noche, supo que no se había dado cuenta que el sanador era quien le fincaba sus hijos dentro y no él. - Eso no lo decides tu querida, quiero ver si el tratamiento que te dio el sanador te deja preñada o realmente lista para que te preñe. - Es que dijo que debía ser de inmediato y te daré un heredero del Ducado, querido. - No, el ducado ya fue trasladado en la dote de mi hija, a mi edad no creía poder traer más hijos al mundo, con ella estoy más que satisfecho. - Pero perderás el ducado. - ¿por eso trajiste al sanador? ¿para qué no perdiéramos el ducado, querida? - La Baronesa de Cramer y la Duquesa de Hollister me recomendaron que hiciera todo lo posible por darte un heredero, porque después ya no me tocarías si no te daba un hijo varón. - Ya veo. Quiere que la toque todo el tiempo, pues vere que hacemos al respecto, lo importante es que se mejore de esos tratamientos que le hicieron. Mencionó esto ultimo con cierto asco en su rostro, recordando en su mente lo que vio y termino por sacarlo de sus cabales por suerte no traía un sable a la mano si no, le hubiera cortado la cabeza en vez de tronar su cuello de la manera en que lo había hecho.

En la finca luego de estar encerrada con un cachorro por una semana, dos días con su marido que no la dejaba levantarse de su lecho y la tenía a todas horas dándole comidas y acompañándose mutuamente, por fin salieron a caminar por los terrenos de los jardines, el cachorro la seguía a ella y eso lo notaba el rubio quien curioso preguntaba - Mi Lady, dígame como es que este cachorrito llego con usted. - La noche de la fiesta, temíamos que fuera una encerrona, lleve a las tres doncellas conmigo, asegurándome que Megan no me dejaría sola por nada y no bailaría con nadie. Solo iba a cumplir por la baronesa de Picadillas que insistía de tal manera que me regalo un atuendo con todo y zapatillas. Al ingresar al salón lo primero que vi fue a Darling escondido bajo una silla y me dio tal ternura porque sus ojos grandes me miraban con tal insistencia, como si deseara que lo ayudara.

- ¿y usted lo ayudo? ¿frente a todos en esa tertulia? - No, le pedí a Megan que me cubriera y metía al cachorro entre mis faldas y salí al jardín para que se fuera y huyera de ese lugar. - ¿la siguió hasta aquí? - No, fue hasta el instante en el que deseaban comprometerme, cuando entramos a los salones de aseo y dos de mis doncellas se quedaron fingiendo cubrirme, mientras salíamos por los balcones Megan y yo hasta mi carruaje, solo que, al correr, él estaba esperándome y lo tome en mis brazos se ajusto en mi cuello y lo traje hasta aquí conmigo, ya después envié al cochero de vuelta a recoger a mis doncellas. - Supongo que por el color blanco le ha puesto cielo en gaélico escoces. - No, porque entonces le hubiera puesto Neul - ¡Nube! ¿entonces porque le puso cielo al cachorro. - Por usted. No es común ver a un cachorro con los ojos azules y a él le brillan intensamente en la obscuridad.

- ¿por mí? - Si, el día que salimos al jardín después de bailar, su mirada era intensa y azul, sus ojos se oscurecían y se intensificaban, igual que los de Darling. - Mi querida esposa, si por asares del destino le dijera que no es un cachorro de perro, sino de otra bestia, ¿usted lo querría por igual? - Si, me he encariñado de él, come carne cruda y bebe agua de los jardines, es limpio y no es el primer animal salvaje que tengo, tuve otro en mi niñez, pero nunca me dejaron quedármelo. - Me obligara a que nos lo llevemos. - yo no osaría obligar a nadie. - pues siendo que es mi elección… hizo una pausa y ella miraba al cachorro que parecía saber que estaban hablando de él. - Puede convencerme en cuanto entremos a nuestra habitación. Ella sonrió radiante y se abrazo de su cintura, el cachorro se les pegó a sus piernas incluso con la cola imitándola a ella, no pudo contenerse y soltaba una carcajada, para luego tomaba la boca de su mujer y después de un beso intenso agregaba. - Dia y noche en nuestro lecho y Darling podrá quedarse en nuestro castillo. - Por supuesto… Albert.

Continuara...


Muy agradecida por sus amables comentarios y que les guste la historia que sigue avanzando a pesar de los retos del mes de Febrero

Gracias también por el respeto al leer no tome ni adapte mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa