Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
El viaje fue tranquilo y diferente al agitado viaje que había realizado el Duque de Saint Andrew, porque antes de llegar a la finca todavía no era informado que ya tenía los títulos a su nombre, su abuelo había enviado un emisario el cual se había cruzado con ellos en su camino a la finca. Ahora el regreso, con su duquesa en un enorme carruaje con vigilancia, otro donde sus doncellas iban y uno más con su ayudante de cámara y sus asistentes, mientras el montaba a caballo eventualmente y entraba al carruaje con su Duquesa, de manera esporádica durante todo el camino, era divertido ver al cachorro en el techo de la calesa de su mujer comportándose como un can fino, cuando sabía bien que en cuanto viera hembras en el territorio no volvería al castillo, al final era un macho por las señales en su frente y pecho, sería un animal muy fuerte, su mujer aseguraba que era su ángel guardián y eso con cierta coincidencia, lo aceptaba, su madre se había ido, y esa bestia estaba precisamente encariñada con la mujer que el había elegido, no podía ni pensar mucho menos confiarle su mas obscuro secreto a su mujer, quizás con el tiempo alguien se lo diría y ella ya no podía rechazar sus atenciones cuando le habían estado gustando tanto desde la primera ocasión que yacía en su lecho, era coqueta, sonriente y muy joven, cada que ingresaba dentro de su carruaje, mostraba simpatía por compartirle sus alimentos en la boca y coquetearle con la seguridad que él la tomaría con esas constantes insinuaciones de abrazarlo y acercarse a su lado para que la cubriera mientras buscaba el momento propicio para cerrar las cortinas del carruaje y darle atenciones aun con el trote de los caballos. - ¿Esta muy agotada, mi Lady? - Más bien muy atendida, mi Laird. Muy atendida. El sonreía satisfecho, ella no se quejaba de dormirse a su lado y al pedirle que no se separaran sus habitaciones había aceptado de muy buen talante.
- Albert, ¿le incomoda mi mascota? - No querida, en lo más mínimo, más temo que se dé sus escapadas y nos abandone en cuanto crezca. - Tal vez, pero verdad que es muy bello y se porta tan gentil, mis padres no me dejaban jugar con los animales, pero muchos necesitan estar cerca por alguna razón, creo que su destino era estar conmigo. - ¿mi destino? - También, pero me refería al de Darling. Tenía mucho tiempo de no tener un animalito cerca, recibí muchas llamadas de atención de mi madre, por solo esconder algunos animales en la casa. - Parece que es un gusto que pueden heredar nuestros hijos. - Si sucede eso, ¿sea gentil, los animales no se acercan a los humanos a menos que uno sea quien les de confianza y seguridad. - ¿lo cree usted, mi Lady? - Completamente. No le mentí cuando le dije que Darling me recordó a usted. - ¿Por eso lo protegió? - No, por eso el me protegió a mí. Su distracción y su atracción a que lo viera en un lugar que nadie lo había hecho, más su valentía de esperarme, como si supiera que yo iba a salir por el balcón en cualquier momento, lo medite mucho y llegue a la conclusión de que él tiene una razón para estar conmigo. Su llegada me lo confirmó días después, apenas me había enterado de que era su esposa, cuando usted entro por la puerta de mis habitaciones, él estaba atento a su llegada, mientras que cuando ingresaban las doncellas y mi padre, Darling permanecía bajo mi cama. Ahora solo lo ve montar a caballo y no le quita su mirada, como si lo cuidara mientras sigo dentro del carruaje. La mirada clavada a su mujer, hizo jalarla de nuevo a su regazo y en su oído comentaba - Le dije que no usara las enaguas desde la posada anterior hasta el siguiente paraje es un largo tramo mi Lady. - ¡Oh! ¿lo olvide? La sonrisa y su mirada, le hizo meter una de sus manos y ver que le había hecho caso, la acomodo levantando sus faldas y manteniendo su espalda en su pecho con una mano dentro de sus piernas y la otra en su barbilla para que girara y tomara su boca deleitándose de su sabor, al final yaciendo sentados la ensartaba en su eje y ella se levantaba y sentaba con la facilidad de su agarre, hasta que por fin culminaban en el más secreto de sus silencios guardados en sus bocas. - Albert es to es in… apro… piado. - ¿le desagrada mi lady? - Jamás podría decir eso. De inmediato la giraba de frente y ahora con sus piernas en su costado volvía a insertarla y le daba con todo el ímpetu de su ser para darle una segunda, quizás luego una tercera ronda a la inapropiada situación agradable que los mantenía extasiados de placer en un largo, largo camino a su castillo.
En la casona del Clan Cornwell llegaba el aviso del regreso de su Laird a Saint Andrew, donde serían invitados algunos de los clanes para una reunión formal del nuevo Duque de Saint Andrew y Conde de Barbatán, William Albert V, con sus nuevos títulos ante la corona inglesa, tendría mayor poder al ser también jefe de los Clanes escoceses y representante de ellos ante la reina. Su viejo abuelo, aun sin saber que su nieto ya estaba casado, solicitaba las mejores bellezas de los Cornwell para llevarle y que tuviera mujeres que lo ayudaran a relajarse y desfogarse, entre más virtuosas estaba seguro de que se deleitaría con ellas, más eso para los demás hombres no era lo mejor, todos deseaban a las mujeres Cornwell para los miembros del clan, no para dárselas a desvirgar al nieto favorito del jefe del Clan.
- Tranquilo Archivald, según escuche, luego de la muerte de mi tía Margaret, el primo William, ha rechazado a todas las mozas que le llevan, así que deja que el tío lleve a las chicas, iremos también y antes de que las toque, podríamos convencerlas en el camino ¿no lo crees posible, hermano? - Las matarían si dicen que las quieren virtuosas. - William lo que desea es que no le tengan miedo, y eso solo nuestras mujeres nos aceptan con todo y que tengamos sangre de lobo. - ¡Alistar!
La sonrisa socarrona del pelinegro mostraba sus suaves colmillos los que las personas que los comparaban con los lobos acentuaban creyéndolo que marcaba a las mujeres con sus colmillos cuando las poseía. Su hermano menor Archivald, con su mirada clara y sus cabellos rubios cenizos negaba al saber que dijera lo que fuera, su hermano ya tenía en la mira a las doncellas para su deleite, así fuera de forma apartada.
Continuara...
Gracias por continuar leyendo y comentando la historia espero poderla avanzar sin dejar mucho tiempo las demás pendientes
también se agradece por el respeto al leer no tome ni adapte mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
