Fiction

Historias de Albert y Candy

Highlander Obscuro

Por Mayra Exitosa


La llegada al castillo de Saint Andrew fue algo inesperado, esto debido a que se había prolongado su viaje por traer a la Duquesa por más tiempo del que se pensaba, más pocos sabían que a eso iba, ya que él no poseía todavía los títulos nobiliarios en el tiempo en el que salió a su encuentro y que finalizó por ir hasta donde ella se encontraba, ahora la joven dama al estar yaciendo continuamente junto a su esposo durante todo el camino se hallaba ahora completamente dormida, esto aunado a que llegaron por la noche y él la llevó en sus brazos a sus habitaciones asegurando que dormiría con él sin separarse en ninguna oportunidad, supuestamente para que Darling se quedara en el castillo y fuera su mascota, cosa que ella no le negaría pues su cultura era obedecer a su esposo, y no era quisquillosa ni se quejaba de sus atenciones. El cachorro parecía crecer más rápido de lo normal, había aceptado de buena manera al Duque de Saint Andrew en cuanto este llegó y vio entrar en los aposentos de su ama, ahora no salía de donde su mujer estuviera descansando por lo que se decidía que la cuidara y así se quedaría en sus habitaciones, le fue mandado traer un tapete de piel para que tuviera donde echarse y no se escondiera bajo la cama ya que no había espacio suficiente, tomando en cuenta que su mujer y él podían golpearlo continuamente.

Todos los que se hallaban aun despiertos y que formaban parte de la vigilancia del castillo, recibían a su Laird, notando claramente que al ingresar tras el Duque de Saint Andrew iba un lobo pequeño, mientras él llevaba en brazos a su mujer, sin hacer comentarios se asombraban pues era notorio que era un cachorro de lobo sería grande y lo extraño era verlo dentro del castillo, ya bastante eran los rumores constantes como para agregar ahora un lobo verdadero en junto a su Laird. Esa noche no dejo que entrara nadie a los aposentos de ellos y solo el lobo iba tras de él, pidió una habitación para que se instalara a Megan la doncella principal de su mujer y otra para las demás doncellas en otro piso correspondiente junto a los asistentes de cámara del Duque. - ¿Está seguro de que la doncella principal se quede en una de las habitaciones de visitas, mi Laird? - Es una orden de tu duquesa, así que no reniegues. - No lo hago mi señor, es solo que una inglesa tan cerca de sus habitaciones, ¿no le parece inapropiado? - Ella es escocesa, es Megan del Clan Gordon.

Al confirmar eso, el asistente se quedaba de piedra, había toda una guerra entre dos clanes solo por su culpa, los Gordon y los Mackenzie eran de los clanes más fuertes de Escocia y los que por negocios e intercambios siempre visitaban al Duque de Saint Andrew de manera separada, solicitando citas que no los hicieran encontrarse de preferencia.

El rubio solo movió la mano para que no entrara a la habitación ya que ahora su mujer yacía dormida y él tenía planeado desnudarla para que esta pudiera descansar como debía. Ver que el lobo permanecía dentro de los aposentos fue todavía más sorprendente para las personas que cuidaban de las habitaciones principales, y eso que siendo de noche solo una parte del personal los esperaba, por la mañana se organizarían los eventos de la recepción del nuevo Duque de Saint Andrew y Conde de Barbatán junto a su Duquesa y Condesa, ahora Lady por ser esposa del jefe de los clanes actualmente, por lo que muchos no verían a Darling pasear por el castillo durante e día.

Para William, la emoción de tenerla por fin en su castillo no lo dejaba dormir, al parecer eso mismo le pasaba a el cachorro que sus actos hacían como si lo comprendiera, se quedaba junto a él mirando por los balcones sentado justo a su lado, con la mirada fija en el horizonte donde se apreciaba las montañas, el bosque, el lago y todo lo que poseía las propiedades del Ducado. - Veamos Darling si te adaptas a tus nuevas tierras. El lobo parecía entenderlo y cuando el hablaba lo miraba para luego cuando dejaba de hacerlo, volvían a dirigir sus vistas al exterior de igual que él.

Para Megan no le fue desconocido ser identificada por más de tres de los hombres mayores que recibían al Duque y su esposa, solo bajaba en silencio y seguía a su equipaje, el cual fue llevado cerca de las habitaciones de su hija, por lo que el Duque había contemplado la idea de que estuviera con ella para cuidarla como se lo había solicitado, tampoco podía dormir, cerraba los ojos y recordaba a su gran amor, Duncan Mackenzie, el padre de su preciosa hija, luego miraba por el ventanal de sus aposentos hacia el cielo como si le asegurara que ya se encontraba en casa su única descendiente también se hallaba por fin en sus tierras, por lo que había vuelto a donde todo inició, quizás pronto sería vista por su padre y si la perdonaba cabría la posibilidad de que finalizaría los rencores con los Mackenzie, más tenía que entender que ella no podía irse de Saint Andrew jamás, si ya había perdido a Duncan, no perdería a Candy por nada del mundo, era el ultimo recuerdo de su gran amor, además que podía requerir de su ayuda cuando tuviera a sus hijos para que nadie los lastimara.

Muy lejos por la mañana en Londres el Duque de Fife, veía a su esposa sentada comiendo en el largo comedor, demacrada y angustiada porque él no la había tocado, este la llamaba a que se acercara a su lado y movían sus cubiertos hasta quedar de nuevo en el sitio que le daba cuando deseaba estar junto a ella, habiendo tomado conciencia de que su mujer no se dio cuenta de lo que estaba haciéndole el maldito matasano charlatán, tenía que recordar que verla atada con las piernas abiertas y su dorsal expuesto le había agitado sobremanera por lo que si tenía un hijo a su edad, también sería una compañía agradable, así le comentaba con una tranquilidad sincera,

- Hable con el sanador, no quería lastimarla mi Lady, pero estaré encantado de tomarla en mi lecho de hoy en adelante dormiré cada noche y estaré por el día a su lado si lo requiere con el dosel cerrado. - Gracias mi Lord, solo deseaba complacerlo, no quería que usted se quedara sin ningún hijo. - Para mi su compañía me es suficiente mi Lady, tal vez me faltó decírselo cuando le brindaba mis cuidados, por lo que ya no me separare de usted de ninguna manera, mi hija se encuentra casada y mi yerno me ha dicho que ellos serán quien nos visiten para que no tengamos que trasladarnos hasta sus tierras. Él cree que usted extrañara mucho a nuestra hija. - Por supuesto que la echo de menos mi Lord, ella era quien lo hacía feliz, deseaba que no perdiera a su hija, dándole otro hijo a usted. - Aprecio su esfuerzo mi Lady, por lo que, si usted se encuentra bien, esta tarde podríamos estar a solas en su habitación… conversando animadamente. Ella sonrió al saber que estaba prohibido sostener relaciones maritales durante el día, su platica animada sería estar yaciendo con los cuidados de su marido en sus habitaciones con el mayor de los silencios.

La llegada de los miembros de cada clan invitados al festejo del título, sorprendía al saber que el Duque también haría oficial los esponsales de su Laird ante todos los clanes escoceses, por lo que el abuelo inmediato pedía a sus otros dos nietos que las doncellas fueran elegidas como sus parejas, que por nada supiera su nieto William que las había traído para deleitarlo y quitarle la tristeza, sobre todo porque sería una falta de respeto para su nueva nieta, la cual ignoraba que estuviera presente y ya casada con un tratado por parte de la corona inglesa al momento en que le habían entregado sus títulos. A lo que Alistar y Archivald se lo agradecían ya que ninguno se había comprometido formalmente debido a los malditos rumores que los acechaban al ser descendientes de lobos, por lo que aprovecharían a su primo William, Duque de Saint Andrew para que fuera idea de él casarlos también a ellos y por fin dar descendencia, para que no los siguieran haciendo menos por poseer sangre de lobo. - ¿se lo pedirás Alistar? - Ya mandé a mi ayudante de cámara para que nos otorgue la bendición tanto a ti como a mí, ya sabes que el abuelo acepta con tal de quedar bien con él, por algo es su favorito.

Candy por su parte, era vestida hermosamente para ser presentada como la esposa del jefe de los Clanes, además de recibir una bendición de un clérigo mandado traer por su marido, recibiría las buenaventuras de cada jefe de cada clan escoces que se unía a la ceremonia natural de los escoceses al elegir su Laird esposa ante ellos. Ella con sonrisas acariciaba a su preciosa mascota y conversaba con él, - Darling, cada día estas más alto, te parecerás a tu papito, así que pórtate bien, mira portaras un tartán de Saint Andrew en el pecho, te veras educado. Megan miraba orgullosa a su hija, el tartán de Saint Andrew resaltaba el precioso color de sus ojos y el parecido a Duncan que ella poseía, por lo que las lagrimas no se hacían esperar. Candy la abrazaba mimosa porque sabía lo que pasaba por su mente y no podía decirlo a los cuatro vientos sin perjudicar su posición ante la corona inglesa.

Continuara...


Gracias por leer y comentar esta historia, sin dejar mucho tiempo las demás sin concluir

también se agradece el respeto que al leer no tome ni adapte mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa