Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
Los carruajes de los jefes de cada Clan escoces viajaban aprovechando su visita para víveres, negocios y lograr presentar a sus hijas e hijos con otros clanes para unirlos y respaldarse unos a otros como ya lo venían haciendo por petición del Laird William Duque de Saint Andrew, la reunión era formal en su castillo, Candy estaba enternecida por las joyas que el abuelo de su marido le había hecho llegar, incluso su padre el Duque de Fife también había anexado a su dote las joyas de su Ducado que le correspondían solo por haber aceptado el matrimonio y eso era mucho decir que la familia le daba su bendición con altos honores. La tiara de la abuela de su Laird era muy bella, en la carta del abuelo aseguraba que ahora ella era la única mujer de la familia, por lo que deseaba una gran decendencia de su parte, así oraría a Dios por ello. La llegada del Clan Gordon y el Mackenzie coincidía con la de los Cornwall quienes parecían los que mediaban entre ambos clanes para que no se violentaran, su cita al castillo de Saint Andrew siempre era separada por semanas, hoy era inevitable que se vieran ambos clanes, tres hijos del Clan Gordon respaldaban al jefe, mientras que mujeres e hijos jóvenes eran los que el Clan Mackenzie llevaba, siendo que ya no se encontraba junto a ellos, Duncan su descendiente más amado, pero si los familiares del jefe del Clan que al no tener heredero preparaba a quien pudiera seguir con su legado. Megan quien ya había bajado dejando a Candy con su esposo, vio a sus hermanos y a su padre, a lo que estos la reconocieron de inmediato y la nombraron para que girara a verlos, haciendo que los Mackenzie padre y madre de Duncan giraran también a verla - ¡Megan! - ¡Papá! - ¡Hija mía!
En la habitación principal, William sonreía por ver al Darling portando la tela del kilt de Saint Andrew aseguraba su mujer que era como un hijo de ella por lo que no se le despegaba de su lado y dudaba que la dejara aun estando en la presentación oficial así que lo mejor sería que fuera bien presentable, además que Darling ya no era solo color blanco, sino que portaba algunos tonos en gris y pardo suave en su pelaje, asegurando que el blanco no sería su color final. - Entonces ya no se llamará Darling, - es de cariño, mira como nos quiere a ambos. - Es que eres muy linda con él, como no va a quererte, ahora resulta que le aseguraste que soy su papito. - te respeta, conmigo es con quien juega. El pequeño ya le llegaba a la cadera de la joven y comía mucho igual que dormía. William sabía que pronto buscaría a los suyos, más le agradaba tener un pretexto para tener a su mujer en la habitación la mayor parte del tiempo, se sentía seguro al saberla con él cuidándola. - es hora de bajar, ya deben estarnos esperando. - Los ingleses somos puntuales. - Los escoceses lo somos más, llegamos antes.
La pareja bajaba y Darling los seguía con seriedad, notando que había demasiadas personas y los olores muy variados, así lentamente se acercaba más a su mamá, al finalizar de bajar las escaleras, Darling salía detrás de la pareja asustando a los Cornwall, quienes hacían esto y todos lo notaban, al ser el primero el menor de los nietos comentando asombrado, - ¡Un lobo!
Por lo que se iba hacia atrás Archivald y la doncella que lo acompañaba, lo mismo hacía Alistar y su abuelo, dejando a todos incrédulos, pues ellos acababan de delatarse frente a todos que no eran sangre de lobo como aseguraban los rumores, al contrario, le temían a un cachorro de lobo. Darling los miraba sin dejar de caminar al costado de Candy quien ahora se detenía hasta llegar al frente junto a su esposo y todos podían ver su mirada alzada, ya no iba viendo al piso, levantando su vestido. Al hacerlo los Mackenzie notaban el parecido a ellos y se acercaban más al frente, llamándoles la atención el color de sus ojos y el rizado de sus cabellos - ¿Quién es ella? Preguntó asombrado el jefe del Clan y su esposa. A lo que Megan en esos instantes acomodaba sus faldas para que pudiera sentarse en la silla principal, mientras la Duquesa la miraba a los ojos sonriéndole le tomaba el brazo para que no se fuera, a su vez no se acercaran a Darling. -¡Nani, quédate aquí! Al decir eso los Gordon la observaban notando que le hablaba con cariño, mientras el Duque de Saint Andrew, William hacía la presentación formal.
-Les presento a mi esposa, la Duquesa de Saint Andrew, Condesa de Barbatán Candice, futura Duquesa de Fife. Los tres títulos retumbaban en el salón, haciendo que todos aplaudieran con vítores, al escuchar todos los nombramientos que la corona inglesa estaba dando a los escoceses. Candy al sonreír hizo que la madre de Duncan llorara y la miraba fijamente, esta la observo desde el estrado mirando como sus lágrimas las sentía como suyas y giraba a ver a Megan quien al igual que la dama que las veía limpiaba con un pañuelo sus ojos sutilmente, fue en esos momentos que Candy se dio cuenta de que eran la familia del hombre que había amado Megan. Ver al jefe del Clan Mackenzie tomar el brazo de su esposa, lo confirmaba.
Los regalos de cada clan iban siendo presentados, los Gordon pasaban primero solicitando al Duque que dejara ir con ellos a Megan, a lo que este se negaba sonriente y agregaba, - Le di mi palabra de que ella estaría junto a mi Duquesa todo el tiempo que deseara, por lo que no puedo hacer nada para que la separe de quien ha estado con mi esposa desde que nació. Al decir esto, los Mackenzie que escuchaban sin decir nada miraban con intensidad a Megan, esta no pudo soportar la sensación y bajaba el rostro. Candy al ver que se sentía incomoda, le tomaba la mano ajustándola y confirmando, - ¿No te irás de mi lado? - No pequeña, jamás. Los Gordon comprendieron que ella la amaba y giro a ver al jefe del Clan Mackenzie, confirmó. - No solo lo perdiste, también la perdí a ella. El jefe del Clan Mackenzie respondió como jamás se había visto hablar con el hombre que más odiaba, - Creo que no todo está perdido. Este alzó la mirada a la Duquesa, era el primer intercambio de palabras que había entre ambos hombres desde que sus hijos se habían escapado para irse a Londres.
Candy al verlos sonrió y asintió en forma de saludo, estos se lo devolvieron por igual. William no quitaba la vista de todo lo que sucedía y acercándose a Megan lo confirmó. - Ni una palabra del origen de mi esposa a nadie. - ¡Jamás mi Laird!
William ahora lo comprendía, no iba a escaparse de sus labios, pero nadie podía negar el origen de su mujer frente a los Mackenzie, quienes no dejaban de observarla insistentes. Su cabello, sus ojos, la forma de su nariz, y mucho de ella era de su abuela paterna, la esposa del jefe del Clan Mackenzie. Candy le dijo algo a su esposo al oído al estar con la música de fondo y este la miró asombrado. - No debe haber secretos entre nosotros. - Lo veremos más tarde en nuestras habitaciones. - Por supuesto.
Continuara...
Muchas gracias por continuar leyendo y comentando esta historia, deseando poderla concluir lo antes posible.
Además agradecer el respeto que al leer no tome ni adapte mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
