Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
La fiesta termino muy entrada la madrugada, los jefes de los clanes tenían donde hospedarse dentro de Saint Andrew y otros que no lo obtuvieron con tiempo se alojaban en el pueblo, para Candy tener oportunidad de estar por fin a solas con su esposo fue muy tarde por lo que esperarlo despierta le fue imposible, solo se quedo en la habitación sentada en espera a su ingreso y cuando por fin llegaba estaba dormida en el sillón frente a la chimenea, le dio un dolor tan grande haber tardado tanto para atenderla, recordaba haberle dicho que hablarían en sus aposentos y no pudo dejar las conversaciones con los invitados hasta que todos se hubieran marchado a descansar, verla ahí era un reproche que no deseaba, la tomaba en sus brazos y la llevó hasta su cama, para abrazarla y descansar luego de quitarse la prendas. - Disculpe mi Lady, es usted bella, tan paciente y le he quedado muy mal, ya se lo pagaré mañana. Un beso y la cubría para dejarla dormir, sabía que algo había entre Megan y los Mackenzie, ahora que estuvieron juntos por fin pudo darse cuenta lo que era, el parecido de la esposa del jefe del Clan Mackenzie hacia su esposa lo decía todo. Candy podía perder derechos ante la corona inglesa, lo mejor era no tocar ese tema jamás, procurar dejarlo en el olvido y hacer de eso solo una coincidencia.
Por la mañana Megan esperaba poder entrar a ver a su hija, pero fue muy tarde y ella se quedo dormida más de las horas de costumbre, debió terminar muy noche por lo que no ingresaba a sus habitaciones, mientras el Laird atendía las despedidas de todos los invitados por parte de día, disculpando a su esposa a quien la declaraba indispuesta al hallarse agotada y sin desear despertarla.
Lejos de ahí en Londres, por fin se declaraba el estado floreciente de la Duquesa de Fife, ella ilusionada aseguraba a su esposo que por fin le daría un hijo para no extrañar a Candy su hija mayor ahora que ya se había casado, más el Duque sabía que ese bebe, no podía ser suyo, apenas la había tocado con reciente tiempo, no discutía y le festejaba a su esposa el gran logro, guardando ese secreto por todo lo que había hecho.
En Saint Andrew con la llegada de la primavera, el abuelo del Duque había llegado como lo había prometido, esta vez ver a su nieta no le era de extrañar al joven Duque que su abuelo cumpliría su promesa, orgulloso sonriendo confirmaba lo que le había pedido, pues su mujer ya esperaba un hijo suyo sin demora, por lo que ya vistiera Lady Candy como la mujer en cinta donde su estado era claramente visible, por fin tendría un bisnieto y futuro heredero al Ducado, por lo que los excesos de cuidados no solo estaban en la mascota que ahora era de enorme altura y no se separaba de ella como si tuviera el tamaño de un minino. Su Esposo y sus doncellas, incluso Megan se alteraba con facilidad por el primer estornudo de su Lady Candy que casi corría a todos para que no le diera ni el más leve resfrío.
- Traeré a los mejores curanderos y galenos de la región, de nada debes preocuparte hijo, pero dime, esa bestia porque esta dentro del castillo. - No me lo creerías abuelo, es la mascota de mi mujer y su guardia personal, juraba que se iría pronto y el muy ladino sale y regresa apenas huele a mi mujer y parece hechizado tanto como lo estoy de ella. Ambos hombres reían a carcajadas, pues el lobo era una bestia que portaba el escudo de los Cornwell y no el de Saint Andrew, más saber que el animal ya no comía dentro del castillo, pero que por algún motivo regresaba a cuidar a su mujer como si tuviera esa misión. - ¿Y dices que sale y regresa en cuanto ella camina por los jardines? -Así es abuelo, no dudo que ande ya dejando lobos regados por doquier, pero mi mujer duerme tranquila cuando esta Darling con ella.
-¿Darling? ¿Esa bestia se llama así? - Debiste verlo cuando llegó era parecido a un perro, ahora es notorio que no lo es, pero sigue siendo el consentido de mi mujer, sabe que se va largas distancias, pero regresa y míralo, pareciera que es el que la cuida más que no deja que nadie se le acerque - Tu abuela tenía un mono cuando nos casamos, luego murió y me hizo un escandalo porque nunca se lo volví a conseguir. El clima no era el apropiado, en cambio este animal con los terrenos tan grandes de Saint Andrew, el pelaje que tiene debe ir sencillamente hasta las montañas nevadas. Al decir esto William se quedaba serio, pues allá había muerto su padre y sus hombres, al girar y notar la tristeza en su nieto este corrigió inmediato, - Lo siento hijo, son ideas mías, al menos tu esposa es feliz y con que no venga una manada a visitarla daremos gracias.
Los besos en las manos y el cariño que Candy mostraba por el abuelo hicieron que se quedara una temporada, asegurando que todos los bienes de su nieto debían ser cuidados y Londres tenía muchos de esos bienes por lo que ellos podían ir también a la villa Barbatán que fuera de su Condesa y el legado que les heredaba. La llegada de un mensajero alertaba a los Duques y veían que la carta era para la Duquesa Candy de su padre, pues su madre la aun Duquesa de Fife había tenido una hija a la que pusieron por nombre Beatriz, por complicaciones de su edad había fallecido luego del alumbramiento, ahora no sabía atender a la bebita, por lo que deseaba dejársela a su hija.
Su esposo, el abuelo y Megan que se hallaba cerca escuchando no respondían a nada, solo esperaron a que ella hiciera algún comentario. - Mi Cielo, lo mejor será que en cuanto tenga a nuestro bebe vayamos a ver a mi padre, de no ser posible, podrías enviar el personal adecuado para recoger a mi hermana a que vengan hasta acá y poder ayudar con su crianza. Me falta todavía tiempo para que mi bebe nazca y pueda viajar. - Lo se cariño, lo mejor es que envíe personal para trasladar a tu familia. Megan bajaba el rostro sin decir nada. Más el abuelo y William se pasaban al estudio pues el viejo temía que la hija fuera igual de débil que su madre y muriera al dar a luz. - No lo creo abuelo, mi mujer es fuerte y hemos cuidado de ella para que no corra ningún riesgo, están aquí los curanderos de mi abuelo Cornwell y la esposa del jefe del Clan Mackenzie ha avisado que le gustaría ser de ayuda para cuando lleguen las fechas de mi Duquesa. - ¿La esposa del jefe del Clan Mackenzie? - Si abuelo, es la partera de todos los Mackenzie y quieren ayudar a mi mujer. - una mujer ayudando a otras eso es mucho mejor. - La doncella de mi mujer, Megan también ayuda en los partos, no se ha despegado de mi mujer, lo que me temo es que el bebe sea como yo. - ¿Cómo tu? - El vientre de mi mujer es muy grande los vestidos le hacen ver menos, pero han dicho que pareciera que ya es tiempo y el vientre aún no se ha marcado, algo de una línea que hay en su cuerpo cuando llega la fecha. – Desconozco de esos menesteres. - Abuelo, tuve que aprender pues muchos curanderos no querían atendernos, mi padre murió por falta de ellos. - Fue una desgracia, sé que no iras nunca tan lejos jamás, como lo hemos hablado no quiero que te expongas, eres mi único heredero y aunque no he sido el mejor hombre, sé que tus padres te dejaron aquí conmigo para que sigas con el legado de Saint Andrew, incluso el de Barbatán, que pude haber dado a los hijos de mis hijas, no quise hacerlo para que seas tu quien se lo repartas a todos los varones de tu estirpe. - ¡abuelo! - No será un solo hijo, quiero que haya muchos y espero que sean hombres como tú. - Para mí no habría ningún problema que fueran niñas como mi mujer, si con ello sería tan feliz solo por ser mía.
Gracias por continuar leyendo y comentando esta historia, esperando continúe siendo de su agrado
Agradecida por el respeto que al leer no tome ni adapte mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
