Fiction
Historias de Albert y Candy
Highlander Obscuro
Por Mayra Exitosa
La fecha llegó, Candy luego de romperse la bolsa de su bebe comenzaba con las contracciones y sufría en el parto, había demasiadas personas en los patios, en el castillo y en todo Saint Andrew, incluso algunos que antes fueron distantes se preocupaban por la llegada del hijo del Duque, la angustia de los caballeros fue tan grande como que el mismo Duque sin poder soportar ingresaba para ver a su mujer quien realizaba su mayor esfuerzo aun en contra de todo protocolo él se hallaba demasiado preocupado por ella, - ¡Querida! No me hagas que me quede lejos de ti, por favor permite que tome tu mano y sepa que estarás bien. Ella solo asentía con una mirada brillante de las lagrimas y el esfuerzo, mientras escuchaba como ya salía su hijo recibido por la esposa del jefe del Clan Mackenzie quien no dejaba de ver lo fuerte que era la joven, luego orgullosa gritaba emocionada - ¡Es un hombre!
Los gritos fueron pasados desde la habitación hasta llegar a todos los lados y sectores manifestándose la alegría de todo el castillo, por lo que fueron celebrados con tremendo jubilo, Candy apenas descansaba más no soltaba la mano enorme de su esposo pidiéndole que no la soltara y este que le solicitaba que saliera para que ellas pudieran atenderla, no lo hacía y se quedaba con cierta preocupación aun notando que su hijo era limpiado por la comadrona, cuando Megan le gritaba a lady Mackenzie, asustada por cómo se había levantado siguiendo con el niño, - ¡Hay otro bebe! No existía ni en los Gordon ni en el clan Mackenzie precedente alguno de gemelos, mellizos o algo similar, por lo que todas se quedaban asombradas pues Lady Mackenzie había extraído la bolsa entera del pequeño que había ayudado a extraer.
La cara de espanto de todos fue generalizada en Saint Andrew asegurando los comentarios pues no era común ver dos bebes en un parto, casi siempre se complicaban las cosas y perdían la vida, ella estaba muy agotada, solo miraba a su marido y este molesto por el nerviosismo que mostraban asustando a su mujer, tomaba la situación al ver escandalizadas a las mujeres. - ¡Déjenme con ella! ¡es mi mujer y también es mi hijo!
La orden retumbaba en la habitación mientras Megan tomaba al primer bebe y lo llevaba a mostrar al abuelo del Duque, guardando con hermeticidad que el mismísimo Duque de Saint Andrew estaba atendiendo a su mujer, ella pujaba mientras le sobaba sus caderas y le hablaba sereno con cariño asegurándole que todo estaría bien, que no se dejara vencer. Ella con nuevos bríos y sintiendo el apoyo de su esposo, agotada como estaba volvía con todas sus fuerzas para ayudar a su hijo a salir, esto la dejaba más que exhausta más no se rendía y luego de unos minutos que se hicieron eternos se escuchaba al siguiente bebe gritar con mayor fuerza que el primero, viendo sus partes masculinas y orgulloso lo dejaba que envolvieran las doncellas, para lavarse y ver que regresaban con su otro hijo luego e mostrarlo al abuelo, - Megan avise a mi abuelo que son dos varones los que nacieron, y que no se retire de la puerta.
La Duquesa aturdida se esperaba a que le cambiaran las prendas y la colocaran en su cama, asegurando que viera sus hijos, ella trataba de sonreír y solo asentía, para ver salir a todos menos a su esposo quien acomodaba a sus pequeños en la misma cuna comentándole a ella que traerían todo el ajuar para el otro pequeño de forma inmediata, - Descansa cariño, cuidaré de ti y de nuestros hijos, has hecho una gran labor y eres la mujer más fuerte y bella que ha dado a luz a dos herederos en un solo parto, esto se había visto en Londres, pero no es muy común aquí en Escocia querida, duerme, nuestro hijos estarán bien y no saldrán de aquí. Megan se sentaba a su lado para cuidarla y cubrirla, mientras la algarabía se sentía en todo el castillo, el Duque salía posterior a cambiarse su camisa ensangrentada, dolorosamente asegurando que su mujer había tenido un parto difícil que nunca se imaginó tener, tomaba una copa de wiski celebrando con su abuelo y los jefes de los clanes que se habían dado cita en cuanto deseaban acompañar el Duque de Saint Andrew, para ellos patriarca de los clanes escoceses.
La llegada de su suegro junto a su hija y una fila de doncellas fue inesperada, pues se tardo más en el traslado, que darse cuenta de que su hija ya se había aliviado dando dos herederos a Saint Andrew le daba más felicidad que tener una segunda hija, a la que pensaba entregar con su hija mayor al no tener la posibilidad de criarla como era debido.
Los días siguientes la insistencia del Duque de Fife por que la doncella Megan fuera quien lo atendiera era denegada por tercera ocasión, él pensaba llevársela y quizás con ello a su hija, para que Megan cuidara de ella, con ese pretexto ingresaba a la habitación donde su hija luego de atender a sus pequeños por fin recibía a su padre. - Me temo que no podrá ser, le prometía a Megan que la devolvería a sus tierras y ella es de uno de los clanes, mi querido padre, me ha ayudado mucho y ahora con mis dos hijos no quisiera presidir de sus atenciones. - Ella fue retirada de la mansión de Fife por orden de mi Duquesa en gloria este, pero hija, no seas caprichosa, Megan siempre me ha atendido. - Papito cuando una da su palabra debe cumplirla. Con ese empeño William que no entraba aun y se esperaba a escuchar la respuesta de su mujer, solo asentía que, el Duque creía que Candy era suya por haber poseído a Megan cuando ya estaba preñada y ahora deseaba recuperarla cuando la joven no lo deseaba, por lo que al estar ahí Lady Mackenzie este daba la orden de que salieran a su clan y se llevaran a Megan con ella por unos meses ya que no podía correr el riesgo de negarle a sus suegro sus peticiones, además que Megan no podía decir nada del nacimiento de Candy por su juramento así la protegería y no estaría en el clan Gordon donde ya no la dejarían regresar.
- Mi Laird ¿Por qué me manda usted al Clan Mackenzie? - Por tu seguridad, el padre de mi esposa te ha visto y ahora que ha enviudado no espero que exija tu devolución, mi esposa le ha dicho que te dio su libertad, así que no quisiera que te fueras con la familia del clan Gordon, donde no te devolverían, en cambio Lady Mackenzie me devolverá a la mujer que cuida de mi mujer en cuanto se lo pida. - Gracias mi Laird, esperare su carta.
Candy vio a su hermanita con cariño y puso una nodriza a la pequeña, como las ayudantes que ella tenía para cuidar de sus hijos. El padre regreso dejando a la pequeña al cuidado de su hija, regresaba molesto por no haber encontrado a Megan aun solicitando a sus asistentes que se la llevaran a escondidas del castillo, luego de semanas se olvido de todo y contrajo matrimonio de nuevo con una joven poco mayor que su hija, de la cual gozaba de tener el titulo de Duquesa ignorando que dicho titulo sería de los nietos del Duque que habían nacido en Saint Andrew por convenio, la joven dama no le daba hijos, siendo este mucho mayor, se daba el gusto de tener una joven esposa, pues el titulo lo tendría mientras viviera.
Candy tomo a la niña y a sus hijos en su educación, luego del sufrimiento que había visto el Duque de Saint Andrew, cuidaba de no embarazar a su mujer con la forma que él conocía al cuidar de ella como el mayor de sus tesoros. El regreso de Megan no fue sencillo, el Clan Mackenzie tuvo a bien presentarla con otros hombres de la familia y aunque Candy no esperaba que esta se quedara allá, simbolizó para los Mackenzie una hija más luego de saber que estuvo con el heredero del clan hasta su partida. La paz entre el Clan Gordon y el Clan Mackenzie se volvió de nuevo a recuperar, y Megan no se regresó con Candy, ni tampoco comentó nada de la relación que había habido entre el Duque de Fife y el engaño del embarazo pues eso fue de días muy mínimos en la agonía de estar sola, perdida por la muerte del hombre que amaba y que hasta ahora tenía la oportunidad de volver a tener un hombre que la apreciara.
William cuido y protegió a su mujer por años, los pequeños ya habían crecido tanto William Alexander como William Arthur recibieron un hermanito nuevo a sus ocho años, la alegría de su madre y la felicidad del padre para cuidar de sus hijos y de la hija que consideraron adoptiva tras el fallecimiento del Duque de Fife cuando sus hijos tenían casi doce años. El mayor de los mellizos se quedo con el Ducado de Saint Andrew, siendo el Ducado de Fife para el segundo y Conde de Barbatán sería para su hijo menor, así la joven hermanita de su mujer se quedaría con el derecho a tener un buen matrimonio negociado por su padre que la vio desde que se quedaron con ella Beatriz Andrew quien fuera casada con el Clan Mackenzie y dando felicidad a sus padres tanto igual que sus tres hermanos quienes hicieron crecer toda la zona de Glasgow, Saint Andrew y Londres con sus legados.
- Mi Duquesa ¿está cansada? - No querido, estoy satisfecha de seguir aquí contigo, siempre me hiciste muy feliz desde que vine a vivir a este castillo. - Al menos nuestros hijos ya no fueron cuidados por Darling. Candy sonreía discreta, él tomaba su mano y la besaba. - Tenemos que reconocer que luego el nacimiento de nuestros hijos ya los rumores de que somos familia de lobos se han extinguido -¿Lo sabías? - Por supuesto querido, traer a Darling al castillo era decirte que no creía en eso, pero te he de decir que cuando hemos salido a cabalgar, aun siento escuchar sus aullidos. En forma de saludo. - Eres muy sensible, más agradezco que no hayas hecho lo que mi abuela… - ¿tu abuela? - Si, la Condesa de Barbatán tenía un mono y mi abuelo nunca se lo recuperó, dijo que si lo hacía no lo dejaba entrar a dormir con mi abuela en cambio yo, temía que, si se iba Darling, no me dejaras regresar a tus habitaciones. - Con lo friolenta que soy, imposible, me gusta mucho dormir en tus brazos. - De haberlo sabido antes, estuve a punto de traer otro lobo para que lo adoptaras. Candy sonreía cubriéndose el rostro con el abanico.
Los Duques de Saint Andrew vieron a su primer bisnieto nacer, fueron muy longevos y queridos por todo Saint Andrew, aun hoy en día hay bordados en el castillo con la figura de los lobos, que un día perteneció a los Cornwall y fue retirada de su escudo para limpiar su honor. El regalo que Duncan Mackenzie dejo a su mujer para su hijo fue un instrumento musical de gaita con los logos del Clan Mackenzie, este es conservado por el segundo mellizo quien lo conserva en su castillo en el Ducado de Fife y que se cotizó por miles de dólares en una subasta más un heredero del Clan Andrew, lo robo y lo guardo como uno de los tesoros e la familia.
FIN
Muchas gracias por haber leído y comentado capítulo a capítulo esta historia inspirada en temas como titulo, así con el diseño de
nuestra compañera Loren Mont para su portada, muchas gracias por todo.
Agradecida por el respeto que al leer no tome ni adapte mis escritos, ni las historias que son de mi autoría.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
