Tokyo Revengers y sus personajes no me pertenecen, son obra de Ken Wakui que cada día nos hace más canon el TakeMikey (alabado sea). Solo escribo por diversión.
Advertencia: esto es NSFW, solo vengo a antojar.
Sin lograr gobernarse a sí mismo y dejándose arrastrar nuevamente por una ansiedad completamente cuestionable, Takemichi volvió a presionar el botón del timbre de aquella casa amplia y vistosa a aquellas horas del día.
Mientras aguardaba impacientemente a que hubiese algún tipo de respuesta desde el interior, el rubio observó primero hacia un lado de la calle, luego hacia el otro; sintiéndose alguna especie de criminal juvenil a punto de ser atrapado en la peor de sus fechorías adolescentes Takemichi se alivió de que, al menos, aquel lugar fuese casi intransitable. Cambió el peso de una pierna a la otra, pasó sus dedos por entre sus cabellos ya un poco desordenados y carraspeó mientras retrocedía un par de pasos lejos de la puerta en un intento fútil por observar algo, lo que fuese, por encima del muro que separaba la calle del patio interno.
¿Por qué rayos estaba tan nervioso e insistente con el timbre sino estaba haciendo nada malo? Y no solo eso, ¡nadie lo iba a ver ingresando allí, su primera preocupación en todo aquel asunto! Takemichi se rascó la cabeza por enésima vez y, mientras por un lado intentaba calmarse pensando que durante un domingo al mediodía nadie podría verlo por allí por lo que se ahorraría las explicaciones innecesarias que seguramente no le saldrían con naturalidad...por el otro, la paranoia atacaba otra vez a su mente en forma implacable, torturándolo sin dejarle un segundo de paz.
¿Habría comprendido bien lo que habían hablado hacía un par de horas, cuando su teléfono móvil había sonado de imprevisto despertándolo en su cama sin saber qué día era y mucho menos qué hora? Luego de un intercambio de palabras que habían durado menos de dos minutos Takemichi juraba recordar bien lo dicho desde el otro lado de la línea con total claridad sin temor a equivocarse.
"Ven a casa pasado el mediodía, estaré solo. Bueno, estaremos solos, Takemitchy."
¿Y si marcaba su número para corroborar que todo estuviese bien? No, si algo hubiese sucedido de seguro...
Un poco más impaciente - todavía más - Takemichi rebuscó su móvil en los bolsillos y, mientras observaba la pantalla del mismo que marcaban más allá de las 13, no pudo evitar sonrojarse al recordar el tono impaciente y ansioso, la respiración incluso un tanto agitada solo con el pensamiento de…
Un ruido dentro de la residencia alertó a Takemichi en la soledad de la acera; recobrando las esperanzas y sabiendo que no había entendido mal, se aproximó de nuevo a las puertas de madera y sonrió como un tonto al oír el ruido de las llaves girando en la cerradura, la puerta abriéndose con brusquedad después.
Como Takemichi había estado con el rostro de frente al día soleado y un tanto caluroso que hacía, sus ojos habían quedado un tanto expuestos a merced de la luz solar durante varios minutos mientras aguardaba y aquello ahora le jugaba una mala pasada; cuando la puerta se abrió y el interior del corredor de entrada se presentó como un pasillo en semi penumbras, a Takemichi le costó horrores enfocar la vista en la persona que sostenía el marco de la puerta mientras lo observaba sin emitir sonido alguno.
Parpadeó varias veces, frunció el ceño y entrecerró los ojos, aproximándose aún con la sonrisa en el rostro.
— ¿Qué te sucede, Takemitchy? ¿Tanto te deslumbro?
La pregunta era tonta y dicha en broma, pero ambos rieron de manera cándida, ingenua, feliz. Poco a poco, la visión de Takemichi se fue aclarando y los cabellos rubios, largos y un tanto desordenados frente a él tomaron la forma que tanto conocía, la sonrisa que tanto le gustaba y tranquilizaba dibujada en el rostro de rasgos delicados; aún sin poder responder siquiera una simple broma, Takemichi estiró la mano hacia delante traspasando el límite de la puerta con el objetivo de tocar, de acariciar, de sentir un poco de aquello que para él era la perfección frente a sus ojos; el dorso de sus dedos rozó sin impedimentos la piel suave, tersa del rostro ajeno y, de un momento a otro, se envalentonó acercándose un poco más y ya sin poder evitarlo, buscó sus labios con ansiedad pero también con mesura, ternura, delicadeza.
— Vamos, entra. Ven conmigo.
Takemichi sintió la sonrisa dibujada en los labios ajenos porque aún seguían rozándose con los suyos mientras murmuraba aquellas palabras, sus ojos chocando contra su mirada con una intensidad y un anhelo que Takemichi a veces se sentía incapaz de corresponder, minúsculo y miserable sin ser merecedor de semejante sentimiento. Aún así, pese a que las inseguridades solían atacarlo en esos momentos como un aluvión agresivo de incertidumbre e indecisiones, no opuso resistencia alguna cuando la mano jaló de su camiseta hacia el interior de la casa, la puerta cerrándose detrás suyo con un ruido seco.
— Estamos solos, ¿verdad?
— No, está Emma, recién se levantó. Y mi abuelo está en la salita de estar.
— ¡¿Qué?! ¿Pero Mikey…!
Mientras recorrían el largo pasillo girando una o dos veces para llegar a lo que Takemichi sabía era la habitación de Mikey - un poco apartada y en posición estratégica al resto de la casa - no pudo evitar que la presión sanguínea se le disparara al cielo y se le cayera luego al piso junto con su alma al oír el tono casual y despreocupado con el que el otro había soltado aquello; por suerte o desgracia, Mikey se detuvo y al voltearse, Takemichi supo al instante que se estaba burlando de él, la sonrisa inaguantable ya dibujándose en su rostro.
— Claro que estamos solos, tonto. El abuelo se fue ayer a no sé dónde, a pescar con unos amigos creo. Y Emma salió hará una hora, Ken-chin la vino a buscar.
— Mikey, no me asustes así de nuevo, por…
— ¿Te preocupaba que alguien nos vea?
Cuando Mikey se colgó de su cuello de nueva cuenta y buscó sus labios con cierta necesidad por un instante, por un momento que duró menos que un suspiro, Takemichi se aseguró a sí mismo que aunque tuviese pánico de que algo así sucediera tampoco le hubiese importado al ver la sonrisa de Mikey, al oír su sonrisa sincera y musical y al sentir sus labios suaves y cariñosos sobre los suyos mientras Takemichi lo abrazaba por la cintura con la intención de no volver a soltarlo.
No quería perderlo bajo ningún punto de vista y entonces...¡¿por qué era tan cobarde para admitir sus propios sentimientos?!
— Llévame.— la voz de Mikey lo distrajo momentáneamente de sus pensamientos.— Ya me cansé de caminar.
— Mikey...tienes el pijama puesto aún.
— Sí, ¿y? Me levanté para abrirte.
Por eso había demorado tanto.
— Por nada.— Suspirando resignado y divertido a la vez, Takemichi alzó a Mikey mientras este seguía abrazado a su cuello, sus piernas ahora enroscadas a su cintura.— V-Vamos a tu cuarto, ¿no?
— ¿Quieres que vayamos al dojo?.— el susurro sobre su oído, el tono sugerente y pervertido de Mikey no dejaron demasiado a la imaginación para Takemichi.
— No, tu cuarto está bien, está perfecto.
— Bien.
Takemichi conocía el camino porque, estaba claro, no era la primera vez no solo que recorría aquellos corredores hacia aquel destino sino que lo hacía con Mikey en brazos; el trayecto fue como mínimo complicado porque, si bien Takemichi no requería demasiada concentración para la tarea, los besos que Mikey depositaba sobre su cuello y las mordidas sutiles en el lóbulo de su oreja no estaban ayudando demasiado a su ya de por sí mala coordinación.
Aún así y pese a los escollos físicos y emocionales, Takemichi logró llegar al cuarto; bajó a Mikey y éste se estiró mientras el rubio admiraba el amplio espacio que conocía bastante bien. Dio un par de pasos para echar un vistazo a un par de revistas sobre motocicletas que Mikey tenía sobre una de sus mesas mientras lanzaba al suelo la mochila liviana que había llevado hasta allí y cuando se inclinó hacia la pequeña mesilla...
... tendría que haberlo sabido en cuanto puso un pie allí. De repente y sin previo aviso, Takemichi se vio empujado hacia un lado y si no hubiese sido porque justo y por simple casualidad la cama de Mikey estaba de ese lado se habría estampado contra el suelo de forma ridícula y estrepitosa..
...solo que obviamente, aquello no había sido una coincidencia, sobre todo cuando el peso de Mikey lo aplastó casi al segundo siguiente sobre el colchón, las sábanas ya revueltas, la cama sin hacer.
— M-Mikey, espera, más despacio...
— Mmh…
Takemichi intentaba hablar interrumpido por besos cortos pero intensos mientras su convicción de ir "despacio" se iba a la mierda en cuanto Mikey había decidido acomodarse a horcajadas sobre sus caderas deshaciéndose con prisa de la parte superior de su pijama, el torso repentinamente al descubierto ante la mirada turbia de Takemichi.
Dios, Mikey sabía lo que quería e iba a obtenerlo...aunque tuviese que arrollar la indecisión de Takemichi por el camino y sin piedad alguna.
Por supuesto, no hubo contemplaciones ni tiempo de adaptación; Mikey se inclinó nuevamente hacia el torso de Takemichi mientras luchaba contra la camiseta de este procurando retirarla con torpeza por sus brazos. Aún así, no conforme con aquello y logrando finalmente dejar a Takemichi en las mismas condiciones en las que él se hallaba, Mikey se puso serio: su pelvis presionó en movimientos circulares contra la erección de Takemichi haciéndolo jadear por el estímulo placentero y repentino.
— ¿Ahora?¿Voy más despacio, Takemitchy?
La pregunta que seguramente había sido hecha con el objetivo de burlarse de él adquirió otro cariz más oscuro cuando la voz de Mikey se agudizó, un suspiro placentero escapando de sus labios cuando, sin esperar respuesta, aceleró el ritmo de sus movimientos mientras Takemichi se desplomaba sobre el colchón, las manos sobre los muslos de Mikey.
Audazmente, Takemichi propulsó su propia pelvis hacia arriba y el efecto fue mayor al esperado; ambos gimieron y en ese instante, Mikey se empujó todavía más hacia abajo, su propia entrepierna friccionándose cada vez con mayor avidez…
...y Takemichi ya estaba en ello, no solo desde ese momento sino desde meses atrás; conocía bien la impaciencia y los arrebatos pasionales de Mikey, por lo que ya aguardaba con cierta ansiedad el momento en el que el otro no pudiese aguantar más y sus manos se dirigieran al dobladillo de su pijama con un solo y claro objetivo, las yemas de sus dedos jugando apenas con el elástico mientras la prenda dejaba de apretar allí donde ya se volvía incómodo.
— Ah...sí, así, Takemitchy...más rápido, por favor…
El aludido no tardó en obedecer a la súplica expresada en gemidos acelerando el ritmo de sus atenciones, sus dedos cerrándose más en torno al miembro de Mikey, el movimiento de ascenso y descenso más rítmico sin que la oscilación de las caderas del otro se hubiese detenido, el calor aumentando demasiado velozmente entre ambos.
Las prisas aumentaron y pese a que para Takemichi de hecho todo iba demasiado rápido producto del fulgor del momento, él mismo ayudó a las manos torpes de Mikey cuando fue el turno de deshacerse del cinturón de sus pantalones, del botón y de la cremallera en un movimiento que terminó logrando que Mikey perdiera la estabilidad sobre Takemichi y, riendo, acabara sobre el revoltijo de sábanas.
Takemichi acompañó la risa de Mikey mientras volteaba hacia un lado, admirándolo desparramado sobre la cama; la algarabía, la emoción del momento parecían haber logrado que Mikey sucumbiera a un ataque de risa provocado por el motivo más tonto, sus cabellos rubios y largos desordenados sobre las sábanas claras, sobre su frente. Sus mejillas sonrojadas y su sonrisa estirada mientras los espasmos de la risa seguían atacándolo al tiempo que sus piernas luchaban y pateaban los pantalones de su pijama, la ropa interior también volando y desapareciendo en el proceso.
— ¿Qué?¿Por qué me miras así?
— Porque eres hermoso, Mikey...¡Quiero decir…!
Acababa de soltar en palabras justamente el pensamiento que rondaba su mente en esos instantes sin siquiera pensar en cómo sonaría; aterrado por su propio acto fallido, Takemichi cubrió su boca con la palma de su mano en un golpe seco sabiendo el momento demasiado tarde, la sonrisa de Mikey flaqueando en sus labios al tiempo que sus ojos se abrían un poco más, la sorpresa reflejada en su semblante, el rubor intensificándose en sus mejillas.
Y es que, ¿cómo no iba a pensar aquello? Mikey estaba completamente desnudo sobre las sábanas despreocupadamente, su risa contagiosa llenando todo el lugar con un sonido tranquilizador, agradable. ¿Cómo Takemichi podía llegar a pensar que aquella no era la visión más perfecta que había tenido en su vida?
— Bueno…¿no vas a venir?
De vuelta, aquella risilla tonta y nerviosa que acompañaba al intento de seducción de Mikey mientras lo atraía con un movimiento sutil de su dedo índice, aún la sonrisa dibujada en sus labios, aquel brillo especial en su mirada que Takemichi muy bien conocía. Su cuerpo se estiró cuan largo era mientras Takemichi luchaba contra su propia ropa, los pantalones enredándose en sus pantorrillas en el apuro, la risa de Mikey ahogándose entre las sábanas al tiempo que Takemichi soltaba un improperio tras otro.
Y aunque hubiese querido evitarlo, Takemichi era atraído irremediablemente hacia Mikey como si una fuerza invisible lo empujase y adosase a él sin que pudiese hacer hacer nada para evitarlo, su cuerpo encajando y acomodándose tan bien sobre el de Mikey, incluso entre sus piernas separadas para él, su piel caliente y su respiración irregular acompasándose a la suya, las manos de Mikey sosteniendo el rostro de Takemichi evitando que éste escapara de su mirada, de los sentimientos y de las debilidades, de las inseguridades y los temores, del amor que allí se reflejaban…
...y quizás por eso mismo Takemichi se sorprendió cuando los ojos de Mikey se entrecerraron levemente, cierta expresión de molestia haciéndole fruncir el ceño.
— ¿Duele?
— Claro que no, sigue.— había capricho pero también ansiedad en su intento de orden. Aún así, Takemichi prosiguió descaradamente introduciendo uno, dos dedos en su interior.— Así, sí...más adentro, Takemitchy…
El contenido y el tono de sus palabras, los suspiros y los resoplidos que Mikey soltaba sin vergüenza alguna apenaban de cierta manera a Takemichi pero al mismo tiempo lo enardecían y alentaban a continuar; pasados unos minutos, Takemichi perdió parte de la concentración que intentaba mantener en el movimiento circular de sus dedos en el interior de Mikey, de no ser demasiado brusco ni de perder el ritmo pausado pero lo suficientemente rápido como para que…¡por favor, cómo, por todos los cielos...Takemichi iba a poder concentrarse en algo que no fuesen las expresiones, los sonidos, la agitación en el cuerpo de Mikey en esos momentos! Sus ojos se enfocaron en el rostro ladeado hacia un costado, en las mejillas cada vez más sonrojadas; en los párpados cerrados y en el leve temblequeo de las pestañas cuando sutilmente, Mikey fruncía el ceño suavemente de vez en cuando; en los labios entreabiertos que dejaban escapar una respiración irregular, algún que otro suspiro y que, cada tanto, Mikey mordía suavemente mientras soltaba algún quejido bajo, casi tímido que aturdía a Takemichi casi como si se tratase del grito más fuerte.
Takemichi ni siquiera podía parpadear al verlo por temor a perderse algún detalle, incapaz de saberse responsable de semejante espectáculo.
De imprevisto, Mikey pareció volver en sí, su mente enfocándose otra vez en ese instante, en ese lugar; entreabriendo los párpados, su mirada un tanto desenfocada y cargada de anhelo buscó a Takemichi, sus labios buscando los suyos al tiempo que los brazos se colgaban del cuerpo ajeno, atrayéndolo todavía más; una cosa era oír los sonidos placenteros que Mikey soltaba despacio, quedamente...pero otro cantar era escucharlos dentro de su boca, sentir su voz vibrante de deleite solo por y para él era…
— Hazlo de una vez, no me tortures más…lo haces tan bien...
Takemichi sintió el tirón de sus cabellos cuando la mano de Mikey se enterró entre ellos, sus uñas rozando su cuero cabelludo; con ansiedad, Takemichi no lo pensó demasiado en cuanto retiró sus dedos e intentó incorporarse en busca de la mochila olvidada en el suelo. Mikey se lo impidió y, pese a que Takemichi procuró mediante señas explicarle el por qué quería la mochila, la cabeza de Mikey negó suavemente mientras volvía a besarlo, ambos recostándose de nuevo.
— No quiero que uses nada conmigo, Takemitchy.
— Pero, Mikey…
— Vamos, ¿no quieres?.— si bien la pregunta susurrada no parecía contener sentimientos negativos, Takemichi dudó.
— S-Sí, claro que quiero, pero...Mikey…¿estás seguro?
Como respuesta, Mikey se limitó a rodear otra vez la cintura de Takemichi con sus piernas, presionándolo e instándolo a continuar. No era la primera vez que lo hacían y Takemichi recordaba alguna que otra ocasión más temeraria que aquella pero, por alguna razón, la mirada cargada de sentimiento y expectativa de Mikey le impresionó diferente a la que solía conocer; no sin cierto dolor, Takemichi sintió las uñas de Mikey clavándose y rasguñando su espalda desde sus omóplatos hacia su cintura lentamente en cuanto se decidió a penetrarlo, más lento incluso que de costumbre.
— Se siente...diferente.— suspiró Mikey sobre el cuello de Takemichi, las uñas aún clavadas en la piel de su espalda.— Cómo te siento...
— ¿Bien?
— ¿Bien?¿Eh?.— la pregunta pareció descolocar un poco a Mikey y acobardó un tanto a Takemichi.
— S-Si...si se siente bien, Mikey…— Takemichi se animó a hundirse un poco más en el interior estrecho y caliente, ambos gimiendo más fuerte y prolongado.
— ¡Takemitchy, claro que se siente bien! ¡Hazlo más rápido!
Takemichi no supo en ese momento si escandalizarse o reírse por el arrebato de Mikey, la frase - o mejor dicho, el grito - surgiendo en un quejido bastante desvergonzado y exigente. Sabiéndose protegido por la ausencia de habitantes en la casa, la puerta y ventanas cerradas, Takemichi no se preocupó demasiado por el alboroto que estaban armando allí dentro luego de que cumpliera y acelerara el ritmo de sus embestidas, su espalda, hombros y brazos magullados a esas alturas no sólo por las uñas de Mikey sino también por los golpes que le propinaba cada tanto.
— A ver, muévete.
Antes que Takemichi tuviese oportunidad de preguntar qué ocurría se vio a sí mismo empujado bruscamente hacia atrás cayendo de espaldas sobre el colchón; apoyándose sobre los codos, no tuvo mucho tiempo para cuestionarse qué iba a suceder porque Mikey literalmente no perdía un solo segundo: volviendo casi al principio, Mikey se acomodó a horcajadas sobre Takemichi de nuevo, ahora con resultados más...profundos. Increíblemente, no había dudado un momento en penetrarse a sí mismo en un solo movimiento y la cosa no había quedado allí; sin siquiera acostumbrarse a la nueva posición, Mikey apoyó ambas manos en el torso de Takemichi y gracias a ello, lograba impulsarse hacia arriba y abajo a un ritmo que estaba por acabar con Takemichi más rápido de lo que él mismo pensaba.
— ¡A-Así...sí, sí...Takemitchy, eres el mejor!
¡¿Cómo?!
Mientras intentaba que la cama no se desarmara mientras Mikey lo montaba de forma cada vez más salvaje - y que ninguno de los dos terminara en el suelo y frustrado - la mente de Takemichi intentó funcionar en ese momento…¿cómo que el mejor? Realmente...realmente quería tomarlo como un halago, pero…¡si él era el mejor, significaba que había otro punto de comparación!
¡Era el mejor frente a...a otro! ¡¿Quién era?!
— No sabes cuánto...no aguantaba más, necesitaba que...que estuviésemos juntos…
Mikey se afirmaba ahora con las manos apoyadas en los muslos de Takemichi, una fina capa de sudor cubriendo su cuerpo entero, el cabello un tanto húmedo pegándose a sus mejillas, a su frente; las penetraciones se volvieron más rápidas y profundas en cuanto Takemichi encontró el ritmo justo para ambos, envalentonado instintivamente por las palabras cargadas de deseo del otro, la imagen erótica de Mikey frente a sus ojos.
— Mikey, yo...yo también te extrañé…
— ¿Si?
— Claro que sí…
— Dime que me quieres.— La exigencia surgió entre suspiros mientras Takemichi veía ante sus ojos el orgasmo tomando forma en el semblante de Mikey; tomando su erección, lo estimuló al ritmo de sus penetraciones, una de las manos del menor sobre la suya.
— Te amo, me vuelves...me vuelves loco, Mikey…
El labio inferior de Takemichi tembló, no solo por las palabras cargadas de sentimiento y verdad que acababa de soltar sino por la expresión de Mikey, la sonrisa en su rostro; pocos segundos después, su ceño se frunció y mientras mordía su labio inferior, los gemidos más altos y sensuales salieron de su boca cuando el orgasmo lo alcanzó de lleno, su torso estirándose hacia atrás al tiempo que tanto su abdomen como la mano de Takemichi recibían el fruto de su placer.
— Acábame dentro, quiero sentirlo.
La voz ronca y congestionada de Mikey igualmente seguía sonando lo suficientemente atrayente y lasciva para Takemichi por lo que, ya al borde de su propio orgasmo tampoco dudó en cumplir con el deseo del otro.
Llegar a su propio orgasmo detonó la mente de Takemichi a un punto de cansancio que no había notado antes; su cuerpo permaneció laxo, relajado y agotado sobre el colchón mientras regularizaba su respiración. Poco a poco, los minutos pasaron en silencio y Takemichi comenzó a sentir frío, sobre todo cuando Mikey decidió que ya era momento de moverse. No sentir su peso sobre su cuerpo hizo sentir a Takemichi cierta sensación de vacío además del escalofrío propio de abandonar el calor de la piel ajena; Mikey cayó desplomado a su lado mientras pateaba las sábanas sin saber bien qué pretendía porque de verdad, Takemichi ni siquiera podía levantar los párpados…
Las sábanas los cubrieron a ambos de forma suave y a los pocos segundos, Takemichi sintió el calor y el roce de Mikey a un costado de su torso, su respiración suave golpeando su pecho; instintivamente, rodeó sus hombros con un brazo y lo atrajo un poco más sintiendo la risilla sobre la piel haciéndole cosquillas.
— De verdad hacía mucho no lo hacíamos, eh.— la voz de Mikey sonó relajada pero en ese momento y mientras éste repasaba las costillas de Takemichi con la punta de los dedos, sí pudo filtrarse un dejo de reproche.— No te pierde pisada, ¿no?
Ay, no.
Takemichi era, claro estaba, la peor escoria sobre la faz de la tierra y acababa de acordarse de ello. No, bueno...Mikey se lo estaba recordando. Lo que había dicho era cierto y le daba vergüenza admitirlo: hacía meses estaba viéndose a escondidas con Mikey y hacía meses estaba engañando a Hinata con él. ¿Por qué? Porque era un maldito cobarde que no lograba acomodar sus sentimientos, porque los sucesos del futuro se entremezclaban con su propio presente en el pasado y porque la misión de salvarlos a todos se había entrecruzado con sus propios deseos personales y egoístas, anhelos que jamás pensó surgirían.
— Mmh...bueno...algo así. ¿Realmente me has extrañado, Mikey?.— soltó aquello con cierto aire de inseguridad mientras acariciaba los cabellos rubios un tanto desordenados. Temía que una palabra incorrecta dicha en un mal momento desencadenara un ataque de ira, visto y considerando que Mikey era un tanto…
— Oye, claro que sí…¿o acaso piensas que tengo a alguien más para entretenerme mientras tú me esquivas?
Mikey rió mientras Takemichi chasqueaba la lengua, frustrado y apenado por las palabras de Mikey. Para él parecía una broma, pero era bochornoso que Mikey pensara que lo esquivaba…¡estaba protegiendo su propia vida, de hecho…!
De repente, Mikey se incorporó apoyado en sus codos y lo observó, las cejas enarcadas y la expresión un tanto confusa.
— ¿Qué sucede?
— Takemitchy...no estarás pensando que yo estoy saliendo con alguien más, verdad.
— Eh…
Mikey entrecerró los ojos con suspicacia mientras aproximaba el rostro peligrosamente al de Takemichi. Este, acorralado, carraspeó y comenzó a tartamudear, presa del pánico.
— N-No...yo no…
— ¡Mentiroso, te están traicionando los nervios!.— para sorpresa y alivio de Takemichi, Mikey pareció sorprenderse y divertirle su pensamiento más que enojarle.— ¿Qué te hace pensar que hay alguien más?
— B-Bu-Bueno, es que...hace un rato tú…
Takemichi comenzó a sudar otra vez cuando Mikey apoyó parte de su peso sobre él otra vez, su nariz rozando el filo de su mandíbula mientras sus labios dejaban besos cortos sobre la piel de su cuello, ascendiendo. Finalmente, casi lo tuvo a horcajadas de nuevo cuando buscó sus labios en un beso tranquilo, sosegado pero amoroso, sus labios acariciándose con suavidad.
— ¿Hace un rato..?
— Bueno, tú...tú me habías dicho que...que bueno, que yo era el mejor y…
— Ajá…¿y?
— Y...Y...Y que casi siempre hay alguien más para comparar, ¿no?
Takemichi sentía el fuego de la sangre amontonándose en sus mejillas mientras la sonrisa de Mikey se extendía en su rostro. Mientras más lo decía, más ridículo sonaba ahora…
— Bueno, tú lo dijiste, casi siempre. Este no es el caso...no hay nadie más. Yo solo...pensé que…
Ahora era el turno de Mikey de tartamudear y sonrojarse ante la mirada asombrada de Takemichi.
— ¿Qué pensaste?
— Que…¡te ríes y te mato, Takemitchy!
— ¡No me estoy riendo, no lo haré!
— Está bien.— más sonrojado que nunca y enterrando el rostro en el cuello de Takemichi, Mikey susurró contra su piel.— Me pareció que te gustaría escuchar cosas así como las que te dije hoy, es todo.
— Oh.
Takemichi soltó el aire que había estado reteniendo mientras acariciaba los cabellos de Mikey, en silencio.
— ¿De dónde las sacaste?.— Takemichi carraspeó, un poco avergonzado por la pregunta que acababa de formular.
— Ah, estuve leyendo un poco. ¿Te gustó?
— Claro.
— Bien.
Leyendo.
Mikey había estado leyendo quién sabía qué cosas para...bueno, para agradarle un poco más. Takemichi rodeó el torso ajeno con ambos brazos y lo abrazó fuertemente, besando su cabeza. Oyó el suspiro de Mikey contra su piel mientras sus brazos rodeaban su torso por debajo de las sábanas, el sueño rondando la mente de Takemichi.
Aún era temprano, seguro dormirían un ratito y luego podrían…
— Takemitchy.
— ¿Mmh?
— ¿Podemos repetir?
— Claro.
— ¿…Entonces?
El aludido abrió los ojos y observó a Mikey, quien lo observaba con cierta ansiedad e intriga.
— ¡¿Ahora?!
— ¡Y sí! Sino, ¿cuándo?
Efectivamente, Mikey iba a matarlo de una u otra manera. Aún así y seguramente al ver la consternación dibujada en su rostro, Mikey rió y la felicidad le llegó a los ojos.
Takemichi realmente quería proteger esa sonrisa, esa felicidad. Era por eso también que estaba allí...y no se arrepentía de ello.
