"No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta cuánto has cambiado tú."
"Un día más se pone el Sol en Miami Beach, donde en la Mansión Northwest se celebra la fiesta del año para celebrar el aniversario de Preston y Prisicilla Norwets. A esta fiesta nos acompañara los multimillonarios y celebridades más conocidos, pero sobre todo la soltera más codiciada, Pa..."
Odio la prensa del corazón, son como buitres carroñeros esperando que hagas algo mal para despedazarte en vida y yo soy su presa favorita. ¿Qué podía hacer? Soy la hija de unos ricachones que aparecieron hace 6 años, sin pasado y con intenciones de asentarse en Miami, Florida. Es normal que llame la atención pero no tengo tiempo para eso, tengo una fiesta a la que asistir. Baje las escaleras de mármol blanco con la cabeza alta, portando un vestido que la iglesia clasificaría de pecado de color verde agua junto con unos tacones dorados y un peinado suelto.
Afuera en el jardín se encontraba reunida la gente bebiendo y celebrando junto a la piscina, un grupo dirigidos de camareros se encontraban con bandejas de comida y de cócteles por el lugar. Mientras tanto mis padres estaban en la entrada recibiendo a los invitados y sus costoso regalos, ¿qué sería una fiesta si una vajilla de mil dólares?
Me acerque hacia ellos con una amplia sonrisa – falsa, obviamente- y me incline ante ellos para saludarlos, normas de etiquetas que me inculcaron en la academia que asistí durante 2 años.
- Oh… Pacifica es bueno que te unas a nosotros por fin en este maravilloso día para tu madre y yo- decía Preston sin mirarme mientras saludaba a los invitados que llegaban.
- Si bueno, me he tardado un poco en elegir que ponerme. No quería decepcionar a nadie- digo poniendo me al lado de ellos.
- Seguro que te ha costado querida, pero la próxima vez no te tardes. La puntualidad es algo que se valora en nuestra familia, recuerda lo- me reñía Priscila de la misma forma.- Ahora haz nos el favor a tu padre y a mi y vete con tus amigos. No nos decepciones más, Pacifica.-
¡Dios mio! Que rabia.¿Porque no podía ser como los padres normales y preocuparse un poco menos de su reputación normal? Era inútil, nunca cambiaran. No respondí nada más y me fui hacía fuera. Para calmar me, cogí una de las copas de las bandejas de los camareros y seguí las risas estridentes que me conduciría a mi grupo de amigos, compuesto de hijos de cantantes, empresarios y multimillonarios famosos.
- ¡Madre mía! Que buenas estas, si no fuera la fiesta de tus padres, te juro que te llevaría a un sitio más privado a hablar. Ya sabes- exclamaba Richard en cuanto me vio, Richard era el hijo de un empresario amigo de mi padre, con el que hizo amistades desde Gravity Falls y quien nos ayudo en nuestra mudanza a aquí .Mi padre y su padre tienen la pequeña esperanza que acabaremos casándonos juntos en un futuro y compartiendo las riquezas de ambas familia pero no habían contado con un pequeño detalle, Richard es gay. Todo lo que aparenta es solo una fachada al igual que yo, menos mal que gracias a eso somos los mejores amigos del mundo.
- ¡Basta, Richard! Me haces sonrojar- digo de forma coqueta.
- Es verdad, Pacifica. Hoy estas esplendida, ¿De que diseñador es ese vestido que luces?- decía Lumila, una pija de Beverly Hills con la que tuve la ocasión de encontrarme en la academia de modales para señoritas y primogénita de una diseñadora de moda más conocida de New York.
- Lo he diseñado yo con las mejores telas que he mandado a coser con los mejores sastres- digo orgullosa de mi obra de diseño.
- Vaya, no sabía que eras diseñadora. ¿Te has planteado hacer unas practicas este verano para alguien? Creo que podrías aprender algo bajo la mano de una profesional como mi madre, si quieres.-
-No me había replanteado todavía lo que quiero hacer este verano, pero gracias por la oferta. Ya te llamaré si cambio de opinión – respondo con una sonrisa mientras bebo un trago de mi copa y me disculpaba para ir al baño. Richard me sigue por detrás y me alcanza entre la multitud de gente, llevando me a un pasillo aislado de la fiesta.
- Pacifica ¿estas bien?- me pregunta, cogiendo me de las manos. El tema sobre las vacaciones de verano era un asunto delicado para mi, pues él sabe mi historia con Gravity Falls y cuanto echo de menos ese lugar.
- Si, bueno, estoy un poco cansada. Esto de fingir que soy feliz y sonreír a la gente no es algo que me guste hacer- respondo mientras miro hacia un lado.
- Lo se y pienso que deberías decírselo a tus padres, ellos entenderán- dijo cogiendo me de la barbilla para que lo mirase.
- Ellos no entenderán, nunca lo entienden. Ya sabes lo que paso la ultima vez que intente convencerlos, me castigaron por semanas hasta que paso eso y nos mudamos. Ellos nunca me dejarán que sea feliz mientras que viva bajo su techo- le respondo con lagrimas a punto de caer.
Entonces Richard me abraza mientras lloro en su hombro y me acaricia el hombro. Este momento hubiera sido perfecto si la persona que me consolará fuera otra persona pero ahora mismo esta a 4 kilómetro en coche de aquí. Nuestro momento fue interrumpido por Priscila que caminaba apresurada hacia nosotros con una expresión preocupada.
- ¡Pacifica, cariño! Estabas aquí, me alegro de encontrarte. Oh, hola Richard, es un placer verte a ti también. Espero que estés disfrutando de la fiesta pero debo hablar con Pacifica sobre una cosa, si nos disculpa- habla apresurada mientras me cogía del brazo con fuerza y me llevaba hasta la cocina. Yo rápidamente me despedí de Richard y me deje llevar por Priscila. Al llegar a la cocina, Priscila echo al servicio con un movimiento de mano y una vez vacía esta se giro hacia mi.
- ¿Sabes donde esta tu padre?- me pregunto con una sonrisa en su rostro, era normal en ella que no frunciera el ceño mientras te hablaba con una voz seria pues esto te dejaba arrugas y su bótox le había costado muy caro.
- No lo he visto desde esta mañana, pensé que estaría contigo como sois uña y carne. A lo mejor se ha ido a trabajar de nuevo- digo mientras me servía una copa de champan de una de las botellas de la encimera. Priscila tan indignada como es, me pego una chaqueteada en la mejilla sin importar si me dejaría eso una marca después.
- Esto no es broma, se suponía que debíamos dar un discurso pero no lo encuentro. Si sabes donde esta, sería muy considerado de tu parte que me lo dijeras. Después de lo que has hecho esta mañana- decía mientras mirándome fijamente, si las miradas mataran yo no estaría entre nosotros.
-¿Estás bromeando? ¿Porque tendría que saberlo? Tu sabes que no asistiría a esta fiesta si no tuviera otra opción – dije mientras me enfrentaba a ella, mirándola por encima. No debía dejar que supiera que me había echo daño, sino ganaba.
- No estoy para tus niñatadas, si no tienes ni idea de donde esta, no me hagas perder el tiempo. Voy a buscarlo y no espero que estés aquí para escuchar el discurso- dijo dejándome sola en esa cocina. Si eso es lo que desea, eso es lo que le daré. Camine apresurada hacia mi habitación, chocando con el servicio y algunos invitados. Una vez allí me dirigí hacia mi armario y cogí una mochila, dentro eche ropa suficiente que necesitaría y objetos de aseo. Entonces mi puerta se abre por sorpresa y de ella aparece la cabeza de Olga, mi criada personal.
- Señorita Pacifica ¿que estas haciendo?-pregunta entrando apresuradamente cerrando detrás suya y acercándose a mi.
-Olga, por favor no me detengas, esto es algo que debo hacer por mi cuenta- digo mientras echaba más ropa a la mochila. Olga sin decir nada se acerco a mi y me ayudo a empacarla. Al terminar, me acerque a ella y le di una abrazo.
-La echare de menos, Olga. Por favor coge lo que quiera de mi armario, yo no lo necesitare pero se que tu sí. Quedate lo o vendelo. Ya no me importa- dije tras terminar el abrazo sujetándole ambas manos.
-Gracias, espero que tengas suerte en tu viaje querida.-
Y sin más salí de mi habitación y me dirigir hacia la entrada donde me encontré con Richard que estaba esperando al aparca coches.
-¡Richard!- grite y corrí hacia su lado, él se giro a verme sorprendido.
-¿Pacifica? ¿Qué haces fuera? No deberías estar dentro junto con tus padres ¿y esa mochila?- decía mirando me de arriba a abajo confundido.
-Se que es muy repentino pero necesito tu ayuda, necesito que me lleves al aeropuerto enseguida- apresurando detrás mía por si salia mis padres a buscarme.
- Vale entra- me dice mientras entra en el coche de ultima gama y se ponían en marcha conmigo de copiloto. Nos alejamos de allí a toda velocidad, dejando la mansión y mi vida atrás. Una vez llevado unos minutos de viaje, decidí que era tiempo de explicarle mis motivos.
- Seguro que te estas preguntando porque necesito que me lleves al aeropuerto en un día tan importante como este- comienzo a explicar.
- En realidad estaba pensando si tenía posibilidades con el camero moreno de la fiesta pero lo tuyo parece más importante, así que dime nena- responde en broma mi amigo mientras conducía.
- La respuesta es si y necesito que me lleves porque estoy huyendo y necesitaba un coche para escapar- tras mi confesión, mi amigo hace un gesto dramático y me mira sorprendida como aquella vez que le dije de hacerme un tatuaje.
- ¿Por que harías eso criatura? Acaso es ¿por el dinero?¿La fama?¿Estas embarazada? ¿Quién es el padre? No, mejor. ¿Quién será el padrino?- empieza a preguntarme mi amigo alarmado a lo que le interrumpo antes de que se fuera por las nubes.
- No es nada de eso, es por mis padres. Siempre han querido que fuera como ellos y que me juntará con las personas que ellos querían.-
-¿Y qué tiene de malo ser rico y salir con gente importante?-
- Que no es la clase de vida que quiero vivir, quiero ser una persona normal. Tatuarme, salir de fiesta y hacer escándalos que no se transmiten en la prensa rosa. Quiero salir con quien quiera y que mi relación no se convierta en un negocio. Si me entendieras, harías lo mismo- digo seria mirándolo fijamente. Estaba claro en su mirada que lo había entendido mi discurso y con un suspiro me dice:
- Te entiendo, Pacifica. Pero no todos tenemos la suerte que tienes de ser libres de la vida que tienen, al menos yo solo tengo que esperar a que mi padre se jubile y me deje la empresa para que sea legalmente mía y pueda dejar de fingir algo que no soy. Aun así quiero que sepas que sea lo que sea, yo te estaré apoyando y espero que consigas un chico tan fabuloso como yo-
-Gracias, yo también lo espero- respondo apoyando mi mano sobre su hombro en muestra de mi cariño. Tras un largo viaje en carretera llegamos al aeropuerto de internacional de Miami, donde compre mi billete con dinero en metálico y me despedí de mi amigo. Para dificultar que me encontrarán tan rápido, utilice un pasaporte falso de calidad que conseguí hace tiempo por uno de mis contactos durante una fiesta en un yate.
Tras subir en el avión y que hicieran los procedimientos de seguridad, este voló hacia el aeropuerto de internacional de San Francisco, California. En el vuelo, planifique como iba a moverme desde San Francisco a Oregon pues no tenía conmigo un coche o un chófer personal que me llevará. Debería de utilizar el transporte publico, menos mal que aun me faltaba mucho para gastar el dinero que llevaba conmigo. Tenía suficiente para el viaje y para encontrar una habitación para dormir.
En las 6 horas siguientes, me dedique a mirar el paisaje a través de la ventanilla del avión, ha descansar como podía o leer la novela que me había traído conmigo en la mochila.
En cuanto llegue a San Francisco, me dirigí hacia la estación de autobuses más cercana, no sin antes pasar por los baños del aeropuerto para cambiarme de muda y pasar desapercibida entre la gente. Eran las 5 de la tarde, la calle estaba abundada de gente y no encontraba una parada o estación de autobuses cercana. Gracias al destino que me encontré con una amable familia de aspecto no cuestionable que accedieron ha llevarme hasta su siguiente parada. Durante el camino, la familia me contó sobre su tradición de viajar cada verano por los estados en una caravana familiar que llevaba en la familia 2 generaciones y como se divertían haciéndolo cada año. En mi familia no hacíamos cosas de ese tipo, lo más cercano a una tradición era ir de compras a Francia cada temporada para ir a la moda. Al poco tiempo tuvimos que separar nuestros caminos, me despedía cortésmente de la familia que emprendió al momento su viaje.
La gasolinera en la que me encontraba parecía poco frecuentada por el aspecto descuidado, al entrar me dirigí hacia el mostrador donde se encontraba una señora mayor mascando un chicle y limándose las uña sobre el montador. Algo un poco anti-higiénico a mi parecer.
-Perdone, ¿sabes donde puedo encontrar un autobús que vaya hacia Oregon?- pregunte mientras miraba mi alrededor.
- La única parada que va directa a Oregon esta a un kilómetro de aquí, dudo que llegues a tiempo de cogerlo, Barbie- decía la mujer apuntándome con su lima hacia mi.
- ¿Hay una posibilidad de llamar a un taxi que llegue rápido?- vuelvo a preguntar con esperanza.
- Lo dudo, sera mejor que empieces a andar ya o tendrás que buscar un motel donde pasar la noche. Y le aseguro que no es como la Mansión de Malibu de la que saliste- dice amargada la señora. Sin otra cosa que hacer, empece mi camino a pie hacia Oregon. Mi móvil estaba a punto de acabarse la batería y el sol empezaba a ocultarse sobre el horizonte. Mientras caminaba hacia autoestop esperando a que un coche se parase a por mi y que este no fuera un asesino o un secuestrador aunque las dos cosas llegaban a ser lo mismo.
Al rato un Giulia 1600 se aparca enfrente mía esperando, yo acelero el paso y me asomo sobre la ventanilla bajada del copiloto. El conductor tenia cerca de mi edad, llevaba una camisa a cuadros roja una camiseta blanca y una gorra desgastada de leñador marrón. Por culpa de la poco luz que quedaba, no podía apreciar bien sus rasgos pero no tenía pinta de secuestrador. Aunque los secuestradores no parecen secuestradores, tendré el tacón a mano por si intenta sobrepasarse conmigo.
- Hola, ¿a donde se dirige?- pregunto el chico sin mostrar su rostro todavía, tenia un carácter tímido.
- Me dirijo hacia Oregon, si fuera tan amable de llevarme a hasta allí o la parada más cerca. Le pagare si hace falta- digo amablemente.
- No hace falta, yo la llevare sin cobra le nada. Además yo también me dirigía hacia Oregon- menciono el chico abriendo la puerta del copiloto y la empujaba. Yo entre en esta, sin antes dejar la maleta en la parte de atrás junto a las cosas del tipo. Había muchas cajas apiladas sobre el asiento trasero, al parecer se estaba mudando o algo parecido.
- Gracias por recogerme, seguro que no estas acostumbrado a recoger a extraños que vaga por la cuneta- dije intentando establecer una conversación con mi rescatador.
- Bueno no es algo que hago habitualmente pero te he visto caminar sola y no he podido evitar dejarte así con los peligros que hay por la noche- dice mirando hacia la carretera en todo momento.
- ¿Entonces me has recogido por pena? Bueno, no te culpo. Yo también me tendría pena- comento, la noche había caído por fin y en la carretera solo se podía apreciar el camino iluminado por los faros y las siluetas de casas y arboles.
- No es eso, al contrario, yo doy pena. Estoy realizando este viaje solo, porque decidí hacer unas practicas para el currículo, en vez de irme con mi hermana a la casa de mis abuelos en Oregon- menciona avergonzado, se notaba el leve sonrojo bajo la poco luz de los faros.
- Ah...entonces te he sentías solo y te he venido bien. Cool, cool,cool- dije mirando lo para luego regresar mi vista hacia donde estaba mi maleta y girarme de nuevo.- ¿Para que son todas esa cajas?¿Te mudas?- pregunto curiosa sin poder evitarlo, estaba integrada.
- ¡Ah, eso! Es que me voy a mudar con mis abuelos, he decidido cambiar de aires. Siempre me ha gustado visitarlos y siempre me he sentido bien con la gente de allí que donde estaba viviendo- dice, su voz se notaba algo cansada, al parecer el tema le ponía nostálgico.- ¿Y tú? ¿Porque viajas sola con una maleta y mochila?-
- Bueno...es complicado- empiezo a decir nerviosa.
- Tenemos mucho tiempo, no te preocupes.-
- A ver como empiezo, eh...Me he escapado de mis controladores padres- digo con duda.
- Vaya ¿ y querían que te casaras con alguien por el estilo o que?- pregunta al aire, yo sin más me quedo callada un rato sin mirarlo- ¿Es enserio? ¿También quieres que te cases con alguien? ¿En que siglo viven?- comenta sorprendido por mi silencio.
- Si bueno, eso no le hubiera salido bien. El tío con quien me querían emparejar es gay y ambos estamos de acuerdo que nuestros padres son una mierda- digo intentando pasar de tema.
- Bueno, una vez que ya nos hemos hablado sobre nuestras vidas y que no eres una asesina en serie, creo que debería presentarme- dice finalmente después de un rato.- Me llamo Mason- se presento, maniobrando con una mano para que se la estrechara.
- Elisabeth- y le dije finamente y le estreche la mano con fuerza. Mason tenía algo que me hacia confiar en él, aunque para mi era un completo desconocido aun.
Estábamos entrando a Oregon, estaba emocionada de encontrarme con los bosques que rodeaba Gravity Fall y con sus rarezas. En mi cabeza tenía dudas sobre que cosas encontraré allí y si me aceptaran después de lo que les hice sufrir cuando era una niña. Solo quedaba esperar a que todo saliera bien y sino, siempre puedo hacer autoestop a las vegas. Seguro que la idea le hubiera gustado a Mabel o Richard, mierda… Se llevarían genial, aunque seguro que Mabel intentaría convencerlo de salir con ella antes de convencerse que no lo puede volver hetero.
El resto del camino estuvimos en silencio, yo decidí quitarme estos pensamientos durmiendo y me recoste sobre el asiento. Ojalá todo saliera bien.
