Los diálogos externos están entre comillas, y los diálogos internos o pensamientos están entre comillas y cursiva.
Los recuerdos del pasado estarán todo en cursiva
La historia se desarrolla después de que la perla intenta cumplir el deseo de Naraku que en este caso fue la destrucción del mundo.
CAPITULO 2
Capítulo 2. Clan Urabe
Sintió su frente apoyarse en su espalda, sus brazos se extendieron alrededor de su cintura suavemente, como si ella fuera la cosa más frágil del mundo, como si estuviera hecha de cristal. "Kagome" su piel se erizo ante su tono profundo. Subió las manos hasta posarlas encima de las suyas más grandes y lo acaricio. Cada día que pasaba él se mostraba más y más cariñoso, más expresivo, casi nunca con palabras, pero si con acciones, a veces podía sentirlo acariciando su rostro mientras dormía o tocando su cabello cuando simplemente caminaban o se sentaban lado a lado. "Inuyasha, pensé que dormías" ella acomodo su cuerpo cuando él se sentó detrás de ella y la jalo entre sus brazos y piernas, encerrándola con casi todo su cuerpo. "¡Keh!, sabes que no puedo dormir, debo protegerlos" se jacto. Su sentido de protección crecía y ahora era más confiado y algo pretencioso, en un sentido lindo.
"Hiciste guardia ayer también, te cansaras y eso no es bueno para tu salud" Le recrimino mientras el simplemente se jactaba de que no necesitaba dormir como los ningens, que él era fuerte y capaz y que podía estar sin dormir más de una semana sin problemas. "Inuyasha, estoy preocupada" confesó, temblando cuando una ráfaga de viento especialmente fría atravesó por la ventana de la pequeña cabaña. Miro hacia una esquina en donde Shippo se acurruco dentro de las pieles de su pequeña cama improvisada.
"Lo sé, puedo sentirlo, pero yo te protegeré, te protegeré toda mi vida" sus palabras eran como lazos fuertes, ella pudo sentirlo atándola a él con fuerza. Las lágrimas salieron de sus ojos ante sus palabras, palabras de compromiso que ella había esperado silenciosamente en su corazón. "Inuyasha yo…" estaba nerviosa por ello y él lo supo, la estrechó aún más fuerte entre sus brazos. "Se que te he defraudado Kagome, te he lastimado, pero… ahora lo sé, créeme que ahora lo sé, te quiero y te necesito en mi vida, siempre, para siempre" el rogo, ella pudo sentir la verdad en su voz desesperada. El temía que cuando todo esto acabara ella saliera huyendo, que después de que la pelea con Naraku terminara ella simplemente decidiera regresar.
Ella dejo de apoyarse en su pecho y se dio media vuelta, lo miro a los ojos y vio sinceridad dentro del ámbar. "¿Porque ahora?" "¿Es porque ella ya no está?" al fin se atrevió a preguntar, era su mayor miedo, pero tenía que afrontarlo, no quería ser una sombra de otra persona.
El tomo sus manos, casi con fuerza "Te lo juro Kagome, es por ti, eres tú, solo tú, eres perfecta" juro con convicción, su corazón se aceleró con sus palabras, el parecía ansioso por que ella le creyera.
"¿Perfecta?" le pregunto y el asintió. "Lo eres, eres cariñosa, noble, valiente, fuerte, inteligente, hermosa… simplemente yo soy un tonto y no te merezco, pero…" ella sonrió ante sus nervios, y simplemente lo beso, él estuvo por un segundo muy quieto, pero luego la sentó sobre sus piernas y la beso con ferocidad. Después del arrebato se separaron y se miraron profundamente, estaba sonrojado y probablemente ella también. "Me quedare" el simplemente abrió los ojos como un tonto y sonrió como un niño "Kagome… Kagome" susurro entre besos.
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"Gracias Kami…" susurro para sí misma mientras miraba cada uno de los rostros entre las sombras, tenían auras sagradas en diferentes grados y sus ojos mostraban miedo y curiosidad por igual. Una mujer de estatura baja fue la primera en sobresalir de entre la penumbra de ramas, tenía un arco tallado hoscamente entre sus manos y vestía un kimono de colores oscuros, gastado y viejo. Sus ojos azules de tonos apagados brillaban con sabiduría y liderazgo, eran bastante rasgados, era una mujer de edad, con un grueso cabello negro y canoso trenzado en un moño alto dejando libre su rostro, en donde pecas de la edad sobresalían en sus mejillas, y una extraña rojez en sus pómulos como alergia estaba salpicado hasta su cuello.
Justo después de ella todas las personas ocultas salieron una a una, armados y a la defensiva, eran seis mujeres y dos hombres, todos adultos, y ninguno llevaba el traje sagrado, solo ropa normal igual de gastada y vieja.
"¿Alucinación?" se cuestionó; se levantó lentamente intentando parecer lo menos amenazadora posible y levanto las manos mostrándolas vacías. "No estoy armada" manifestó.
La tensión se podía sentir con facilidad, como si fuera un animal salvaje pudo sentirlo en su piel, fue algo tan casual como si siempre hubiera tenido tal instinto dentro de sus capacidades; incluso pudo sentir las pulsaciones nerviosas de sus corazones golpear contra su invisible campo de protección como si fueran tambores festivos golpeados con efusividad a su alrededor, antes de que su kekkai protectora cayera como una forma de demostrar que estaba cooperando en su manifestación de no ser una amenaza.
Un viento fugaz corto el ambiente de apreciación de forma violenta y el olor característico del reiki picante emano impregnando el aire a su alrededor, sus fosas nasales se expandieron un segundo ante el aroma humeante, cuando la flecha astillada de madera con una punta hecha de piedra cruzo justo al lado de su mejilla y termino incrustada en el árbol detrás de ella. Una pequeña picazón la insto a tocar su mejilla que sangraba suavemente y el alarido angustioso de la pequeña mujer que parecía en shock después de que disparase la flecha probablemente en un ataque accidental.
"¡Yo no quise…!" La mujer de la esquina más alejada soltó su arco y la miro en estado de pánico mientras los otros sagrados miraban hacia su minúscula herida, como si la pequeña gota de sangre fuera un presagio de muerte. Se limpio la sangre de la mejilla y esta se cerró suavemente causándole comezón. "Fue un accidente, lo comprendo" dijo mirando a la mujer que parecía respirar inquietamente.
"¿Quién eres?" Pregunto la líder que dio un decidido paso adelante, mientras bajaba su arco pero que, aun así, lo apretaba firmemente en espera de cualquier actitud hostil.
"Mi nombre es Kagome" una de las sacerdotisas, la más joven, tal vez entre sus veinte soltó un bufido nada gentil mientras se reía sin reparos. "¿Higurashi?" pregunto con tanta ironía burlesca que se sintió ofendida, y al parecer no era la única puesto que algunos de los sagrados parecían mirar a la joven miko como si estuviera siendo impertinente.
"¿Mi apellido te parece gracioso joven miko?" pregunto dando un paso seguro cruzando el arroyo y deteniéndose cuando las armas se alzaron amenazadoramente en su dirección. Maldijo internamente cuando se dejó llevar por el mal humor provocando miradas afiladas de sus pares a los que se supone que había estado buscando por demasiados años.
"¿Que si me parece gracioso? ¿Es una broma acaso? Por supuesto me parece gracioso que este usando el nombre de aquella vieja miko" la acuso cruzando los brazos caprichosamente.
"¿¡Vieja!?" pensó mientras su reiki bailaba en las puntas de sus dedos.
"Maho es suficiente" la mujer líder al fin hablo después de mantener el silencio constante mientras la observaba profundamente. "Mi nombre es Tara y pertenecemos al clan Urabe" se presentó formalmente, entrego su arco al monje de al lado y se acercó aun cuando todos los demás parecían sorprendidos y desconfiados. Cuando la mujer se detuvo frente a ella la miro a los ojos como si hubiera encontrado algo misteriosamente hermoso y terriblemente trágico "¿Realmente eres ella?" "¿Kagome Higurashi la última miko guardiana de la shikon?" "¿Lo eres?" Pregunto con ojos enormes, azules de un tono plomizo rodeado de arrugas resecas.
"¿Qué harás?" una pequeña voz llego a sus oídos mientras veía como la mujer parecía mirarla como si ella fuera una cosa extraña, rara y poderosa. El miedo increíble que sintió por esa mirada fue indescriptible, una mirada llena de peso, llena de pesar y de responsabilidades. "No lo soy, mentí lo siento" las mentiras salieron de sus labios como si fueran seda suave entre las manos de un niño pequeño. La mujer parpadeo varias veces como si estuviera considerando si creerle o no, y después de un largo y tortuoso minuto asintió. "¿Cuál es tu nombre entonces?" pregunto mirando fijamente su rostro en busca del engaño. "Aoi" contesto rápidamente. "¿Cuál es tu apellido?" "No tengo" "¿Edad?" "La suficiente" "¿De dónde vienes?" "No lo recuerdo" "¿Tus padres?" "Muertos" una mentira tras otra seguida de una mirada interrogativa y una mueca de frustración de la mujer. "Bien, fingiré que creo todo lo que dices" "Síguenos, te llevaremos a la aldea, necesitas un cambio de ropa o atraerás a todos los oni del Norte" se dio media vuelta y camino hacia la profundidad del bosque mientras los otros sagrados se reunían a su alrededor cubriendo cualquier salida posible. Se rio internamente mientras seguía a la astuta líder.
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"Shippo me lo conto todo" susurro mientras recogían pequeñas flores amarillas que eran buenas para los dolores estomacales que la anciana Kaede pidió de favor que recogieran. "¿Lo hizo?" se rio suavemente mientras sentía el incómodo rubor cubrir sus mejillas "¿Entonces te quedaras con nosotros?" pregunto deteniendo su mano justo antes de tomar la delgada planta. Ella sonrió y asintió hacia Sango, de pronto lo único que vio fue el cielo cuando en un ataque de emoción su amiga salto sobre ella "Estoy muy feliz Kagome chan" "¡Realmente lo estoy!" las lágrimas de su amiga corrieron hasta su cuello mientras se abrazaron tiernamente. "Sango chan… yo realmente…"
"¡Oye! ¡Oye! ¡Impostora de Kagome Higurashi!" la joven miko impertinente se le acerco en un momento en donde su mente había volado al pasado, su cabeza palpitando ante el recuerdo fresco, y el sentimiento de pérdida agitándose en su interior. "Dime" contesto aun casi ausente de este mundo. "¿Como hizo eso?" preguntó, incluso si parecía en alguna parte de sus veinte, la juventud curiosa e infantil bailaba en sus ojos azules. Se preguntó si tal vez era más joven de lo que aparentaba, miro detenidamente su cabello bien peinado en una trenza suelta mientras era adornado por unas extrañas ramas que tenían algún tipo de flor bastante rara y marchita de color ocre. Sin embargo; el color no hacía nada para resaltar su ya opaco cabello "…No puedo creer que me ignore de una forma tan cruel… usted es realmente una mala…" "¿Perdón, que decías?" preguntó dándose cuenta de que nuevamente su mente se había perdido entre pensamientos.
La joven miko resopló ofendida, pero la curiosidad seguía bastante encendida en sus expresivos ojos. "¡Que como hizo que el agua se purificara! ¿¡Como hizo eso!?" lo grito tan alto que incluso resonó con eco. Miro el puchero caprichoso de la joven y noto que todos los sagrados que, aunque no la observaban directamente estaban muy atentos a su respuesta, incluso Tara la líder, que miro de soslayo por un corto segundo. "Con practica" contesto con una honestidad que no había tenido hasta el momento. La mirada insultada que le envió la mayoría de las personas a su alrededor no le pasó desapercibida, mientras ella misma se cuestionaba si había cometido algún tipo de error con su respuesta. Pensó cuidadosamente acerca de ello antes de hablar nuevamente "¿No pueden purificar el agua?" todos tan ofendidos como al principio dejaron de mirarla mientras la joven Maho escupió un "¡por supuesto que sí!" totalmente odioso "Pero a nosotros nos toma casi media luna y cinco de nuestros mejores sagrados purificar un barril de agua" las palabras de Maho resonaron en su mente dejándola completamente sorprendida "Nunca hemos visto que el agua se purifique con solo tocarla, es por eso que vienes con nosotros, si no fuera así probablemente no te dejaríamos saber la ubicación del clan, seguramente la hermana Tara cree que debes ser útil de alguna forma para…"
"¡Maho suficiente!" le llamo la atención Tara que volteo su rostro y miro fríamente a la más joven.
Como si la joven miko supiera que había hablado de más se alejó de ella y guardo mortal silencio en todo lo que falto del recorrido. Mientras más se adentraban dentro de los bosques el miasma picaba de forma más molesta sobre su piel, le hacía sentir una ligera sensación de comezón que decidió ignorar, pero no pasó desapercibido para sus ojos el hecho de que los sagrados se rascaban constantemente el rostro, los brazos, y toda la piel que estuviera lo suficientemente cerca de sus dedos. Eso explicaba el hecho de que la mayoría de ellos tenía la piel rojiza llena de algún tipo de urticaria, a excepción de Maho quien, aunque se rascaba tenuemente aquí y allá no se veía tan irritada por ello.
"¿Porque el clan Urabe se encuentra tan internado en el bosque?" preguntó al viento esperando cualquier tipo de respuesta que vino posteriormente de un hombre algo joven que marchaba a su lado izquierdo "Los yokai no creen que podamos habitar aquí dentro, así que no se molestan en recorrer estos lugares" explico, la primera sonrisa amable que había recibido desde que recordaba despertar en ese mundo. "Y no se equivocan, no es como si viviéramos tanto" se burló Maho que ignoro las miradas frías de sus compañeros y pateo una piedra de forma caprichosa.
Al ver la tensión ante las últimas palabras solo pudo considerar el hecho de que arriesgarse a vivir con un medio ambiente tan abrasivo como ese había disminuido seriamente la esperanza de vida de las personas, probablemente enfrentando enfermedades nuevas, infecciones, malnutrición y más. Pensar que la humanidad se vería tan arrinconada a la supervivencia extrema la lleno de pena y tristeza al punto en el que se sintió enferma del estómago.
"Por cierto… mi nombre es Yahiko" su sonrisa extrovertida y su voz la golpearon aún más en el estómago, sintió nauseas cuando el rostro del hombre joven se transformó en el de su amigo querido "¿Kagome sama necesita ayuda?" su sonrisa jovial apareció en su rostro y la respiración se le atasco, cayó sobre sus rodillas en un momento de debilidad y las ramas entre sus dedos se comenzaron a ver borrosas "¡Miroku sama!" lo llamo angustiada cerrando los ojos mientras se descompensaba por completo.
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Sus pestañas revolotearon en un intento de abrir los ojos, sentía como si estas estuvieran pegadas con fuerza. Con un malestar terrible logro su objetivo, sus ojos quedaron varados mirando un techo de madera oscura, una pequeña ráfaga de luz se coló por la ventana iluminando parte de su cuerpo y ella se quedó muy quieta escuchando el ligero bullicio de afuera; pasos animados, algún objeto pesado siendo arrastrado en algún lugar, el sonido de la practica con arco, y en la cercanía dos personas practicando con espadas de madera. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y se rio suavemente mientras las dejaba ir libremente. "¿Inuyasha puedes escucharlo? Son personas, personas reales…" suspiro con la emoción brotando en su pecho y se sentó suavemente dejando que la tiesa manta que cubría su cuerpo se deslizara; miro detenidamente el yukata que la cubría, era viejo, de un color blanco gastado y algo áspero, pero estaba limpio. Su piel ya no parecía tener ningún rastro de sangre ni mugre encima, como si hubiera sido pulido de su piel; incluso el mal olor del sudor y esencia de yokai se perdió por completo, ahora solo sentía el olor de alguna hierba extraña, probablemente medicinal.
Se levanto del futón y miro las geta en frente de la puerta, se las puso como pudo e hizo a un lado la esterilla que cubría la salida, el clima era ligeramente frio pero el sol se veía un poco más brillante de lo usual; no obstante solo se podía colar por pocas partes de la aldea porque los enormes arboles robustos casi cubrían todo el asentamiento humano, probablemente para evitar que se pueda ver que estaba habitado desde el aire.
Justo frente a ella se detuvieron dos mujeres jóvenes, la miraron con ojos bien abiertos y casi salieron corriendo de allí. Miro a los lados y vio pequeñas cabañas salpicadas de aquí para allá, apegadas cada una a un fuerte árbol, todas casi del mismo tamaño, pequeñas y angostas, sin puertas, solo esteras cubriendo las áreas de entrada. Camino mirando de un lado a otro, de vez en cuándo prestando atención a las personas que se escabullían, o se quedaban parados observándola. Con su pequeño escrutinio pudo discernir algunas cosas, parecía haber una ausencia de niños pequeños y una minoría notoria de hombres, aunque había la posibilidad de que estuvieran en otra área. Algo que era bastante notable era que parecía una pequeña sociedad matriarcal, lo percibía, el aura de liderazgo era bastante fuerte, podía sentirlo en las miradas de las mujeres que simplemente la veían descaradamente y de los hombres que bajaban los ojos de forma sumisa o simplemente la ignoraban respetuosamente.
"¡Aoi sama!" ella se giró a la defensiva cuando sintió que alguien se le había acercado por atrás, miro al alto hombre al que había confundido con Miroku y detallo su rostro sonriente, meneó la cabeza reprobatoriamente al haber confundido al joven hombre con Miroku cuando no se parecían más que en su carácter llamativo. "Aoi sama no me contesto incluso si le grite tanto" comento mirándola con ese frescor propio de alguien demasiado joven.
"Disculpe" Contesto notando como las personas ahora la veían con más interés, incluso dejando de hacer sus quehaceres normales por mirar su interacción con el hombre. "Llámeme Yahiko por favor" pidió con una ligera inclinación cortes.
"Bien" Contesto asintiendo sin prestar demasiada atención a su galantería, más curiosa por ver a una niña doblar la esquina de una cabaña mientras llevaba un cuenco de agua con el poco equilibrio que se podían permitir sus manos. Delgada y de piel ligeramente reseca, ojos de un lindo azul frio y cabello negro opaco, aparentes doce años o menos. "Ella es Maki la hija menor de Tara sama" la niña sonriente hizo malabares para no derramar ni una gota del cuenco y camino graciosamente sin mirar al frente hasta que llego a quedar a un solo paso de distancia, miro hacia arriba con sus pequeños ojos rasgados iguales a los de su madre y soltó un grito agudo dejando caer el recipiente frente a sus pies, la parte inferior de su yukata se mojó por completo y también sus getas. "¡Perdóneme!" rogo levantando el cuenco ahora vacío con ojos preocupados.
"No te preocupes, solo es agua" la niña la miro con ojos apenados y negó lentamente "era nuestra mejor agua… y de esa solo hay poca…" la niña que ahora tenía la voz quebrada se dio media vuelta y salió corriendo antes de que siquiera pudiera decirle algo. Sintió mucha pena por ella.
"Esa agua era para ti Aoi sama, ella insistió en que se encargaría de asistirte esta mañana" la pena se asentó un poco más en su pecho mientras escuchaba las palabras de Yahiko. "¿Hay algún lugar donde almacenen agua?" miro a los ojos del hombre aun cuando le incomodaba hacerlo. El pareció desconcertado y curioso, pero asintió sin problemas y la invito a seguirlo. Caminaron hacia las afueras de la pequeña aldea, el camino estaba bastante pulido aparentaba haber sido aplanado cuidadosamente, estaba nivelado y sin abolladuras a pesar de que la forma del terreno natural parecía diferente.
Casi medio kilómetro más allá se detuvo en la última cabaña de las inmediaciones, era tal vez el triple de grande que las otras pequeñas casas, pero tenía la misma forma poco agraciada, construido a base de madera oscura, cubierta por completo con esteras en ventanas y puertas. "Aquí es" le indico mientras corría a un lado la esterilla y le daba paso. Ingreso con cuidado, abrió y cerró varias veces los ojos para acostumbrarse a la poca filtración de luz; lo primero que llamo su atención fueron los cuencos, ollas de barro, palas, cucharas y cucharones largos que colgaban de largos ganchos de madera en el techo. El viento que entro por la puerta descubierta hizo sonar los palos de madera que chocaron los unos con los otros, y justo en la esquina enormes turriles de madera estaban cubiertos por tapas del mismo material, ella se aproximó hacia uno de ellos y sin decir una palabra Yahiko comprendió lo que pretendía y él mismo abrió la tapa del barril; allí el agua se movió por el aire de entrada y produjo una pequeña replica de movimiento ondulante.
Tuvo que soportar su propio acto reflejo de cubrirse la nariz inconscientemente al sentir el aroma del agua, el olor era malo; no tanto como el que tenía el arroyo en el que mojo su rostro anteriormente, pero lo suficiente como para producir malestar. Levanto la mano hacia uno de los ganchos de madera y tomo la primera vasija que toco, un pequeño plato hondo con forma de gota hecho de un material resistente pero liviano. Metió la vasija en el agua fría y saco el contenido rebosante. Ante el acercamiento del líquido pudo ver de cerca su color natural, tenía un tono amarillento suave poco agradable. "¿Es esto potable?" las palabras salieron sin pensarlo demasiado, en ningún momento considero que podría ser de alguna forma ofensiva, pero cuando no escucho una respuesta miro al hombre y vio que estaba avergonzado mirando el agua que ella aún mantenía en su agarre. Frunció el ceño ante la perdida de sus habilidades sociales, demasiados años simplemente siendo ella sola contra el mundo la habían transformado por completo.
"Yo… eso… es potable, o al menos lo intenta" el rojo de sus mejillas bajo rápidamente a su cuello y cubrió también sus orejas. El realmente parecía avergonzado así que después de un tartamudeo extraño simplemente hablo sin parar "Según los viejos registros, los intentos de potabilizar el agua resultaron en la muerte de más de la mitad de los asentamientos humanos, pero con el tiempo la mitad sobreviviente simplemente se volvió inmune y los hijos de sus hijos, o al menos de la mayoría" rio sin ganas mientras se peinaba el cabello hacia atrás, el sudor comenzando a cubrir su frente "mientras más generaciones pasaban mejor era la calidad del agua que se purificaba, y como ve… hemos llegado a este punto, pero viendo su rostro hace un momento, yo diría que no estamos progresando lo suficientemente rápido" su voz entre apenada y divertida vacilo ante el silencio y movió las manos como un adolescente nervioso, totalmente diferente a su apariencia de mediados de los veinte.
Ella negó con la cabeza a sí misma, respiro hondo y simplemente acumulo un poco de reiki en la punta de su dedo y la paso por el borde del recipiente que aun acunaba en su mano. Un minúsculo brillo azulado chispeo en los bordes y se hundió dentro del recipiente. "Tómalo" le ordeno pasándole el agua, los ojos nerviosos se agrandaron sin comprender mientras por inercia tomaba el recipiente entre sus manos "Bébelo" le insistió y el simplemente asintió aun cuando parecía no comprender su intención. Llevo el agua a sus labios y tomo un pequeño sorbo, al instante su mano comenzó a temblar y un poco del agua se derramo al suelo, él lo tomo con fuerza, como si hubiera sido un sacrilegio dejar que una sola gota se derramase y respiro hondo, su voz temblando y saliendo en exhalaciones difíciles. Ella miro a sus ojos que solo veían el agua tambaleante como un tesoro precioso e inigualable, sus pupilas temblaban y el agua salada de lágrimas se acumulaba en ellas. "Kamisama…" susurro. Aun con sus manos tambaleantes tomo el agua con avidez en sus labios y bebió como si fuera la inmortalidad presentándose galantemente frente a sus ojos.
"Este tipo de agua existía antes de este nuevo mundo" los ojos azules inmersos en el recipiente ahora vacío se alzaron hacia ella, una nueva apreciación inmensurable inundando sus iris mientras absorbía sus palabras. Retrocedió cuando sintió su intención de tocarla. "Perdóneme" se disculpó dándose cuenta de su extraño acto reflejo y logrando salir del trance provocado por la extrema euforia y dicha. "¿Como sabe Aoi sama que a esto sabia el agua en antaño?" una pesada piedra se incrusto en medio de sus pulmones al darse cuenta del error cometido, simplemente guardo silencio ante la mirada curiosa y llena de una terrible adoración que parecía estar enfocada en ella "Aoi sama no debe tener más de veinte años…" ella frunció el ceño "Tengo más de veinte" murmuro entre dientes "además no se realmente si así sabia el agua en esa entonces, pero puedo imaginarlo, la descripción concuerda con lo que me dijeron mis padres, y los padres de ellos" explico inventando una rápida excusa añadiéndose ahora una línea familiar en el Sengoku Jidai que había creado en menos de un minuto.
"¿Aoi sama viene de una línea de sagrados?" sus ojos intrigados cuestionándola "¿De qué aldea? Porque actualmente solo conocemos cuatro aldeas existentes" su sonrisa libre de alguna malicia la invitó a contar su historia, una historia que no existía como tal. "Yo… no vengo de ninguna aldea, mi familia era nómada, yo… éramos una especie de carroñeros" imágenes de una familia de tres buscando entre cadáveres y construcciones derruidas inundaron su mente imaginativa.
Los ojos sorprendidos del hombre la veían como si ella fuera algún tipo de sobreviviente de guerra, cosa que no estaba realmente lejos de la verdad "Eso lo explica" comento viendo su rostro con minucia. "¿Que?" pregunto mirándolo a su vez de forma interrogante.
El hombre se sonrojo nuevamente "Las personas en la aldea tienen una esperanza de vida muy corta, y eso se debe principalmente a que el medio ambiente en el que vivimos es lo suficientemente dañino como para traer muchas consecuencias bastante malas, y entre ellas está el envejecimiento prematuro" eso explicaba muchas cosas, desde las apariencias envejecidas hasta el hecho de que no parecía haber mucha población joven en la pequeña aldea, se preguntó si el joven hombre frente a ella talvez era menor de lo que aparentaba.
"Usted sin duda creció lejos de los bosques profundos… aquí la vida es difícil pero más segura frente a los ataques" ella asintió pensativa intentando discernir la gravedad de la situación; si los asentamientos humanos seguían de la misma forma llegarían al punto de la extinción en cualquier momento. El extraño toque en su mejilla le arrebato de su trance de una forma tan horrible que grito ante la sensación ajena del tacto de alguien más. Su reiki salto hacia adelante con fuerza y el hombre cayó sobre sus rodillas mientras intentaba respirar con dificultad "¡Lo siento mucho!" rogo mirándola con vergüenza.
Ella simplemente se alejó algunos pasos aun temblando por cómo se sintió el toque de piel contra piel "Kagome" la voz de Inuyasha susurro sobre su oído, el tono celoso y lleno de rabia le enchino la piel mientras cerraba los ojos con fuerza para no verlo y se cubría las orejas con las manos para no escucharlo. "¡Kagome me traicionaste!" grito en su oído derecho; sintió su presencia rodeando su aura, asechándola de forma hostil. "Lo siento, no quise…" "¡Lo permitiste! ¡Dejaste que te tocara! ¡Sabias que te ve de forma diferente! ¡Lo sabes y aun así!" sus gritos en ambos oídos la estaban volviendo loca, le dolía la cabeza porque resonaban tan cerca de ella que la lastimaban.
"¡Suficiente! ¡No eres real! ¡Así que desaparece! ¡DESAPARECE!" grito al vacío y la voz se fue tal y como había aparecido, de repente abrió los ojos y se vio a si misma miserable, acurrucada detrás de un barril de agua con las manos cubriendo sus oídos y justo delante de ella, a varios pasos alejado Yahiko que la miraba sorprendido. Ella bajo las manos avergonzada de haber tenido un ataque "Perdón… yo…" "Perdóneme usted a mi Aoi sama, no debí atreverme, es solo que su piel se ve muy suave y aquí es algo difícil de ver… yo… permítame ofrecer mi más sinceras disculpas, nunca volveré a hacer algo tan estúpido" ella asintió, estaba algo resentida por lo que había pasado, pero comprendía su curiosidad "¿Cuantos años tienes Yahiko san?" el hombre se puso algo nervioso "quince" el silencio permaneció por largos segundos, ella simplemente asintió aun consternada por tal revelación, miro seriamente el rostro de un hombre adulto.
"¿Puedes mostrarme la aldea?" Yahiko suspiro aliviado de que el silencio se haya roto y asintió con una sonrisa amable.
Simplemente lo siguió sin escuchar ninguna descripción de esto o aquello, su mente corría con rapidez, lejos, muy lejos de ahí.
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Se sentó tal vez por una hora, el sol estaba cayendo temprano, las personas que al inicio la miraban como un bicho raro terminaron por acostumbrarse a su presencia y en su mayoría la ignoraban mientras se repartían actividades, algunos transportaban vasijas de agua sobre su cabeza, leña, o telas, otros simplemente ataban a su morral yerbas varias de aspecto seco y trajinaban de un lado a otro mientras murmuraban algo acerca del conveniente clima.
"¿Es cierto que puede purificar el agua con un solo toque de su dedo?" la pequeña voz perturbo su observación. Miro hacia atrás, y vio a una niña pequeña, de hecho, la primera niña bastante pequeña que había visto; le faltaban algunos de sus dientes delanteros, y tenía el cabello castaño oscuro, largo y suelto, unos agradables ojos azul marino. "¿Quién te dijo eso?" le pregunto dando unas palmaditas justo a su lado indicándole a la niña que se siente. Estaba sentada justo en el medio de la aldea, en una tarima de tal vez medio metro de alto en donde creía que probablemente se celebraba algunos rituales de la aldea.
La niña sonrió ante la invitación y se sentó rápidamente a su lado "Me lo dijo Maho" recordó rápidamente a la miko altanera que había conocido en el riachuelo y asintió con una sonrisa de reconocimiento a la pequeña. "Maho estaba diciendo que eras una miko oscura y que por eso tenías ese tipo de poder, que hiciste un acuerdo con un youkai de agua y le vendiste tu alma para que te otorgue el poder de transformar el agua en estrellas brillantes, pero que en realidad era solo una visión falsa, que el agua seguía sabiendo tan mal como siempre" la niña parloteo sin cesar mientras le contaba todo lo que parecía haber dicho la joven miko.
Por primera vez desde que llego a la aldea a la que todavía no se acostumbraba, se rio, de pronto la necesidad de reírse de tales inventos la lleno de un extraño regocijo y se rio con tal fuerza que algunas lágrimas se escaparon de sus ojos. La niña no parecía ofendida, más bien se empezó a reír junto a ella. "¿Puedo tocar tu cabello?" La pregunta inocente la volvió a la realidad, asintió aun riéndose y sintió las pequeñas manos acariciar sus hebras como si acariciaran algo muy delicado "¿Es muy bonito y es suave… como puedes tener el cabello así neechan?" pregunto.
Pensó un segundo antes de contestar, nada parecía adecuado. La niña pareció olvidarse de su pregunta cuando otra niña pequeña que llevaba de la mano a un niño aún más pequeño se acercó. "Daisu" la llamo la niña desconocida "Aki quería conocer a la bruja ¿Puede?" casi se ríe de la cara de timidez de la otra niña, además de su segundo apodo en un solo día. "¡No es una bruja Mei!" "Ella es una…" la miro de reojo y cubrió el perfil de sus labios y susurro quedamente hacia su amiga "Es una doncella celestial… toque su cabello y es suave como la piel del onikuma que cazo Yahiko san hace tres lunas" no sabía si la niña estaba al tanto de que podía escucharla, pero intento ignorar sus pequeños cotilleos mientras se reía suavemente.
"¿Podemos tocarlo también?" los pequeños hermanos se acercaron y tocaron su cabello cuando ella asintió; pensando seriamente que debía recortarlo porque ya sobrepasaba el nivel de sus rodillas y ahora que estaba sentada caía un poco al suelo de tierra. "¿Entonces no es una bruja como dijo Maho?" sus ojos azules iguales a los de la niña a su lado llamada Daisu brillaron con curiosidad.
Toco su cabeza suavemente y sintió el cabello delgado pero áspero como la paja. "No sé qué te han dicho Mei, pero yo solo soy una miko" "¡Imposible!" dijeron las dos niñas de forma efusiva causándole una pequeña risa.
El niño más pequeño, de tal vez tres años tosió y se tocó la garganta suavemente. Miro su rostro sudado y al instante noto que su aura se arremolinaba de forma extraña, tenía un color opaco y sus ojos azules eran diferentes de los de las dos niñas, tenían un color egeo algo apagado. Rápidamente toco al niño y sintió su alta temperatura. "¡Tu hermano está enfermo!" "¡Llama a tus padres!" la niña Mei pestañeo sorprendida mirando a su hermano a su lado sin saber que hacer o decir "¡Ahora!" le insistió y la niña sorprendida por el grito salió corriendo.
"¿Que tiene Aki?" pregunto Daisu a su lado que veía preocupada al niño que ahora estaba recostado entre sus brazos.
"No lo sé" contesto viendo el camino por donde Mei había salido a pedir ayuda.
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Miro desde una esquina de la cabaña como la líder Tara trataba al niño recostado sobre un futón en medio de una de las tantas cabañas de la aldea, los padres de los dos niños Mai y Aki miraban preocupados el tratamiento. Justo a su lado Yahiko había hecho acto de presencia y observaba todo. "Aki es su único hijo varón que sobrevivió" murmuro casi tan bajo que apenas pudo escucharlo "Antes de él tuvieron otros tres hijos que murieron antes del año" ella asintió en silencio y miro al niño, su tez se veía cada vez peor, muy pálida, tosía constantemente y sudaba demasiado.
Tara se detuvo, el reiki pálido que intentaba entrar en el niño se detuvo y regreso al cuerpo de la líder. "Lo siento, sus pulmones están demasiado dañados para regenerarlos, además su poder sagrado está luchando contra el mío y no permite el ingreso" la madre del niño comenzó a llorar y prácticamente salió corriendo de la cabaña seguida del padre que se veía igual de angustiado corriendo detrás de su esposa, mientras ella gritaba afuera "¡No otro de mis hijos!"
"Iré por agua para regular la fiebre" comento Tara mientras salía de la cabaña con el rostro neutral seguida por un Yahiko que le susurro una petición de que vigilara al niño. Asintió aun sabiendo que solo Yahiko podría haberle otorgado la confianza de quedarse a solas con un niño de la aldea aun cuando ella era una forastera. Camino hacia el pequeño futón y se sentó a su lado, podía sentir el aura enferma y sucia saliendo de su cuerpo, miro sus propias manos cuestionándose si con su poder sería capaz de ayudar al niño. Sabía que tenía bastante reiki, pero no sabía utilizarlo más que en su propio cuerpo que había demostrado aguantar todo tipo de angustias; sin embargo, intentarlo en alguien más es algo que nunca había considerado, en primer lugar, porque por muchos años creyó que no había más como ella, y segundo porque un simple error y podría hacer que al niño le diera un infarto por la inmersión descuidada de poder sagrado.
El olor del azufre fue lo primero que llego a sus sentidos, instantes después la imagen borrosa de las criaturas del inframundo se materializaron dentro de la cabaña, sus canticos de alegría comenzaron a entonarse al oler la enfermedad en el aire; sus piernas esqueléticas del color del ocre se balancearon de lado en lado, saltando y danzando su extraño baile de regocijo, como si fuera un ritual de bienvenida a la nueva alma. La miraron con sonrisas en sus rostros, pequeños colmillos podridos sobresaliendo de sus bocas, la saludaron con florituras como si fuera su socia en el crimen. "¿Pueden no llevarse a este?" preguntó al que siempre parecía más encariñado con ella que la rodeaba en bailes alegres, y quien respondió con una negación de cabeza divertida.
Miro al niño con pena; daba sus últimas bocanadas de aire, el llanto de su madre afuera de la cabaña crecía mientras era consolada por su esposo. "Ya sea que haga o no haga algo morirás, así que…" toco el centro del pecho del niño y cerró los ojos, su mano se sintió caliente, la energía enferma estaba pegada como chicle en sus pulmones. Imagino que la energía sagrada abandonaba el centro de su corazón y viajaba por su brazo hasta llegar al centro de su palma abierta, la energía blanca y pura, de sanación y paz salía de su cuerpo e ingresaba como una pequeña varilla más delgada que un alambre; el alambre de reiki choco contra un delgado muro de reiki del color de los ojos del niño, la barrera era dura, sintió el sudor en su frente, su reiki delgado y blanco se retiró suavemente y "¡zap!" golpeó, un suave golpe que hizo vibrar la pequeña barrera "¡zap! ¡zap! ¡zap! ¡zap...!" golpeó constantemente hasta que la delgada barrera crujió como vidrio roto y de pronto el brillo celeste se esparció como estrellas dejando el camino libre. Relajo sus músculos y dejo fluir la delgada varilla de reiki hacia el tórax, ingreso a través de la piel y toco la energía enferma, sintió el pequeño corazón acelerarse como un tambor desesperado, arrugo los ojos aun cerrados y respiro hondo, su delgada varilla de reiki era demasiado intrusiva; dejo salir el aire y con un gran esfuerzo transformo la varilla de luz en un delgado y fino hilo, como el hilo de una araña; el corazón comenzó a latir con menor rapidez y ella pudo soltar su hilo de energía sobre el cáncer negruzco, lo atravesó como una aguja, lo ato con fuerza y jalo, el corazón se volvió a agitar pero el aura dañina ya había salido.
Levanto la palma de su mano del pecho del niño y sostuvo por unos segundos una pequeña bola de energía negra que se movía como un remolino tormentoso, la aplasto entre sus dedos y se evaporo en el aire.
El gemido estrangulado la hizo mirar hacia la puerta y vio a la pequeña Mei mirarla con ojos bien abiertos y luego salir corriendo, llamando en voz alta a sus padres.
Se levanto del futón con prisa, aun cuando estaba mareada por el enorme control que tuvo que hacer de su propio reiki y escucho cuando los pasos de muchas personas se acercaban.
Cerro los ojos esperando lo inevitable.
CONTINUARA…
El "Onikuma" al que se refería Daisu es un yokai oso de pelaje suave y oscuro, si buscan "Onikuma yokai" seguramente encontraran una descripción.
El clan Urabe, así como los cuatro clanes de los que hablaba Yahiko en realidad existieron en Japón, eran clanes sacerdotales.
Me ha tomado muchísimo tiempo escribir, investigar y corregir esta capitulo, seria lindo leer sus comentarios. Así que… les invito a hacerlo.
