Este es el primer fic comisionado, wuuuuuu. Y qué mejor que sea un Tuff/Heather. Hice una versión anterior a esta, pero no me convencía del todo, así que después de agarrar aire, tomarme unos días de descanso y pensarlo mejor, terminó resultando en esto. Unsuccedbassit me ha dado permiso para publicarla.
En fin.
Universo: RTTE/Canon divergente.
No es que odie los regalos. En serio. Aunque no estaba acostumbrada a tanto afecto. Es decir, era extraño, nadie nunca le había dado tantos, ni siquiera cuando estaba en la aldea de sus padres adoptivos. Dagur lo había intentado ahora que ambos estaban viviendo en la isla Berserker, sin embargo, desistió después de verla demasiado incomoda.
Pero Tuffnut jamás había captado el mensaje.
Empezaron a salir hace unos tres meses, no había una explicación suficiente para nadie sobre cómo había iniciado. Por parte de Tuffnut no fue tan difícil, siempre le había parecido linda, le atraía lo bien que sabía pelear y todas esas cosas, además, Heather siempre había sido amable con Gallina, y jamás hizo ningún comentario sobre prepararla para la cena. Pero Heather...
Ella cree que pasó cuando él la atrapó antes de caer al mar cuando la derribaron de Cizalladura. La atrapó de una forma bastante cliché, Heather aterrizó en su regazo de golpe, aunque, bueno, la reacción no fue tan cliché como uno esperaría: Tuffnut hizo una mueca de dolor, así como un chillido sonoro.
— ¡Gracias, Tuff!
— ¡Me caíste encima! — chilló con voz aguda, casi llorando de dolor.
O quizá eran sus gestos amables, o en el hecho de que sea el único hombre (Hiccup no cuenta porque... ya saben, está enamorado hasta la medula de Astrid) en toda la Orilla que no le coqueteó, por lo menos cuando le hacía comentarios tiernos a ella no le incomodaban en lo más mínimo, es más, la hacían sonrojar. Era muy extraño, ella no tenía ni idea de cuando había empezado, ni siquiera se dio cuenta de que tenía las mejillas encendidas hasta que Astrid se lo dijo.
— ¿Por qué estás sonrojada?
— ¿Ah?
— Tuffnut acaba de pasar y te sonrojaste cuando te saludó...— Las dos se dieron cuenta al mismo tiempo. Astrid sonrió de forma traviesa, ¡finalmente iba a poder vengarse de todas las veces en las que Heather la había molestado con Hiccup!
— Astrid, no...
— ¡No puede ser! ¡Te gusta...! — Astrid entonces lo relacionó —. Alto, ¿Tuffnut?
Y es que no supo en qué momento se había vuelto tan atractivo, ni en qué momento sus chistes habían pasado de ser extraños y sin gracia a hacerla sonreír. Le enviaba cartas a Astrid o a Fishlegs preguntando por él, aunque de forma cuidadosa, usualmente preguntando por ambos gemelos, a veces enfocándose un poco en Ruffnut, para no levantar sospechas, de forma inútil, porque a al único que lograba engañar era a Fishlegs. Mientras más lo pensaba y trataba de encontrarle forma, más difícil se volvía entenderlo, más extraño era.
Hasta que un día no pudo soportarlo y tuvo que decírselo. No fue tan complicado como se lo esperaba. Y la distancia podía ser un poco inquietante, sin embargo, ambos se escribían todos los días, aunque no hubiera mucho que decir, a veces Tuffnut solo le enviaba una simple nota contándole algún chiste o alguna anécdota sobre Gallina.
Y enviando regalos.
"Hola, Heather.
Hiccup nos hizo ir al Mercado del Norte, es aburrido, pero vi esta daga y pensé en ti. Tiene un dragón y fue una ganga. Te quiero."
Siempre firmaba diciéndole "te quiero". "Hoy Gallina y yo rompimos la espada de Hiccup. Estamos en problemas. Te quiero." "Astrid descubrió que uso su cepillo para cepillar las plumas de Gallina, estoy de cabeza colgado en un poste. Te quiero." "¿En cuánto tiempo se desangra una persona del tamaño de Fishlegs? Te quiero."
El punto queda claro. Sin embargo, como ya dije, Tuffnut tenía una obsesión mal sana de enviarle todo tipo de regalos. No eran siempre regalos convencionales, usualmente, siempre recibía algo al final del día, aunque fuese algo bastante tonto. Heather guardaba todos los regalos en un baúl en específico: un frasco repleto de arena, otro repleto de rocas de diferentes tamaños, una vez le regaló uno repleto cuarzos de colores (no especificó si los compró o los encontró en la Orilla), una extraña figura en forma de flor que él mismo había tejido ("hice lo que pude, ¿me enseñas a tejer? Te quiero."), un bálsamo que olía a bayas y que de hecho no estaba muy segura si era para el cabello o la piel, espejos, cristales, dagas, navajas, algunas cosas que Tuffnut le robaba a Hiccup que este usaba para armar y perfeccionar el Ojo del Dragón 2, ("Heather, estoy seguro que Tuffnut acaba de robar algo de mi escritorio, ¿alguna de las cosas que te dio parece una gota de madera con una punta afilada de metal? Lo necesito."), collares, tanto de cristales, de metales varios o de cuerda hechos por él mismo, brazaletes, túnicas, frascos repletos de plantas disecadas...
Desafortunadamente, no todos los regalos llegaban enteros, algunos llegaban a medias o rotos. La comida, por ejemplo. A veces los Terribles Terrores tenían hambre y terminaban comiéndose los pasteles, galletas, frutas e incluso comida salada; el viaje a veces rompía las botellas o las cosas frágiles. Pero aunque las cosas llegaran incompletas, Heather las guardaba.
Pronto, el baúl se convirtió en dos baúles. Luego tres, cuatro... y luego en una repisa.
Los que más le gustaban eran las flores. Bueno, eran los más simpáticos, porque no solían llegar completas y porque siempre Tuffnut trataba desesperadamente de que todas llegaran. Eso y que, todos los días, durante la cena, llegaba un terrible terror nuevo con un nuevo regalo.
— ¡Uh! ¿Qué es está vez?— preguntó Dagur, observando el nuevo regalo, no le gustaba admitirlo, pero que Heather recibiera tantos regalos por parte de su novio, despertaba su lado hermano celoso sobreprotector. Esta vez el regalo venia envuelto delicadamente en una sábana. Heather abrió el paquete, pensando en que, todo lo que le regalaba Tuffnut era lindo, pero no todo tan útil. Reveló entonces lo que parecía ser una muñeca de trapo. Heather abrió los ojos con sorpresa —. ¿Una muñeca?
Dagur no se veía muy emocionado, a decir verdad, pero Heather no paraba de mirarla, de examinar la delicada muñeca en sus dedos, ¿cómo la había conseguido? Seguro que alguien más debió hacerla, o tal vez…
— Es como la que tenía cuando era niña. — mustió, se levantó de la mesa de la Sala Común de los Berserkers y corrió colina arriba, al establo de Cizalladura.
Sabía que era tarde, que seguro que todos en la Orilla creerían que se trataba de una emergencia, que tal vez lo mejor que podía hacer era simplemente escribirle una carta, sin embargo, no quería hacer nada de eso. Necesitaba ver a Tuffnut ahora.
Por suerte, esta noche era Fishlegs quien estaba haciendo guardia, y aunque se preocupó mucho en un principio, lo entendió rápidamente en cuanto Heather evadió todas las preguntas y le dijo que tenía que ver a Tuffnut.
Fue directo a su cabaña después de eso, tocó a la puerta y fue recibida por…
Ruffnut.
Una soñolienta Ruffnut, que se tallaba los ojos y parpadeaba repetidas veces, a causa del sueño. En un principio ver a Heather no le impresionó para nada, solo alzó las cejas, y luego rodó los ojos, se volvió con algo de fastidio.
— ¡Tuffnut! Tu novia está aquí. — dijo y volvió dentro de su cabaña. Fue cuando Heather se dio cuenta de lo tarde que era. Uh, sí, tal vez debió esperar un poco más.
Tuffnut apareció en la puerta, en un principio creyó que Ruffnut le había jugado una broma, sin embargo, al verla, el rostro se le iluminó todo rastro de incredulidad y sueño abandonó su cara.
— ¡Hola!— la saludó con ánimo, Gallina venía detrás de él —. Heather, ¿qué es lo que estás haciendo aquí? Creí que…
— ¿Dónde la conseguiste?— preguntó Heather, apenas dándole tiempo para terminar la oración. Tuffnut parpadeó confundido.
— ¿Qué cosa?
— La muñeca. —respondió Heather, a veces, solo a veces, era un poco más difícil acostumbrarse a que Tuffnut era un poco… despistado—. La muñeca de trapo que me enviaste hoy, la que te había dicho…
— Sí, es la que dijiste que perdiste en el incendio cuando…
— ¡Ya sé!— Aunque Tuffnut no siempre quería ser tan especifico, a veces lo era demasiado. El incendio en el que había perdido a sus padres, además, no era de lo que quería hablar ahora —. Es exactamente igual a la que perdí, ¿Cómo la encontraste?
Tuffnut se quedó pensativo unos segundos, todavía su mente estaba un poquito dormida, además, no esperaba ese aborde tan abrupto. Un beso como saludo hubiera estado bien antes, pero no importaba, cuando recordó la razón de por qué Heather había venido en primer lugar, volvió a emocionarse.
— Espera, ¿En serio se parece? ¡Vaya! No tienes ni idea de lo mucho que la he estado buscando, fui a todos los mercados que están cerca, incluso hice dibujos, pero fue difícil encontrar una muñeca parecida a esa, así que pensé que sería mejor hacerla yo mismo. Compré una que se parecía un poco y le hice modificaciones… no dormí por dos días y me piqué todos los dedos con las agujas…— Debido a que Heather no dejaba de mirarlo con una mirada que él no supo descifrar. Extraño —. Eh, ¿no te gustó?
Heather miró al suelo, suspiró y puso sus manos sobre sus caderas.
— Me cuesta trabajo creer que tú de verdad… escuchaste todo lo que dije. — respondió Heather, evitando la mirada azul del gemelo —. En serio, ah, no creí que fueras a recrearla…
— Tuffnut se encogió de hombros. — ¿Por qué no?
— Porque… nadie había… bueno, Dagur me escucha, Astrid también pero… pero…— Tomó aire, se encogió de hombros en un intento de relajar su espalda —. No estoy acostumbrada a los regalos, ¿lo sabes, cierto?
— Sí, lo dices todo el tiempo. Tu aldea era demasiado pobre y…
— Lo sé, lo sé. Y después de todo lo que ha pasado, recibir tantos últimamente…
— ¿No te gusta?
— No es que no me guste, es solo que…— Heather se detuvo, porque tenía que mirar la cara de Tuffnut en ese momento. Tuffnut la miraba confundido, como si se estuviera perdiendo de algo en la conversación, cosa rara, porque esto no era de esas aburridas reuniones con los jinetes, en donde no prestaba atención alguna. Se trataba de Heather, a quién le gustaba prestarle atención. Heather, por su parte, sintió que todas sus defensas bajaban con esa mirada —. ¿Por qué? ¿Por qué tantos regalos?
— Me gusta darte regalos.
— Esa no es una buena razón…
— Lo es. Me gusta buscar cosas para ti. Relaciono las cosas con las personas, los mapas con Hiccup, las hachas con Astrid, los libros y las cosas aburridas con Fishlegs, los cascos con Snotlout y el pescado con Ruffnut, el alpiste con Gallina…— explicó el rubio, Heather ahora era la confundida aquí.— Lo que pasa contigo es que te relaciono con todas las cosas bonitas que veo, como… eh, las flores, las cosas que brillan mucho, los pasteles, las galletas, los colores del atardecer, eh… uh, ¡la mermelada de bayas! Y también con la música que tocan en el Gran Salón de Berk, incluso con las tontas estrellas. — Señaló el cielo, más concretamente, a las estrellas y Heather siguió su mirada, conmovida—. Por eso todas las cosas lindas que encuentro, te las regalo, porque… no sé, tal vez cuando las veas, recuerdes lo linda que eres… para mí. — Tuffnut sintió las mejillas arder, nunca se lo había dicho a Heather, es decir, había practicado diciéndoselo a Gallina, pero nunca pensó en decírselo en serio a Heather —. Yo… me gusta escucharte hablar sobre tu antigua aldea, y… me gustaría poder devolverte algo de eso. Por eso hice la muñeca. Por eso y porque… te quiero.
Heather lo observó sin decir nada por lo que a Tuffnut le pareció una eternidad. Lo miró de arriba a abajo, y lo supo. Tuvo todo el sentido del mundo en justamente ese momento, no pudo estar más claro. No tenía que haber un porque explicito, ni mucho menos, ella no necesitaba saber cómo había iniciado, o si encajaba o no con su personalidad, ni en el número de regalos que había recibido estos tres meses. No lo necesita, porque resulta que, en realidad, lo sabe, desde el fondo de su corazón sabe que quiere demasiado a Tuffnut Thorston.
— Pero, si no quieres que yo…— a Tuffnut lo interrumpió un abrazo inesperado, así como los labios de Heather sobre los suyos. Fue un beso breve, muy suave en realidad. Al gemelo le preocupó que los labios de su novia estuvieran húmedos por las lágrimas, oh no, ¿la había hecho lastimado?
Todo lo contrario en realidad.
— Yo… yo también te quiero. — susurró entre lágrimas. Quería decirle que ella también lo veía en todas las cosas bonitas que encontraba en su camino, sin embargo, en su lugar dijo —: Gracias, en serio.
Para mí, debido al tamaño del fic, esto es más un head canon. Pero es porque yo suelo hacer cosas bien pinches largas. Una disculpa.
Bueh, esto es para ti, Dean. Te quiero mucho. Hice a Hiccup castroso porque el Hiccup de RTTE es bien castroso, bueno, todos, menos Tuffnut.
Bueno, todos somos castrosos a los 18. Hay que admitirlo.
En fin, espero te haya gustado. Si no, ni modo. Ya pagaste 100 pejecoins.
No es cierto, espero sí te haya gustado. Tqm.
Recuerden que pueden hacer sus pedidos en mi pagina de fb o por mensaje privado, el pago puede ser por transferencia o para que sea mejor para todos, por . Lamentablemente, no shipeo mucho a Hiccup con otras personas, pero uff, a Astrid la puedo shipear hasta con Gobber.
Vale, no. Bueno, podría hacer el intento xd
En facebook me encuentran como mi user, soy la morra con la foto de gato xd
Un abrazo, les quiero.
Pd: Notarán que en este fic pongo el punto despues del guión. Es que si no lo pongo, Dee se enoja xd
