La pelirroja se consideraba fuerte, mas no estúpida, y tenía suficiente raciocinio para saber que lo que pensaba hacer no era prudente.
Eran altas horas de la noche, solo cargaba su bolso con unos pocos cuadernos y demás cosas escolares y para su desgracia, un teléfono sin batería.
Ese día había ido a la famosa biblioteca de la que muchos hablaban, la curiosidad la había vuelto descuidada y se había perdido en los diversos libros del lugar.
No se percató de la hora hasta que el sonido de su móvil indicando que se apagaría la devolvió a la realidad.
Ahora se encontraba sola frente al callejón oscuro que usaba como atajo hacia su hogar.
Frunció ligeramente el ceño mientras una lucha mental entre la razón y la osadía, no era lo mismo pasar por allí en horas de la tarde que ahora, quién sabe que peligros puede esperarla allí.
Sin embargo, no quería tomar el camino largo, así que dejó a un lado la voz de la cordura y optó por tentar su suerte.
Justo cuando dio el primer paso el sonido de una lata vacía cayendo al suelo le puso los pelos de punta.
Claro que no era una cobarde, solo había bajado la guardia.
En medio de la oscuridad escuchó unos pasos que se acercaban hacia un pequeño foco centellante, una cabellera rubia casi color plata fue lo más resaltante.
La pelirroja inclinó ligeramente su cabeza con la vaga esperanza de ver más, un joven se apoyo ligeramente contra la pared, parecía estar pensativo, observándola.
Ella parpadeó varias veces, ¿Estaría solo? Siendo así podría hacerle frente pero en caso de que hubieran otros ocultos la situación sería fatal.
Se desató una nueva lucha mental, en medio de eso notó como éste se acomodaba un poco, dejando ver su uniforme oscuro, al reconocerlo todas sus dudas se disiparon.
Yuzuha caminaba hacia él con total confianza, reconocía el uniforme de aquella pandilla, iría y le preguntaría su conocía a su hermano, según ella, todo se había resuelto.
El chico metió ambas manos en sus bolsillos, sorprendido por la valentía de la joven que caminaba hacia él, incluso, notó una leve sonrisa que lo confundió.
¿Aquella chica sería una psicópata y él la pobre víctima?
Sanzu negó con la cabeza, ver muchos documentales de asesinatos le estaba jugando mal, pero lo cierto es que esa situación no era normal, aún cuando caminaba en un sitio transitado la gente lo evitaba al ver su uniforme que implicaba peligro, el efecto sería mayor en el callejón oscuro donde se encontraba.
Para su sorpresa, la contraria iba hacia él con suma confianza, lo cual levantó sospechas y cuando menos lo espero, lo saludó.
Éste parpadeó varias veces, giró su rostro a ver si era otro el que correspondería el saludo, pero no fue así.
—¿Eres de la Tokyo Manji cierto? Entonces debes conocer a mi hermano, se llama Hakkai —Fue entonces cuando todas las piezas encajaron.
Ambos se miraron mutuamente, la chica no podía despegar su mirada de aquellos ojos azules, mientras que el contrario quedó enganchado a aquellos cabellos rojizos, a la vez que trataba de recordar a alguien con aquel nombre.
Yuzuha no se esperó y gracias a giros inesperados ahora caminaba en compañía del otro, ganándose su agrado a pesar del corto tiempo ya que el chico era de pocas palabras.
Mientras le contaba su relato de lo que había hecho en el día, basando su confianza en el simple hecho de que éste pertenecía a la misma pandilla de su hermano.
Mientras, luego de un largo rato él logró recordar a un joven alto de cabello azul, no se le hizo fácil ya que acostumbraba a hablar mayormente con Mucho, pero ahora la conversación había cambiado y no quería interrumpirla.
Aún así, era mejor no pensar mucho para no matar el buen ambiente, escuchando pacientemente como ésta le contaba historias que iban de lo más normal a las más curioso.
Se pararon un momento a tomar algo, éste se inclinó para tomar las latas de la máquina expendedora, extendiéndole una a la pelirroja, la cual tomó un buen sorbo, imaginaba que tendría la garganta seca de tanto hablar.
—Ya estamos cerca —expresó la chica, de seguro pensaba que lo estaba molestando, cosa que era al contrario, Sanzu no sabía qué había hecho para que pensara eso.
Éste se fijó en su alrededor, sin darse cuenta habían llegado a un vecindario tranquilo, lo único que le sorprendía eran los enormes edificios residenciales y las casas gigantes.
¿Hakkai y ella vivirían en una de esas mansiones?
—Oye, que bueno que estabas ahí —Volteó hacia ella, estaba apoyada en un poste jugando con la lata ahora vacía —,me iba a devolver se no ser por eso —señaló su uniforme —,ahora que recuerdo, nunca me dijiste si conocías a mi hermano
Pero antes de que pudiera decir algo ella volvió a hablar
—¿Qué prefieres, pizza o hamburguesa? —Una de las tantas locuras que decía, él ya estaba acostumbrado a ese tipo de preguntas locas, la joven comenzó a caminar y éste la siguió sin que se lo pidiera.
Caminaban a paso lento, Yuzuha le daba espacios (cortos) para que hablara, eran escasos pero era un avance, no paso mucho cuando ésta se detuvo, él hizo lo mismo unos pasos atrás.
Arqueó su ceja, algo no estaba bien, la pelirroja volteó hacia su persona y luego otra vez a la calle, sin entender el porqué de sus acciones.
Mordí mi labio inferior mientras pensaba en alguna solución, el sitio se veía tranquilo y lo bueno de vivir en esa zona era que estaba bien iluminada.
Pero ese no era motivo para confiarme, después de todo estábamos a pocos pasos de entrar al territorio de los Black Dragons, lo miré de reojo, imaginarlo enfrentarse a una pandilla enemiga por mi imprudencia me destrozaba el corazón.
Al parecer, este sería el fin, cosa que no me agradaba, había sido muy amable conmigo y no quería dejarlo así, además, estaba casi segura que conocía a mi hermano y no quería que se llevara una mala impresión de mi parte.
Suspiré pesadamente, esperando alguna solución.
—¿Pasa algo? —Me asusté al verlo a mi lado, se notaba confundido —.No era mi intención asustarte —Se disculpó.
Llevé una mano a mi pecho mientras con la otra le hice señas de que no se preocupara, ese no era un gran problema a comparación con el otro.
—Escucha —solté, sentí un respingo de su parte cuando puse ambas manos en sus hombros, debía saber la situación en la que nos encontrábamos —...Nunca me dijiste tu nombre —recordé de repente.
Me había centrado tanto en contarle de lo que había hecho que no me percaté de los detalles más importantes.
Escuché una risa de su parte, misma que me relajó un poco, observaba sus largas pestañas curvarse ligeramente, era la primera vez que veía a alguien con ese rasgo, pero lo que más me gustaba eran sus ojos azules, era una lástima que la penumbra de la noche no me permitiera verlas en plenitud y la luz de los faroles no eran lo mismo que el brillo del sol.
Pov. Narrador
—Soy Sanzu, un placer —respondió, haciendo una ligera reverencia, le causaba gracia que preguntara aquello a estas alturas del recorrido.
El rubio se burlaba de si mismo mientras se enderezaba, años atrás no le importaba mostrar el mínimo respeto hacia los demás, pero desde que ingresó a la Toman y se rodeó de tanta gente había cambiado su actitud... gracias a los regaños y algún que otro golpe de Mucho.
Ambos se miraban sin proferir palabra, el silencio entre ellos no era incómodo, pero la curiosidad carcomía al joven que pensaba cuidadosamente sus palabras.
—Bonito nombre —Le sonrió, la alegría de éste sería mayor de no ser porque era su nombre falso —,soy Yuzuha, un gusto —Hizo una rápida reverencia
—Bien, ahora debemos tener mucho cuidado —abordó, el chico la miró confundido —,mi casa queda por allá —Señaló el otro lado de la calle —,no sé si lo haz escuchado pero ese territorio pertenece a los Black Dragons.
El ambiente se había vuelto tenso, ambos sabían que la situación era delicada, Sanzu observó por donde le habían señalado, si bien, el lugar se veía tranquilo si la casa de Yuzuha quedaba muy dentro de la zona enemiga era probable que no regresara vivo.
No era cuestión de cobardía sino de prudencia, sabía que no tenía la fuerza suficiente para hacerle frente a una pandilla él solo.
Respiró hondo, preparando sus palabras
—Entonces este es el adi...ós —arrastró sus palabras mientras veía a ambos lados donde le colocaban una tela naranja, quedó mudo por la confusión.
La pelirroja colocó su bufanda alrededor de su cuello, haciendo que los extremos taparan las letras en su pecho.
—¿Ahora estoy jugando al espía encubierto? —ironizó, la chica le dedicó una sonrisa victoriosa colocando ambas manos en sus caderas.
—Con eso bastarás, no puedo dejarte aquí, verás…
—¿Sabes que también tengo el nombre escrito en la espalda?
—Tu cabello se encarga de cubrirlo.
—Hum. ¿Y qué piensas hacer con esto? —Le mostró su brazo, las enormes letras de color dorado era difícil de ignorar, haciendo que la otra suspirara pesadamente.
No lo hacía por maldad, solo le causaba gracia todo lo que hacía en ves de despedirse, pocas personas le habían agradado a la primera como lo había hecho ella así que el decir adiós era una idea que tampoco le agradaba.
—¿Estás listo? —expresó de la nada, Sanzu no le dio tiempo de pensar cuando sintió que lo jalaban del brazo.
¿Cuál era la mejor manera de evitar problemas con una pandilla?
Fácil, correr como si se acabara el mundo.
El rubio se sorprendió de la rapidez y la resistencia de la contraria, en medio de la noche ambos se apresuraron por las calles hasta que al fin habían llegado a su destino.
El chico sentía que se le salía el alma, no solo por la carrera sino por el enorme edificio de aspecto lujoso que se hallaba ante él.
¿No te parece exagerado?
Era lo que tenía en mente, pero la chica le hablaba de lo afortunados que habían sido por haber tenido el camino libre.
El ascensor se detuvo, las puertas se abrieron y ésta lo guió hasta su piso.
Sanzu era un chico callado pero la belleza de aquel sitio le había arrebatado las pocas palabras que conservaba.
Las paredes blancas y un piso de madera pulido, desde su posición se podía ver parte de la cocina y al otro lado la sala, ambos lugares estaban bien equipados y relucientes.
—Siéntete como en casa, ya regreso —Le dijo ésta señalando el brillante sofá antes de retirarse.
El chico obedeció y observó a su alrededor.
¿Cómo decirle que su sala era más grande que toda su casa?
Se quitó la bufanda, una media sonrisa de ocultaba tras el cubreboca, aquel episodio había sido hilarante, pero no se quejaba, si las cosas serían así de interesantes se acercaría más a esa chica
( Sin importarle la opinión de Hakkai)
Al poco tiempo ella volvió a la sala, esta vez con algo entre manos que no pudo ver, se sentó a su lado y le dio las gracias por acompañarla hasta aquí y ser su colega de carrera.
Ambos rieron ante lo último, aquello no se le olvidaría a ninguno de los dos, el ambiente era ameno entre ambos, cualquiera que los viera pensaría que serían amigos desde hace años.
El chico bajó su mirada hacia la bufanda que había doblado segundos atrás, con cuidado se la pasó a la joven que le sonrió, estiró su mano mas no para tomar aquella tela.
—¿Qué haces? —Éste se apartó al notar las manos ajenas cerca de su rostro.
La pelirroja retiró su mano, soltando una risa incómoda —Lo siento es que me extraña que no te quites el cubreboca.
El rubio miró hacia otro lado, haciendo una mueca que la otra no percibió, no le gustaba cuando la gente le preguntaba por el tema.
—No es nada grave, solo me gusta usarla. —respondió incómodo.
—Entiendo —susurró —.Por cierto, traje esto —Cambió la conversación, no quería que el ambiente se tornara tenso por su culpa.
El pandillero frunció el ceño, sin entender el por qué le mostraba el pequeño kit de costura, ésta solo señaló su pecho.
Al dirigir su mirada notó que uno de sus botones estaba descosido, ella se acercó y se inclinó un poco, cortó los pocos hilos que quedaban pero antes de comenzar su labor sintió la mano del varón sobre las suyas.
—No te recomiendo que lo hagas, mi ropa debe apestar a sudor, lo coseré yo mismo cuando regrese a casa —Se excusó, pero la chica negó con su cabeza.
—Déjame hacerlo, tómalo como un pequeño agradecimiento por acompañarme hasta aquí —Le sonrió y antes de que siguiera quejándose comenzó a coser el pequeño botón.
Sanzu no lo entendía del todo, eran pocas las veces que alguien mostraba preocupación por él así que no sabía cómo actuar en esa situación.
A pesar de eso, la calidez en su pecho no le molestaba, y tal vez, esa noche se aprovecharía de la amabilidad de una recién conocida para que lo atendiera, así sea en algo tan simple como coser un botón.
¿Para esto me trajiste aquí? Pensó él, ya que la sonrisa que cargaba la pelirroja parecía más de triunfo que de alegría.
No me toquen porque ando shippeando todo lo que se mueva :)
DATO CANON: Yuzuha rompió los hilos con sus uñas cuando le colocó la bufanda al drog0 para tener una excusa para llevarlo a su hogar
Ya quisiera conseguirme a Sanzu y llevarlo a mi casa TuT
