.

.

.

Volver a comenzar.

.

.

Por: Xeina Phi.

.

.

.

Sabes, Naruto, cuando salí de la aldea y Kakashi me dijo que era libre, no pude evitar sentirme más encadenado que nunca. Él me dejó ir con la seguridad de que mi lealtad estaba en Konoha, lo vi en su mirada hipócrita. Kakashi sabía mejor que nadie, que ninguna celda sería capaz de retenerme… o bueno, casi ninguna. Naruto, tú eres la única razón por la cuál mi lealtad está en una aldea que masacró a mi clan y utilizó a mi hermano de la forma más vil, eres la única razón por la cual regresaré en algún momento.

Es una ironía si me pongo a pensarlo, nadie en Konoha me importa, y al mismo tiempo, estaría dispuesto a dar mi vida por protegerla, porque tú estarías dispuesto a hacer lo mismo, porque tú eres Konoha, eres mi mundo, y no sabes lo agradecido que estoy de que me hayas permitido formar parte de el.

Naruto, daría mi vida por ti una y otra vez.

Me propuse recorrer el mundo, quise ver con mis ojos qué tipos de lazos existían. La brisa veraniega rozó mi rostro a cada paso dado, envolviéndome con el embriagante aroma de la esperanza, de las nuevas expectativas. Sí, estaba encadenado a Konoha, pero también fui libre de recorrer mi propio camino.

No esperé encontrarte bajo la sombra de ese frondoso árbol, no pensé que fueras a despedirme, quizá porque en el fondo no quería verte, porque no podía con el remordimiento de enfrentar tu mirada, de ver las consecuencias de nuestra última batalla.

Naruto, si pudiera hacer una lista de mis errores, de los menores hasta los peores, que expusiera todas las heridas, los fracasos, desamores y las mentiras, no habría duda de que tu nombre estaría en la cabeza de todo, serías la herida más dolorosa.

Nunca sabrás la forma en que me desarmó tu mirada, cuando vi que me extendiste la bandana con el único brazo que tenías. Tú, siendo un descerebrado de primera, te sacrificaste hasta ese punto por salvarme, ¿no me odiaste acaso por ello?

—Te devuelvo esto —dijiste con una serenidad impropia de ti.

Mis ojos buscaron los tuyos, no creyendo que aún conservaras ese singular objeto. Pude ver en tu rostro lo mucho que significaba para ti, era algo parecido a una promesa, a un anhelo del corazón.

Cuando cogí la bandana, tus dedos buscaron la forma de rosarse con los míos, hasta que tu brazo me envolvió en un abrazo; tan cálido, tan sincero. ¿Lo hacías a propósito? ¿Sabes acaso el maremoto de emociones que me provocaba eso?

Si te dijera que mi cuerpo se movió solo, ¿lo creerías? Mi brazo se aferró a tu espalda y mis labios simplemente se posaron sobre tu mejilla, queriendo impregnarme de la calidez que irradiaba tu cuerpo.

Me hubiera gustado tanto volver el tiempo atrás para evitarte tanto dolor. Te ofrecería el aroma del ámbar, ofrecería el cedro y mis lágrimas, con tal de resarcir el daño que causé. Pero quizás tuvimos que pasar por todo aquello para entendernos, no podía ser de otra forma, nunca fuimos buenos con las palabras.

Noté como tu cuerpo se estremeció bajo mi contacto, pero recompusiste tu semblante con rapidez. Dobe, ¿acaso no sabes lo diáfano que es tu corazón? ¿Sabes acaso la facilidad que tengo para leerte?

Sí, yo también te amo, te amo como a nadie en el mundo, solo que a diferencia tuya, estoy perfectamente consiente del tipo de amor que te tengo. Espero que a mi regreso puedas resolver ese lío en tu cabeza hueca.

Sonreí sin poder evitarlo, ante la idea de un futuro contigo, porque sé que me esperarás, esperarás con la confianza del mar a que pueda sanar mi confianza, a que pueda sanar mis heridas.

Quizá no lo entiendas, pero tengo que irme lejos para viajar a mis adentros. Hice amago de girarme cuando sin más, tu boca se estrelló contra la mía, fue un roce brusco y desesperado, como solo tú podías serlo. Enredé mis dedos entre tus mechones rubios, respondiendo con el mismo brío, mordí y fui mordido, me dediqué a explorar tu boca y sentí que moría. No supe en qué momento mis ojos se llenaron de lágrimas. Tu beso fue tan amoroso, tanto, que no pude soportarlo.

Solo pido tener la entereza de sobrevivir a mis lamentos, solo espero tener la fuerza suficiente para decirte cuánto lo siento. Y cómo si hubieras sabido lo que pensaba, intensificaste el contacto, fue como una sutil caricia, una forma muy tuya de darme consuelo. En ese momento me sentí muy tentado a dejarlo todo, a pedirte que te fueras conmigo, pero si volviera a comenzar, no tendría tiempo de reparar mis pecados.

En cambio, me dediqué a atesorar este momento, porque si bien tuve que dejar ir muchos recuerdos, decidí aferrarme a ti.

—Te escribiré, teme —susurraste contra mis labios, como si dijeras un íntimo secreto.

—Solo espero que mejores tu ortografía y tu letra.

Podré amarte mucho, pero leerte es una penuria que no estoy dispuesto a soportar.

—Si serás bastardo —espetaste con los mofletes inflados, y en un movimiento involuntario los músculos de mi rostro se contrajeron en una sonrisa.

Me abrazaste por última vez, con esa tonta y deslumbrante sonrisa, no dijiste palabra, pero entendí lo que quisiste comunicarme. El agua se derramó, pero la sed que siento nos saciará.

Espera por mí, Naruto. Volveré.

Fin.

.

.

.


Notas:

Bueno, espero que les haya gustado esta viñeta, la verdad es que cada vez que escucho esta canción, no puedo dejar de pensar en ellos, sobre todo, en los cosas que Sasuke nunca dice (ni dirá posiblemente) en voz alta.