[One-shot]

El rey lo ordena

—Inosuke H. & K. Aoi—

Inosuke y Aoi tenían una nueva discusión, nada anormal en la finca de las mariposas. Eso claro hasta que Aoi le exige a su novio que no la toque.

Disclaimer:

Kimetsu no Yaiba © Koyoharu Gotōge

El rey lo ordena © Adilay Fanficker

Advertencias: Inspirado en el anime. | Un poco de OOC.

Notas:

Debo confesar que tengo un conflicto con la escena de Uzui dándole una nalgada a Aoi, ya saben, esa por la que muchas fans literalmente quisieron estar en el lugar de ella.

Mmm, creo que para muchas de las fans (la mayoría adultas) estar en ese puesto seria genial, pero creo que para Aoi (que para entonces era menor de edad) aquello fue más bien algo bastante feo, tal vez traumático.

En fin, quise hacer un fic sobre eso. Espero les guste.


NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.



No era anormal que en la finca de las mariposas (daba igual la hora del día o la fecha) se oyesen las discusiones entre Aoi Kanzaki e Inosuke Hashibira. Al principio, algunos de los ocupantes de la finca no podían evitar preocuparse. Pensaban que en cualquier momento alguno terminaría lastimando físicamente al otro. Debido a su carácter, fuerza y habilidades, a todos les preocupaba que fuese Inosuke el que diese ese terrible primer paso, sin embargo, luego de un par de años, la ansiedad había desaparecido y ahora lo extraño era no oírlos gritarse mutuamente por algo.

Tanto Aoi como Inosuke ya habían dicho a sus amigos en diferentes ocasiones que comunicarse así les era divertido, por no decir excitante.

Inosuke estaba convencido de que no había elegido a una chica delicada y/o sumisa para ser su compañera de vida, lo que le provocaba una gran emoción a su alocado espíritu salvaje. Aoi por su lado, consideraba delicioso el tono de voz al que podía llegar Inosuke cuando le gritaba; nunca se sentía amenazada, y eso era algo demasiado raro siendo que ella era de naturaleza miedosa… o eso decía ella.

»¿Por qué cada vez que dices que te gusta oír a Inosuke gritar me das la impresión de que en el fondo estás rogando por auxilio, Aoi? —le había dicho Zenitsu, hace tiempo.

Eso de que Aoi disfrutase hacer rabiar a Inosuke y este a su vez, a ella también, nadie lo entendía.

Incluso para Zenitsu, Inosuke sonaba desesperante aun cuando no estaba exclamando (y se cita) idioteces vanidosas; pero al parecer, Aoi estaba convencida de que él usaba un tono diferente con ella.

'Siempre hay un roto para un descosido'. La frase les iba como anillo al dedo a esos dos.

Bueno, mientras se les viese tratándose sanamente fuera de eso, no había nada de qué preocuparse.

Claro, eso hasta que, aquella tarde de otoño, Tanjiro y Kanao escucharon una interesante discusión que se llevaba a cabo en la cocina.

—¡Ya dije que no! —exclamó Aoi.

—¡¿Al menos dime por qué no?!

—¡No quiero y ya! ¡¿No puedes entenderlo?!

La pareja que había estado disfrutando de su momento a solas bebiendo té, suspiró con desgano al unísono.

—¿Debería detenerlos esta vez? —preguntó Tanjiro a su novia.

—Déjalos —musitó ella despreocupada—, ya se cansarán.

—Pero… tal vez él intenta hacerle algo raro a Aoi, otra vez.

Kanao lo pensó.

—¡Inosuke, no! ¡No lo hagas!

Ella bajó su vaso al suelo de madera y se levantó.

—Vamos.

Tanjiro asintió con la cabeza, imitándola.

Ambos caminaron deprisa a la cocina, encontrando a la pareja en una situación un poco incómoda.

—Ehm, ¿todo bien? —preguntó Tanjiro, dudoso.

Inosuke cargaba a Aoi sobre su hombro. Debido a su diferencia de fuerza, altura y complexión, a él no parecía costarle trabajo mantenerla bien sujeta.

Kanao y Tanjiro no podían verle la cara a Aoi, sólo su trasero y piernas danzantes en el aire. Inosuke, al no llevar su máscara, no pudo evitar que sus amigos lo viesen frunciendo el ceño con fastidio ante su aparición, aunque tampoco es que lo haya intentado.

—¡Lárgate, Taguiro! Este es asunto de Aoi y mío.

—¡Ya basta, Inosuke! ¡Suéltame! —exclamó ella, pateando su fornido pecho descubierto.

Inosuke inmovilizó ambas piernas usando un solo brazo.

—Inosuke, Aoi quiere que la sueltes; hazlo, por favor —pidió Tanjiro tratando de razonar con su amigo.

—¡¿Por qué no te metes en tus asuntos?!

Ahora sí, Kanao y Tanjiro se inquietaron.

—Aoi, ¿quieres que intervengamos? —preguntó Kanao con seriedad.

Los chicos no llevaban sus katanas, pero ella sí.

—Espera… Kanao…

En tiempo record, el estrés de Tanjiro se embarazó y tuvo cuatro bebés cuando vio a su novia tomar la empuñadura de su katana, y a Inosuke mostrándose el doble de molesto.

—Aoi —habló de nuevo Kanao, ignorando a su pareja—. ¿Quieres que lo haga soltarte?

El que Inosuke dejase de gritar para mirar fijamente a Kanao, no era bueno.

—Por favor… todos, calmémonos —pidió Tanjiro, nervioso. No le gustaría tener que parar una pelea física entre su novia y su amigo.

—Señorita Kanao —habló Aoi en un susurro—, yo… estaré bien… no necesito de su intervención. Lamento preocuparla y molestarla.

Kanao miró los ojos de Inosuke.

—Bien —susurró ella, dejando la katana en su lugar, enderezándose bien—, pero un grito más, y no preguntaré.

—¡Como si te tuviese miedo! —exclamó Inosuke.

—¡Cállate ya! —le gritaron Aoi y Tanjiro al mismo tiempo, sin embargo, el aludido sólo pareció haber oído a Aoi, porque no agregó nada más.

—Aoi, Inosuke, sea por lo que sea que estén peleando, déjenlo para después —esta vez, la voz de Tanjiro sonó más grave que de costumbre y esa era una señal de que su paciencia, casi infinita, se agotaba—. Kanao, vámonos —le dijo a su novia, ablandando su tono para ella.

Sin dejar de ver a Inosuke con cierto enfado frío, Kanao hizo caso a su novio y ambos salieron de la cocina.

Al estar solos otra vez, Aoi suspiró, un poco aliviada.

—Bájame —dijo todavía enojada con él, pero ya más tranquila.

—No.

—Inosuke.

—Al menos dime por qué no puedo hacerlo —exigió por milésima vez. Aoi le chitó.

—¿No oíste? Deja de gritar —le gruñó, dándole una palmada a su espalda.

—Yo no puedo hacerlo, ¿pero tú sí? —preguntó indignado.

—¿De qué hablas?

—Lo que acabas de hacer —espetó, haciendo un gran esfuerzo por contenerse y no exclamar con toda su furia—, y lo hiciste en la mañana, y también ayer por la noche, ¡lo haces todo el tiempo!

Algo hizo clic en la cabeza de Aoi, haciéndola enrojecer.

—No es lo mismo —espetó alterada—, yo toco tu espalda, o tus brazos, ¡no tu trasero!

—¡¿Y qué te impide hacerlo?! ¡A mí no me molestaría que lo hicieras!

—Cállate —gruñó Aoi. En un acto involuntario, ella palmeó su espalda otra vez.

Temió que la señorita Kanao los hubiese escuchado y cumpliese su palabra.

—Quiero hacer lo mismo —refunfuñó como un niño haciendo un berrinche por un juguete.

—No en mi trasero —dijo ella con la cara roja—, hazlo como yo, en mi espalda o brazos.

—Si no me dejas tocarte, ¿cómo se supone que tendremos crías?

—Yo no quiero tener niños ahora.

—No seas tonta, me refiero a después —él se desesperó también—, además, Tengen ya lo hizo, ¿por qué yo no?

Pensando amargamente en ese bochornoso, terrorífico e incómodo momento, Aoi quiso tirar de la bonita cabellera de su novio y arrancarle algunos mechones.

Tanto tiempo de eso y aún lo recordaba bien.

¿Acaso él no había presenciado el drama? ¿No se había dado cuenta de que ella había estado a punto de ser secuestrada por el pilar del viento y luego, después de la intervención de Tanjiro, fue tocada de esa forma tan indebida sin su consentimiento?

Era una pena que Aoi no pudiese denunciar ese ataque a su integridad física, cuando aún era una jovencita.

A diferencia de su novio, Tengen Uzui jamás le pidió permiso para tocarla, sujetarla, y menos para… darle esa palmada.

Pero, ¿acaso Inosuke pensaba que a ella le había gustado ese gesto tan desagradable?

—No… no me gustó que el señor Uzui me tocase de esa forma —le aclaró, temblando un poco—; ese día, no sé si lo recuerdas… pero yo estaba llorando. Tenía mucho miedo.

El agarre de Inosuke se aflojó.

—Quizás algún día te deje hacerlo. Pero hoy no. No quiero. —Suspiró agotada—. Bájame, Inosuke. No me obligues a seguir recordando ese momento, tampoco me obligues a revivirlo, por favor.

Gracias a su infortunado destino, Inosuke Hashibira podía ser tan salvaje como un jabalí de las montañas, sin embargo, él también podía llegar a ser tan tierno como un niño que tiene mucho afecto para dar, una vez que se le explicaba con calma lo que evidentemente no entendía.

Él, razonando por fin, la bajó de su hombro. Al verse las caras, ella notó que Inosuke estaba avergonzado.

—No sabía eso —masculló observando el suelo.

—Nunca te lo dije —sintiéndose más tranquila, ella llevó sus manos a las mejillas de él, haciéndolo mirarla otra vez—. Gracias por respetar mi decisión.

Todavía con algo de pena, él asintió con la cabeza, pero luego frunció el ceño.

—¿Debo matarlo? —gruñó de pronto con ese tinte peligroso en sus ojos que sólo se veía cuando enfrentaba algún demonio que en serio deseaba descuartizar.

Aoi sonrió para él.

—No.

—Me cuesta respetar esa decisión, Aoi.

—Lo sé —susurró. Lo sujetó fuerte de la nuca—. ¿A cambio quieres darme un beso?

La respuesta de Inosuke fue la de bajar su rostro para sellar los labios de Aoi con los de él.

A diferencia de otras veces, Inosuke no estaba siendo apasionado, sino delicado. Sólo eso significó mucho para Aoi.

—FIN—


Simplemente voy a decir que esa escena de la nalgada era muy innecesaria siendo que, creo yo, no va con el personaje de Uzui, que luego se ve que es muy afectuoso y respetuoso con sus esposas.

En fin.

¡Espero que les haya gustado y gracias por leer!


Reviews?


Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)