Capítulo 3

Fachada


Minato permaneció inmóvil.

No estaba seguro cuánto tiempo se había quedado mirando al Tercero, los minutos amenazaron en tornarse infinitos. No estaba absorbiendo las palabras que le había dicho, no, estaba contemplando las ideas enredadas en la noción de que la jinchūriki del Kyūbi de ese tiempo había tenido un niño con el Yondaime Hokage. Que otro Minato y otra Kushina habían vivido su amor. Otro Minato había vivido exactamente sus sueños y había muerto por ellos. Y sin embargo, más allá de todos esos ideas de aristas afiladas, su cerebro se había atascado en la idea de que un mes atrás, en el Festival de la Luna, Minato había sentido la energía del Kyūbi y la había confundido con la energía de Kushina. E, incluso eso no era-

Minato había sentido la energía de un Uzumaki, la firma colorida que poseía su chakra, y había querido creer que se trataba de Kushina. En algún nivel. En algún punto.

Había sabido que no era ella, en el fondo. Había sido más que obvio luego, cuando descubrió la verdad. Pero Minato no había pensado en ello. No había querido pensar en ello. En lo que implicaba.

La negación era poderosa.

Sin importar por dónde lo mirase Uzumaki Kushina, la Uzumaki Kushina que no conocía, estaba muerta. Esa Kushina se había casado con su Minato. Esa Kushina había tenido un niño y había sido asesinada.

Había sido asesinada por el Kyūbi.

Kushina, que lo había perdido todo, que había tratado de hacer de Konoha su hogar después de que Uzu cayó, había dejado a un niño. Y la muerte del Yondaime Hokage había hecho, en efecto, huérfano al niño.

Lo había dejado, prácticamente, solo en el mundo... Namikaze Maaya había fallecido dos meses antes de que Minato se convirtiera en Jonin. Y Kushina había perdido a toda su familia cercana en Uzu. Los Senju de la aldea, los descendientes de Mito, no tenían con ella el mismo lazo que había marcado su vínculo con la primera jinchūriki. Minato sabía que no todos ellos estaban felices con la idea que Mito hubiese nombrado a alguien que no había nacido en la Aldea, a uno de ellos, como la siguiente en la línea de sucesión.

Ninguno de ellos, en opinión de Minato, había entendido lo que significaba. El peso que tenía ese rol.

—¿Minato?

Tragó.

—Naruto. ¿Naruto está bien? —dudó. La pregunta sabía vacía en la punta de su lengua, palabras encadenadas sin emoción. Su tono encerraba un desierto. Minato reconocía su estampa en la elección del nombre. Naruto era su personaje favorito en el libro de Jiraiya, era el nombre que se había quedado prendado en su cabeza. Kushina habría aceptado ese nombre porque lo conocía bien, porque sabía sobre sus raíces—. ¿Cuántos... cuántos años tiene?

Kushina y Minato habían muerto diez años atras por lo que su hijo debería tener al menos-

Sandaime hizo una pausa. Minato contó los segundos que tardó en responder. —Cumplió diez años en octubre.

Diez años.

El niño de Kushina tenía diez años. La misma edad que su Kakashi tenía. La misma edad con la que Minato se recibió de la Academia. Y había estado esos años sin su madre. O su padre. Había perdido a sus padres apenas llegó al mundo, para el caso.

La otra Kushina y el otro Minato habían muerto en octubre...

En el mismo octubre.

Había un concepto, entre los ninjas. «Tatemae». Representaba la cara externa, el cómo debías actuar. Minato siempre había sido muy bueno en actuar. Él tenía la cara que esperaban que tuviera, se presentaba como se esperaba de alguien en su posición. Kushina siempre había sido horrible en esconder sus sentimientos. Quizá por ello había sido tan mala siguiendo las tradiciones. Para ella, tener el corazón en las manos era lo natural. A Kushina le gustaba pretender que no era así, a ella le encantaba pretender que su fachada era fuerte e inquebrantable. Ocasionalmente, sí, tenía un carácter difícil. Era temperamental. Necia. Estruendosa. Aún así. Aún así, ella era mucho más que eso. Era cariñosa, dulce. Era amable. Tenía el corazón más cálido que Minato jamás había conocido. Él no siempre había sabido en dónde mirar —ella había sido siempre tan, tan brillante—, pero, en realidad, era eso lo que le había llamado la atención. Kushina siempre estaba mostrando sus sentimientos. Era un testimonio de su gran fortaleza. La gente como Minato, que siempre mostraba la cara correcta en los momentos correctos, era menos honesta. Tus verdaderos sentimientos se describen como «honne», son para la gente de confianza. Para tus mejores amigos. Para tu familia.

Minato había vivido toda su vida, en cada momento, desde que decidió que quería ser un shinobi con esas ideas en su cabeza. Tatemae. Honne.

Kushina no conocía la distinción, ella siempre había sido maravillosamente libre. La gente juzgaba a las almas libres con demasiada dureza.

Sandaime había planeado la inclusión de Kakashi con antelación. Había planeado el encuentro entre los dos Kakashi en esa reunión pero no se había encargado de hacer lo mismo con Naruto. Minato no había sabido que existía Naruto, siquiera. Por un mes, había vivido en plena ignorancia. Y no se había preocupado por ello porque pensó que Sandaime les había dicho lo que tenían que saber en su anterior visita.

Sandaime no era un hombre de su confianza.

Tatemae.

—Me gustaría conocer a Naruto.

Naruto, que no llevaba el apellido Namikaze. Su apellido realmente había muerto con el fallecimiento del Yondaime Hokage. Su apellido no sería más que un pasaje en la historia. No perduraría.

Al menos, su vida había sido una nota alta. Se quedaría marcado en la gloria.

Uzumaki era curiosa elección, aún así.

Uzumaki era el apellido de la esposa del primer Hokage... pero era también un apellido que provenía de otra aldea. Era un nombre extranjero. Era... era un apellido que resaltaría igualmente. Más que Namikaze, hasta cierto punto.

La opción inteligente habría sido darle a Naruto otro apellido. No el de Minato. No el de Kushina.

Excepto que quisieran marcar la diferencia.

Sarutobi se inclinó hacia atrás en su asiento, desplomándose bajo un peso invisible. Minato podría haber sentido simpatía por él, quizá habría sentido simpatía por él, si el tema del que estuviesen tratando no fuera tan... difícil. Importante. —No es tan sencillo.

Se enderezó, tenso de repente. —¿Por qué no?

—Naruto es el jinchūriki del Kyūbi.

Minato mantuvo su rostro impasible, aunque las palabras dejaron un rastro amargo.

Kushina odiaba la tarea de ser una jinchūriki y solo lo había hecho porque alguien había tenido que hacerlo. Minato sabía que ella nunca había sido feliz con la idea que alguien más debía sucederle. No tenía idea cómo Kushina había dejado que su hijo, de todas las personas, hubiese sido el elegido para ser su sucesor.

«Voy a vivir el mayor tiempo posible, Minato. Hasta que no me queden fuerzas. Haré como Mito-sama. Nadie más tendrá que vivir con esto mientras yo este aquí».

Seguramente ella había muerto antes de poder oponerse.

—Entiendo eso —aseguró.

—Nuestro Minato selló al Kyūbi en Naruto —repitió Sandaime con un aire severo que Minato sintió en todo su cuerpo. Sabía que el otro Minato había tenido sus razones para hacerlo porque se conocía lo suficiente y él nunca tomaba decisiones a la ligera, pero no se le ocurría una razón lógica por la que hubiese creído que esa era una buena solución. Necesitaba más información al respecto. Tendría que buscar más información al respecto porque Sandaime no estaba diciéndole absolutamente nada de ello. Quizá ni siquiera Sandaime había podido saberlo—. Jiraiya dijo que el sello que tiene Naruto es muy resistente y sabemos que es capaz de sostener el poder del zorro sin problemas en el día a día, por nuestras observaciones, pero no sabemos cómo reaccionará a ti. Mito-sama nunca tuvo que lidiar con algo como esto y Kushina tenía un chackra increíblemente poderoso. Sabemos que el sello que se usó en ellas era susceptible a los cambios en su cuerpo y en su estado emocional, no sabemos si al verte... No sabemos si se descadenará alguna reacción que no podremos controlar.

Era, desde luego, un buen argumento. Minato se preguntó si Sarutobi llevaba todo el mes pensando en ello.

—Naruto no sabrá que estoy ahí, entonces —replicó, apretando su mandíbula.

—No eres su padre, Minato. No quiero-

Tatemae.

—No soy su padre —concedió Minato. Y no tenía idea cómo ser padre. No quería serlo, exactamente. Pero otra versión suya había sido su padre y esa otra versión era responsable del destino de ese niño también. No podía dejar eso a un lado—. No tengo que serlo. Él tuvo a su padre y lo perdió. Pero... igual quiero conocerlo.

No tenía que ser su padre. No tenía que ser absolutamente nada de ese niño... Pero él no podía mirar a un lado, ignorarlo. Uzumaki Naruto era el niño de Kushina. Era un niño que tenía una carga inmensa, una carga que no había decidido llevar, y estaba solo en el mundo.

Igual que Kushina había estado sola cuando llegó a Konohagakure.

Igual que Minato y Kakashi estaban solos, en esa Aldea que no era la suya.

No podía dejarlo así.

No podía.

—Sé que tienes muchas dudas, Minato... Pero te puedo asegurar que Naruto está siendo vigilado de cerca. Se parece mucho a-

—¿Naruto sabe algo de esto? —preguntó, de pronto. No quería saber a quién se parecía Naruto de la boca de nadie. Minato quería conocerlo—. ¿Lo del Kyūbi? ¿Sabe que es un jinchūriki? ¿Sabe sobre Kushina...?

Hiruzen presionó los labios por un momento.

—¿Lo sabe? —insistió.

—No. No, él no sabe nada sobre eso. Estamos... esperando la oportunidad para decírselo. —Minato tomó nota del titubeo en la voz de Hiruzen—. Es por eso que tampoco podemos presentarte con él sin más. Necesitamos tiempo. Naruto no tiene a sus padres y si apareces... eso no será fácil de llevar, para él. Si quieres hacerte cargo de él, quedarte con él... Y siendo quien eres-

Naruto era un niño huérfano y solo, ignorante a su propia historia y a su propio destino. Era un niño en las sombras de una aldea llena de sombras.

No le estaba gustando ni un poco lo que estaba leyendo entre líneas.

—No debo ser Namikaze Minato cuando esté con Naruto —concedió. Ya había tomado la decisión de tomar otra identidad, después de todo. Necesitaría tiempo para adaptarse, necesitaría tiempo para acostumbrarse. Minato era un ninja. Y adaptarse era uno de los principales requisitos para su estilo de vida—. Eso quedó más que claro, Sandaime. Estoy aceptando sus razones para no ir a buscar a Naruto ahora mismo, pero sigo con mi decisión. Me gustaría conocerlo. Lo antes posible. Puedo ser su tutor, ¿no? Jiraiya-sensei se ofreció a ser mi tutor una vez.

—Eso imaginé que dirías —admitió el Hokage—. Y sé de buena fuente que Naruto necesita a alguien en su vida. Alguien como tú. Por eso, Minato, tengo una propuesta.

Vaciló. —Lo escucho.

—Puedes ser su tutor. Pero puedes ser incluso más que eso. Puedes ser su familia, un Uzumaki. Podría explicar así una relación con Naruto y una razón por la que has estado lejos. Los Uzumaki que no estaban en Uzu sobrevivieron y a la mayoría de ellos perdimos el rastro. También puedes hablarle de su herencia a Naruto. De su herencia como jinchūriki. Los Senju eran el clan que más contacto que tenía con la Aldea de Uzu y quienes más relación tenían con los Uzumaki. Solo Tsunade queda de esa línea. Y ella no está en la Aldea... La dejó hace mucho tiempo.

Minato alzó una ceja. Era, en realidad, una idea sólida. Y explicaba algunas cosas.

Se preguntó, no por primera vez, si Sandaime llevaba pensando en esa conversación desde la primera vez que se vieron. Movió la cabeza, tentativo. —Me gustaría conocer el sello del que habló Jiraiya-sensei. Entiendo que no era igual al de Kushina.

—No lo es. Pero me temo que Jiraiya no ha contestado a mi última misiva. Hace tiempo no tenemos contacto.

Minato pestañeó.

Jiraiya pasaba al menos dos veces en Konoha en su tiempo, visitando.

Tanto su maestro como Tsunade y Orochimaru habían, para todos los fines y propósitos, abandonado la Aldea.

Era curioso.

Muchas cosas en ese mundo parecían estar al revés.

—Voy a investigar sobre ese sello, de todos modos. Puedo ir a buscar a Jiraiya-sensei si es necesario, Sandaime —replicó, sin esperar un latido—. Y puedo hacerlo sin salir de la Aldea.

Probablemente.

No estaba seguro si las invocaciones funcionaban del mismo modo pero él tenía sus pergaminos y los sapos siempre había sido aliados afables. No perdía nada con probar.

—Muy bien —dijo Sarutobi. No sonaba resignado y Minato se sintió un poco decepcionado; él esperaba un poco más de pelea de su parte—. Puedes tratar de contactar a Jiraiya. Pero debes darme tiempo para presentarte a Naruto. Y prepararte... No es un niño fácil.

Oh.

Había hecho bien en esperar más pelea. Aunque no era el punto que había esperado.

Sandaime debería conocerlo mejor. Debería saber que él no era prejuicioso.

—Tenemos un trato. Buscaré a Jiraiya-sensei y cuando lo traiga, usted me presentará a Naruto.

—Minato...

—Mamoru —lo corrigió, impulsivamente. A veces pensaba que Kushina era una mala influencia para él—. Namikaze Minato murió hace una década, Sandaime. Mi nombre es Uzumaki Mamoru.