Anexo
Kakashi tuvo la tentación de cerrar la puerta en la cara de su acompañante. Los dedos le hormigueaban en anticipación ante la idea. No obstante, con una inhalación, decidió que no valía la pena el esfuerzo —tenía que mostrar respeto frente a su examinador después de todo y algo le decía que, en realidad, el acto no sería tan satisfactorio como esperaba. No obtendría la reacción que esperaba y, en todo caso, sería desperdiciar sus fuerzas. Sería muy… infantil, también. Él no se consideraba a sí mismo como alguien infantil. Quizá tenía diez años recién cumplidos, sí, los tenía, pero él ya no era un niño. Era un shinobi, un ninja experimentado. Aunque la mera presencia del otro Kakashi —no podía pensarlo como una imagen suya, como una versión alternativa— lo había dejado alerta, él no podía olvidar su lugar. No importaba que la presencia del otro Kakashi lo hubiese dejado tensión. Listo para un ataque. Tendría que lidiar con ello. Kakashi tendría que comportarse.
Estaba seguro que la violencia de sus sentimientos caía principalmente en sus instintos, instintos que había ido desarrollando desde antes que su padre lo alistara en la academia ninja, pero no podía descartar que una buena parte de ello se debiera exactamente a qué… bueno. Estaba sorprendido por la apariencia de su versión adulta.
Se parecía demasiado a-
Sacudió la cabeza.
No pensaría en ello. No pensaría en ello.
Poner los sentimientos en palabras siempre significaba darles más fuerza, más independencia. Si llegaba a darle más importancia a esa impresión vaga, terminaría por quedarse aferrado a ese pensamiento, a la idea en la que no quería concentrarse.
Mejor era olvidar.
Se cruzó de brazos, examinando la habitación vacía.
Era un rectángulo, más angosto que la oficina del Hokage, pero más luminoso también. Había más ventanas, pequeños atisbos a la aldea de la Hoja, al mundo que se extendía más allá de la pequeña torre. Se preguntó para qué usaría el Hokage esa habitación, si había otros exámenes en ese lugar. Lucía un poco descuidada, casi como si no fuese un espacio que utilizaran a menudo. No era un sitio muy amplio, nada parecido al campo en el que su maestro solía llevarlo para los entrenamientos —Minato-sensei siempre prefería entrenar al aire libre y leer en espacios cerrados—, pero era el lugar al que lo había dirigido. Quizá el primer examen sería por escrito. Había una mesa en una esquina que podría servir para ese propósito.
Kakashi no tenía problema con los exámenes escritos. Salvo que solían ser muy aburridos. Repetitivos.
Quizá sería una experiencia diferente con… el otro Kakashi.
La puerta se cerró con un golpe seco.
Kakashi no saltó.
Había estado cerca de hacerlo, pero no lo hizo.
Lanzó una mirada fulminante hacia el ninja ANBU, pero su irritación se marchitó inmediatamente.
El otro Kakashi se había quitado la máscara que cubría parte de su rostro.
Había una larga cicatriz sobre su ojo izquierdo.
—Maa. Lo siento —dijo, haciendo un gesto hacia la puerta.
No sonaba contrito en lo absoluto.
Su mirada vagó por la habitación, examinándola como si no la hubiese visto antes pero no encontrase nada en ella digno de mencionar. Sus movimientos, todos sus movimientos, parecían arrastrar aire de cansancio.
—¿Qué le pasó a tu otro ojo? —preguntó Kakashi, sin poder contenerse.
Hatake —sí, Hatake era una buena opción para referirse a él — parpadeó lentamente.
—Lo perdí.
Kakashi sintió calor subiendo por su nuca.
No pensó que podría existir alguien más irritante que el niño que siempre quería competir con él. Pero había encontrado un ejemplar. Y llevaba su mismo nombre.
Increíble.
Sin la presencia de Minato-sensei ni del Hokage, Kakashi no tenía algo en lo que concentrarse. Solo estaban ellos dos en la habitación. Había más rasgos visibles en el rostro del adulto ahora que ya no se cubría la cara por completo pero apenas podía ver más que su ojo. E incluso en eso parecía completamente opaco. No podía leer absolutamente nada en la mirada de Hatake. Notó, para su sorpresa, que era más alto de lo que había esperado —más alto que su maestro—, aunque no lo parecía a primera vista. Su postura encorvada tendía a disimular su estatura.
Kakashi se irguió en respuesta automática, como si fuese un espejo roto.
—No te preocupes —dijo, con el mismo tono parsimonioso—. Tengo un reemplazo. Si te portas bien, tal vez te lo muestre.
Su curiosidad lo mantuvo en posición. Permaneció contemplando el rostro de su compañero, con interés.
—Ahora, seguro que te preguntarás cuál es la prueba.
—¿Será escrita?
—No.
—No hay mucho espacio aquí para una práctica o un entrenamiento —señaló, con irritación. Eso era obvio a simple vista.
—Eso es porque no habrá ninguna práctica ni entrenamiento aquí.
Kakashi vio que su acompañante se apoyó contra la pared y sacó un libro de uno de sus bolsillos.
—¿Y cuál será el examen? —quiso saber.
—No puedo hacer lo que pensaba —replicó, con una nota vaga de decepción trepando en la cadencia de su voz—. Minato-sen... Tu maestro me dijo que sea justo contigo. No puedo ser justo contigo. Estoy frente a un dilema.
Kakashi frunció el ceño. —¿Por qué?
Hatake se quedó en el mismo sitio, absorto en el libro que tenía en sus manos y completamente ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor. No, eso no era así. No era como si no fuese consciente de sus alrededores, era como si no... importara.
Kakashi quería rechinar los dientes.
—¿Por qué estoy frente a un dilema? —preguntó Hatake, abstraído. Dio vuelta una página de su libro, sin apartar la mirada de las líneas—. Bueno, porque si no puedo darte el puntaje que-
—¿Por qué no puedes ser justo conmigo? —puntualizó, impaciente. ¿Cómo alguien podía soportar a ese hombre durante más de una hora?—. Dijiste que eras el mejor examinador que podía tener, que conocías mis debilidades y fortalezas mejor que nadie. ¿Por qué no puedes ser justo conmigo?
—Porque sé exactamente el puntaje que mereces —replicó—. Y sé que no creerías que he sido justo contigo. Tampoco creo que pueda convencer a tu sensei que lo fui, en todo caso. Ese es mi dilema. Los puntos ciegos… Bueno, todos los tenemos, supongo.
Kakashi nunca había desaprobado un examen en la academia ninja. Las pruebas ocasionales que le había dado Minato-sensei eran diferentes —su sensei se enfocaba en cosas diferentes cada vez que lo evaluada— y Kakashi, la mayoría de las veces, había logrado llegar a cumplir las expectativas que tenían sobre él.
No estaba esperando fracasar aún antes de iniciar.
—¿Estás diciendo que me dejarías fuera del programa?
Hatake ladeó el rostro, dirigiéndole la mirada. Su ojo oscuro revelaba nada. —Es una conclusión interesante. ¿Crees que te sacaría del programa?
—¿Por qué parecías tan insistente en examinarme si no vas a hacer más que hablar? —exigió.
—Estamos haciendo algo más que hablar —replicó Kakashi, su ojo regresando nuevamente a la página de su libro—. Estamos teniendo nuestra primera reunión después de saber la verdad. Nos estamos vinculando, hijo mío.
No era la primera vez que decía eso.
«Hijo mío ».
Hijo.
—No.
—¿Hmm?
—No —repitió, firme.
—¿No te parece una buena solución? —dudó el mayor. Era el mismo tono lleno de aburrimiento que tenía desde que había comenzado la reunión. Eran las mismas palabras que había usado Minato-sensei, también—. Tú eres un Hatake, tienes todas las cualidades que te marcan como uno. Tu chackra es distintivo por completo. No puedes no ser un Hatake. Y yo soy el único miembro en ese clan actualmente. Sandaime dijo que ustedes quieren servir a Konoha… ¿ya ves por dónde voy? No puedes no ser un Hatake.
Kakashi recordó lo que le había dicho a Minato-sensei sobre sus identidades, no mucho tiempo atrás. Lo fácil que sería encontrar una, abrazarla.
Su maestro había prometido que buscarían sus nombres juntos.
—No tienes edad para ser mi padre.
No se veía mucho mayor que su Sensei. ¿Y no era ese un pensamiento extraño?
—Posiblemente no —respondió el otro Kakashi, igual de apático—. Pero eso no es tan importante. Las edades son sólo números. No creerías las cosas que hay en nuestros registros... Además... ¿Qué suena más plausible? ¿Qué sería más fácil de explicar? ¿Un hijo perdido... o una versión de mi pasado que vino al presente por accidente?
La certeza de esa declaración se colgó en el aire durante un momento.
Kakashi no sucumbió por el peso de las palabras. Se mantuvo en silencio, meditando.
No quería dejar la conversación en ese punto muerto pero había muchas preguntas que quería hacer. Y había muchas cosas que no quería saber. Lamentó no haberle dicho a Minato-sensei que no quería estar con Hatake a solas. Su maestro habría cumplido la promesa de alejarlo de él en todas las oportunidades que se le presentasen.
Pero... Kakashi también había tenido curiosidad. Había tenido curiosidad, incluso, cuando le dijo a Minato-sensei que no iría a buscar su nombre al memorial de los héroes caídos.
—Mirar fijamente es de mala educación.
Puso los ojos en blanco. —No hay nada más aquí qué hacer.
—Puedes empezar a preguntar cosas sobre la academia. Seguro eso te entusiasma... Será interesante verte allí.
Kakashi chasqueó la lengua. —Si la historia va a ser que soy tu hijo, ¿tendré que vivir contigo?
Hatake cerró el libro. Por un momento, parecía que iba a tomar la conversación en serio.
—Así es. Los detalles pueden variar, dependiendo de la situación.
—¿Qué situación?
—Mira... No estoy viviendo en la casa Hatake ahora —explicó. Por primera vez, en lo que llevaban de la reunión, su voz había cambiado. Era más suave ahora—. Tengo un departamento en el centro de la aldea. La casa está disponible, si lo quieres.
Era la casa... era la casa…
Era su casa.
Kakashi no se había permitido pensar en su casa, en sus compañeros, en la Academia, en sus invocaciones... en todo lo que había dejado atrás. Konohagakure seguía siendo la misma aldea, de algún modo. Y tenía a Minato-sensei, que era… lo más importante. Tenían el mismo Hokage que siempre habían tenido. Si bien había pensado en la ausencia de Kushina y en lo extraño que sería no poder ver a Maito Gai como un niño de su edad, esas nociones habían sido vagas ideas en su mente, imágenes que se vislumbraban a través de cortinas de humo.
Su sensei había parecido sumamente triste mientras escribía su carta de despedida. Horriblemente triste.
Desgarrado, quizá, era una mejor descripción.
Kakashi habría odiado esa muestra de vulnerabilidad en cualquier otra persona. Pero... la entendía. Minato-sensei no tenía nada de su vida anterior. No había podido traer nada. Kushina no estaba. Su familia había muerto. Su casa estaba desolada, abandonada a su suerte. Olvidada.
Kakashi tenía su casa y... su apellido.
Había algo reconfortante en ello. Y algo muy, muy agrio también.
—Supongo que no habías pensado en ello, ¿eh?
No había pensado en muchas cosas, aparentemente.
Nunca habrían podido idear reglas para esa situación particular, eso era cierto. Pero los planes de Kakashi parecían estar derrumbándose uno a uno, piezas de dominó cediendo fácilmente ante la gravedad.
No podía seguir siendo un ninja de Konoha, no como había sido hasta el momento.
No podía seguir acompañando a su maestro.
No podía elegir ser otra cosa que un Hatake.
No podía escapar a la sombra de lo que había pasado…
—Puedes pensarlo por unos días —prosiguió Hatake. Su tono se volvió serio, firme—. Pero hay cosas que no van a cambiar... hay condiciones. Una condición, más bien. La casa es lo suficientemente cómoda para nosotros tres y para que tengamos nuestro espacio cada uno. Es una buena opción. Si no quieres vivir en la casa, pero quieres vivir con Minato... tendrá que ser en un lugar donde yo también pueda vivir.
Kakashi entornó los ojos. —¿Para controlarnos?
Hatake se encogió de hombros. No negó ni confirmó su suposición. No era necesario.
—Me haré cargo de los gastos de la academia, de cualquier modo.
—Gracias —murmuró, cortante. No quería seguir con la conversación. No con Hatake, al menos.
—Es lo mínimo que puedo hacer.
No, no lo era.
En absoluto.
—¿Estabas ahí? —dudó Kakashi, repentinamente—. ¿Cuando tu maestro murió? ¿Fue allí donde perdiste tu ojo?
Algo atravesó el ojo de Hatake por un breve instante, por el más breve de los suspiros, y Kakashi tragó saliva.
—No.
Se quedó muy quieto, con los ojos fijos en el Hatake Kakashi en el que no se convertiría. En el que no entendía.
El ambiente en la habitación cambió.
Hatake se sumergió en su libro nuevamente, ignorando su presencia con la misma desgana con la que había hecho al inicio. No parecía molesto ni ofendido. Simplemente, aburrido. Apático. Era algo meramente práctico, en realidad. Lo sabía, porque él mismo siempre había tratado de hacerlo... Aunque nunca antes había sido realmente efectivo. No tenía idea de lo que pasaba detrás de esa máscara neutra, pero había algo hirviendo a fuego lento.
Las cosas... las cosas ya no volverían al curso natural, todo había cambiado.
Kakashi suspiró.
Así sería la vida ahora, al parecer.
