Capítulo 5

Bases


—Mamoru es un buen nombre.

El silencio que se había extendido en la oficina del Hokage no era exactamente incómodo, pero Minato sentía que algo estaba hormigueando bajo su piel.

Estaba preso bajo la atención de Hiruzen y recordó, no por primera vez, que estaban en completa desigualdad de condiciones. Sarutobi Hiruzen sostenía todas las cartas, pese a que Minato había realizado algunas jugadas. No tenía forma de ganar sin hacer algunos sacrificios.

—¿Eso es todo por ahora, Sandaime?

—Sí. Te llamaré cuando tenga todo listo —El Tercer Hokage se relajó en su asiento, bajando ligeramente la guardia. No había parecido tan tenso un segundo atrás y la revelación lo golpeó como un rayo—. No esperaba que aceptaras tan fácilmente.

—Kakashi y yo habíamos hablado de ello —comentó, sencillamente.

—Una cosa es la idea y la otra cosa es la acción —replicó—. Créeme, eso lo sé muy bien.

—Las cosas que dije son ciertas —insistió Minato, sintiendo que estaba haciendo pie por fin—. Kakashi y yo tenemos intenciones de permanecer en Konoha. Y Naruto... Quiero ayudar a Naruto. Sé que no puedo ser... sé que no puedo ser quien era antes. Es lógico cambiar eso.

—Aún así. —La mirada de Hiruzen se suavizó—. ¿No tienes dudas? Estás aceptando renunciar a lo que eres.

La idea tronó en su mente con dolorosa claridad. Un nuevo temblor sacudió los cimientos en los que se había apoyado su vida. Ser el niño de la aldea que quería ser un ninja, el prodigio que quería ser Hokage… Eso era parte de lo que dejaba atrás. Sus raíces. Pero, también dejaba atrás lo que desconocía. Al Yondaime Hokage. Al héroe de una guerra que no luchó. Con el nombre de Namikaze Minato tendría que vivir con cosas causadas, con decisiones y responsabilidades para las que no estaba listo, con memorias que no eran suyas. Tendría que cumplir un papel, un rol. Sería fácil volverse una marioneta.

«Si fuera Namikaze Minato ahora, en este momento, tendría que renunciar a lo que soy, a lo que seré, para reclamar lo que otra versión de mí logró».

Era más que injusto.

No le gustaban las limitaciones. Nunca le habían gustado. Tampoco quería robar los éxitos y los fracasos de alguien más. Especialmente si ese alguien era otro Minato.

De algún modo, eso hacía más fácil la elección.

Una nueva identidad era un favor.

Realmente.

Sabía exactamente lo que estaba haciendo y estaba decidiendo con los ojos abiertos, con total conocimiento de lo que hacía.

—No a todo —contestó, manteniendo su voz ecuánime y sosteniendo la mirada de Hiruzen con la nueva resolución a la que se había aferrado. Una vez tomada la decisión, una vez elegido el camino, solo quedaba seguirlo. Ese era su camino ninja—. No estoy renunciando a Kakashi… ni a Naruto.

La voz titubeó en el último nombre.

El Hokage inclinó la cabeza. Una emoción inefable tronó en su expresión. Orgullo, quizá. Con algo de aprehensión.

—Entiendo.

—Hablando de Kakashi, Sandaime, me gustaría-

—Sí —Hiruzen lo detuvo con un gesto de su mano—. Imagino que Kakashi ha decidido seguir tu ejemplo.

Minato pausó por un instante. —¿No era lo que le estaba sugiriendo desde que le envió todos los pergaminos e información sobre la Academia?

—Quería que Kakashi estuviera preparado para eso —admitió el mayor, su tono no denotaba triunfo ni derrota—. Pero eso fue más bien porque temía que lo sintiese como un retroceso y no como un requerimiento para estar aquí.

—Una degradación, más bien —señaló. Kakashi odiaba ser subestimado por su edad, era algo que conocía muy bien desde la Academia y que lo perseguía tanto como la historia de su padre—. Asumo que Kak… que Hatake-san está aquí para tener su parte en la decisión.

Hatake-san.

Hm.

Tendría que acostumbrarse.

—Sí. Me temo que ellos van a requerir una relación directa —explicó—. Contigo es más fácil, de algún modo. Han pasado diez años desde que alguien vio a nuestro Minato. Eres más joven, además. La gente lo recuerda como el Yondaime Hokage… Cambiando un poco tu apariencia, no tendrás mucho de lo que preocuparte. Los ninjas más jóvenes no te reconocerán. Pero Kakashi… Bueno, tu alumno tiene a nuestro Kakashi aquí.

Minato resistió la tentación de preguntar cuál era el criterio que debía satisfacer para cambiar su apariencia y que significaba «un poco». Se concentró en la siguiente parte de la frase.

—Hatake-san sigue aquí, los ninjas y los civiles lo han visto viviendo y trabajando en la aldea —adivinó—. Y ya que tiene que ir a la Academia, necesitan la relación para sus registros.

—Sí. Nuestro Kakashi sugirió una relación, también.

Padre e hijo, si Minato había entendido bien.

—Ya veo.

Era irónico, en realidad.

Kakashi desesperadamente quería huir del peso de su apellido mientras que Minato se había aferrado al suyo con uñas y dientes durante toda su vida. Sin embargo, Kakashi era el que debía permanecer atado al nombre de la familia que renegaba y Minato tendría que acostumbrarse a la pérdida.

Esperaba que Kakashi no lo tomase realmente mal.

—¿Cree que habrán terminado? —dudó.

Minato se concentró para buscar el chakra de su alumno. Ninguno de los dos Kakashi estaba muy lejos.

Hiruzen ladeó la cabeza y luego se encogió de hombros. —Es posible. Cada examinador tiene sus métodos para sus estudiantes. Pero déjalos unos momentos más.

La imagen de su Kakashi siendo alumno de un Kakashi adulto era el pensamiento más hilarante que se le había aparecido ese día.

—Muy bien. —Minato titubeó por un momento, pero decidió que era mejor aprovechar la oportunidad para quitarse una duda—. ¿Sandaime, cuántos más saben de nosotros?

—Mis consejeros y Yamanaka Inoichi, ahora mismo. —Sarutobi hizo una pausa, como si debatiera consigo mismo—. No éramos los únicos, como te he dicho, pero Inoichi selló las memorias de los otros jonin que fueron alertados de su presencia. Creí que era lo mejor para que ustedes pudieran empezar de nuevo.

Minato asintió.

No era inesperado, para ser francos. Él conocía un sello para deshacerse de memorias específicas, pero cualquier jutsu de los Yamanaka era más efectivo a largo plazo. Inoichi no le preocupaba.

Le gustaría decir lo mismo sobre los consejeros del Hokage.

—Solo nos queda discutir a lo que te vas a dedicar, creo yo. ¿Pensarás en lo que te propuse antes?

—Desde luego —replicó. Lo pensaría con detenimiento, incluso—. Con permiso, Sandaime.

—Me gustaría hablar con Kakashi un momento, antes de que se vayan.

Minato hizo una reverencia, antes de tomar la máscara triangular que había reclamado como suya y despedirse.

Ya no tenía sentido quedarse hablando con Hiruzen ni tampoco lograría conseguir hablar con Naruto ni encontrar a Jiraiya-sensei de momento. Sus perspectivas laborales podían esperar. Quería saber cómo le había ido a Kakashi, además.

Tenían que retirarse y meditar sobre los siguientes pasos a seguir. Minato contaba con los medios para ir a buscar a Jiraiya sin salir de la aldea, pero también quería darse un tiempo para prepararse para ese encuentro.

El Hiruzen Sarutobi y el Hatake Kakashi de ese mundo eran distintos a los que Minato conocía de su tiempo. El Tercer Hokage podría ser una persona completamente diferente, de hecho, y él lo creería sin problemas. Sandaime no solo había perdido la ligereza con la que Minato lo había conocido. Algo más profundo calaba en su interior. Las ojeras bajo sus ojos acentuaban la profundidad de su mirada y, aunque no había dejado atrás la sonrisa fácil que siempre había adornado su rostro, había un filo en el gesto que antes no había aparecido. Su voz arrastraba una vida de cargas pesadas. Daba la impresión que estaba hundiéndose bajo el peso de las tragedias de Konohagakure.

Kakashi… Hatake-san. Hatake.

Minato no sabía qué esperar de él. No habían interactuado lo suficiente. Pero, a la vez, Minato podía percibir que había algo fundamentalmente foráneo en él. En la forma en la que se sostenía. En cómo se movía por la habitación. No había muchos rastros del niño que Minato enseñaba, claro, pero eso era natural. Kakashi, su Kakashi, todavía estaba haciendo su camino en el mundo. Apenas tenía diez años. Aún tenía mucho por crecer, por aprender. Aún le faltaban las experiencias, las alegrías y las tristezas.

A Minato le gustaría conocer al otro Kakashi. Y, al mismo tiempo, le inquietaba la mera idea de hacerlo.

¿Qué probabilidades había de que con Jiraiya-sensei fuese diferente?


No fue difícil encontrar el lugar al que debía ir.

Kakashi —ambos Kakashi, debería decir, el niño y el adulto— tenía un sello distintivo de chakra. No era el violento rojo que a veces destellaba bajo las cadenas del Kyūbi ni era la cálida, afectuosa energía que solía asociar con Kushina. Era... prístino, blanco.

Nunca era difícil de ubicar. La familiaridad y la convivencia, desde luego, también ayudaban mucho para la orientación.

El pasillo que separaba la habitación de la oficina del Hokage estaba vacío, en apariencia. Podía sentir la presencia de algunos ninjas en los alrededores, pero estaban lo suficientemente lejos como para transformarse en ruido blanco y Minato sabía que lucía lo suficientemente inofensivo como para no llamar la atención. La máscara cubría su rostro y parte de su pelo, y los shinobis siempre vestían de la misma forma en la aldea.

Vaciló por un instante frente a la puerta. A pesar de que la habitación estaba ocupada, no se escuchaba ningún sonido.

La puerta se abrió.

Minato parpadeó.

Hatake había quitado el hitai-ate de la parte izquierda de su cara, permitiendo que Minato contemplase el resto de su rostro. Notó, con una ráfaga de inquietud, que la cicatriz en su ojo era profunda.

Una cicatriz. Y el sharingan.

—Justo a tiempo —dijo Hatake, cerrando su ojo izquierdo.

Minato sacudió la curiosidad que lo invadió y se tragó las preguntas que sacudieron sus ideas. Había una historia que, posiblemente, no escucharía en ese momento a juzgar por la forma en la que Hatake se había retirado de la entrada, alejándose de él.

Sus ojos vagaron por la habitación, buscando a su alumno.

—¿Ya terminaron?

Kakashi miró a su versión adulta con algo muy parecido a la frustración, con algo muy parecido al resentimiento. Permaneció en silencio por un prolongado intervalo de tiempo, lo que no era usual. A Kakashi le gustaba expresar sus opiniones en alto. Fuerte y claro.

Minato alzó una ceja.

—Maa, ya está hecho —apuntó Hatake, con la misma parsimonia con la que se había expresado en la oficina del Hokage—. Es el nivel que esperaba y uno que lo ayudará para su llegada a la Academia. Tiene un par de meses para prepararse para las clases. Pero, justo ahora, estábamos hablando de nombres.

Minato vio que su alumno arrugaba el ceño. Podía imaginar la expresión de disgusto que se dibujaba bajo su máscara.

—¿Nos podemos ir, Sensei?

Minato suavizó su expresión.

Kakashi se esforzaba siempre en sonar lejano y desinteresado, como si nada en el mundo realmente lo alcanzara. No sonaba de ese modo.

—El hokage quiere hablar contigo antes —dijo, pero sus ojos vagaron entre los dos ocupantes de la habitación—… Aunque... Supongo que es con los dos.

—No lo creo. Sandaime ya me dijo todo lo que tenía que decirme.

Kakashi miró a Minato con sus ojos oscuros, luego le dio una mirada irritada a Hatake.

—¿Qué sucede, Kakashi?

—Estábamos hablando de nombres —corroboró, finalmente. Soltó un suspiro—. Nombres para . Para la Academia… y lo demás.

Ah.

—¿Pero no pueden coincidir en ninguno? —conjeturó.

Kakashi chasqueó la lengua. —Él quiere llamarme «Kama» o «Botan».

—Fueron solo sugerencias, no te lo tomes tan mal. Igual… puedes pensarlo, como te dije. —No podía ver el gesto, pero Minato no tenía duda que Hatake estaba sonriendo cuando se giró al verlo—. Solo digo, tu maestro elige nombres muy cuestionables. ¿Estás seguro que quieres arriesgarte a que elija cómo te llamarás?


Kushina,

¿Sabes lo que dicen sobre los arrepentimientos? ¿Qué son una de las fuerzas más poderosas de la naturaleza? ¿Que se aferran a tus ideas y envenenan cada pensamiento?

Es cierto, es tan dolorosamente cierto que no puedo pensar en otra cosa en este momento.

Nunca me gustó quedarme con las posibilidades y los qué hubiera sido, es un despropósito en la vida que llevamos. Un ninja es alguien que soporta. Jiraiya-sensei lo dice a menudo, lo decía mucho cuando entrenaba conmigo. Se la escuché decir al Tercer Hokage, también.

Aunque... suena como una excusa, en este momento, ¿no te parece?

Kushina, lo siento, prometí que no volvería a escribirte y aquí estoy, rompiendo otra promesa. ¿Te das cuenta que mis cartas también son un despropósito? ¿De qué puede servir que te escriba algo que nunca llegará? ¿Qué sentido tiene para la vida que estoy eligiendo ahora? ¿Qué beneficio podría tener saber que mis palabras no llegarán a ninguna parte? No tiene más propósito que... catarsis, supongo.

Siempre me decías que debía hablar más, ¿te acuerdas…?

Ahora, bueno, te escribo, porque no puedes escucharme. Te escribo de nuevo aunque prometí que ya no lo haría... porque soy débil. Te escribo porque no tengo a nadie más a quien confiarle esto... Te escribo porque eres mi mejor amiga, mi confidente. Porque eres a quien le puedo contar todo.

...Siento como si ahora faltara una parte de mí.

No puedo hablar con Kakashi-kun de todo esto, aunque quizá llegue el momento en el que deba hacerlo. Él es mi alumno, es mi deber ser el responsable en esta relación. Kakashi... tiene sus propios problemas con los que lidiar, además.

Una identidad es lo más preciado que se tiene, ¿no era así lo que nos decían en la Academia? Kakashi ya no será Hatake Kakashi. (Nos tomó tiempo, pero terminamos eligiendo un nombre que tuvo su aprobación. No fue fácil). Y no, ya no seré Namikaze Minato tampoco. No en papel, al menos. Ahora somos dos ninjas leales a una aldea que no es la nuestra.

Espero que eso cambie pronto. Espero sentir que este lugar, esta Konoha, es nuestro algún día- No será lo suficientemente rápido, me temo.

Seré un Uzumaki ahora, creo que no te lo he dicho.

Sí, sí, lo sé.

Es... ridículo, lo sé.

No soy pelirrojo. No tengo habilidades curativas ni tampoco tengo la cantidad de chakra que tienes tú o la gente de Uzu.

Nadie me confundiría con un Uzumaki de sangre.

Pero... tengo algo. Tengo algo y... a alguien. Alguien que necesita a un Uzumaki.

Alguien que, me temo, desesperadamente necesita a un Uzumaki.

Naruto.

Nuestro... No, nuestro no... Pero sí.

Es el hijo de Kushina y Minato. De los que viven en este... mundo. Tu sucesor como jinchuuriki.

Uzumaki Naruto, huérfano e ignorante de su realidad.

Kushina, lo que aprendí... Lo que aprendí en estas últimas horas, haría hervir tu sangre. Hace hervir mi sangre. El Tercero habla de sacrificios, de los sacrificios que hicimos y de la pérdida que significaron nuestras muertes, habla de las tragedias y de... Pero el niño no sabe nada.

No sabe nada, Kushina. No sabe quién es, ni sobre ti. No sabe de tu familia. No sabe de su familia. No sabe de su rol como Jinchūriki. No sabe absolutamente nada.

Son estos momentos en los que me gustaría ser más como tú.

Ahora mismo, en este momento, en lugar de escribir cómo te sientes... harías algo. No descansarías hasta verlo, no dejarías que estuviera fuera de tu vista, no permitirías que se sintiera... tan solo. Me dirías que deje de poner excusas, que lo busque inmediatamente. Y no puedo. No puedo dejar de pensar en Minato, el Minato de este tiempo, y sus decisiones. No puedo dejar de pensar en lo que les pasó a ellos dos. En que el Kyūbi, finalmente, terminó con... sus vidas. En que no llegaste a cumplir tus metas antes de que todo acabara. En que Minato eligió sellar al Kyūbi en tu hijo. En su hijo. No puedo dejar de pensar que ese niño, al que quiero ver en este momento más que nada, al niño que quiero ayudar, es el niño que fue condenado por otra versión de mí.

Me pregunto, ¿qué habrá pasado esa noche en realidad?

Nunca pude opacar tu ira, siempre fuiste mucho más brillante de lo que jamás seré.

Pero no soy como tú. No soy inocente. No soy tan honesto.

No puedo ir con Naruto, presentarme ante él y decirle que todo estará bien. Pero lo haré. Lo haré y lo seguiré haciendo, porque eso es lo que decidí.

Tú sabes mejor lo que es ser un Jinchūriki de lo que yo sé, nunca me habrías dejado tomar esa decisión a la ligera. Y sabes que las cosas que hago, las hago por una razón. Siempre tengo un propósito. incluso escribiendo estas cartas, que parecen no tenerlo, lo tienen. Y es cierto. Me conozco lo suficiente para saber eso...

Esto es solo es una parte de la historia. Hay más. Quizá deba investigar.

Pero, no dejo de pensar en otra cosa que me preocupa, también. ¿Me perdonarías por esto tú, Kushina, si lo supieras?

¿Me perdonaría Naruto? ¿...Me perdonará cuando lo sepa?

Supongo que debo averiguarlo.

No tienes idea lo mucho que te echo de menos.

Siempre tuyo,

Minato.


Notas:

La mitad de esta historia lleva tiempo escrita. La he estado revisando, pero no en profundidad... Puede haber varios errores. Sigo pensando en este universo, ya veremos cómo sigue.

¡Saludos!