Pobres inocentes

S

—¡Engendro, te dije que hicieras tu maleta anoche!—gritó Jack desde el piso de abajo con urgencia.

Rodé los ojos.

—¡Y yo te ignoré, Jack!—grité de vuelta mientras trataba de cerrar mi maleta.

Al ver que no cerraba, subí encima de ella y salté mientras trataba de mover los cierres.
Lo logré, pero parecía que estaba a punto de explotar.

Meh.

—Max, sabes que él se molesta mucho cuando tardas—dijo mi gemelo al verme bajar de más escaleras con lentitud.

—Él se molesta conmigo hasta por respirar muy fuerte—contesté con desinterés—. Hay que irnos antes de que piense que es una buena idea que nos vayamos caminando.

Él no puso objeción. Nos encaminamos hacia las puertas y subimos al auto donde nos recibió las duras facciones de mi padre. Llevaba su pelo rubio cortado al estilo militar, tenía la mandíbula marcada, quizá por tanto apretarla cada que se molestaba conmigo.

Sus ojos azules se encendieron de furia cuando notó que subí a la parte trasera e ignoró a mi hermano que se había puesto en el asiento del copiloto.

Suspiré sabiendo lo que estaba por venir.

—Maxxine Cherry—dijo enfurecido. Pensé en protestar por el uso de mi nombre completo, pero me arrepentí, no quiero morir tan joven—, ¿cuántas veces te dije que cuando yo digo algo tiene que hacerse al pie de la letra?

Dudé en contestar.

—Uh, si contamos la de ayer antes de dormir y la que me gritaste en la mañana serían...—empecé una cuenta mental.

Me gustaba molestarlo, su cara pálida se volvía roja y parecía caricatura animada.

—¿Es qué no tomas nada enserio, niña insolente?—su rostro se volvió rojo como lo había predicho y mi hermano me miró con impotencia—. Tienes suerte de que los llevaré a ese lugar.

—Ni siquiera nos has dicho a dónde nos llevarás—apunté.

—Ya lo verán—dejo de verme y se concentró en mi hermano—. Cuídate mucho, Jack. Te esperaré al final del verano para que me cuentes tus aventuras—le dijo con el brillo en sus ojos con el que jamás me vería.

—Está bien, papá.

Papá encendió el auto y comenzó una agradable plática sobre fútbol con Jack, ignorando que yo me encontraba en el asiento trasero.

A veces odiaba a Jack.

Era mi gemelo, pero nos parecíamos tanto como Selena Gómez se parece a Selena Quintanilla. Él tenía el cabello rubio de papá cortado de la misma forma, unos penetrantes ojos azules, labios pequeños y gruesos. A pesar de la edad, mi hermano hacía mucho ejercicio por lo que estaba en forma.
Yo, por otro lado, tenía un largo cabello castaño, labios gruesos, tez clara como mi hermano, y mis ojos eran de color rosa.

Mis jodidos ojos eran de un maldito color rosa.

Papá los odiaba por qué decía que me hacían un fenómeno. Me compraba siempre lentillas de color azul para taparlos.

"Unos ojos así no deben mostrarse" decía siempre con asco.

Lo decía tan seguido que no tarde mucho en pensar lo mismo. Mis ojos rosas son lo que más odio de mí.

No era un secreto que él quería más a Jack, era su favorito. Quizá yo hubiera sido la favorita de mamá...si tan solo supiera quién es, obvio.

Mis pensamientos increíblemente alegres y filosóficos se vieron interrumpidos cuando noté que nos habíamos detenido, eso había sido rápido, esperaba un campamento militar a miles de kilómetros de papá, supongo que no siempre podemos tener lo que queremos.

—Llegamos—dijo sin emoción—. Largo, nos vemos al final del verano. Jack, cuídate, hijo.

Ignoré el hecho de que no me mencionó y mire alrededor. Frente solo había un bosque con muy espesos árboles. Estábamos prácticamente en medio de la nada.

—¿Nos dejarás aquí? —pregunté.

—Solo sigan caminando dentro del bosque y encontraran un campamento. Ahí les explicarán todo—espero a que bajáramos nuestras maletas y el auto salió rápidamente dando un chillido.

Jack silbó.

—Sabía que era capaz de abandonarte a ti pero, ¿a mí?

Reí y coloqué mi mochila en su espalda.

—Cárgala, hermano mayor—me burlé, él solo me ganaba por dos minutos, pero siempre alardeaba sobre ellos—. Es tu deber, no quieres que tu hermana menor sufra una fractura de espalda por tanto peso, ¿no?

—Ja, ja, ja—rio con amargura, pero aun así aceptó la mochila como el esclavo que es—, ¿en serio vamos a entrar al bosque?

—De igual manera no tengo planes para hoy.

Empezamos a caminar, varias veces tropecé con ramas que sobresalen de los árboles y sólo escuchaba la carcajada de Jack detrás de mí cada vez que ocurría.

Los árboles eran hermosos, aun así. El bosque se veía lleno de vida, como si todos los días alguien se pusiera a regar cada planta y cortar las malas hojas.
Quite una rama del camino y al estar Jack tras de mí lo golpeó en el rostro antes de que se pudiera apartar.

Iba a empezar a burlarme cuando escuché un gruñido.

Me di la vuelta y lo miré con el ceño fruncido.

—Ah, no. Tú también te burlaste cuando yo caí—protesté pensando que el gruñido provenía de mi gemelo.

—Yo no fui, Max.

Volví a darme la vuelta.

Oh.

—¿Jack?—lo llamé aún sin despegar mi vista de enfrente.

—¿S-Sí, Max?

—¿Hay un toro frente a nosotros?

—S-Sí.

—¿Y tiene cola de serpiente en vez de patas traseras?

—También.

—¿J-Jack?

—¿Sí, Max?

—¿Deberíamos correr?

—Eh, sí.

Me coloqué a su lado y nos miramos a los ojos.

—¡AHHHHHH!—gritamos al unísono echándonos a correr.

—¿Qué carajos es eso, Maxxine?—preguntó con la voz agitada mientras trataba de no tropezarse con las grandes piedras del camino.

—Deja saco mi bestiario donde hablan de toros con cola de serpiente, Jack—grité sarcástica escuchando los gruñidos del monstruo detrás.

De repente recordé algo.

—Tengo una teoría—avisé evitando chocar con un árbol—. Pero es más rara que papá en navidad vestido de duende.

Larga historia.

—¡Dime!

—Es de la mitología griega, un ofiotauro. Un toro con cola de serpiente en vez de patas traseras, lo mató Egeón hace miles de años.

—¡Pues al parecer no lo hizo bien!

Bufé cansada y continúe. Debía hacer más ejercicio.

Aunque, claro, una nunca piensa que algún día tendría que correr de un toro mitad serpiente en medio de un bosque con obstáculos.

—Se dice que sí quemabas sus tripas tendrías el poder de matar a los dioses eternos—mire atrás y el monstruo se estaba acercando, a pesar de la circunstancia, era todo un show ver al toro tratar de correr con patas delanteras y una cola gigante deslizándose—. En lo personal, prefiero dejarle las tripas donde están.

Jack chocó con un árbol.

Él era el mellizo inútil.

Me detuve a su lado para tratar de ayudarlo a levantarse. Se notaba aturdido y su frente comenzaba a inflamarse pero al ofiotauro no pareció importarle las posible contusión de mi hermano y se colocó frente a nosotros, decidido a no dejarnos escapar. Echó aire caliente de su nariz haciéndome toser. Sus grandes ojos naranjas nos miraban furiosos, como si le hubiéramos puesto los cuernos.

Nunca es mal momento para un chiste.

Busqué desesperadamente dentro de los bolsillos de mi chaqueta rosa algo que pudiera ayudar a defendernos. Sentí algo duro y lo saqué esperanzada.

Una paleta.

Una puta paleta.

Hace tiempo, Jack y yo estábamos obsesionados con saber quién era nuestra madre pero papá nunca nos daba pistas. Siempre insistimos y debes en cuando hacíamos huelgas de hambre que duraban como treinta minutos.

Papá se hartó. De mí, obviamente.

Le dio a Jack una paleta rosa casi transparente y un chicle.

"Es lo único que ella dejó atrás, ahora largo" dijo mientras veía el partido.

Nos conformamos, Jack se quedó con el chicle y yo con la paleta. Jamás la sacaba de mis bolsillos.

—¿Qué vas a hacer?—gruño mi hermano adolorido al ver el rosado dulce de mis manos—, ¿darle diabetes?

Lo solté haciendo que cayera al piso. No sabía qué hacer, íbamos a morir. Hice lo primero que pensé.

Metí la paleta a mi boca.

Sí voy a morir, al menos que sea comiendo ¿no?

El toro seguía viéndonos fijamente sin reaccionar, como si esperara algo de nosotros. Era curioso, mi papá no esperaba nada de mí y el toro con cola de serpiente sí.

Mordí mi paleta y con rapidez me arrepentí, seguramente se rompería. La saqué de mi boca y una luz blanca la envolvió. El palo de la paleta se convirtió en un mango de espada de color rosa pastel y la hoja transparente como el diamante.

¿Tenía una espada en la boca? Había escuchado de personas que se tragaban espadas, pero no de algunas que las sacaban.

Sin darle muchas vueltas apunté al toro, no tenía idea de cómo usar una espada, pero fallando se aprende. Según sabía, los toros se volvían furiosos con el rojo, pero este ofiotauro parecía que le tenía rencor al rosa porque se lanzó hacia nosotros.

Hice lo más inteligente que se me pudo ocurrir. Lo golpeé con el mango de la espada dejándolo aturdido.

—¿A-Acabas de...

—¡Corre!—lo empujé y salimos corriendo con el toro detrás de nosotros. Se oía como su cola se deslizaba sobre las hojas caídas de los árboles. Y los gruñidos que daba no conseguía apaciguar mis nervios.

—¿Hay algo en tu cerebro de Friki que nos diga cómo se muere esa cosa?—preguntó Jack sin dejar de ver al frente, seguramente por miedo a volver a chocar.

Pensé rápido y casi pude sentir mi cerebro fundirse.

—Egeón lo mató con un hacha de diamante, ¿no traes por ahí una en la mochila?—pregunté esperanzada.

El toro avanzó más rápido y con la cola hizo que tropezaramos.

—¡Golpealo con la espada! —preparé el mango rosa para darle un porrazo—. ¡No, idiota! Con la hoja, parece de diamante.

Ah.

—Yo no sé hacer eso, mejor vamos a correr—me levanté, pero el ofiotauro estaba muy cerca de nosotros. Sin más remedio me lancé contra él.

Literalmente.

—¿Qué haces, cereza tonta?—gritó mi hermano al verme montando al toro—. Tienes una espada en la mano, pero tú idea es cabalgar. ¿Quieres también una silla de montar?

Lo ignoré, estaba más concentrada en la tarea de no caer. El ofiotauro trataba de usar su cola para bajarme encima de él pero la abracé, eso pareció dejarlo desconcertado porque se quedó quieto unos segundos, intenté hacerle un corte en la cola pero se movió haciéndome hasta más adelante. Sólo alcancé a sostenerme de los cuernos por lo que sus ojos quedaban exactamente a la altura de los míos.

—¡Nunca volveré a subirme a un toro mecánico!—prometí.

—¿Qué hago?—escuché murmurar a Jack mientras yo trataba de sostenerme de los cuernos del toro enloquecido—. Diablos, realmente la idiotez es de familia.

Dicho esto, fue hacia atrás y se lanzó hacia la cola de serpiente del toro, (jamás creí decir algo así). Alcancé a ver cómo la abrazó como yo lo había hecho minutos antes. Jack era arrastrado por todo el piso, pues el toro estaba moviéndose como loco tratando de que los dos nos quitamos de encima.

Gruñó, como diciendo «esta es la manera más estúpida de tratar de derrotarme»

Estuve de acuerdo.

—¡No podré sostenerla más, cereza tonta!—gritó.

Desesperada, me moví de tal manera que quedé sentada encima de la nariz del ofiotauro.
Con una mano agarre con fuerza el cuerno y con la otra sostuve la espada.
Grité e hice un movimiento con la espada que había visto en una película y corte su cabeza.

El monstruo explotó en un humo dorado, haciéndome caer al suelo. Jack seguía encima de la cola del ofiotauro ya que está no había desaparecido.

Miré mi mano que aún sostenía la espada, toqué la hoja qué era dura como el diamante, quizá lo era. Pasé mi atención al mango rosa, era sencillo, brillaba pero no parecía que fuera hecho de un material como el diamante. Pronto me di cuenta de que había un pedazo de cristal que parecía un pequeño colibrí en medio. El toque y la espada se envolvió de unas luces como antes pero esta vez se hizo mi paleta de nuevo.

Aturdida, la volví a colocar dentro de mi chaqueta.

—Estoy encima de una gran cola de serpiente—me comentó Jack cuando puse mi atención en él.

Reí.

—Tengo ganas de llorar—admití—. No tengo idea de dónde estamos y acabó de decapitar a un toro—Jack se levantó de la cola—. Yo estaba en contra de matar toros.

—B-Busquemos el campamento—recogió la cola.

—¿Qué crees que haces? ¿Te la vas a llevar?

—No sé tú, pero para mí, esto fue un gran logro.

—Primero, yo le corté la cabeza—levanté un dedo—. Y segundo, ¿qué crees que digan en el campamento cuando te vean llegar con una cola de reptil en las manos?

Lo pensó.

—¿"Qué guay"?

La verdad no creo que nadie piense que la cola fue extraída del culo de un toro por lo que no proteste y dejé que la llevará.

—Hay encontrar ese lugar—empecé a caminar ignorando el dolor que sentía en los hombros, sujetarse en los cuernos de un toro tenía sus consecuencias.

Escuché un quejido proveniente de mi gemelo.

—Creo que me torcí el tobillo—él se levantó un poco el pantalón dejando ver un gran moretón que sobresalía del calcetín que rodeaba su tobillo.

Lo miré y me di cuenta de que tenía el cabello rubio lleno de tierra y con algunas hojas, su cara tenía algunos rasguños, rastros de sangre y el gran bulto que comenzaba a formarse en su frente por querer traspasar un árbol.

Estaba terrible y seguramente yo no me veía mejor.

Me acerque a él y pase su brazo sobre mis hombros para ayudarle a cargar el peso de su cuerpo. Jack seguía aferrado a la cola, por lo que hacía más lento nuestros pasos. Estábamos por rendirnos, cuando una explosión llamó nuestra atención. Corrimos a ella, quizá alguien también necesitaba ayuda. Era difícil con la mitad del cuerpo de mi hermano encima, pero nos las arreglamos para llegar a un pino que sobresalía de los árboles, tras él, un enorme letrero con las palabras "Campamento Mestizo".

Creo. Realmente estaba en letras extrañas pero mi instinto decía que ahí decía eso, no le di muchas vueltas al hecho de que podía leerlo aun siendo disléxica.

—Tenemos que ver qué fue esa explosión—nos miramos y entramos buscando de dónde había venido el ruido.

No dimos ningún vistazo al campamento, nos dirigimos exactamente a unos baños que parecía que habían explotado.

—Vaya, creo que alguien andaba mal del estómago y tapó los baños—reí y Jack me miró mal hasta que nos dimos cuenta de que había unos chicos fuera de los baños. Todos estaban empapados hasta los huesos, menos uno de cabellos negros.

Una chica corpulenta avanzó un paso hacia el chico, por un momento creí que tenía la misma mirada que el toro que habíamos asesinado hace un rato. Casi puedo jurar que también echó aire por la nariz.

—Estás muerto, chico nuevo. Totalmente muerto.

¿Cómo se muere medio muerto?

Al parecer el chico tenía tendencias suicidas porque replicó:

—¿Tienes ganas de volver a hacer gárgaras con agua del váter, Clarisse? Cierra el pico.

Las chicas alrededor de la tal Clarisse con cara de toro la tomaron de los brazos evitando que se lanzará hacia el chico y algunas otras trataban de esquivar las patadas que está daba en protesta.

Se fueron y solo quedaron el chico y una rubia.

—Vayaaaa—hablé por primera vez—. Eso estuvo intenso.

Los dos voltearon a vernos.

Suspiré con sorpresa.

Eran malditamente bellos. El chico tenía el cabello azabache, piel bronceada y ojos tan azules como el mismo mar, parecía que tuviera todo el océano dentro de ellos. Brillaban con inocencia y tristeza, pero aun así era muy lindo. Parecía el ser más puro que había pisado la tierra, parecía...irreal. Por un momento mis ojos no se podían despegar de los suyos y por mi mente paso el fugaz pensamiento de él podía ver mis ojos rosas.

Sacudí la cabeza y miré a quién estaba a su lado.

La chica a su lado tampoco estaba mal, tenía el cabello rubio largo que se pegaba a su espalda por el agua y los ojos grises tan penetrantes que parecía ver en mi alma. Parecía una guerrera dispuesta a dar todo en una batalla, su postura estaba alerta y parecía que con el más mínimo roce, ella saltaría sobre mí.

Me removí incómoda al sentir que me escaneaba con la mirada.

—¿Quiénes son ustedes?—vio lo que traía mi hermano en brazos—, ¿y qué es eso?

Hice una mueca.

—Lo encontramos tirado—escuché a Jack.

La chica rubia nos miró incrédula y nosotros sonreímos inocentes.

—Nuestro padre dijo que encontraríamos un campamento en medio del bosque, supongo que este es—volvió a hablar Jack ignorando sus miradas.

—¿Su padre? ¿Quién es?—preguntó ella sorprendida.

Fruncí el ceño.

—Trevor Cherry, ¿trabajas aquí?—era muy raro que preguntara quién era nuestro padre.

—Entonces su padre es mortal—okey, ya no estoy entendiendo nada. Miré a mi hermano y él a mí, definitivamente, los dos estábamos confundidos—. Por la forma de la cola de serpiente que carga tu hermano, la suciedad de ustedes que su padre es mortal, debo suponer que ninguno de los dos saben que tipo de campamento es este y que...¿mataron a un ofiotauro?—preguntó lo último sorprendida.

—Te dije que era esa cosa—presumí en dirección a mi hermano.

Él rodó los ojos.

—¿Cómo sabes qué es?—preguntó Jack mirando a la rubia sorprendido.

Ella suspiró.

—Les voy a decir algo muy loco, ¿okey?—asentimos, el chico nos miraban atento a los tres—. Los dioses existen.

—¿Dioses?—Jack soltó la cola—, ¿cómo Jesús o Dios con D mayúscula?

El chico sonrió.

—No, Dioses. La mitología griega—nos miraba preocupada y nosotros solo la miramos atentamente—, ¿me creen?—pareció sorprendida.

Me encogí de hombros.

—Voy a creer todo lo que me digas después de degollar un toro.

Jack me señaló, apoyándome.

—Vaya, ellos reaccionan mejor que yo—habló el chico, literalmente quedé enamorada de su voz y bueno, de él—. Y yo maté a minotauro.

—¡¿Un minotauro?!—chillé emocionada—, ¿son tan grandes como en las imágenes?

Me miró desconcertado, pero asintió.

—El hecho es—nos interrumpió la rubia—; Que ustedes son hijos de una diosa de la mitología griega.

Me quedé procesando en silencio. Y si había algo que caracterizaba a Maxxine Cherry era que nunca tomaba las cosas enserio, aunque la situación fuera de vida o muerte.

—Bueno, no tengo idea de quién pueda ser mi madre—mire a mi hermano y luego a la rubia—, ¿crees que Jack sea hijo de algún monstruo con él que se haya "divertido" mi padre? ¡Quizá es hermano del ofiotauro!

Jackson me dio un golpe en la cabeza y me quejé alejándome para ponerme de lado del chico bonito quién me sonrió ligeramente.

La rubia rio.

—No lo sé, es muy extraño que aparezcan hermanos del mismo padre mortal.

—Somos gemelos—comenté y los dos nos miraron sorprendidos—. Lo sé, no nos parecemos en nada.

—¿Cuáles son sus nombres?—preguntó Jack tomándome desprevenida. No sé me había ocurrido que tuvieran nombre, para mí eran chica rubia y chico bonito.

El chico revolvió su cabello nervioso mientras nos miraba, el brillo triste de sus ojos seguía ahí, pero era menos notable con la sonrisa que nos ofrecía.

—Soy Annabeth Chase, hija de Atenea—se presentó la rubia.

Tenía sentido, se veía tan sabía cómo mi abuela Gloria. Excepto cuando jugaba lotería, ahí parecía que toda la cordura se le iba.

—Percy Jackson—murmuró el chico a mi lado y lo miré emocionada, de nuevo.

—¿Percy? ¿Algo así como Perseo, el héroe?

Él hizo una mueca.

—Perseus, es mi nombre completo.

—¡Es genial!—mis ojos brillaron y bufé. Puse mi mano en ellos y arreglé las lentillas que estaban moviéndose haciéndome sentir incómoda.

Annabeth y Percy me miraron con curiosidad, pero antes de poder preguntar mi hermano me salvó:

—Mi nombre es Jackson Cherry, pero pueden llamarme Jack—sonrió deslumbrando con su estúpida sonrisa de niño perfecto—. Y según mi hermana soy hijo de mi padre y hermano de un ofiotauro.

Estaba por soltar un chiste cuando recordé que yo nunca dije que mi nombre.

Sonreí y mis ojos volvieron a brillar.

—Soy Maxxine Cherry, pero pueden decirme Max—de repente recordé algo—. Mi nombre es con doble "x", por cierto.

—También pueden llamarla "cereza tonta"—propuso mi gemelo.

—¿De quién eres hijo, Perseus?—pregunté al darme cuenta que el no lo había mencionado.

—Oh, de mi mamá—vaya, pensé que yo era la más idiota aquí. Él rió nervioso y algo triste—. Me refiero a que mi mamá es-era mortal, pero mi padre es un Dios, supongo.

Asentí de acuerdo intentando contener mi curiosidad por hablar de su mamá en pasado. No era algo que me incumbía, pero no podía evitar sentir un nudo en mi garganta por no poder ayudar a apaciguar la tristeza que parecía que inundaba su corazón.

—Es razonable, tienes la belleza de un dios—le sonreí y su rostro se volvió aún más rojo.

Mi hermano frunció el ceño y me aparto de ahí.

—Entonces, ¿qué es este lugar, Annabeth?

—El campamento Mestizo, donde se entrena a los próximos héroes. Tenemos que llevarlos con Quirón para avisarles de su llegada.

—¡¿Quirón?! ¿El centauro entrenador de los mejores héroes?—y me desmayé.

Triunfando como siempre.

.

.

Espero que les haya gustado este capítulo. ¿Algo que decir de Maxxine?

-Ale sin x.