La verdad es que no había mucha diferencia vivir en la ciudad a vivir en un campamento. Solo tenia que acostumbrarme a el calor, la espera en los baños, tener que limpiar la cabaña seguido...
Bueno, también a las clases impartidas por sátiros, saber leer griego mejor que el ingles y al gran muro cubierto de lava al que nos obligaban a subir. Pero a parte de eso, no era muy diferente.
No llevábamos mucho tiempo aquí, pero me llevaba bien con los gemelos Stoll, entendían mi conexión con Jack. Percy en realidad no me hablaba mucho, pero yo estaba siempre detrás de él y nunca parecía molesto por eso, así que seguía sus sombras. En cuanto a Luke, bueno, estábamos en eterna guerra.
Jack odiaba cuando se metían conmigo, así que la enemistad ahora era de los dos. Siempre le hacíamos bromas cada vez que podíamos, y Luke en los entrenamientos nos daba palizas. Ambos éramos jodidamente malos en las batallas cuerpo a cuerpo y ese maldito hijo de Hermes siempre se aprovechaba de eso. Debido a un gran moretón morado que ahora había en mi costilla, él tenía el cabello del mismo color.
Aunque Percy se llevaba realmente bien con él, por alguna razón. Yo no era quien para decirle a quien hablarle, pero siempre tenía ganas de advertirle que Luke no era tan bueno como todos decían. Es decir, a Percy siempre lo ayudaba en cuanto a entrenamientos y manejo de espada se refería, pero nunca notaba como Luke siempre intentaba que hubiera mucha gente para poder dejarlo en ridículo, mostrar que Percy no era el elegido que todos pensaban. Lo cual me parecía una tremenda estupidez, si alguien tenía cara de protagonista al que siempre le pasaban cosas malas, ese era Percy, sin duda.
Dejando de lado todo eso, mi gemelo era realmente bueno en el arco y, no es por presumir (en realidad sí), pero yo podía defenderme muy bien con la espada.
Claro que, para llegar a ese punto, casi me apuñalo accidentalmente muchas veces. Pero no es necesario contar esa parte de la historia.
En cuanto a nuestra madre no había muchas señales, al parecer la vida de una diosa es demasiado ocupada para mandar un pequeño mensaje a sus hijos, pero no para tener sexo y engendrarlos.
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El viernes por la tarde, decidí escaparme de las clases de Luke. No estaba de humor para que me dieran una paliza. Aunque si deje a mi hermano con él. Meh.
Estaba buscando con la mirada a Percy, quería pasar tiempo con él. No tarde mucho en encontrarlo, estaba junto a Grover.
Oh, yo quería mucho a Grover. Era muy cool.
Comía latas.
Para mí eso ya era suficientemente cool.
—¡Perseo! — mi grito hizo que ambos dieran un gran salto en su lugar, rápidamente elevaron sus defensas y voltearon a verme.
Ambos suspiraron cuando identificaron que era yo quien había saludado.
—Ya hablamos de esto, Maxx, puedes llamarme Percy—sonrió de lado y Grover me saludo entusiasta.
Abrace a los dos.
—Lo sé, pero siendo un semidios, creo que tu nombre es muy buen augurio—confese después de soltarlos—. Después de todo, es uno de los pocos héroes que fue feliz.
Percy pareció sorprendido, y la mirada nostálgica que tenía desde que había llegado al campamento, volvió a brillar levemente de alegría.
—Mi mamá me puso así por esa razón. Quería un final feliz para mí.
Saque una lata de mi mochila junto con una soda de color azul (ambos robadas de la cocina), y se las entregue. Grover rápidamente empezó a devorarla sin dejar de prestarnos atención.
Hice una leve mueca.
—No creo que quisiera un final—remarque la última palabra—. Creo que ella solo pensaba en una vida feliz.
Los tres nos quedamos en silencio unos minutos, hasta que decidí romperlo. Yo no venía buscando poner a pensar a la gente.
—¡Bien! —volvieron a sobresaltarse—¿Que hacían?
—Maxx, ¿no deberías estar entrenando con Luke? —Grover pareció darse cuenta de mi salto de clases.
—¿No deberían los sátiros solo existir en los libros de fantasía? No todos podemos estar donde quieren que estemos, Grov—hable sabiamente.
Percy rio y cambio el tema.
—Entonces ¿por qué hay tantas cabañas vacías? —me senté al lado de Grover en cuanto Percy soltó la pregunta.
Me sentí emocionada, yo tenía la misma duda, pero olvidaba preguntarles a los gemelos cada vez que los veía.
—El número ocho, la de plata, es la de Artemisa—dijo—. Juro mantenerse siempre doncella. Así que nada de niños. La cabaña es...ya sabes, honoraria. Si no tuviera una se enfadaría.
Estaba a punto de protestar por lo estúpido que era eso, pero me mordí la lengua a tiempo. Jack me había advertido que, si un Dios intentaba asesinarme, él no intentaría salvarme la vida. Lo odio, ojalá le caiga una flecha en el culo.
Percy y Grover siguieron hablando de los dioses egoístas y sus cabañas celosamente protegidas. Eran tantos nombres y reglas que me dieron dolor de cabeza. Que desperdicio de madera. Si los otros dioses van a andar como conejos pariendo hijos, deberían por lo menos darles techo. No debe ser tan jodidamente difícil para unos dioses que pueden hacer que caigan rayos del cielo.
Lo que hizo que volviera a poner atención en ellos, fue la historia de Thalia.
¿Sería este buen momento para ir calificando los peores padres dioses?
Porque Zeus se lleva el premio número uno.
¿Qué jodida solución es esa?
"Ay, no te puedo salvar con un rayo hija, pero si quieres te convierto en pino. tqm"
Pero me di cuenta de que Percy era mejor persona que yo, se veía afligido. Supongo que él sabía más sobre la muerte que yo.
—Grover—Percy habló con una mirada sospechosa—, ¿hay semidioses que hayan cumplido misiones en el inframundo?
El sátiro ajeno a las intenciones respondió:
—Algunos—lo detuve antes de que siguiera hablando.
—Todos los héroes que probablemente iba a mencionar Grover serian unos que no tienen finales felices—lo mire a los ojos—. Pero ellos estaban solos, tú no.
Ambos se quedaron sorprendidos. Sonreí levemente y me levanté, limpiando la suciedad de mis pantalones.
—Nos vemos, espero estemos en el mismo equipo porque no tengo ganas de que Clarisse me pateé el trasero sola.
Me fui, esperando que entendiera.
No importa si tenía que ir al infierno, si eso podía quitarles la tristeza a los ojos de Percy, lucharía con el mismísimo Hades.
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—Vamos, Butch, solo es recibir todos los ataques por mí —rogué—, ¿no somos amigos acaso?
Sé que dije que defendería a Percy hasta de Hades, pero campistas furiosos con hambre de victoria, no eran Hades.
Yo enserio le tenía miedo a pelear. Ni siquiera podía debatir sin ponerme a llorar. Intentar encajar una espada en alguien, estaba fuera de mis límites. Intentaba encontrar un escudo. Jack me había rechazado desde que, junto con los gemelos, colocamos su cama en el techo. El pobre tuvo que pasar toda la tarde, después de su entrenamiento con Luke, tratando de bajarla.
Los gemelos Stoll también se habían negado a defenderme. Dijeron que su hermana pequeña tenía que aprender a sangrar debes en cuando. Les explique que sangraba cada mes, pero aun así no cedieron.
Ahora intentaba poner a Butch al frente, era lo suficientemente musculoso para ocultar mi cuerpo y recibir flechas por mí, pero por alguna razón no quería.
—No.
Me altere.
—¡Bien! ¡Pero cuando consiga a una persona como escudo y ambos tomemos la bandera, vendrán llorando! —eso solo logro hacer reír a mis amigos.
Busque entre todas las personas de la once, pero realmente no tenía la confianza suficiente para preguntarles. Hasta que mis ojos brillaron al divisar a Percy a los lejos.
Empecé a acercarme hasta él, y cuando estaba a una distancia suficiente, pude ver que estaba platicando con Luke, mientras este le ponía la armadura. Rechiné los dientes al ver al chico de la cicatriz, pero no detuve mi carrera.
—Luke—salude levemente con un movimiento de cabeza y él rodo los ojos, así que cambie mi vista a Percy—. ¡Perseo! Qué bueno que te encuentro.
Una gota de sudor cayó de Percy e hizo una mueca, levemente preocupado.
—¿Qué hiciste ahora, Maxxi?
Abrí un poco más los ojos al notar el nuevo apodo. Moví la cabeza tratando de no sonrojarme y concentrarme en la misión.
Hice que nos alejáramos de Luke para ponernos del lado de Annabeth. Ella alzo una ceja al vernos, pero no dijo nada, solo sonrió en mi dirección. Ella había dicho que le parecía tierna.
—Que poca fe me tienes—retome la conversación—, ¿podrías ser mi escudo?
Annabeth, quien se estaba acomodando la armadura, volteo a verme desconcertada.
—¿Eh? —preguntaron ambos, confusos.
—Sí, yo no quiero que me apuñalen, ya lo hice yo solita en los entrenamientos—levante mi blusa enseñando una cicatriz en el abdomen, que había salido cuando intente lanzar una daga, pero revoto y me apuñalo.
Si, no sé cómo fue posible.
Percy apartó su mirada rápidamente, con las mejillas rojas. Annabeth solo miraba curiosa la herida.
—Entonces, quiero ir detrás de ti. Yo soy la mente y tú el cuerpo.
—Ah.
—Me parece buena idea, de igual manera, solo manténganse alejados de nosotros mientras nos encargamos—Annie se alzó de hombros, indiferente.
—Hecho—estreche su mano.
Percy pareció molesto.
—¿Por qué haces un trato con ella, si soy yo quien usaras como escudo humano? —lo pensé un momento.
Tome su mano y la estreche.
—Hecho.
—Así no funcionan los tratos—intentó explicarme, pero ya era tarde.
—¡Equipo Azul, adelante! —gritó Annabeth.
Unidos ante el entusiasmo de la hija de Atenea, todos vitoreamos y alzamos armas, emocionados por la guerra. Nos dirigimos hacia el sur, siguiendo las espaldas de Annie. No deje ir la oportunidad de sacar la lengua en cuando Clarisse me miró.
Ella se molestó e intento venir en mi dirección, pero sus hermanos la detuvieron con fuerza, obligándola a adentrarse en el lado norte del bosque.
—Yo creí que era el único que tenía tendencias suicidas—comentó Percy.
—Podríamos hacer competencia de quien tiene más ganas de morir—sugerí, pero él solo se rio y revolvió mi cabello.
—¡Eh! —gritó Percy en cuanto ya estábamos lo suficientemente lejos del equipo rojo—, ¿entonces cual él es plan? ¿me darás algún artilugio mágico?
—¿Una espada que sale de una pluma no es lo suficientemente mágico? —murmure.
Annie se echó una mano a los bolsillos, como si temiera que le hubiéramos robado algo.
—Ojo con la lanza de Clarisse—dijo—. Te aseguro no quieres que esa cosa te toque.
—Me alegra que lo digas, pensaba atravesarme con ella para ver que se sentía—hable irónicamente y Percy solo suspiro para ponerme una mano en la boca.
—Por lo demás, no se preocupen—me ignoró —. Conseguiremos la bandera. ¿Luke te ha dicho tu papel?
Detrás de Annabeth, vi a Jack siendo sujetado por los gemelos y Butch, mi gemelo había visto como Percy se había acercado a mi para tapar mi boca.
Sonreí malévolamente.
Venganza.
Me apagué más a Percy solo para molestar a Jack, y recargue mi cabeza en su hombro.
Butch tuvo que darle un golpe a Jack para que se calmara.
—Patrulla de frontera—respondió Percy, ajeno a todo— Sea lo que sea eso.
—Es fácil, mantente junto al arroyo y mantén a los rojos alejados. Déjame esto a mí. Atenea siempre tiene un plan.
Quise replicar que ella era Annabeth Chase, no Atenea. Pero mi boca seguía siendo oculta por la mano de Percy.
—Vale, me alegro de que me quisieras en tu equipo—murmuró sarcásticamente, viéndola alejarse.
Mis amigos y los demás de distintas cabañas, se fueron esparciendo para cumplir sus papeles asignados.
Percy soltó mi boca y empezamos a caminar en silencio hacia el arroyo que debíamos proteger. Lo veía desanimado, pero dejé de sentir lastima por él al verlo reír cuando tropecé con una rama y me fui de cara al suelo.
—Eres increíblemente torpe, Maxxi.
—Y tu increíblemente molesto, deberían darnos algún premio—ataque.
Eso solo lo hizo reír más.
Antes de que pudiera lanzarme a golpearlo, un ruido nos puso alerta. Venía de una maleza que no tardó mucho en explotar.
¿Qué demonios?
¿Se permitían balas de cañón?
Aparecieron cinco hijos de Ares gritando como salvajes. No pude evitar compararlos con monos enloquecidos.
—¡Al agua con los pringados! —lideró Clarisse.
Pringado tu padre.
Pero aja, quería vivir, así que me escondí detrás de Percy.
—Muy bien, Perseo, cumple tu papel y haz trocitos a la mujer toro.
Eso hizo gruñir a a Clarisse.
—No creo que sea precisamente bueno que la hagas enojar más—sugirió Percy, nerviosamente.
La chica toro blandía una lanza de metro y medio, con la punta brillante de color rojo. Sus hermanos solo llevaban típicas espadas, pero eso no impedía que me estuviera orinando del miedo.
Prefiero luchar de nuevo con el ofiotauro.
Percy se agachó para esquivar una estocada de uno de los hermanos de Clarisse, dando pase libre a mi cabeza. Conseguí dejarme caer al suelo antes de perderla.
Fuimos rodeados y Clarisse no tardó en lanzarse cobre Percy, usando su lanza para intentar derribarlo. Al chocar esta con su escudo, una corriente nos recorrió a ambos.
¡Maldición! Electricidad.
Estúpida mamá diosa, ¿no podía darme un arma cool como esa?
De mala gana saqué mi paleta del bolsillo y la mordí. Esta rápidamente se convirtió en una espada rosa para nada amenazante. Conseguí evitar que le asestaran un golpe a Percy mientras él luchaba con la líder de los toros. Pero ella lo empujó, haciendo que chocara conmigo, consiguiendo que ambos termináramos en el suelo.
Somos un terrible equipo.
Ayuda, Jack.
—Sesión de peluquería—dijo Clarisse, y sus hermanos rieron como si hubiera contado el mejor chiste—. Agarren sus cabellos.
Yo no iba a quejarme, mi cabello largo ya me molestaba. Pero Percy consiguió levantarnos a ambos, tomándome por el brazo.
—Uy—se burló Clarisse—. Cuanto miedo da este chaval. Muchísimo.
—Bueno, tampoco hay que darle tanto crédito. Tu cara da tanto miedo que solo necesitas un espejo para desmayarte—Percy me dio un codazo en las costillas tratando de que me calle.
—La bandera está en esa dirección—le dijo. Trataba de verse valiente, pero yo que estaba a su lado, podía sentir todo su cuerpo temblar.
—Aja— contestó uno de sus hermanos—. Pero el caso es que no nos importa la bandera. Lo que nos importa es el tipo que ha dejado en ridículo nuestra cabaña.
—¿Entonces por qué atacan a Percy? —pregunte—. Ahí está Clarisse.
A la par, Percy contestó:
—Pues lo hacen sin mi ayuda.
Tenía ganas de chocar los cinco con él, pero no parecía el mejor momento.
Dos de ellos se lanzaron sobre nosotros, Percy retrocedió hasta el arroyo, atrayendo a uno de ellos. Deje de ponerle atención cuando uno me atacó. Chocamos espadas y baje la cabeza para pegarle con el mango en el estómago. Al parecer no tenía tan buenos reflejos como presumía, porque no pudo esquivarlo y se retorció en el suelo, tomando su estómago.
Escuché un quejido de parte de Percy y rápidamente vi en su dirección. Mis ojos se abrieron con pánico cuando vi sangre en el agua, proveniente de él.
—No está permitido hacer sangre—farfulló.
—Anda—respondió el tipo—. Supongo que me quedare sin postre.
Todos empezaron a reírse y no pude evitar enojarme. Ellos son semidioses, rechazados como nosotros. Diferentes.
¿No por ese mismo sentimiento de rechazo deberían saber lo que se siente que alguien te humille?
Nuestros padres nos dejaron, y mezclarnos en el mundo mortal es tan fácil como un examen de algebra lineal.
Solo nos teníamos a nosotros.
Pero antes de que pudiera acercarme, ocurrió algo.
Percy brilló.
Y no me refiero literalmente, sino que su mirada apagada se ilumino. Se vio más determinado, más fuerte y seguro. Más cómodo consigo mismo.
Los chicos no tardaron en acercarse. Percy rápidamente logro quitarle el casco a uno de ellos. Le dio tan fuerte que tembló como campana de iglesia, antes de caer al agua.
Los otros dos restantes quedaron con una marca de escudo en sus rostros, cortesía de Percy. Ambos retrocedieron con rapidez, dejando el camino libre para Clarisse. Todo paso rápido después de eso. Percy rompió su lanza y la hija de Ares murmuró como niña pequeña mientras hacia un berrinche.
Entonces oímos gritos de alegría. Vi a lo lejos a Luke con la bandera del enemigo en sus manos.
Hice una mueca, hubiera preferido perder a ver a Luke con esa bandera.
—Una trampa—exclamó Clarisse—. ¡Era una trampa!
¿Una trampa?
Y lo entendí al ver la sonrisa de Annabeth al aparecer a nuestro lado. Éramos la distracción, los inútiles que podían dejar atrás.
No pude evitar decepcionarme.
Quiron apareció galopando y...
¿Annabeth se apareció a nuestro lado?
La volví a mirar, conmocionada, y ella solo sonrió, con una gorra de los Yankees en mano.
—No está mal, héroe—miró a Percy—, ¿Dónde demonios aprendiste a luchar así?
No de Luke, eso seguro.
—Nos has usado como cebo—le dijo molesto. Me sorprendí al verme incluida—. Nos has puerto aquí porque sabias que Clarisse vendría por nosotros. Por eso aceptaste que yo fuera el escudo de Maxx. Lo habías planeado todo.
Annabeth se encogió de hombros, indiferente ante la acusación.
—Ya te lo he dicho. Atenea siempre tiene un plan.
—Un plan para que me hagan Maxx a la parrilla—aporte.
—Vine tan rápido como pude, estaba a punto de ayudarlos, pero...—se encogió de nuevo—. No necesitaban de mi ayuda—entonces miró fijamente a Percy—, ¿Cómo te has hecho eso?
—Es una herida de espada. ¿Qué esperabas?
Quise aportar que en realidad era de una lanza, pero Annie me interrumpió.
—Era una herida de espada. Mira bien.
Miré en la misma dirección y no pude evitar jadear por la sorpresa. La sangre había dejado de caer por el brazo de Percy. Donde antes había un gran corte, ahora solo era visible una fina línea cicatrizando. Hasta que finalmente despareció.
—Wow.
Annabeth lo miró como si fuera algún experimento, después echó una mirada al agua, y por fin dijo:
—Sal del agua, Percy.
—¿Qué...?
—Hazlo y calla.
Lo hizo e inmediatamente casi se desvanece, pero logre tomarlo en mis brazos, haciendo que dejara caer su peso en mí.
—Oh, Estige—supongo que maldijo—. Esto no es bueno. Yo no quería... supuse que había sido Zeus.
—Annabeth, habla en palabras que los no hijos de Atenea, podamos entender—pedí y Percy me apoyó.
Un perro con ojos de demonio y muchas acusaciones después, ya solo quería ir a dormir.
Después que me Percy se metiera al agua y sus heridas se curaran por arte de magia, hizo algo que me molesto.
—Bueno, yo..la verdad no sé como...—intento disculparse—. Perd...
—Cállate—todos me miraron sorprendidos por mi interrupción y mi mirada seria—. No hiciste nada malo. Ni siquiera tienes idea de donde estas parado, Perseo. Esto no es tu culpa.
Vi los ojos de Percy cristalizarse.
¿Cuánto tiempo paso sin que nadie le dijera que él no era culpable?
—Percy—Annie nos interrumpió—Miren.
Ambos miramos hacia arriba. Un holograma de luz verde brillaba encima de la cabeza de Percy. Una lanza de tres puntas: un tridente.
Encontré irónico que hace un momento casi lo matan por una lanza también.
—Tu padre...—murmuró Annabeth—. Esto no es nada bueno.
—Ya está determinado—anunció Quirón.
Todos empezaron a arrodillarse, incluso los hijos de Ares, aunque no parecían muy felices al respecto.
—¿Mi padre? —podía sentir la sorpresa saliendo del cuerpo de Percy.
—Poseidón—repuso Quiron—. Sacudidor de tierras, portador de tormentas, padre de los caballos. Salve Perseus Jackson, hijo del dios del mar.
Sin embargo, en vez de verse aliviado, parecía como si le hubieran puesto una piedra en la espalda. Con mi mano libre sacudí su cabello haciendo que me mirara.
—No esperes que me arrodille, Perseo—me queje—. Para mi sigues siendo el mismo chico sarcástico y con problemas de autoestima que conocí en un campamento en medio e la nada.
Percy sonrió.
Y sinceramente, internamente me estaba preguntando que teníamos de malo Jack y yo, para que nuestra madre no nos reclamara como lo había hecho el padre de Percy.
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.
Okey, iba a borrar esta wea pero me arrepentí, wuu.
¿Qué tal Maxxi? ¿Qué tal ustedes? ajss
Procrastinar es mi actividad favorita, y mas en la universidad. Alguien sálveme.
Espero actualizar de nuevo pronto3
-Al
