Desesperanzada. Así se sentía Hermione desde que había abandonado su vida. Lo había dejado todo por él.
Creía ciegamente en el amor… aunque sabía que lo de ellos se encontraba en un punto muy lejano a aquello. En el fondo, sabía que esto llegaría a su fin más temprano que tarde, pero aceptarlo era difícil.
No había conocido nada más que a él desde los 11 años, Merlín, hasta poco tiempo atrás creía que estarían juntos para siempre. Creía fervientemente que él era el amor de su vida.
Pero había cambiado, la vida después de la guerra no fue como ella lo había imaginado. Tristeza y desolación habían opacado la victoria.
Remus, Tonks, Fred… habían dejado una marca en la vida de todos que serían imborrables. La impotencia de haberlos perdido fue desoladora.
Después de la guerra, Harry y Ginny decidieron partir por un tiempo. Tomarse las cosas con calma y volver a empezar. Y ella lo entendía, realmente lo hacía. Pero maldita sea si no los resentía por ello. La habían dejado con todos los platos rotos por reparar! Con Ron hecho un desastre.
Los Weasley eran una familia que la habían acompañado desde su primer año en Hogwarts, no los podía abandonar. Molly era como su segunda madre, verla en ese estado… había sido devastador.
Ella había postergado sus sueños, sus anhelos, por cuidar de ellos. Sabía que necesitaban apoyo luego de perder a Fred.
Pero ella también lo necesitaba. No osaría a comparar el dolor de perder un hijo de una madre o un padre con lo que ella sentía, tampoco el dolor de perder un hermano.
Pero ella había perdido a sus padres. Estaban vivos, si. Pero no la recordaban. Era, al fin y al cabo, como si estuvieran muertos.
Algunas veces, cuando el trabajo se lo permitía, iba a verlos a Australia. Habían abierto un consultorio allí, iba como paciente, claro. Hablaría con su madre sobre algunos problemas.. y ella la aconsejaría. En cierto modo, se sentía más libre que nunca al hablar con ella de esa manera. Pero no era suficiente.
Extrañaba a su familia. Era tenerlos tan cerca, pero tan lejos. No había podido restaurar sus memorias aunque lo había intentado todo. McGonagall había sido tajante en que dejara de intentarlo o podría dañar sus mentes para siempre. Tristeza de nuevo. Se sentía huérfana. Tan sola.
Con Harry y Ginny lejos no tenía a nadie. Bueno, tenía a Ron… pero no la comprendía. Algunos dirían que tenía a Molly y Arthur… pero como podía ella inundarlos con sus problemas?
Ron y ella simplemente se distanciaron con los años. Eran pareja al ojo público pero ambos sabían que solo había cariño y honesta amistad entre ellos. El amor romántico se había ido en cuanto se fue su adolescencia.
Habían hecho un pacto silencioso de seguir juntos como pareja aunque no hubiese nada. Para no estar solos. Pero eso se había acabado. Ron la había traicionado.
No lo culpaba. Solo había hecho lo que ella no tenía el coraje para hacer. En cierto modo, lo envidiaba.
Ron había tardado en encontrar su lugar en el mundo, a diferencia de ella. Luego de la batalla se tomo un año sabático para procesar lo ocurrido; fue un año difícil. Iba y venia de bares. Iba y venía de la tienda de Fred y George. Ella había querido ayudarlo pero era inútil. Se sentía perdido.
Un día Hermione decidió que era suficiente. Ella sola llevaba toda la carga y el desaparecía por días!
Le dio un ultimátum. O se ponía los pantalones y buscaba lidiar con su dolor de otra forma o ella se iba. Ron, a pesar de ser un patan, la quería y se preocupaba por ella; era su mejor amiga y pudo ver cuanto daño le hacía. Empezó lentamente a salir de aquel pozo en el que se había hundido, pero dejó de ser el mismo. Comenzó a hacer trabajos aquí y allá, buscando su lugar.
Charlie regresó a Londres dos veranos después de la guerra y trajo consigo unos ejemplares de dragones que lo habían fascinado. Es así que había empezado en aquel mundo, Charlie lo había orientado para comenzar a explorar el fascinante mundo de los dragones y el se había volcado en ello. Como un salvavidas. Cuatro años después se había convertido en todo un experto en la materia.
Hacía dos semanas le había dado la noticia. Se largaba. Charlie le había ofrecido un puesto importante en Rumania. Y, según sus propias palabras "no tenía nada que lo ate a Inglaterra". Eso la había destruido. Se sentía traicionada. Abandonada. Ella lo había postergado todo por el. Pero en el fondo sabía que era lo correcto, estaba feliz por el. Se lo merecía. Lo había dejado todo por este trabajo. Su relación ya nunca más volvió a ser su prioridad.
Y aquí estaba, sola. Juntando los pedazos. Quería darse ella la oportunidad que no se había permitido en cinco años. Molly ya no la necesitaba tanto como antes. Con la llegada de sus nietos había florecido y había encontrado un nuevo propósito.
Este era su momento, primero quería recuperar a sus padres. Aunque McGonagall había dado su veredicto ella sentía en sus entrañas que debía haber un modo. Siempre lo había. Nunca se sentiría feliz de nuevo si se rendía con sus padres. Había hecho su investigación y sabía que una persona podía ayudarla, era improbable que lo haga pero le debía una.
Draco Malfoy había hecho su camino luego de la guerra, Harry, Hermione y Ron habían testificado a su favor lo que ayudó a su sentencia de servicio comunitario en el mundo muggle y un pago simbólico a las víctimas que habían enterrado su alma en la Mansión Malfoy. Draco se había advocado a la curación y ahora era dirigía una investigación en la sección de maleficios y encantamientos incurables en San Mungo. Por lo que ella había escuchado estaba obteniendo fantásticos resultados. Sus padres podían tener una última oportunidad, solo necesitaba que Malfoy cooperase
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