Εορτασμός

(gr. Eortasmós, celebración)

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(…) Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti, (…)

Fragmento de Where is my man, Ana Rossetti.

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Para Althariel & A. Schwarzung, the beloved ones

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(…) Miras el horizonte y tu mirada
hace nacer en noche la alborada;
sueñas y crean hueso tus ficciones.

Muda la mano que te alzaba en vuelo,
y a tus pies cae, cristal roto, el cielo,
y polvo y sombra levan sus talones. (…)

Fragmento de Razones y paisajes de amor, Alfonsina Storni.

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Aioria & Milo

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1. ARBOL

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La familia Deligiannis se había dedicado siempre a la pesca: familia de clase media, cinco integrantes, Atina, Aioria, Aioros; su padre Balios y su madre Ianthe. No le gustaba estar en el negocio de pescado en el Pireo, y no por otra cosa, simplemente era que a él le gustaba jugar con todo… cuchillos, pescados, camarones, huesos… todo, no discriminaba, y eso era algo que le ponía los cabellos de punta a Ianthe.

El que Balios le regresara a su precioso niño oliendo a barco mercante, lleno de restos, ciertamente no le hacía feliz. Y bueno, a Aioria no le gustaba ir al negocio porque tenía que sentarse tristemente por ahí, sin tocar nada.

Aioria podía recordar con mucha claridad en aquellos años, que las fiestas se pasaban en familia, que abrían regalos, que cantaban de casa en casa los kálanda.

Rememoraba el árbol, tradición occidental, que ponían en la sala, lleno de esferas, de luces, incluso le gustaba acostarse al pie del árbol para ver las luces entre las ramas, y lo mejor de todo eran los regalos.

Aioros sentado muy obediente, mientras repartían los regalos, Atina era una bebé de brazos, así que ella sólo observaba con sus enormes ojos oscuros, y él, husmeaba todo, pesaba las cajas, las agitaba.

Eran buenos recuerdos, salvo por el hecho que después todo se fue al traste. Atina ya no estuvo más, Ianthe tampoco, su padre los entregó al Santuario… y después, tampoco Aioros quedó.

Con los años, Aioria dejó de sentir particular gusto por las fiestas, por los regalos, por los árboles. Observó miserablemente como en una ocasión Milo llegó a su templo, con una esfera de cristal, de esas que tienen agua y al voltearlas, cae la nieve. Terminó arrumbada en su librero.

Afortunadamente su parabatai era de esos que nunca se rendían, y año con año lo intentaba.

—¿Por qué nunca quieres hacer nada en esta época? —Inquirió el melio, con el ceño fruncido, fastidiado.

—Porque no, qué flojera.

Milo nunca se atrevió a indagar más, porque Aioria sólo contestaba con sus incómodas cuatro palabras. Aioria tampoco le habló de sus amargos recuerdos infantiles, y después de los de adolescente.

Pero Milo nunca se rindió.

Un día, antes de Navidad, el rubio, sabiendo que Aioria no estaría buena parte de día, se metió a hurtadillas al quinto templo, llevaba un montón de cosas: alambre, madera, luces de colores… pasó horas ahí, horas jalando, horas enredando, horas montando… un barco, un karaváki, con su mástil central, sus velas dibujadas con las luces tensas… un hermoso barco, como correspondía a la decoración navideña griega.

Aioria lo descubrió acomodando la última.

—No te gustan los adornos, ni los árboles… pensé en que te gustaría un karaváki, ahora parece que estorba en medio de todo —dijo complacido.

Aioria tragó saliva, densa como arena, y aunque estuvo por decirle que se fuera al diablo con sus luces y decoraciones, al final lo único que salió de su garganta fue: gracias, Milo…

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N. de la A.

Los cantos kálanda son canciones tradicionales griegas, parecidas a los villancicos occidentales. Normalmente se agrupan niños y jóvenes, a veces acompañados por adultos, para cantar de casa en casa, esto se hace en vísperas de Navidad. Existen también kálandas para el último día del año. En ambos se regalan dulces o a veces dinero. Lo árboles no son una tradición helena, esta más bien fue adoptada, tradicionalmente se construían barcos o veleros a escala, karaváki, que se decoraban con luces, esto es para recordar a los padres pescadores que echaban de menos en fechas como Navidad.