(…) Propongo
No volver a reír
Pues no me sirve
Deploro
No poder ya gritar
Pues no hay oídos. (…)
Fragmento de Con el alma a media asta, Rafael Mendoza.
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Syd
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8. CENA
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Los Ragnarsson solían celebrar la cena de Navidad, entre la más reputada compañía, siempre rodeados de los más ricos e importantes, se decía incluso que ellos eran el poder tras el poder, aunque realmente no hay pruebas de ello.
Syd Ragnarsson, era hijo único, bien amado por su padre Björn, y por su amorosa madre Nilsa, incluso por su nana Ondina. Syd siempre fue un niño querido y cuidado, tal vez por ello su naturaleza fue siempre alegre, despreocupada.
Y no por ello el único hijo de Ragnarsson se torció. No, a Syd lo que realmente lo torció, fue descubrir que no era el único… pero esa, era otra historia.
Esa noche, previa a la gran cena, Ondina lo llevó aparte, la vieja nana llevaba la bolsa de terciopelo que contenía las runas, mismas que él ya había visto infinidad de veces, con las que él jugaba desde que tenía uso de razón.
Y justamente a Syd siempre se le pegaba entre los dedos una runa en especial: Anzus, no importando el día, ni el momento o el año, siempre la misma, acompañada de otras pero Anzus estaba ahí.
Ya no era un niño, era un adolescente, sin embargo, siempre fue respetuoso del conocimiento de los más viejos, tal vez por ello desde un principio, supo que su destino no estaba entre los placeres palaciegos sino en otro lado: en una gesta heroica.
—Toma una, hoy es un buen día para saber…
—¿Saber qué?
—Saber y confirmar, niño, anda mete la mano.
Syd sonrió divertido, y sacó una runa, para variar Anzus, ni siquiera se sorprendió, simplemente abrió la palma de la mano y se la mostró a la vieja mujer.
—Anzus… —arrugó su ya de por sí arrugado ceño— Syd, pronto será el momento en el que el corazón y la razón serán uno solo, la conexión se hará más fuerte, y a pesar de que está de cabeza, habla de los secretos que tendrás que guardar hasta que llegue el día… ¿Has entendido, Syd?
—No —respondió el joven con una pequeña risa.
Por respuesta, Ondina le dio una palmada fuerte sobre la cabeza, también se rio. Amaba a ese niño como si fuese su propio hijo.
—Atento, hijo, siempre atento, tu corazón tiene la respuesta.
Fue todo lo que le dijo. Y pasarían muchos años, cuando Ondina ya no estaban, ni tampoco Björn, su padre, tampoco Nilsa, su madre, años en los cuáles él había tenido el tiempo suficiente para reflexionar en lo que realmente había en su corazón.
Esa noche Syd se desapareció, llevaba un plato con pato glaseado en finas rebanadas, col roja dulce, y trufas, todo acomodado pulcramente en un plato. Caminó, apenas empezaba a nevar, llevaba todo amorosamente cubierto.
Lo dejó en los confines de la casa, en el límite del bosque donde cazaban…
—Espero que te guste… espíritu guardián… —murmuró bajito, lo colocó sobre un tronco y se fue.
Unos ojos fieros le observaban, escondido en las sombras.
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N. de la A.
El apellido Ragnarsson es una libertad literaria de la autora; el apellido de antigua tradición escandinava, significa hijo de Ragnar, que a su vez se remonta a importantes guerreros de nombre Ragnar. La runa de la que se hace mención: Anzus, representa la sabiduría, la conciliación y el poder del conocimiento a la par del corazón como una fuerza simbólica, capaz de fomentar la reunión y comunicación, por otro lado, una de sus interpretaciones habla del bien guardar de los secretos, y del descubrimiento de la verdad por sobre las mentiras. Por ello esta runa tiene un significado especial para Syd, insinuando la existencia de Bud.
