Al despertar de un sueño, buscas
Tu juventud, como si fuera el cuerpo
Del camarada que durmiese
A tu lado y que al alba no encuentras.

Ausencia conocida, nueva siempre,
Con la cual no te hallas. Y aunque acaso
Hoy tú seas más de lo que era
El mozo ido, todavía (…)

Fragmento de La sombra, Luis Cernuda.

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Misty

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11. CALOR

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Adolphe Vasseur, desde niño supo que su belleza sin par eclipsaría todo, su bonito cabello rubio, suave, ondulante, parecía coronar su preciosa cabeza, y sus ojos azules brillantes, cuyas pestañas largas y tupidas, parecían ser capaces de incinerar aquello que miraba.

Pero no sólo se celebraba la belleza física de Adolphe, sino su inquebrantable voluntad, su tesón y su respeto por lo justo, por los valientes.

Adolphe fue iniciado entonces en una de las Asclepeias, en los juegos atléticos, como un contrincante honorable, bañado en las aguas sagradas, siempre frías, puesto que para honrar el cuerpo y la virtud, el agua de purificación siempre debe estar fría.

Desde entonces el joven francés, siempre, no importando el día y época del año, sin fallar, limpiaba su cuerpo con agua fría, si su cuerpo se manchaba, su espíritu estaba sucio también.

Con el tiempo, con los años, de la mano del Santuario, se volvió un guerrero arrojado y poderoso, uno rayo que sólo cae una vez en el mismo lugar, porque no sólo creció en belleza, sino en poder. Y aunque a veces le gustaba jugar diciendo que nadie había más glorioso que él, también era cierto que no fue derrotado y que no conoció el dolor de la derrota.

Sus manos trazaban a tal velocidad complicados patrones, que el viento se movía a su voluntad, la corriente que generaba era tan poderosa e indómita, que sólo era comparable con las corrientes nebulares… por eso se ganó el sobrenombre de Misty… el nebuloso…

Por supuesto que aquel nombre no le gustó, pero al pasar del tiempo, le tomó cariño, y no volvió a usar su nombre civil.

Sus compañeros de entrenamiento, y luego sus cófrades, se habían enfrentado a la horrorosa realidad de que ese hombre perfecto, agraciado, tenía un aspecto que nada tenía que ver con su poder, a todos y a cada uno de ellos, los había derrotado en penosas circunstancias.

A Misty le gustaba jugar… jugar a que no sabía que era lo que pensaban de él, y lo que murmuraban, cuando no les escuchaba.

Y se decía, que con todos y cada uno de los que lo intentaron… se habían llevado un rotundo no, después de haber aceptado su cortejo y haberlos arrastrado por las baldosas… se divertía jugando.

Con todo aquel que se prestara, jugaba… jugaba a destrozarlos en todas las maneras posibles, menos a uno… al que nunca pretendió otra cosa, ni le trató de forma burlesca, ni tampoco respondió sus ardides… o al menos tardó en hacerlo.

Ese hombre que le causaba calor, tanto calor como del lugar del que provenía…

En general todos apreciaban a Misty, pese a su curiosa forma de ser. Todos desearon vengarlo, porque de una u otra manera, Misty había logrado ganarse su respeto.

No en balde, Adolphe había luchado férreamente mientras los Arcontes dorados peleaban en el Tártaro (1), Misty tenía todo para ufanarse, casi todo…

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(1)Hecho acontecido en Episode G, donde Misty aparece para pelear en Egipto donde las momias comienzan a revivir.