(…) Tú lo dominas todo para mi claridad.
Y soy simple destello en albas fijas
amándote...

Ningún viento agitado seduce mi reposo
de ternuras naciendo y apretándose
entre tu mano
y mi sollozo. (…)

Fragmento de Transmutación, Julia de Burgos.

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Algol & Misty

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12. LUJURIA

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Algol, como muchos de los guerreros de la Sagrada Orden, había tomado el nombre de su estrella: Al Ghul, El Demonio, porque su poder radicaba en una monstruosa técnica en la cual todo aquel que observaba su escudo, tenía el terrible destino de volverse piedra.

El calor sofocante de su tierra, de Arabia Saudí, lo había curtido lo suficiente para aguantar hasta límites inimaginables, eso y su entrega a Atenea, aunque en secreto seguía mirando hacia La Meca. Buen estratega, juicioso, cauto, a veces era como un gato que apostado en la cornisa, solía observar a los demás, en silencio, haciendo a veces juicios respecto los otros.

Aunque no era cercano a nadie, a todos trataba con respeto y cordialidad.

Más bien, a él le gustaba la soledad.

Y habría seguido siendo un anacoreta, de no ser por otro de sus compañeros.

—¿Qué es eso que comes? —Inquirió el rubio hermoso, ese que llamaban Misty.

—Dátiles… son frutos del desierto, ¿quieres probar? —Contestó observándolo con sus ojos inteligentes.

—No, gracias, ¿y a qué saben?

—Pues… no se me ocurre algo a lo que se parezcan —reflexionó arqueando una de sus castañas cejas.

—A ver…

Sin mediar palabra, el joven que tenía delante suyo simplemente se inclinó sobre sus labios, como cualquier cosa… esa fue la primera vez que alguien lo besó. Se sintió francamente perturbado.

Desapareció un par de días del entrenamiento, sólo por no tener que enfrentarse a aquel sujeto tan invasivo y tan… extraño.

Ese fue sólo el comienzo de una larga historia de estira y afloja entre ellos dos, y aunque prácticamente eran unos niños, las cosas no bajaron de tenor cuando fueron creciendo, por supuesto que no lo hicieron, y menos cuando se volvieron un saco de hormonas bullentes.

Pero él estaba empecinado en no ceder, y el otro, en que lo hiciera.

Un día se le desnudó delante, otro lo besuqueó, en otra ocasión lo tocó, el muro que Argol trataba de poner entre ellos, cada día parecía ir perdiendo ladrillos.

Esa tarde era particularmente calurosa, y con la tierra que ellos levantaban en el albor del entrenamiento, estaba ahogado, casi podía sentir el polvo en el interior de la nariz.

Como otros, encontró a bien meterse al agua, al gua fría en las termas, eligió el lugar más lejano en donde nadie estaba ni nadie le veía, no se sentía apenado de su cuerpo, ni de su aspecto, sabía que nada raro había en él.

Sumido como estaba en el agua, ni siquiera se dio cuenta de en qué momento Misty se había metido ahí… no sólo eso, se había apostado tan cerca de él, que al sacar la cabeza, lo primero que vio fueron sus ojos azules y su nariz respingada con minúsculas pecas.

—¡¿Qué demonios…?!

—Shhh…

El borboteo del agua que salpicaban los dos, en medio de palabras inconexas, de dos cuerpos que parecían entretenerse torpemente, y que por momentos casi eran presas del frenesí, no hacían más que agitarle el corazón hasta sentir que en cualquier momento se iba a morir… que lo iban a encontrar ahí flotando muerto, por irrespetuoso, por sodomita y por lascivo… era incapaz de respirar sin resollar, es más, juraría que habían aumentado la temperatura del agua, a punto de hervirla con ellos dos adentro…

Lujuria le llamaban… pero no se murió… ni esa tarde ni las otras…