Calla mi boca tu ausencia, en cada instante que pasa.
Soy la linfa del caudal disperso que se oculta, en esta noche íntima, donde esquivo la orfandad del pensamiento.
Dame una soledad intacta y pura, que pueda sentir la exceltitud del alma, oír tu risa en un niño jubiloso, escuchar la lluvia entre los recodos dormidos del jardín.
Así en el azul de tu distancia, a solas lloro tu abandono.
Fragmento de Tu recuerdo, Yanira Soundy.
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Saga & Kanon
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23. ABRAZO
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Todo comenzó cuando esa mañana, ambos salieron disparados camino al Pireo, Egisto, su maestro, por fin les había dado un respiro ¡Y era fin de semana! Todos merecían tener un respiro del condenado entrenamiento, hasta ellos.
Así que en cuanto se vieron libres, salieron corriendo. Quizás todavía podrían alcanzar algo de comer con los dracmas que tenían en el bolsillo, algo de pescado fresco recién hecho a la parrilla.
—¡Corre Saga, corre! Parece que llevas el peplo de Atenea, apura, so bobo —le gritó Kanon a su hermano gemelo.
—Ya voy, ya voy… no encuentro el dinero…
—No jodas, ¿lo dejaste? —inquirió el mayor de los Stefanes.
Los ojos asustados de Saga le contemplaron temiendo que montara en cólera, como siempre, y acabaran regresando lo ya andado para terminar comiendo cualquier fruslería en el Refugio.
Kanon acabó buscando él mismo en los bolsillos de Saga, apenas encontrando unos centavos, bufó, negó con la cabeza y se llevó la mano a la frente, en un gesto francamente dramático para alguien de su edad.
—¿En dónde lo dejaste? ¿O más bien lo tiraste en el camino?
—No, lo dejé en la mesa, me apuraste y salí corriendo… lo siento…
—En fin, vamos de todos modos, ya se me ocurrió qué hacer —pronunció con autosatisfacción.
—¿Qué cosa?
—Robar, ahora corre.
El otro intentó protestar, pero Kanon no lo dejó, lo llevó arrastrando tras de sí mientras bajaban corriendo hasta donde estaban los puestos de comida, y por supuesto, en el mercado de pescado, las parrillas donde estaban asando tiras de pescado y algunas verduras.
Sólo con el olor, Saga tenía más que suficiente para que las tripas dieran un concierto penoso.
El plan consistía en lo siguiente: Saga iba a montar un sainete llorando porque no encontraba a sus papás, y mientras tanto, en la distracción, Kanon iba a robar directamente de la parrilla, tanto como pudiese.
¡No había pérdida! ¡Era un plan genial urdido por Kanon!
Una hora después, ambos estaban sentados en un camino perdido, que nadie utilizaba ya, bajo un árbol, acabando de darse un atracón con todo lo que había tenido tiempo de robar Kanon, y que no era poco.
—Está mal…
—Bueno, pero comiste, ¿no? Así que deja de quejarte.
—Si el viejo se entera se pondrá furioso —razonó Saga.
—¿Y cómo se va a enterar?
—Siempre se entera, nos molerá a golpes, a los dos.
Kanon por toda respuesta se puso en pie, con la barriga llena, a pesar de ser tan delgado, la barriga llena le daba el aspecto de una lombriz anudada en la parte media. Se acercó a su hermano gemelo y simplemente lo abrazó, acunando su cabeza contra su pecho.
—Siempre pensando de más… yo te cuidaré, siempre, aunque parezca que no, siempre te cuidaré…
Ese día, fue el día en el que de regreso, ya entrada la noche, se encontraron con dos espectros, con dos jueces del Inframundo, ese día Kanon se convertiría en el recipiente de Ares… y pasaría mucho tiempo antes de que encontraran la manera de revertir el recipiente y plantar la impronta en Saga… después de tejer un plan complicado y jugar con las decisiones de los dioses…
Porque Kanon siempre cuidaría de Saga, siempre…
