Historia antigua que nunca pasó del primer capítulo. Es algo distinta a mis otros trabajos ya que quise trabajar con otras temáticas en ese tiempo, la idea nunca tomó tracción en mi mente pero se me ocurrió darle una oportunidad en la actualidad. Es bastante cruda y sugestiva así que si no les gusta ese tipo de historias es recomendable que no la lean, por si las moscas la pondré en categoría M.
Era un hermoso día de otoño después de clases, algo frío, algo melancólico, pero con un gran cielo despejado que parecía invitar a todos a salir de casa y contemplarlo. En el tejado de la secundaria, en esos momentos se hallaban dos figuras, una chica y un chico. Una niña de pelo color caoba, rizado y bastante bien cuidado, vestida con un lindo vestido color azul marino. Un chico de cabello blanco, no tan arreglado como su contraparte femenina, ya que solo vestía unos jeans gastados y una playera naranja.
El chico se veía nervioso, frágil, mientras que ella se veía enojada, con el ceño muy fruncido y los brazos cruzados. Ambos tenían la misma edad y estatura, pero en esos momentos Cristina se veía más grande que Lincoln Loud, el que estaba tan nervioso que el mantener el contacto visual con ella era todo un desafío.
– Cristina, sé que ambos tenemos una historia juntos. – empezó a decir Lincoln – Muchas cosas que fueron bastante vergonzosas para ambos.
– ¿Como cuándo subiste ese patético video tuyo besando mi fotografía? Sí, recuerdo eso, como recuerdo las burlas de toda la escuela.
– Si, ese no fue uno de mis mejores momentos. – dijo el chico, rascándose la cabeza nervioso – Pero quiero que ahora tengas una mente abierta para que me escuches.
– Solo accedí a esto porque me has estado mandando mensajes en todas mis cuentas sociales y quiero que eso termine ahora.
– Y terminará una vez que escuches lo que tengo que decir, por favor.
Cristina solo lo miro como quien mira una cucaracha arrastrarse por la cocina, como un ser asqueroso y rastrero del cual quería deshacerse de una vez por todas. Asintió a su requerimiento, todo para salir de esa incómoda situación en la que se hallaba metida.
– Continúa. – dijo la chica después de soltar un suspiro de exasperación.
– Gracias Cristina, como te iba diciendo, te pido disculpas por mi comportamiento pasado y por los mensajes, sé que fui insistente pero…
– ¡Ya termina de una vez!
– Quiero que seas mi novia.
– No ¿Ya puedo irme?
– No… Por favor dame una oportunidad para demostrarte mi amor.
– ¡Te dije que no! Eres un chico patético ¿Por qué diablos querría salir contigo?
– ¡Porque a pesar de todo te amo! Amo tu sonrisa, amo tu rostro dándome la bienvenida cada mañana… Amo tu cuello, tu dulce cuello…
– Oh por favor. – dijo la chica apenas aguantando las náuseas.
– Amo cada parte de ti… Por favor, Cristina.
– ¡No y ahora déjame en paz!
La chica estuvo a punto de darle la espalda y salir de ese frío tejado de una vez por todas, pero sus pies se detuvieron cuando divisó una solitaria lágrima caer por la mejilla del chico. No pudo evitar sentir lástima por Lincoln, pero toda consideración se detuvo de golpe cuando lo escuchó soltar una risa, una que lentamente se transformaba en algo parecido a un llanto, un macabro sonido gestual entre la pena y la alegría.
– ¿Estás bien de la cabeza? ¿Acaso todo esto fue una broma para ti? Pues me alegro, que un rarito como tú esté enamorado de mí me revuelve el estómago.
– Rarito… Sí, tienes razón, soy bastante anormal. – le dijo Lincoln mientras le dirigía una torcida sonrisa, una que heló la sangre de Cristina.
Él se acercó unos pasos con una postura encorvada en un arco grotesco, una imagen que la dejó sin habla y congelada en su mismo lugar.
– ¿Acaso eres lesbiana?
– … ¿Qué dijiste?
– Te pregunte si eras una puta lesbiana, ya sabes, esas raras a las que les gusta joder con otras chicas ¿Eres una de ellas?
– N-no lo soy.
Pero puedo recuperar la compostura cuando la rabia reemplazó al miedo en su mente, le dio una nueva mirada y sintió asco en su interior al ver nuevamente su sonrisa torcida. Ese desgraciado estaba jugando con ella todo este tiempo y no se lo iba a permitir.
– ¡Y qué mierda te importa, enfermo!
– Entonces no tienes excusa para rechazarme, vas a salir conmigo te guste o no, Cristina.
– ¿Te volviste loco?
– Loco, loco, loco, eso es lo que todos me han dicho una y otra vez desde hace dos años, pero no mucho cuando aprendí a ocultar mi locura de los demás, de ustedes.
– ¡No quiero ser tu novia, enfermo de mierda!
– Pues que mala suerte.
Y sin poder creer lo que veían sus ojos, ese chico patético, ese que siempre considero un debilucho, ese mismo sacó un gran cuchillo de sus pantalones y comenzó a reír como un maniático.
– ¡AAAAHHHHH! – gritó Cristina y corrió hacia las escaleras de la azotea.
Pero sus pies temblorosos se enredaron y cayó de bruces al suelo golpeándose el mentón. Un hilillo de sangre salió de su boca y eso la asustó, pero entró en verdadero pánico cuando sintió la mano de Lincoln tirar su cabello hacia atrás y con él su cabeza.
– ¡Por favor no me hagas daño! – le imploro la chica.
– Puta de mierda, esto hubiera sido más fácil si solo hubieras dicho que sí.
Y el chico volvió a reír, con una risa que parecía llanto o un llanto que parecía risa, un gesto grotesco, inhumano, que solamente hacía temblar a Cristina de pavor.
– Pero ahora me tendré que divertirme contigo ¿Me pregunto qué es lo que haré primero?
– ¡NO POR FAVOR!
– ¡Ya sé! Primero… Me quedaré con tu virginidad.
La chica soltó un grito tan agudo, tan desesperado que hirió sus cuerdas vocales e hizo zumbar los tímpanos de Lincoln, el cual aullaba con placer al escuchar esa melodía de los labios de su víctima. Pero tampoco quería testigos innecesarios, así que la tomó del cabello y la azotó contra el suelo de cemento. *Pam* *Pam* Dos veces hasta que el suelo se tiño de rojo, aún respiraba y tenía energías para gimotear, era perfecto, no quería matarla al menos ese no era el plan.
Dejó caer su cabeza en el cemento una vez más y puso sus manos alrededor de su esbelta cintura. La chica volvió a resistirse, pero ya casi no le quedaban fuerzas, eso facilitó el trabajo de levantarle la falda y sacarle sus bragas, las que se veían demasiado simples para su gusto.
– Debiste haber traído unas buenas bragas para la cita, maldita marrana. – dijo Lincoln, olfateando su trofeo y lanzándolo en el aire.
La tomó de los muslos y la levantó un poco. Se pasó la lengua por los labios al admirar sus pequeños labios vaginales, intactos, carentes de toda impureza. Su miembro que ya estaba erecto con la paliza que le dio, se hinchó aún más en sus pantalones, tanto para hacerlo sentir dolor, un delicioso dolor.
– Esto será divertido. – dijo el chico, con su risa grotesca.
–¡Lincoln detente! – dijo una chica.
Alzó la vista iracundo por aquella que se atrevía a interrumpir sus juegos, pero se relajó cuando vio que no era otra que su pequeña servidora, Lucy Loud.
– Hola Lucy. – dijo el chico, dejando a relucir sus colmillos – Estoy algo indispuesto en estos momentos, así que si eres tan amable, fuera de mi maldita vista.
– Alejate de ella.
Y sin su consentimiento sus extremidades comenzaron a moverse, trató de oponer resistencia a esos brazos que bajaban gentilmente a Cristina y esas piernas que se extendían, alejandolo de su presa. Movió su cuello como pudo y le dirigió una sonrisa escalofriante a su servidora, la que soltó un pequeño grito ahogado.
– Esto es lo que soy Lucy, un pillo, un violador, un asesino. – dijo el chico, dejando a relucir sus afilados dientes – Y lo peor de todo, un ser egoísta, así que te lo advierto si vuelves a usar la voz…
– Golpeate contra el piso.
Y su cabeza descendió en picado contra el cemento, dejando una gran mancha de sangre a la vez que sus ojos se salían de sus cuencas y sus dientes eran desparramados por el tejado.
Realmente odiaba cuando Lucy hacía eso, se juró más tarde hablar con ella y hacerle entrar en razón a su manera… Por ahora… Solo le quedaba dormir…
