Addicted to you
Buttercup soltó un suspiro largo cuando despertó, sintiendo el cuerpo tan ligero. Otra respiración profunda y el peculiar aroma a bosque, tierra húmeda y sudor se introdujo en su sistema. Butch es el idota más grande que ha conocido: impulsivo, hiperactivo, con un coeficiente intelectual cuestionable, con un ego notable, y aún así lograba que su estómago se llenara de un cosquilleo tan agradable.
Ellos habían estado orbitando en la misma frecuencia desde que cumplieron dieciséis, probablemente tras compartir algunas clases, probablemente desde que comenzaron a pasar más tiempo en las ocasionales patrullas a la isla de los monstruos. Las razones ahora no importaban, con veinte años ahora, la relación de amistad se había construido con muchos intercambios sarcásticos, con coqueteos casuales y con noches riendo en la azotea del edificio de los Ruffs; una larga y fuerte amistad.
Pero de nuevo, eso no importa mucho porque al fin ellos se besaron, y no, Buttercup no habla de algún beso inocente, de nada de eso, ella habla de esos besos que le hicieron sentir el pecho pesado y las piernas ligeras. Ellos pasaron de bromear sobre su falta de pareja, pasaron del coqueteo rutinario y se besaron.
Las noches de películas fueron algo común, su selección personal de películas de terror o comedia se formó con los años, aún para el pesar del moreno, quien tras esa pinta de chico rudo es un bebé que suele asustarse con los jumpscares más predecibles y burdos, algo que esa noche no pasó desapercibido.
–¡Mierda! –gruño, después de que el fantasma apareciera justo frente a la pantalla, el trago de cerveza que había estado bebiendo fue escupido por toda la sabana.
–No puedo creer que no lo hayas visto venir –se burló ella.
Butch lanzó algunas palomitas en su dirección después de limpiar los residuos de cerveza de su barbilla, se lamenta por la mancha en sus sábanas, aunque se encoge de hombros al recordar el pánico en los ojos bosque, si, valió la pena.
Buttercup se alegró de que el profesor estuvieran fuera esa noche, y que Bubbles y Blossom decidieron pasar la noche con Robin para evitar los gritos y risas estruendosas provenientes de su habitación.
–Eres un idiota –murmuró ella, tomando algunas de las palomitas esparcidas por la cama.
–Tu eres la peor amiga –respondió él, con un puchero en los labios y el ceño fruncido.
Ella se acurrucó más cerca de Butch, justo después de que él dejó su cerveza en la mesa de noche, sus piernas eran un enredo debajo de la sabana, nada nuevo, o eso se repitió ella mientras sus muslos se frotaron con los de él, sintiendo el calor aún a pesar de los pantalones de ambos. Pero algo se agrega a la fórmula minutos después, un ligero acercamiento cuando Butch pasa el brazo detrás de ella para acomodarse mejor en la cama, y ella enterró la nariz más cerca de su pecho; tal vez el momento cuando su mano recorrió el brazo de Butch robándole un respingo y una mirada sorprendida por su parte.
Tal vez fue todo eso lo que los llevó a que él la mirara con esos ojos curiosos, escaneando cada parte de su rostro hasta que finalmente una sonrisa tiró de sus labios y sus bocas se estrellaron en un beso demasiado húmedo.
Butch fue un besador demandante, y aún así tuvo el descaro de aparecer tan temeroso mientras la atrapaba contra su cama, tuvo la audacia de murmurar halagos mientras besaba su cuello y pecho, tuvo la audacia de hacer que su pecho se apretara y se soltara con cada suspiro que compartieron mientras se enredaban en su cama.
Claro, ellos se habían besado algunas veces, nada había pasado de simples roces con los que bromeaban, pero esos besos habían sido completamente diferentes. Una semana había pasado y ella seguía tan perdida en los recuerdos como esa noche.
Ellos solo habían parado cuando la puerta principal se abrió y las pisadas del profesor se escucharon a lo lejos, se alejaron tan rápido como sus cuerpos y las hormonas se los permitieron, y para cuando el profesor entró a su habitación Butch se había ido y ella tenía estaba cubierta con las sábanas hasta el cuello.
No hablaron del asunto después de que el profesor salió satisfecho con encontrar a su linda niña en cama.
Ellos no habían hablado tampoco al día siguiente ni en toda la semana, pero habían intercambiado mensajes, en ninguno hablara de ello, como sí el incidente no hubiera ocurrido, claramente eso poco había ayudado a que ella pudiera olvidar esa noche, mucho menos cuando se encontraba en su cama con la camiseta que Butch había olvidado debajo de su almohada.
Ella no podía evitar suspirar y llenar sus pulmones con la esencia del moreno, recordando la forma en que sus manos pasaron por sus piernas cubiertas, o la forma en que sus músculos se tensaron cuando ella recorrió su espalda y rasgó con sus uñas, y como todo se revolvió en su estómago y pecho cuando la mirada bosque se encontró con la esmeralda de ella.
–¿Qué mierda me has hecho, Butch? –gruño, soltando un suspiro contra su almohada.
Notas de la autora:
1.- Bueno, he aquí otra colaboración para este fandom, inspirada en la canción de Shakira homónima al fic.
2.- Agradezco a quienes leen y poco más a quienes dejan un hermoso review.
3.- Personajes de Craig McCracken, historia mía, inspirada en la canción Feel invincible de Skillet, sin más me despido, cuidense y sayonara.
