EL RIESGO DE TENERTE
Por Anyi Paredes
‐Decir que algo es perfecto no siempre suele ser totalmente cierto. Pero la vida de Jane,
Lisbon y los niños era muy cercana a eso. A tres años de que ella lo hubiera ido a buscar a
la isla, tan solo quince días después de haber parido al pequeño Oscar, habían vuelto a ser
una familia feliz. Patrick no podía ser más amoroso como esposo y padre. Ya no era tan
temeroso cuando Teresa debía realizar algún operativo. Es decir el miedo siempre estaba
pero había aprendido a controlarlo y ya no le sumaba con él una carga a ella.
Teresa se llevaba con la maternidad por dos mucho mejor de lo que hubiera imaginado, y,
poder compartir con él todas las cuestiones de los niños era fundamental para que
pudiera estar relajada en ese rol. Cuando era Patrick que los llevaba al pediatra tomaba
nota de todo, era cuidadoso con lo que les daba de comer si ella no estaba en casa,
respetaba los horarios de las siestas, en fin, era un alivio que no se comportara con ellos
como un niño mas, algo que en un comienzo había temido. En lo personal lo amaba
mucho más que antes y no se imaginaba la vida sin él.
Ambos lograron cumplir con la promesa de ver el lado bueno de las cosas y si alguno
flaqueaba al respecto la mirada del otro lo encausaba inmediatamente. Estaba segura de
que ir por él fue lo mejor que había hecho, aún mejor que bajarse del avión después de la
declaración. Ir a buscarlo fue rescatarlo otra vez, y cuantas iban, aunque él también la
había rescatado, la había rescatado de una vida solo basada en el trabajo, de una vida gris,
de fines de semana solitarios y deprimentes. Sí, él también había salvado su vida con tan
solo aparecer en el CIB.
Tenía en un lugar especial de su corazón el recuerdo del momento cuando llegaron juntos
al hotel, Grace estaba hablando por teléfono con Rigsby, los niños dormían. Jane se había
sentado en la cama donde Oscar estaba rodeado de almohadas, apoyó su cabeza cerca de
su hijo y lo miró detenidamente, las lágrimas salían sin que él moviera un músculo, luego
tomó su manito y la besó. ‐Es perfecto‐ dijo antes de que con sumo cuidado lo alzara y
pusiera contra su pecho; Oscar lejos de despertarse pareció caer en un sueño más
profundo. Estuvo así casi una hora hasta que otro par de ojos verdes se posaran en él.
Stefy lo miraba seria, no sería tan sencillo con ella. Jane había desaparecido de la noche a
la mañana y aunque Teresa le decía que estaba trabajando evidentemente estaba
resentida, eso, junto con los lógicos celos por el hermanito no eran buena combinación.
Por supuesto Patrick desplegó rápidamente todos sus encantos y artimañas para doblegar
a su hija y lo logró obviamente.
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Todo eso era pasado, ahora Stefy, quien ya comenzaría la escuela primaria, adoraba a su
hermanito menor y era la luz de los ojos de su padre, y Oscar, bueno Oscar era un
muchachito muy travieso y demasiado manipulador para sus tres años. Pero quién podía
culparlo?, lo que se hereda no se roba.
En el trabajo también habían cambiado algunas cosas, de la jefatura había llegado una
nueva agente supervisor, Mayra Stuart, sumamente seria y estricta, era la jefa directa de
Cho y desde el comienzo la relación de ellos fue áspera y difícil. Jane y Lisbon coincidían
que él estaba muerto por ella, bueno Jane también creía que el sentimiento era recíproco,
solo que la mujer era más seria y ruda que Cho, si eso era posible.
A raíz de que Grace pudo decodificar la lista de los miembros de la sociedad Blake
pudieron encarcelar a todos y entonces si RJ fue solo un triste expediente en la lista de los
peores criminales del país. Por eso y por como ayudó a Lisbon a neutralizar al agente Pike,
fue que le ofrecieron ser parte del FBI, y, a diferencia de unos años atrás aceptó la
propuesta. Esto trajo algunos problemas en su matrimonio. A Rigsby primero le había
parecido una gran idea, pero con los meses las cosas se habían puesto difíciles. Él se había
acostumbrado a que Grace siempre estaba en la casa, todo organizado, impecable, los
niños cuidados por ella las veinticuatro horas, a la hora que él volviera lo esperaba comida
caliente y todo lo que necesitara. Fueron momentos difíciles y por un tiempo hasta habían
pensado en separarse pero luego llegaron a la conclusión de que el amor seguía intacto y
valía la pena luchar por su familia. Estuvieron bien unos meses pero pronto Rigsby
comenzó a portarse raro nuevamente, muchas veces no le atendía el teléfono a su esposa
y desaparecía sin decir a donde iba, estaba todo el tiempo distante, como asustado o
avergonzado. Grace lo había increpado más de una vez preguntándole si había dejado de
amarla e incluso si estaba viendo a otra mujer, él lo negaba con todas sus fuerzas y le
juraba amor incondicional, por unos días procuraba ser el esposo atento que había sabido
ser, pero pronto volvía a comportarse de forma extraña.
Jane notaba cada vez que su compañero mentía, incluso cuando Grace no lo notaba, un
par de veces se había quedado mirándolo esperando que se sintiera obligado a decirle
algo, pero sin suerte. Y eso le hacía sospechar que lo que pasaba era serio.
Teresa escuchaba a su amiga y siempre le decía, y era honesta al hacerlo, que ella no creía
que Wayne tuviera una aventura, pero también se daba cuenta de que se comportaba
raro. Cho también lo encontró distraído pero no dijo nada hasta que un día casi resulta
herido Wylie por culpa de un grave error suyo durante un procedimiento, entonces lo
llamó a su oficina y habló seriamente con él, le dijo que solucionara el problema que lo
estaba perturbando y que si volvía a pasar una cosa así sería sancionado, y, después le dijo
que como amigo estaba dispuesto a ayudarlo si es que podía. Rigsby le agradeció, no negó
tener un problema pero tampoco dijo que estaba pasando, se retiró diciendo que no
habría más quejas de su desempeño.
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Después de eso Teresa comenzó a preocuparse seriamente por sus amigos así que le pidió
a Patrick que hablara con Wayne para saber qué era lo que estaba pasando. Le contestó
que tal vez era más saludable no meterse, que si eran problemas de pareja ellos sabrían
solucionarlo. Pero Teresa insistió mucho, diciendo que cuando ella estuvo sola ellos
fueron un apoyo incondicional, y que de hecho si no hubieran intervenido ella no habría
sabido donde buscarlo‐
‐Realmente señora Jane usted se ha vuelto muy manipuladora!
‐Y una efectiva señor Jane?
‐En verdad sí, muy efectiva.
‐Es que aprendí del mejor. Igual tenía otras medidas pensadas para persuadirlo…
‐Ahh en serio? Bueno para ser honesto no estoy totalmente convencido de que
involucrarme sea lo mejor…
Ambos rieron al tiempo de que comenzaron a besarse.
Hacía ya unas semanas que estaban procurando acabar con una organización que
importaba y distribuía droga en los colegios. Captaba adolescentes con problemas para
que fueran intermediarios y cuando querían salir simplemente los desechaban
matándolos y dejándolos en un callejón. Ya habían encontrado a tres adolescentes
muertos y esa mañana los habían llamado porque había aparecido uno más en un
contenedor, cerca de un colegio. Fueron a la escena Lisbon, Rigsby y Jane. La víctima era
parecía tan chiquito que eso los conmovió, tal vez mucho más que años atrás cuando aún
no eran padres. No había más testigos que un vagabundo que encontró el cadáver por lo
que el trabajo de ellos era más de observación que otra cosa. Teresa dijo que si tal como
creían esta muerte estaba conectada con las anteriores ella sería más útil volviendo a la
oficina a seguir controlando las tareas de inteligencia mientras ellos permanecían allí.
‐De paso están a solas y conversan‐ dijo al oído de su esposo cuando se acercó para darle
un beso en la mejilla como saludo.
Jane ya había leído sus intenciones antes de que lo dijera por supuesto y entonces
contestó –claro que si mi hermosa manipuladora‐ cuando devolvió el beso..
Terminaron de revisar el lugar al tiempo de que los forenses se llevaban el cuerpo.
Entonces Jane recordó que a solo cuatro calles de allí había visto un negocio que vendía
nachos y podían detenerse a comer algunos. Rigsby después de tantos años conocía a su
amigo y sabía que tendría intención de leerlo por lo que tuvo intención de negarse pero
no lo hizo porque mas allá de todo sabía que si no le contaba a alguien lo que le pasaba
terminaría con un ataque o un colapso. Necesitaba simplemente compartirlo y quién
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mejor que Jane, que a pesar de su historial era más que leal con sus amigos. Se detuvieron
en el puesto y mientras esperaban que les entregaran el pedido la paz en el rostro y los
modos de Patrick lograron que comenzara su relato en forma natural.
‐No es necesario que me hipnotices ni me manipules amigo. La verdad es que quiero
contarte porque sé que serás sincero cuando me des tu opinión.
‐Claro que sí, cuéntame antes de que tu secreto acabe por quitarte tu apetito.
Y si Rigsby no hubiera estado tan perturbado casi hubiera sonreído con esa posibilidad,
pero la verdad era lo que le estaba pasando, ya estaba perdiendo el apetito.
‐Bueno, ¿recuerdas hace unos meses cuando Grace y yo tuvimos problemas por el
trabajo?
‐Sí, lo recuerdo bién.
‐Bueno una noche llegamos a la casa, los niños ya estaban dormidos y la señora Smith nos
dijo que les había calentado lasaña del mediodía pero no había cocinado nada para
nosotros porque nada había en la nevera, entonces Grace dijo que no había problema,
que pediríamos pizza. Fue una pavada, pero yo hacía tres días que no veía a los niños,
antes cuando Grace estaba en casa al menos hacíamos videos llamadas para que los viera
los días complicados, además esa semana ya habíamos cenado pizza dos veces, en fin,
estaba de malas, y para no discutir decidí llevar a su casa a la Sra. Smith.
‐¿Tienes un romance con la niñera?
‐¿Eh?!No, no por Dios no puede ser mi madre.
‐Ah! Bien continua por favor, asumo que viene lo interesante…
‐Si, no, va, viene lo peor.
‐Dilo ya, nada puede ser tan terrible.
‐Bien, dejé a la Sra. Smith y comencé a regresar, de repente el enojo creció, ya era furia,
quería mi vida de un tiempo atrás, y sé que era egoísta, pero me sentía así, quería a mi
esposa en casa. ¿No te pasa con Lisbon?
‐No, no, al principio cuando comenzamos a estar juntos tenía miedo de que algo le
sucediera, ese miedo fue mayor cuando estuvo embaraza de Stefy, por eso hubiera
preferido que fuera ama de casa, pero solo para que estuviera más segura, es más, creo
que soy mejor ama de casa que ella‐.
Contestó Jane con una sonrisa orgullosa, aunque su expresión cambió al ver el real
sufrimiento de Rigsby. Se disculpó y pidió que le siguiera contando.
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‐Bueno, di la vuelta antes de llegar a la casa y fui al centro, a un bar, tomé dos copas y vi a
una mujer sentada en una mesa que no dejaba de mirar su celular y parecía ansiosa.
Estuvo casi una hora así, hasta que se acercó al cantinero y le pidió si le podía llamar a un
taxi, no sé por qué yo le dije que podía llevarla. Primero me miró como si yo fuera un
degenerado, entonces le dije que no se asustara, que era policía y que no tenía
intenciones de faltarle el respeto. Me sonrió, la invité un trago y comenzamos a charlar.
Estaba ahí por una cita con un tipo que había conocido en internet y obviamente la había
dejado plantada. Yo le dije que había tenido un mal día en el trabajo y no permití que
viera mi mano hasta que fui al baño y me saqué el añillo. No tenía intenciones de engañar
a Grace, solo quería sentirme una persona diferente por un rato. ¿Entiendes?
‐Sí, y no. Antes de que me preguntes, te entiendo pero nunca tuve ganas de sentirme una
persona diferente, no desde que estoy con Teresa, pero no te juzgo, me parece
perfectamente humano.
‐No me haces sentir mejor te aseguro.
‐Bueno si quieres puedo mentirte…
‐No, está bien.
‐Tienes una aventura con esa mujer.
‐No, es más complicado.
‐¿Pero que puede ser más complicado? Ayyy no! No te cuidaste! ¿De verdad? ¿Un
hijo!?
‐Espera que te cuente.
Patrick comenzó a creer que había tenido razón cuando le dijo a Teresa que mejor era no
meterse, estaba seguro de que un lío grande se avecinaba.
‐Bueno, ‐ continuó Rigsby‐ tomamos un trago mas y la llevé a su casa, vivía sola, me invitó
a pasar, y si, si tuvimos sexo. Fue la primera vez que engañé a Grace, te lo juro. Cuando
volví a casa me sentía tan culpable que el enojo se había ido, ella estaba dormida así que
no la desperté, por la mañana me sentía una basura. Aun así vi un par de veces más a
Beth.
‐Ah así se llama, Beth!
‐Si. Lo que sucedió es que una noche cuando los niños se durmieron Grace me dijo que
debíamos hablar, me dijo que me amaba, yo la amaba también claro, me dijo que quería
que funcionara, que juntos podíamos, y que nuestra familia era lo más importante, y, que
con tal de salvarla ella estaba dispuesta a renunciar al FBI. ¿Te das cuenta?
‐Sí, ella estaba dispuesta a sacrificar su trabajo que tanto le gustaba y tú dormías con otra.
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‐Exacto. Entonces decidí decirle la verdad a Beth y terminar con ella.
‐Lo hiciste y te dijo que estaba embarazada.
‐No.
‐¿No?
‐No, lo hice y me comprendió, bueno primero me abofeteó, y después me comprendió. Lo
aceptó y terminamos.
‐Espera, no entiendo. ¿Entonces ella te contactó después para decirte que estaba
esperando un hijo?
‐No exactamente. ¿Recuerdas cuando mataron a la testigo del juicio de Olsen el
narcotraficante? Fue en una estación de servicio y allí había dos clientes, uno era una
mujer embarazada.
‐Si recuerdo a esa mujer, la llevaron a la oficina y hablé con ella, incluso llamamos a un
médico porque no se sentía bien.
‐Sí, esa misma es Beth. Cuando llegamos a la escena inmediatamente Grace la vio y se
acercó, sabes cómo es, siempre tan humana, en fin yo la vi y sospeché que el bebé podría
ser mío. Ella se dio cuenta que Grace era mi esposa y fingió no conocerme. Al día siguiente
fui a su casa y me confirmó mis sospechas.
‐¿Volviste con ella?
‐No., no pasa nada con ella, solo la acompaño como padre de su bebé. No puedo fingir
que no existe, debo hacerme cargo, quiero hacerme cargo. ¿Tú me entiendes verdad? Es
mi hijo.
‐Claro que sí, un hijo es lo más importante. Pero tengo que preguntarte Wayne, ¿estás
seguro de que es tu hijo? Después de todo solo estuvieron juntos un par de veces según
dijiste, ¿o no?
‐Si amigo solo unas veces, pero no hay dudas de que es mío, ella misma insistió en que
hiciéramos un ADN. Es mi hijo, es un varón… nacerá en tres semanas.
‐Y no encuentras valor para decírselo a Grace…
‐No, no puedo hacerlo, lo intenté tantas veces… pero ahora estamos bien y tengo miedo,
no quiero perderla.
‐Debes decirle, y bien no están Wayne, ella sabe que algo te sucede, está preocupada,
asustada, se lo dijo a Teresa, cree que ya no la amas.
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‐¿Eso piensa?
‐Si. Escucha va a ser duro pero después del primer impacto te va a perdonar, estoy seguro,
pero cuanto más tiempo tardes su enojo será peor.
‐No tengo el valor.
‐Por supuesto que sí. Si no lo haces y ella se entera de otra forma ahí sí creo que tu
matrimonio se acabó.
Sonó el celular de Jane, Teresa le preguntó si les faltaba mucho, ellas habían terminado
por ese día.
‐Nosotros ya terminamos Lisbon, ya salimos para allá‐
Cuando llegaron Rigsby se esforzó por mostrarse tranquilo y cariñoso con Grace, pero se
encontró con la mirada de Jane recordándole que eso no era suficiente, que debía
sincerarse.
Ni bien subieron al auto Teresa quiso saber pero Patrick solo hablaba del caso.
‐Ay por favor Patrick! Sé que hablaste con él, dime que pasó! ¿Tan terrible?
Jane solo contestó con un gesto.
‐¿Tanto? Jane dime ya!
‐Hagamos una cosa. Cenamos con los niños, los acostamos y te prometo que te cuento
todos los detalles.
‐Ay Dios, me estoy asustando.
Llegaron y los encontraron jugando en la sala con Leslie. Desde que Oscar cumplió su
primer año habían optado porque se quedaran en la casa a cargo de una niñera en lugar
de llevarlos a la guardería, así era más seguro para ellos sobre todo cuando se les hacía
muy tarde. Leslie era una mujer muy dulce, era madre de una niña dos años más grande
que Stefy, su esposo era ingeniero informático y trabajaba en su casa. Había superado un
cáncer y les habían quedado muchas deudas por tratamientos médicos y por eso ella
había salido a trabajar. Esa noche ya se había ocupado de que se bañaran y acomodaran
los juguetes. Era amorosa con los niños y a esa altura, después de dos años de trabajar
con ellos ya era como de la familia. Una vez que se fue Patrick tomó su lugar en el juego
para que Teresa pudiera cocinar.
Mientras cenaban Stefy no dejaba de hablar de la cosa para el colegio que ya tenía
preparadas y revisaba una y otra vez.
‐Pero faltan diez días para las clases. Dijo Teresa al ver que la ansiedad de su hija no le
permitía ni comer.
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‐Me pregunto a quién sale esta niña tan impaciente‐ murmuró Jane al tiempo que reía y
recibía la fulminante mirada de su esposa.
Habían implementado una rutina que cada día uno dormía a cada niño y a la noche
siguiente intercambiaban, Stefy siempre era la más sencilla cosa que esa semana había
cambiado porque la ansiedad que no le permitía comer tampoco la dejaba dormir.
Levantaron la mesa, pusieron los platos en el fregadero y llevaron a los niños a acostarse.
Jane levantó a su hijo en brazos y dijo sonriente "los hombres por aquí y las niñas por su
lado"‐
Besó la cabeza de su hija y le guiñó el ojo a su esposa.
Una hora después ella entraba a su habitación con el cabello revuelto y cara de agotada.
Jane estaba en la cama, ya bañado y haciendo palabras cruzadas.
‐¿Cuantos cuentos?
‐Cuatro y dos canciones. ¿Y tú?
‐No llegué a terminar el primer cuento.‐ Contestó riendo
‐Pues no disfrutes, mañana será al revés.
‐No importa querida, siempre está el recurso de la hipnosis.
Inmediatamente un almohadón llegó a su cara.
‐Patrick Jane ni se te ocurra hipnotizar a mi hija!
‐Nuestra hija amor. Y dime si después del tercer cuento no deseaste poder hacerlo.
‐NOOO.
‐Teresa!?
‐Bueno tal vez hubiera querido poder incitarla al sueño…
‐¿O sea?
‐Está bien si quise, pero pude lograr que durmiera finalmente, así que tú podrás también,
y sin hipnosis.
‐Date una ducha y tendremos la conversación que esperas. ¿Si?
Mientras ella se bañaba él pensaba si aceptaría guardar el secreto y darle tiempo a Wayne
de que hablara él con Grace. Ella era una mujer discreta pero también con un alto sentido
de la moral.
Cuando salió del cuarto vio en su mesa de noche dos vasos y una botella de licor. Se metió
en la cama, lo miró y dijo:
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Muy bien, o lo que voy a escuchar es demasiado fuerte o planeas emborracharme para
aprovecharte de mí Jane.
‐Aun no decido entre las dos aunque preferiría la segunda.
‐Ya dime…‐dijo mas como súplica que como orden.
‐Bien, Rigsby no tiene una amante.
‐¿En serio? Ay amor, menos mal!Pero ¿entonces qué sucede? No me digas que está
enfermo. ¿Algo grave? No…pobre..
‐Aguarda, no, no está enfermo. No tiene una amante pero la tuvo y está embarazada.
‐EHHHH!
Jane volvió a afirmar con un gesto e iba a repetir. Pero el grito de Teresa lo hizo callar. –
¿EMBARAZADA? ¿Un hijo?
‐Y si amor, normalmente después de los embarazos llegan los hijos.
‐No hagas bromas Jane! Es…es… es terrible, pobre Grace. ¿No piensa decírselo? ¿Qué va
a hacer? ¿Va a tener dos familias?
‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐
‐Bueno para empezar piensa hacerse cargo del niño, yo le dije que debe hablar con Grace,
debe apurarse nacerá en tres semanas.
‐Ya! Dios, va a matarlo y si me preguntas le ayudaría a ocultar el cuerpo.
‐Ay Teresa eso no es verdad, jamás harías eso. Yo sería capaz de algo así pero tú no.
‐Pues él lo merecería. ¿Qué vamos a hacer Patrick? No quiero romperle el corazón pero
Grace tiene que saber.
‐Lo sé, hablé y lo convencí de que debe decirle. Lo hará y ahí nosotros vamos a estar
apoyándolos cuando vengan los tiempos difíciles. Como ellos hicieron contigo, no lo
olvidé…
‐En realidad yo quisiera apoyar a Grace, no estoy segura de que él lo merezca.
‐No digas eso, está tratando de hacer lo correcto. ¿Te parecería mejor que abandone a su
hijo?
‐No, por supuesto que no. Pero para empezar no debió haber estado con otra mujer.
‐No, pero esas cosas pasan, la naturaleza humana es así…
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Antes de que terminara la oración Lisbon ya había salido de la cama dado la vuelta y se
paró frente a él con una actitud que hacía pensar que la integridad de su nariz estaba en
peligro una vez más.
‐¿LA NATURALEZ HUMANA JANE? ¿Es en serio? ¿Estás justificando lo que hizo?
‐No…
‐¿No?
‐Estuvo mal, muy mal! Pero, tiene atenuantes…estaba enojado, extrañaba a su mujer en la
casa…
Lejos de aplacar a Teresa la enfureció más.
‐Eso es justificar Jane.
‐No!
‐Si. Dime, ¿cuándo te fuiste a la isla me extrañaste?
‐Claro que sí.
Contestó sabiendo que se estaba metiendo en un terreno peligroso y queriendo buscar la
manera de volver el tiempo tres frases atrás y remarcar que Rigsby se había comportado
como un desgraciado. Cosa imposible ya a esta altura.
‐Y mientras me extrañabas ¿dormiste con otra mujer para sentirte menos solo?
‐Ehhh? NO!
‐¿Seguro?
Jane comenzó a reír a carcajadas mientras Teresa tomó una almohada y comenzó a
golpearlo. Bueno era mejor la almohada que el puño.
‐Espera, espera, ven aquí‐ le dijo mientras la agarraba de las manos y la hacía sentarse‐
¿Acaso tienes miedo de que aparezca un pequeño Jane?
‐¿Podría aparecer?
‐¡Sería imposible mujer!
Dijo, y volvió a tentarse de risa. Teresa solo lo miró con los ojos a punto de estallar entre
lágrimas y rabia.
‐Eyy, no, perdona, perdón la risa.
Se puso serio, le tomó la cara con ambas manos y acercó su frente a la de ella.
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‐Amor no pude estar con otra mujer cuando no recordaba, ¿cómo crees que iba a poder
recordando y extrañándote como lo hacía? Nunca estuve con otra mujer después de estar
contigo.
La mirada de ella se suavizó y las lágrimas comenzaron a caer. Jane las iba limpiando con
sus pulgares al tiempo que le daba suaves y dulces besos en los labios.
‐Yo te amo, no podría mirar a otra mujer. Así que deja de pensar cosas raras, que el único
pequeño Jane duerme a dos cuartos de aquí.
‐De acuerdo. Perdón. ¿Qué haremos?
‐Lo que dije, esperar que él hable y luego apoyarlos, a ambos. Creo que podrán con esto.
‐¿De verdad crees que lo puedan superar?
‐Sí, estoy en un 80% seguro, no de inmediato pero lo van a lograr.
‐Es triste, me apena todo. Los niños son grandes, será difícil para ellos también.
‐Teresa no hay nada que podamos hacer para evitar que sufran, todos lo harán.
‐¿Y sabes cuándo hablará Rigsby? No creo poder mirar a la cara a Grace sabiendo esto
mientras ella no lo sabe.
.Tal vez hoy, no sé, le dije que lo haga cuanto antes. ¿Vamos a dormir si?
Le dijo mientras se acostaba atrayéndola hacia él y acariciándole la cabeza. Teresa hizo
una sonrisa algo triste, le dio un beso y se apoyó en su hombro mientras le pasaba el
brazo por la cintura.
‐Tengo suerte de tenerte a ti.
‐Yo tengo suerte de que te hayas enamorado de mí y de que hayas esperado y perdonado
tanto.
Intensificaron el abrazo y así durmieron felices de tenerse.
En la mañana llegaron a la oficina a la hora de siempre, ni Rigsby ni Van Pelt habían
llegado; Teresa iba a llamarla pero Patrick adivinando (cuando no) la detuvo.
‐Solo espera un rato.
Efectivamente llegaron minutos después juntos, con apariencia normal y cada uno se
acomodó en su escritorio. Teresa se dio vuelta en dirección al sillón y clavó los ojos en un
Jane que trató de hacerse el tonto y concentrarse en su taza de té hasta que ella sin dejar
de verlo gritó "JANE". Con toda la oficina mirándolo se levantó, se acercó a ella, le entregó
la taza y le dijo al oído: "prefiero cuando me manipulas amor".
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Luego se acercó a Rigsby y le pidió que lo acompañara a la oficina de Cho. En cuanto se
encaminaron Grace le preguntó a Teresa que estaba pasando, pero esta le contestó que
nada, algo que su amiga no creyó.
‐¿Y qué vamos a hablar con Cho? Pregunté creyendo que se trataba de algún artilugio por
algún caso en el que tal vez incumplieron una que otra regla.
‐Para que le pidas el día libre para ustedes dos y finalmente hables con Grace.
‐Ay no amigo, prometo que esta noche…
‐No creo que Teresa guarde tanto tiempo el secreto.
‐¿Le contaste?
‐Claro que sí, no tengo secretos con ella y tú deberías seguir ese ejemplo. Te aseguro que
cada día será más difícil. Vamos.
Entraron a la oficina, al verlos Cho pensó que Jane se había mandado alguna de las suyas y
esperó a que hablaran. Como no lo hacían dijo ya impaciente:
‐Bien Jane, ¿qué hiciste esta vez?
‐¿Yo? Nada, es Rigsby que necesita el día libre, igual que Van Pelt y me apostó que no se
los darías, solo vine para asegurarme de que me pague.
‐Oye! No es cierto! Dijo tartamudeando un poco.
‐¿No quieres el día libre entonces?
‐Bueno si, tal vez, pero no es cierto que hice una apuesta.
‐Tómense el día y arreglen todo lo que deben.
Fue la repuesta de Cho, pensando que era mejor no preguntar.
Rigsby se acercó a su esposa y le dijo que debían salir, ella se apresuró a agarrar sus cosas
pensando que era por trabajo pero en el ascensor Wayne le dijo que tenían que hablar.
Inmediatamente ella supo que era algo malo y no preguntó, quería y no quería saber.
Sabía que inevitablemente algo iba a cambiar. Caminaron tres calles hasta un bar. Ella
pidió un café, él un trago y comenzó a hablar.
‐Primero quiero decirte que te amo con toda mi alma.
‐Yo también Wayne…
‐Espera, déjame seguir, tú y los niños son lo más importante de mi vida…
‐Yo lo sé…perdón, lo siento, no quise interrumpir.
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‐Bien, a veces las personas cometemos errores, y yo hace un tiempo, cuando tú y yo no
estábamos bién, me involucré con otra mujer.
Grace se puso a llorar y se paró diciendo "lo sabía", entonces él se puso de pie también y
le pidió por favor que tomara asiento otra vez. Ella lo hizo.
‐Lo sabía, lo sabía, lo sabía, te lo pregunté muchas veces, me dijiste que no. Me dijiste que
no mirándome a los ojos. ¿Me estás dejando por ella? ¿Quieres el divorcio?
‐No te estoy dejando, ni te mentí mirándote a los ojos, cuando me preguntaste no estaba
con ella. Eso terminó hace meses, muchos meses.
‐¿Y para que me lo dices ahora entonces? No estás con ella, no quieres el divorcio. ¿Solo
quieres hacerme sufrir?
‐Claro que no Grace, te dije que te amo.
‐Ya no digas eso.
‐Es la verdad. No quiero hacerte sufrir, pero te lo digo ahora porque ella está esperando
un hijo mío que nacerá en veinte días y…
Los colores se fueron de la cara de Grace, se puso de pie y cuando él intentó levantarse lo
frenó.
‐No digas más nada, dame las llaves del auto y pasa por la noche a buscar tus cosas, te las
dejaré en la entrada. Luego hablamos para que veas a los niños.
‐Grace por favor no hagas esto.
Dame las llaves de la casa también.
‐Grace no puedo llevarme a Ben.
‐¿Quien dijo que te lleves a Ben? Hace años que vive con nosotros, lo quiero como si fuera
mi hijo, ¿alguna vez me viste hacer una diferencia con él? ¿Cómo crees que echaría a Ben?
‐Disculpa, solo lo pensé.
‐Ah pensaste!, es bueno que al menos una vez pienses.
Wayne entregó ambas llaves, Grace salió a paso firme y antes de llegar a la puerta se largó
a correr, llegó al estacionamiento del FBI subió a su auto y condujo hasta su casa. Los
niños estaban en la colonia así que pudo llorar a gusto antes de tomar bolsas y poner en
ellas toda la ropa de él.
Rigsby por su parte llegó a la oficina arrastrando los pies, Jane estaba en el sillón con los
ojos cerrados discutiendo detalles del caso con Lisbon, así que se dirigió a ella y le pidió si
podía llamar a Grace para asegurarse de que estuviera bien.
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‐Claro – dijo al tiempo que tomaba su celular‐ ¿Fue para la casa?
‐Sí, creo que sí.
‐Entonces mejor voy a verla.
Tomó su saco y su cartera al tiempo que le dio una mirada iracunda, luego giró para
decirle a Jane que volvía en un rato.
‐Claro, ve con cuidado.
Antes de llegar al ascensor se detuvo dio vuelta sobre sus pies y ya con una expresión más
piadosa dijo:
‐Rigsby, ¿y tú cómo estás?
‐Como lo merezco, gracias jefa.
Una leve sonrisa le devolvió al escuchar como la había llamado, sacudió la cabeza y entró
al ascensor que se acababa de abrir.
Jane fue a la cocina por un té y un café y volvió a los pocos minutos.
‐Hubiera traído algo más fuerte pero acá no se puede. Bueno obviamente no lo tomó bien,
pero ¿qué te dijo?
‐Que fuera esta noche a buscar mis cosas, nada más. Yo esperaba que me insultara o
abofeteara, no sé. Solo me pidió las llaves de la casa.
‐¿Dónde vas a ir?
‐No lo sé, mi auto está en la cochera, así que cargaré las cosas que dijo que iba a dejarme
en la puerta y veré.
‐Puedes quedarte en mi casa rodante, está junto a la cabaña, ya no la usamos casi.
‐¿No crees que le moleste a Lisbon?
‐Claro que no, ella por supuesto estará del lado de Grace pero te aprecia mucho. Y será un
tiempo, Grace te perdonará.
‐Si no lo hace lo merezco igual.
‐Ay no, deja de compadecerte ya. Cometiste un error, uno muy grave sí. Pero no es para
cadena perpetua, te perdonará, lo sé. ¿Cuándo me equivoco?
‐¿Cuándo te fuiste para cuidar a Lisbon y Pike casi la mata?
‐Y ella me perdonó, y gracias a ustedes yo recuperé a mi familia, no lo he olvidado. Te
ayudaré.
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Puso la taza en el escritorio y le dio un abrazo. Todavía era renuente a ellos pero había
excepciones y obviamente Rigsby lo necesitaba.
Teresa llamó a Grace para confirmar que estaba en la casa y media hora después estaba
llegando allá. La encontró embolsando ropa, con los ojos enrojecidos y alternando en
fracciones de segundos entre la ira y el abatimiento. Lo primero que Van Pelt le preguntó
era si ya lo sabían ella y Jane.
‐Sí, me lo dijo Patrick anoche. Wayne le contó ayer a la tarde.
‐Raro que Jane no lo supiera desde antes, el niño ya está por nacer...
‐Notábamos que algo pasaba, no sabíamos que era. Lo importante es cómo te sientas tú.
‐Lo odio! Quiero matarlo!Es un hijo de perra…No quiero volver a verlo en toda mi vida.
‐Ah, es normal que estés enojada.
‐Lo peor es que siento que parece que lo castigo por el niño y no es eso, Ben no es mío y
sabes que lo adoro.
‐Lo sé. Nadie adivinaría que no es tu hijo cuando los ven juntos. Po algo él eligió vivir con
ustedes. Ben también te ama. Has sido una excelente madre para él.
‐Sí, se ve que no excelente esposa ya que Wayne se buscó una amante.
‐No digas eso, no es tu culpa, ustedes estaban mal y él, a mi criterio buscó la distracción
fácil. No lo justifico, estuvo mal, pero creo que te ama, por eso terminó con ella. El bebé
es otra cosa.
‐¿Ves? Es lo que digo. Parece que el problema para mi es el bebé y el problema es la
traición. ¿Lo entiendes?
‐Claro que sí. Tienes derecho a estar dolida, enojada, furiosa y más. Yo estaría igual; la
nariz de Jane no la hubiera pasado bien.
‐Pero crees que debería perdonarlo…
‐No, creo que debes hacer lo que sientas, perdonarlo o divorciarte, lo que te deje en paz
contigo.
‐Nada me dará paz.
‐Claro que sí, no hoy ni mañana, tienes que dejar que el tiempo pase, todo el que
necesites y luego decidir pensando en ti. Porque tú eres la que deberá vivir con las
consecuencias de tu decisión. Te apoyaremos en lo que decidas.
‐¿Le puedes decir a Cho que necesito tomarme el día de mañana también? Tengo que
pensar y hablar con los niños.
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‐Claro que sí. Y siempre podrás contar conmigo y también con Patrick.
En la oficina Jane estaba sentado en su sillón tomando el cuarto te del día cuando Teresa
llegó. Se apresuró a contarle que lo acompañaría a buscar sus cosas y que le había
ofrecido donde quedarse, a ella la idea no le encantó pero tampoco se opuso, solo le pidió
que se lo dijeran a Grace porque no quería secretos ni malos entendidos.
Tal como había dicho Grace dejó las cosas en bolsas y dos cajas en la entrada, cuando
escuchó ruidos se asomó por la ventana y vio el auto de Jane estacionado. Mientras
Wayne sacaba el suyo de la cochera y cargaba las cosas Patrick golpeó la puerta. Ella dudó
un segundo y luego abrió.
‐Quiero decirte que Rugby se quedará en mi casa rodante.
‐No me importa…
‐Muy bien pero quiero que sepas que eres mi amiga, te quiero, que esto no es tomar
partido y que puedes contar conmigo y sé que con Teresa también.
‐De acuerdo, gracias Jane.
Al decir eso se acercó para darle un abrazo, que él respondió al tiempo que le hacía media
sonrisa.
‐No dudes en llamarnos por lo que sea Grace.
Teresa los esperó a ambos con la cena pero Rigsby prefirió no comer. Estaba
extremadamente triste. Los niños estaban acostados así que Jane pasó por las
habitaciones a darles un beso aunque estuvieran dormidos. Luego cenaron, se duchó y se
metió en la cama donde ya estaba Teresa leyendo unos papeles. Ni bien él llegó los
acomodó en el cajón de su mesa de luz y acomodó las almohadas para acostarse,
abrazarlo y poner la cabeza en su pecho.
‐¿Sigues pensando que lo perdonará amor?
‐Tú la viste. Debes tener una idea al respecto.
‐Pero tú siempre sabes cómo todos actuaremos.
‐No siempre, tú me sorprendes bastante seguido‐ le dijo antes de besar repetidas veces su
cabeza.
‐En serio Jane. ¿Crees que lo perdone?
‐Creo que sí. No sé si pronto.
‐Ojalá que sí, siempre se amaron. Desde que Grace ingresó al CBI. ¿Recuerdas?
‐Si. Recuerdo cuando te dijeron que tenían una relación amorosa… La cara que pusiste…
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‐Y que querías! Iba en contra de las reglas! Pero se amaban como para superarlo todo.
‐Esto también lo harán ya verás.
‐Pero hay un niño Jane.
‐Grace aceptó a Ben.
‐Es diferente, él no la engañó con Sara, habían terminado.
‐De acuerdo, entonces el problema no es que hay un niño sino el engaño, lo perdonará y si
no…
‐Tienes un plan.
‐Todavía no, en realidad ahora tengo planes para ti…
Cuando Grace volvió a trabajar dos días después fue la primera vez que se encontraron.
Ella llegó puntual, impecable y buen semblante. Lo primero que hizo fue acercarse a él y
preguntarle si podía hablar a la hora del almuerzo. Allí le dijo que además de padres de
niños en común eran compañeros de trabajo así que esperaba que pudieran llevar la
separación de una manera adulta y así ninguno de los dos tendría problemas.
Wayne estuvo de acuerdo en todo.
‐Después de todo cuando rompimos en el CBI pudimos seguir siendo un buen equipo
¿verdad?
Grace asintió no tan segura de lograrlo. Ninguno habló de divorcio. En realidad ambos
esperaban que el otro no lo mencionara. Como así fue, supusieron que la conversación
quedaría para más adelante.
La primera semana fue rara. Wayne fue dos veces a buscar a los niños para cenar. Ben le
dejó en claro que quería quedarse con Grace y sus hermanos y así se lo hizo también saber
a Sara.
Unos días antes de lo esperado por fin nació el bebé, un varón muy sano al que bautizaron
Matthew. Cuando Rigsby volvió al trabajo todos querían felicitarlo pero les apenaba
incomodar a Grace. Así que ella misma se acercó a saludarlo y le dijo que llevara a los
niños a conocerlo. En ese instante Jane supo que la reconciliación solo sería cuestión de
tiempo. Los primeros días que el niño estuvo en la casa él se quedó con la madre para
ayudarla, pero cuando ella estuvo más repuesta volvió a la casa rodante.
Un mes después todavía no se había mencionado el tema del divorcio, las cosas estaban
más distendidas; incluso habían hecho juntos algún interrogatorio funcionando muy bien.
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Ese Viernes se habían puesto de acuerdo en que él llevaría a los niños al cine, a comer y
luego a dormir con él. De paso estarían un rato con Stefy y Oscar así que estaban
entusiasmados.
Llegó Ben con sus hermanos a las cinco de la tarde, pero aún les quedaba papeleo por
completar, entonces Grace dijo que se fuera tranquilo, que ella se encargaba. Maddi se
abrazó a su madre diciéndole que era la mejor y Wayne le dio un beso en la mejilla que la
sorprendió y también la hizo sonrojar. Todos revolearon los ojos y se miraron entre sí. Una
vez que se fueron ella se dio cuenta de que la seguían observando.
‐¿Qué pasa? Lo hago por los niños.
Claro! Fue la respuesta general y cada uno volvió a lo suyo.
Una hora más tarde Waylie recibió una llamada del hospital preguntando por Rigsby,
Grace tomó el teléfono y ya todos se pusieron a su lado. Cho desde su oficina vio el
movimiento y también se acercó. Un médico del otro lado de la línea dijo que había
ocurrido un accidente, que habían ingresado una mujer y un bebé y ella antes de estar
inconsciente había dicho su nombre y FBI.
‐Soy la agente Grace Van Pelt, esposa de Wayne Rigsby, infórmeme por favor.
‐Señora lo lamento, el bebé está en urgencias, la señora que venía con él está en muy
grave estado.
Jane trató de llamar a Wayne pero entraba a buzón obviamente lo había apagado
mientras estaban en el cine. Grace permaneció abrumada unos segundos y luego se
levantó.
‐Tengo que ir…
Muy bien yo te llevo‐ dijo Cho mientras corría a su oficina por su saco y sus llaves. Jane y
Lisbon también fueron.
Cuando preguntaron en la mesa de informes mientras la secretaria llamaba al médico se
acercó un policía que estaba sentado allí y les contó los hechos. Un conductor ebrio pasó
un semáforo en rojo y chocó el auto de Beth del lado izquierdo. Dejándola a ella atrapada
y muy mal herida, la sillita del bebé estaba atrás también de ese lado. Él había venido con
el niño en la ambulancia ya que en ese momento los bomberos aún no la habían podido
sacar a ella.
Por fin el doctor salió, lo primero que les dijo que lamentablemente no habían podido
hacer nada por Beth. Su sangrado interno era demasiado grande y había llegado al
hospital prácticamente agonizando. El bebé había sufrido un fuerte golpe pero la
tomografía había salido bien. Sin embargo habían tenido que anestesiarlo para hacerla por
lo que estaría en recuperación unas horas.
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El médico pensaba que Grace era su mamá y Beth la niñera o algo así, y ella no le aclaró
las cosas. Entró a verlo, estaba dormidito, monitoreado en su pequeña cunita, tan
chiquito. Era muy parecido a Maddi de bebé. Corrió una silla y se sentó a su lado. Mientras
en el pasillo Cho se ocupó de mandarle los datos de Beth a Wylie para que investigue si
tenía algún familiar para avisarle. Y Lisbon llamaba a Rigsby cada quince minutos, siempre
le daba contestador así que dejó varios mensajes pidiendo que la llamara.
Cuando la película terminó fueron a un local de comidas rápidas y mientras esperaban el
pedido encendió el celular, tenía llamadas perdidas de Grace, Cho, Jane y Lisbon, y dos
mensajes de ella. Se apartó un poco de los niños y la llamó.
‐Hola Wayne. Escucha ven al hospital ahora.
‐¿Es Grace? ¿Le pasó algo? ¿Está bien?
‐No, es Beth, el niño está bien, nosotros estamos acá, ven ahora.
Rigsby se acercó a sus hijos y les dijo que no podían esperar la comida y que debían ir al
hospital. Todos quedaron en silencio hasta que Maddi preguntó si su mamá estaba bien.
‐Si hija, no es tu madre, es tu hermanito, no sé qué pasó.
Cuando llegaron al hospital lo primero que él vio fue a sus compañeros, le dijeron que
Beth había muerto. El confirmó que no tenía más familia que una hermana mayor que
vivía en Francia. Se identificó con la enfermera y pidió ver a su hijo.
‐Si por supuesto señor, su esposa está con él.
Dirigió su mirada a los demás que asintieron en silencio. Entró en la habitación y la
encontró sentada, con su mano sobre el bebé y cantándole una canción de cuna muy
bajito aunque estaba sedado aún. Cuando escuchó cerrarse la puerta ella se detuvo, luego
se puso de pie, se acercó y lo abrazó.
‐Lo siente Wayne pensaron que soy su madre y no dije la verdad para que me permitieran
estar aquí, me dio pena que estuviera solito. Es muy lindo. ¿Se parece a Maddi verdad?
‐Sí, se parece mucho.
‐Que pena que se quedó sin su mamá.
‐Gracias por venir, por estar aquí…
‐De nada. ¿Y los niños?
‐Afuera, con Lisbon y Jane.
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‐Bueno entonces los llevo a la casa, mañana vuelvo temprano para que puedas ir a
descansar.
‐Gracias Grace, siempre estás para mí.
‐Somos familia Wayne. ¿Los niños que saben?
‐Nada, creo que no escucharon.
‐De acuerdo. Yo me ocupo. Hasta mañana.
Grace llegó a su casa, les hizo cena, acostó a Andreu y luego se sentó con Ben y Maddi
para contarles lo sucedido. Ben era casi un adolescente y todavía tenía cierto enojo con su
padre por lo que había pasado, aunque sintió pena por su hermanito no dijo nada. Maddi
en cambio preguntó si iban a llevar ahí al bebé. Grace no supo que contestar, dijo que no
sabía, que seguramente no.
‐Pero tú cuidas a Ben y él tiene a su mamá Sara! También puedes cuidar a Matthew si su
mamá murió.
‐No tiene que hacerlo papá la…
‐Ben!‐se apresuró Grace‐ no es apropiado hablar hoy de esto. Fue un día largo vayan a
dormir.
Ambos niños se levantaron y se dirigieron a la escalera, sin embargo Ben volvió sobre sus
pasos y se paró frente a la mujer que sentía más su madre que la real, la miró a los ojos y
le preguntó si iba a perdonar a su padre y volvería con él.
‐No lo sé, ¿eso que te parecería a ti? ¿Te molestaría?
‐No estoy seguro. No quiero que te vuelva a hacer sufrir, no quiero que nos vuelva a
traicionar.
‐Un momento, él no ha hecho eso, no nos traicionó. Lo que pasó no tiene que ver con
ustedes. Es un gran padre, cometió un error conmigo y se hizo cargo. No debes pelear
batallas ajenas hijo. Él los ama, son lo más importante en su vida, ustedes cuatro. Supera
ese enojo.
‐Te quiero mucho.
‐Yo más.
Tal como había dicho por la mañana estuvo temprano en el hospital pero Rigsby no pudo
ir a descansar porque le informaron que le darían el alta al bebé.
Cho ya se había ocupado de hacer todos los arreglos para el entierro de Beth que sería en
dos días.
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Cuando salieron del hospital Wayne dijo que compraría algunas cosas e iría a la casa
rodante. Tenía que pensar y organizarse. Grace le dijo que podía ir a la casa a buscar todo
lo que necesitara para el niño y se despidió para ir al trabajo. Se fue con una extraña
sensación de haber podido hacer algo más pero algo le impidió hacerlo.
Llegó a la oficina, Jane y Lisbon ya habían llegado y estaban en el sofá y el escritorio
respectivamente. Cuando les dio las novedades Teresa dijo que llamaría a Leslie para que
le diera una mano. Tal vez el niño estaba acostumbrado a que su madre lo alimentara y
podría ser complicado al principio aunque Wayne era un padre experimentado.
‐No amor deja‐ dijo Patrick poniéndose de pie‐ mejor voy y lo ayudo a acomodarse. Tal vez
podemos acomodarlos en el cuarto que está libre, ¿qué dices?
‐Si ¿eso sería más seguro para el niño verdad?
Grace los observaba en silencio. Cuando Jane salió miró a Teresa y Wylie alternativamente
y dijo: ¿Ustedes creen que debiera decirle que vaya a la casa no?
‐Yo no creo nada‐ dijo el joven con más cara de susto que de sorpresa.
Teresa negó con la cabeza.
Leslie se ofreció a cuidar a Matthew mientras Rigsby trabajaba pero él prefirió tomarse
una semana de licencia y luego comenzar a llevarlo a la guardería. Ser padre soltero con
un trabajo tiempo completo era muy complicado, Grace le había ofrecido ayuda algunas
veces pero él no había aceptado. No por orgullo sino porque todavía se sentía
avergonzado con ella. Consiguió un departamento pequeño y contrató una señora para
los fines de semana y las noches cuando debía trabajar y la guardería estaba cerrada. Se lo
veía realmente cansado pero poco a poco se fue acomodando a su rutina.
Estaban trabajando cuando les llegó un alerta de que un intruso había logrado burlar la
seguridad de una oficina de gobierno, sus pases y credenciales eran falsas pero de una
calidad excelente, era obvio que no era un improvisado. Además de interrogarlo debían
hacer una revisión de todo el personal. Allí iban Lisbon y Rigsby cuando sonó el celular de
él. Era de la guardería, el bebé tenía mucha fiebre por lo que debía retirarlo. Teresa le dijo
que se ocupara del niño y le pidió a Wylie que fuera con ella.
Wayne llegó con el bebé que no dejaba de llorar en su cangurito. Cho le dijo que se
tomara el día para llevarlo al médico. Entonces se acercó Grace y le pidió permiso para
alzarlo. Lo tomó en brazos y tocó su cabecita.
‐Creo que es el oído Wayne, ¿Ves cómo ladea su cabecita?
‐¿Tú crees?
‐Estoy casi segura.
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Entonces Cho volvió a intervenir.
Llévalo a la guardia y Grace acompáñalo para asegurarte de que comprenda las
indicaciones.
‐No tienes que hacerlo Grace, estaré bien.
‐No, está bien, ¿fue una orden no?
‐Claro…pero…
‐Wayne bromeo, quiero acompañarte, vamos.
Efectivamente era una infección de oído, le recetaron antibióticos y antitérmicos. Si la
fiebre no bajaba en dos días lo internarían por precaución. Salieron y fueron a la farmacia
a comprar todo lo necesario.
‐Te dejo en la oficina y luego me voy a mi departamento.
‐¿Quieres ir a la casa? Digo, tal vez pases una noche difícil y con los niños podemos
ayudarte.
‐No sé si sea buena idea, tal vez se confundan..
‐Son sus hermanos y tú serás siempre su padre, la familia es para siempre.
‐De acuerdo, está bien… yo…te lo agradezco.
Cuando llegaron a la puerta del FBI Grace bajó al tiempo que decía nos vemos a la noche.
Entonces casi con vergüenza la detuvo.
‐Grace, es que… no tengo llaves para entrar, digo…los niños están en la escuela…y…
‐Ay claro, disculpa, toma las mías, las tuyas están en…no importa toma estas, nos vemos
luego.
Entró en la oficina casi sonriendo. Jane lo percibió de inmediato y sonriendo también la
miró.
‐Y bien Van Pelt. ¿Será que hoy tendrás un comensal más para la cena?
‐¿Eh? No. Bueno, ¿cómo sabes?
‐Mmmmm
‐Solo le dije que fuera a la casa porque tal vez sea una noche difícil, el niño tiene infección
en el oído y…
‐Extrañas esas largar noches sin dormir escuchando llantos de bebé.
‐Jane!
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‐Es broma, es broma. Me parece bien que lo ayudes, y también que lo perdones si eso te
hace feliz.
‐No es eso…nada que ver. Gracias Jane.
Por una semana Wayne permaneció en la casa familiar, ya hacía dos días que el bebé
dormía la noche entera cuando decidió volver a su departamento. Maddi no quería que se
fuera y llorando le pidió que se quedara. Ben lo saludó y al hacerlo le dijo que si él quería
podía arreglar las cosas, si lo intentaba seriamente. Eso era lo que más deseaba en el
mundo, pero se fue sin hacerlo.
La agente supervisor Mayra Stuart se había acostumbrado solo un poco a la forma de
trabajar de Jane, respetaba su inteligencia y tenía por ello ciertas concesiones con el
equipo. Sin embargo exigía que Cho se esforzara porque todo el papeleo quedara claro y
prolijo a fin de que ningún acusado tuviera argumentos para una apelación y por ende
quedar impune. Eso era justamente lo que pasó un Lunes a última hora cuando entró
furiosa a la oficina de Kimball sin pedir permiso y a los gritos. Se trataba de un asesino y
violador serial, que si bien nunca dejaba material biológico ni grandes rastros siempre
actuaba de la misma manera, había cometido hechos en cuatro estados por el término de
tres años. Habían podido atraparlo porque una de sus víctimas había logrado lastimarlo
antes de morir y se pudo analizar el ADN. El problema era que había una ventana en la
cadena de custodia, tres horas en que nadie podía dar fe de donde estaba la muestra. Cho
estaba seguro de que el equipo no había cometido errores y estaba dispuesto a testificar
ante el gran jurado pero el abogado defensor estaba confiado. Stuart dijo que no
importaba con que métodos pero tenían dos días para averiguar lo que había sucedido e
impedir que la estrategia de la defensa tuviera éxito. Si bien ella siempre era sumamente
exigente en este caso estaba determinada y afectada por demás. Y esa especie de licencia
para utilizar "cualquier" método les llamaba la atención a todos, especialmente a Jane
quien empezó a entender muchas cosas que había notado antes.
Indefectiblemente todas las pruebas apunaban a que el "error" se había cometido en el
FBI. Comenzaron interrogando a todos los involucrados. Teresa llamó a la casa para decirle
a Leslie que llegaría muy tarde a la noche, que les diera la cena y mandara a los niños a
dormir. Oscar no protestó solo por obtener la promesa de un dulce después de la comida.
Stefy en cambio sí se enojó. La frustraba no poder contarles lo lista que había sido en la
clase de gramática. Estaba tan encaprichada que no paró hasta que consiguió llamar de
nuevo a su madre. Lisbon estaba justo hablando con Mayra cuando su celular comenzó a
sonar, al principio lo ignoró pero la niña era muy insistente.
‐Lo siento es de mi casa‐dijo casi sonrojada.
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Atendió para escuchar a su hija casi hiperventilada del otro lado y le llevó más de cinco
minutos calmarla. Cortó con más culpa que pena por la interrupción.
‐No se preocupe Lisbon, así son los niños, la mía tuvo épocas difíciles.
‐¿Tiene una hija verdad? Vi la foto en su escritorio.
‐¿Esta foto?‐dijo señalando un portarretrato.
‐Sí, es una niña muy bonita.
‐Ella es Mary, mi nieta, mi hija es la que está conmigo en la foto de al lado.
Lisbon se quedó muy sorprendida, la mujer no tenía más de cuarenta y cinco años seguro,
y la niña tendría 8 o 9. Decidió no preguntar a fin de no ser indiscreta, pero la agente notó
su confusión y aclaró Inmediatamente.
‐Fui madre a los quince años y abuela a los treinta y siete.
‐Ah perdón, no quise ser indiscreta.
‐No hay problema agente, son mi familia, no las tengo ocultas, simplemente no hablo
mucho de mi vida privada. Somos solo nosotras tres.
Esa última frase más que una explicación o confidencia fue exactamente todo lo contrario
porque de un modo fue un punto final. Una respuesta que cerraba totalmente la
posibilidad a una pregunta y así lo entendió Teresa perfectamente. Más tarde se lo
contaría a Jane y así le entregó la pieza que le faltaba. Ahora le cerraba todo. Desde el
momento que conoció a Mayra Jane supo no solo que había habido un inmediato flechazo
con Cho (aunque ninguno acusaba recibo aún) sino supo también que esa mujer seria y
ruda alguna vez había sido una víctima.
Mayra era la hija del medio de una familia acomodada en un pequeño pueblo de
California. Su madre era católica y criaba a sus hijos en esa Fe aunque nunca había logrado
convertir a su esposo. En el pueblo había habido tres casos de jovencitas violadas. Se
suponía que el mismo hombre había atacado en pueblos cercanos en los últimos años
pero no habían podido atraparlo. Siempre las captaba cuando estaban solas en la plaza, o
en el centro comercial, las llevaba a una zona descampada o boscosa y allí las golpeaba
salvajemente además de abusarlas. La madre de Mayra insistía en que esas niñas eran
poco cuidadas por sus familias, que además no eran cercanas a Dios y por eso les pasaba
eso. Por lo que estaba segura de que su hija estaba a salvo. Hasta una tarde que ella no
llegó de la escuela. Llamaron a sus compañeras y todas concordaron que la habían
despedido en el lugar de siempre. Salió la familia entera a buscarla y ya de noche fue su
hermano el que la encontró, estaba en el bosque, consciente pero inmóvil, apoyada en
una rama, con la ropa rota y sucia de tierra y sangre. Cuando la madre la vio entrar la llevó
inmediatamente al baño donde la lavó y curó; tenía hematomas en todo el cuerpo pero
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especialmente en los brazos, senos y muslos, sangraba un poco pero aun así no quiso
llevarla al hospital. Le permitió faltar al colegio toda la semana y puso de excusa que tenía
una gripe muy fuerte. Nunca le preguntó nada, no lo necesitaba, sabía perfectamente lo
que había pasado. Nunca se preguntó tampoco si Mayra quería hablar al respecto y le
perdonó ir a la iglesia solo por dos semanas. A los dos meses ya no quedaba nada de la
nena que había sido y encima siempre estaba descompuesta. Finalmente su madre se dio
cuenta lo que pasaba y la mandó a la casa de su hermana que estaba en otro estado, le
dijo que en unos meses en cuanto el niño naciera su tía se encargaría de hacer todos los
arreglos para darlo en adopción y que entonces ella podría volver a su casa. Que sería un
secreto de ellas que olvidarían pronto. En realidad su padre se había dado cuenta pero
eligió fingir que no lo había hecho.
Ese desarraigo terminó siendo una bendición para Mayra, su tía era todo lo piadosa y
abierta que su madre no era, por fin pudo hablar, contar todo lo que había pasado, darse
cuenta de que por sobre todas las cosas no había sido su culpa y lo más importante,
comenzar a sanar. Ya con ocho meses de embarazo una mañana le preguntó a su tía que
pasaría si no deseaba entregar al bebé y esta se dio cuenta de que la decisión ya estaba
tomada. Le contestó que la apoyaría incondicionalmente de ser necesario. No había
retorno. Mayra llamó a su madre y le dijo que se quedaría con el bebé y tal como suponía
la respuesta fue que no había un lugar para él en esa familia por lo que a partir de ese
momento la de ella se convirtió en una mucho más pequeña y también más amorosa.
Como lo había prometido la tía fue un apoyo fundamental para que una vez que nació la
bebé terminara el colegio y fuera a la universidad.
El violador siguió atacando jovencitas hasta que finalmente lo atraparon. Cuando salió en
las noticias lo reconoció de inmediato y supo su nombre Ronald Sullivan. Se lo acusaba
formalmente por diez casos en tres estados, pero se suponía que había muchos más, el de
ella por ejemplo. Así que tomó a su hija, por ese entonces de cinco años, y volvió a su
cuidad por primera vez. Se presentó ante el fiscal y le dijo que también había sido una
víctima y tenía la prueba. Con un ADN comprobaron que era cierto y eso fue muy
comentado hasta en la iglesia. Tuvo dos consecuencias: la primera fue que otras víctimas
se animaron a denunciar y se lo pudo enjuiciar por dieciséis casos, y la segunda fue que si
había alguna posibilidad de recomponer la relación con su madre esta se sepultó para
siempre.
Después de eso Mayra se dio cuenta de su vocación así que hizo todo lo necesario para
ingresar al FBI hasta que lo logró. Su tía siempre al pie del cañón hasta sus últimos días y
ahí fue ella quien sostuvo la mano de la mujer hasta el final, y luego solo fueron ella y la
niña; hasta que la hiciera abuela fruto de un fugaz romance en la universidad. Mayra
nunca se lo reprochó, es más, fue feliz, después de todo llegó una nueva mujercita que
sería fuerte como ellas.
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Si bien no con grandes detalles Jane no tardó demasiado en construir una historia
bastante cercana a la realidad. Por eso cuando finalmente tuvieron indicios de quien había
sido el "corrupto" en el FBI que falseó los registros fue en persona a hablar con la agente
supervisor a fin de averiguar si estaba dispuesta a desenmascararlo y atraparlo sin
importar los métodos a utilizar. Después de hablar un rato con ella si ya pudo tener la
certeza acerca de su pasado y se lo dijo. La mujer primero se sintió expuesta y vulnerable,
pero Jane se aseguró de hacerle ver que no debía avergonzarse ni preocuparse de que él
divulgara algo tan privado, todo lo contrario. Y compartió con ella la convicción de que a
esos depravados hay que atrapar sin importar como.
Por fin gracias a una trampa muy al estilo Patrick Jane esclarecieron lo que había pasado
con la cadena de custodia, atraparon al agente que a cambio de un soborno había
cambiado los horarios de los registros y lograron que la prueba fuera válida y el jurado
condenara al violador.
Después de ese episodio el equipo se unió más. Un equipo tan sólido como cuando
estaba en el CBI. Con el agregado de Wylie. La agente supervisor que cada vez abalaba
más el modo de trabajar de Jane siempre y cuando el daño no fuera mayor a la ganancia.
Patrick y Teresa se habían acostumbrado a que su vida familiar fuera estable, pacífica,
feliz. La acción en el trabajo, en la casa solo disfrutar de los niños y de ellos. Esa paz
también se daba porque él dejó de sentir que no merecía esa felicidad, soltó mochilas
enojos, y se dedicó a honrar la suerte de que ella llegó a su vida.
Rigsby y Van Pelt también se llevaban estupendamente bien, tan bien como años atrás.
Cuando faltaban dos semanas para el cumpleaños de Matthew en medio de un almuerzo
con todo el equipo Grace les contó que estaba organizando la fiesta. Jane comenzó a
revolear los ojos, para disimular se metió un bocado de pan, pero no pudo evitar reír y se
terminó ahogando. Lisbon queriendo ayudarlo le quiso dar agua y la terminó derramando,
todos acabaron riendo y mirando a la "ex" pareja esperando algún anuncio pero ellos
dijeron que solo eran padres que se llevaban muy bien.
La fiesta la hicieron en la casa de Grace (era más grande que el departamento de Wayne,
solo por eso según dijeron). Después de la piñata llamaron a todos a rodear la mesa
principal. Teresa estaba en cuclillas tratando de convencer a Oscar que las siete paletas
que había podido recoger eran muchas y que sería bonito que compartiera una con una
niña que no había podido agarrar ninguna. En eso llegó Jane por detrás puso la mano en la
cintura de su esposa, se agachó levemente para escuchar y luego mirando a su hijo con
compasión le dijo:
‐Es para equilibrar el universo amiguito.
Oscar no tan convencido escogió una y se la dio a la nena, quien le regaló una sonrisa y un
beso en la mejilla, sin duda mucho más dulce que la paleta. Se dio vuelta con los cachetes
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colorados para encontrarse con la orgullosa y pícara sonrisa de sus padres, y se fue a
jugar.
‐Conquistará sin cesar…
‐No era la idea Jane, solo quiero que aprenda a compartir.
‐Pero el amor es lo más importante, sino aguarda que en dos minutos estaremos
brindando por una reconciliación.
‐Tú crees? Ojalá, pero no sé, Grace me hubiera contado.
‐Aguarda y verás, si yo tengo razón nos vamos de picnic solos tú y yo, y si tú ganas será
una cena romántica donde tú elijas. De acuerdo?
‐De acuerdo‐
Efectivamente Rigsby y Van Pelt estaban al frente de la mesa, él con el cumpleañero en
brazos y sus otros tres hijos a su lado. Fue quien pidió a todos un minuto de atención, dijo
en primer lugar que agradecía a todos por estar ahí, y que debía hacer un anuncio; Grace y
él se darían otra oportunidad y le dedicó hermosas palabras halagándola como madre y
como mujer. Mientras todos levantaban las copas para brindar Teresa sintió un suave y
sensual beso en el cuello y escuchó la vos de su esposo que decía "Sábado, picnic, solo tú
y yo"
Volviendo a casa una tarde, mientras cambiaban opiniones sobre un caso que estaba
abierto decidieron pasar por el supermercado. Ambos estaban muy cansados ya que era
viernes y había sido una semana difícil, pero si lo dejaban para el sábado deberían ir con
los niños y eso no es siempre buena idea. Al volver al auto estaban teniendo una divertida
y hasta bizarra discusión; ya que Teresa era la que había querido ir solos "porque los niños
piden todo lo que ven" y, había sido ella la que se había detenido media hora en la
góndola de juguetes y casi había llenado el carro de cosas para ellos.
‐Admite que los malcrías tanto como yo‐Decía Jane con una sonrisa triunfante.
‐Claro que no, me gusta que tengan juguetes porque estimula su imaginación.
‐En la casa hay más juguetes que en la tienda!
‐Así imaginan mucho!
‐Ríndete‐ Dijo Jane tratando de permanecer serio un momento.
‐Ayyy de acuerdo., los malcrío tanto como tú. Supongo que es porque me tardé mucho en
tenerlos. Está muy mal?
‐Por supuesto que no, solo no me regañes cuando yo lo hago.
‐Me gusta regañarte.
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‐A mí me gustas tú. Aun regañona.
Y la discusión terminó con un cálido beso antes de poner el auto en marcha. Jane conducía
mucho más prudente que años atrás, era así desde que se enteró que volvería a ser padre;
exceptuando el día que Stefy iba a nacer que puso tiempo record entre la cabaña y el
hospital. Asi que por eso, y porque sabía que a él le encantaba hacerlo, Teresa cuando
estaban juntos casi siempre iba en el asiento del acompañante con gusto. Esta vez no fue
la excepción.
Tomó su celular y vio cuatro llamadas perdidas de Jimmy, sus hermanos casi nunca
llamaban y si lo hacían no eran tan insistentes si ella perdía la llamada. Eso la asustó y dejó
inmóvil un momento.
‐Solo márcale_ dijo Patrick mientras estacionaba, quería estar listo para abrazarla de ser
necesario.
Cuando iba a marcar fue el celular de él el que sonó, Lo sacó del bolsillo, era Jimmy.
Teresa comenzó a llorar. Sosteniendo el teléfono con una mano y con la otra sobre la
pierna de ella atendió.
‐Hola, si la tengo a mi lado llorando, ¿Qué pasó? De acuerdo.. Quiere hablar contigo.
Tranquila se oye bien.
Teresa tomó el teléfono y solo dijo: ¿Jimmy? Y escuchó unos segundos, al cabo dijo: Ay
Dios Jimmy! Pensé que había pasado algo malo, no, claro que sí, estaremos ahí. Te amo
hermano…Cortó, miró a Jane y dijo:
‐Se casa la semana que viene. Me comporté como una niña perdón.
Jane se rió y la desmintió.
‐Claro que no! No siempre debes ser el adulto fuerte… Eres linda haciendo puchero…
Y antes de darle tiempo a que le diera un puñetazo arrancó otra vez.
Teresa corrió toda la semana para preparar todo lo que necesitarían, empacar para dos
niños no era fácil, además de comprar el regalo apropiado y la ropa de fiesta para los
cuatro. Para eso fueron solo los dos, conocían perfectamente los talles de los niños y así
sería más rápido. Después fue el turno de Jane quien no eligió un traje de tres piezas sino
un ambo negro y clásico. Y finalmente fue el turno de ella, lo habían programado así
porque decía que solo le tomaría un momento decidir. Sin embargo al tercer vestido que
se probó su ánimo comenzó a cambiar, su frustración por no encontrar ninguno que le
agradara se fue convirtiendo en angustia ante los ojos de Jane que repetía una y otra vez
que le quedaban muy bien. Él era completamente consiente de los cambios en el cuerpo
de su mujer y los amaba tanto como a ella. Pero Lisbon parecía darse cuenta en ese
momento de que su figura no era la misma después de Oscar. El único que le agradaba un
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poco era un vestido negro nada apropiado para una boda. Se terminó decidiendo por uno
salmón oscuro que era con el que al menos no había tenido ganas de llorar frente al
espejo. Pero si lo hizo ni bien subió al auto. Aun para Jane fue sorpresivo ese
comportamiento y trato de confortarla diciendo que para él casi todos le habían lucido
bien. Ella entonces se sintió avergonzada y le dijo que no le hiciera caso, que tal vez estaba
demasiado sensible por estar cerca de la menopausia.
‐¿Menopausia? Amor falta para eso! Y estas hermosa, hermosa, HERMOSA!
Dijo casi gritando, le dio un beso y puso en marcha el auto sabiendo que no la había
convencido.
El Viernes a la tarde llegaron a Chicago, la ceremonia sería el Sábado al mediodía y luego
la recepción. En el avión los niños se portaron maravillosamente. Stefy con Jane y Oscar
con ella. De tanto en tanto cuando coincidían en verse Patrick le dedicaba dulces miradas
de anhelo que a ella le daban infinita ternura y por qué no admitirlo levantaba su ánimo.
Después de todo ya habría tiempo para sufrir cuando tuviera que ponerse ese vestido que
odiaba.
Se instalaron en la casa de los padres de Teresa, la cual lucía muchísimo mejor que la
última vez que habían estado ahí. Stand la había arreglado maravillosamente pero nunca
se había mudado allí con su familia. A Stefy la entusiasmaba estar en la casa que había su
mamá de niña; y a ella, a diferencia de la vez anterior cuando estaba muy preocupada de
que su hermano fuera a prisión, la emocionaba estar allí con su propia familia.
Por la noche cenaron con la familia de Stand y Tommy. Stefy y Oscar estaban fascinados
con sus primos y Jane, cuando no, pasó horas jugando con todos ellos. En un momento
mientras eso pasaba Teresa dejó de participar de la conversación con sus hermanos para
observarlo a él a lo lejos. Su expresión de felicidad llamó la atención de los muchachos.
‐Te dije que me gustaba ese hombre para ti‐dijo Stand. Pero tuvo que repetirlo porque la
primera vez no lo escuchó. Entonces lo miró sin borrar la sonrisa.
‐Si lo dijiste, tenías razón.
‐ ¿En serio? Interrumpió Tommy‐Yo lo conocí hace años y no vi ninguna conexión.
‐Porque tú nunca pudiste ver ni las cosas obvias.
‐No me digas! Lo dices tú que de niño…
‐Oigan no peleen hoy por favor!
‐Si agente!‐ respondieron los dos a coro y todos empezaron a reír.
Por la mañana Teresa pudo tener un rato a solas con su hermano menor, no podía creer
que ese niño al que ella le dio su primer papilla ya fuera un hombre por casarse. Ella
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amaba a todos sus hermanos pero él siempre había sido especial, suponía que eso pasaba
porque él era el que menos había podido disfrutar de su madre. Tuvieron una hermosa
charla en la le repitió muchas veces lo orgullosa que estaba y él pudo decirle gracias por
todo lo que ella había hecho a pesar de ser casi una niña también.
Todo estaba listo, el parque para la celebración estaba hermoso, el clima perfecto y de
repente el "horroroso" vestido ya no le resultaba importante. Jane estaba tan guapo y
elegante, los niños perfectos aunque no tardarían mucho en verse desaliñados, pero no
importaba porque estaban disfrutando con los primos que nunca veían.
Antes de que el juez llegara Teresa fue a saludar a quien en minutos sería su cuñada. Por
el camino se cruzó con Jane quien había pasado por la cocina a "controlar" que todo
estuviera en orden y por supuesto para hacerlo había tenido que probar todo lo que vio.
Para evitar el reto se ofreció a acompañarla. La novia estaba lista y reamente muy pero
muy hermosa. Cuando los vio se emocionó tanto como el día que se conocieron para la
boda de ellos. En la habitación la acompañaba su hermana Amanda, quien
inmediatamente puso sus ojos en Jane. Mientras apenas saludó a Teresa cuando las
presentaron con él se detuvo más segundos de los necesarios para darle el beso. Lisbon
abrió grandes los ojos y le dedicó una mirada fulminante. Estaba acostumbrada a que Jane
despertara interés en las mujeres, pero esta niña estaba siendo bastante descarada para
su ver. Al salir no pudo evitar hacérselo ver a él que se declaró inocente en la situación, y
si lo era. No había hecho nada para fomentar la actitud de la jovencita ni para faltarle el
respeto a su esposa. Aunque en el fondo le era halagador que lo mirara una mujer tan
joven jamás podría considerar pensar en otra que no fuera Lisbon.
La ceremonia fue muy bonita. Emotiva y divertida, sobre todo cuando Tommy, que era el
encargado de tener los anillos no los encontraba, todos pensaron que era una broma y no
tan original por cierto, pero Anabel tuvo que salir corriendo a buscarlos en la mesa de luz
donde su padre los había olvidado. Mientras duró todo Amanda le dedicó sugestivas
miradas a Jane en varias ocasiones, él fingió no darse cuenta pero Teresa no se perdió casi
ninguna, ya la cosa le estaba molestando demasiado.
En la recepción se sentaron con Tommy, su esposa y Anabel y su novio. La familia de la
novia estaba en la mesa de al lado. Teresa decidió que la actitud de Amanda no iba a
arruinarle el momento, además Patrick ni la miraba, así que se dijo a sí misma que estaba
exagerando y comenzó a disfrutar de la fiesta. Los niños iban y venían aunque no
consiguieron que estuvieran sentados mucho tiempo ni comieran bien estaban felices.
Después de que los novios bailaran el vals se fueron acercando los invitados para bailar
con ellos y sacara las fotos; después de eso Teresa y Patrick comenzaron a bailar juntos y
así estaban cuando se acercó Stand y tocó el hombro de él.
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‐¿No me prestas a mi hermana un rato? Es que Karen está arreglando una disputa de
niños y al menos quiero bailar una pieza. Es que si saco a otra mujer tal vez termine
durmiendo en el sillón esta noche…
‐Claro que si‐ contestó casi tentado‐de paso aprovecho y veo a los nuestros.
Besó la mano de Teresa y se la entregó a su cuñado. Amanda estaba bailando con un
muchacho al que dejó sin decirle una palabra y corrió para alcanzar a Jane antes de que se
alejara mucho. Sin ningún tipo de empacho le pidió que bailara con ella. Se sintió algo
incómodo pero no quiso ser descortés, además de pensar que al rechazarla le estaría
dando importancia al asunto y eso sería contraproducente.
‐Bueno, ¿por qué no?‐Contestó con una media sonrisa
La pieza era lenta, le tomó una mano y la otra apenas apoyada en su cintura, ella le tomó
el hombro y ambos, aunque por razones distintas comenzaron a buscar con la mirada.
Teresa reía con Stand recordando cuando eran niños y le había enseñado a bailar; hasta
que vio a Jane, cuando Amanda se dio cuenta que los había visto le pasó el brazo por el
hombro y apoyó su pecho contra él. Lisbon tuvo ganas de acercarse y agarrarla de los
pelos pero le pareció que Jane lo estaba pasando bien, cosa que en realidad no era así,
pero los celos nublaban su parecer. Karen también vio la escena y el rostro de su cuñada
así que se acercó y le dijo a Stand que era su turno de cuidar a los niños, él aceptó muy
obediente así que ella le dijo a Teresa que tomaran algo juntas.
‐De acuerdo creo que necesito algo fuerte. ¿Ya los viste verdad? ¿Quieres que beba para
que no recuerde mañana?
‐No Teresa, no creo que esté pasando nada que necesites olvidar, solo están bailando, es
una niña.
‐Una niña que le estuvo coqueteando todo el día. Una niña que es joven y hermosa. Una
niña que no rechazó.
Y al decir esto no pudo contener una lágrima y salió en dirección al baño. Karen estaba
sorprendida, porque si bien había notado la actitud de Amanda desde temprano no era
algo para que Teresa llorara, y sobre todo ella que no era precisamente sentimental.
Luego de unos segundos fue tras ella. La encontró en el baño con todo el maquillaje
corrido y llorando como nena chiquita.
‐¿Qué te pasa? No puedes estar así porque Patrick bailó una pieza con Amanda..
‐No es porque bailó, es porque…no sé, es porque parece a gusto con ella, y ella es joven,
hermosa, tiene todo en su lugar, ella tiene un vestido que le queda hermoso, y yo tengo
este que detesto…y…
‐Ay Teresa te queda perfecto, estás lindísima.
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‐No me queda perfecto, ayuda el sostén, y ella ni debe necesitar uno‐ y con esa frase largó
otro llanto.
Karen tuvo que controlarse para no reír, y hubiera reído mucho si no se hubiera dado
cuenta de que realmente estaba muy afectada.
‐Espera, ¿es en serio? Bueno, primero ella tiene sostén.
‐Pero podría no tenerlo si quisiera.
‐Bueno tiene veinte años!
‐Eso mismo, es joven, linda, desfachatada, simpática y yo estoy vieja, gorda, fea y soy
bastante aburrida.
‐No creo que seas ninguna de las cuatro cosas que dijiste y tampoco creo que me estés
diciendo esto porque tú no eres así. ¿Dónde está la Teresa Lisbon segura que yo conozco?
‐Envejeció.
‐Bueno, todos. ¿Cuánto hace que conoces a Patrick?
‐Veinte años.
‐¿Y que es esta inseguridad ahora?
‐Es que siempre las mujeres lo miran. Él está más guapo cada día y yo…
‐Tú estás divina… ¿él mira a las otras mujeres? ¿Te fue infiel?
‐No, no, él siempre es un caballero pero no sé si por ahí algún día se tiente. Yo lo vi bailar
muy gusto.
‐Pues yo no. Lo vi bastante incómodo. Y estoy segura de que te debe estar buscando.
Lávate la cara que te vuelvo a maquillar, vamos.
En ese momento entra Stefy corriendo y ve a su mamá con la cara mojada. La estaba
buscando para contarle que Oscar la estaba molestando y no la dejaba hablar con su
prima cosas de niñas grandes. Lisbon no pudo evitar sonreír y le dijo que en un momento
saldría a retarlo. Entonces la niña le preguntó por qué estaba llorando. Ahí intervino Karen
que le dijo que estaban recordando a la abuela y por eso había llorado un poco, le dijo
también que mejor la dejaban arreglarse y que ella se ocuparía de Oscar. Le entregó el
estuche de maquillaje y salió con la nena de la mano.
En el pasillo se encontraron con Jane que ya había recorrido todo el salón y el jardín
buscando a Teresa, imaginando que tal vez lo hubiera visto bailar y estuviese enojada.
‐La viste a mamá cariño?
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‐Sí, está en el baño maquillándose porque estaba llorando recordando a la abuela con la
tía Karen.
Jane se dio cuenta de que esa información no era exacta, miró a Karen y no necesitó más
confirmación.
‐De acuerdo‐le dijo a su hija sonriendo‐yo espero a mamá acá, tu ve a jugar.
‐Si papá, la tía va a retar a Oscar.
‐Muy bien, ve.
Esperó pacientemente hasta que la puerta del baño se abrió, salió Teresa con el
maquillaje impecable pero sus ojos aún estaban algo rojos. Cuando lo vio sonrió aunque
trató de esquivarle la mirada.
‐¿Estabas escondida?
‐No, claro que no.
‐Muy bien.
Le tomó la mano, se paró frente a ella y buscó sus ojos, la miró un momento y luego
comenzó un beso que arrancó cálido y dulce para volverse más apasionado. Y si bien ella
respondió a ese beso pudo sentir lo angustiada que estaba. De ahí en más procuró no
apartarse de su lado salvo para ver a los niños. La vio sonreír y también notó un par de
veces que tenía la mirada algo perdida. Otra cosa que vio es a Amanda no le quitaba los
ojos de encima. Y ya el halago de que lo mirara una jovencita quedó muy relegado
comparado con la certeza del malestar que eso producía en su esposa. Pensó en un par de
cosas para ubicarla y terminar con el asunto pero ninguna lo convencía al 100%. De
repente la música dejó de sonar Jimmy y Lucy agradecieron a todos por estar ahí,
contaron lo felices que se sentían e hicieron un brindis. Cuando se preparaban para cortar
el pastel Jane soltó bruscamente la mano de Teresa y corrió hasta ellos. Tomó un
micrófono de la mesa de DJ y dijo que quería decirles unas palabras.
Lisbon lo miraba con poca sorpresa ya que si bien no había imaginado que hiciera eso
tampoco era una actitud atípica en él. Con los ojos le suplicaba que no incomodara a
nadie, pero bueno ya no había nada que pudiera hacer. La que parecía más interesada era
Amanda quien comenzó a pedir permiso hasta llegar a primera fila bien cerca de él. Se
paró allí con una copa en la mano y una mirada que haría sonrojar al mismísimo Cho. Jane
la vio sin detener su mirada en ella, indiferente pero también aliviado de que desde donde
estaba Teresa no la podía ver a los ojos.
Muy bien‐ arrancó‐ para los que no me conocen mi nombre es Patrick Jane, soy el cuñado
de Jimmy, esposo de su única y hermosa hermana Teresa.
Todos voltearon a verla y ella se sonrojó un poco, pero él continuó
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Esta tarde estoy aquí para decirle a esta pareja que deseo de todo corazón que sean muy
felices por supuesto. Que estén juntos para siempre y que tengan hermosos hijos. Pero lo
que más les deseo es que se tengan en los malos momentos. Si, en los malos, porque va a
haber de esos…
Teresa comenzó a ponerse nerviosa e incómoda, y él, que no dejaba de observarla lo notó
así que hizo una pausa y le dijo "confía en mí, mi amor", otra vez todos los ojos en ella y la
incomodidad aumentó.
Como decía‐ continuó Jane‐ van a pasar feos momentos, tristes momentos, enojos,
peleas, crisis, y tal vez cosas peores, pueden creerme y en eso momentos no hay nada
más maravilloso que mirar al otro y aun sentir que vale la pena pasara por eso. Que al irse
a dormir después de un pésimo día, aún enojados y cansados puedan ver que el otro está
ahí, que lo ama aún con sus peores defectos. Que lo ama aún con lo que otra persona
detestaría, que es su faro, su apoyo, su timón, su cómplice o su instructor según toque.
Deseo que tengan la suerte de pasar por eso. Que ocupen para el otro el lugar que nadie
más podría. Yo tuve la suerte de encontrar a esa persona hace tantos años… y no sé si hoy
podría vivir sin ella, pero sé que no quiero, porque es perfecta, porque cuando está en un
lugar no puedo ver a nadie más y si no está solo quiero que esté. Claro que mi parte es
muy sencilla, quien no quisiera estar en mi lugar, ella es hermosa y aunque les parezca
imposible lo es mucho más por dentro. Y le tocó difícil porque me encontró algo
dañado…y aun así me amó. Muy bien Jimmy, Lucy es hermosa, creo que eres casi tan
afortunado como yo. VIVAN LOS NOVIOS!
Dicho esto dejó el micrófono en su lugar y corrió hasta Lisbon. La gente aplaudió, algunos
como Karen lloraban, los novios cortaron la torta, y Amanda bebió su copa de un trago sin
dar la vuelta para mirarlo.
Llegó hasta una Teresa emocionada que sonreía y se mordía el labio inferior mientras
sacudía la cabeza.
‐Voy a matarte Jane.
‐Yo también te amo.
‐De verdad voy a dispararte.
‐Claro que no. Pudiste hacerlo muchas veces, pero la verdad es que tampoco quieres vivir
sin mí.
‐Eso es verdad. Me dio vergüenza pero fue muy lindo. Te amo.
Te amo hermosa.
Y ese hermosa fue para creérselo. Así que los ojos de ella volvieron a brillar, se dieron un
beso como si nadie más estuviera. Y salieron al jardín para mirar a los niños. Luego de que
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se aseguraron de que estaban tranquilos con sus primos mayores volvieron para bailar y
esta vez no la cedería a nadie ni para una pieza.
Cuando la fiesta terminó Oscar ya hacía una hora que estaba dormido en los brazos de su
madre Stefy todavía se resistía pero se dejó ganar por el sueño ni bien subieron al auto.
Por lo que bajaron ambos en brazos y ni se dieron cuenta cuando los pusieron en la cama
y les sacaron los zapatos.
‐Es lindo que duerman en el que fue mi cuarto.
‐Sí, y cuando despierten podrán ver tu arte en la pared del armario.
‐Stand no la pintó?
‐No, aún está ahí. Nos faltaría el perro para cumplir tu sueño…
‐Quieres tomar un té?
‐Crees que haya té aquí?
‐No lo sé. Pero en mi cartera tengo algunos saquitos.
‐Trajiste té? Yo no traje café para ti.
‐Podemos compartir el té. Lo que no traje es tu taza, tenía miedo de romperla.
‐La hubieras arreglado otra vez como hiciste conmigo...
Se abrazaron y así salieron de la habitación dejando una luz encendida en el pasillo por si
alguno de los niños se despertaba y asustaba por estar en un lugar desconocido. Aunque
era bastante improbable al menos por unas cuantas horas. Cuando llegaron al pie de la
escalera Jane se detuvo.
‐Mejor no‐le dijo‐ dejemos el té para más tarde.
‐¿Vas a rechazar lo que más te gusta en el mundo?
‐No, porque lo que más me gusta en el mundo eres tú. Y aquí te tengo.
‐Gracias por lo que dijiste, fue hermoso.
‐Es la verdad, aunque poco, pero si hubiera dicho todo lo que eres para mí aun estaría
hablando.
‐¿En serio? ¿No es exagerado?
‐No.
Entonces Jane la soltó, retrocedió un paso y le recorrió el cuerpo con los ojos, con una
mirada que la hizo sonrojar. Era como si estuviera haciéndolo el amos solo con los ojos,
como si en ese mismo instante la estuviera descubriendo. Posó ambas manos en su rostro
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acalorado mientras acortaba la distancia para besarla y durante el beso comenzar a bajar
acariciando su cuello, hombros, brazos y volver a juntar las manos en su espalda. Ella
también lo tomó por la cintura haciendo el camino inverso, subiendo hasta que una mano
terminó en su espalda y la otra en el cuello. Besos y besos como si no hubiera más por
hacer; besarse como si no se hubieran besado en años, como si no lo hubieran hecho
jamás. Después de minutos se separaron solo unos centímetros y él rio al verle el labio
inferior levemente hinchado con la visible marca de una mordida‐ Lo siento‐ le dijo
pasando su pulgar, y con ganas de más. Entonces bajó hasta el cuello donde al calor de los
hechos tardarían en aparecer una, o varias más. Así con apasionados besos que iban del
cuello a la boca ida y vuelta, tropezando con ellos mismos solo porque les resultaba
molesto o innecesario separarse terminaron llegando a la habitación. En algún lugar entre
la escalera y la puerta quedaron los tacones de ella, los zapatos y el saco de él. Ni
recordaban exactamente donde estaba la cama así que la pudieron encontrar después de
algunos choques, que aunque la rodilla de lo recordara por unos días, en ese momento no
los pudo interrumpir. Con la dolorosa certeza de haberla encontrado llevó su mano hasta
la cremallera del vestido que estaba en un costado no sin antes recorrer toda la textura de
la tela en la parte de los senos; bajó el cierre hasta el final que era justo donde
comenzaba la cadera y luego tomó la parte de arriba para bajarlo de los hombros y que
cayera dejando expuesto el sostén de encaje que a ella le había dado la poca seguridad
que tuvo esa tarde. Siguió acariciando su espalda hasta el final de la columna vertebral
mientras la besaba en la boca y seguía por el cuello, la clavícula, el pecho. Ella en tanto en
la medida que podía se encargaba de desabrochar su camisa, aunque cuando terminó se
le complicó porque no lo había hecho con los puños. Nada que no pudiera solucionar con
dos tirones. Antes de apoyarla en la cama él mismo se encargó de su cinturón para no
lastimarla con la hebilla. Lo demás ni se dio cuenta cuando se lo sacaron. Simplemente
cada prenda comenzaba a molestar. Cada parte del cuerpo que le tocaba era como si le
aplicara una descarga eléctrica, como si nunca la hubiera tocado en ese lugar, y cuando
por fin el juego previo terminó y ya nada separaba sus cuerpos fue como estar completos
y el placer no sería más que la respuesta a eso.
Se quedaron un rato largo abrazados en la cama, sin hablar, sin dormir, cada uno
acariciando una parte del cuerpo del otro sin ninguna predilección. Luego Jane la invitó a
darse una ducha juntos donde volvieron a besarse hasta las consecuencias.
Una vez de vuelta en la cama ella se puso una camiseta y él un pantalón pijama solo por si
alguno de los niños llamaba y tenían que salir rápido. Y se acostaron frente a frente.
‐¿Recuerdas nuestra noche de bodas?
‐Sí, claro. Me trataste como si fuera de cristal. Una reina de cristal.
‐Sí, no quería lastimarte, hacía solo unas horas que me había enterado de que estabas
embarazada.‐
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‐Sabías que no me harías daño.
‐¿Quieres decirme por que estabas llorando en el baño?
‐¿Karen te dijo?
‐Nuestra hija me dijo que estabas llorando recordando a tu mamá
‐Es cierto.
‐Teresa!
‐De acuerdo, no es cierto pero ahora me apena mucho recordar por qué estaba llorando.
‐Será que en ese momento era importante. ¿Te molestó que bailara con la hermana de
Lucy?
‐No, me molestó que te coqueteara descaradamente sí, pero no fue el baile en si lo que
me hizo sentir mal.
‐¿Y que fue?
‐Es que no sé, yo nunca me creí muy atractiva o sexi pero me gustaba lo que veía en el
espejo y si iba a comprar ropa me llevaba lo primero que me probaba, en cambio ahora
me tuve que probar no sé cuántos vestidos y ninguno me gustó. No eran los vestidos, era
yo. Me veo…no sé, no es que me importe… no se explicarlo…quiero estar linda para ti, te
quiero gustar.
‐Me gustas, no importa el vestido. Me gustó como te quedaba, me encantó sacártelo.. Me
gustabas y te deseaba antes, que me preguntaba cómo sería. Me gustas y te deseo ahora
que te conozco al detalle. Me gustaba tu cuerpo antes cuando te veía vestida y te
imaginaba desnuda, y me gusta ahora que ha cambiado y lo puedo recorrer. El punto es
que no solo te amo sino que también te deseo como la primera vez que hicimos el amor, y
lo hago aun cuando peleamos o estoy molesto. Yyyyy, no estás convencida…
Dijo mientras le acomodaba el cabello detrás de la oreja
‐Eres dulce, y sé que me amas y que me deseas pero tú podrías conquistar a cualquier
mujer, incluso a una jovencita, ya lo vimos hoy.
‐Sí, pero soy solo tuyo. Además a ti también te miran los hombres.
‐Mentira!
‐No es mentira. El otro día en el supermercado, el hombre que estaba adelante nuestro en
la fila de la caja; si dio vuelta cuatro veces para mirarte. Y en el banco el Lunes pasado el
cajero miró tu trasero cuando nos íbamos.
‐No es cierto!
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‐Si lo es. El abogado de Smith hace dos semanas te hizo una radiografía más o menos de
tanto mirarte.
‐¿Por eso entraste a la sala de interrogatorios y me dijiste querida?!
‐Si lo recuerdas…
‐Te recuerdo a ti llamándome así. ¿Estabas celoso del abogado?
‐Un poco. Quería que se enterara pronto que no tenía oportunidad contigo.
‐No la tenía.
‐Yo lo sé. Porque aunque todos los hombres te miren tú me elegiste a mí. Y es igual
contigo. Quiero que veas lo bella que eres y que te sientas bien contigo. Pero tienes que
saber que para mí siempre serás la más hermosa.
Después de la boda los recién casados se fueron a Las Vegas, y sí, ¿Adónde más querría ir
Jimmy de luna de miel? Y ellos se quedaron dos días más en familia. No faltó oportunidad
para que Teresa pudiera tener una charla con Karen. En realidad estaba un poco
avergonzada por como se había puesto durante la fiesta, y entonces su cuñada le dio un
consejo que tal vez entendería mucho después. Le dijo que por más que Jane siempre se
diera cuenta de las cosas, y que pudiera adivinar, o deducir lo que ella pensaba o sentía,
que no lo diera tanto por hecho, que era bueno que pudiera decirle las cosas. Ella primero
pensó que así era, que ellos podían hablar de cualquier cosa, pero cayó en cuenta que aún
después de tantos años ella seguía teniendo la necesidad de ser la fuerte, de protegerlo
de ser la que recibiera las balas.
Parecía un día como cualquiera en la oficina hasta que entró con un rostro bastante
desencajado la agente supervisor Mayra Stuart. Preguntó si estaba la unidad completa.
Faltaban Wylie y Van Pelt que habían salido por un caso. Entonces ordenó que nadie más
saliera y que cuando ellos regresaran quería reunirse con todos. Luego fue a la oficina de
Cho a decirle lo mismo. Todos quedaron extrañados y preocupados. Así que Rigsby llamó a
Grace para saber cuánto les faltaba. Estaban por llegar. Cuando lo hicieron se dirigieron a
la sala de conferencias, esa era la orden, solo el equipo. Jane, Lisbon, Rigsby, Van Pelt y
Wylie. Inmediatamente entró Cho que se sentó entre ellos y antes de que le preguntaran
dijo que no tenía ni idea de lo que pasaba. Dos minutos después entró Stuart, cerró la
puerta, las cortinas y dijo que lo que iba a decirles no podía salir de ese lugar. Tenía unas
cuantas carpetas que repartió entre todos los presentes.
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Les dijo que hacía una semana había sido puesto en libertad un violador, un año antes de
que se cumpliera su sentencia. Había sido condenado por dieciséis casos de violación en
1994, se suponía que había habido más víctimas que no hicieron la denuncia.
Cho fue el primero en hablar, si bien no era bueno que hubiera salido un año antes,
seguramente un juez le habría otorgado la libertad, y no entendía que podía tener que ver
el FBI.
‐Por eso los reuní‐dijo la mujer muy incómoda y casi avergonzada‐ este no es un caso
oficial. Necesito su ayuda, este hombre…
No podía seguir hablando, sus manos temblaban, también su mentón. Cho se levantó y le
alcanzó un vaso con agua. Todos estaban confundidos y se miraban. Ella trató de
recomponerse para seguir. Entonces fue Jane el que se levantó de su asiento.
‐Si me permite agente, voy a ayudarla. Ese hombre que fue liberado, fue su atacante, fue
quien la violó cuando era casi una niña y es el padre de su hija.
Todos lo miraron horrorizados pero al ver la actitud de ella se dieron cuenta de que era
verdad.
‐Exactamente señor Jane, gracias.
Contestó ella visiblemente aliviado de no haber sido la que lo tuviera que poner en
palabras por primera vez después de tantos años.
‐Él sabe que yo fui la que dio un testimonio fundamental para condenarlo y que empujó a
otras chicas a hablar y también sabe que sometí a mi hija a un ADN para probar su ataque.
Lo que más me preocupa es que venga por mi hija o por mi nieta, aunque no tuviera
intenciones de atacarlas por supuesto no quiero que se les acerque. Necesito que este
equipo, que es en el que más confío, me ayude a protegerlas y ante la más mínima cosa
que él haga que ronde la ilegalidad volver a atraparlo. Por supuesto todo con la mayor
discreción.
Entonces Lisbon se atrevió a preguntar que sabía la hija al respecto.
‐Nada, no sabe que fue fruto de una violación. Nunca me animé a decirle, fue un error.
Esta misma noche sabrá la verdad. Demás está decir que no tienen la obligación de hacer
esto, pueden negarse y de ninguna manera eso afectaría su trabajo. Agente Cho usted
como jefe de la unidad puede también tomar la decisión por ellos de que no se involucren.
Él procurando verse inmutable, aunque no pudo engañar a Jane, dijo que cada uno debía
tomar su propia decisión, pero que en lo personal podía contar con él. Grace
inmediatamente dijo que con ella también, y así uno en uno todos estuvieron de acuerdo.
‐Muchas gracias entonces. En la última hoja de la carpeta que les di tienen las direcciones
de mi casa, el trabajo de mi hija, el colegio de mi nieta y todos los lugares donde nos
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manejamos habitualmente. Quiero que estén custodiadas todo el tiempo. Mañana
podemos coordinar acciones. Si me disculpan voy a mi casa a hablar con mi hija. Y muchas
gracias.
Se encaminó a la puerta mientras todos se miraban unos a otros. Entonces Cho se levantó
rápidamente y dijo que la acompañaba a su casa. A lo que la mujer contestó que no era
necesario, que tenía su auto. Sin mostrar ninguna emoción pero determinado le dijo que
entonces la seguía con el de él. Y que si iban a ocuparse de esta misión comenzarían ya
mismo. No poco sorprendida ella aceptó.
Estacionó su auto en la puerta de la casa de Mayra mientras ella guardaba el suyo en la
cochera, dijo que pasaría allí la noche y así fue. Aprovechó para leer todos los papeles de
la carpeta que ella le entregara y luego investigó en su computadora un poco más del
caso.
Mientras Mayra adentro le contaba a Cindy una verdad que por años había tratado de
olvidar. Para su sorpresa ella ya lo sabía. Se lo había contado la tía pocos meses antes de
morir. Ella tenía trece años, su madre no la había dado permiso para ir a una pijamada una
noche que ella tenía guardia. Y estaba muy enojada. Fue entonces cuando la tía llegó
hasta su habitación con una caja. Le dijo que todo tenía una razón y le contó toda la
historia; siempre poniendo en primer plano el amor con el que su mamá había decidido
conservarla. En la caja había recortes de periódicos que hablaban del caso y el juicio.
También le hizo prometer que nunca mencionaría el asunto hasta que lo hiciera su madre,
que tarde o temprano eso sucedería. Stuart no podía entender como no se había dado
cuenta nunca, pero se encontró con que tenía algo más para agradecerle a su tía.
Por la mañana Cho llamó a Rigsby para que se encargara de custodiar a Cindy mientras
llevaba a la niña a la escuela y luego iba a su trabajo en un salón de belleza. Él escoltaría a
la agente hasta el trabajo otra vez, luego iría hasta su casa a bañarse y volvería a la oficina.
Wylie se encargó de investigar donde estaba el ex convicto para tenerlo vigilado más allá
de la información que les pasó su oficial de libertad.
Había algo que no terminaba de cerrar para Jane; si bien era posible que el hombre
quisiera acercarse a su hija, la agente estaba muy segura que así sería. Así que como esto
no dejaba de darle vueltas en su cabeza fue a hablar con ella. Aunque primero se puso
evasiva le terminó confesando que en los últimos años había recibido varias cartas de él
en las que le decía que quería conocer a Cindy, algunas eran educadas y suplicantes, otras
violentas y amenazantes, sobre todo las dos últimas. Jane le dijo que esa información
debía compartirla con el equipo y que si bien él no decidía por todos, no iba a permitir que
su esposa corriera riesgos por alguien que no era totalmente sincera. Mayra sabía que
Jane era especial, poco ortodoxo tal vez, pero noble y leal con los suyos, y, que tenía
razón. Hacerles saber que esas cartas la habían asustado no la volvía débil sino humana.
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Fueron a la oficina de Cho y allí le contó acerca de ellas. Él se molestó bastante más de la
cuenta, tanto que hasta Jane se sorprendió, ya que si por algo se caracterizaba Cho era
por no juzgar ni emitir juicio de valores. Le preguntó a la agente si les estaba ocultando
algún otro tipo de información y le dijo que de ser así y lo descubrieran retiraría
inmediatamente al equipo e informaría a la superioridad. Ella se quedó helada, aseguró
que no tenía más que decir y se retiró todo lo digna que pudo. Ninguno de los dos se
había comportado según su carácter y eso confirmaba que tenían sentimientos el uno por
el otro tal como Patrick sostenía desde hacía mucho tiempo.
Hicieron un plan de trabajo de modo que siempre estuvieran acompañada y lo respetaron
por una semana pero después de ese tiempo se presentó un caso y tuvieron que dividir el
tiempo ya que esa custodia seguía siendo algo extraoficial.
Un mes después de salir de la cárcel Sullivan no había aparecido. El oficial de justicia les
avisó que había comenzado a trabajar en una librería de Lunes a Sábado. A todo el equipo
le corrió un frío en la espalda al saberlo, porque en ese trabajo podía tener contacto con
muchos niños.
Era Domingo, Mayra estaría todo el día en su casa así que no era necesaria la custodia,
Cindy le había prometido a Mary lasaña para la cena, así que mientras ella cocinaba
abuela y nieta salieron al jardín a plantar esas semillas que habían comprado hacía meses
pero seguían en la alacena porque nunca tenían tiempo. Cuando estaban terminando con
el trabajo Mayra se dio cuenta de que en el auto que estaba estacionado a media cuadra
había una persona observándolas; mandó a la nena adentro y caminó unos metros para
verlo mejor. Cuando le faltaba poco para llegar el hombre abrió la puerta bruscamente
asustándola. Tenía un sombrero y lentes oscuros pero se los sacó de inmediato. Imposible
no reconocerlo. No le tenía miedo pero la ponía nerviosa. Sin embargo no permitió que se
le notara, estaba muy acostumbrada a tratar, interrogar y hasta someter a criminales tal
vez peores, pero solo él la había doblegado una vez, y también solo él le había dado lo más
importante de su vida.
Al comienzo se veía inofensivo y pareció sorprenderse cuando ella le preguntó que quería.
‐¿Esa niña es mi nieta? Preguntó en un tono muy suave.
‐No, es mi nieta de usted no tiene nada.
‐Bueno si es la hija de mi hija lleva mi sangre, tu misma te encargaste de probar eso
¿verdad?
‐Eso fue para que se pudriera en la cárcel.
‐Ya pagué. Quiero conocerlas.
‐No mientras yo viva.
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‐Puedo encargarme de eso si quieres.
‐¿Es una amenaza?
‐No, por favor! No amenazaría a un agente del FBI. Fue broma. Las cosas pasan, sobre
todo con ese trabajo tan peligroso. Yo solo quiero conocer a mi familia y voy a orar por tu
seguridad.
‐Guarde sus oraciones y busque a su familia en otro lugar, con la mía no tiene nada que
ver y lárguese porque llamaré a la patrulla.
Pudo ver antes de voltear que le hizo una mueca de sonrisa, ese gesto le hizo dar un
tremendo escalofrío ya que fue el mismo que hizo cuando terminó de violarla.
Trató de caminar sin apresurarse aunque solo quería correr y trabar la puerta. Entró, vio
que Cindy seguía en la cocina y le preguntó por la nena.
‐Se lavó las manos y fue a jugar a su cuarto hasta que esté la cena‐ contestó sin darse
vuelta porque estaba revolviendo la salsa.
Entonces Mayra se aseguró de que la puerta estuviera con llave, todas las ventanas con
seguro y subió a su habitación. Dudó unos segundos y marcó el número de Cho. Atendió
tan rápido que no tuvo tiempo de cortar al tercer llamado como tenía pensado hacer.
Pensó también en ponerle cualquier excusa para ese llamado, después de todo ella era
perfectamente capaz de cuidar a su familia. Sin embargo solo dijo "él está aquí" sonando
como una adolescente asustada y no como una agente experimentada. Antes de decir una
palabra Cho ya estaba de pie buscando su arma y las llaves del auto.
‐Cho, ¿está ahí?
‐Sí, tranquila, en quince minutos estoy en su casa.
‐No, no, no es necesario, en realidad llamé por si pasa algo y necesito apoyo, pero está en
la esquina solo mirando; no creo que se atreva a hacer nada, tranquilo, perdón por
molestar.
‐De ninguna manera en quince estoy.
Contestó imperturbable y cortó. Efectivamente a los pocos minutos estaba estacionando
frente a su puerta. Mayra salió a la vereda. El auto de Sullivan seguía ahí y él apoyado en
el baúl observando. Cuando se dio cuenta de que lo estaban viendo se apresuró a entrar y
ponerlo en marcha; Cho corrió al suyo, ella trató de detenerlo, le dijo que lo dejara así,
incluso le gritó que era una orden pero la ignoró y salió a perseguirlo. A más de diez
cuadras pudo sacarle ventaja y lo obligó a frenar, le abrió la puerta, lo bajó de un brazo y
le preguntó qué estaba haciendo en esa esquina. Como el hombre no contestó Cho le dijo
que esa sería la única advertencia, que no volviera a acercarse a esas mujeres o que la
próxima vez no sería tan amable. Sullivan contestó que eran su familia.
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‐No lo son. Aléjate de ellas o te alejaré.
Cuando volvió a estacionar en la casa de Mayra ella estaba mirando por la ventana a
punto de llamarlo. Salió a su encuentro y le dijo que había desobedecido una orden
directa.
‐Es extraoficial, técnicamente no es mi jefa en esto.
La mujer lejos de retrucar bajó la cabeza casi avergonzada y le contestó que tenía razón.
‐Lamento haberlo involucrado en este asunto agente Cho. No volveré a pedirle nada
extraoficialmente, no es apropiado, le pido disculpas.
‐No quise decir eso...
‐Buenas noches agente.
Y se dio vuelta antes de que le saltara la primera lágrima. Cho descolocado la tomó del
brazo y la obligó a voltear otra vez.
‐Un momento. Ya me involucré y no me voy a ir. No tiene que pasar por esto sola esta vez.
En ese momento Cindy salió pues ya estaba la comida. Sorprendida y casi con emoción se
quedó mirándolos. Nunca había visto a un hombre tan cerca de su madre.
‐Perdón, es que ya está la cena. ¿Se queda a comer agente Cho?
‐No, ya me estaba yendo, Muchas gracias.
‐Ay qué pena! Cociné mucho. ¿Ya sabe que va a cenar? ¿Usted tiene esposa agente Cho?
‐Cindy por favor!? Que impertinente! ‐Gritó la madre‐ Disculpe agente…
‐No tengo esposa, y no, no sé qué voy a cenar pero…
‐Por favor! No tiene que contestar semejante atrevimiento de mi hija.
Dijo con los cachetes como tomates y mirando a su hija que lejos de avergonzarse parecía
disfrutar del momento.
‐Pero si gusta quedarse Cho, me haría sentir menos culpable por haberlo hecho venir
hasta acá.‐continuó.
‐En realidad fui yo quien quiso venir…
‐Muy bien –dijo Cindy casi fastidiada por las vueltas‐ Se queda y punto.
La cena comenzó rara. Mayra y Cho bastante tensos pero poco a poco se relajaron,
aunque el hielo se rompió totalmente cuando Mary le preguntó directamente si era el
novio de la madre o de la abuela y casi provoca una oleado de ahogos. Cuando todos
lograron recomponerse Cho se dio cuenta que los ojos de la nena seguían posados en él
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esperando una respuesta, y se dio cuenta también de que le daba casi pena decir que no
era el novio de Mayra. Cindy temiendo que su madre terminara desmayada terminó el
tema diciéndole a su hija que Cho era un amigo de la familia y que no era una pregunta
apropiada, aunque había adorado la ocurrencia y le había servido para comprobar que el
hombre no le era indiferente a su madre ni viceversa.
Después de eso todo fue ameno y hasta divertido. Antes de llevar a la niña a dormir la
joven se despidió diciendo que ojalá se repitiera.
Mayra lo acompañó hasta la puerta y le volvió a pedir disculpas por haberlo molestado en
primer lugar. Cho contestó que en realidad hacía años que no comía comida cacera y se
fue sintiendo que la respuesta había sido muy estúpida, hasta vergonzosa. Sin embargo
tenía unas extrañas ganas de sonreír.
Hacía dos semanas que tanto Teresa como Grace se estaban turnando para ayudar a las
niñas, es que en el colegio al cual iban las dos había una feria de ciencias donde
participaban todos los niveles, y aunque estaban en grados diferentes le tocó el grupo
morado para el proyecto. Disfraces, maquetas, experimentos…Grace ya lo había vivido
con Ben, pero sin dudas las niñas eran más complicadas.
Por fin había llegado el día y estaban más emocionadas que sus hijas. Las nenas estaban
en la escuela desde la mañana ensayando. Ya los cuatro le habían pedido la tarde libre a
Cho. Risby y Van Pelt retiraron a Matthew de la guardería ya que no pensaban volver.
Leslie llevó a Oscar para que sus padres no tuvieran que ir a buscarlo.
Salió todo perfecto. Maddi como su madre, parecía muy frágil en su exterior pero era
fuerte y decidida. Stefy era naturalmente histriónica y aunque había estado muy nerviosa
los consejos de su padre le funcionaron a la perfección en el momento de su presentación.
Salieron todos felices.
‐Bueno‐dijo Rigby‐ya no veré telas y disfraces por toda la casa y recuperaré mi sillón.
‐En cambio yo extrañaré ver a Teresa cosiendo entre grito y grito porque se pinchaba.
‐No seas malo‐ dijo ella sonrojada‐no tengo la culpa que me resulte más fácil manejar un
arma que una aguja.
‐Pues para todas las mujeres es al revés.
‐Soy especial…
‐Me rindo ante eso.
‐Excelente, yo conduzco.
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A mitad de camino el celular de Lisbon comenzó a sonar, Patrick atendió y puso el alta voz.
Era Cho, a la agente supervisor Stuart la había atropellado un auto a la salida del FBI, justo
cuando estaba por subir al suyo. Estaban en el hospital, no sabían si Sullivan había tenido
algo que ver pero quería reunir al equipo. Estaba tratando de llamar a Rigsby y Van Pelt
pero no se podía comunicar. Eso era porque ambos habían agotado las baterías de sus
teléfonos filmando y sacando fotos.
‐Vamos para allá‐contestó Patrick antes de colgar. Entonces volteo a ver a sus hijos, luego
a Teresa. El clima festivo había acabado.
Veinte minutos después entraban al hospital. Lisbon con Stefy de la mano y Oscar en los
brazos de Jane. En la sala de espera del tercer piso se encontraron con Cho de pie junto a
una ventana y a pocos metros Cindy con su hija a upa. A Mayra la estaba operando por un
pequeño sangrado abdominal pero no estaba grave. El que la atropelló huyó del lugar y no
había testigos. Wylie estaba revisando las cámaras.
Les habían dicho que la cirugía dudaría un par de horas, los tres niños estaban muy
cansados. Así que Lisbon sugirió que Jane se llevara a Stefy Y Oscar a la casa, les diera de
cenar y los acostara, ella si Cindy quería, podía llevar a Mary a su casa en taxi y quedarse
con ella. Jane no estaba demasiado conforme con la idea pero vio que los niños ya se
dormían sentados; así que dijo que mejor él las llevaba hasta la casa de Mayra y luego
seguía viaje a la cabaña. Entonces fue Cho el que intervino. Dijo que Teresa podía llevarse
su auto, él de todas maneras pasaría allí la noche y por la mañana iba a pedirle a Rigsby
que lo buscara.
Salieron hasta la puerta todos juntos, Teresa saludó a sus hijos y les dijo que los vería por
la mañana, luego besó a Jane y le dijo que lo llamaría mas tarde. El último saludo fue un TE
AMO silencioso de auto a auto.
Cuando dobló la esquina de la casa de Mayra observó un auto estacionado a media cuadra
pero no pudo ver a nadie en él. Sacó su celular, marcó 911 y lo puso en su bolsillo sin
hacer la llamada. Buscó las llaves que le dio Cindy y sacó su arma. Bajó a la niña y se dirigió
con ella a la puerta. Entraron, todo estaba bien.
Mary quiso ir al baño y ella a la cocina para prepararle algo para comer. Buscó en el
bolsillo su celular para llamar a Jane. Cuando estaba por marcar vio como Mary bajaba la
escalera con cara de susto y detrás de ella un hombre que la tomaba del hombro, era
Sullivan. Dejó que ella viera que llevaba un arma pero no la apuntó, ni a la niña. Teresa
apretó el botón de llamada justo cuando él le pedía que pusiera el celular en la mesa.
Obedeció y esperando el tiempo prudencial para que la operadora atendiera dijo a viva
voz: "Soy la agente Teresa Lisbon del FBI, deje a esa niña o tendré que detenerlo, usted
Sullivan está en libertad condicional y no puede irrumpir en la casa de una agente y
amenazar con arma de fuego"
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‐Yo solo quiero reunirme con mi familia, vine por lo que es mío.
‐No voy a permitir que se la lleve.
‐Yo no quería que fuera así agente. Yo solo quería conocerlas.
En ese momento se da cuenta de que el celular estaba encendido, lo tomó y escuchó
como la operadora decía que en minutos llegaría una patrulla. Se puso nervioso, Lisbon
pensó en aprovechar eso, pero fue rápido, sacó su arma y apuntó a la nena que se puso a
llorar.
‐No haga esto, usted no quiere lastimarla, o hacer algo que le deje un trauma de por vida.
‐Cállese, usted no sabe lo que quiero o no quiero. Saque su arma y póngala sobre la mesa.
Lisbon dudó pero no podía arriesgarse a que Mary saliera lastimada así que obedeció.
Sullivan la tomó junto con el celular y la niña aprovechó que la soltó para correr hacia
Teresa y aferrarse a ella llorando. Lisbon la abrazó y le dijo que el señor no les haría daño.
Luego lo miró y le dijo que se fuera ahora. Sabía que después podrían atraparlo, en ese
instante solo era importante que la niña estuviera a salvo. El hombre tuvo un instante de
duda. Luego puso el arma y celular de ella a un lado, volvió a tomar a Mary y puso el arma
en la cabeza de esta. Teresa estaba casi segura de que no era capaz de dispararle, trató de
hablar pero él no se lo permitió. Las llevó hasta su auto, hizo que ella se sentara al volante
y él con Mary atrás. Le dijo que condujera, que él le iría indicando.
Jane llegó a la casa y les preguntó a los niños que querían comer. Pero como no se
pusieron de acuerdo terminó buscando una pizza del refrigerador para descongelar. Los
mandó a lavarse las manos y buscó su celular para llamar a Teresa. Sonaba varias veces y
luego iba a buzón. Sirvió la comida a los niños y mientras comían hizo varios intentos más,
los suficientes como para no poder evitar que apareciera la sombra de la preocupación. Le
mandó dos mensajes que llegaron pero no eran leídos así que decidió llamar a Cho que
estaba en la sala de espera mientras Cindy cuidaba a su mamá en la habitación.
El patrullero llegó a la casa de Mayra a los pocos minutos, los policías al bajar vieron la
puerta abierta. Entraron y encontraron el arma y el teléfono de Lisbon sobre la mesa.
Cuando estaban registrando la casa sonó el teléfono fijo y un oficial atendió, era Cho,
ambos se identificaron, Kimball supo que algo estaba muy mal. Después de confirmar que
ni Lisbon ni la niña estaban en la casa les dijo que el FBI se haría cargo y les solicito apoyo
para buscarlas. Llamó a Rigsby a la casa y lo puso al tanto de todo; luego llamó a Jane.
Patrick tuvo que hacer un ejercicio de autocontrol para no entrar en pánico y no asustar a
los niños, les dijo que Grace los había invitado a una pijamada. Oscar se puso contento y
salió a buscar su mochila pero Stefy desconfió.
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‐Mamá siempre prepara las cosas para que vayamos a la casa de Maddi‐ le dijo a su padre
a fin de sacarle de mentira a verdad. Dios esa niña había heredado su don sin ninguna
duda. –Esta vez improvisamos hija‐contestó tratando de hacer media sonrisa.
‐Bueno, llamamos a mamá para saber que pijama llevo?
‐No, vamos a sorprenderla eligiendo el que ella querría.
Aun si estar convencida fue por sus cosas.
Grace y Wayne los esperaban en la puerta. Los niños bajaron saludaron a su padre y
entraron corriendo. Rigsby subió al auto y salieron a mucha más velocidad de la que
Lisbon aprobaría dejando a Grace sumamente preocupada.
En minutos estaban estacionando en la casa de la agente Stuart. Jane miró a su alrededor
tratando de buscar cualquier pista que hubiera podido dejar lisbon, pero realmente no
había nada, todo había ocurrido demasiado rápido y además al salir de la casa ella no
tenía idea a donde se dirigirían. De lo único que no había dudas era que el secuestrador
era Sullivan. Ya que Lisbon lo había dejado muy claro en la llamada al 911.
Cho en tanto llamó a Wylie para que volviera a la oficina para revisar las cámaras de
tránsito. Luego entró a la habitación de Mayra y no encontró forma delicada de contarles
lo que estaba pasando. Ambas se desesperaron, pero mientras Cindy se puso a llorar
entrando en pánico su madre intentó levantarse de la cama pretendiendo ponerse al
frente del caso. Cho la detuvo agarrándola de los hombros pero recibió un puñetazo por lo
que tuvo que ejercer fuerza para sujetarla. Y en esa empresa estaba cuando le gritó a la
joven que no lograba reaccionar más allá de su angustia, que fuera por un médico.
Cuando estuvieron solos por fin la pudo dominar. Su cara quedó tan cerca de la de ella
que podía verse a sí mismo en sus ojos y solo pudo hacer algo que nunca hacía, una
promesa.
‐Te prometo que la traeré de vuelta‐ dijo en tono firme pero al mismo tiempo
extremadamente dulce. Y, ella por primera vez en toda su vida sintió que podía confiar en
un hombre, sintió que era una promesa sincera, y que él la cumpliría así su vida estuviera
en juego. También se vio en los negros ojos de él y dejó de luchar. Cuando el médico y la
enfermera entraron ya casi no era necesario aplicarle un sedante, pero de todas formas lo
hicieron, uno muy suave y eso le permitió ser la que contuviera a su hija que no dejaba de
llorar.
La casa de la agente Stuart se convirtió en el centro de operaciones, cuando llegó Cho ya
todos estaban ahí, excepto Wylie que ya estaba en la oficina pero conectado con ellos.
Lisbon manejó durante una hora, salió de la ciudad y tomó la carretera al sur hasta que
Sullivan le indicó que tomara un camino lateral. Él parecía no estar muy seguro de las
indicaciones, era obvio que estaba llevándolas a un lugar que nunca había ido antes.
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Jane no podía pensar, de repente por primera vez en muchos años no podía pensar en
ningún plan. El miedo nublaba su claridad mental y era más fuerte que su capacidad de
ver más allá. Su familia era su mundo, su fortaleza; pero Teresa era también su debilidad,
era el eje sobre el que él giraba. Ella, solo ella, había logrado ganarle a lo único que lo
había sacado del abismo. Él había recuperado su cordura gracias a su deseo de venganza,
no había nada más que le diera deseos de vivir más que el anhelo de matar a RJ. Sin
embargo ella había aparecido, ganando espacios, llenándolo todo. Ocupando lugares que
incluso nunca habían estado ocupados. La idea de perderla no era algo soportable. Todos
entendían eso por eso nadie pretendía que él estuviera aportando ideas.
Ni bien los niños se durmieron Grace se comunicó con Wylie para trabajar conjuntamente.
Él ya había logrado identificar el auto y habían mandado un pedido de captura para el
mismo. También habían lanzado el alerta amber por la niña. Recopilando imágenes de
cámaras de tránsito y seguridad habían podido reconstruir el recorrido hasta la carretera y
allí perdieron el rastro.
Cho se comunicó con el oficial de libertad para averiguar si tenía algún pariente o amigo
que pudiera ayudarlo. Y finalmente llamó al director de la cárcel. Sullivan había pasado los
últimos cinco años con el mismo compañero de celda, era un hombre condenado a
cadena perpetua por matar a toda su familia. Había agotado todas las instancias de
apelación siempre insistiendo en que era inocente. Sus propios abogados le
recomendaban que se declarara culpable y alegara atenuantes pero se negaba a esa
estrategia. Sullivan le creía o decía hacerlo y por eso se llevaban bien.
Fueron Cho y Jane los que llegaron a la prisión pasada la media noche para hablar con él.
Patrick no podía ni quería pensar en otra cosa que no fuera en rescatar a Lisbon y a la
niña, pero le fue imposible no darse cuenta que ese hombre era inocente como afirmaba.
Después de que les contara que tenía una propiedad en las montañas y que le había
hablado de ella a Sullivan., volvió sobre sus pasos y le dijo que lo creía inocente y que
volvería para hablar con él.
Durante todo el recorrido Teresa había intentado convencerlo de volver pero no lo logró.
Después de conducir varios kilómetros por el camino de tierra por fin llegaron a la vieja
casa; estaba sucia y muy fría. Mary estaba asustada agarrando la mano de Teresa.
‐Hace mucho frío para la niña, va a hacerle daño y usted no quiere eso.
‐Ya le dije agente que deje de decir lo que no quiero porque usted no sabe eso. Voy a
buscar leña no intente nada.
Antes de salir la esposó al caño de una salamandra que había en el lugar. Teresa
aprovechó el momento para hablar con la nena, le dijo que se tranquilizara, que él no les
haría daño y que pronto vendrían por ellas.
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Cuando regresó tuvo que sacarla de ese lugar para encender el fuego pero la mantuvo
esposada. Mary dijo que tenía hambre así que buscó unas galletitas que tenía en el auto y
se las dio. Con el calor del fuego y el estómago algo saciado la niña se durmió en el regazo
de Teresa. Así que él la acomodó en un sillón y la tapó con su campera, Luego la miró
detenidamente y notó que tenía en la nariz un lunar al igual que él.
‐¿La genética es sorprendente no le parece agente?
‐Es verdad‐ le contestó ella casi con horror.
Ya con la ubicación de la casa y habiéndola visto en la imagen satelital salieron rumbo a
ella Cho, Jane, Rigsby y Wylie en dos autos y solicitaron también apoyo de la policía local.
Mientras Wylie conducía Wayne llamó a Grace para contarle. Era mínimo una hora de
viaje, todos estaban nerviosos, Jane estaba seguro de que ella era perfectamente capaz de
mantenerse y mantener a la niña a salvo pero solo quería verla.
Lisbon estaba más que segura que las encontrarían pero no estaba segura de que podría
hacer ese hombre, así que si encontraba la forma de escapar mejor. Primero trató de
evaluar si le convenía ponerlo nervioso o fingir que lo comprendía. Jane sabría
exactamente que sendero tomar. Observó como él casi no podía sacar la vista de la niña
entonces le dijo que Cindy seguramente la estaba pasando muy mal.
‐¿Usted la conoce bien agente?
‐Más o menos, hablé unas veces con ella. Es amable, con carácter fuerte, sé que se ocupa
mucho de su hija.
‐¿Sabe cómo me enteré que era padre?
‐No.
‐En el juicio que fui condenado, su ADN fue el que me condenó y también me dio una
razón para querer ser mejor, ¿Sabe? Yo cumplí mi pena y quería conocerla, quería una
oportunidad. Yo nunca quise hacer nada malo.
Aunque lo intentó Lisbon no pudo evitar poner cara de asco cuando lo oía, él lo notó y su
rostro cambió. Entonces volvió a apuntarle con el arma directo a la cara.
‐Usted no me cree.
‐Yo no dije eso.
‐Usted piensa que soy un degenerado y no lo soy. Yo no quise lastimar a esas niñas. Es
solo que las veía y no podía evitarlo, no me puedo controlar. ¿Lo entiende?
Si ella hubiera estado sola simplemente se le hubiera tirado encima aun esposada y
hubiera luchado, pero la niña estaba ahí y no podía ponerla en más riesgo.
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Entonces fue él quien se volvió hacia Mary y le corrió el pelo que cubría parcialmente la
cara.
‐Son tan frágiles y fuertes al mismo tiempo…su piel suave, piel que nadie ha explorado…
‐Ella es su nieta Sullivan.
‐Ella es pura, es perfecta...‐prosiguió ignorando sus palabras y comenzó a tocarle el rostro
hasta llegar al cuello.
Entonces aprovechando ese trance en el que parecía estar le pegó una patada en la mano
que le hizo soltar el arma y que cayera al piso. Estar esposada la ponía en una importante
desventaja y era casi seguro que la venciera pero tenía que detenerlo. Como él había
perdido el equilibrio volvió a patearlo repetidas veces luego se paró y corrió para agarrar
el arma pero como la alcanzó se tiró al piso para cubrirla con su cuerpo y que no la
agarrara él. Mala idea, la dio vuelta antes de que pudiera tomarla y le pegó una piña, ella
no se quedó quieta, luchó con las piernas y las manos juntas, sentía la pistola en su
espalda, solo debía impedir que él la alcanzara. La segunda trompada si la dejó aturdida
pero no iba a rendirse. Escuchó una explosión en la puerta y pudo ver a Rigsby y Cho que
entraban. Por el ruido Mary se despertó llorando. Jane entró justo para ver como Sullivan
levantaba a Teresa y lograba agarrar el arma. Cho solo advirtió una vez antes de disparar
los tres tiros que acertó. Rigsby corrió hacia Mary pero ella buscó a Cho para colgarse de
su cuello. Jane ayudó a Teresa a ponerse de pie y le quitó las esposas, para mirarla bien y
notar las marcas en los brazos y sobre todo en la cara. "Morí de miedo" le dijo antes de
abrazarla.
‐Yo sabía que iban a encontrarnos‐ pero cuando pudo apoyarse en el hombro de él no
pudo evitar llorar.
Tres horas después Cho estaba entrando en el cuarto de Mayra con Mary completamente
ilesa de la mano. Ya les habían avisado que estaba bien e iban de camino pero igual fue un
momento imposible de describir. Cindy abrazó a su hija de una manera que parecía que
nunca la iba a soltar. Mayra lloraba de felicidad pero desahogando todo lo que se había
contenido. Cho se arrodilló al lado de su cama y le dijo: "le dije que la traería"
‐Si lo hiciste‐contestó ella y lo abrazó. Casi estuvo tentado de besarla, por supuesto que
logró controlar el impulso pero muy sorprendido de lo que le costó mantener el control.
Jane insistió para que a Lisbon la revisaran aunque ella decía que solo eran unos golpes.
Efectivamente no tenía ningún daño importante. Cho insistió en que él se quedaría así que
Cindy fue a su casa con la nena. Wylie fue quien la llevó y pasaría la noche con ellas para
que no estuvieran solas. Mayra dijo que podía pedir una patrulla par eso pero él insistió
MUCHO.
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Como los niños estaban con Grace y en realidad ya estaba por amanecer en lugar de ir
hasta la cabaña decidieron ir a un hotel. De todas formas todo el equipo tenía el día libre
así que pasarían por ellos después del mediodía y ahí sí a la cabaña a reponerse el fin de
semana.
Mientras Teresa se estaba dando una ducha Patrick entró sin golpear, corrió la cortina,
pero no tenía intención de tener un momento de pasión como tantas otras veces que
había irrumpido en el baño. Estaba vestido y solo la miró un momento. Todavía sus ojos
mostraban miedo, se notaba que había llorado y que aún tenía ganas de llorar.
‐Estoy bien Patrick‐ Solo pudo decir hasta que él la abrazó y lloró en su hombro mojado.
Estuvieron así un largo rato.
Aunque sin el alta definitiva diez días después Mayra volvió a su puesto. Cho la llevaba y
traía del trabajo, solo para que ella no tuviera que conducir les repetía a todos aunque
nadie le preguntaba. Pero si sonreían cuando los veían llegar o irse pero no comentaban
nada. Wylie veía la situación con cierto nerviosismo ya que estaba tratando de juntar valor
para invitar a Cindy a salir y, si Cho comenzaba a ser parte de la ecuación le iba a costar
aún más.
El punto fue que nadie se sorprendió cuando tres meses después anunciaron que se
casaban. En un comienzo dijeron que sería algo sencillo pero una tarde Cindy le contó a
Cho que su madre de niña soñaba con una boda de princesa, así lo había escrito en sus
diarios y después de que todo pasó escribió que jamás cumpliría ese sueño. Por supuesto
Mayra no sabía que su hija había leído sus diarios de adolescente. Así que Cho le dijo que
en realidad quería una gran boda y le cumplió el sueño sin decirle que lo conocía.
Fue todo un acontecimiento. Teresa y Grace fueron juntas a comprar la ropa para ellas y
los niños; excepto para Ben que fue con Jane y su padre porque dijo que ya era un
hombre. A diferencia de lo que había pasado para el casamiento de Jimmy Teresa se
enamoró del primer vestido que vio. Era de color marfil con hilos dorados y apenas se lo
probó no quiso ver ninguno más. La cara de Jane cuando se lo vio puesto ese día fue digna
de ser filmada, y hasta le costó algo de trabajo cerrar la boca.
Durante la fiesta la quería tener todo el tiempo a su lado, y disfrutaba que los hombres la
miraran, sobre todo por el orgullo que lo había elegido a él.
Cho estaba extremadamente feliz. Tanto que cuando brindó con sus compañeros le dio un
empujoncito a Wylie para que sacara a Cindy a bailar. Con la previa aclaración de que si la
hacía sufrir tendría problemas. Eso fue para molestarlo porque sabía que el joven agente
era una gran persona.
El día que Mayra y Cho regresaron al trabajo después de su luna de miel no fue un día
más. A media mañana llegaron agentes de seguridad nacional para hablar con ellos, luego
Cho reunió al equipo. La novedad era que Jan Nemec había salido en libertad. Sus
52
abogados habían hecho un excelente trabajo, era obvio que tenía información y por eso
tenía el apoyo de personas importantes. El punto era que un compañero de prisión le
contó a su abogado que Nemec lo primero que haría era encargarse de Érica Flyn. Ella
seguía presa y todavía le quedaban varios años por cumplir. Se sospechaba que quería
matarla no solo para vengarse sino porque ella sabía cosas que podían complicarlo
mucho. Así que seguridad nacional pedía el apoyo del FBI para protegerla. Habían tomado
medidas en la cárcel pero aun así la habían agredido y creían que no era casualidad, que
todo fue ordenado por él desde afuera. Jane temió que la idea fuera infiltrar a alguien en
la cárcel para protegerla y de ser así de ninguna manera iba a permitir que fuera Lisbon,
no pasaría otra vez. Sin embargo la idea era bastante diferente, iban a sacarla bajo la
custodia del FBI, una vez afuera la convencerían de que entregara las pruebas o
información que sospechaban tenía en algún lugar. Después la trasladarían a otra cárcel
con una falsa identidad para que ni Nemec ni sus cómplices pudieran hacerle daño. Para
persuadirla contaban obviamente con las habilidades de Jane, lo que por supuesto no le
hacía ninguna gracia a Lisbon.
Terminada la reunión informativa todos salieron. Teresa directo a su escritorio sin decir
palabra, él la siguió y la invitó a almorzar.
‐Es temprano‐ contestó sin mirarlo a la cara, no porque estuviera enojada sino porque no
quería que se diera cuenta que la sola idea de que volviera a ver a Érica la hacía estallar de
celos. Claro que él no necesitaba que lo mirara para saberlo.
‐No tan temprano, casi es hora.
‐Bien, vamos‐dijo, pero seguía sin mirarlo y eso le daba infinita ternura. Para qué negarlo,
adoraba verla celosa.
Cuando se sentaron a comer le tomó la cara y alineó los ojos con los de ella para hacer el
chiste de que ya los estaba extrañando.
‐Escucha Teresa, no hay ningún motivo para que te pongas así. Érica Flyn no me interesa
en absoluto. Si recuerdas bien lo último que te dije es que te amo a ti.
‐¿Eso sigue igual?
Jane no podía creer lo que los celos provocaban en su mujer y casi se ríe.
‐NO.
‐¿No?
‐No, claro que no. Te amo mucho más, eres mi esposa, somos una familia. ¿Cómo vas a
preguntarme eso?
‐No creo que eso impida que trate de seducirte, siempre lo hace.
53
‐Puede hacer lo que quiera, eso no va a cambiar nada. Y te pones muy linda cuando haces
pucheros.
‐No son pucheros Jane, me gusta nuestra vida, no quiero que nada la cambie.
‐Y nada la va a cambiar. Lo prometo, es solo trabajo. Cho quiere que hable con ella, será
fácil que acepte el trato, seguro no quiere que la maten. Vamos a decirle a Cho que vamos
juntos. ¿Te parece?
Ella no quería verla, su sola presencia la hacía sentir descompuesta y le hacía dudar si era
o no capaz de manejar sus emociones. Pero no estaba dispuesta a dejarlos hablando a
solas.
`Por la mañana después de llevar a Stefy a la escuela fueron a la cárcel. Los años de
encierro se notaban en ella, sin embargo se veía atractiva todavía y su actitud seductora
estaba intacta.
‐Patrick, Teresa‐dijo con una amplia sonrisa‐que bueno que vinieron ustedes, sin rencores
supongo, yo ya no los tengo.
Lo primero que Lisbon quiso gritar fue "bruja desvergonzada" pero todavía era capaz de
controlar sus impulsos y contestó‐Por supuesto‐.
‐Todavía trabajan juntos veo, y supongo que también siguen juntos…
‐No venimos a hablar de nuestra vida privada Érica‐Contestó Teresa rápidamente. Aunque
tenía ganas de gritarle que estaba casada con ese hombre y que no se atreviera a seguirlo
mirando así.
Jane inmediatamente supo lo que estaba pasando por su cabeza así que intervino.
‐Es verdad Érica, no venimos a hablar de eso, pero puedo decirte que tu predicción no se
cumplió, Teresa y yo estamos casados, tenemos una familia.
‐¿Tienen niños?!
‐Si.
‐Felicitaciones! Me sorprende realmente. Pensé que había pasado tu tiempo para eso
Teresa.
Jane pensó seriamente que el puño de Lisbon iba a terminar en la nariz de la mujer y que
iba a tener que pedir apoyo para separarlas, pero en cabio vio una sonrisa en la cara de su
mujer y la escuchó como decía:
‐Bueno Érica después de todo no era tan buena tu intuición. Vamos a lo importante.
Y puso una carpeta con lo que el FBI le ofrecía por escrito.
54
‐Si aceptas estos términos te sacaremos, estarás bajo el resguardo del FBI hasta que la
información que nos des sea corroborada, podamos conectar a Nemec con tu atentado y
hagamos los arreglos para tu nueva identidad y traslado.
‐¿Y serás tú el encargado de mi seguridad Patrick?
‐No, me temo que no me ocupo de esas cosas pero será el equipo.
‐Bueno al menos puedes ir a visitarme, siempre serás bienvenido, ¿eso ya lo sabes
verdad?‐
‐Muy bien Érica, si aceptas haremos los arreglos‐ continuó Teresa tratando de verse
profesional e ignorar que quería tomarla de los pelos y limpiar con ella toda la habitación.
Cuando salieron Jane sabía que tenía que trabajar mucho para cambiar el humor de ella.
Para empezar le preguntó si quería conducir, aunque podía ser un riesgo si veía a alguna
peatón con algún parecido a Érica. Mientras se abrochaba su cinturón ella por fin dijo
"Puedes visitarme, serás bienvenido" en tono chistoso, y él se largó a reír por lo que se
ganó una mirada furiosa.
‐Lo siento, lo siento, te ves chistosa celosa perdón…
‐No son celos, ella es una desubicada, yo estaba allí y lo hacía apropósito, y tú, Y TÚ, no la
detuviste.
‐Yo no hice nada para alentarla.
‐Exacto! No hiciste NADA!
‐Bueno espera, ¿qué es ese tono? Fui yo quien le dijo que estamos casados.
‐Y eso no la detuvo.
‐No es mi culpa.
‐Claro‐ dijo Teresa y arrancó.
Llegaron a la oficina y le informaron a Cho que ya habían hablado con ella y que
aparentemente iba a aceptar.
Cuando terminaron de pasar las novedades volvieron a sus lugares, entes de que ella
pudiera sentarse para trabajar en su escritorio él la tomó de la mano y la llevó hasta el
sillón. La miró un largo momento, tanto como leerla al detalle y más allá de que era
vigorizante verla celosa se dio cuenta que no era un juego, que estaba pasándola mal.
Entonces le dijo que no había nada en el mundo más importante que la familia que tenían,
que jamás la arriesgaría y que ninguna mujer podría interesarle.
‐Bueno a ella la besaste.
55
Y si pudiera volver atrás no lo haría solo por saber que a ti te hace sentir mal. Pero no
puedo, solo puedo decirte que te amo y que no siento absolutamente nada por ella.
A última hora de la tarde llamó el abogado de Érica, había leído los papeles y estaban de
acuerdo en aceptar el trato.
Dos días después Cho y Lisbon fueron a la cárcel para escoltarla hasta el hotel donde
permanecería. Sería por una semana más o menos. Cuando Érica vio a Teresa le preguntó
por Patrick sin ningún tipo de pudor. A lo que contestó "está muy bien, gracias por
preguntar" si demostrar ninguna reacción. Realmente Jane la había tranquilizado y estaba
segura de que esa mujer no representaba riesgo alguno. La llevaron al hotel, le pusieron
una tobillera con GPS, a un agente femenino que la acompañaría durante el día y una
guardia en la puerta que estaría las veinticuatro horas. Obviamente no tenía permitido
ningún tipo de visita. Una vez que estuvo instalada Lisbon y Cho se retiraron.
Efectivamente Érica tenía guardada una lista de contactos que había copiado del celular
de Nemec y había nombres muy importantes. Entre ellos los de dos personas que estaban
sospechadas de reclutar jóvenes vulnerables como adictos, delincuentes menores y
huérfanos para entrenarlos, lavarles la cabeza y volverlos terroristas para una
organización internacional. Había unas direcciones de unos refugios que usaban como
pantalla para captarlos. Eran muchas porque iban rotando.
Estaban algo diezmados de personal ya que siempre había dos agentes destinados a la
custodia de Érica, así que se repartieron los lugares. Como algunos estarían vacíos solo
sería una inspección externa, y si encontraban gente debían pedir apoyo para entrar.
Lisbon llegó a una casa donde se veía a algunos jóvenes trabajando en el patio trasero.
Dio aviso pero en lugar de esperar tocó el timbre, le dijo al hombre que la atendió que
había oído que en ese lugar ayudaban a jóvenes necesitados y que le interesaba ser
voluntaria. La hizo pasar. Una vez adentro le explicó como teóricamente trabajaban con
los chicos que necesitaban gente para recorrer las calles y detectar a los jóvenes
necesitados de ayuda. Preguntó si podía recorrer el lugar y el hombre aceptó de muy
buena gana. Recorrieron el patio, la cocina, el salón de clases y un dormitorio, también vio
puertas cerradas en el corredor y cuando preguntó que había ahí el hombre le contestó
que esos cuartos estaban en remodelación. Cuando el recorrido terminó y estaba a punto
de salir preguntó si podían permitirle pasar al baño. Entro allí y llamó a Cho que le dijo que
estaba a diez minutos y que Jane estaba con él. Sin cortar la llamada salió al pasillo, y
como no vio a nadie se dirigió a las habitaciones que no había podido ver. Una estaba
cerrada con llave, la otra con un pasador del lado de afuera, entró, y encontró a dos
jóvenes atados por las piernas y los brazos evidentemente como forma de tortura y
ablande. Teresa les tomó el pulso, uno estaba muerto, el otro respiraba pero se veía muy
mal.
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‐Cho pide refuerzos‐ alcanzó a decir antes de que el hombre que la había guiado entrara a
la habitación‐
‐Ay agente Lisbon, ha resultado usted ser demasiado curiosa… y predecible también según
parece.
Y torpe pensó ella, no solo había entrado si esperar el apoyo sino que había dejado su
arma en el auto, error de novata e imperdonable.
El hombre tenía ambas manos en el cuello de Lisbon, ella ya no tenía fuerzas para seguir
luchando y el pensar en sus hijos se mezclaba con la única opción que era pensar en seguir
consiguiendo aire. Finalmente se rindió y dejó de luchar.
El auto de Cho estacionó seguido por dos patrullas y una ambulancia. Todos bajaron
corriendo, Jane fue el primero en entrar a la habitación y ver todo. Tomó al hombre por la
ropa con una fuerza que no sabía que tenía y lo tiró para atrás aún con el cuello de ella en
sus manos y cuando la soltó esta cayó pesadamente. Cho y los demás oficiales ya estaban
ahí y se encargaron de él. Jane fue sobre ella, tenía los labios azules, el cuello con gruesas
marcas y no respiraba. La sacudió con fuerza y trató de tomarle el pulso y escuchar su
corazón. No oía nada. La abrazó llorando desesperadamente y se sintió furioso con ella
también.
Entraron los paramédicos y la revisaron, tenía pulso aunque muy bajo, le pusieron
oxígeno. Jane permanecía en un rincón sentado en el suelo, aferrado a sus propias rodillas
y llorando como un niño. A su lado Cho en silencio. Lograron estabilizarla y él tuvo ganas
de agradecerle a un Dios en el que no creía. En la ambulancia solo le decía al oído que la
amaba aunque ella aún no había despertado.
Solo estuvo pocas horas en el hospital. Se puso contenta al saber que habían atrapado al
hombre, a otro cómplice que estaba ahí, y sobre todo de que rescataran al muchacho que
encontró, y a todos los que estaban ahí. Finalmente todo había salido bien. Jane pensaba
diferente.
Mientras estaban en el auto volviendo a la casa Patrick iba callado. Ella sabía que todo lo
había afectado demasiado y que debían hablar pero pensó que lo mejor era darle tiempo.
De repente se detuvo en una linda cafetería
‐Tomemos algo aquí y charlemos‐ dijo en tono afable.
Pero antes de bajar buscó un pañuelo en la guantera, se lo puso en el cuello para tapar las
marcas y le dio un beso.
Se sentaron en una mesa lejos de las ventanas y pidieron té y café obviamente. Antes de
que se los trajeran Jane simplemente dijo:
‐Quiero que renuncies, no es negociable.
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‐Jane por favor, ya hemos hablado de esto muchas veces…
‐Y siempre estamos en el mismo lugar.
‐Sí, es verdad, porque no pasará. Escucha entiendo que te asustaste, fue muy fuerte
pero…
‐No, no entiendes nada, no fue un susto, no soy un niño, no respirabas, estabas azul. Te vi
muerta.
‐No estaba muerta.
‐Pues yo te vi muerta. Nunca lo vas a entender. ¿Qué hubiera pasado si tú me veías a mí
así?
‐Hubiera sido terrible, no puedo ni imaginarlo; por supuesto que te entiendo, pero deja
pasar los días y verás que todo mejora.
‐No, no quiero. No voy a volver a pasar por eso.
‐Jane cuando me conociste yo ya era policía y por eso quisiste trabajar conmigo. Te
gustaba que fuera ruda y me llamabas cada vez que había peligro.
‐Era diferente, yo quería atraparlo y no eras mi mujer.
‐Entonces ¿no te importaba que me mataran porque no era tu mujer?
‐Por supuesto que no quería que te mataran pero aún no eras lo más importante de mi
vida.
‐Entonces se trata de ti. No quieres que me pase nada por ti, no por mí.
‐Das vuelta las cosas, lo pones horrible.
‐Es horrible. Yo no lo pongo. Escucha, quiero ir a la casa a ver a los niños, por favor
hablemos después.
‐Claro quieres ver a los niños pero no te importa dejarlos sin madre.
‐¿Eso piensa? ¿Así lo ves? ¿De verdad? No sé entonces de que podemos hablar.
‐Vámonos entonces‐ contestó Jane y pagó lo que nunca tomaron y salir. Cuando llegaron a
la casa no apagó el motor después de estacionar y dijo que quería dar una vuelta solo.
Teresa bajó sin decir una palabra.
El condujo de nuevo a la ciudad, dio muchas vueltas hasta que estacionó justo frente al
hotel donde estaba Érica.
58
Llegó hasta la puerta de la habitación, estaba el agente de custodia. Adentro había estado
Van Pelt pero ya se había retirado. Dijo que tenía que hablar con la detenida y pasó.
Érica estaba sentada mirando televisión, hacía un rato le habían traído la comida pero aun
no la había tocado. Estaba con una bata y el cabello húmedo, sin maquillaje, pero
naturalmente atractiva. En cuanto lo vio pudo darse cuenta de que no estaba bien. Algo
que no iba a desaprovechar obviamente.
Teresa comió con los niños y guardó un plato para Patrick, luego los llevó a dormir, se dio
un baño y se recostó en el sofá para esperarlo; ella sentía que había sido injusta con él, era
comprensible como se había puesto. Estaba segura de que en cuanto llegara podrían
hablar y arreglar las cosas. Esperando se quedó dormida. Despertó asustada, buscó su
celular y vio que eran las tres de la madrugada, corrió a ver por la ventana, el auto no
estaba, entonces se preocupó, marcó su número, pero sonó unas cuantas veces hasta que
agarró contestador. Se fue a la cama pero ya no pudo dormir más. No podía creer que no
le había mandado ni un mensaje, él ya había tenido esas actitudes pero se había ido a
dormir a la casa rodante y por lo menos le avisaba.
Llegó la hora de levantarse, apagó la alarma y se vistió antes de despertar a los chicos.
Trató de no demostrarles su estado de ánimo. Cuando preguntaron por Patrick dijo que
había tenido que salir más temprano. En cuanto Leslie llegó salió para llevar a Stefy a la
escuela y de ahí ir a trabajar. Era raro conducir su auto, casi siempre iban en el de él o al
menos un auto atrás de otro. Llegó a la oficina con la esperanza de encontrarlo sentado en
su sillón pero no fue así.
Hizo un saludo general y todos vieron que tenía mala cara; Grace se acercó y le preguntó
por Jane.
‐Ni idea, discutimos ayer y no volvió a dormir.
‐Tal vez debiste tomarte el día‐le contestó señalándole las marcas de su cuello.
‐No, estoy bien, además hubiera estado todo el día pensando.
Dos horas más tarde llegó Mayra, fue directo a la oficina de Cho, estuvo diez minutos y
luego llamaron a Lisbon. Cuando entró vio las caras y lo primero que pensó es que Jane
había tenido un accidente. Se le llenaran los ojos de lágrimas solo imaginando.
‐Siéntate Teresa‐ dijo Mayra.
La mirada de Cho era casi de enojo.
‐Ay no, es Jane! ¿Que le pasó?
‐Murió Érica Flyn.‐dijo Cho.
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No era algo que le agradara pero tampoco que la afectaba demasiado así que le pareció
raro que se lo dijeran a ella a solas.
‐¿Por qué me lo dicen acá?
‐Jane estaba durmiendo con ella y cuando despertó estaba muerta. Él llamó.
Teresa sintió que el piso se movía debajo de sus zapatos. Mareo, náuseas y una rabia
terrible.
‐¿Dónde está?
En el hotel aún. Ya voy para allá.
No pudo impedir que quisiera ir también, sabía que era una mujer fuerte y podría manejar
la situación. Y además no estaba muy seguro de que tuviera más ganas de golpearlo de las
que tenía él mismo.
Cuando entraron al cuarto el cuerpo de Érica aún estaba en la cama con un diminuto
camisón. Jane estaba en la camilla y estaban a punto de llevarlo al hospital ya que se veía
algo confundido y pensaban que había ingerido algo. Aun en ese estado sus ojos se
posaron en Teresa desde que entró. Ella al verlo por lo menos entero sintió un gran alivio
y también una gran furia, estaba vestido al menos pero con la camisa abierta. Se acercó al
paramédico y le preguntó si estaría bien, a lo que le respondió que seguramente si pero
que deberían revisarlo mejor ya que tenía taquicardia por eso el traslado. Ella asintió con
la cabeza y se acercó a Cho que estaba mirando el cuerpo. Jane la llamó dos veces pero
ella no dio la vuelta. Lo llevaron mientras aún le daba la espalda.
El agente que estaba en la puerta relató que Jane llegó por la noche y que nadie más entró
salvo la mucama que retiró las cosas de la cena pero que estuvo adentro solo un par de
segundos. No escuchó gritos ni ningún ruido extraño. Que lo que pasó adentro solo ellos
dos lo sabrían, bueno ahora solo Jane.
En el suelo, al lado de la cama, Lisbon encontró el celular de él. Lo abrió y apareció su
llamada perdida y la foto de los niños y ella como fondo de pantalla. Cho le dijo que eso
era evidencia y que debía irse, no quería que estuviera involucrada en ese caso. Lisbon
sabía que tenía razón le entregó el teléfono y salió. Condujo dando vueltas por más de una
hora hasta que se encontró manejando en dirección al hospital.
Cuando estacionó se tomó unos segundos, apoyó su cabeza en el volante y lloró como casi
nunca la hacía, lloró hasta que el nudo de la garganta pareció aflojar. Luego desabrochó su
cinturón, se limpió la cara y se fijó si se notaban sus ojos rojos o hinchados; estaba bien;
de todas formas él sabría que había llorado.
Fue a recepción y preguntó por él, la enfermera vio su placa y le dijo que ya había venido
otro agente a lo que contestó "soy su esposa" y por primera vez en ocho años le pesó
60
decirlo. Le dijeron en que piso y cuarto estaba, cuando llegó se encontró con que en la
puerta estaba el agente Eduardt Whithe.
‐Agente Lisbon! En realidad este caso será transferido a mi unidad, me le dijeron
extraoficialmente pero en la tarde ya estará por escrito.
‐Perfecto, pero no estoy aquí como agente.
‐Muy bien, solo para que no haya malos entendidos.
Diciendo esto la dejó pasar. Adentro estaba un médico junto a Jane, quien se veía
bastante más despabilado que solo un rato antes. El hombre dejó de hablar apenas la vio.
Ella se dio cuenta entonces lo saludó y dijo que era la Sra. Jane.
‐Ah, perfectamente, le estaba diciendo a su esposo que en su sangre vimos que tenía una
fuerte dosis de un tranquilizante, que seguramente lo mantuvo inconsciente por varias
horas. Ni bien salga totalmente de su sistema estará bien. Se tendrá que quedar hasta la
tarde.
‐Muy bien‐dijo ella tratando de sonreír. En cuanto el médico salió dejó de hacer el
esfuerzo. Se sentó en la silla que allí había y permaneció en silencio.
Aun con el enojo más grande Teresa le preguntaría como se sentía, pero no lo hizo y eso lo
asustó.
‐Teresa te juro que no pasó nada con Érica.
‐Ajá.
‐¿Que es ajá?
‐¿Qué es? Es decir, ¿te secuestraron o fuiste por tus medios al hotel? Tu auto estaba ahí.
‐Sí, yo fui…
‐¿Y a que fuiste?
‐No lo sé, fue una estupidez…estaba enojado contigo, y…
‐Querías vengarte...
‐No.
‐Bueno desahogarte. Que alguien comprensivo escuche lo mala y egoísta que es tu
esposa.
‐No exactamente…algo así. Tal vez.
‐Y quien mejor que Érica! Que me detestaba y te tenía tantas ganas!
‐No seas irónica por favor... No dormí con ella.
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‐No te pregunté eso. Pero de hecho tú llamaste diciendo que te despertaste y estaba
muerta, por lo tanto dormiste con ella.
‐Yo entré, me invitó a cenar…
‐No me cuentes.
‐Teresa
‐No quiero saber. Me basta con que fuiste con ella.
‐No estaba bien. Verte casi muerta me perturbó. Tienes que entender.
‐NO TE ATREVAS A ECHARME LA CULPA!
Y ahí fue justo cuando Teresa perdió el control de su tono y de sus emociones, Y dejó de
hacer fuerza para contener sus lágrimas.
‐¿Sabes la cantidad de veces que yo tuve ganas de correr? ¿Que me asustaste con algún
loco plan o algo así? ¿O las veces que me sentí sola después de discutir contigo? Y nunca
me fui a meter al cuarto de ningún hombre.
‐Está bién, tienes toda la razón yo…
‐No, no está bien Jane, está mal. No quiero que vuelvas a la casa.
Teresa estás exagerando.
‐¿En serio? ¿En serio crees que exagero? Tú dijiste que no seguirías si no renunciaba al FBI,
Así que te lo facilito. No renuncio, ni quiero vivir contigo. Le pediré a Rigsby que venga por
ti a la tarde a llevarte a donde quieras, y con él te mandaré algunas cosas.
Salió ya sin llorar, estaba tan enojada pero por fin podía respirar.
Rigsby llegó casi al anochecer, Jane estaba vestido, sentado en la cama, con la cabeza baja
y la expresión de alguien que no sabe qué hacer. Algo muy inusual en él. Le entregó un
bolso donde tenía algunas cosas para pasar unos pocos días y le preguntó a donde iría.
También le ofreció su casa aunque tal vez eso más tarde le trajera problemas con Grace
que por supuesto haría causa común con Lisbon. Él en cambio era neutral al respecto, los
dos eran sus amigos y a ambos quería. Pero no podía dejar de comprender a Jane. Él sabía
bien lo que era tener sexo con una mujer aun amando a otra. Patrick supo lo que estaba
pensando al instante y se ocupó de aclarar que no había tenido sexo con Érica, al menos
no recordaba haberlo tenido, todo era algo confuso, pero en ningún momento había sido
su intención, o eso suponía.
Finalmente se decidió por ir a un hotel, tenía que pensar cómo arreglar las cosas, y lo
mejor para eso era estar solo.
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Una vez instalado le mandó un mensaje a Teresa para preguntarle si podía llamar a los
niños. Ella le dijo que si pero que les dijera que estaba trabajando y que en unos días los
dos juntos deberían hablar con ellos. Entonces no era un enojo pasajero, si estaba
dispuesta a involucrarlos a ellos era porque estaba muy segura decidida, y eso lo aterró.
Solo disponía de unos días para arreglar lo que parecía que no tenía arreglo.
Al día siguiente fue a trabajar temprano, se veía algo enfermo pero allí estaba en su sillón
cuando ella llegó. Sabía que si se acercaba mucho empeoraría las cosas así que solo se
acercó para preguntarle por los chicos y obtuvo un seco "están bien"
Cho salió de su oficina para comentarles sobre un nuevo caso e inmediatamente notó la
tensión entre ellos, Era obvio considerando los acontecimientos del día anterior, pero no
estaba seguro de cuáles eran los daños, y, aunque nunca fue amigo de involucrarse en
asuntos personales sabía que esto sin dudas afectaría a la unidad. Por eso fue que
después de terminar la charla llamó a Lisbon a su oficina...
Fue directo como siempre. Le dijo que él no quería perder a ninguno de los dos para el
equipo pero que debía estar seguro de que no habría problemas.
‐Necesito saber se podrás seguir trabajando con Jane, si no es así tendré que pedir el
traslado de uno de los dos.
¿Qué sería de Jane en un nuevo equipo? ¿O de ella con nuevos compañeros a esta altura?
Así que dijo que no habría ningún problema, que mantendrían sus problemas personales
fuera de la agencia. E hizo su parte, porque cuando más tarde volvieron a juntarse todos
para compartir información y teorías intercambiaron frases y hasta apoyó los planes de él.
Terminando el día a Jane le pareció buena idea preguntarle si podía ir con ella para estar
un rato con los chicos y de paso tenía el viaje para hablarle. Se acercó cauteloso y cuando
estaba a punto de decirle entró el agente White seguido de dos uniformados, dijo Patrick
Jane en voz alta y le informó que estaba detenido por el homicidio de Érica Flyn; ella había
sido envenenada y se había encontrado una jeringa con restos del veneno y las huellas de
jane.
Fue todo tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar y ya estaba esposado, Todos se
acercaron mientras él solo trataba de encontrarse con los ojos asustados de ella. Cuando
lo logró llegó a negarle con la cabeza y se lo llevaron.
Todos quedaron confundidos, Jane había sido capaz de matar antes, pero fue para salvar a
Teresa o vengar a su familia.
Al día siguiente Cho pudo averiguar que estaba incomunicado y que si bien la única
prueba era la jeringa también lo complicaba el testimonio del agente que estaba en la
puerta, ya que aseguraba que solo Jane había entrado esa noche después de que se fuera
Van Pelt.
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Teresa contrató un abogado pero el juez rechazó la fianza ya que por el vínculo de Jane
con el FBI pensaba que podía interferir en la investigación que aún estaba abierta. Pero si
levantó la incomunicación unos días después de la detención. Todo el equipo creía que era
inocente y que estaba siendo incriminado pero no les permitían inmiscuirse en el caso.
White y su equipo trabajaban en el piso de arriba así que les resultaba imposible curiosear
también.
Teresa estaba exhausta, no podía ni dormir ni comer bien. Odiaba todo lo que estaba
pasando, odiaba mentirles a los niños diciendo que su padre estaba resolviendo un caso
lejos, odiaba tener dudas sobre su inocencia, en realidad odiaba que él los había metido a
todos en esa situación, solo él y nadie más.
Ya se estaba yendo ese día, solo tenía que hacer unas compras para luego llegar a su casa
a abrazar a los únicos seres que podían hacerla sonreír a pesar de todo. De repente lo vio
y corrió a White por el pasillo hasta que lo alcanzó justo a unos metros de la recepción
donde iba a firmar la salida.
‐Oye, espera por favor, un momento… mira White tu no creerás que Jane es culpable.
‐¿Y por qué no Teresa? Todas las pruebas demuestran que lo es.
‐No es así, hay muchos cabos para investigar, la evidencia no están contundente.
‐Pues lamento decirte que no estoy de acuerdo con eso. Y perdona que te diga pero no
estás siendo objetiva, que seas su esposa, o ex esposa nubla tu juicio.
Bien, te guías por chismes! Pues estás equivocado en todo, soy su esposa, no tengo el
juicio nublado y sé que no lo hizo. Se fue más preocupada que furiosa, Pero ahora tenía
casi la seguridad de lo que dijo, antes sus celos no la habían dejado pensar claramente.
Cuando Jane entró en la sala de visitas esperaba ver a uno de sus compañeros, o tal vez a
su abogado. Aunque lo que más deseaba en el mundo era verla no se había querido
ilusionar. Y allí estaba ella. Ninguno de los dos pudo evitar sonreír cuando se vieron a los
ojos. Pero la sonrisa de él crecía más y más a medida de que se acercaba.
‐¿Cómo estás?‐dijo ella sonando aun un poco enojada.
‐Estoy bien. Es la primera vez que me pesa estar encerrado. ¿Cómo están los niños?
‐Bien. Les dije que tuviste que viajar por un caso muy importante y que no sabemos por
cuantos días. Te extrañan, quieren llamarte, pero les dije que se rompió tu celular, que tú
los llamarás.
‐Hoy lo hago.
‐Dime que no lo hiciste por favor.
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‐No lo hice.
‐De acuerdo. Entonces dime todo lo que pasó y voy a sacarte de aquí. Lo prometo.
‐Me lo pregunta la agente del FBI, mi compañera o mi mujer?
‐Te lo pregunto yo. Ponme en rol que quieras. Tú y yo siempre seremos familia Jane. Yo
siempre…
Algo la hizo detenerse, entonces él supo que aún estaba la herida abierta, pero sin
embargo estaba ahí, incondicional, rota y también fuerte. Quiso pedirle perdón y decirle
que la amaba, pero sabía que la lastimaría aún más. Así que le tomó las manos y le relató
todo lo que recordaba.
Cada vez que escuchaba como él decía el nombre de esa mujer tenía ganas de llorar,
odiaba el hecho de que la hubiera dejado entrar en sus vidas, cuando había prometido
que no lo haría. Si era culpable de eso, pero no iba a permitir que lo condenaran por un
crimen. Volvió a prometer que lo resolvería todo antes de despedirse.
‐Cuídate Patrick, piensa en los niños antes de hacer alguna tontería aquí adentro.
Se acercó como para darle un beso en la mejilla entonces él la tomó del brazo y le
contestó:
‐Pensaré en ustedes tres.
Lisbon salió con el corazón estrujado pero sin absolutamente ninguna duda de su
inocencia.
Patrick llamó a los niños antes de las seis, solo hasta esa hora se les permitía usar el
teléfono, peleaban por el celular de su madre hasta que ella puso orden para que los dos
pudieran hablar un rato. Él les dijo que los extrañaba pero que era un caso complicado y
que no sabía cuánto le llevaría resolverlo, que los llamaría a diario, que fueran obedientes,
que cuidaran a su mamá y por supuesto que los amaba mucho a los dos. ¿A mi mamá no?
Le contestó Stefy con total inocencia. Jane quedó en silencio porque su garganta se cerró
un minuto por la angustia y la culpa. La nena interpretó que se había cortado la llamada y
le entregó el teléfono a Teresa; quien se lo llevó al oído justo para escucharlo decir: "claro
que si hija, amo a mamá con todo mi corazón"
Acostar a los niños temprano fue tarea difícil pero lo consiguió. Eran las nueve de la
noche y por fin estaba tomando una taza de café sentada en el sillón, hasta que escuchó
que estacionaba un auto. Era Wylie, fue el primero en llegar, pero a los cinco minutos ya
estaban allí Rigsby y Van Pelt. Ella los había llamado, quería pedirles colaboración para
ayudar a Patrick. No tuvo que hacerlo, y menos convencerlos. Inmediatamente ellos
comenzaron a dividirse las tareas para investigar. Media hora después escucharon el
motor de otro auto. Antes de que pudieran mirar por la ventana alguien golpeó la puerta,
65
era Cho. Teresa no lo había llamado ya que como jefe no quería ponerlo en una posición
incómoda. Sobre todo porque él era tan recto.
‐Cho. ¿Qué haces aquí?
‐Wylie me dijo. Quiero ayudar a Jane. ¿Pensabas dejarme afuera?
‐Si. No quiero ponerte en una posición incómoda ni que tengas problemas con Mayra por
esto.
‐Ella está aquí, está buscando unos papeles en el auto. Fue la que insistió en venir ahora,
yo iba a hablar contigo mañana en la oficina.
Entonces apareció Mayra con una sonrisa cálida y la copia del expediente en sus manos.
En él había algunas fotos del cuerpo, tenía puesto solo un camisón diminuto y obviamente
verla así y saber que Jane había dormido a su lado afectaba a Lisbon, y a todos los demás
que no querían que ella se sintiera mal. También estaba la declaración del agente que
relataba el momento que Patrick llegó y dijo que se lo veía algo nervioso. Él aseguraba no
haberse movido en toda la noche de su puesto. Van Pelt también había declarado que
hasta el momento que ella salió todo estuvo normal y que cuando salió vió que por el
pasillo llegaba la mucama con la comida. Por supuesto estaba la declaración de Jane que
Cho comenzó a leer en voz alta. Relataba que cuando llegó Érica estaba a punto de cenar y
lo invitó. Comieron juntos mirando un documental. Luego se comenzó a sentir muy
cansado, fueron juntos hasta la cama y no recuerda más nada.
Aunque quiso disimularlo a Lisbon se le llenaron los ojos de lágrimas, y para disimularlo se
levantó con la excusa de preparar más café. Grace estaba a punto de hacer un comentario
pero Wayne la detuvo.
Wylie se puso a leer el informe de la autopsia y vio que decía que no había indicios de que
hubiera mantenido relaciones sexuales antes de morir. Lo dijo como si fuera una gran
noticia para decirle a Lisbon cuando volviera, pero Cho agregó: "tal vez no tuvieron
tiempo" por lo que obtuvo una patada en la pantorrilla de parte de su esposa.
Lo primero que debían hacer era asegurarse de que el agente estuviera diciendo la
verdad. También investigar a Nemec. Si había intentado matarla en la cárcel
tranquilamente podría haber concretado los planes. Era un buen sospechoso. Además
encajaba perfectamente que quisiera inculpar a Jane. Ya que el engaño de él hizo que lo
atraparan en el pasado.
Por supuesto que todos sabían que la investigación era extraoficial, que podían meterse
en serios problemas, que no podían llevar a nadie para interrogar y que incluso les podría
costar sanciones severas. Pero todos creían que tal vez Jane fuera un poco estúpido pero
que no la había matado, y cada uno estaba dispuesto a correr los riesgos.
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Mayra haría lo posible porque la unidad no tuviera ningún caso nuevo asignado, y por
supuesto apoyaría averiguando todos los avances en la investigación del equipo de White.
Wylie y Van Pelt se ocuparían de conseguir y revisa las filmaciones de las cámaras de
seguridad del hotel y los alrededores, Cho y Rigsby de buscar y charlar con Neme y Lisbon
volvería a hablar con el médico que atendió a Jane. Era importante saber si se podía
determinar cómo le había sido suministrado el somnífero que tenía aun en sistema
cuando lo llevaron al hospital.
Por la mañana cada uno se puso a trabajar. Grace y Wylie fueron al hotel para conseguir
las cintas de las cámaras de seguridad, el gerente no quería dárselas porque no tenían una
orden, pero cedió cuando le dijeron que la orden podía incluir un allanamiento completo y
riesgo de clausura si aparecía alguna irregularidad. En la grabación aparecía Jane entrando
pasadas las 9 y al agente siempre es su puesto. Pero a las tres de la mañana la grabación
se cortaba y se reanudaba cuarenta minutos más tarde, mostrando todo normal en el
pasillo. Wylie se comunicó con el hotel donde le confirmaron que a esa hora había habido
un apagón de no más de cinco minutos, pero que cuando pasa eso el sistema debe
resetearse y vuelve a funcionar cuarenta minutos después aproximadamente.
Era posible que el apagón fuera provocado apropósito para matar a Érica y era raro que el
agente no lo hubiera mencionado en su declaración.
En tanto Rigsby y Cho fueron a hablar con Jan Nemec. Este ya sabía de la muerte de Érica
y aunque no negó que la noticia le daba bastante placer, si negó haber tenido algo que
ver. Entonces Rigsby le dijo que tenían sus dudas, después de todo había intentado
matarla en la cárcel y su propio ex compañero de celda contó que esas eran sus
intenciones. Nemec terminó sonriendo con bastante ironía y les contestó que en primer
lugar si él tuviera planes de eliminar a alguien no cometería la torpeza de contárselo a
alguien más y en segundo lugar no tenía ya el poder de ejecutar un atentado adentro de
la cárcel, y menos a Érica que estaba por demás protegida ahí.
‐En realidad el FBI comenzó a protegerla cuando la sacaron‐contestó Cho.
‐Ay agente, Érica no necesitaba la protección del FBI porque tenía la de la organización
con la que yo trabajaba. Si ella está muerta es porque ellos la quisieron así.
Entonces les relató que cuando a él lo encarcelaron y extraditaron desde Beirut, Érica a
través de su abogado se contactó con muchas personas y les hizo saber que ella tenía
mucha información y que estaba dispuesta a callar si podían negociar. Por eso le habían
soltado la mano a él y ella desde la cárcel comenzó a ser parte de ese grupo. Desde allí
trabajaba haciendo enlaces.
Lisbon averiguó con el médico que Jana había ingerido los sedantes vía oral, seguramente
con la comida o bebida.
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Por la noche volvieron a reunirse para compartir todo lo que habían averiguado y era
innegable que eran demasiados los cabos sueltos. Lisbon dijo que tendrían que ir a hablar
con el hombre que la había atacado y Grace que creía que el agente que estaba de
custodia sabía algo más. Pero no los podían interrogar de forma oficial, al menos no sin
hablarlo antes con White. Él parecía muy seguro de que el caso estaba resuelto pero todos
creían que era un agente honesto y que con estos nuevos indicios accedería a seguir
investigando.
Por la mañana Mayra lo llamó a su oficina y este al entrar se sorprendió al ver a Lisbon y
Cho sentado allí. Ni bien los empezó a escuchar se puso a la defensiva, dijo que ellos no
tenían ningún derecho a cuestionar su trabajo y menos a organizar una investigación
paralela. Su ánimo y su tono fueron subiendo a la par y no permitía que nadie pudiera
agregar otro bocadillo. Cuando estaba a punto de dar por finalizada la conversación de
manera unilateral, Mayra se puso de pie y como una profesora enojada gritó su nombre.
‐Agente White es suficiente! Le recuerdo que soy la agente supervisor por lo tanto su jefa
directa. Yo misma ordené a los agentes este trabajo y si usted tiene algún problema al
respecto puede elevar la queja a la superioridad. Ahora, se va a examinar detenidamente
su investigación y desempeño, y, si se detectara alguna anormalidad, negligencia o
descuido en su trabajo, le aseguro que me voy a ocupar personalmente de que sus días en
el FBI estén concluidos.
‐De golpe al hombre se le fue la indignación extrema y dijo que su investigación fue limpia,
que se ocupó de seguir todas las pistas que encontró, pero que no estaba concluida y que
por supuesto estaba abierto a escuchar y a aceptar ver, si alguna cosa había sido pasada
por alto.
‐Perfecto agente‐ dijo Mayra recuperando su tono habitual‐ en ese caso van a trabajar en
esto los dos equipos.
Cuando todos salieron de la oficina Lisbon se acercó a Cho y le dijo al oído:
‐Que ruda Kimball!
‐Ese no fue su pico.
‐Guauu
Esa tarde White y Lisbon fueron a la cárcel de máxima seguridad a ver al hombre.
Enfrentarse con él la verdad le daba escalofríos pero no se permitió demostrarlo fue la
que inició el interrogatorio. Él al principio no quería hablar pero terminó confesando que
Érica era parte de la organización y le había dicho que el FBI los estaba investigando.
Cuando Lisbon se había ofrecido para voluntaria él sospechó que era una agente,
entonces cuando pidió para ir al baño la llamó, se la describió y ella le dijo quién era y que
la matara. Pero como llegaron y lo atraparon junto con los demás los jefes se enojaron con
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Flyn porque la culparon de todo. Ella ya no era confiable para ellos porque siempre jugaba
con cartas ocultas. Estaba casi seguro de que por eso habían ordenado su muerte pero no
tenía pruebas ni detalles de cómo lo hicieron.
Al salir de allí White le ofreció a Lisbon una disculpa por haberle dicho que tenía el juicio
nublado y le dijo que llegaría a la verdad.
Esa tarde el que fue citado a la oficina de la agente supervisor fue el agente que estuvo de
custodia. Le pidió que relate los hechos sucedidos esa noche y él volvió a apegarse a lo
dicho en su primera declaración. Entonces Mayra hizo entrar a Grace que traía el CD con
la filmación de la cámara de seguridad. Él nunca había mencionado el corte de luz por lo
que le preguntó directamente si estaba totalmente seguro de que en esos cuarenta
minutos que la cámara no funcionó nada había pasado. Él se puso muy nervioso pero
terminó contando que en el momento del apagón una joven comenzó a gritar y él se
acercó a su habitación, luego ella fue muy amistosa y tuvieron sexo. Fue solo media hora y
no le pareció tan grave ya que la detenida no estaba sola. Cuando volvió a su puesto no
notó nada extraño y permaneció allí. Por supuesto no había declarado eso para no
meterse en problemas.
Grace y Wylie fueron los que volvieron al hotel pero esta vez para pedir los datos de la
mujer que había sido la "distracción" del agente. Esta vez llevaron una orden para revisar
los registros en caso de que se negaran a suministrar la información.
Consiguieron el nombre de la chica, había pasado allí solo esa noche y había pagado en
efectivo. Luego quisieron ver la habitación aunque después de tantos días no era probable
que encontraran nada de utilidad. Mientras estaban allí les pareció escuchar a alguien
detrás de la puerta. Sin decir palabra Grace abrió de repente. Era una mucama que
preguntó si podía hacer la limpieza, estaba muy nerviosa. Le dijo que no pero insistió
diciendo que podía perder su trabajo.
‐Lo siento no puede, pero vamos a hablar con el gerente para que no tenga problemas –le
contestó Grace antes de cerrar.
Como imaginaron, nada de utilidad pudieron encontrar.
Mientras en la oficina Rigsby identificó a la mujer y les pasó la dirección. Cuando llegaron
a la casa no atendió la puerta y trató de escapar por la puerta de atrás pero la atraparon y
llevaron para interrogarla.
El encargado fue Cho y no tardó nada en lograr que hablara. Estaba sin trabajo y
necesitaba dinero así que su prima, que había empezado a trabajar como mucama en el
hotel, le había ofrecido que hiciera ese trabajo. Tenía que distraer y mantener en su
habitación al agente por media hora, solo eso y ganaría 10000 dólares. Y lo hizo, no sabía
que una mujer iba a terminar muerta. Les mostró en su celular una foto de la prima y
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Grace pudo reconocerla, era la mucama que ellos habían visto. Fueron a su casa y la
vieron entrar, un rato después llegó un taxi y ella salió con una valija. Ahí la detuvieron.
A ella la interrogaron White y Lisbon y confesó a cambio de que la mandaran a una prisión
en otro estado. Ella puso el somnífero en la comida, comida que no sabía que compartiría
con Jane, y por eso se durmieron los dos. Luego a la madrugada provocó el corte de luz. Su
prima sacó del medio al agente. Entonces ella le dio la llave del cuarto al cómplice quien
entró y le inyectó el veneno a Érica, cuando iba a inyectar también a Jane comenzó a
sonar el celular que estaba en el piso. Así que hizo que él inconsciente tomara la jeringa y
salió rápido. Luego ella misma la tiró en el basurero donde pudieran encontrarla.
A pesar de que dio los datos que sabía no pudieron dar con el autor material que ya había
abandonado el país. Era una gran organización y sería un camino largo para desbaratarla.
Lo importante por ahora era que Jane estaba libre de culpa y cargo. A Érica Flyn la
mataron sus propios cómplices por haber querido manipular a todos en beneficio propio
nada más. Su mejor talento la había llevado a la muerte. Entre todos los trámites por
hacer llevó todo el resto del día por lo que Jane fue liberado al siguiente mediodía.
Rigsby fue quien lo esperaba y le dio un fuerte abrazo que él agradeció aunque no pudo
ocultar su decepción por no ver a Teresa allí.
‐Ella está feliz de que todo se aclaró y es solo cuestión de tiempo amigo.
Él podía comprenderlo como nadie, había estado exactamente en el mismo lugar, incluso
en una peor posición y todo había resultado bien al final.
Sin embargo Jane sabía que el que ella no hubiera ido era una muy mala señal. Ella
siempre estaba, aun furiosa siempre estaba. Algo muy grande se había roto.
No quiso ir a descansar sino a la oficina, al menos tenía esperanzas de encontrarla allí, y
tuvo razón, estaba en su escritorio llenando papeles y en cuanto lo vio sonrió a pesar de
ella misma, pero no se acercó como hicieron todos. Después de saludar y agradecer a uno
por uno él se paró a su lado, mirándola un momento sin hablar, hasta que dijo Hola y
gracias.
‐Hola. Todos trabajaron Jane.
‐Lo sé, pero eso fue porque tú creíste en mi inocencia.
‐Tenía razón.
‐Y además yo no los ayudé.
‐Siempre te dije que podíamos resolver casos sin ti. Tú solo aceleras las cosas.
‐Oye, tenemos que hablar.
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‐Sí, es verdad, tenemos que hablar con los niños de nuestra separación.
Lo hicieron esa tarde, mientras a los dos se les rompía el corazón les explicaban que los
amaban mucho y que siempre estarían para ellos. Oscar no entendió mucho, ni preguntó
tampoco, él estaba feliz de ver a su papá después de tantos días. Stefy si se puso triste y
lloró, no mucho pero lo suficiente como para hacer sentir miserables a sus padres, aunque
por distintas razones. A Jane porque solo deseaba borrar todo lo que había pasado desde
el momento que salieron del hospital después de que la atacaran. A Lisbon porque a pesar
de la lágrimas de su hija seguía pensando que era la decisión correcta.
Patrick decidió quedarse en el hotel, al menos por un tiempo y ni un instante dudó de que
quería conseguir otra oportunidad. Con el paso de las semanas se organizaron con las
visitas y también para seguir siendo buenos compañeros de trabajo. Cada mañana él se
levantaba con el miedo de encontrarse al llegar al trabajo la demanda de divorcio. Hasta
que un día pasó. En dos semanas sería la primera audiencia. Se puso tan triste que perdió
su natural petulancia, dejó de importarle parecer listo. Hablaba solo si le hablaban
primero y poco a poco se fue convirtiendo en el Jane desahuciado de tantos años atrás,
solo volvía a ser casi feliz cundo estaba con sus hijos.
Realmente la muerte de uno de los narcotraficantes que más perseguía el FBI y al que
nunca había podido atrapar no era algo para lamentar; y el que menos lo lamentaba era
Jane. A quien como siempre decía le interesaba más la justicia que la ley, y si era justicia
poética mucho mejor. Pero aun así debían investigar su asesinato. Y tal vez al hacerlo
descubrieran algo de su organización y lograran atrapar a algún cómplice.
Para descubrir al verdadero culpable por supuesto que Jane fiel a su estilo le echó la culpa
a alguien más. El hombre no tenía coartada, mejor dicho si la tenía pero no podía decirla
ya que había estado con una amante.
Una vez que tuvieron desenmascarado al verdadero asesino y lo estaban subiendo al auto
Jane dijo que había olvidado una cosa y volvió a entrar. Se encontró con el hombre, que
estaba tomando una copa aliviado de que su secreto estaba a salvo. Y le dijo que era muy
malo fingiendo.
‐Si amas a tu esposa ya deja eso‐le dijo‐ porque tarde o temprano lo sabrá y perderás a tu
familia tal como la conoces. Y te puedo asegurar que los extrañarás tanto que será
doloroso hasta respirar y solo desearás volver el tiempo atrás, cosa que es imposible. Yo
daría mi vida por volver a estar en mi casa con mi esposa y mis hijos.
Van Pelt y Lisbon habían vuelta atrás de él por miedo de que se metiera en problemas y
estaban detrás de la puerta justo para escucharlo. Cuando él la abrió para salir las
encontró y ellas pudieron ver sus ojos llorosos.
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Llegaron al FBI al mismo tiempo pero en autos separados. Lisbon con Cho, Wylie y el
detenido, y Jane con Rigsby y Van Pelt. Una vez en la oficina fue ella quien se acercó a su
sillón varias veces hasta decidirse a hablarle.
‐Jane.
‐Mmmm
‐Escúchame, eso que dijiste, que extrañabas a los niños…
‐En realidad dije que extrañaba a los niños y a ti, lo siento no sabía que estabas
escuchando.
‐Lo sé. Bueno yo…quería decirte, preguntarte en realidad si quieres ir hoy a la noche a
cenar con nosotros.
Los ojos, en realidad toda la cara de Jane se iluminó, su sonrisa fue monumental al
momento que se levantó de un salto. Era una sonrisa solo comparable a la que puso la vez
que ella le contó que estaba embarazada.
‐¿De verdad? ¿A la casa?‐Dijo como un niño chiquito al que le están prometiendo un
regalo.
‐Ay Patrick no es gran cosa, ¿quieres ir?
‐¿Tú que crees? Claro que sí! ¿A qué hora quieres que esté allí?
‐Podemos ir juntos así me ayudas a hacer unas compras, no sé qué voy a cocinar la
verdad.
‐¿Y si llevamos pizza?
‐Hoy es Jueves Jane!
‐Lo sé, solo un permitido. A los niños les encanta, a ti también. Así no trabajas, fue un día
largo. Podemos llevar helado también…
‐De acuerdo‐contestó ella fingiendo no estar completamente convencida.
Pero cuando dio la vuelta para volver a su escritorio estaba sonriendo, algo que él no pudo
ver pero supo, y que si pudo ver Wylie desde su lugar.
Las tres horas que faltaban para salir Patrick se las pasó haciendo ejercicios de control
mental por el miedo que tenía de que apareciera un caso urgente eso por suerte no pasó.
Cuando faltaban cinco minutos para las siete se paró en silencio junto al escritorio de ella,
otra vez con la expresión de un niño ansioso.
‐Ya vamos Jane, deja que apague mi computadora y vaya al baño por favor.
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‐Claro. ¿Te parece que vayamos en tu auto? Yo después pido un taxi para volver.
‐Si no hay problema, es más práctico. Contestó sin darle mucha importancia.
Luego tomó su bolso y se dirigió al tocador. Grace intercambió miradas con Wayne y la
siguió. Cuando Teresa salió para lavarse las manos la encontró justo al lado del espejo y
vio que la miraba fijamente.
‐¿Que pasa Grace? ¿Por qué me miras así?
‐Invitaste a Jane a cenar….
‐Sí, bueno a cenar con los niños. ¿Qué tiene? ¿Escuchaste que dijo cuanto los extraña,
verdad?
‐Los ve noche por medio y todos los fines de semana. Y en realidad dijo que extraña a la
familia y eso te incluye. Sin contar que tú y yo sabemos que tú también lo extrañas a él.
Que no quieres divorciarte y que estás pensando una excusa para faltar a esa audiencia.
Jane no pudo haberte sido infiel con esa mujer Teresa, sabes eso también.
‐Tal vez no, pero me mintió y fue con ella. Y no es solo eso.
‐¿Y qué más?
‐Yo lo extraño, y lo amo. Es un padre maravilloso y sé que me ama.
‐¿Pero…?
‐Pero cuando las cosas se ponen difíciles solo huye, desparece y nunca puedo contar con
él. Ni apoyarme cuando me siento débil.
‐Bueno tu siempre fuiste la más fuerte.
‐Lo sé.
‐Y así te enamoraste, lo aceptaste y fueron muy felices. Dale una oportunidad. Te ves
radiante cuando están juntos.
‐Lo pensaré.
‐No lo hagas, déjate llevar.
‐Hasta mañana Grace!
Salió del sanitario algo sonrojada, no solo por la conversación sino porque también estaba
ansiosa aunque haría lo imposible por disimularlo. Con las manifestaciones de él era más
que suficiente.
Bajaron del auto en la puerta de la pizzería. Jane abotonó su saco y la esperó
galantemente para al entrar ponerle la mano muy levemente en la parte baja de la
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espalda. Pidieron cuatro pizzas chicas de diferentes gustos, en realidad Lisbon pidió tres
según los gustos de Stefy, Oscar y Patrick ya que ella podía comer cualquiera sin
problemas, pero fue él quien agregó al pedido la favorita de ella, al hacerlo le dijo a la
muchacha que tomaba el pedido que esta por favor no estuviera muy dorada. Las
palabras exactas fueron "por favor la napolitana sin dorar mucho, a mi esposa no le gusta
demasiado crocante" Ella lo escuchó y se dio vuelta para mirarlo pero él fingió que fue un
acto fallido y se apresuró a pedir el helado.
Cuando salieron acomodaron las cosas en la parte trasera y entonces Lisbon estiró su
mano con las llaves y le preguntó si quería conducir porque estaba muy cansada. Mientras
él lo hacía llamó a Leslie para decirle que estaban en camino y que los mandara a bañarse
para que después no se acostaran tan tarde. Cuando ellos supieron que su padre iba
corrieron al baño sin hacer problemas, bueno en realidad los dos querían ser el primero a
diferencia de todos los días que era exactamente al revés.
Leslie se las arregló bien para mediar y consiguió que cuando Lisbon y Jane llegaron ya
estaban bañados y con los pijamas puestos. En cuanto se abrió la puerta ambos corrieron.
Teresa apenas logró agarrar las pizzas con su mano libre para que no las tiraran al piso
mientras se colgaban de los brazos de él.
Durante la cena solo se escuchaban risas. Hacía mucho tiempo que no comían los cuatro
juntos y todos lo disfrutaron por igual, y todos, sin decirlo, hicieron lo posible para que el
momento no terminara, pero Oscar comenzó a cabecear sobre su copa de helado y eso les
hizo darse cuenta de que eran casi las diez de la noche. Patrick lo tomó en brazos para
llevarlo a su habitación, entonces el niño le preguntó si le contaba una historia.
‐Claro que sí, una pequeña historia hombrecito.
Cuando Stefy escuchó esto pidió que le contara una a ella también. Entonces Teresa le dijo
que se lavara los dientes y fuera a la cama, que su padre lo haría en un rato.
Oscar apenas escuchó el comienzo de la suya y cayó rendido. Jane hasta lo lamentó. Besó
la cabeza de su hijo y salió para dirigirse al cuarto de la niña. Se encontró con Teresa
saliendo de él.
‐¿No te molesta verdad? No quiero incomodarte.
‐No, no te preocupes, cuéntale la historia, yo te pido un taxi mientras.
‐De acuerdo.
Jane comenzó la historia de una princesa que en lugar de ser salvada por el príncipe ella lo
salva a él pero aunque Stefy hacía un gran esfuerzo por mantener sus ojos abiertos, al
igual que su hermano no llegó a escuchar el final. Se quedó sentado a su lado, en silencio.
No quería irse. Solo quería arreglar las cosas. Solo quería recuperarlos y no soltarlos
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jamás. Entonces se prometió intentarlo, sin trucos, ni mentiras. Salió totalmente decidido.
Encontró a Teresa en la cocina tomando un café.
‐Está dormida. ¿No llegó el taxi verdad?
‐No, no lo llamé.
La cara de Jane se iluminó y al verlo ella no quiso que hubiera confusiones, así que dijo
rápidamente que había pensado que se quedara en la casa rodante y por la mañana lo
llevaba a la oficina después de dejar a Stefy en la escuela. Si él quería por supuesto.
Entonces pensó que era mejor estar allí, a unos pocos metros de ellos que en el hotel, y
aceptó.
‐Bueno, me voy a dormir entonces‐ dijo esperando que le dijera que mejor se quedara en
la casa.
Cuando estaba a punto de salir casi se le sale el corazón del pecho cuando escuchó que lo
llamaba. Pero solo quería darle las llaves para que pudiera entrar.
Hacía tanto tiempo que no entraba allí; la lata plateada tenía olor a encierro y bastante
polvo. En realidad quería a ese vehículo, había pasado en él momentos de soledad, de
duda y también momentos hermosos con Teresa cuando recién habían comenzado a estar
juntos. Él había podido ver como ella también le tomaba cariño y de las siete noches de la
semana cinco seguro terminaban durmiendo allí, juntos, abrazados, algo apretados y tan
felices. Hacía años él había dicho que tenía ganas de venderla ya que nunca la usaban,
pero fue ella quien no quiso. Dijo que en ella podrían escaparse con los niños al océano
algún que otro fin de semana. Así que la conservaron; y allí estaba otra vez, como cuando
había sido un gato sin hogar.
Estaba prometiéndose otra vez que arreglaría las cosas cuando un golpe en la puerta lo
sobresaltó. Era ella que le traía sábanas y mantas limpias, seguro que las que están tienen
polvo le dijo. Jane las agradeció con un simpático "¿quieres pasar?" Pero claro ella no
aceptó, dijo que estaba muy cansada, que solo necesitaba una ducha y dormir.
De todas formas no pudo hacerlo hasta la madrugada, dio vueltas y vueltas en su cama y
más de tres veces se asomó a la ventana desde donde podía ver que él continuaba con la
luz encendida.
Por la mañana tuvo más sueño que de costumbre pero era normal considerando lo que se
había desvelado. Tomó dos tazas de café antes de despertar a los niños. Primero levantó a
Oscar y con él en brazos fue al cuarto de Stefy donde la levantaron haciéndole cosquillas.
Cuando los dos estuvieron bien despabilados les dijo que tenía una sorpresa. Corrió a su
cuarto tomó su celular y llamó a Jane para preguntarle si quería desayunar con ellos. No
terminó de decir la palabra nosotros cuando él toco la puerta. Estaba impecable con su
traje, peinado, sonriente y fresco como una lechuga.
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‐Dios Jane ¿acaso estabas parado atrás de la puerta?
Jane pensó en decir quién sabe qué cosa pero recordó su auto promesa de NINGUNA
MENTIRA y contestó: Si. Un si casi vergonzoso, que causó tanta ternura en ella que la hizo
no querer repreguntar.
Si la cena había sido hermosa, el desayuno la opacó cómodamente. Los cuatro estaba
igual de felices y a diferencia de la noche, Teresa no trataba de disimularlo. Stefy contó
algunas cosa de la escuela y Oscar mostró las últimas habilidades que había adquirido para
decorar su plato de fruta. Cuando terminaron Teresa fue con Stefy a su cuarto para
peinarla por lo que fue Patrick quien abrió la puerta cuando Leslie llegó. Esta no pudo
ocultar su asombro al verlo y él rápidamente le dijo:
‐No, no he vuelto a la casa Les, no aun. A lo que ella respondió que ojalá eso fuera pronto.
Ojalá‐ repitió Jane en su cabeza.
Llegaron a la escuela y si bien Stefy siempre saludaba a su madre, bajaba sola del auto y
entraba, esta mañana pidió que su padre la acompañara hasta el umbral de la puerta.
Jane accedió sin un reparo, bajó del auto y la acompañó de la mano. Cuando le fue a dar el
beso de despedida la nena le dijo al oído
‐¿Volverás a casa papá?
Jane infló los cachetes e iba a contestar cuando la niña continuó
‐Mamá ya no está enojada, pregúntale si puedes volver, Si?
‐Hablaré con tu madre y decidiremos. ¿Está bien?
‐De acuerdo.
Beso‐beso y entró más feliz de lo normal.
Cuando volvió al auto tomó el cinturón de seguridad pero en lugar de abrocharlo lo soltó.,
tomó la mano de Teresa que estaba sobre el volante lo que hizo que volteara a mirarlo,
entonces la tomó del rostro y le dio un tímido beso en los labios. Se separó unos
centímetros esperando el reto, pero como no llegó se atrevió‐
‐Cenemos juntos hoy, tenemos que hablar.
‐Cenamos anoche Jane.
‐No solo tú y yo, en otro lugar, no en la casa.
‐¿Y los niños?
‐Leslie se puede quedar hoy.
‐¿Cómo sabes?
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‐Le pregunté.
‐¿Sin consultarme?
‐Le pregunté si podía. No le confirmé. Si aceptas cenar conmigo hay que llamarla y decirle.
Por favor di que sí. Tengo muchas cosas para decirte. Por favor, por favor, por favor di que
sí.
.Está bien cenemos. Dijo procurando verse algo distante y arrancó.
Durante ese día ambos se descubrieron mirándose más de una vez desde lejos. Ella tenía
intenciones de preguntarle donde cenarían pero a la hora del almuerzo él desapareció. Y
conociéndolo sabía que estaría haciendo los arreglos para la noche; algo que la
aterrorizaba porque sabía que si ideaba algún plan para seducirla no iba a poder resistirse
demasiado.
Por la tarde salieron juntos a un trabajo de campo, eran solo un par de entrevistas y
terminaron temprano. Mientras regresaban él le preguntó como quería hacer, si iba a ir a
la casa a cambiarse y si quería que la pasara a buscar.
‐No quiero que los niños se confundan y si tú vas lo van a hacer.
‐Bueno ¿vas a mentirles acaso? ¿Aunque yo no vaya no les dirás que saldremos juntos?
Y pensaba seguir argumentando hasta que lo detuvo.
‐De acuerdo, de acuerdo Patrick tienes razón. ¿Si? ¿A qué hora pasas?
‐¿A las nueve está bien?
‐Sí, estoy un rato con ellos, veo que cenen y se acuesten antes de salir. Solo quiero decirte
que no tengas demasiadas expectativas, yo, la verdad es que no estoy segura de…de nada.
Jane no pudo ocultar su dolor al oírla. Se daba cuenta de que no sería fácil, tal vez sería
mucho más difícil de lo que temía, pero todavía le quedaba confianza de que ella le diera
una última chance.
‐De acuerdo Teresa, solo dame la oportunidad de cenar contigo y escucharme.
Ella solo asintió y continuó conduciendo.
A las siete Lisbon se despidió de sus compañeros y salió de la oficina después de
intercambiar unas miradas con él que permaneció sentado en su sillón. Cuando el
ascensor llegó a la planta baja sonó su celular. Mensaje de Jane: "Serán las dos horas más
largas de mi vida. T A".
Al llegar a la casa lo primero que hizo fue preguntarle a Leslie si de verdad no tenía
problemas de quedarse, ya lo había hecho por teléfono pero en el fondo estaba buscando
una excusa para no salir, aunque cenar con él era lo que más quería en el mundo.
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Luego se sentó a la mesa con los niños y cuando le preguntaron por qué no comía les dijo
que saldría a cenar con su padre; ya estaba preparada para contestar las preguntas de
Stefy pero la niña no hizo ninguna lo que la dejó sorprendida y confundida. ¿Sería que
Jane había hablado con ella? ¿Sería que había un plan en el que él la había involucrado?
Pensó en indagar, pero también pensó que era muy delirante, además estaba segura de
que Jane jamás haría algo que causara falsas expectativas en la nena. La felicidad y
bienestar de ellos eran su límite. Cuando terminaron de cenar les dijo que iba a darse un
baño y que los acostaría antes de irse.
Hacía mucho tiempo que no se probaba tantos vestidos para salir; hasta hubiera deseado
haberse comprado alguno nuevo para la ocasión. Jane conocía toda su ropa y estaba
segura de que eligiera el que eligiera, él sabría exactamente cuándo lo había usado antes.
Entonces recordó sus halagos cuando la vio vestida para la boda de Cho. Se había quedado
mirándola varios segundos antes de reaccionar y le había dicho hasta el cansancio lo
hermosa que estaba. Arregló su cabello y se maquilló con esmero. Estuvo lista cuando
faltaban quince para las nueve. Fue a los cuartos de los niños para darles un beso y le dio
las últimas recomendaciones a Leslie. Las cuales eran innecesarias ya que no era la
primera noche que los cuidaba.
Jane por su parte había ido al hotel, donde estaba viviendo desde hacía meses, con la
esperanza de no tener que dormir ni una noche más allí. Se duchó, se afeitó y, a diferencia
de ella si tenía un traje y zapatos nuevos para ponerse, los había comprado a la hora del
almuerzo, entre otras varias cosas que había hecho.
Todavía no eran las ocho y media y ya estaba a cinco minutos de la cabaña, así que decidió
detenerse y hacer tiempo a fin de no parecer tan desesperado. Finalmente cuando
faltaban cinco para las nueve retomó su camino. Estacionó a las nueve y treinta segundos,
apagó el motor y esperó.
Lisbon lo vio por la ventana y tuvo ganas de salir corriendo cual adolescente pero se dijo a
si misma que tal vez había olvidado algo en el cuarto, una vez allí solo volvió a mirarse en
el espejo y salió.
Cuando Jane la vio contuvo aliento. El que hubiera elegido ese vestido lo llenó de
confianza.
Teresa subió al auto y dijo hola mientras se abrochaba el cinturón de seguridad, él seguía
mirándola maravillado, con una luminosa sonrisa, hola respondió y le dio un suave y hasta
casto beso en los labios, seguido de un "estas hermosa"
‐¿Y dónde vamos?‐dijo ella para no pensar en que hubiera deseado un beso no tan casto
precisamente.
‐Es una sorpresa. ¿Y los niños?
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‐Acostados, despiertos aun, están bien.
‐¿Les dijiste que cenaríamos juntos?
‐Siii, y lo extraño fue que nuestra hija no mostró sorpresa. Me pregunto si ya lo sabía.
‐Le dije que tú y yo hablaríamos, pero no le dije cuándo porque aún no te había invitado.
‐¿Cuando fue eso?
‐Esta mañana cuando llegamos a la escuela.
‐Bueno dime a dónde vamos. ¿Si?
‐Sorpresa mujer! Confía en mí.
‐Eso da miedo Jane.
Contestó con una gran sonrisa y ojos muy abiertos. Solo era broma. Igual los dos sabían
que esa noche iría con él hasta el fin del mundo. El problema era que ninguno de los dos
sabía si querría quedarse allí.
Llegaron a los cuarenta minutos a un hermoso restaurante; estaba prácticamente vacío.
Patrick había reservado una mesa en el centro del salón, hasta las servilletas eran del color
favorito de ella. ¿Sería casualidad? Teresa miró a su alrededor y se preguntó si él habría
hecho cerrar el lugar solo para ellos. Ni bien se sentaron se acercó una mesera que les
sirvió una copa de vino.
‐¿Brindamos?‐ dijo Patrick tratando de disimular que estaba nervioso
‐Bueno. ¿Por qué quieres brindar?
‐Quiero brindar por el momento que te miré por primera vez. Y por el día que me
desperté y fuiste tú mi primer pensamiento.
‐¿Y eso cuando fue?
‐Mmmm hace muchos años, cuando estábamos en el BCI. Desperté en ese horrible hotel y
pensar en verte a ti era suficiente para que quisiera levantarme. Lamento haber tardado
tanto tiempo en reconocerlo. Y también lamento…
‐Espera, Patrick…yo…
‐No por favor quiero seguir. Lamento haberte fallado. Yo sé que no cumplí mi palabra, a
veces pareciera que tengo que poner las cosas a prueba. Pero nuestra familia es lo único
que me importa y tú eres la mujer que amo y más he amado en mi vida. Tenía tanto
miedo de perder lo que tenemos y sufrir que quise boicotearlo yo. Es estúpido, pero es la
verdad.
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Los ojos de Teresa brillaban tanto que si no dejaba que las lágrimas cayeran ya no vería ni
su mano. Chocaron las copas y él le pasó un pañuelo que sacó de su bolsillo.
‐Yo también te amo Patrick, eso no está en discusión…yo…
Fue interrumpida por la camarera que les trajo la comida, el menú ya estaba elegido y por
supuesto era la comida favorita de ella.
‐Entonces comamos y disfrutemos de esta noche. Y solo quiero decirte que te amo, voy a
repetírtelo muchas veces hoy y voy a modificar todas mis estúpidas actitudes, y haré lo
que sea por volver a estar contigo.
Teresa hizo una triste sonrisa, pero vio los ojos esperanzados de él y decidió rendirse a
disfrutar la noche.
El postre tampoco fue una sorpresa. Sin dudas él era encantador y era tan lindo. Logró que
olvidara todos los pensamientos perturbadores y la hizo reír tantas veces, también
aprovechó y le tomó las manos en varias ocasiones. Produciendo en ella la misma
sensación de cuando la besó por primera vez.
Después del postre llegó la botella de champagne y el brindis otra vez.
‐¿Y ahora por qué quieres brindar?
‐Te toca a ti.
‐Por los niños. Lo mejor que hemos hecho juntos.
‐Por los niños.
Chocaron las copas y en ese momento comenzó a sonar More Than Words.
‐No. No es cierto! ¿Esto no es una casualidad verdad?
‐Mmmm tal vez no. ¿Quieres bailar?
‐Nadie baila Patrick.
‐No hay nadie más.
‐¿Entonces hiciste cerrar el lugar?
Como respuesta Jane se paró, abrochó su saco y extendió su mano hacia ella. Teresa
sacudió la cabeza y mordió su labio inferior sin dejar de sonreír mientras aceptaba la
mano y también se ponía de pie. Acoplarse para bailar juntos era tan sencillo y natural. Y,
como aquella primera vez no tardó en apoyar la cabeza en su hombro y cerrar los ojos.
‐Espero que esta vez no estés pensando en el muchacho que te gustaba en la
preparatoria.
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‐Aquella vez tampoco pensé en él.
‐De verdad?
‐Tú sabías que estaba pensando en ti.
‐Si lo hubiera sabido con certeza hubiera hecho lo que tenía ganas de hacer.
‐¿Y qué era eso?
Entonces dejó de moverse el tiempo suficiente para que ella levantara la cabeza para
verlo a los ojos y le dio un beso, que sabía a primero. Mientras la besaba volvieron a
retomar el ritmo de la canción y estuvieron así hasta que la música acabó. Cuando se
dieron cuenta de que hacía varios segundo de que se movían sin ella interrumpieron el
beso sin separarse demasiado y ella le preguntó por qué no lo había hecho aquella noche.
‐No quería recibir un puñetazo en la nariz.
‐Ay Jane a veces no eres tan bueno leyendo a las personas‐ dijo al poner de nuevo la
cabeza en su hombro.
Entonces dibujó una sonrisa mezcla de soberbia y satisfacción, que ella no pudo ver pero
supo de ella y sonrió también sin abrir los ojos.
Jane apretó su agarre y le dio algunos besos en el hombro y en el cuello para notar como a
ella se le erizaba la piel. Ninguno quería ser el primero en separarse, hasta que la tomó de
los hombros moviéndola ligeramente para atrás para comenzar a besarla. Un beso tan
dulce como apasionado. Un beso que quisieron alargar el mayor tiempo posible. Un beso
que indefectiblemente pedía más. Se separaron un instante solo para verse a los ojos.
Entonces Patrick le dijo que tenía un cuarto reservado arriba.
‐¿Estás viviendo aquí ahora?
‐No, este es para nosotros.
No tuvo que contestar nada, le tomó la mano y se dirigieron a la escalera.
El cuarto era hermoso, aunque eso no importaba, hacía meses que no estaban juntos,
meses que se extrañaban tanto. Para empezar Jane nunca había querido separarse
realmente, ni cuando le dio el ultimátum. Ella en cambio sí, había estado muy enojada y
triste pero eso ya era pasado y el amor estaba intacto. Tal vez hasta lo amara ahora más
sin embargo había algo que no podía ocultar más. La piedra en el zapato que por más que
se amaran no podía soportar. Pero esa noche no quiso pensar y solo se dejó llevar.
Fue como hacer el amor por primera vez. Jane era el equilibrio perfecto entre gentil y
apasionado, la hacía sentir hermosa, segura, se ocupaba de decirle cuanto la amaba y
demostrarle cuanto la deseaba. Después se metieron juntos en la bañera donde no
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hicieron más que besarse como para ponerse al día por todo el tiempo que no se habían
besado. Para volver a la cama y dormirse abrazados, eligiendo no hablar esa noche.
Fue grandioso despertarse otra vez entro sus brazos y sus piernas, con la cara apoyada en
su pecho; casi creyó que era un sueño hasta que levantó la cabeza y se encontró con los
hermosos ojos de él mirándola con devoción.
‐Buen día! ¿Cuánto hace que me estás mirando?
Jane se estiró para mirar su celular y contestó:
‐ Cincuenta y ocho minutos.
‐¿En serio?
‐Si extrañaba mucho despertarme contigo.
‐Yo también extraño despertarme contigo.
‐Quiero volver a la casa.
‐No, no, noooo.
Teresa ejerció toda su fuerza para soltarse y levantarse de la cama aunque solo tenía la
mitad de la ropa interior, corrió al baño y se puso una bata que había allí.
Jane esperó unos segundos, estaba realmente confundido, era obvio que algo se le estaba
escapando. Teresa era una mujer simple y transparente, sin embargo él no estaba viendo
algo. Se levantó y fue tras ella, golpeó la puerta pero no hubo respuesta. Entonces le dijo
que iba a entrar. La encontró sentada en el inodoro, con las rodillas levantadas hasta los
hombros y llorando. Se arrodilló delante de ella y le preguntó que estaba pasando. Teresa
solo sacudía la cabeza y no dejaba de llorar.
‐¿Perdóname si? Yo pensé que estábamos bien, que anoche...Bueno dijiste que me
amabas todavía, y yo, yo te amo ya lo sabes…
‐Anoche no cambió nada Jane, yo te amaba también cuando nos separamos, no es eso.
‐No dormí con Érica.
Pero pudo ver como la mirada de ella se oscureció al oírlo y rectificó.
‐De acuerdo, dormí con ella, NO tuve sexo con ella.
‐Porque los drogaron.
‐NOOOO. No lo sé.
‐Igual eso no me importa, no es lo que me separa de ti.
‐¿Y qué es?
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‐No importa.
‐Sí importa, lo quiero arreglar.
‐No, no importa, no podrías hacerlo.
‐Si puedo, por ti puedo todo, por lo menos dame la oportunidad de intentarlo.
Teresa volvió a la habitación y se sentó en la cama. Permaneció unos minutos así hasta
que volvió por él. Jane continuaba arrodillado en el piso aun llorando como un niño. Era
raro verlo así y le estrujaba el corazón pero no podía volver con él si al menor problema
iba a volver a huir de ella. Nunca se había dado cuenta de cuanto eso la lastimaba hasta la
última vez, en que su actitud lo había llevado ni más ni menos a los brazos de otra mujer y
casi a la cárcel o a la pena de muerte. Pero no podía decírselo así. No podía. Él debía darse
cuenta. Le acarició el pelo, se agachó a su lado y le dijo:
‐Escúchame, intentemos, pero de apoco. ¿Si? Sin volver a la casa por ahora. No quiero
ilusionar a los niños. Si no resulta volverían a sufrir.
‐¿Quieres que seamos novios?
‐Algo así. No voy a decirte que debe cambiar…eso…
‐De acuerdo, lo voy a descubrir, lo haré, lo prometo, quiero que seas feliz.
Se dieron un beso que sabía a sal y esperanza. Entonces Jane recuperó su tono y su color
para preguntar qué pasaría con la audiencia que tenían en pocos días.
‐Grace necesita que la acompañe a un control médico, no iba a poder presentarme.
‐Ohh. Y si salimos juntos, ¿tendré que decir mi novia o mi esposa?
‐Depende se lo estés diciendo a un hombre o una mujer…Para ellas soy tu esposa así no
albergan esperanzas.
Desayunaron sentados en la cama. Lisbon llamó a Leslie, los niños habían pasado bien la
noche y aun dormían.
Si bien estaba aliviado de que al menos tenía una oportunidad le preocupaba no darse
cuenta de que era lo que estaba mal. No era lo de Érica, no era falta de amor. Como le dijo
el día que le pidió matrimonio podía ser un misterio para él. Estaba decidido, descubriría
en que fallaba y lo solucionaría.
‐¿Te puedo llevar?‐ le preguntó casi con timidez cuando ella salió del baño otra vez con
ese vestido que le gustaba tanto, y antes que le contestara agregó que podía aprovechar a
buscar a los chicos para pasear con ellos.
‐Está bien, van a estar felices, pero recuerda que…
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‐Ya sé. No les diré que tengo novia.
‐Muy bien.
Tomó un baño rápido y salieron. Antes de llegar estacionó al costado de la carretera y
desabrochó su cinturón.
‐Solo quiero despedirme de mi novia antes de buscar a mis hijos.
Le dio un beso, se lo volvió a abrochar y siguió camino. Cuando llegaron Stefy y Oscar
estaban desayunando. Jane entró derecho a abrazarlos y les preguntó si querían pasar el
día en el parque acuático. Siiiii gritaron los dos al mismo tiempo. La niña fue hasta su
madre y le preguntó si también iría.
‐No amor, yo no iré, es un día con papá.
Teresa aprovechó para acomodar unas cosas que quería, relajarse y pensar. Después del
almuerzo llamó a Grace para invitarla a ir de compras, algo que definitivamente no le
gustaba hacer. Compraron cosas para los niños y luego se sentaron en el centro comercial
a tomar un café. Entonces Grace fue directamente al grano.
‐Y bien, ¿cómo te fue anoche con Jane?
‐¿Cómo sabes que salí con Jane?
‐Salió corriendo cinco minutos después de que saliste tú. Se lo veía muy nervioso y
también feliz. Además de que nos conocemos hace más de quince años y tú te ves
radiante hoy aun haciendo compras cuando lo detestas.
‐No lo detesto, simplemente no me gusta, pero quería charlar contigo.
‐Dime como te fue!
‐Estuvo mmm, perfecto.
‐Que bien!
‐Fuimos a cenar, reservó un lugar solo para nosotros y pasamos la noche en un hotel
hermoso.
‐Volvieron!
‐No.
‐¿No? ¿No pasó nada?
‐Si pasó Grace, no sabes cuánto lo extrañaba.
‐¿Volvieron o no? Me estas confundiendo.
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‐Estamos de novios. Me pidió volver a la casa y le dije que no. Se puso tan mal, creo que le
rompí el corazón. Así que le dije que fuéramos despacio y bueno, eso, estamos de novios.
‐Ahhh ¿y por qué eso? ¿No lo pasaste bien ayer?
‐Si fue perfecto, y si, entes de que me preguntes, lo amo con toda mi alma. ¿Cómo no?
Fue tan dulce y…
‐¿Y por qué no quieres que vuelva a la casa?
‐Porque no va a cambiar Grace, ya te dije, él es maravilloso hasta que algo malo pasa,
entonces se va, trata de escapar, me deja sola, siempre fue así, simplemente se preserva y
huye. Cree que así el problema va a desaparecer pero en realidad me deja en él y yo me
siento perdida y si o si tengo que seguir adelante Y después estar lista y bien cuando él
decide volver. Yo necesito que me apoye, que esté allí para mi pase lo que pase; que
siempre esté para sus hijos aunque todo vaya mal, aunque tenga miedo. ¿Lo entiendes?
‐Claro que sí. ¿En las buenas y en las malas no? Así debe ser siempre. Pero tú sabes que
él…
‐Ya sé Grace, sé lo que perdió, sé lo que sufrió y lo comprendo. Pero yo no puedo resistir
más. Ahora todo es lindo, pero en algo pase sé que se irá.
‐Tal vez cambie. Dale tiempo. No va a querer perderte.
‐Tal vez. Si solo que despacio.
‐¿Brindamos?
‐¿Con café?
‐¿Por qué no?
Siguieron comprando hasta que le llegó un mensaje de Jane, era un video, estaban los tres
en el agua, Oscar con los flotadores como corresponde, y Stefy diciendo "te extrañamos
mami" y tirando besos. Después Patrick se enfocaba a sí mismo y decía "yo también te
extraño" giñando un ojo. Teresa sonrió al verlo pero en sus ojos también había nostalgia
‐Creo que será un noviazgo corto‐ concluyó Grace ampliamente risueña.
El siguiente mes fue maravilloso. Jane iba varias veces por semana a ver a los niños y
comían juntos, aunque nunca se besaban o eran demasiado afectuosos entre si delante de
ellos. Una vez a la semana salían solos los dos, más alguna escapadita cuando el trabajo se
los permitía. Jane era extremadamente dulce, caballero, atento y hasta protector. Como
una tarde en que un sospechoso para resistirse corrió con fuerza a Lisbon. Él sabía
perfectamente que ella podía vencerlo pero aun así no resistió el impulso de empujarlo y
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pegarle una trompada que lo tiró al piso. Ella había quedado tan sorprendida que le tomó
varios segundos tomar al hombre y esposarlo.
Una vez en las oficinas del FBI mientras Wylie le llevaba hielo para que se pusiera en la
nariz y pudieran interrogarlo, Jane asumiendo que ella estaría molesta le pidió disculpas
por haberse extralimitado y terminó boquiabierto cuando la escuchó.
‐No estoy enojada Jane, gracias por defenderme,
Y mucho más porque le dio un beso cuando terminó de decirlo.
Para ese tiempo ya todos se habían dado cuenta del acercamiento entre ellos y tenían
distintas opiniones de cuánto tiempo pasaría hasta que la reconciliación fuera total. Todo
hermoso hasta esa horrible mañana de otoño que estaba por llegar.
El día se había presentado raro, Lisbon rompió su taza de café en un movimiento más que
torpe, luego se le rompió el cierre de una de sus botas preferidas y también se le complicó
la trenza cocida que Stefy quiso que le hiciera. Con todo eso la terminó llevando tarde a la
escuela.
Llegó a la oficina de un humor terrible, algo que Jane pudo notar en cuanto la vio salir del
ascensor y por eso se apresuró a ir a la cocina para prepararle una taza extra grande de la
bebida milagrosa. Después de la tercera ya había recuperado el ánimo habitual y decidió
continuar el trabajo que había iniciado la noche anterior, revisando imágenes de las
cámaras de seguridad de un recinto donde habían asesinado a un diplomático. El fiscal
estaba presionando para resolver el caso, llamaba varias veces al día a Mayra, y era lógico,
podía ser un conflicto internacional.
En eso estaba cuando su celular sonó. Era Leslie que lloraba desesperada del otro lado de
la línea. Oscar se había caído y estaba inconsciente; lo estaba llevando al hospital y tenía
que cortar para conducir.
Patrick estaba en ese momento con Cho en la oficina y no pudo ver lo que pasó pero los
gritos de ella lo hicieron salir corriendo. Cuando llegó vio que Grace trataba de abrazarla
mientras ella estaba en un ataque de nervios, estaban todos a su alrededor pero ninguno
entendía nada. Se acercó hasta que ella lo vio, entonces zafó de Grace corrió hasta él y lo
abrazó. La apretó muy fuerte sin saber pero la angustia se iba apoderando también de él
hasta que la escuchó.
‐Oscar se cayó, no despierta, Leslie lo lleva al hospital.
Todos se miraron y Wylie fue el primero en reaccionar. –
‐Los llevo‐ dijo‐ no pueden conducir así.
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Fueron juntos en el asiento trasero, ambos llorando de angustia mientras Wylie conducía
en silencio procurando no verlos por el espejo para no llorar también. Cho llamó a Mayra
para avisarle mientras también iba al hospital con Rigsby y Van Pelt.
Bajaron del auto casi antes de que frenara totalmente y corrieron a la guardia. Leslie no
estaba allí y no sabían de Oscar en recepción. Jane sacó su celular para llamarla cuando
ven llegar el auto de ella, entonces tira el aparto al suelo y corre, abre la puerta trasera y
ve al niño envuelto con una frazada y atado con el cinturón de seguridad. Lo saca y corre
con él en brazos, una vez que lo puso en la camilla los hacen salir de la sala. Para ese
momento todos habían llegado. Leslie, que seguía llorando desconsoladamente, les contó
que Oscar estaba jugando en su cuarto, ella fue a poner la ropa para lavar y escuchó un
ruido, cuando lo fue a ver estaba el armario abierto y él en el suelo, evidentemente se
había trepado para agarrar algo del estante de arriba y al caer se golpeó la cabeza.
Una hora después nadie salía a hablar con ellos. Mientras Teresa se aferraba a su cruz y no
dejaba de rezar Patrick la abrazaba en silencio y con la mirada perdida. Por fin Grace se
acercó y les recordó que era la hora de retirar a Stefy del colegio, entonces Cho dijo que se
encargaría. Llevó a Leslie con él y las dejaría a ambas en la cabaña.
Otra eterna hora hasta que salió una doctora. Oscar tenía un fuerte traumatismo,
inflamación y la tomografía mostraba que había sufrido una pequeña hemorragia. Tenían
dos opciones. Podían medicarlo para que la sangre se reabsorbiera y esperar que la
inflamación disminuya con el paso de las horas o los días, pero no sabían cuáles serían las
secuelas, o practicarle una cirugía para descomprimir, que tal vez lograra una
recuperación más rápida pero el riesgo de la misma era alto. Las dos opciones eran viables
y ellos debían tomar la decisión por eso les daban toda la información. Les dijo también
que el cirujano quería hablar con ellos para evacuar todas las dudas, y en caso de que
optaran por la cirugía debían firmar la autorización.
Entraron de la mano al consultorio, el médico era parco y distante pero muy claro para
hablar de cómo sería el procedimiento y bien predispuesto a contestar preguntas. Sobre el
escritorio estaban los papeles.
La respiración de Jane comenzó a cambiar, soltó la mano de Teresa ya que la suya
temblaba, y se podía ver como empezaba a sudar. De repente se levantó, pidió disculpas y
salió ante el asombro del médico. Teresa lo llamó antes de que cerrara la puerta pero la
ignoró.
En el pasillo se cruzó con Grace y Wayne que le preguntaron qué había pasado e
inmediatamente se dieron cuenta de que no estaba bien. Solo repetía que se tenía que ir y
se dirigió a la puerta de salida.
Entonces Grace fue la primera en correrlo
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‐¿Te vas a ir?‐gritó sin importarle donde estaba. Rigsby que venía atrás trató de calmarla
pero no lo logró.
‐Contéstame Jane. ¿Te vas a ir?
‐Necesito, solo salir un momento.
‐Por supuesto! Te vas! Como siempre haces. ¿La dejas sola otra vez verdad? Cuando algo
se complica que ella enfrente la situación, arregle el problema y luego, cuando ya está
todo bien vuelves…apareces pidiendo otra oportunidad ¿no es cierto?
‐Grace por favor cálmate‐ volvió a intentar Wayne, pero lo ignoró y redobló la apuesta
‐Está bien Jane sal corriendo pero esta vez ya no deberías volver, deberías dejarla para
siempre y que encuentre a un hombre que la valore y este para ella cuando lo necesite.
‐Tú no entiendes nada Grace.
‐¿YO NO ENTIENDO?‐Esto último lo escuchó todo el piso‐ ¿De verdad crees que yo no
entiendo? Ella fue incondicional para ti siempre, ella perdió todo por ti, siempre te eligió,
y tú, tú solo te dedicaste a recibir. Solo reaccionaste cuando te diste cuenta que la ya no la
tendrías en tu vida, y luego la volviste a dejar sola con la niña y el bebé en su panza,
¿Recuerdas? Y te perdonó, te fue a buscar, y así es, y así será siempre, porque el pobre
Patrick Jane tuvo una pérdida terrible, porque por su culpa mataron a su familia, entonces
hay que comprenderlo, entonces hay que entender que se volvió un maldito cobarde
egoísta que se aprovecha de que su mujer lo ama. Y además ¿ella es fuerte verdad?
¿Piensas que nunca tuvo miedo? ¿Sabes las veces que la vi llorar cuando embarazada de
Oscar iba al médico? ¿Sabes lo que fue su parto a solo minutos de matar a un hombre?
¿Sabes cómo se sintió tratando de esclarecer el homicidio de Érica Flyn para salvarte a
pesar de que estaba muerta de celos? ¿Sabes el miedo que tuvo cuando estaba sola con
Stefy y Pike casi la mata? No, no lo sabes porque no estabas ahí. ¿Y sabes qué? Mejor vete
Jane, esta familia es demasiado para ti.
Jane llegó a la vereda y se detuvo. Repasó todo lo que Grace le dijo, todo era
absolutamente cierto; y esa era la causa por la que Teresa no aceptaba que volviera a la
casa. Claro, ahora era muy obvio. Ella merecía a alguien mejor. O tal vez él pudiera ser
alguien mejor para ella. No podía decidir no sentir miedo. Podía tal vez con miedo y todo
podía enfrentar las cosas.
Aun con las manos y la cara sudorosas volvió a entrar. Cuando pasó por al lado de sus
amigos Grace quiso seguirlo pero Wayne la tomó del brazo para impedírselo.
Llegó a la puerta del consultorio y se detuvo, le temblaban las manos y las piernas
parecían empecinadas en no moverse sino era para salir corriendo. Cerró los ojos, respiró
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profundo y se imaginó estar allí dentro sintiendo lo mismo, sin posibilidad de escapar y
solo. Entró y se encontró con Teresa apoyada en los papeles, con la lapicera en la mano,
estaba sola, el médico le había dado un momento para que decidiera. Supo que era él aun
sin mirar.
‐No puedo Patrick, no puedo decidir, no sé qué es lo correcto.
Tomó los papeles y los leyó; luego se agachó a su lado y la miró a los ojos que estaban tan
húmedos como los de él. Le sacó la lapicera de la mano y los firmó.
‐Él va a estar bien‐dijo al tiempo que le daba un beso en la cabeza y abrazaba.
A los pocos minutos volvió el médico quien les dijo que la cirugía sería por la noche para
que tuviera las horas de ayuno necesarias. Mientras tanto podían estar con él.
Dos horas después Lisbon no quería ni pensar en moverse así que Jane salió para buscarle
un café. En el pasillo lo vio Grace y se acercó.
‐Escucha Jane‐le dijo en un tono muchísimo más amable que el de más temprano‐ yo
quiero pedirte disculpas, fui muy…
‐No, espera Grace‐contestó a media voz‐todo lo que dijiste es cierto, todo. Ella es mucho
para mí, la familia que me dio es mucho para mí. Yo no los merezco. Pero eso va a
cambiar. Gracias por ser su buena amiga.
Ella casi nunca lo llamaba por su nombre, era costumbre decirle Jane. Pero cuando lo
abrazó y le dijo "yo soy amiga de los dos Patrick" se sintió muy bien.
Como estar allí realmente no tenía sentido Grace y Wayne fueron hasta la cabaña a
recoger a Stefy y la llevaron a dormir a su casa, eso les daba a Lisbon y Jane más
tranquilidad.
Oscar entró al quirófano a las ocho de la noche; antes de que lo llevaran Lisbon hizo una
oración apretando su cruz. Oración que Jane acompañó cerrando los ojos y tomando la
mano de ambos. Definitivamente si había un Dios lo quería junto a su hijo esa noche.
Luego ambos besaron sus manitos. Y él se dio cuenta de que no haber estado allí en el
momento que nació lo hacía sentir más culpable de lo que creía "Aquí estaré siempre
muchachito" le dijo en el oído. Una vez que lo llevaron se sentaron uno al lado del otro y
Teresa comenzó a llorar desconsoladamente. Él nunca la había visto así, jamás con esa
desesperación y pensó que eso era justamente lo que había dicho Grace. Nunca la había
visto así porque nunca estuvo con ella en los momentos más difíciles. Entonces la abrazó
con todas sus fuerzas, y lloró también, pero con ella.
Ambos comenzaron a decir que Oscar estaría bien, era un niño sano y fuerte, iba a salir
bien.
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Cinco horas después les avisaron que la cirugía había terminado, le sacaron un pedazo de
hueso para descomprimir y también la sangre del hematoma que se veía en la tomografía.
Había que esperar que la inflamación disminuyera, por supuesto que el niño despertara
para ver si había secuelas y más adelante realizar otra cirugía para reemplazar el hueso del
cráneo; pero por ahora el procedimiento había sido exitoso. Iban bien.
Volvieron a llorar abrazados pero aliviados. Jane llamó a Rigsby quien dijo que les avisaría
a todos y que Stefy estaba dormida y bien; que ellos se concentraran en Oscar. Y así fue,
una vez que lo llevaron a la habitación, después de permanecer dos horas más en la sala
de recuperación, se sentaron a su lado.
Jane fue hasta la cafetería y compro un gran sándwich y una bebida con sales de
rehidratación y se la llevó a ella ya que no aceptaría moverse de ahí. Pero tuvo que acabar
ambas cosas porque si no él no iba a dejar de mirarla fijamente.
‐Gracias por cuidarme‐dijo cuándo tragó el último bocado.
‐Prometí cuidarte siempre. Perdón por no cumplir esa promesa. Eso cambiará a partir de
hoy.
Doce horas después comenzaron a bajarle los sedantes, no podían hacerlo totalmente
pero poco a poco comenzó a moverse y reaccionaba según lo esperado. Se turnaron para
bañarse y cambiarse en la casa de Rigsby y Van Pelt que les quedaba mucho más cerca.
Stefy también permanecía allí; le habían contado del accidente de su hermano y que
estaba en el hospital. Por la mañana la llevaban a la escuela y por la tarde estaba con los
niños y la señora Smith. Estaba entre inquieta y enojada pero ver ese ratito a los padres
ayudaba.
Una semana después Oscar hablaba, veía y hasta andaba por la habitación, y no habría
signos visibles de su accidente de no ser por el vendaje en su cabeza y que tenía cierta
debilidad en sus extremidades del lado derecho, algo de lo que se recuperaría con terapia
física. Estaba entusiasmado porque le habían dicho que al salir debería usar un casco por
algún tiempo, hasta que repusieran su hueso. Decía que iba a ser un superhéroe.
Por fin la noticia esperada. El médico les dijo que al mediodía del día siguiente podrían
llevarlo a la casa. Se abrazaron de la felicidad en el pasillo, en realidad casi saltan.
Entonces Teresa le dijo que en un rato llegarían Grace con Stefy y que también Wylie
había llamado para decir que vendría de visita, así que él podía aprovechar para ir hasta el
hotel a buscar sus cosas y llevarlas a la cabaña, y, sí al día siguiente cuando llevaran a
Oscar ya estaría la familia completa en casa.
‐¿Me estás diciendo que vuelva a la casa?!
‐Eso dije, no quiero que nos separemos nunca más.
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‐Jamás. Jamás volveré a defraudarte ni a hacerte sufrir. Lo juro.
‐De acuerdo. Llamaré a Leslie para que prepare todo para mañana.
‐Muy bien. Cuando llegue Grace me voy entonces, ¿Queda muy mal que te bese en el
corredor?
‐No lo creo.
‐Antes quiero preguntarte algo.
‐¿Qué?
‐¿Entonces ya no somos novios?
‐No Jane vuelves a ser un hombre totalmente casado.
‐Bueno, lo lamentarán algunas enfermeras, pero bueno.
‐Eres un idiota.‐dijo ella antes de ser la que comenzara el beso.
Y en eso estaban cuando Grace llegó con Stefy de la mano y por supuesto los vieron. La
niña corrió y los abrazó a ambos sin decir una palabra, ellos se dieron vuelta y la abrazaron
también, listos para contestar preguntas que ella no hizo. En cambio entró corriendo a la
habitación para ver a su hermano y Teresa corrió atrás por miedo de que lo aplaste para
despertarlo.
Jane se dirigió a Grace para decirle que salía por unas horas y lo que iba a hacer. Le dio un
beso en la mejilla y se despidió, pero antes de llegar a las escaleras volvió sobre sus pasos.
‐Gracias Grace.
‐De nada, Stefy es mi ahijada, me encanta cuidarla.
‐No por eso. Gracias por decirme lo que merecía y necesitaba escuchar. Normalmente soy
yo el que anda tirando verdades en la cara de la gente. Fue bueno estar del otro lado.
‐De nada Jane. Sabes que soy tu amiga.
Cuando entró a la habitación se encontró con Teresa sentada en el sillón viendo
embelesada como sus hijos miraban juntos una película, ambos en la cama, tomados de la
mano
‐Ya me contó las novedades Jane!
‐Bueno tú haces meses me dices que debo darle una oportunidad, y fue tan compañero
todos estos días! Yo creí que iba a desaparecer. Pero no se fue. Tal vez pueda cambiar.
¿No crees?
‐Claro que sí. Tal vez se dio cuenta que es más doloroso estar lejos de ustedes.
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Jane por su parte llegó al hotel, pagó la cuenta y juntó sus cosas en tiempo record. Luego
pasó a hacer unas compras y llegó a la cabaña para encontrarse con Leslie que estaba
haciendo una limpieza general. Teresa la había llamado así que también tenía todo
preparado para que se tomara un té. Leslie aún se sentía muy culpable por lo que había
pasado pero Jane le dijo que había sido un accidente, que nadie tenía la culpa y que ella
había actuado muy rápido para que puedan atenderlo. Tomó su té y rápidamente volvió al
hospital.
Los niños estaban armando un rompecabezas cuando llegó; era asombroso ver como
Stefy no estaba tratando de ganarle al hermano, evidentemente lo había extrañado. Fue
difícil convencerla de que se fuera con Grace de buena gana, ella era feliz en la casa de sus
padrinos pero ya extrañaba la suya. La promesa de que solo faltaba una noche terminó
animándola. Pero lo que la puso realmente feliz fue que le dijeron que Jane se quedaría
con ellos; "y no voy a mudarme nunca más" agregó él con convicción. Finalmente se fue
contenta de la mano de Grace, ansiosa de contarles a todos tremenda novedad.
La última noche internado Oscar durmió de corrido y ellos se sentaron abrazados en el
sillón a su lado solo para mirarlo. Entonces Jane besó la cabeza de Teresa y comenzó a
hablar.
‐Gracias por dejarme volver, muchas gracias. Será la última vez que deba pedirte una
oportunidad.
‐No es una oportunidad Patrick. No funciona así. Te amo, quiero estar contigo, siempre
quise. Solo que…
‐Solo que a veces yo no quise estar contigo.
‐Si.
‐No quise cada vez que las cosas se pusieron difíciles. Es que nunca pensé la carga que
estaba dejándote. Nunca me puse en tu lugar, nunca pensé en que tú no podías escapar
igual que yo. Cuando Grace me dijo todas juntas las veces que te fallé, yo…simplemente
tomé conciencia de eso, yo…
.Que Grace te dijo que?
‐Me dijo todas las veces que te dejé sola y me perdonaste.
‐¿Cuándo te lo dijo?
‐¿No te contó?
‐NOO.
‐El día del accidente, cuando salí del consultorio dejándote sola una vez más.
92
‐¿Por eso volviste?
‐No volví porque me lo dijo. Sino que gracias a que me lo dijo lo pude ver. Sentí vergüenza
por haber sido tan cobarde y me dolió saber que habías llorado tanto y no estuve ahí para
consolarte. O para llorar contigo.
‐Voy a matarla por no contarme.
‐No le digas. No te contó porque es buena amiga.
‐Si lo es. Y Patrick quiero decirte que contigo cerca todo es más fácil.
‐También para mí. Teresa quiero decirte algo más. La noche que fui a ver a Érica…
‐No Jane. No importa, ya pasó. Ya no importa de verdad. Lo superé.
‐Espera por favor, quiero que escuches esto. Después de que te dejé en la casa estaba
enojado. Creí que estaba enojado contigo por no renunciar, pero estaba enojado conmigo
en realidad. No me sentía tan hombre como para soportar el riesgo de que algo te pasara;
así como no lo fui para cuidar a Ángela y Charlotte.
‐Jane eso no fue…
‐Espera por favor, yo sé que no las maté. Se todo. Y lo entiendo, pero eso no cambia como
me siento al respecto. Pensé que si arruinaba las cosas sería menos doloroso que perderte
porque algo malo te pasara. Yo te lastimé para salir yo menos lastimado. La verdad es que
sabía que nunca me dejarías al menos que pensaras que yo quería estar con alguien más.
Tú ya estabas celosa de Érica. No sabía lo que iba a pasar claro está. Después me acusaron
y otra vez estabas allí, como siempre. A pesar de lo que te había hecho. Lamento no haber
estado a la altura todos estos años. Es imposible que te amé más de lo que te amo. Pero
voy a aprender a amarte mejor.
‐Patrick fuiste genial esta semana. Me hubiera derrumbado sin ti.
‐No lo hubieras hecho. Pero me gustó estar aquí para ti y para él esta vez ya que no estuve
cuando nació. Perdón por eso. Mil veces perdón por eso. No puedo jurarte que no voy a
hacerte enojar jamás, pero será estando contigo.
‐De acuerdo.
Se secaron las lágrimas mutuamente y se abrazaron fuerte para quedarse dormidos
también.
La mañana fue movida, los últimos chequeos, sacarle la vía, darles las indicaciones, las
pautas de alarma, y los días y horarios que deberían volver para los controles y terapias.
Sería un camino largo.
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Rigsby recogió a Stefy de la escuela y la llevó a la cabaña. Cuando llegaron se encontraron
con que Oscar estaba en su cuarto y Teresa estaba haciendo lo posible para que
permaneciera allí al menos por ese día. Jane cocinaba y fue quien recibió a su hija con un
fuerte abrazo.
‐¿Ya te vas a quedar papá?‐ Preguntó algo temerosa.
‐Claro que sí. Ya te dije que no me voy a mudar de casa nunca más.
Esa noche todos comieron en el cuarto del niño. Fue la única manera que encontraron
para que no se levantara de la cama.
Conseguir que ambos niños se durmieran fue toda una proeza. Jane fue con su hija a
contarle un cuento. Volvió a comenzar con la historia de la princesa que salvó al príncipe
pero esta vez sí llegó hasta el final del cuento. Y fue que luego de salvado unieron fuerzas
y lucharon juntos hasta liberar al reino del malvado ogro, y tuvieron muchos hijos,
hombres y mujeres que fueron tan valientes como ellos. Una vez que Stefanía durmió al
fin recorrió el pasillo para asomarse al cuarto de Oscar; Teresa estaba cantando una
canción y él estaba comenzando a cerrar sus ojitos, así que aprovechó para darse un baño.
Más tarde se enteraría que tuvo que cantar esa canción más de veinte veces.
Una hora después Teresa estaba entrando en su habitación. Hacía once días que no
dormía en una cama, el cansancio se notaba en su cara y en su postura. Pero en sus ojos
se notaba que no podía estar más feliz.
Se dio un baño de inmersión y cuando salió la esperaba un té relajante en su mesa de
noche y el ofrecimiento de su esposo de hacerle un masaje. Entre las dos cosas hicieron
maravillas pero antes de que el sueño terminara de vencerla Jane se apresuró a poner una
pequeña cajita en sus piernas. Ella la abrió y él sacó de ella un hermoso anillo de oro
blanco y se lo puso en el dedo anular de la mano derecha mientras decía: "Con este anillo
prometo que jamás volveré a dejarte sola pase lo que pase, porque contigo al lado todo
duele menos y porque una de las cosas que más me ha dolido en esta vida es estar lejos
de ti."
‐Contigo cerca también es todo más fácil para mí.
Se besaron hasta quedarse dormidos, bien abrazados y con mucho para agradecer.
Al día siguiente le permitieron Stefy faltar al colegio y le dieron el día libre a Leslie,
necesitaban un tiempo en familia. Solos los cuatro. A Oscar no parecía importarle la poca
movilidad de su pierna y su brazo, él estaba feliz con sus juguetes. A veces quería sacarse
el casco y hacía un pequeño berrinche, pero Jane encontraba la forma de conformarlo.
Pidieron una semana más de licencia los dos para poder organizarse.
Dos días después Jane se preparó para salir temprano, dijo que se ocuparía de llevar a la
nena a la escuela y después tenía algo que hacer.
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‐¿Te llamó Cho?‐Preguntó Teresa intrigada.
‐No.
‐¿Y a dónde vas?
‐Es una sorpresa‐contestó con una sonrisa pícara‐ una linda sorpresa lo prometo. –Y le dio
un beso. Lo prometo, lo prometo volvió a decir intercalando con más besos.
Casi al mediodía lo llamó para preguntarle si recogería a la niña o tenía que ir ella. Le
contestó que se encargaría y cortó la comunicación. Eso la puso muy nerviosa, era difícil
saber que podía estar tramando pero decidió confiar en que finalmente sería algo bueno.
Cuando llegaron la comida estaba lista. Él besó a Oscar que jugaba con unos bloques. Le
pidió a Stefy que fuera a lavarse las manos, luego la saludó a ella mucho más
apasionadamente de lo que la había saludado por la mañana y le dijo que después del
almuerzo le daría su sorpresa.
Comieron los cinco mientras Stefy contaba cómo había sorprendido a sus compañeros con
sus nuevos trucos de naipes. Sin dudas cada día se confirmaba más que esa niña había
heredado todas las habilidades de jane, algo que aterrorizaba a Lisbon y más aún cuando
él le decía que lo superaría ampliamente.
Después de comer le pidieron a Leslie que jugara un rato con los niños y ellos salieron a
sentarse a orillas del lago. Él le pidió que cerrara los ojos y le diera un momento. Corrió
hasta el auto y volvió con una carpeta en una mano y una flor en la otra.
‐Esto es para ti, y esto para nosotros.
Ella tomó la flor, le dio un beso y luego tomó la carpeta. Al abrirla vio la foto de una casa.
‐Son cuatro casas‐dijo él‐ todas en lindos barrios, cerca del hospital y de las oficinas del
FBI; para que no tengamos tanto tiempo de viaje y será más fácil llevar a Oscar a sus
terapias. La que tu elijas compraremos mañana.
‐¿Estuviste viendo casas?! Pero tú adoras esta cabaña.
‐Si. Y vamos a conservarla. Podemos venir en vacaciones, los fines de semana o cuando
tengamos ganas. Sé que extrañas vivir en la ciudad y que es agotador este viaje a diario.
‐Es verdad pero también soy feliz acá porque tú eres feliz.
‐Yo soy feliz donde estemos juntos.
‐¿Y puedo elegir yo? ¿No tienes alguna favorita?
‐No, me gustan las cuatro. Son amplias, tienen cuatro habitaciones cada una y están listas
para que nos mudemos sin hacer reformas, así que la que elijas estará bien.
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‐¿Y el precio?
‐ No hay demasiada diferencia, y además sabes que el dinero no es un problema.
Para tomar la decisión final Teresa quiso ver a dos personalmente y ya no tuvo dudas.
Hacer los papeles y preparar la mudanza no llevó más de diez días porque en realidad no
hubo mucho que mudar más que la ropa y cosas personales. No se llevaron ningún
mueble ni electrodoméstico ya que como Patrick había dicho, a la cabaña la seguirían
usando.
Una de las cosas que más le entusiasmaban a Stefy era que podría ir al colegio en micro.
Convencer a su padre implicó desplegar todas sus artimañas, aunque Teresa ayudó
bastante. A Oscar le gustaba que su habitación era más grande así que tenía más espacio
para seguir coleccionando superhéroes, algo para lo que Teresa también ayudó.
La rutina de todos fue más fácil en esa casa, menos tiempo de viaje en la mañana y en la
noche ayudó mucho, Y Leslie también estaba agradecida por eso.
Con el paso de los meses Oscar mejoró muchísimo, la mano y el brazo ya los manejaba a la
perfección y había que prestar mucha atención para detectar su leve renguera; de la cual
se iría recuperando con más terapia física.
A solo seis meses del accidente le habían hecho la cirugía para ponerle una placa que
reemplazó el hueso de su cráneo; por la que ya no debía usar el casco, aunque se había
acostumbrado tanto que aun los usaba para jugar.
Esa mañana comenzaba su preescolar y estaba especialmente emocionado, también Stefy
que comenzaba tercer grado. Mientras todos desayunaban en la cocina escucharon que
golpeaban la puerta. Teresa abrió y se encontró con un jovencito de unos nueve o diez
años, muy bien peinado y perfumado algo en exceso. Tenía un ramo de flores en la mano
y la saludó sumamente educado.
‐Buenos días Sra. Jane! Mi nombre es Ian Mccarthy, estaría el Sr. Jane? Me gustaría hablar
con ambos por favor. Ah, y estas flores son para usted.
Dijo y le entregó el ramo, Lisbon quedó muda y maravillada con ese niño tan formal.
‐Si Ian, está el Sr. Jane. ¿Quieres pasar?.
Lo condujo hasta la cocina y tanto para ella como par Jane fue imposible no notar el
sonrojo de Stefy al verlo entrar desde atrás del desayunador.
‐Patrick él es Ian y quiere hablar con nosotros‐Dijo al tiempo que lo miraba seriamente
para que no incomodara al pobre niño.
‐Muy bien‐dijo Patrick con tono algo severo‐ ¿de qué quieres hablar con la Sra. Jane y
conmigo?
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Bueno –contestó el niño pasando las manos por su saco intentando secar el sudor‐quería
yo... contarles que con su hija Stefania Jane Lisbon , nos estamos conociendo y quería
pedirles autorización para venir buscarla por las mañanas y acompañarla hasta el
transporte escolar, yo vivo a una calle de acá.
Teresa tomó un repasador para ocultar la risa que le daba la cara de su esposo.
‐El micro pasa por la puerta de nuestra casa en realidad‐contestó Jane mirando a su hija
de reojo.
‐Lo sé señor, la acompañaría de la puerta a la acera.
‐Bueno Lian…
‐Ian, señor.
‐Si perdón. Ian, supongo que es un tema que tendré que conversar con mi esposa y con mi
hija por supuesto y, en un tiempo…
‐Yo quiero papi‐ Dijo Stefy rápidamente. Lo que lo puso más serio. Mientras Teresa
disfrutaba mucho de la situación y agregó:
‐A mí me parece muy linda oferta.
‐Bueno‐ dijo Jane‐ supongo que las mujeres ya decidieron.
‐¿Y podríamos comenzar hoy? Dijo el nene ya en un rapto de valentía.
‐En realidad por ser el primer día pensaba acompañarla yo…
‐Tú puedes ir hasta la puerta papá.
‐De acuerdo. –dijo Jane casi triste‐¿Ya es hora verdad?
Teresa entonces le dijo a la niña que fuera a lavarse los dientes y a agarrar su mochila
mientras destacaba lo bonitas que estaban las flores y las ponía en agua.
Stefy apareció lista en tiempo record. Saludó a Oscar y le deseó suerte en su primer día
con una amabilidad que llamaba la atención. En la puerta besó a sus padres y aceptó el
brazo que le ofrecía Ian para caminar los diez metros hasta la acera y subir al micro que ya
estaba doblando la esquina.
Ni bien subieron Jane se volvió hacia Lisbon y dijo:
‐Fue mala idea mudarnos.
‐Fue tu idea, e igual lo hubiese conocido‐dijo ella riendo‐ Ay Jane no la pidió en
matrimonio! Son niños! Y se ven lindos juntos!
‐Crece muy rápido‐dijo él con satisfacción mezclada con pena‐Gracias a Dios.
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‐¿DIOS?
‐Algo debió ponerte en mi camino, ¿y no puedo llevarme todo ese crédito verdad?
‐No. Yo sé que ÉL te puso en el mío.
El inevitable beso que vino después fue interrumpido por un niño de ojos azules que
comenzó a impacientarse para ir a su primer día de preescolar sin considerar que tenía la
cara llena de dulce.
‐Mejor lavamos esa cara y nos vamos muchachito‐dijo Lisbon quien abandonó de mala
gana la boca de su esposo.
Entraron con Oscar y permanecieron con él mientras la maestra se presentaba y proponía
los primeros juegos. Algunos niños lloraban pero no él. Muy seguro fue a mezclarse con
sus compañeros y volteó para mirarlos solo dos veces. Algunos padres se desvivían por
tomar fotos o filmar el momento. Jane en cambio guardaba todo en su palacio de la
memoria, algo que lo acompañaría para siempre.
Esa tarde en la oficina los esperaban dos sorpresas. La primera una nota de
agradecimiento para Jane. Había terminado el juicio y habían puesto en libertad al ex
compañero de celda de Sullivan. Tal como lo había prometido Jane había vuelto a hablar
con él y luego de involucrarse pudo descubrir que el verdadero asesino había sido su tío
materno, con la única motivación de heredar la fortuna de su hermana. La nota en
resumen era un agradecimiento porque iba a poder terminar sus días en libertad, ni más
ni menos.
Lo segunda sorpresa fue el anuncio de Wylie que les contó que con Cindy habían puesto
fecha para la boda, que sería en quince días.
‐Pregunto: ¿y como regalo quieren algo para la casa y para el nuevo bebé? Dijo Jane casi
sin pensar que lo estaba diciendo en voz alta.
‐Patrick!‐gritó Lisbon antes de pedirle disculpas al joven agente que no podía estar
más colorado pero que tartamudeando llegó a contestar:
‐Como quieran‐ Para agregar ante Cho que lo miraba fijamente‐Igual ya teníamos
planeado casarnos.
Kimbal comenzó a reír y lo abrazó mientras le decía que Mayra ya se había dado cuenta.
‐Muy bien‐dijo Jane‐la gente se sigue casando y teniendo niños…
‐¿Escucho pena Jane? ¿Tú estás arrepentido quizás amor?
‐Claro que no. Casarme contigo fue lo mejor que he hecho en mi vida. Es más para
demostrártelo, hoy tengo una sorpresa para ti.
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‐¿Ah sí?
‐Si arreglé con los Rigsby que los niños pasen la tarde con ellos.
‐Jane hoy el lunes, mañana van a estar cansados.
‐No la noche, la tarde nada más. A las siete los iremos a buscar. Solo son un par de horas.
‐¿Y a dónde vamos?
‐A casa.
‐¿A casa?
‐Si. Ahí tengo la sorpresa. Y nos vamos ya.
Ni bien entraron Teresa comenzó a mirar para todos lados hasta que él dijo:
‐Bueno señora Jane somos solo usted y yo por un rato. Tengo algo que enseñarle en el
ático.
‐¿En serio? ¿Me vas a dejar entrar allí? Hace dos semanas que estas arreglándolo muy
misterioso.
‐Júrame que no espiaste!
‐No espié.
‐Teresaaa.
‐No espié, lo juro. Solo que la señora Olson me contó que desde su ventana pudo ver que
bajaban un sillón de un camión. Y, como no está en otro lado de la casa. Bueno, supongo
que está ahí.
Antes de llegar a la escalera le vendó los ojos con un pañuelo que traía en su bolsillo.
‐¿Quieres que suba a ciegas?
‐Si. De mi mano. ¿No confías en mí?
‐Claro que sí.
Cuando llegaron la condujo diciéndole que diera pasos pequeños. Una vez que llegaron al
lugar que quería le preguntó si estaba lista y le sacó la venda.
El lugar estaba impecable, era un pequeño nidito de amor. Había flores en un jarrón que
estaba sobre una pequeña mesa y a su lado un sofá. Mejor dicho, Él sofá. El sofá rojo que
había desaparecido de la oficina de Lisbon en el CBI hacía tantos años.
‐¿Ese es mi sofá?
‐El mismo.
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‐¿Dónde estaba?
‐Estuvo en una bodega.
‐¿Pagaste una bodega para guardarlo todos estos años?
‐Bueno es que tenía muchas fantasías contigo en él; y, cuando creí que tal vez un día ya no
estaría tan roto como para querer concretarlas decidí guardarlo hasta que ese día llegara.
‐Jane hace diez años que estamos casados. ¿Recién ahora es el día?
‐No, Pero en la cabaña no había lugar donde ponerlo.
‐Igual espera un momento. ¿Desde cuando tienes fantasías conmigo?
‐¿Recuerdas cuando te abracé por primera vez?
‐Estás mintiendo.
‐No. No estoy mintiendo‐dijo riendo.
‐Pues es mucho tiempo.
‐¿Si verdad?
‐A ver si entiendo. Tenías fantasías y decidiste guardarlo porque creías que podrías
concretarlas.
‐Claro. No quería correr el riesgo de que se arruinara antes de que lo hiciéramos.
‐¿Patrick Jane siempre con miedo a correr riesgos verdad?
‐Más o menos. Hay un riesgo que soy muy feliz corriendo.
‐¿Cual?
‐El riesgo de tenerte, de saber que no manejo todo, y aun así correrlo feliz, porque estar
contigo lo vale.
‐Mmmm. Y eran muchas tus fantasías?
‐Unas cuantas…
‐¿Entonces habría que empezar a concretarlas no?
‐Claro que si… Traes las esposas….
FIN
