La mayoría de los adolescentes disfrutaban tomar un refrigerio entre las sesiones de entrenamiento y Neji no fue la excepción. Si alguien en su equipo escuchaba gruñir su estómago (lo que no hicieron), se guardaban el comentario. Generalmente. Gai no tenía mucho instinto de supervivencia, después de todo.
Como de costumbre, el entrenamiento no se detuvo hasta que el sol desapareció detrás del monte. Se tomó lo que quedaba de su agua antes de que Gai se despidiera con un entusiasmo nauseabundo.
"¡No olvides traer bocadillos mañana, Neji, tu máximo potencial nunca se realizará si estás medio muerto de hambre!"
Neji se guardó una burla mientras Tenten intentó y falló en ocultar su risa mientras él pasaba. Sin darse la vuelta ni despedirse continuó por el frondoso camino. No dio ni un paso sin un crujido irritante resonando detrás de él. Lo que era aún más irritante era la ausencia de un segundo par de pies perturbando las hojas que tenía por delante.
Incluso después de un mes desde que dejó la academia, su mente no pudo envolverse en torno a la idea de que finalmente había logrado lo que tanto deseaba. Estaba destinado a permanecer a la orden de la familia principal, pero unirse a las filas de los shinobi de la aldea le permitirá mantenerse alejado de ellos.
De ella, su mente traicionera susurró. Ella no había hecho nada, en toda realidad. Y ese era el problema. Ella había hecho que el sacrificio de Hyūga Hizashi no tuviera valor al permitir que se le tomara su derecho de primogenitura— regalándolo a su hermana que puede que si o puede que no simpatice con las dificultades de los criados del clan.
Lo que lo enfureció fue la esperanza que ella inspiró en la familia secundaria. El esperado líder benevolente que necesitaban. Al final, ella misma desmoronó esa misma esperanza al elegir salvar a una niña sobre todos ellos.
Lo que más le enfureció...
Se detuvo fuera de su habitación. La cena había sido servida hacía mucho tiempo y, sin embargo, una bandeja con té humeante y el delicioso aroma de comida caliente se encontraba justo en su puerta. Convenientemente ignoró la nota cuidadosamente doblada y dirigida a él y llevó la bandeja dentro de la habitación.
Lo que más lo enfureció fue su corazón voluble y cómo le permitió continuar sembrando semillas en él, haciéndolo incapaz de odiar a la nobleza en su deseo de proteger a su hermana menor de la mismísima maldición que lo atormentaba a él.
