Bajo la Nieve
Era una tarde fría, el grupo de adolescentes caminaba sin rumbo fijo hablando de cualquier cosa.
Cada cierto tiempo la joven dejaba de hablar y se concentraba en las partículas de nieve que caían lentamente, para ella todo parecía irreal, todo estaba cubierto por ese manto blanco y la paz que sentía era algo que había experimentado pocas veces en su corta vida.
Las risas de las niñas la sacaron de sus pensamientos, Mana y Luna tomaban su mano a cada lado, invitándolas a jugar con ellas, la de cabellos largos miró a su lado esperando encontrar al hermano de ambas, pero no estaba.
Hakkai lo notó y le dijo que Mitsuya se había ido a comprar café y chocolate para todos.
¿En qué momento? Se preguntó, avergonzada por no percatarse de ello, las menores seguían hablándole pero ella se sentía incómoda, las hermanitas de Takashi le caían bien pero no se sentía con muchas ganas para jugar con ellas.
Su hermano tomó la iniciativa y las pequeñas no dudaron en irse a un parque cercano, Yuzuha admiraba la escena, su hermano a pesar de su gran tamaño sabía controlar su fuerza y ayudaba a las niñas a hacer figuras con la nieve.
Ella sonreía, parecían una familia normal, aquella que tanto anheló, se abrazó a sí misma, por el frío y para contener su tristeza, no quería arruinar el ambiente así que miró a otro lado y pensó en otra cosa.
Un calor en su hombro la hizo voltear, una lata de café se posaba ahí y la tomó, la calidez se extendió hasta sus manos lo cual la hizo sonreír.
—Me alegra que nos acompañaras esta vez —alegó el de cabellos lilas, la chica lo miró —,a veces es bueno salir a despejarse —Le sonrió, abriendo su bebida.
—Pensé que el chocolate era solo para tus hermanas —Expresó al ver que no consumía café, éste negó —Ya he tomado mucho en casa, quiero algo diferente.
El silencio reinó entre ambos, Yuzuha no podía despegar la vista de su hermano, soltando una risa al ver que éste era el blanco de las bolas de nieve que le lanzaban las niñas.
—Tus hermanas no tienen miedo a nada —expresó, el chico la miró unos segundos y asintió con una suave sonrisa, a este punto no sabía si era el efecto del café pero sentía un calor alrededor de su rostro.
Escuchar como éste se reía solo empeoró la situación, un escalofrío recorrió su cuerpo haciendo que esquivara la mirada, no era prudente hacer contacto con esos orbes lilas que la maravillaban.
Mitsuya no estaba mejor, desde temprana edad estaba acostumbrado a hablar con mujeres pero Yuzuha era otro tema, no daba explicación a los nervios que se apoderaban de él cuando ella estaba cerca.
Un tornado de emociones se desataba en su mente, el verla sonreír lo animó en cosa de segundos, verla contenta aceleró su corazón y no quería dejar de observala.
Pero tuvo que hacerlo, no quería malentendidos y que ésta se fuera, o peor aún, que le diera un puñetazo, sabía que era una chica fuerte y era una de las cosas que le fascinaba.
Un viento gélido los rodeó, la joven se abrazó a sí misma para darse calor pero fue en vano, sin pensarlo observó a Takashi, éste se estaba acomodando para darle su abrigo pero antes de que lograra quitárselo ella se acurrucó a su lado.
El de cabellos lilas estaba pasmado, parecía un sueño, las manos de la fémina se movían con lentitud, esperando la aprobación del otro para rodearlo, éste como pudo (ya que todavía estaba en shock) acomodó la chaqueta a modo de que pudo subir un poco el cierre alrededor de Yuzuha.
—Te iba a prestar mi abrigo —dijo nervioso, sintiendo como ésta negaba
—¡Se más responsable! Si te enfermas por mi culpa no podré estar tranquila, tienes que cuidar a tus hermanas —Le contestó, a este punto ella lo estaba abrazando con ambas manos entrelazadas en la espalda del otro.
El joven pandillero estaba tan ensimismado en la calidez que le brindaba el anhelado abrazo como para formular una frase coherente. No queriendo arruinar el ambiente (y jugando con su suerte) se permitió abrazar a la fémina.
El de cabello azul se quedó en blanco, viendo la escena desde lejos mientras era enterrado en la nieve gracias a las pequeñas, ¿ahora cómo les preguntaba si habían comprado algo para él sin arruinar aquella escena?
Tal vez porque era estúpido o porque la situación no tenía arreglo pero nunca llegó a una conclusión, al final, a Hakkai solo le quedaba resignarse a su destino de morir congelado.
Aún así se permitió sonreír, estaba feliz de que su hermana que lo cuidó por tantos años y a la que apreciaba mucho haya encontrado un buen chico, él conocía mejor que nadie a Taka-chan y estaba más que de acuerdo con su posible relación.
La cabellos rojizos estaba contenta, apoyada en el pecho del otro podía apreciar los latidos de su corazón, la dulce señal de que su amor no era unilateral, eso la motivó bastante, quería decir y hacer muchas cosas pero sumando su nula experiencia en relaciones amorosas consideraba que el ambiente no era el adecuado.
Un gruñido llamó la atención de la "pareja" no muy lejos, unos gatos callejeros peleaban entre sí, terminando en la victoria del más grande.
Ellos se miraron, ambos rostros sonrojados que se desviaron por la vergüenza, Yuzuha bajó el cierre separándose del otro.
Se asustó cuando vio un montón de nieve donde antes estaba su hermano, se acercó en su ayuda, se alivió al verlo que estaba "bien" a su lado, las niñas sonreían victoriosas.
—¿Te divertiste? —cuestionó, mientras bajaba y apoyaba sus manos en sus rodillas
—No tanto como tú —abordó él con una sonrisa, provocando que su hermana le diera un lepe —¿Todavía les queda una bebida caliente? Ya no siento las extremidades —habló como si se estuviera muriendo de verdad.
La joven soltó una leve risa —Todavía queda algo, levántate y búscalo —expresó, el menor hizo un puchero
—Eres mala —Se quejó mientras se quitaba el manto de nieve que lo tenía atrapado.
En un descuido esté formó una bola de nieve y se la lanzó a su hermana para después correr como si peligrara su vida.
—¡Hakkai ven aquí! —exclamó, formando una pelota blanca a duras penas, pero el mencionado ya estaba bastante lejos,
—Cobarde —susurró bajando sus brazos
—Es hombre prudente —interrumpió, el de cabellos lilas acariciaba la cabeza de sus hermanitas que después se sentaron en un banco cercano —,siendo él ya me hubiera ido del país —bromeó
Yuzuha sonrió, esa tarde le parecía maravillosa, no quería que terminara pero a juzgar por el rato que los otros llevaban jugando ya debían estar sin energía.
Lanzó la bola de nieve sin mucho cuidado, ésta cayó un poco más abajo del pecho de Mitsuya, alzó ambas cejas mientras ésta llevaba ambas manos a su boca queriendo contener su risa.
—Jugando sucio eh... —Se agachó y rápidamente tomó la nieve entre sus manos, la pelirroja se volteó para correr pero no llegó muy lejos cuando sintió algo frío contra su espalda.
Le había dado, y a ella no le gustaba perder.
Ambos jóvenes se centraron en su pequeña guerra, ellos reían y se divertían cuando le daban al otro, en una ocasión la joven resbaló y cayó sobre la nieve, el de cabellos lilas no desaprovechó su oportunidad para acercarse y tirarle más tratando de cubrirla.
Claro que ella hacía lo mismo con un poco más de dificultad, al poco rato se detuvieron por el cansancio, ambos solo se miraban con una sonrisa mientras recuperaban el aliento.
La pelirroja no sabía si la dicha que sentía era por la presencia de aquel joven o por desahogar su estrés en el pequeño juego pero quería permanecer así por el resto de su vida.
—Tus ojos son más brillantes ahora —expresó Mitsuya, la contraria se ruborizó, esbozando una sonrisa boba que no pudo disimular.
—¿Podemos volver a casa? —Se escuchó a lo lejos, Hakkai estaba junto a las niñas, con sus manos metidas en los bolsillos, el dúo los miró unos segundos y después se miraron entre sí.
—Gracias…eres un chico muy dulce —susurró, el corazón de Takashi dio un brinco al escuchar aquello, claro que no dudó en ayudarla al levantarse.
El camino a casa fue silencioso, los menores estaban al frente, apenas con las fuerzas suficientes para no caerse, anhelando llegar a su hogar.
Los mayores iban mucho más atrás, Mitsuya no había soltado la mano de Yuzuha desde que la ayudó a salir de la nieve, ella tampoco le decía nada, y eso le agradaba.
El tacto de sus manos se sentía tan suave y cálida, queriendo que el trayecto fuese eterno para no separarse de ella, aquel sentimiento incrementó cuando sintió como ésta apoyó su cabeza en su hombro.
—Jamás me había divertido tanto en un día de invierno.
El varón tragó grueso, formulando con cuidado sus palabras
—Esta no puede ser la última vez —soltó al fin, escuchando un sonido de interrogación de la otra, pero éste no pudo mirarla a la cara por sus mejillas enrojecidas.
La pelirroja sonrió, le costaba creer que alguien tan amable y tierno fuera parte del peligroso mundo de las pandillas
—¡Nos vemos otro día! —Se despidieron las niñas, el de cabellos azules alzó su mano en señal de partida antes de retirarse, Takashi tenía ambas manos en sus bolsillos para calentarse un poco, se acercó un poco más a la joven que permanecía en el umbral de la puerta
—Este es el adiós —susurró, iba a decir algo más pero sintió como tomaron su brazo.
—Ven un momento —añadió ésta, él estaba confundido, le dirigió una mirada a sus hermanas en señal de que lo esperaran un momento, apenas lo hizo sintió una fuerza que lo adentró al hogar de los Shiba.
El sonido de su cuerpo impactando contra la pared sorprendió a los jóvenes, Yuzuha reía como una niña que había hecho una travesura mientras Mitsuya pasaba el susto por la gran fuerza de aquella mujer.
—...¿Yuzuh… —En un movimiento rápido ésta le brindó un beso en cada mejilla, la mezcla entre felicidad, nervios y asombro le quitaron lugar a su razonamiento, éste se quedó en blanco.
La pelirroja sonrió de medio lado, avergonzada de lo que hizo por la emoción del momento, empujó suavemente al otro llevándolo afuera con sus hermanitas.
—Gracias por todo, espero que salgamos otra vez —Dijo mientras se acomodaba unos mechones de su cabello, acto seguido cerró la puerta dejando al joven Takashi sin poder procesar la situación.
Las niñas caminaban preocupadas, su hermano tenía una mueca extraña en su rostro y no había dicho palabra en todo el camino.
El de cabellos morados tocaba la zona donde la chica le depositó el beso, rememoraba la escena una y otra vez, aunque la pelirroja tomó la iniciativa no le molestaba.
Ese día había sido su favorito.
Y se encargaría de repetirlo.
Que viva el YuzuMitsu / Mitsuha / MitsuYu / ZuhaMitsu / como sea que le llamen al shipp xd
