C3. Amapola Amarilla
Amelie Rachel Blight.
Ese era el nombre de la primogénita heredera de Alador y Odalia Blight.
Su nombre, cuidadosamente elegido, representaba esfuerzo, gracia, cortesía, feminidad, devoción y obediencia.
La más abnegada y prudente.
El cordero de Dios.
La primera de la siguiente generación de un legado de renombre y prestigio únicos.
Y semejante título, venía con trabajo por hacer.
Apenas tuvo uso de razón, Amelie comenzó su preparación para la herencia digna de su apellido.
Siempre se le exigió lo mínimo que implicaba su nombre: Perfección.
Notas perfectas, comportamiento perfecto, imagen perfecta.
Y aunque era el mínimo requerimiento para la honra de su apellido, nunca había resultado una tarea fácil.
Amelie podía recordarlo desde su más tierna infancia, noches de desvelo, tutores especializados, rígidos itinerarios, prendas delicadas y costosas que debía cuidar con su vida mientras las vestía en elegantes galas de socialité, siendo galardón de su familia.
¿Esa es Amelie Blight, la hija de Odalia?
Es tan hermosa como su madre.
¿Eres la presidenta del consejo estudiantil? ¡Justo lo que se espera de una Blight!
Amelie, encárgate del proyecto de clase por favor, sé que contigo al mando, todo saldrá perfecto.
¿Terminaste el avance de tu tesis? Espero no verte haciendo correcciones.
¡Mira la hija de Alador! ¡Llegará lejos! ¡Lo que ha logrado es impresionante, sobre todo para una mujer!
Hermosa.
Delicada.
Brillante.
Superior.
Perfecta.
Su vida entera estaba planeada, desde la hora que se levantaba, pasando por las credenciales que hasta ahora había logrado obtener, cruzando por su ropa, piel y postura, y terminando en su plato.
Cada paso tenía un propósito.
Y Amelie rara vez se había quejado.
Pero, esta parte de su vida, que para tantos era algo natural y hasta deleitable, era una tortura para Amelie desde la pubertad.
Desde el momento que su cuerpo se rehusaba a lucir perfecto.
Después de años de ejercitarse con los mejores entrenadores, y aconsejarse de los más calificados nutricionistas y asesores de imagen, Amelie logró un equilibrio que le permitía tener una figura perfecta.
Pero para ello, se había visto obligada a seguir algunas reglas.
Nada de frituras.
Nada de azúcar.
Carbohidratos al mínimo.
El alcohol se limitaba a reuniones sociales y sólo de ser inevitable.
Todo muy normal para cualquier persona normal que deseara mantener una vida saludable.
Pero Amelie Blight no era normal.
Así que lo básico no era suficiente.
No relacionarse con gente que disfrutara de los excesos.
Evitar aromas y tentaciones.
Pedir platillos desagradables para comer lo menos posible, sobre todo en público.
Aderezar excesivamente la comida en público, de manera que deje de ser apetecible.
Telas ajustadas que sólo calcen a la perfección, si fallas, se notará.
Suplementos y medicamentos para la quema de grasas.
Ayuno previo a eventos importantes.
Tomar peso y medidas al menos una vez a la semana, y ajustarse a los cambios.
Ejercitarse al menos dos horas al día, tres si había comido demasiado.
Hacer lo necesario, aunque fuera desagradable.
Amelie procuraba seguir estas instrucciones al pie de la letra.
Pero, esta mañana, con todos sus eventos inesperados, con la mujer que le abrazaba cálidamente por la cintura, y en general el exceso de estímulos habían logrado distraerla.
— ¿Pero vos que contás mami? — Dijo el dueño del café con entusiasmo y un pesado acento caleño mientras se acercaba. — ¿Y esa? ¿Qué, ya tenés arrocito en bajo? ¿Volvió Lola la loba?
Lola rodó los ojos con una sonrisa entrañable.
— Háblame neutro loco, que no te entiendo, y pa´ loba ´ta tu hermana.
El joven rio mostrando todos los dientes.
— ¿Qué le consta parce? ¿Ya probó los buñuelos de mi hermana también?
— Que va hermano, tu sangre no tiene tanta suerte.
El hombre observó directamente a Amelie por unos segundos sin dejar de sonreír, logrando ponerla un poco más nerviosa de lo que ya estaba.
— ¿Y la gringa ´ntonces? — Pronunció de nuevo. — ¿Un parchecito?
Lola se ruborizó levemente.
— ¡Ya va loco! — Respondió exaltada, presionando los dedos que sostenían la cintura de la gente. — ¡Da gracia´ que no te entiende, e´ mi jefa!
—¿Jefa, parce? — Dijo el hombre contrariado. — ¿No decías vos que sólo te mandaba tu madre?
— E´ la agente de la di´quera loco. — Le respondió la morena con una sonrisa. — ´Toy a do´ paso´ de saca´ un álbum.
Los ojos del colombiano se ensancharon y su sonrisa se hizo imposiblemente más grande.
— ¡No jodas Loli! — Prácticamente gritó mientras tacleaba a Lola con un abrazo, logrando separarla de Amelie. — ¡Que chimba marica! ¡Felicidades!
— ¡Pero cálmate ´emano, yo no he firmado el contrato!
— ¡Es que es rechimba mami! ¡Me alegro mucho por ti!
Los breves minutos de interacción entre los viejos amigos, sumado a que sólo podía entender la mitad de lo que decían por el fuerte acento y los modismos que no entendía…
¿Qué diablos quiso decir con parchecito?
… además del hecho de que Lola la había soltado, lograron descolocar la postura discreta de la primogénita de los Blight.
Fue entonces que lo pudo percibir.
El inconfundible aroma de las frituras, cocinándose lentamente en aceite hirviendo, mezclándose con el aroma del café, la bollería y pastelería recién horneadas, y los vapores de las infusiones.
¡Oh no!
Por segunda vez en su vida (y que fastidio si llega a ser permanente) el estómago de Amelie rugió ruidosamente mientras podía sentir como sus entrañas se retorcían exigiendo alimento.
Incluso pudo sentir como la saliva llenaba su boca sin el más mínimo aviso.
—¡Coño pana! ¡Suelta! ¡Que e´que soy boba! — Exclamó la morena liberándose de los brazos del caleño. — ¡Disculpa Amelie, no quise ser grosera, es que tenemos mucho sin vernos!
Amelie, ruborizada por el escándalo que hizo su cuerpo, sonrió incómodamente.
—No hay problema. — Dijo con suavidad mientras jugueteaba con el botón de su falda, que estaba sobre el hueso derecho de su cadera. — No tenemos prisa de cualquier modo.
— ¡Claro que tenemos prisa! ¡Tienes que comer!
—¡Tremenda bestia tiene la gringa en la tripa!— Dijo el joven aún risueño.
Lola lo miró con el ceño fruncido.
—Para con la güevonada loco, se siente mal. — Le recriminó con voz suave. — Y deja de llamarla gringa, también habla en inglés pana que parece que le queremos esconder algo.
—¡De verdad no hay ningún problema! — Respondió Amelie con una sonrisa.
De cualquier forma puedo entender casi todo lo que dicen.
Ignorando las palabras que habían salido de la boca de la castaña, Lola volvió a rodear su cintura con un abrazo, atrayéndola a sí.
— ¿Nico, nos das una mesa?
— Claro Lolita, después que me presentes. — Dijo el joven poniendo inocentemente sus manos tras la espalda.
La morena rodó los ojos.
—Amelie, el es Nico, un viejo amigo, nos conocimos en un festival de música hace unos años. — Anunció la cantante señalando a su amigo con la palma abierta. — Nico, ella es Amelie, mi agente.
En su desesperación por distraer la atención de su indiscreto estómago, Amelie respondió nerviosamente.
— ¡Oh no, yo no soy tu agente, soy tu juez y tu verdugo hasta que demuestres que mereces lo contrario!
Lola y Nico la miraron con ojos sorprendidos.
¡¿Qué demonios estoy diciendo?!
Antes que Amelie pudiera justificar sus palabras, Lola y Nico estallaron en risas.
— ¡Cae bien la gringa Lolita!
Lola paró de reír y dejó un leve golpe con la palma abierta sobre la nuca del colombiano.
— Que no le digas gringa, Escobar.
Nico la miró con un mohín mientras se frotaba el dolor metafórico del golpecito.
— Ya entendí, no te molestes, no es mi culpa que la gr…
Lola lo desafió con la mirada.
Nico respingó.
— No es mi culpa que la peluchita te moje los c-
Otro golpe de palma abierta en la nuca del trigueño.
— Hablando así no creo que consigas muchos clientes.
El joven sonrió por última vez.
— Normalmente los clientes no me sacuden el cerebro, al menos no dos veces. — Dijo mientras empezaba caminar hacia las mesas.
Sin esperar invitación, Lola volvió a rodear la cintura de Amelie con su abrazo, haciéndola respingar, y guiándola tras el dueño del café.
El joven las llevó finalmente a una mesa junto a una ventana interior, donde por la parte de afuera se veían un millar de macetas con flores que intentaban adaptarse al ambiente urbano.
El joven corrió una de las sillas, y Lola se separó de Amelie, tomando su mano izquierda, y llevando la contraria al centro de su espalda para guiarla a sentarse.
Y Amelie pudo sentir como su cuerpo era recorrido por un escalofrío que nacía donde las manos de Lola, grandes, cálidas y tan distintas de las suyas, la habían tocado.
Y era aterrador.
A Amelie no le extrañaba la caballerosidad, había llegado a ver hombres tropezar y empujar a otros por un segundo de su atención.
Pero ella… A irritantes AÚN minutos de haberla conocido, le provocaba un efecto que ningún varón hubiera logrado.
Era absurdo.
Era molesto.
Por qué ni siquiera otras mujeres, en sus locas fantasías al sentarse en las plazas de Madrid, habían conseguido hacerla sentir así.
Como si la tórrida respuesta de su cuerpo fuera natural.
Lola tomó asiento frente a ella, a la vez que Nico se alejaba.
— ¡Oye! ¿No se te olvida algo? — Le alcanzó a decir Lola con un volumen elevado.
Nico le sonrió sin dejar de caminar.
— ¡Estás hablando con un profesional Lolita! ¡Tú tranqui, ya les traigo algo rico!
Lola suspiró viendo al joven desaparecer de su vista.
— Al parecer no tenemos el privilegio de ordenar. — Le dijo a Amelie con una sonrisa incómoda. — Pero no te preocupes, estoy segura que lo que nos sirva será bueno.
Amelie sonrió forzosamente, y al no estar en la proximidad de la calidez corporal de Lola, sus sentidos se agudizaron por otro motivo.
Los aromas.
Amelie podía sentir como se le erizaba la piel, como el estómago se estiraba y desperezaba ante la promesa que llevaban las esencias de aceite y especias.
Olía delicioso.
Y los aromas deliciosos significaban platillos colmados de calorías.
Odiaba comer en público.
Odiaba que le cuestionaran la forma en que comía.
Odiaba los restaurantes, los cafés y los banquetes.
¡Y ahora tenía que comer delante de alguien que recién conocía!
Amelie se llevó una mano al vientre.
Tranquila.
Serena.
Maneja la situación.
Eres una Blight.
—¿Te sientes mal de nuevo? — El sonido de la voz de Lola la hizo respingar.
— ¡No, no! ¡Estoy bien! — Respondió nerviosamente mientras buscaba una excusa con desesperación. — ¡Yo sólo, uh, me preguntaba sobre lo que hablaban hace rato!
Lola se llevó la mano derecha a la nuca con una sonrisa tímida.
— ¡Ah, eso! — Respondió ruborizándose levemente. — ¡No te preocupes, no tiene nada que ver contigo, Nico es así! ¡Me estaba molestando!
Amelie sonrió nerviosamente también.
Entre los aromas que la descontrolaban y el adorable rostro de la mujer frente a ella, iba a terminar por desmayarse.
— Sería mejor si hablamos de trabajo. ¿No crees? —Sugirió la morena con una sonrisa.
¡Trabajo! ¡Eso es!
El área donde tenía el mejor control.
La castaña sacó velozmente la tableta que llevaba consigo y la encendió.
—¡Casi me olvido! — Dijo risueñamente mientras buscaba un documento entre las aplicaciones con aprendida agilidad. — ¡Aquí está!
Amelie le mostró el contrato digital fabricado para ella.
—Muy bien. — Respondió Lola acercando su silla y aproximándose para ver mejor. — Ilumíname entonces.
Pasaron los siguientes minutos hablando sobre los términos del contrato inicial, Lola se sorprendió al averiguar que se trataba de un contrato temporal de apenas tres meses, pero las condiciones eran claras.
Lola había conseguido llamar la atención de Hexide Records (Y de otras productoras musicales) gracias que una de las canciones que compuso en su canal personal de Youtube, había alcanzado una gran viralidad, pero, al parecer eso no era suficiente.
— Es un golpe de suerte. — Le dijo Amelie. — Tienes talento, es verdad, si no lo tuvieras definitivamente no estarías aquí hoy, pero la empresa necesita asegurarse de que no eres un one hit wonder, así que, Hexide Records te ofrece tres sencillos, completamente financiados y publicitados, y manejo de agenda para eventos publicitarios como entrevistas o colaboraciones si estas llegaran a ofrecerse, si tus resultados son satisfactorios, obtendrás un mejor contrato cuando termines con este.
Ese era el resumen general de las condiciones.
— ¿Tienes alguna pregunta? — Le dijo Amelie con seriedad mientras dejaba la tableta en medio de la mesa.
Lola mantuvo un reflexivo silencio durante unos segundos.
Mientras que auténticamente estaba tomando a consideración las condiciones del contrato que le ofrecían, Lola estaba encantada, Amelie le había explicado todo con claridad y paciencia, una seriedad y objetividad encantadoras.
Podía notar claramente que la chica amaba su trabajo.
Y era un deleite verla cómoda y sin timidez en su área de pericia.
Eso sin mencionar los breves momentos en que sus ojos se cruzaban y podía notar un leve rubor en las mejillas de la agente musical.
Contuvo un suspiro.
La atracción por su agente asignada no había estado en sus planes, pero Lola estaría encantada de ver a donde la guiarían esos fascinantes ojos de oro.
Hexide le había ofrecido el contrato menos conveniente hasta ahora.
El más próximo le prometía un año con derecho a álbumes y por lo menos una gira.
Pero, a la vez, Hexide era la disquera que le ofrecía más beneficios.
Incluyendo uno que no esperaba…
Tres meses de prueba… Que incluían pasar tiempo con una chica encantadora.
—Si… — Respondió al fin. — ¿Tú-
La pregunta se vio interrumpida por Nico y una mesera llevando platos a su mesa.
Amelie observó con los ojos ensanchados como colocaban lo que parecían ser dos enormes panes rellenos, y dos huevos fritos, a su lado, colocaron una taza de café negro, un vaso grande con un líquido marrón y hielo, y un pequeño bowl con cubos de mango cubiertos con lo que parecía ser yogurt, del lado de Lola sirvieron lo mismo, con la excepción de que se reemplazó el vaso con una taza de chocolate caliente, mientras al centro sirvieron azúcar y crema.
— ¡A su servicio Lolita! ¡Lo preparé yo mismo! ¡Espero lo disfruten!
—¡Gracias hermano! —Exclamó Lola con una sonrisa.
— ¡Provecho! — Exclamó el joven para después retirarse alegremente.
Para su sorpresa Lola comenzó a comer de inmediato, tomando uno de los panes rellenos entre sus manos y dándole un mordisco con energía.
Su cara se transformó en una enorme sonrisa entusiasta.
Suspiró larga y satisfactoriamente.
— ¡La de carne mechada es deliciosa! —Le dijo a Amelie apenas retirando la vista de su plato.
¿Carne mechada?
Amelie observó de nuevo su plato.
La comida se veía apetitosa, y los aromas que despedía le llenaron la boca de saliva, su estómago, nuevamente, se retorció en anticipación.
Pero, al mismo tiempo, su garganta se cerraba, mientras intentaba deglutir saliva con dificultad.
Los panes, uno con un guiso de carne, y el otro con queso y jamón, eran al menos seiscientas calorías.
Los huevos, fritos en aceite, por lo menos doscientas más.
El mango, justo la fruta con más azúcar, además cubierto de yogurt, probablemente con azúcar también, eran al menos otras ciento cincuenta.
Novecientas cincuenta en total.
Más de la mitad de sus calorías diarias.
Eso sin incluir el café y la bebida que le habían llevado.
Tampoco había aderezos con los que pudiera arruinar la comida para llevarse lo menos posible al estómago.
Su mirada, estática en su plato por varios segundos, logró al fin llamar la atención de Lola.
—¿Estás bien? ¿No eres alérgica a nada, o sí?
¡Alergias, eso es!
— El trigo. — Dijo al fin con mesura. — Me inflama la garganta.
Si podía librarse de la comida con más calorías, podía manejar el resto con una sesión de tres horas en el gimnasio.
Lola le sonrió enormemente.
— ¡Son de maíz y arroz! No hay de que preocuparse.
— Oh…
¡Demonios!
— ¿Hay algo mal? No tienes que comer algo que no te gusta, podemos pedir otra cosa, estoy segura que no habrá problema.
— ¡No, no! Todo se ve y huele- — Para no variar su estómago rugió escandalosamente de nuevo. — … Delicioso.
Amelie se abrazó el estómago aprehensivamente mientras sus mejillas se teñían de un suave rosado.
— E-es sólo que… — Dijo con leve dificultad, intentando mantener la compostura. — Esto… Se ve pesado, no acostumbro comer así… No sé ni por dónde empezar.
Lola la miró con simpatía.
— Necesitas comer lindura. — Le dijo enfáticamente. — Y sería bueno que comieras algo sustancioso. Pero si quieres puedo ver que Nico te prepare algo más ligero, estoy segura que debe tener algo que te guste.
Amelie la miró esperanzada.
Y levemente sonrojada por el cumplido.
Pero rápidamente se deshizo de sus ilusiones infantiles.
Se desmaya antes de atender a su primer cliente.
Casi dos veces.
Se presentó sin alimento a trabajar y por poco llegó tarde.
Permitió que distracciones familiares afectaran su trabajo.
¿Y ahora rechazaba la comida que su cliente le estaba invitando?
¿Sólo por que no le gustaba? ¿Cómo una niña?
¡Los demás no era culpables de sus asuntos personales!
Esto lo podía solucionar de forma más discreta.
En casa.
— ¡No, no hace falta! — Devolvió la vista al plato. — Puedo comer, sólo…
Lola siguió mirándola.
Recordó las palabras que Amelie le había dicho en el elevador.
"Sólo cuido mi figura."
— Bien, mira, si no quieres cambiar el platillo. — Comentó señalando el plato de la castaña. — Come la clara alrededor de los huevos, así no te comes la grasa, y come un poco de mango, sé que Nico usa yogur griego, está obsesionado, también puedes comerte sólo el guiso de las arepas-
— ¿Los panes?
— Sí, se llaman arepa, y bébete sólo el café, no tiene nada para que lo prepares a tu gusto, así no comerás tan pesado.
Estiró la mano hacía el espacio de Amelie.
—Y esta… — Dijo tomando el vaso y llevándolo a sus labios. — Es aguapanela, básicamente agua con azúcar, así que me la quedo yo.
Dicho esto dio un largo trago.
Amelie sonrió de nuevo, sintiendo como su estómago se relajaba levemente.
— Gracias. — Le dijo con calma. — Aunque no me encanta la idea de dejar la mitad de la comida.
Lola rio suavemente secándose los labios con una servilleta.
— ¿Tú crees que mi mamá me enseñó a desperdiciar comida? Yo me voy a comer lo que dejes Amelie.
La castaña respingó con sorpresa.
— ¿En serio, no será demasiado?
La morena se dio palmaditas con confianza en el vientre.
— ¡Nah! Aunque no lo parezca, puedo comer bastante, aunque…
— ¿Aunque…?
Lola se inclinó un poco.
— A Nico le importan mucho dos de sus recetas, la masa de sus arepas, y el chocolate caliente, seguro te pregunta si te gustaron, sería bueno que probaras un bocado.
Un bocado…
Amelie suspiró.
— Puedo hacer eso.
Tomó con sus manos una de las arepas, la de carne mechada, como había visto hacer a Lola y la acercó a sus labios.
La cercanía con el aroma le lleno de agua la boca y le retorció de nuevo el estómago, para su fortuna, sin hacer ruido.
Abrió la boca con cautela y mordió la arepa con lentitud.
La masa era crujiente por fuera, pero suave por dentro.
El guiso de carne y tomate explotó dentro de su boca hambrienta inundándola de sabores exquisitos y exóticos.
Con el estómago vacío, los nervios de punta y los deliciosos aromas que la inundaban, la llevaron a comer con avidez, casi sin darse cuenta.
Hasta que escuchó una pequeña risa de la mujer frente a ella.
Colocó rápidamente la arepa en su plato, ya casi por la mitad.
— ¡Lo siento! — Dijo apenas pudo deglutir. — T-tenía mucha hambre.
— Pude notarlo. — Una servilleta apareció en su campo visual y, cuando por fin Amelie hizo contacto visual con Lola, fue recompensada con una sonrisa cálida y sincera... — Me alegra que te guste.
Tras un instante de titubeo ante la luminosa sonrisa, la castaña se apresuró a tomar la servilleta que le ofrecían para limpiar sus labios.
Recuperado el control, Amelie comenzó a comer con mucha más mesura, sacando el relleno de las arepas, lamentándose secretamente por no poder comerlas completas.
Mientras comían en silencio, Lola recogía con un tenedor lo que sabía que Amelie no iba a comer, y lo comía ella misma.
Al final, y consiguiendo que Amelie comiera toda la copa de mango, sólo quedó la taza de chocolate, que había alcanzado la temperatura perfecta para no quemar los labios que la bebiesen.
Lola colocó unos cubitos de azúcar en su ahora vacía taza de café, y luego vertió la mitad del chocolate sobre ella.
Tomó otro par de cubos de azúcar y los puso en el chocolate restante, para después ofrecérsela a Amelie, quien le respondió con una sonrisa incómoda.
— No creo que hiciera falta ponerle más azúcar. — Dijo entre dientes tomando la taza en sus manos.
Lola logró escucharla.
— No es azúcar, y no tienes que terminarlo. — Le dijo mientras se llevaba la taza a los labios y sonreía con satisfacción. — Sólo pruébalo, o Nico se pondrá triste, y es muy deprimente cuando está triste.
Amelie miró la taza con un poco de recelo.
Pero toda la comida había sido deliciosa, incluso pudo probar el aguapanela cuando Lola le ofreció un trago.
Así que bebió con confianza.
Pronto sintió la textura del ingrediente añadido por Lola.
¿Malvaviscos?
No…
— ¿Queso? — Preguntó extrañada.
— DINGDINGDING. — Pronunció Lola. — ¿Te gusta?
Amelie saboreó de nuevo y le sorprendió lo bien que quedaba la combinación.
— Está delicioso. — Dijo al fin con una sonrisa, mientras alejaba la taza de si ante la incrédula mirada de Lola. — Pero ya comí demasiado.
Lola respondió con un mohín.
— Como quieras preciosa. — Dijo livianamente tomando la taza de Amelie y vertiendo sus contenidos en la suya. — Más para mí.
Amelie hizo lo mejor para ocultar su sonrojo.
Estaba acostumbrada a cumplidos sobre su físico.
Pero de alguna manera, las palabras de ella le afectaban mucho más.
Lola terminó de beber con rapidez y tras asegurarse de que Amelie no deseaba comer nada más, se levantaron a la caja.
— ¡Hola otra vez muchachas! — Saludó el trigueño cuando las vio llegar. — ¿Qué tal todo?
— Buenísimo. — Le dijo Lola alegremente. — Como siempre Nico. ¿Tienes lo de…
— ¡Pero claro Lolita! — Dijo el joven sacando un par de bolsas blancas de debajo de la barra. — Tres arepitas, un café clásico con leche de cabra, y te puse tus favoritos también.
La morena sonrió enormemente.
— Gracias loco. — Le dijo alegremente recogiendo las bolsas.
— ¿Y como fue bonita? — Dijo ahora dirigiéndose a Amelie. — ¿La comida ayudó a convencerte de no dejar a esta en la calle?
— ¡Oye!
Amelie rio levemente.
— Bastante, todo estaba delicioso, Nico, muchas gracias, ahora sólo falta que Lola firme el contrato.
— ¿Y que le parecieron las arepas mamita? Es la receta de mi mamá.
— ¡Excelentes!
— ¿Y el chocolate? ¡El quesito lo hacemos aquí mismo!
— ¿En serio? — Amelie estaba auténticamente impresionada con la devoción del chef. — ¡Impresionante! Todo estaba perfecto.
Mientras el joven sonreía con satisfacción, el reloj tras él anunció con un leve pitido que ya eran las 12:00.
— Mierda. — Dijo la morena como si acabara de recordarlo. — Mejor que nos vayamos. ¿Cuánto te debo Nico?
Pero el joven negó vigorosamente con la cabeza.
— Va por la casa Lolita, vuelvan cuando quieran.
— ¡Que va loco! Dime cuanto de debo.
— Mami, de no ser por ti, no tendría este lugar, déjame regresarte al menos un poco.
Lola le sonrió con un leve sonrojo.
— ¡No hace falta, por favor déjame pagarte!
— Pa´la próxima rumba, tú ponés la primera ronda.
Lola le sonrió satisfecha.
— Bien. — Dijo caminando hacia la puerta. — ¡Más vale que sea pronto!
— ¡Bendición Lolita! — Respondió alegremente. — ¡Mucho éxito!
Y sin más, salieron del café.
Mientras caminaban de regreso al edificio, Amelie se encontró a sí misma sintiéndose extraña.
Y se sonrojó bastante al darse cuenta que había esperado que Lola la tomara en su abrazo de nuevo.
— ¿Cómo te sientes? — Preguntó la morena rompiendo el silencio.
Amelie consideró la pregunta por un momento.
Su cabeza ya no latía, su respiración se había calmado, su estómago paró de retorcerse y los mareos habían desaparecido.
Realmente necesitaba comer.
Sólo quedaba el agitado latido de su corazón.
Pero eso, claramente, no era atribuible a la falta de alimento.
— Bastante mejor. — Le dijo con una sonrisa cortés. — Gracias por la invitación.
— Un gusto linda, menos mal que aterrizaste en mis piernas y no en el suelo.
Antes de que Amelie pudiera rebatir, notaron un ajetreo al lado del edificio.
Patrullas y un camión de bomberos destacaban entre los curiosos que se arremolinaban alrededor de algo.
— ¿Qué habrá pasado? — Preguntó la morena al aire.
— Ni idea. — Respondió la castaña inmediatamente. — Pero estamos en Nueva York, lo mejor será no involucrarnos.
Sin esperar respuesta de la mujer más alta, Amelie apuró el paso y entró al edificio, encontrándose también con ajetreo y cuchicheos en la recepción.
Mierda.
—Señorita Blight! Uh… — Dijo nerviosamente la recepcionista al verlas entrar en el edificio. — Tengo que notificarle algo.
—¿Está todo bien Scarlet?— Tomó aire con angustia. —¿Llamó alguien de mi familia?
—¡Oh no! — Desestimó la pelirroja. — Es que…
La mujer tomó aire.
— Yekan East estaba renegociando su contrato con Daniels en el último piso, no estaba muy contento, hizo un escándalo y… Empujó una copiadora a través de uno de los cristales…
—¡Diablo! Loco malparío… —Musitó Lola suavemente.
—Me sorprende menos de lo que debería… — Dijo la castaña a modo de respuesta. — ¿Pero, que tiene que ver conmigo?
—Uh… — Musitó de nuevo la pelirroja con contrariedad. — La copiadora cayó en el estacionamiento… Sobre… Su… Auto…
Hubo un silencio instantáneo.
—¿Mi… auto?
La recepcionista asintió avergonzada.
Amelie sintió de nuevo que el mundo le caía encima.
Para luego sentir que su sangre hervía.
—¡ESE PAYASO RIDÍCULO ME VA A ESCUCHAR!
Amelie llevó sus cortos e intimidantes pasos con rapidez hacia el elevador.
Pero tras avanzar unos metros, un fuerte agarre en su muñeca la detuvo.
— ¡Una comida y te llenaste de energía! — Le dijo con una sonrisa. — ¿Qué te parece si terminamos de escuchar a Scarlet antes de que mates a un rapero sobrevalorado?
Inesperadamente, lo abrupto del comentario logró descolocarla y hacerla resoplar.
De alguna manera, la burbujeante rabia se había disminuido en un instante.
Amelie, resignada, volvió al lado de Lola y miró a la recepcionista cruzándose de brazos.
— Continúa. — Le dijo con severidad.
Scarlet se tomó un instante para asentar lo que acababa de ver, antes de responder.
— East ya no está en el edificio, lo vetaron, la compañía va a hacerse cargo de tu auto, quedó… Bastante destruido, así que tengo entendido que te darán uno nuevo por los inconvenientes, te van a citar los abogados para el arreglo mañana mismo.
Los hombros de la castaña se relajaron levemente.
Al menos no debía preocuparse por el auto.
— De acuerdo. — Concedió aún con voz molesta. — ¿Y el auto lo recibiré…
Scarlet gesticuló con incomodidad.
—Eso será al menos un día después de que llegues a un acuerdo con los abogados.
La joven respingó con enojo.
— ¡¿Y como pretenden que llegue al trabajo entonces?!
—Psssst.
— ¿Huh?
— Ella no tiene la culpa. — Le dijo Lola suavemente. — No le grites.
La castaña respingó y la recepcionista alzó las cejas con sorpresa.
— Cierto… — Suspiró. — Lo siento Scarlet, he tenido un día muy… complicado.
La joven con cabello cenizo le sonrió.
— Pude notarlo, está bien Amelie, con respecto a tu transporte, la compañía sugirió que uses la cuenta empresarial de transporte privado, todo corre por cuenta de la empresa.
— ¿Entonces Uber? — Articuló la agente con una ceja alzada.
— Básicamente.
Amelie suspiró de nuevo, no le gustaba usar transporte privado, los choferes solían hablar demasiado, o peor… Le coqueteaban.
— Supongo que no tengo otra opción. ¿Hay algo más que deba saber?
— De momento es todo. — Concluyó la recepcionista. — El directos Bump me informó que te retiras por hoy, espero que te mejores.
La castaña le respondió la sonrisa con esfuerzo.
— Gracias Scarlet, por la información también, estaremos unos minutos en mi oficina.
Sin decir nada más, Amelie dio media vuelta y se dirigió al elevador.
Sin darse cuenta que Lola no seguía sus pasos.
—Oye, Scarlet. — Susurró la morena inclinándose sobre el mostrador de recepción. — ¿Qué fue lo que pasó con el berrinchudo?
La joven de piel oscura le sonrió con diversión.
— ¿Con Yekan East?
— ¡Sí, sí! ¿Lo vetaron del edificio, o de la disquera? — Preguntó la morena con interés.
— Ambos. — Respondió la recepcionista con suficiencia y una sonrisa en los labios. — Quería el 90% de las ventas y garantía de una gira mundial, y no quería esperar para negociarlo, así que… Le negaron otro contrato.
Lola rio discretamente.
— ¿En serio? Le faltó poco para pedirles el contrato sin nada a cambio.
— Ash, yo me alegro de que hiciera un berrinche, no lo soporto.
— ¡Yo tampoco! O sea, no lo conozco en persona, pero es una diva hecha macho, y su música ni siquiera es tan buena.
Scarlet rio con ganas
— ¡Diva hecha macho! — Repitió con un acento natal. — ¡Es la descripción perfecta!
— ¡Una hermana! — Exclamó la morena con una sonrisa. — ¿De dónde eres?
— Puerto Rico. ¿Y tú?
— Dominicana.
— Un gusto.
—¿Oye, y que pasó después?
— ¡Seguridad lo sacó y se fue gritando que haría su propia disquera! ¡Y que Hexide se iba a arrepentir!
Lola resopló.
— Ojalá tuviera tanto talento como ego, al menos haría algo bueno.
Ambas mujeres empezaron a reír de forma que pretendía ser discreta.
— ¿Lola? — Se escuchó a unos metros.
Ambas mujeres se giraron a mirar a la agente esperando junto al elevador con una ceja levantada.
Lola se irguió de inmediato y dirigió sus pasos al elevador.
— ¡Hablamos luego! — Le dijo Scarlet mientras se alejaba.
— ¡Me aseguro de eso! — Respondió Lola con una sonrisa mientras llegaba junto a Amelie.
Ambas entraron en el elevador, y Amelie eligió el séptimo piso en los botones.
El elevador comenzó a funcionar, y mientras subían, se podía escuchar una versión instrumental de montado, de Big Ness Y, otro cantante de la disquera.
Pese a que el silencio iba acompañado con la música de fondo, el ambiente se sentía cargado.
Y es que, mientras la morena se preguntaba que había hecho para molestar a la agente musical, la castaña se torturaba mentalmente para evitar preguntarle su tema de conversación con Scarlet.
¿Entonces es de esas mujeres?
Tampoco es que me deba importar…
Fueron dos segundos y se estaban riendo bastante…
De nuevo, no es asunto mío.
¡Más aún! ¡Es mejor así! Así evito… Tentaciones.
No que ella me tiente de cualquier modo.
Ugh, sólo quiero llegar a casa.
— Hey…
La castaña respingó levemente cuando sintió una mano sobre su hombro.
— ¿Estás bien? — Preguntó la morena justo cuando las puertas se abrieron.
Amelie se sonrojó levemente.
¡Se había quedado demasiado tiempo en silencio!
— Sí. — Respondió con calma. — Lo siento, hoy estoy algo distraída, pero estoy bien.
Caminaron por el pasillo en dirección a la oficina de la castaña.
— ¿Estás segura? — Pronunció la morena de nuevo. — Parecías… Enojada.
¡¿Enojada?!
Amelie buscó en su mente una excusa mientras entraban a su oficina.
Charlotte no estaba ahí.
— Lo estoy. — Confirmó Amelie con voz calma, tratando de salvar su cuello. — Un imbécil con dos gramos de talento y diez toneladas de ego acaba de destruir mi auto.
Lola rio sonoramente.
— ¡Cierto! ¡Eso! Claro que estás enojada. — La morena se rascó la nuca con incomodidad. — Creí que había dicho algo que te molestó.
— Nada de eso. — Respondió la castaña con una sonrisa cortés mientras entraba a su espacio y tomaba asiento en su escritorio, para ser imitada por Lola ocupando la silla de enfrente.
Amelie tomó una carpeta de cuero negro y la abrió sobre el escritorio de manera que Lola pudiera leer sus contenidos.
Mostraba el contrato que habían revisado en el café.
— Muy bien. — Comenzó Amelie. — Recapitulando, la oferta de contrato son el lanzamiento de tres sencillos a lo largo de tres meses, beneficios a 70% en utilidades a tu favor, management y publicidad incluidas, cuando obtengas buenos resultados Hexide te ofrecerá un mejor contrato. ¿Tienes alguna pregunta?
Lola sonrió de una manera a la que sólo se la podía llamar coqueta.
— ¿Cuándo, y no sí?
—¿Perdón?
— En el café dijiste "si tienes buenos resultados" y ahora dijiste "cuando tengas buenos resultados."
Amelie ensanchó los ojos con sorpresa.
— ¿Recuerdas lo que dije en el café?
— Soy cantante, tengo buena memoria para recordar las palabras. — Respondió Lola dando golpecitos con el dedo sobre su sien.
Amelie no pudo evitar sonreír.
— Tienes mucho carisma. — Dijo de forma natural. — Creo que te irá muy bien.
Lola sonrió con satisfacción.
— Si logro que pienses eso de mí sin que me hayas escuchado cantar, debo haber hecho algo bueno.
Amelie rio suavemente.
— Bueno, dejando eso de lado. ¿Tienes alguna pregunta?
Lola recordó lo que había pensado en el café, y se apresuró a responder.
— ¿Tú serás mi agente permanente? ¿Ten encargarías de mi agenda y mis contratos externos, acompañarme a los eventos y esas cosas?
Amelie respingó levemente ante la extraña pregunta.
Normalmente recibía preguntas sobre honorarios, porcentajes y beneficios creativos.
¿Ella… No quiere que sea su agente?
El centro de su pecho se tensó incómodamente.
Tal vez Lola había notado su falta de experiencia.
Lola podía solicitar una reasignación fácilmente.
Si perdía a su primer cliente…
Más aún por no poder controlarse…
Amelie tomó aire con precaución y enterró con ansiedad las uñas en la carne de sus palmas.
— Sí… — Respondió finalmente haciendo su mejor esfuerzo para controlar la angustia en su voz. — Es obligatorio al menos las primeras dos semanas de contrato, después puedes solicitar un asistente y yo me comunicaría a través de-
— ¡Hecho! —Dijo Lola con una alegre sonrisa mientras tomaba la primera pluma que vio en el escritorio y buscó la línea al final del documento.
Amelie se descolocó visiblemente.
— ¿Qué? ¡Aguarda, no necesitas firmar todavía! ¡Puedes llevarte el contrato y pensarlo! ¿No quieres consultarlo con un abogado?
Lola le sonrió con entusiasmo.
— No hace falta, estoy convencida, entre más pronto, antes comenzamos. ¿No?
Amelie sintió su pecho expandirse con ilusión, pero hizo lo mejor posible por controlarse y ser profesional.
Antes de que pudiera intervenir, se dio cuenta de que Lola había firmado el contrato.
La morena lo giró para que quedara frente a Amelie y le entregó la pluma.
— Faltas tú.
La joven tomó la pluma con ensimismamiento y observó el espacio que debía firmar por un instante.
Bajó la pluma.
La deslizó sobre el papel.
Estaba hecho.
¡Había conseguido su primer artista!
Tomó toda su fuerza de voluntad no dar saltitos de alegría.
Pero eso no abarcaba a Lola, que dio un salto de alegría y puños al aire.
— ¡Coño, lo logré! ¡Mírame papito lo logré! ¡Voy a ser una estrella!
Papito…
Lola gritaba y bailaba alrededor de la sala mientras Amelie la observaba con una sonrisa en los labios, resistiendo la necesidad de brincotear con ella por su propia emoción.
— Felicidades. — Pronunció después de unos segundos, consiguiendo que la morena parara en seco y se diera vuelta con un sonrojo en el rostro.
— ¡Lo siento! Me emocioné. — Le dijo avergonzada.
Amelie le devolvió una sonrisa cortés.
— Lo he visto un par de veces con artistas nuevos, es normal. — Luego tomó una postura un poco más seria. — Pero aunque no lo parezca, obtener un contrato es la parte más fácil, ahora debes mantenerlo, así que espero que des lo mejor de ti.
—¡Dalo por hecho! Ahora que lo pienso. ¿Cuándo podemos iniciar con el primer sencillo?
Amelie arqueó una ceja.
— Tan pronto tengas alguna propuesta.
— ¡Bien! ¡Tengo un demo que quiero probar!
Amelie se sorprendió ante el entusiasmo de su cliente.
—Uh… Bueno… — Pronunció. — Si quieres puedes traerlo mañana, y haremos una prueba de sonido.
—¡Hecho!
Amelie se dirigió a su teléfono y presionó un botón.
— ¿Charlie? ¿Estás ahí?
— Sí señorita Blight. — Respondió el aparato. — ¿Qué necesita?
— Reserva un estudio de grabación para mañana a mediodía, vamos a hacer una prueba de sonido.
— Entendido señorita Blight, le confirmo el horario en cuanto reserve.
—Gracias Charlie, por cierto, voy a tomarme el resto del día, así que cuando termines con eso, puedes retirarte por hoy.
— Entendido, que se mejore señorita.
—Gracias, nos vemos mañana.
—Hasta mañana.
Se irguió para mirar la enorme sonrisa de la morena, que seguía burbujeando con entusiasmo.
— Todo listo.
— ¡Eso! — Luego guardó un breve silencio. — ¿Nos vamos entonces?
— Creo que no queda más por hacer… Entonces, bienvenida a Hexide records NC Lola.
Amelie extendió su mano, pero soltó un pequeño chillido cuando la alta morena la envolvió en un abrazo.
— ¡Gracias! ¡Muchísimas gracias!
Amelie había sido advertida de este tipo de reacciones, así que trató de tomarlo con toda la naturalidad posible.
Dio un par de palmadas a la espalda de la morena.
— Creo que ya me abrazaste bastante por hoy. — Dijo intentando fingir ligereza.
La mujer la soltó de inmediato.
— Lo siento, no lo supero.
— Puedo verlo. — Dijo Amelie dirigiéndose a la puerta. — Pero será mejor que nos vayamos.
Lola la siguió rápidamente.
Recorrieron los mismos caminos que las llevaron a la oficina, ahora buscando el camino al estacionamiento.
Tras una breve parada para entregar el almuerzo del director, salieron del edificio.
Una vez fuera, Lola entregó un boleto a los valet parking y esperó a que le trajeran su auto.
Mientras tanto, Amelie le fruncía el ceño a su teléfono.
— ¿Está todo bien? — Preguntó la morena con curiosidad.
Amelie suspiró.
— No hay transportes disponibles. — Le dijo con fastidio. — Supongo que tendré que esperar.
Mientras un lustroso Mustang negro se estacionaba en la cera, Lola alzó una ceja.
— ¿Sabes que puedo llevarte, verdad? — Le dijo mientras el empleado le entregaba las llaves.
—¡Oh no! ¡Ya has hecho mucho hoy, no quiero molestarte más!
Lola rio con ligereza.
— No es ninguna molestia. — Dijo mientras abría la puerta de copiloto. — Sube.
Amelie, en contra de todo lo que le decía su cabeza, agradeció, y subió al auto.
La fascinación por la mujer de piel morena no le estaba haciendo bien.
Mientras conducían, hablaron de nimiedades, y Amelie se encontró a si misma riendo fácilmente de las infinitas ridiculeces que escapaban de los labios de la dominicana.
— ¡Mira! — Exclamó la morena señalando una tienda. — ¡Tienen un nuevo sabor de mi golosina! ¿Puedes esperar un poco en el auto?
— Claro.
La joven más alta se estacionó con rapidez, y partió rumbo a la tienda.
Amelie observó a su alrededor y vislumbró un vaporizador negro mate sobre en el posavasos.
Y Lola estaba tomando su tiempo en la tienda.
Había abandonado el pésimo hábito de fumar hacía casi un año.
Pero con todas las emociones vividas en aquel día tan ajetreado…
Probar un poco de nicotina resultaba…
Tentador.
Observó a las ventanillas de la tienda de autoservicio buscando a Lola.
Seguía formada en la fila para la caja.
Bastaba con un par de segundos y ella nunca lo notaría.
Además dudaba que fuera enojarse.
Eres más la timidez por no desear pedir una sustancia adictiva que había abandonado.
Decidida a relajarse al menos un poco, tomó el vaporizador entre los dedos y lo examinó.
Tenía un solo botón.
Lo presionó de manera experimental.
Un aro azul iluminó Los alrededores del botón y Amelie Pudo ver un poco de humo escapando de la boquilla.
Parecía bastante sencillo.
Maniobró la manivela que abría la ventanilla con facilidad y observó por última vez a los cristales de la tienda.
Aún había una persona más frente a Lola en la fila.
Presionó de nuevo el botón del pequeño aparato, acercó sus labios a la boquilla e inhaló lentamente.
El sabor del humo, dulce como el chocolate y aromático Como el café, recorrió sus mejillas y su lengua.
Huele un poco como ella…
Pero, al apenas hacer contacto con las mucosas de su garganta, un violento ataque de tos sacudió su cuerpo.
¡¿Qué demonios fue eso?!
¡¿No se supone que los vaporizadores serán una opción para dejar de fumar?!
La heredera no podía parar de toser.
Apenas puedo controlarse, observó el pequeño cigarrillo electrónico en sus manos, parecía burlarse de ella.
¡Amélie había fumado por más de dos años, un cigarro moderno no la iba derrotar!
Con rencor, volvió a presionar el botón, se llevó la boquilla los labios, e inhaló cuidadosamente.
Esta vez, lo irritante del humo no sorprendió a su garganta, contuvo la respiración tanto como pudo, y luego intentó liberar el humo con cuidado.
Pero, al exhalar su garganta volvió a traicionarla, teniendo un segundo ataque de tos, sumando más dolor al primero.
Tan concentrada estaba en intentar recuperar el aliento, que no se dio cuenta que Lola había terminado de ser atendida, Y que al verla toser, apuró su paso al automóvil.
Aun hipando, Amelie vio con sorpresa Como Lola abría la puerta con rapidez.
– ¿Estás bien? ¿Pasó algo?
La castaña, pillada infraganti, no pudo más que confesar.
– Lo siento. – Dijo con un leve raspón en la voz. – Hacía mucho que no fumaba, Y además nunca había usado un vaporizador.
Lola río suavemente.
– No pensé que fumaras.
– Se supone que lo había dejado, pero ha sido un día difícil.
Lola era toda sonrisas.
Cuidadosa y rápidamente, la morena tomó el vaporizador de su mano.
– Bueno, no acostumbro fumar antes de la cena, me arruina el apetito, pero siempre es bueno ser solidaria.
Amelie la miró extrañada.
Faltaban varias horas para la cena, y si bien el tabaco reducía el apetito, su efecto no era tan largo.
–¿Fumar a esta hora te quita el apetito hasta la cena?
Lola, que había tomado también una bocanada del vaporizador, y ahora intentaba no toser, río suavemente mientras el humo escapaba de sus labios.
–¿Quitármelo? ¡No, me muero de hambre! ¡Como tanta chatarra que me arruina la cena! ¡Y mi mamá se enoja!
La castaña estaba cada vez más confundida.
–¿No se supone que el tabaco te quita el hambre?
Lola se giró y la miró con horror.
– Esto no es nicotina… – Le dijo con un temblor en la voz.
Amelie la miró aún más confundida que antes, no entendía su preocupación, ni entendía qué era lo que había fumado, si no era nicotina, entonces que podría…
Oh.
Oh no…
Fin Cap3.
TENGOPRISABYE.
