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Luego de las batallas del arco de Asgard


Quizás

Hyoga & Freya


Freya tomó la taza vacía sobre el buro aun lado de la cama de su hermana mayor. Hilda había quedado sucumbía a los sueños no precisamente por emplear su cosmos y curar a los caballeros de bronce de Athena como parte de su redimía por sus involuntarias acciones, sino por el hecho doloroso de haber enterrado a sus dioses guerreros.

Sobre el corazón de Hilda siempre quedaría aquella espina sobre que fueron sus dioses guerreros quienes más sufrieron en todo aquel caos que causo el anillo de nibelungo.

Freya salio con cuidado de la alcoba de su hermana y pegó la charola donde transportó la taza de té contra su pecho. Mientras caminaba hacia una de la estancias principales del castillo, sin darse cuenta iba apegándose más y más de la pared, hasta que sus piernas cedieron y terminó en el suelo, con el llanto trepando a su garganta y lágrimas escapándose de sus preciosos ojos.

El corazón de Freya tampoco estaba mejor que el de su hermana mayor, pero en medio de la bruma de confusión en que aun se encontraba Hilda tras ser manipulada por tantos días, ella debía ser fuerte y hacerse cargo del castillo mientras su líder reponía fuerzas.

Se levantó, tomo la charola y siguio su camino original.

No fue necesario tocar la puerta de aquella estancia y cuando ingresó, lo hizo con la más sincera y afable sonrisa en su rostro. Después de todo, aquellos cinco caballeros junto a su diosa Athena, habían devuelto la esperanza a su querida Asgard.

—Señorita Freya. — saludaron todos, poniéndose de pie.

—¿Cómo siguen?

—Mucho mejor, luego que la Señorita Hilda nos curó — fue la práctica respuesta de Shiryu de Dragón.

Freya asintió con una sonrisa y por un segundo su mirada traicionera se dirigió hacia el joven rubio de ojos celestes que sostenía un vaso con su bebida ubicado junto al ventanal de la estancia.

—Por favor, sigan disfrutando de su merienda —los alentó la joven.

—Freya— Saori se acerco a la joven y esta volvió a sentir aquel cálido cosmos de la diosa, el cual la hizo volver a sentir como si una sensación de paz la recorriera de pies a cabeza. Por un minuto, la coraza de Freya casi se derrumba ahí mismo — ¿Podemos hablar?

Freya asintió encantada y le indicó la siguiera a una estancia mas pequeña, la cual Saori admiró las paredes construidas de cristal y que están daban vista, para mas deleite, a un precioso jardín lleno de pensamientos en el palacio de Valhalla.

—Partiremos mañana Freya, y quiero agradecerte a ti y a Hilda, en cuanto descanse, por haber curado a mis caballeros y su hospitalidad.

—No Athena, nunca tendré palabras para agradecerte por salvar Asgard.

—Saori — le sonrío la reencarnación de Athena. — Preferiría me llamaras Saori.

Freya asintió agradecida, igual nunca fue muy apegada a los formalismos.

—Y tampoco a tus caballeros de bronce— Freya junto sus manos y su mirada reflejó tristeza. — Y tampoco la de los dioses guerreros que lograron ver más allá de toda esta conspiración y que se sacrificaron por la verdad y salvar a mi hermana.

El rostro de Siegfried se reflejó en su mente. Y también Freya se preguntó, o mas bien, en lo más profundo de si, deseo creer que su querido amigo Hagen había visto lo mismo y por ello no se protegió debidamente del ataque de Hyoga.

Saori sintió la soledad que recorría a la joven Freya y no pudo evitar empatizar con ella en ese momento, mas como la humana Saori que como la diosa Athena. Porque era una sensación parecida a que ella sentía en lo privado de su alcoba tras una batalla.

La victoria se sentía en el airea y se exclamaba a los cuatro vientos, pero tras un telón o una pared; era diferente dentro de cada persona que había perdido a un ser querido o amigo en batalla.

Y siempre con la misma interrogante.

Se ganó, pero ¿a que costo?

—Asgard tendrá siempre aliados en Grecia — habló Saori, haciendo que Freya la mirara. — Era principalmente lo que quería decirte.

Freya sonrío conteniendo sus lágrimas.

—Gracias, Saori.

Cuando la joven reencarnación se marchó, Freya coloco una mano sobre el cristal y se quedó mirando un poco más el exterior hacia su pequeño jardín de pensamientos. Ese que con esfuerzo y su cosmos, no tan poderoso o relevante; pero si lo suficiente cálido para lograr hasta ahora mantener con vida a los pensamientos en las frías tierras de Asgard.

—Freya.

Ella se sobresaltó y miró por sobre su hombro. El joven caballero del Cisne la miraba un poco dubitativo desde el marco de la estancia.

Lo intuían aunque no fuera muy claro incluso dentro de ellos mismos; habían tenido una especie conexión en cuanto se conocieron en los calabozos. Algo dentro de Freya le dijo que podía confiar en Hyoga plenamente, quien fue a por respuestas a Valhalla.

—Hyoga — susurró Freya.

—Pensaba que en Asgard no había nada como esto — fue lo primero que comentó Hyoga, mirando hacia el jardín. — Es muy hermoso.

Freya sintió su corazón latir.

—Puse mucha dedicación.

—Veo que en lo que te propones, lo logras. — Hizo hincapié Hyoga mas por como ella le guió con entereza para salir del calabozo y poder reunirse con Athena y sus amigos y contarle todo lo que estaba pasando.

—Yo no hice mucho en esta batalla — Freya paso una mano por sus alborotados rizos, sintiéndose abrumada por un reconocimiento que no creía merecer. Su sangre era la que menos se había derramado en toda la batalla. — Lo que hice, es lo poco que pude hacer para salvar a mi hermana y...

Hyoga la tomo con delicadeza por los hombros y ambos se miraron mutuamente con las mejillas arreboladas, quizás por el frío en la estancia, o quizás no.

—Y me salvaste.

Y la imagen de Hagen se interpuso entre ellos como un destello.

Freya retrocedió un paso y miró hacia los pensamientos. Su mejor amigo la había ayudado a mantenerlas bonitas mucho antes que el anillo de nibelungo hiciera estragos en Asgard, y en la mente débil de Hagen.

Hyoga lo supo y bajo sus manos a los costados de su cuerpo.

La muerte de aquel guerrero... Hagen de Merak...

Hyoga lo tuvo más que claro, cuando Freya se arrastro por el suelo y tomó la mano del antiguo dios guerrero, que aquel suceso había abierto una sanja entre ambos. Porque por más que Freya le sonriera y le haya curado antes que su hermana Hilda sus heridas que eran más superficiales, no lo sentía igual.

Porque Hagen de Merak sería el impedimento de un quizás... que ambos nunca sabrían.

Freya miró el dolor en los ojos de Hyoga y se sintió mal por ello.

Abrió sus labios para decirle que no era por él, sino por ella. Pero nada de estos salió.

Pero si un impulso de rodearlo con sus brazos para dejarle ver que no había nada malo.

Y lo hizo.

Hyoga la rodeo igual con estos y acaricio sus rizos dorados.

Una adecuada despedida... o quizás, quisieron crear en lo profundo de sus mentes, un hasta luego para seguir siendo amigos dentro del quizás que no será.

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En pocas palabras de la viñeta, hubiera existido un quizás en Hyoga y Freya, pero con la muerte de Hagen, ese quizás ya no existe, pero si continuarán siendo muy grandes amigos.