El ultimo baile
Nadie jamás podría imaginarse que Iron Man y el Capitán América podrían ser algo más que amigos, no como mugre y uña, pero sí de esas amistades con los que uno podría conversar cualquier clase de tema. Era algo épico llegar a verlos juntos, ya fuera conversando mientras tomaban una taza de café, viendo una película en el cine o incluso caminando en el parque. Pero a puertas cerradas, amigos era una palabra que se quedaba corta con la relación que los héroes tenían; era una relación de amor, el más sincero que el castaño había tenido con otra persona y el más desconocido para el rubio. Anthony jamás podría olvidar la noche en que ambos profesaron sus sentimientos, esa noche se encontraba (Como siempre) en su taller, haciendo algunos ajustes y cambios nuevos a su armadura; estaba totalmente metido en su trabajo cuando escuchó como una canción comenzaba a resonar en la habitación y en el resto del edificio –Jarvis... ¿Por qué suena esa canción de la prehistoria?-
-Fue a petición del Capitán Rogers, señor-
-¿Y cómo porque no me extraña?-. Se giró en su silla, dispuesto a ir con el rubio para preguntarle por qué la elección; no hubo necesidad de levantarse, ya que ahí estaba, bajo el marco de la puerta, con una sonrisa en sus labios y una mano extendida -¿Es acaso esto una invitación para bailar, Rogers?- pregunto algo divertido
-Lo que se ve no se pregunta, Stark-
-Touche... Pero debo advertirte que estoy cubierto de sudor y algo de aceite, odiaría corromper esa piel blanca con suciedad-
-Me arriesgaré... ¿Me aceptarías esta pieza?-
Anthony solo pudo reír un poco ante la ocurrencia de su novio, quitándose los guantes en el camino, se dirigió hasta el rubio para tomar su mano mientras la otra se posaba en su hombro. La canción aumento un poco su volumen, escuchándose solo ésta en la habitación, el otro brazo de Steve se colocó en su cintura, acariciando su piel por encima de la camisa sin mangas que solía usar. Ambos comenzaron a moverse al mismo tiempo, sin despegar sus miradas y quitar la sonrisa en sus labios. Aquella melodía era perfecta, representaba en cada letra, en cada tono, el gran cariño que había surgido entre los 2, aquel que (Sin saberlo) tanto les hacía falta en sus vidas
Hubo giros, inclinación e incluso Steve alzo al castaño en el aire, logrando sacarle una risa que encanto sus oídos. Una vez que la melodía finalizo, de sus labios brotaron una frase corta pero tan poderosa que el solo decirlo tenía que ser algo que la persona tenia segura –Te amo, Tony-
No podría creerlo, en sus ojos lo vio, estaba sorprendido, emocionado, y algo asustado; aun así, él también estaba seguro de lo que iba a decir –Yo también te amo, Steve- dijo, antes de sellar su declaración con un beso que hizo temblar ambos cuerpos. A partir de esa noche, la canción se convirtió en una especie de ritual, en el que ambos bailaban (Sin importar la habitación o la hora) cuando uno de los 2 estaba enojado, estresados, cuando querían celebrar un triunfo, incluso cuando tenían ganas de... Cariñitos
Todo bien, todo romántico, ¿Y el problema cuál es? Bueno... Steve había decidido mantener el romance en secreto ante el ojo público, ¿Por qué? Porque, a su punto de vista, no sería correcto que los pequeños presenciaran como 2 de sus superhéroes favoritos, más específico hombres, mantenían una relación romántica (Claro que eso jamás lo dijo directamente, sino que "Podrían convertirse en carne fresca para los paparazzi y no tener un solo segundo de privacidad). Anthony jamás replico, quizás en parte porque tenía algo de razón; además, podría ser algo divertido mantener un secreto y fingir ante los demás que nada más sucedía... ¿Cierto?
-¿Seguro que no quieres acompañarme?-. Anthony se encontraba abrochando los botones de sus muñecas, solo eso y estaba listo para la cena
-Ya sabes que esas formalidades no me gustan, además, te conozco. Y sé que te escaparas pasadas unas 2 horas-
-No sé si sentirme halagado o aterrado, pero si, tienes razón. Solo iré un par de horas, recibo el premio y me regreso, porque deseo escuchar cierta canción que una paleta de hielo me obligo a escuchar una y otra vez. Nos vemos, guapo-. Se despidió con un pequeño beso y salió de la habitación, subiendo a un coche que se alejó del edificio
Realmente Steve no tenía ningún plan esa noche, podría entrenar, ver una película, pero ninguna de esas opciones le llamaba la atención. Justo estaba todavía divagando en su mente cuando escuchó como su teléfono sonaba, indicando que había recibido un mensaje. Pensó que se trataría de Tony, quizás olvidando algo y pidiéndole que lo llevara; pero se sorprendió al ver que el remitente era nada más y nada menos que Peggy Carter, una amiga y compañera del trabajo
Acaban de abrir un restaurante cerca de mi casa, ¿Por qué no vamos a cenar? Podríamos bailar un poco, escuché que cuenta con una pista de baile bastante grande
Dudó, y por mucho tiempo, que responder. Por un lado, podría servir para gastar el tiempo; pero, por otro lado, tenía miedo de que su novio llegara a enterarse. Lo pensó, ¿Por qué tendría que ser justo al mismo lugar en el que Tony se encontraba? Además, era una salida de amigos, nada más sucedería. Claro, nos vemos en 5 minutos. Eso fue lo que respondió, antes de vestirse con una ropa más formal, subió a su motocicleta para dirigirse al dichoso restaurante. Al llegar, se sorprendió, la fila para entrar era bastante larga (Seguramente por la inauguración); para su suerte, Peggy se había tomado la molestia de haber reservado una mesa para los 2. Entraron, la decoración era exquisita, uno entraba y sabía que se trataba de un restaurante de lujo, pero sin llegar a ser ostentoso
Tomaron asiento en la mesa que el mesero les indicó, no pasaron ni 5 minutos cuando comenzó a sonar una canción bastante conocido para el –Amo esa canción, Steve, vamos a bailar-
... No sabía qué hacer, para el sería un pecado bailar esa melodía tan especial con otra persona que no fuera Tony. Para muchos podría ser solo un trozo de tonos y acordes, pero para él había formado una parte esencial en su relación. Por su mente pasó mil y un excusas para evitar que sucediera, pero no hizo caso a ninguna de ellas –Claro- dijo, extendiendo su mano. El roce con su piel fue una sensación parecida al fuego, pero no al mismo calor que sentía cuando la mano de su amado, sino uno que incluso lo hacía sentir nauseas, una presión en el pecho. Ambos caminaron a la pista, que casualmente se encontraba desolada; ante la atenta mirada de todos, iniciaron una danza que (A los ojos de los demás) los hacia ver como la pareja ideal. Trató de dejarse llevar, hasta llego a imaginarse que no era ella sino Tony con quien estaba bailando
Cuando la melodía finalizo, vio como Peggy reía encantada, pero algo lo hizo mirar a otro lado. Dirigió su mirada al frente, encontrándose con unos ojos castaños; que, si bien lo miraban con expresión seria, en ellos pudo ver el enojo, el dolor, pero sobretodo, la decepción
*POV's Tony*
-Vaya sorpresa que el famoso Anthony Edward Stark haya obtenido el premio del año- comentó divertido uno de mis rivales, aunque yo no podría llegar a considerarlo de ese modo
-Las envidias afuera, Johnson, solo vine por lo que me gané-. Tomé una copa de whisky que uno de los meseros ofreció, alzándolo a modo de victoria; justo antes de darle un trago, comenzó a sonar esa canción, no pude evitar sonreír un poco al recordar que unas horas antes le había pedido a Steve que bailáramos cuando llegara. Vi como muchos de los comensales y asistentes del evento miraban hacia la misma dirección, podría tratarse de algún actor o cantante famoso que había asistido a la inauguración del restaurante; volteé, para ver de quien se podría tratar
De pronto, todo mi mundo se quedó en silencio, incluso la canción parecía haberse pausado repentinamente; era Steve, con Peggy, ambos sonreían (Justo como él lo hacía conmigo) mientras bailaban lo que creía que era nuestra canción. Parecía broma, pero sentía que el corazón (O Reactor ARC en mi caso) se rompía en pedazos al ver como finalizaban la canción con una posición en la que parecía que estaban a punto de besarse. Logré contenerme para evitar romper el vaso con mi mano, no despegué mi mirada de ellos, hasta que por fin el notó mi presencia. Sus ojos desbordaban terror; dejé de mirarlo a los pocos segundos, dejando el vaso en la charola del mesero –Caballeros, me disculparán, pero tengo que retirarme... No me siento bien-. No recuerdo si tomé el premio, era lo que menos me importaba, solo salí de allí lo más rápido posible, tratando de no demostrar que estaba huyendo. Salí por la puerta de emergencia, era un piso de escaleras lo que bajé corriendo, casi de 2 en 2 peldaños, hasta que pude salir. Me dirigí a mi coche y entre al asiento trasero –Jarvis, por favor, llévame a casa- dije apenas vi como Steve salía del restaurante
El coche aceleró, las llantas resonaron en la acera, fue ahí cuando pude soltar las primeras lagrimas mientras soltaba un suspiro y tapaba mi rostro –Mierda...-. Al colocar mis manos en mis hombros, note algo extraño, más bien la ausencia de algo. Revisé mis bolsillos... Se había caído la caja con los anillos
*POV's Steve*
Lo vi despedirse y salir del salón, sentía el alma salir de mi cuerpo, ni siquiera miré a Peggy, solo hice lo que mi cuerpo me mando. Corrí tras él, empujando incluso a las personas que se encontraban en medio; cuando iba a la mitad de las escaleras, vi una pequeña cajita de color negro, la puerta se cerró al mismo tiempo que la tomaba. Me agaché y la tomé en mis manos, era de terciopelo, con un broche dorado en forma de infinito; algo dentro de mí me hizo sentir una ansiedad terrible, como una señal de advertencia para que no la abriera, lo hice, y deseaba con toda el alma que todo lo que estaba pasando fuera una pesadilla. Pero no lo era, en la cajita había 2 anillos, uno de oro con detalles rojos y otro de plata con detalles azules, blancos y rojos. Este último era más pequeño que el otro... El que tenía los colores de mi traje era para Tony
-Steve... ¿Qué pasa?- preguntó Peggy, quien había logrado alcanzarme
-Peggy... Tengo algo que confesarte...-
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Llegué al edificio en pocos minutos, había roto varias reglas de tránsito, pero eso me importaba un carajo cuando mi relación estaba en peligro. Entré corriendo a la casa, llamando a Tony un sinfín de veces; llegué a su habitación, todo estaba en orden, como si no hubiera estado ahí. Mi vista se posó en una tableta que estaba bocabajo, pero que alcanzaba a divisar como la luz de la pantalla parpadeaba, como si quisiera llamar mi atención. La voltee, y al instante, surgió un holograma del rostro de Anthony. Era sorprendente, pero su mirada era como si me viera directamente a los ojos, con una mirada tan fría que hizo temblar mi cuerpo
-Por muchos meses acepté tu condición porque te amaba, pero ya no, Rogers... Hoy por fin pude convencerme de la realidad. Tu no querías decir lo nuestro por la prensa, o porque podrían atosigarnos, era porque te avergonzabas de estar conmigo. Muchas veces lo dejé pasar por mi gran amor a ti, pero la gota que derramo mi vaso fue esa canción, la que tú me hiciste amar, la que me hizo confesar mis sentimientos; lo que para mí era una pieza esencial en mi vida, algo único, supe que solo era un simple conjunto de notas para ti. No dejé mi título de playboy por alguien que se avergüenza de mí, por alguien que no me ama lo suficiente para demostrarlo ante todos, y que prefiere tenerme como un sucio secretito. No merezco algo así, yo quiero a mi lado a un hombre que me ame, que me dé mi lugar, y tu... No lo eres. Creo que ya viste mi regalo, ya no importa, puedes quedártelos, puedes tirarlos, haz lo que quieras con ellos. Te libero de tus "promesas de amor", sé feliz con Peggy, siente libre de poder bailar SU canción las veces que quieras y forma con ella aquello que no puedo darte... Si alguna vez llegaste a amarme como tanto lo profesabas, no me busques, déjame al menos enterrar esta bonita historia y comenzar una nueva... Adiós, Steve, y espero que seas feliz-*
La pantalla se apagó, todo quedó en total silencio, solo se pudo escuchar el choque de la cajita contra el suelo, creándose un eco por los anillos que se habían salido. Mi cuerpo se estremeció, como si me hubiera caído un balde de agua fría, quería gritar, pero simplemente me quede sin voz –J-Jarvis... ¿Dónde está Anthony?-. fue lo único que alcance a preguntar
-El Sr. Stark no desea que le revele su ubicación-
-Jarvis, te lo ruego, dime donde esta-
-Lo único que puedo decirle... Es que el Sr. Stark salió del país, y no tiene pensado regresar, al menos, no en poco tiempo-
*POV's Tony*
Días, semanas, meses han pasado desde que escape. Por parte de la empresa, tuve la infinita ayuda de Pepper, jamás me reclamo mi ausencia, creo que ella sabía más que nadie lo mucho que me había afectado mi relación con Steve. ¿Los Vengadores? Aun tuve noticias de ellos gracias a Jarvis, no abandoné del todo a mi equipo, pero solo me encargaba de manejar los sistemas para que ellos pudieran acceder a las bases enemigas, o modificando algún método en las defensas de S.H.I.E.L.D. ¿De Steve Rogers? No quería saber absolutamente nada de él, a pesar de los meses, lo seguía amando con toda mi alma, pero me mataba el solo pensar que (Gracias a mi desaparición) él pudo ser feliz con Peggy. Lo que jamás pude prever es que 3 días después de que escapara a mi villa en Arabia Saudita, me enteraría que la operación que logre realizar con la ayuda de Bruce había sido un éxito, y dentro de mi albergaba al hijo de Steve
¿Era egoísta no decirle a Steve del bebe? Sí, pero era más egoísta atarlo a mí de esa forma. Para ese entonces, mi vientre era enorme, mi ropa ya no me quedaba y tenía que vestir con batas para embarazadas. Aunque fuera difícil, casi imposible, Bruce lograba escapar de la vista de Steve para ir a visitarme y verificar que mi embarazo estuviera bien. Fue en el séptimo mes cuando por fin supe que iba a tener un niño, inmediatamente mi mente comenzó a divagar, imaginando como podría ser; el que más se repetía era la imagen de un pequeño castaño, con cejas y piel idénticas a las mías, pero con unos ojos tan azules como los de su padre. Reí un poco al pensar que podría tener la misma actitud correcta de Steve, diciendo "lenguaje" cada vez que yo dijera una mala palabra –No me importa si te pareces a mi o a tu padre, te amaré con todo mi corazón-
-Lo mismo te prometo yo-. Un frio helado recorrió mi cuerpo, me paralicé por completo; lentamente giré mi cabeza... Ahí estaba ese rubio idiota, mirando embobado mi prominente vientre
-Si vienes a entregarme una invitación de bodas, te adelanto, no estoy interesado en asistir-
-No creo que puedas negarte cuando tú eres la novia-
-¿Ah sí? ¿Acaso planeas que me vista de mujer? ¿O preferirás que todo sea en el anonimato?-. Me levanté de mi silla con algo de dificultad, vi que trató de ayudarme, pero me negué –Voy a desconectar a Jarvis cuando este bebe nazca-
-¿Por qué no me lo habías dicho?-
-Mmm... ¿Sera porque no quería verte?-
-Anthony esto es serio-
-¿Tan serio como nuestra relación? Porque si es así, entonces regresa por donde viniste, soldado. Ni mi bebe ni yo te necesitamos, no lo hemos hecho en este tie...-Me quede callado al ver que, de un bolsillo, sacaba la cajita de terciopelo que se me cayó esa noche; mi respiración se esfumo al verlo arrodillarse frente a mí al mismo tiempo que la abría. Los anillos eran casi idénticos a cuando los mande a hacer, solo que el mío ahora tenía un diamante incrustado
-Cometí un grave error al dejarme llevar por mis miedos, porque perdí a la persona que más he amado en esta vida; fue gracias a mis inseguridades que no pude ver crecer a mi hijo dentro de ti... Ahora quiero enmendarlo todo, quiero que todo el mundo sepa que te amo, y que no hay otra persona con la que deseo pasar el resto de mi vida que tú. Anthony... ¿Podrías perdonarme y aceptarme en tu vida?-
¿Tonto? ¿Imbécil? ¿Idiota? Así era como Steve me tenía, pude verlo aún mejor, las ojeras en sus parpados, la barba crecida, eran señales de que estos meses la había pasado muy mal, haciendo que cualquier insulto se atorara en mi garganta. No sé por qué, pero solo me reí un poco, se sentía como una liberación de la carga que ya llevaba hacía tiempo. Pude ver en su rostro una expresión de confusión, o quizás tristeza al pensar que lo había rechazado; antes de que pudiera decir cualquier cosa, tomé su rostro y lo besé. Nuestros labios se movían con ansiedad, como alguien que llevaba tiempo en el desierto y había encontrado un manantial; dejo la cajita con los anillos en la mesa y se levantó al mismo tiempo que sus brazos rodeaban mi cintura. Mi vientre chocaba con su estómago, era el único impedimento para estar pegado a su cuerpo
Realmente nos extrañamos, pude sentir sus manos acariciando mi cintura, antes de bajarla al borde de la bata y alzarla para poder tocar mis piernas. Sus grandes y toscas manos eran capaces de tocar cada nalga, apretándolas a su antojo; solté un jadeo cuando uno de sus dedos invadió mí ya mojada entrada. Poco nos importó si estábamos en un balcón al aire libre, Steve se sentó en la camilla, colocándome en su regazo. Seguimos besándonos como desquiciados mientras alineaba su miembro; jadeamos de alivio cuando por fin nos unimos; no quise esperar un segundo más, comencé a brincar y girar mi cadera en círculos, al mismo tiempo que besaba su cuello. Me ayudo moviendo sus caderas, soltando una que otra nalgada en mi trasero, hasta que quedo rojo como tomate
Me abrazó, juntando nuestros cuerpos por completo, rodeé su cuello y escondí mi rostro en la curvatura de su hombro para tratar de acallar mis gemidos. Sonreí al ver que en mi dedo anular ya estaba el anillo, ¿Cuándo fue que me lo puso? Seguí moviéndome, la velocidad de sus embestidas aumento, tocaba una y otra vez mi punto G; pasados pocos minutos, por fin se corrió dentro de mí. Extrañaba esa sensación, la sensación del post orgasmo, donde Steve me abrazaba y besaba cariñosamente antes de caer rendido en un profundo sueño. No quería que me resfriara por estar al aire libre, así que me cargo en sus brazos y entró a la casa, recostándome en mi cama y tapándonos con la manta
Quisimos esperar a que él bebe naciera para regresar a casa, queríamos darles una doble sorpresa a nuestros amigos: El compromiso y nuestro bebe. El tiempo que faltaba se hizo más corto gracias a los mimos y cuidados (A mi parecer, algo exagerados), cuando menos lo esperamos, comencé con el trabajo de parto. Vaya que fue doloroso el proceso, y bastante incomodo, fueron más de 6 horas en las que pasé por contracciones, calambres, y un sinfín de maldiciones que le dije a Steve. Pero todo lo valió cuando escuche a ese pequeño ser que había estado dentro de mi cuerpo por 9 meses llorar a todo pulmón, molesto por haber sido sacado de su cálido refugio. ¿Cuál fue mi sorpresa? Que no solo era un bebe, había tenido gemelos. Claro que para Steve no fue bueno saber que lo mandaría a dormir al sofá por un año. Por fin había podido ver el rostro de mis pequeños Peter y Morgan, eran hermosos, ambos habían sacado mis cabellos cafés, pero unos hermosos ojos azules como los de su padre
Esperamos un par de días, gasta asegurarnos que los bebes estaban bien y ya podían viajar en avión. Todos se llevaron una gran sorpresa al ver mi jet privado aterrizar en el techo del edificio, corrieron rápidamente para cerciorarse que se trataba de mí. Primero baje yo, Natt y Bruce fueron los primeros en abrazarme, ella regañándome por mi desaparición sin aviso; antes de que Bruce pudiese preguntar por él bebe, Steve apareció detrás de mí, cargando a cada gemelo en un brazo. Hubieran visto las caras de todos, sus mandíbulas se estrellaron contra el suelo, incluso Bruce (Ya que el había jurado que solo se veía un bebe en las ecografías) –T-Tony... ¿Qué significa esto?- pregunto Natt aun sin recuperarse de la sorpresa
-Amigos míos, quiero presentarles a Peter y Morgan Rogers Stark-
-...¡¿Rogers?!-. El grito de todos se escuchó a más de 3km a la redonda
-Ah sí, y necesitaremos su ayuda para organizar la boda-. Solté la bomba al mismo tiempo que les mostraba el hermoso anillo que portaba en mi mano, ahora si el grito de emoción de mis compañeros debió escucharse en toda la ciudad. Natt saco su teléfono, dispuesta a transmitir el momento a todo el mundo; no lo niego, me asuste, creí que Steve se negaría rotundamente. Y si llegaba a hacer dicha acción, me iría para siempre y ni con todo el amor que sentía por él, volvería a su lado. Pero en su lugar, me tomo de la mano y se colocó a mi lado
-Grabando... A mis seguidores, les tengo la noticia del siglo. Nuestro afamado Iron Man ha regresado de las sombras, y no viene solo, pues ha vuelto con 2 bebes tan lindos; pero no se los mostrare por seguridad. En fin, a que ustedes no adivinan quien fue el responsable de que estas linduras estén en este mundo. Pues el padre de estas criaturas es nada más y nada menos que el heroico Capitán América, sip, tal y como lo oyeron. Iron Man y el Capitán América son padres. ¿Algún comentario a los felices padres?-
-Solo puedo decir que amo a Anthony con locura, y que daría mi vida por él y mis niños... Ah, y otra cosa, están invitados a nuestra boda-
Dios, esa transmisión se convirtió en tendencia en pocos segundos. Muchos hablaron pestes sobre nuestra relación, nos importó un carajo, pero otros más apoyaron nuestra relación y hasta nos enviaron sus mejores deseos para nuestro futuro y el de los bebes. En pocas semanas teníamos todo listo para la boda, la ceremonia se llevó a cabo en un jardín, uno muy especial para mí; ya que fue en ese lugar donde Steve me había preguntado si quería ser su novio. Fue hermoso, nuestros amigos más cercanos estaban ahí, había vestido a los bebes con unos trajes adorables, y yo me permití derramar algunas lágrimas al escuchar los hermosos votos de amor de Steve
En ese mismo lugar fue la fiesta, había mandado a poner una pista de baile de madera; cuando Steve tomo mi mano y me llevo al centro de la pista, la música empezó a sonar. Todo a mi alrededor se borró, y en su lugar, estaba la imagen de mi taller, justo la noche que bailamos por primera vez. Me recosté en su pecho mientras nos movíamos al compás de la melodía, tratando de evitar que los demás vieran que había empezado a llorar –Te amo, Anthony. Te amo con toda mi alma-
-Yo también te amo, Steve...-. Nos besamos cuando la música terminó fue el cierre perfecto para ese momento, en medio de los aplausos dimos por terminado nuestro primer baile, aquel que inicio nuestra bonita y dramática relación de novios, y ahora daba inicio a una misteriosa vida de casados
