Hola! Aquí Saori-nee esta vez con una nueva historia un tanto diferente a cualquier otra que he escrito, que pienso les va a súper encantar tanto como a mí c:
Espero disfruten mucho de ella y sin más que decir por el momento ¡comenzamos! :D
Prólogo
Reino Shirakawa – Hace muchos años
Hace muchos años en un reino muy, muy lejano, vivía una pequeña niña de cabello azul y ojos marrones llamada Rikka.
Ella como muchas otras en el reino, era una chica alegre y risueña que vivía del día a día intentando salir adelante con su madre.
A pesar de que vivían solas y apenas tenían para darse una vida, no se podría decir que eran pobres y ambas eran felices con lo poco que tenían.
Por las noches, Rikka subía a la azotea de su pequeña casa a ver las estrellas y el gran castillo que se imponía a lo lejos donde vivía la reina y toda la familia real.
Rikka tenía una familia, tenía a su madre, a su mejor amiga e incluso una casa en el pueblo, era feliz con lo que tenía, pero eso no quería decir que no soñara con más.
Un día como cualquier otro, estaba jugando en la plaza principal con su mejor amiga, una chica tímida de cabello rosado y ojos azules llamada Risa, cuando un gran ejercito de soldados pasó desfilando frente a ellas.
Asombradas por ver a los caballeros, Rikka guió a Risa a lo alto de una tienda desde la cual, pudieron ver a la imponente caravana real pasar por las calles. Caballos, soldados y carruajes de todos los tamaños iban pasando como un desfile real.
Rikka estaba maravillada con todo ello, pero nada la maravilló más que lo que vio a continuación.
El carruaje real, aquel en el que viajaba la mismísima reina se abrió, y de el salió una pequeña niña de cabello y ojos rosados con la tez más fina, blanca y pura que hubiera visto jamás, por la cual, era conocida como Blancanieves.
La princesa misma en persona.
Con su vestido hecho a la medida, zapatillas y perfectamente peinada, bajó del carruaje real con su peluche en mano y se dirigió a un pequeño puesto de fruta de la plaza.
De inmediato toda la caravana se detuvo y uno de los caballeros bajó y fue hasta con ella.
La dueña del puesto de frutas le regaló una bolsa completa de manzanas a la pequeña princesa, el caballero las tomó en mano y la escoltó de la mano devuelta al carruaje con la reina.
Rikka jamás había visto tanta belleza en una sola chica, pareciera que había visto a un ángel y lo que más la impresionó, fue ver a aquel caballero de brillante armadura que tan elegantemente había recibido la fruta y escoltado a la princesa devuelta al carruaje como su fiel guardián.
Al ver a la caravana alejarse y a la gente del pueblo volver a su vida normal, marcó un antes y un después en la vida de Rikka, pues ese día, descubrió lo que quería hacer de su vida.
Desde aquel día en la plaza, Rikka consiguió su primera espada de madera y con ella, comenzó a practicar día y noche para convertirse en la mejor espadachín que el reino hubiera visto.
Con el paso de las estaciones y los años, la hoja pasó de madera a hierro sin filo, de hierro a acero y eventualmente, Rikka se convirtió en una talentosa joven experta en combate cuerpo a cuerpo y en sigilo, con lo cual pensó, entrar a la guardia real sería pan comido.
Lamentablemente entrar a la guardia real no sería una tarea fácil, para ello había que ser entrenada por un gran caballero del castillo, para ello había que pagar la colegiatura de la academia real y para ello había que tener dinero.
Al ver sus sueños destruidos, esto desanimo mucho a Rikka al menos por un tiempo, hasta que un día, consiguió unas amigas las cuales le propusieron un trabajo en el cuál podría demostrar sus habilidades.
Baile de Cenicienta
ACTO I
Plaza del pueblo – Presente
Una figura observa sigilosamente desde un tejado a una de las caravanas reales donde los nobles de la ciudad viajan al castillo.
A mitad del camino, se topan con una hermosa joven de cabello rubio pintado y ojos azules, la cual se pone en medio del camino de la carroza y se dirige a los caballeros con una canasta de frutas.
– A un lado señorita, esta es una carroza real y esta interrumpiendo el paso.
– Disculpe la molestia noble caballero, mi nombre es Lizabeth y me preguntaba si les gustaría comprar una canasta de fruta.
– ¿Qué esta pasando? – se asoma un noble burgués desde la carroza – Caballero, por favor, retire a esa joven para que podamos seguir nuestro camino.
– Lo lamento señorita, no estamos interesados, ahora por favor, retírese del camino, esta interrumpiendo el camino de esta noble pareja.
– Sí, lo entiendo, no se preocupe, lamento la molestia que pudiera haberles ocasionado, yo… ¡Waaaaa!
La chica tropieza cuando se esta por retirar, cayendo de frente y tirando toda su fruta de la canasta en el proceso.
Al caer, su falda se levanta dejando sus panties un tanto expuestas al aire.
– ¡Ay no, mi fruta!
– ¡Descuide señorita, la ayudaré!
De inmediato, el caballero se aparta de su puesto y ayuda a la hermosa a joven a levantar su fruta y a ella.
Mientras todo esto pasa, otra figura misteriosa y encapuchada se dirige sigilosamente al carruaje y con una llave, abre el baúl trasero del carruaje. La chica del tejado observa todo esto desde arriba.
El caballero termina de recoger la fruta y ayuda a la joven tirada en el suelo.
– ¿Esta todo en orden?
– Sí, parece que todo esta bien, muchas gracias por ayudarme, noble caballero.
– ¡¿Hey?! ¿Qué significa todo esto? – insiste el burgués desde su carruaje – ya, vamos, andando.
El caballero cambia su actitud y le dice a la joven.
– Bien, si ya todo esta en orden, por favor, retírese y vuelva a su casa o a vender en el mercado como todos los mercantes con licencia, señorita.
– Esta bien noble caballero, no me parece algo justo que los mercantes tengamos que pagar una gran licencia para poder vender, en la cual se nos va la mitad de nuestras ganancias, pero lo aceptaré, muchas gracias.
El caballero se esta a punto de voltear, pero la figura misteriosa aún no termina, así que la chica…
– ¡Ah! Por cierto caballero ¿no debería…? ¡No vea!
Demasiado tarde, el caballero voltea a ver a la figura robando y…
– ¡Ladrón!
– ¡Aaaaaah!
– Diablos – el plan ha fallado.
La figura del techo se pone la capucha y se apresura a bajar.
– ¡Es una emboscada! Caballeros, atrapen a las ladronas.
– ¡Aaaaaah!
El caballero aprieta a la chica rubia de la muñeca, mientras otros tres caballeros se dirigen corriendo hacia la figura misteriosa que estaba robando.
Están a punto de atraparla, cuando la figura dobla la esquina y Rikka llega al rescate.
Cubierta por una capucha para no ser reconocida, saca su espada y enfrenta a los tres caballeros a la vez con ella.
Un golpe, dos golpes, tres golpes, sus estocadas son perfectas y los caballeros no pueden hacer nada contra ella. Aún cuando los caballeros pelean para matarla, ella solo pelea lo suficiente para desarmarlos y noquearlos.
El primer caballero, asombrado de verla pelear, se distrae con ella lo cual, la chica rubia aprovecha para darle un pisotón en el pie, empujarlo y escapar corriendo.
El caballero esta a punto de perseguirla cuando llega Rikka tras abatir a sus otros tres oponentes y de una patada a la cabeza lo noquea.
Sigilosa como una sombra como cuando llegó, desaparece de la plaza dejando a los cuatro caballeros noqueados y abatidos.
¿Quién es ella?
Taberna del pueblo – Rikka POV
Tras burlar a los guardias, las tres nos reunimos en la taberna del pueblo donde todos son bienvenidos y nadie juzga lo que haces. Ahí somos bien recibidas y la chica rubia se dirige al baño.
La figura encapuchada y yo nos dirigimos a una mesa y tras ordenar nuestras bebidas, revela su rostro.
– Vaya eso fue muy intenso ¿no te parece?
Una chica de cabello corto, negro y ojos tintos, de sonrisa amable y juguetona, ella es Mai.
– Sí, por un segundo pensé que no saldríamos vivas de ahí.
– ¡Ay! ¡Estás jugando! Desde que llegaste no tuvieron ninguna oportunidad.
– Eso… no creo que sea cierto – sonrojándome.
– Mai-chan tiene razón, Rikka-chan.
La chica antes rubia, regresa tras despintarse el cabello revelando a una tierna chica de cabello rosado, el cual amarra en dos coletas a los lados. Ella es Nanami.
– ¿Ves? Hasta Nanami-chan lo dice, quién por cierto, olvidó alargar la historia lo suficiente para que pudiera terminar de sacar las bolsas del cofre.
– ¡Aaaah! ¡Lo lamento, Mai-chan! El guardia volteó muy rápido y…
– Nanami-chan tiene razón, Mai-chan. Ese guardia era muy bueno, lo suficientemente noble para ayudarla cuando se cayó pero también lo suficientemente recto para no olvidarse de su deber y mantenerse atento a posibles agresores.
– Sí, lo cual no es fácil cuando Nanami-chan les muestra sus calzones ¿verdad?
– ¡Waaaa! Fue un accidente en mi caída.
– Sí, claro – dice Mai burlándose, sarcástica – en fin, al menos el atraco fue un éxito y conseguimos el botín del viejo.
Mai saca los pequeños sacos de dinero de su bolsa y los reparte entre las tres.
– Aquí esta, un tercio para cada una.
– ¡Que bien! Gracias Mai-chan – agradece Nanami.
Nuestras bebidas llegan y bebemos alegres en la taberna.
Llevábamos más de un año trabajando juntas y como código moral teníamos únicamente robar a aquellos que tenían mucho más dinero del que podían gastar y no dañar severamente a los guardias (ese último código lo había impuesto yo, aún cuando Mai estaba en contra de ello).
Cada una de nosotras tenía una razón principal para hacer esto aún más allá de la poca oportunidad de empleo, los enormes impuestos y la desigualdad de género para conseguir trabajo. En mi caso una parte del dinero lo usaba para mantener a mi madre, nuestra casa y los víveres del día a día, y otra pequeña parte la guardaba para mí en lo que ahorraba para entrar a la academia real.
Después de tantos años, finalmente estaba cerca de lograr mi sueño y no podía estar más feliz por ello.
– Muy bien chicas, un par de atracos más y habremos juntado lo suficiente para lograr nuestros objetivos. Nanami-chan ¿aún deseas comprar aquel local en reino y abrir tu tienda de ropa?
– ¡Así es! Ya he conseguido suficientes telas para abrirla y solo me faltan unas cuantas monedas más para comprarlo y hacer los mejores vestidos. ¿Y quién sabe? Quizás alguna noble dama del reino los vea, y me pida que sea su estilista o incluso dama de cortesía.
Nanami era una gran estilista y maestra del disfraz, ella era la encargada de diseñar los vestuarios para nuestros atracos y siempre se diseñaba un vestido increíble para los papeles que interpretaba y distraer a los guardias.
Quizás ya habría ahorrado lo suficiente para abrir su tienda, de no ser por lo que gasta en sus disfraces y peinados para los atracos.
– Eso lo puedo ver – dice Mai con una sonrisa – ¿y tú Rikka-chan? ¿En verdad aún deseas pertenecer a la guardia real?
– Bueno… – algo nerviosa.
A pesar de que ha sido mi sueño desde niña, siempre me ha acostado decirlo en voz alta, especialmente por la perspectiva que tienen los del pueblo hacia los guardias, especialmente Mai.
Suspira.
– En verdad no entiendo qué es lo que ves en ellos ¿No ves lo que nos hacen cada día? Los enfrentamos cada semana, y cada vez podrían habernos acabado ¿Por qué querrías unirte a ellos?
No respondo, avergonzada.
Nanami se apiada e interviene por mí.
– Vamos Mai-chan, seguro que Rikka-chan tiene sus razones. Además ¿no sería genial tener a una mujer siendo miembro de la guardia real?
– Bien – suspira – supongo que eso sería algo genial de ver. Aunque no cambia el hecho de que piense que estas cometiendo un error. Hey – pone una mano sobre mi hombro, volteo a verla – lo digo porque te quiero ¿esta bien? – me sonríe.
Esa sonrisa, llena de confianza y amor como de una hermana mayor.
Le sonrío de vuelta aún avergonzada y le digo.
– Sí, esta bien – sonreímos.
En ese momento, entran un par de niños a la taberna. Un chico y una chica, ambos igualitos a Mai en miniatura, se dirigen corriendo hacia ella y la abrazan.
– ¡Onee-chan!
– ¡Hermanitos!
Mai los abraza y los besa.
– ¿Cómo te fue en tu trabajo, Onee-chan?
– Niños, debo decirles que…
– ¿Uh?
Mai pone la cara más triste y falsa que haya visto, y con una sonrisa les dice.
– ¡Fue un éxito! – les enseña la bolsa de dinero
– ¡Que bien!
Les entrega una moneda.
– Vamos, pidan un jugo para cada uno y vámonos a casa antes de que mamá se preocupe.
– Sí, esta bien Mai-chan. Nos vemos Nanami-chan, bye, bye Rikka-chan.
– Bye, bye – sonreímos despidiéndonos de los hermanos de Mai.
Mai se levanta y nos dice.
– Bueno, tengo que volver con mis hermanos, investigaré si hay otro trabajo en la semana y si hay se los haré saber ¿de acuerdo?
– De acuerdo, Mai-chan.
– Ah, y Rikka-chan – volteo con ella – piensa en lo que te dije.
– Sí, de acuerdo.
Mai sonríe y sale de la taberna con sus hermanos.
– No te preocupes por Mai-chan, Rikka-chan.
– Nanami.
– Ya sabes lo que opina de los guardias.
– Lo sé, pero… ¿y si tiene razón? Nadie que conozco cree que debería serlo.
– Yo pienso que serías una excelente guardia.
– ¿En serio?
– Así es, no solamente eres una gran espadachín, sino que además conoces toda la ciudad y sabes las estratagemas de los ladrones. Además de eso, eres muy justa y valiente.
– ¿En verdad lo crees?
– Sí, solo necesitas una oportunidad para demostrarlo y verás que Mai y las demás te apoyarán.
– ¿Pero cuando tendré esa oportunidad?
– Ya llegará. Descuida Rikka-chan, ya pronto tendremos nuestro lugar en el castillo.
– Nanami-chan... Gracias.
– No hay de que, para eso son las amigas.
Sonreímos. Nanami se levanta.
– Bueno, será mejor que yo también vuelva a mi casa, mis padres se estarán preguntando porque aún no he regresado.
– Sí, también yo volveré con mi madre.
– Nos estamos viendo Rikka-chan.
– Sí, igualmente Nanami.
Se retira y me quedo en el bar sola, pensando en aquel día.
Tejado de la plaza – Noche
Antes de terminar el día, me dirijo al tejado donde hace muchos años estuve con Risa-nee, y observo la plaza ahora casi vacía, donde alguna vez pasó la caravana real y supe lo que quería hacer.
Han pasado muchos años desde entonces y a decir verdad, ya no recuerdo muy bien como se veía. Lo que sí recuerdo es aquella sonrisa tan perfecta y los ojos tan brillantes de la princesa al caminar con su valiente caballero de blanca armadura a su lado.
Se que quizás sea algo imposible lograrlo, entrar a la guardia, conocer a la princesa, tener la oportunidad de estar cada día a su lado para cuidarla y protegerla, pero aún así tenía que intentarlo.
Solamente unos atracos más, y por fin empezaré a vivir.
Plaza del pueblo – Mañana siguiente
Es miércoles de mercado en la plaza, me he levantado temprano para comprar los víveres de la semana con mi bolsa en la mano y espada a la cintura.
Todos en el pueblo me conocen por ser la única chica que viste como chico y anda con una espada, pero aún así todos me respetan y saben de lo que soy capaz.
En el puesto de enfrente, veo a una chica pelirrosa, caminando con una capucha mal hecha encima.
Me preguntó si sabe que al usar eso se delata aún más que desea pasar desapercibida. Río un poco al verla.
Noto que intenta comprar algo de fruta pero esta teniendo problemas. Decido observar que pasa.
– Por favor señor, en este momento no traigo mucho dinero.
– Lo siento señorita, pero sin dinero, no hay fruta.
– Ya veo… ¿cree que estos servirán?
Muestra unos aretes de rubíes y cadena de plata con ella.
– ¡¿Qué dia…?! ¿De dónde sacaste esos? ¿Acaso los robaste?
– ¡¿Robar?! ¡No! Yo jamás haría…
– Lo siento niña, pero no quiero problemas con los guardias. Vuelve con algo de dinero y entonces hablaremos de la fruta.
– Uuh… esta bien.
Decepcionada, la chica toma sus aretes y los guarda de nuevo consigo. Seguramente debe ser la hija de algún noble a la cual mandaron a comprar por primera vez en el mercado. Me siento un poco mal por ella, pero no hay nada que pueda hacer. Seguramente volverá con sus padres al castillo y ellos le darán dinero.
Al retirarse, noto que no fui la única que vio aquellos aretes. Un grupo de maleantes que estaba por la zona la han visto y se dirigen a ella cuando gira en un callejón oscuro.
– Oh no.
Tomo mi espada y voy corriendo hacia ella.
En el interior del callejón, los maleantes la rodean.
– Buenos días preciosa ladronzuela, vimos que traes unas pequeñas joyas escondidas por ahí ¿de dónde las robaste? ¿te importaría mostrárnoslas?
– ¿Qué? Esperen, apártense de mí ¡Suéltenme!
Llego justo a tiempo con una gran patada que tumba a dos de a ellos. Me levanto y enfrento al resto usando el lado no afilado de mi espada, nada más para lastimarlos y hacerlos huir despavoridos.
– ¡Esa chica trae una espada! ¡Huyamos!
Los ladrones huyen de la escena, dejándonos a solas. Guardo la espada y me vuelvo con la chica sentada en el suelo.
– ¿Estas bien?
La chica esta llorando, oculta su rostro entre sus brazos para que no la vea.
Pobrecita, debe ser la primera vez que le pasa algo como esto ¿Qué debo decirle a una chica noble como esta?
– Tranquila, ya… ya pasó todo, los ladrones han huido.
– Soy una tonta ¿Cómo pude pensar que podría hacer algo como esto?
– Descuida, no sucedió nada grave, solo debes tener más cuidado con donde muestras tus joyas y no meterte a callejones vacíos después de ello ¿esta bien?
La chica esta dejando de llorar, poco a poco se va calmando.
– Ven, deja te doy una mano.
La ayudo a levantarse, aún sin ver su rostro.
– Y dime ¿de dónde conseguiste esos aretes? Dudo mucho que los hayas robado, ¿así que dónde…? ¡Aaaaaahhh! ¡No puede ser!
En ese momento, muestra su rostro y mi corazón se detiene. Cabello rosado, ojos rosados, tez fina y blanca, aunque su cuerpo y tamaño han cambiado mucho desde aquella vez, no tenía duda que aquella chica noble era la misma chica a la que había conocido hacía muchos años y me había enamorado. Ella era…
– Princesa… ¡¿Sayuki?! ¡¿Pero cómo…?!
– ¡Shhhhh! ¡No digas nada! – susurrando.
Pone su mano en mi boca para evitar que siga gritando.
– Princesa…
De inmediato me inclino en una rodilla ante ella.
– ¡Lamento haberle hablado de manera tan irrespetuosa, señora mía!
– ¡¿Eh?! ¿Qué estás…?
– Por favor, acepte mi espada como tributo y disculpa si acaso la he ofendido o…
– No, no me has ofendido en lo absoluto, solo… levántate, por favor, antes de que alguien me reconozca.
– Sí, esta bien.
Me levanto y guardo la espada en mi cintura.
– Disculpe mucho mi sorpresa, princesa, pero si puedo preguntar ¿Qué hace usted aquí sola sin una escolta?
– Eso… bueno, yo…
– ¿Acaso esta perdida? ¿No sabe como regresar al castillo?
– No es eso, yo… uh…
No responde, nerviosa de lo que pueda decir. Quizás esta es la oportunidad de mostrar mi valía de la que Nanami hablaba el otro día.
– Vamos princesa, si me lo permite, la escoltaré de vuelta al castillo.
Estoy a punto de tomarla de la mano, pero me golpea en ella y grita.
– ¡No!
– ¡¿Eh?!
Sorprendida, no lo puedo creer.
– Princesa, acaso… ¿no desea volver al castillo?
– No, no es que no quiera, es que… no puedo – lo dice con lagrimas en la garganta.
– Princesa…
Me quedo en mi lugar, no tengo idea de que debo hacer ahora. Tengo ante mí al gran amor de mi vida y no tengo idea que decirle. Soy tan patética.
Me debato sobre que es lo que debería decir, cuando Sayuki toma la iniciativa.
– ¿Cuál es tu nombre?
– ¿Mi nombre? – sorprendida – Soy Rikka, Shinozaki Rikka a sus ordenes, majestad – me vuelvo a inclinar.
– Shinozaki Rikka, es un bonito nombre – sonríe – Rikka-san ¿puedo confiar en ti?
– Princesa... – me inclino dramáticamente – ¡Con mi vida!
– ¡Levántate, por favor! – preocupada de que la reconozcan.
– Sí, lo lamento.
– Bien, entonces ¿puedes llevarme a un lugar que sea seguro? Donde los guardias no me encuentren.
– ¡¿Eh?! Yo…
Volteo a ver a la plaza, hay muchos guardias del castillo en ella. No sería una tarea fácil, pero por Sayuki…
– De acuerdo, sígueme.
Lugar escondido – Atardecer
Al final, llevé a Sayuki hasta el otro lado del pueblo, a un lugar del cual únicamente unas pocas personas y yo sabíamos, y desde ahí, observamos el atardecer desde la terraza del tejado.
– Wow, es tan hermoso.
Sonrío al ver la sonrisa tan brillante de la princesa.
Por primera vez desde que salimos se quita la capucha y veo su hermoso rostro bañado por los rayos del sol.
Sus ojos tan hermosos y redondos, su sonrisa tan perfecta adornada por esos dientes blancos, sus manos tan finas y su piel tan blanca y suave como la seda.
La mismísima Blancanieves en persona. Al verla siento que he sido bendecida con un ángel en tierra.
Finalmente Sayuki se vuelve y se sienta en una esquina, un tanto alejada de mí.
Desde mi lugar la observo, pensando en cómo iniciar una conversación.
– Princesa…
– ¿Sí, Rikka-san?
– Estaba pensando – nerviosa – bueno, se que no es de mi incumbencia, pero… si quisieras contarme algo sobre ti…
– ¿Deseas saber por qué escapé del castillo?
– ¡No, para nada! Bueno, si es que tu deseas contarme o… si no lo deseas, yo… eh…
Sayuki ríe con mi reacción exagerada.
– Eres muy divertida, Rikka-san.
– De verdad, no lo soy – avergonzada.
– Siéntate a mi lado, por favor.
– ¡¿Eh?! ¿En serio… puedo?
– Adelante – hace un espacio a su lado.
Me siento a su lado un tanto avergonzada y nerviosa. No tengo idea de que decir, quiero decir, estoy sentada junto a una princesa, y no cualquier princesa ¡LA princesa! Mi princesa.
La veo sonreír mientras observa el atardecer.
– Seguro debes estar pensando por qué esta chica rica que todo lo tiene querría huir de su hogar ¿no es así?
– ¡Te equivocas! Yo jamás me atrevería a pensar algo así de usted.
Sayuki vuelve a reír a mi reacción.
– Descuida, esta bien si piensas eso. La verdad es que ni yo misma me creo que me haya atrevido a hacer esto. Dejar atrás a mi familia, mi vida, mi hogar. Pero no tuve elección, tuve que dejar todo eso atrás, por que si no…
– ¿Si no qué, princesa?
– Mi abuela, la reina, esta planeando un matrimonio para mí.
– Oh… ¿en serio?
Al escuchar la palabra matrimonio de los labios de Sayuki, siento que mi corazón se va a partir.
– Es algo que lleva planeando por mucho tiempo, solo esta esperando que tenga la edad para casarme, la cual cumpliré muy pronto y cuando eso pase…
– Princesa…
Me duele, me lastima mucho saber que la princesa con la que he soñado tantos años se vaya a casar, pero no puedo permitir que mis sentimientos nublen mi juicio. Tengo que hacerla entrar en razón.
– Pero princesa, si me permite ¿no cree que un matrimonio arreglado… no sea razón suficiente para…?
Sayuki me voltea a ver muy molesta, con un par de lagrimas en los ojos.
– Lo lamento, princesa, yo…
Se levanta y se dirige a la orilla de la terraza, observa el sol ocultarse y poco a poco el cielo se va oscureciendo.
Ahora sí que lo he hecho ¿por qué tenía que hablar y dar mi opinión? Me arrepiento de lo que he dicho, pero antes de que pueda disculparme…
– Tienes razón Rikka-san. Quizás, un matrimonio arreglado no sea razón suficiente para escapar de casa, pero… no es solo el matrimonio ¿sabes? es esta sensación que he sentido toda mi vida de estar… atrapada. Que decidan todo por mí, que hagan todo por mí, que elijan por mí a quien amar ¿no crees que eso es algo que al menos me correspondería a mí elegir?
– Sí… tienes razón, lo lamento, princesa.
– No, descuida Rikka-san. Lamento haber reaccionado de manera exagerada, es solo que… estoy tan sola y asustada.
Veo que esta luchando duro por no llorar, se aguanta las lagrimas y las pocas que caen por sus mejillas las limpia rápido con una mano.
"No tienes de que preocuparte, princesa. Mientras este a tu lado, nada te pasará" – es lo que deseo decirle ¿pero cómo podría?
En su lugar me levanto, me acerco lentamente a ella, la tomo de la mano y le digo.
– Todo saldrá bien, princesa.
Sayuki voltea a verme, me sonríe y me dice.
– Gracias, Rikka-san – me suelta de la mano.
Ya ha oscurecido. Vuelve a sentarse y me indica que vaya a su lado.
– ¿Qué hay sobre ti, Rikka-san? ¿Qué es lo que deseas en la vida?
– ¿Yo? pues… no creo tener un sueño en especial – me siento con ella.
Mentira, Mentirota ¿por qué no le puedo decir la verdad?
– Oh vamos, estoy segura que una chica como tú debe tener un gran sueño guardado desde hace años. Lo puedo ver perfectamente en tus ojos. Entonces dime ¿qué es?
– De verdad, yo no...
Me tengo que armar de valor, si no lucho por lo que quiero, jamás llegará a mí. Suspiro y…
– Supongo que… me gustaría entrar a la guardia real algún día.
– ¿En serio? – genuinamente sorprendida.
– Bueno, en realidad… no es algo que haya pensado mucho, pero…
– ¡Eso sería genial!
– ¿De verdad lo crees?
– Sí, tener a una guardia mujer sería lo más increíble del planeta, si fueras mi guardia personal podrías escoltarme en el castillo, estar a mi lado, acompañarme cuando salga fuera… – se detiene, vuelve a la realidad y dice – discúlpame por favor, mírame aquí asumiendo que querrías perder tu tiempo siendo una guardia personal, seguramente sueñas más con andar patrullando en las calles, ayudando a la gente y…
– ¡Sí! ¡Sí! ¡Claro que sería tu guardia!
– ¡¿Rikka-san?!
– ¡Eso es todo lo que siempre soñado, todo lo que acabas de decir y más! Sayuki-san, quiero decir… princesa, si me lo permites, dedicaría mi vida a protegerte, a cuidarte, a siempre acompañarte y nunca escapar de tu lado.
– Rikka-san… sin duda eso me haría muy feliz, aunque… si volviéramos al castillo y te volvieras mi guardia personal ¿serías feliz protegiéndome aún estando en los brazos de alguien más?
– ¿Princesa?
Tiene razón, aún si volvemos al castillo, me vuelvo su guardia personal y demás, el matrimonio de Sayuki va a suceder y no hay nada que pueda hacer al respecto ¿Podría ver al amor de mi vida todos los días siendo infeliz al lado de alguien más? Es algo que no podría hacer.
– Rikka-san.
– ¿Sí, princesa?
– Hace un momento… dijiste que estar conmigo es todo lo que siempre has soñado, dime ¿hablabas en serio?
– Princesa, yo…
– Si te pidiera que escaparas conmigo, que huyéramos juntas y me protegieras ¿aceptarías?
– Sayuki-san...
"¡Sí, sí y mil veces sí!" Es todo lo que quiero decirle, pero pedirle que renuncie a su familia, a su reino, a su hogar por una pueblerina a la que acaba de conocer… se que debo decirle que no y regresarla a casa, pero la tentación es demasiada ¿debería permitirme ser egoísta esta vez y decirle que sí? ¿Es esto lo que Sayuki realmente desea?
– Rikka-san…
– Sayuki-san…
Cerramos nuestros ojos, nos acercamos, nuestros labios están a punto de tocarse, cuando…
– ¡Princesa Sayuki!
– ¡¿Qué pasa?! – alarmada
– ¡Oh no! ¡Nos encontraron!
Una horda completa de guardias se encuentra a la entrada del lugar en donde estamos, listos para entrar a la fuerza.
– Princesa Sayuki, sabemos que se encuentra allí, por favor baje y vuelva al reino con nosotros, su abuela la reina y su madre la princesa están muy preocupadas por usted.
– Ay no ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¡¿Qué Hago?! – Sayuki se debate preocupada.
– Descuida Sayuki, los enfrentaré.
– ¡¿Rikka-chan?!
– Hay una escotilla secreta debajo de esa alfombra, pero no te llevará muy lejos. Yo los distraeré lo suficiente para que escapes y así puedas hacer tu vida lejos de aquí.
– No, Rikka…
– Me preguntaste si podría ser feliz aún viéndote en los brazos de alguien más, la verdad es que solo podré ser feliz si tú lo eres, no quiero que vivas una vida encerrada en un matrimonio infeliz, así que vete, huye y no vuelvas atrás. Y olvídate de mí.
– Rikka-chan…
Le abro la trampilla a Sayuki y tomo mi espada. Me dirijo a la puerta aún sabiendo que no hay manera en la que pueda enfrentar a tantos guardias, pero Sayuki me detiene y me dice.
– No, Rikka. Huye tú, yo me quedaré.
– ¿Sayuki?
Sayuki se dirige a la terraza y le grita a los guardias.
– ¡Oigan zoquetes! ¡Estoy aquí arriba, vengan por mí!
– ¡Sayuki! – susurrando – ¡¿Pero qué es lo que haces?!
– Jamás los vencerías Rikka-chan, ellos son los guardias personales de mi abuela, ahora por favor, huye por la trampilla antes de que te vean y te lleven prisionera o algo peor.
– Sayuki…
Ya han entrado a la puerta, están subiendo las escaleras.
– Ya vete, por favor.
– Sayuki…
Con lagrimas en los ojos, entro en la trampilla y Sayuki la cierra poniendo la alfombra sobre ella para ocultarme.
Los guardias llegan con Sayuki y se inclinan ante ella.
– Princesa, es un alivio saber que se encuentra a salvo. Su madre esta muy preocupada.
– Si bueno, pueden agradecerle a mi abuela por eso.
– ¿Nos acompaña de vuelta al castillo?
– ¿Tengo elección?
Resignada, Sayuki toma su elección y se va con los guardias.
Al salir de la trampilla me dirijo al tejado, veo a Sayuki alejarse y entre lagrimas, me doy la vuelta a lamentarme por mi decisión.
Sin darme cuenta, Sayuki también voltea a la terraza con intención de darme un último adiós, pero al hacerlo, ya no estoy ahí.
Tejado de la plaza – Noche
Lamentándome entre lagrimas, vuelvo al lugar donde conocí a Sayuki por primera vez hace años, pensando en lo que había vivido y lo cerca que estuvimos de estar juntas.
¿Qué habría pasado si le hubiera dicho que sí? ¿Habríamos escapado juntas antes de que llegaran los guardias y estaríamos ya en camino a algún otro reino donde no nos conocieran y seriamos felices para siempre?
Todo eso ya no importaba más. Sayuki estaba de regreso en casa y seguro estaría casada en poco menos de un año.
Pienso que ya no hay nada que pueda hacer, pero entonces me levanto, cierro mi puño firme y me digo en voz alta.
– ¡Esto no ha terminado! Algún día voy a ser una guardia del castillo, impediré esa boda y estaremos juntas por siempre así me cueste la vida. Todavía no estoy segura de cómo lo haré, si será posible o si fracasaré. Lo que sí sé, es que no me daré por vencida. Descuida Sayuki, voy a salvarte.
Plaza del pueblo – 1 semana después
Ha pasado una semana desde que hice esa promesa y ahora, estoy más determinada que nunca a conseguir el dinero para entrar a la academia y ser una guardia real antes de que termine el año.
Afortunadamente, Mai consiguió un excelente atraco a unos nobles comerciantes de especias, y si lo que dijo es cierto, un solo frasco de esos para cada una, será suficiente para finalmente retirarnos y conseguir el dinero para cumplir nuestros sueños.
Un solo robo más y estaré más cerca de estar con Sayuki. Es lo que tenía en mente.
Desde mi tejado habitual, observo a la multitud viendo pasar el carruaje donde viajan los comerciantes de especias, así como a Nanami ya con su disfraz en medio del camino y a Mai con su capucha mezclada entre la multitud.
Al haber mucha gente ahí, esta vez Nanami se había hecho un disfraz de gitana para bailar frente al carruaje y así llamar su atención en lo que Mai se coloca abajo del carruaje y roba las especias.
El plan esta a punto de comenzar, cuando observo en el interior del carruaje a una noble comerciante de cabello negro acompañada por su esposa, una hermosa joven de cabello rosado y ojos azules a la cuaal, conocía de hace muchos años atrás, incluso de antes de enamorarme de Sayuki.
Es cierto que su cuerpo ha cambiado mucho especialmente en sus pechos, pero sin duda es la misma amiga de la infancia que tuve alguna vez.
Al reconocerla, solo puedo pensar en el gran lío en el que me he metido, y antes de que puedan iniciar el atraco, le grito.
– ¡RISA-NEEEEEEEE!
Continuará…
¡Hasta aquí el primer capítulo de esta nueva historia! ¿Qué les pareció? Esta es la primera vez que escribo una historia de género fantástico y para ella, decidí inspirarme en varios de los cuentos clásicos de princesas, además de las maravillosas historias de amor de las parejas de Sono Hanabira jaja ¿pueden adivinar todas las referencias a películas de cierto ratón?
Espero puedan leer hasta el final esta fantástica historia de amor y disfruten de ella tanto como yo lo hice.
Sin más que decir ¡nos leemos en el próximo capítulo! c:
