La sociedad experimenta continuamente grandes cambios y avances, sobre todo tecnológicos.

Por ello, cabe destacar que nuestra historia se desarrolla en el año 2024, año de recuperación económica, desde las grandes crisis sufridas en 2007 y 2021.

En apenas 60 años, el desarrollo de las nuevas tecnologías, ha sido increíble. Hablar a nuestros abuelos, que es posible poner una lavadora, sin estar delante de ella, o incluso saber lo que hay dentro de la nevera, sin abrirla, sería motivo de burla, o de locura, no hace tanto tiempo.

El Internet de las cosas, los avances informáticos, nanochips, y su aplicación a los terminales móviles, es lo que motivó a nuestro protagonista, a comenzar su hazaña.

A penas un año después de haber guardado en el cajón más hondo y profundo las mascarillas, que durante años, tuvo que utilizar por ley la gente de nuestro planeta, para poder combatir la propagación de diferentes virus que devastaron la salud, la economía y produjeron el distanciamiento social, se desarrollará ésta historia.

Alex Harrowl, en su infancia, fue un niño feliz, familiar, pero callado y observador. Su complexión delgada, cabello pelirrojo, y tez blanca, no le dejaban pasar inadvertido.

Podía pasar horas observando a los demás, analizando e imitando los gestos que estos hacían. Su madre, Marie, de 35 años, obsesionada con la familia y con la perfección de su mediocre vida, dejó pasar, sin quererlo, muchos grandes momentos con su hijo, vivía con su marido, Greg, de 40 años, que estaba inmerso en su trabajo de informático, en una conocida empresa de tecnología móvil y telecomunicaciones.

Marie, alta y con algo de sobrepeso, pelo pelirrojo y ojos miel, contrastaba con Greg, delgaducho, rubio, de ojos verdes, y piel morena.

Vivían en una zona de la costa de California, en un apartamento en Ocean Avenue, con vistas a la playa.

Se puede decir que eran una familia feliz, con una vida normal.

Alex, tenía las ultimas novedades en móviles, y a pesar de sus escasos 9 años, ya era un experto en instalar y configurar aplicaciones.

Había creado cuentas en redes sociales, con ayuda y restricciones infantiles configuradas por su padre, y cada vídeo o imagen que subía a las redes, enseguida conseguía inmensidad de seguidores. Era algo que se le daba bastante bien.

Una mañana, mientras observaba desde su ventana, vio a un chico de unos 25 años, de pelo castaño, ojos miel, tez morena, pantalón corto y piernas delgadas, caracterizado por una gorra de visera corta, que le daba un aspecto ridículo; merodeando por la playa, haciendo volteretas, dando conversación y haciendo reir a los niños que estaban bañándose allí.

El chico se sintió observado y fijó su atención en los ojos atentos de Alex, y desde abajo, con señas, le animó a bajar a la playa.

Alex se fijó bien y vio a su mejor amigo Mark, al lado de éste personaje; le pidió permiso a su madre para salir a jugar con él; pero todavía no se había pronunciado ésta, cuando sonó el timbre. Su madre abrió la puerta y allí estaba Mark, a quien todos llamaban Gordo por su físico obeso para sus 9 años de edad, rechoncho con ojos achinados y pelo negro, fleco largo, siempre vestido con pantalón corto y chanclas.

Al verle, su madre le dejó salir, normalmente siempre salían juntos a la playa, donde ella, podía observarles desde la ventana.

Alex se extrañó y le preguntó a Gordo, cómo es que había ido a buscarle, y éste le dijo que el chico de la gorra a quien acababa de conocer, le había preguntado quién era él y enviado a buscarle, para enseñarles algo a ambos.

Aún no habían entrado a la playa, cuando un silbido muy singular, atrajo la atención de los dos niños. Era ese chico, que les esperaba sentado en unas escaleras de acceso a la avenida, poco transitadas por su mala ubicación, donde muchos transeúntes aprovechaban para orinar y tirar basura. Éstos al verle allí, caminaron hacia él.

-Hola Alex, dijo el chico.

-Hola, dijo Alex (con cara de asombro porque aquel desconocido supiera su nombre)

Gordo, le dijo: Yo le dije tu nombre porque me lo preguntó antes en la playa, no pongas ésa cara, que no lo ha adivinado.

Y todos rieron al ver que Alex recuperaba su expresión normal.

A: -Cómo te llamas tú? Preguntó Alex.

J: -Soy Juan, un nombre muy común. Y siguió riendo.

A: -Y cómo haces ésas volteretas?

J: -Pues las aprendí a hacer practicando durante años, en todas las playas que he estado.

A: -Y eres de aquí?

J: -Digamos que soy de aquí y de allá, siempre voy buscando chicos que quieran venir conmigo a aprender cosas, tú quieres venir conmigo?

A: -Dónde? Le preguntó

J: -Pues a un lugar donde lo pasaremos bien.

En ése momento miraba a Alex de arriba abajo, mientras se limpiaba la boca con la mano.

A: -No, dijo Alex, mejor nos vamos ya.

J:-Espera, mira lo que tengo para ti. (metió su mano en el bolsillo y dejó entrever el mango de un pequeño mazo)

Juan aprovechó que Alex estaba cerca, para coger fuertemente su mano. Éste se asustó muchísimo, y sentía como al intentar soltarse, apretaba con más y más fuerza.

A: Suéltame, me haces daño. Dijo

J: Eso es lo que me gusta, murmuró Juan.

Mark, se acercó para ayudar a soltarse a Alex, y le mordió el brazo a Juan a la altura de la muñeca, dejando la marca sangrienta de sus dientes, lo que ayudó a liberarse a Alex, que corrió asustado hacia su casa.

Juan golpeó con su otra mano a Mark, y este gritó e intentó salir corriendo también. Alex, pensando que su amigo le

acompañaba en la carrera, tocó el timbre de la puerta apresurado y entró en casa llorando, presa de un ataque de pánico.

Mark que corría como podía por su sobrepeso, intentó deshacerse de las chanclas que le dificultaban aún más al correr, pero no se percató que Juan iba tras él, y éste le golpeó con el pequeño mazo, lo cargó sobre su espalda y corrió con él a cuestas, desapareciendo en la tarde / noche, como una hiena con su presa.

Esa sería la ultima vez que Alex, y toda la ciudad, verían a su amigo.

Los padres lo buscaron, la policía interrogó a Alex, a los vecinos, y a la poca gente que había en la playa a ésa hora, recibiendo distinta descripción de todos. Un tipo normal, que se llamaba Juan, y que ahora destacaba una mordida en la muñeca derecha… pistas que jamás dieron con su paradero, o despejaran dudas sobre quién era y qué hizo con Mark.

Ese acontecimiento marcó a toda la ciudad, nadie dejaba salir a sus hijos solos, el hecho de que algo malo pudiera pasarles, sedujo a los padres a apuntarlos en Defensa Personal, Krav- Maga, Karate, kick boxing y jiu-jitsu.

Alex se encerró mucho más en sí mismo, tenía el sentimiento de culpa, porque su amigo al ayudarle, había desaparecido o le podían haber sucedido cosas terribles.

Por qué a él? Por qué a su amigo? Por qué nadie pudo encontrar a ese chico llamado Juan? Cómo era posible que los testigos que habían describieran a Juan de maneras diferentes, incluso que el propio Alex, dudase ya, hasta de cómo era físicamente ése individuo?

Alex creció, haciéndose un experto en Jiu-Jitsu y Defensa Personal Kajukenbo, un arte marcial de Hawaii, que se impartía cerca de su casa, quizás era tan bueno en ello, por ésa rabia contenida y la imagen de su amigo, que nunca se borró de su mente.

Aunque estaba al tanto de los avances informáticos, no se mostraba tan participativo, había perdido las ganas de hacerse notar o utilizar sus habilidades para comunicarse con el Mundo.

Habían pasado ya 10 años, ahora tenía 19, y empezaba a plantearse qué hacer con su vida. Finalizó sus estudios, y poco a poco, fue retomando sus redes sociales, donde mucha gente le seguía aún.

Se puso a trabajar archivando documentos y archivos informáticos en una empresa de comunicaciones de un amigo de su padre, mientras comenzaba la Carrera de Informática.

Tenía una furgoneta Mercedes y una moto Ducati, que le regaló su padre, para sus traslados a casa, y viajes solo.

Una noche al salir del trabajo, y dirigirse a casa de sus padres, mientras subía vídeos a sus redes sociales, escuchó un grito estremecedor de una mujer, que provenía de detrás de un coche. Se asustó y encendió la linterna de su móvil para poder ver de qué se trataba. Con los nervios activó la cámara y enfocó la oscuridad, revelando el rostro de dos hombres que sostenían la cabeza de una mujer contra el suelo y estaban rompiendo su ropa. Al ver la luz del flash, salieron corriendo y Alex se acercó de inmediato a la mujer, llevándola al interior de la empresa donde él trabajaba, calmándola y llamando a Emergencias.

Al llegar la policía, le pidieron la descripción de los hombres, y a penas tenían rasgos característicos, la mujer estaba en shock, y no pudo describir con perfección a los asaltantes.

Alex, se fue a casa pensativo, y empezó a recibir inmensidad de notificaciones en su móvil.

Extrañado lo miró y descubrió que había subido, sin querer, el vídeo a Instagram, del intento de violación, donde se veía claramente el rostro de los violadores, y comprobó que había inmensidad de mensajes de un montón de gente que había compartido el vídeo, incluso de uno que indicaba que los conocía.

Era increíble, por qué no se le había ocurrido antes, no pudo ayudar a su amigo en el pasado, y ahora sin querer, había ayudado a una extraña.

Alex llevó el vídeo a la policía, que al verlo, identificó de inmediato a los maleantes.

Se quedó pensativo; qué acaba de ocurrir? Cómo es posible que no se me ocurriera antes? Pensó.

Siempre le habían gustado los comics, series y películas de Marvel, pero en casi todas ellas, siempre habían personajes con poderes sobrenaturales imposibles e irreales, pero en muy pocas ocasiones, por seres humanos de carne y hueso, con ganas y voluntad de ayudar al prójimo, con tanta humanidad como desprendía éste chico.

Es aquí cuando valora la magnitud del hecho, que podría parecer insignificante, pero que para él sería el comienzo de grandes aventuras.

Miró el vídeo una vez más y lo borró de las redes sociales, pues ahora sería cuando entra en escena el héroe, y no podía dejar rastros; tenía que mantener su anonimato.

No sería fácil iniciar al héroe, había que pensar y planificar muchas cosas, ésa noche Alex, casi no durmió, estaba nervioso, su cabeza se llenó de pensamientos, el material necesario, traje especial, nombre, transporte, cuentas múltiples en todas las redes, y todo ello, que ocupara poco espacio, para llevarlo consigo, encima.

AppMan, le vino el nombre a su cabeza... ya tenía el nombre, y pudo conciliar el sueño.

A la mañana siguiente, empezó a recopilar todo el material necesario para armar su personaje heróico.

Su ropa sería toda negra, para dificultar ser visto de noche, en su cabeza llevaría un pasamontañas integral, que junto a la mentonera del casco de su moto, ocultarían por completo su rostro, unos auriculares para escuchar su dron y el sonido ambiente amplificado, unas gafas de realidad virtual donde incorporaría su móvil, que además le permitirían ver en la oscuridad, manejar su dron, hacer vídeos y llamadas.

Utilizaría un suéter negro, detrás una mochila donde llevaría los terminales móviles libres sin rastreo, dos drones, antenas para mejorar la comunicación, guantes electrónicos para

manejar su dron, colgar, descolgar, abrir mapas, y unas baterías auxiliares. También dispondría de un cuchillo y una porra extensible, por si la cosa se complicaba.

El equipo se completaba con un pantalón con diversos bolsillos y unas zapatillas de deporte negras antideslizantes.

Con todo preparado, eliminó las luces propias de los equipos, para evitar ser visto por otras personas en la oscuridad, y se puso manos a la obra para desarrollar una App, con la que pudiera subir vídeos a todas las redes sociales, sin que se supiera desde qué cuenta se habían introducido.

Ocultó las macs, ips, y enmascaró su ubicación enrutándola a otros estados. Configuró la re-publicación del vídeo una vez bloqueado por las propias redes, de manera que aunque eliminaran o bloquearan cuentas, se subiría desde otras con distinto nombre y código.

Hizo la prueba colgando un vídeo contra el Gobierno, ésa era la única forma de saber si funcionaba y si lo encontrarían, y sabéis qué? Fue todo un éxito. Su propio padre le informó que estaban trabajando para buscar quién había sido el autor del vídeo, pero que por la complejidad de la app, no podían conseguir nada de momento.

Todo esto le llevó 8 meses, el tiempo pasa muy rápido cuando estás entretenido con algo importante.

Había llegado el momento, dejaría de ser Alex, para convertirse ocasionalmente en Appman.

Esperó que llegara la noche, preparó su coche y su plan de escape. La idea era esconderse en un sitio oscuro y seguro, o en el interior de su furgoneta, y hacer volar su dron por las calles, observando.

Si detectaba algún delito, automáticamente accionaría el botón de grabación y luego el de emisión en directo, y mediante su app subiría el vídeo con retardo a las redes, por si tenía que hacer algún cambio, o en algún momento se le veía a él.

Se sentó en la parte de atrás de su furgoneta, encendió su dron, se puso las gafas de realidad virtual, acopló su móvil para ver la cámara del dron, se colocó el guante de control, y el auricular.

Hizo volar el dron por todos los rincones de la playa, durante los 40 minutos de autonomía que tenía, pero no detectó ningún delito o persona extraña. A veces, las cosas no se producen cuando las buscas.

Éste fracaso fue algo que Alex, no se tomó a mal, pues precisamente su intención era la de evitar delitos, y si no se producían, pues mejor. Cargó el otro dron y cambió de lugar.

Repitió la operativa y lo puso a volar por el centro de la ciudad, es ahora cuando ve a un grupo de chicos que se acercan al escaparate de una joyería.

Observa como miran hacia todas partes, sin percatarse de que están siendo grabados por el dron, desde arriba. Rompen la cristalera con un pivote de la calle, y empieza a sonar la alarma. Alex está grabando todo, incluso la matrícula del coche en el que huyen.

En su huida, uno de los ladrones, se percata del dron, y se detiene el vehículo. Alex se da cuenta de que lo han descubierto y vuela el dron de regreso a la furgoneta. El vehículo arranca y sale tras el dron, Alex piensa por un segundo, no puedo atraerlos a mí o me descubrirán, y tampoco conviene que grabe mi furgoneta al traerlo hasta aquí. Activa la segunda cámara y comprueba que lo están siguiendo, por lo que hace retroceder el dron por encima del vehículo, hasta la misma joyería y una vez allí lo hace subir hasta lo alto del edificio. Al ver ésto los ladrones, continúan su huida.

Menos mal que me he parado a pensar, reflexionó Alex, o si no, me hubieran descubierto.

Ya el vídeo se había subido a las redes con la firma y marca de agua de Appman, ahora tocaba regresar a casa, y esperar.

Recuperó el dron, haciéndolo volar a su furgoneta, a la que llegó con muy poca batería, y se fue a casa, por otro camino diferente del que había llegado.

Escondió todo su equipamiento en un arcón de su garaje y entró en su casa con normalidad.

Al día siguiente, no podía creerlo, la televisión se había hecho eco de la noticia; estaba por todas partes: Appman, el héroe de redes sociales, que había grabado un robo anónimamente, y que gracias a su vídeo, habían arrestado a los responsables.

Una sonrisa se dibujó en su rostro. Todo el mundo hablaba de ello, y él mismo, hacía comentarios y subía vídeos preguntando de quién se trataba.

Su padre, le dijo que le habían contratado para averiguar quién era el responsable del vídeo y que, por lo que había analizado, se le parecía mucho al que había investigado hacía unos meses, contra el Gobierno.

Alex le restó importancia y se fue a su trabajo, como habitualmente hacía.

Pasó el día trabajando y orgulloso de lo que había conseguido. No fue tan difícil, sólo era cuestión de lanzarse a hacerlo.

Terminó su jornada laboral, comió y fue a la Universidad a clase, allí no se hablaba de otra cosa, algo que le hacía sentir aún mejor.

Al terminar, fue a entrenar y luego volvió a casa a cenar, ver un poco de televisión, charlar con sus padres, luego chatear con algunos amigos, y dormir. Ésa solía ser su rutina.

Pasaron tres días y decidió volver a intentarlo. Esperó que llegara la noche, cargó todo su equipo y salió a recorrer las calles.

Todo estaba muy tranquilo, parece mentira cómo los malos también eran conscientes de que había alguien velando por la seguridad de la ciudad.

Aparcó su furgoneta, se colocó el equipo e hizo volar el dron por toda la zona de la costa. Intentaba acercarse lentamente a los zonas oscuras, para escuchar con atención desde su posición, mediante los auriculares, si pasaba algo extraño, pero todo estaba en aparente calma. Así estuvo durante media hora, por lo que decidió cambiar de zona y hacer volver a su dron.

Mientras lo hacía, escuchó un silbido que le resultó muy familiar. Sus pelos se pusieron de punta. No podía ser. Giró el dron y vio una silueta que se tiraba al suelo. A penas tenía batería, por lo que marcó la zona y llevó el dron hasta su posición. Temblando, cogió el otro dron, puso su móvil en visión nocturna y activó el seguimiento Iris, lo que le permitía que sin controlarlo, le siguiera en su camino a trote

hacia la zona del silbido, grabando todo lo que pasaba, mientras lo veía en una segunda pantalla de su móvil, alojado en las gafas de realidad virtual.

Corrió, y se aseguró de llevar consigo la porra extensible. Sería posible que ése silbido fuera de Juan?

Llegó hasta donde había marcado las coordenadas. En el suelo, yacía un vagabundo tapado con cartones. Alex se acercó lentamente, viendo por el dron que no tenía a nadie detrás, sacó la extensible y con un grito de levántate, se dirigió al indigente.

Éste se levantó y dejó ver su rostro. Se trataba de una mujer delgada y machacada por la heroína, con la cara esquelética y desencajada del susto, al ver que tenía delante a un hombre, totalmente vestido de negro, con su cara tapada por las gafas de realidad virtual, la mentonera y el pasamontañas, que además, llevaba encima un dron, y en su mano la extensible preparada.

Al verla, Alex cogió su mano e intentó tranquilizarla.

A:-No estoy aquí para hacerte daño, le gritó.

V:-Quién eres? Qué quieres? Dijo ella.

A:-No importa quien soy, estoy aquí por tu silbido.

V:-Qué tiene de malo silbar? Hago lo que quiero.

A:-No tiene nada de malo, y claro que puedes hacer lo que quieras, pero quién te enseñó a silbar de ésa forma, y con ésa melodía? Es muy importante saberlo.

La mujer quedó reflexionando un momento, quizás pensando qué pasaría si hablaba, o qué podía pasarle si no lo hacía.

A:.Tranquila, no pasa nada, sólo le busco porque me debe dinero.

Ella, se quedó más tranquila, pareció comprender de repente, que en su mundo callejero, el cobro de deudas, era una situación normal, y que por eso iba así vestido, para que nadie le reconociera.

V:-Esto me lo enseñó un camionero de la zona. Me enseñó a silbar así, a cambio de darle un poco de heroína y otras cosas...

A:-Dónde está? Dónde puedo encontrarle?

V:-No lo sé, no sé quién es, y de eso hace ya como 2 semanas. Eso sí, me dijo que volvería por la ruta, con otro camión, dentro de 10 meses. Ese maldito, me robó, añadió.

A:-Necesito que me lo describas, para saber si es la persona que busco; insistió.

V:-Es un hombre moreno de piel, pelo canoso con una barba muy larga, pantalón corto y delgado. Tiene un tatuaje en el

brazo derecho, desde la mano, hasta el hombro. No sé nada más de él.

Alex no podía creerlo, después de tanto tiempo, sería posible, que encontrara a Juan, que llegara a poder saber algo de Mark?

A:-Dime si en su mano llevaba una marca o algo parecido, dime si te dijo su nombre; le insistió.

V:-No sé nada más, no me dijo su nombre, sólo puedo decirte que me dijo que ése silbido era algo suyo; y que trabajaba consiguiendo presas para su jefe.

Alex se quedó pálido, salió corriendo y dejó a la mujer murmurando. Entró en su furgoneta, recogió todo el equipo y se marchó de allí despacio.

Por el camino iba pensando, dando vueltas a lo que había pasado.

Tenía la grabación de la mujer vagabunda, por si la necesitaba localizar de nuevo, y se pasó la noche escuchándola y analizando cada palabra.

Diez meses le separaban de la incertidumbre, debía tener paciencia y esperar.

A la mañana siguiente, empezó a preparar un plan para encontrar al camionero, algo que pudiera ofrecer, que le llevara hasta él. Al fin y al cabo, nadie reconocía su cara, en todo caso, su voz distorcionada, que fue lo único que escuchó aquella indigente.

Cayó la noche y preparó todo su equipo de nuevo, se dirigía a la playa, cuando le adelantó un coche a toda velocidad. Decidió entonces salir tras él, algo pasaba, ya empezaba a tener un sexto sentido contra el crimen.

Tras una persecusión discreta por las calles, sacó el dron por la ventana y aparcó su furgoneta para poder controlarlo. El dron con altura, no necesitaba de tanta velocidad, y podía ver perfectamente hacia dónde se dirigían.

Vio como aparcaban en una Nave Industrial, y se bajaron del coche 4 hombres enormes con bolsas de basura grandes aparentemente llenas, abrieron el maletero y empezaron a sacar más bolsas y a introducirlas en lo que parecería una fábrica abandonada. No tardaron, ni 10 minutos en descargar, y el coche arrancó con todos dentro, hacia un parking cercano, donde cada uno de ellos, se metió en un coche diferente, y se fueron por diferentes carreteras.

La policía pasó con las sirenas 20 minutos después, sin rumbo, buscando, pero sin éxito en sus búsquedas. Mientras, el vídeo

ya estaba en las redes, Appman había vuelto a hacer su trabajo.

Recogió el dron, y volvió a casa.

A la mañana siguiente, ya estaba en los informativos el vídeo, y por supuesto, ya había hecho detenciones la policía.

Se trataba del robo a un banco, mediante un butrón, una técnica mediante la que se hace un hueco en las paredes, bien con herramientas, o con un vehículo contra las mismas.

Alex, sentía una gran satisfacción, veía como con algo tan sencillo, podía contribuir contra el crimen.

Incluso había gente que se estaba atribuyendo su hazaña, pero éso a él, no le importaba.

Dejó pasar varios días, y volvió a salir con todo su equipamiento. Se dirigía a la playa para volver a hablar con la indigente que le había dado indicaciones acerca del camionero, se bajó de la furgoneta y por el camino, se le acercaron tres hombres, tenían pinta de que estaban esperándole, quizás ella, les había hablado de él, y querían quitarlo del medio, que no hiciera preguntas, ni estuviera por allí.

Uno de los hombres se acercó con una navaja en la mano y le dijo que qué hacía allí así vestido y con la cara tapada con ésas gafas, que tenía que darles todo lo que llevaba encima.

Appman no se lo pensó dos veces, con la mano contraria manipuló la navaja de la mano de ése hombre, y la lanzó a la oscuridad, le golpeó dejándolo inconsciente, el otro hombre se avalanzó sobre él y Alex le hizo una proyección, rompiéndole el brazo, mientras el tercer hombre sacó una pistola y le disparó, mientras huía, al ver la suerte que habían corrido sus amigos.

La silueta de la mujer se dejó entrever en la oscuridad, pero cuando Appman intentó acercarse a ella, se dio cuenta de que estaba muerta, uno de los disparos de ése hombre, le había dado de lleno.

Ahora qué podía hacer? Había grabado todo, y ya el vídeo estaba en las redes, eliminó la parte en la que se bajaba de su furgoneta y reveló la silueta por primera vez de Appman en las redes. Ahora la gente sabría qué aspecto disfrazado tenía, pero era algo que debía hacer, pues un asesinato así no podía quedar inmune.

Recogió todas sus cosas y se marchó a casa.

Al día siguiente, las noticias le culpaban a él de no haberse quedado hasta que llegase la policía, por el asesinato de ésa mujer.

En el fondo, pudo ser por su culpa. Por supuesto, gracias al video subido, la policía consiguió dar con quien disparó y

mató a ésa mujer. De nuevo Appman era un héroe para algunos.

El anonimato le permitía ser cualquier persona, cualquiera podía ser Appman, cualquiera podía ayudar subiendo un vídeo a la policía, o informar de qué pasaba en la ciudad.

Alex se sintió orgulloso, y a la vez triste, porque tendría que buscar la manera solo, de encontrar a Juan el secuestrador de su mejor amigo, Gordo.

Pasó el día pensando cómo podía dar con el camionero, a qué se refirió la indigente con "conseguir presas", y cómo llegar hasta ése individuo.

Tramó un plan, dejaría pasar 9 meses y luego con ayuda de su dron y las cámaras de carretera, haría un seguimiento de todos los camiones que entraran por ésa autopista, cuyo conductor tuviera barba muy larga canosa y tatuajes. Ésa sería la única manera de dar con él.

Manos a la obra! pensó. Mientras, veía como su ciudad, comenzaba poco a poco, a convertirse en un lugar más seguro.

CONTINUARÁ...